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El afuera no es un libro sobre la pandemia, pero sus textos sí nacieron a partir de esa experiencia, acaso como una forma de tratar de bucear más allá de la naturaleza del fenómeno y como pretensión de hacer algo que trascienda la mecánica enumeración de las consecuencias del aislamiento, la queja por el confinamiento y el lamento pronunciado como señal de identidad. El afuera es una escritura posible emanada a propósito del trastocamiento de nuestra relación con el espacio-tiempo y de la propia dinámica del ser-con-otros, alteradas de súbito. A lo largo de nuestra vida, incorporamos naturalmente una serie de cosas "dadas", por herencia, por naturaleza, por la gravitación lógica de la existencia. Las asumimos y las disfrutamos casi sin percibirlo. El hecho evidente en este contexto sería la mínima y vital posibilidad de respirar. Cuando esas cosas asumidas modifican o alteran su naturaleza, o desaparecen, bruscamente pareciésemos despertar… a una otra percepción. En la segunda carta a los Corintios (4.17), Pablo escribe "esto también pasará"; brutal sentencia que habrá de aplicarse a cientos de casos diversos a lo largo de los siglos. Aquí cabe también la máxima. Los estoicos nos enseñaron a aceptar las vicisitudes de la vida sin quejarnos. También aquí entra esa doctrina.
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Seitenzahl: 47
Veröffentlichungsjahr: 2021
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Estanislao Giménez Corte
EL AFUERA
Giménez Corte, Estanislao
El afuera / Estanislao Giménez Corte ; prólogo de Griselda Parera. - 1a ed. - Santa Fe : Universidad Católica de Santa Fe, 2021.
Libro digital, EPUB - (Obra abierta)
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-950-844-198-0
1. Poesía. 2. Poesía Argentina. I. Parera, Griselda, prolog. II. Título.
CDD A861
© Estanislao Giménez Corte, 2021
© Universidad Católica de Santa Fe, 2021
Echagüe 7151, Santa Fe (S3004JBS), República Argentina
Todos los derechos reservados.
Prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio
sin previa autorización por escrito.
Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723
Directora Editorial: María Graciela Mancini ([email protected])
Diseño editorial: Mariel Mambretti
Foto del autor: © Pablo Aguirre
Índice
Palabras preliminares
El afuera
Este espacio, todavía
Manual de supervivencia entre cuatro paredes
Marzo 2020
Interior. Día 9
Yo no sé cómo sé
Estos muros
47
Poema de las cosas
Férias
Yo, pisciano
Janeiro 22, 4 am
Yo multitud
Swim (la nadadora)
Os pais
Tener no tener
Una segunda “Arte poética”
El afuera
Mañana sábado
Cómo no ser un escritor
El mundo detenido
En el ángulo ciego
Una mañana
La tarde morosa
El pan del pretérito
En espera
Para
Sabino y
Octavio
A mis
viejos
hermanos
amigos
La gota de agua horada la piedra
Lucrecio, I, 314
A nadie pertenezco, y a todos;
antes de entrar, ya estabas aquí;
quedarás aquí, cuando salgas
Denis Diderot, Jaques el fatalista, 1773
Palabras preliminares
I.
Primero me dije que a veces, sólo a veces, importa el afuera y que la mayoría del tiempo, todo, absolutamente todo, sucede en el espacio interior. Pensé que toda experiencia se vive en un espacio dominado por el adentro y aunque nuestros contactos con el mundo suceden en el afuera, no hay otro registro de ellos que el interno.
No me parecía que hubiera otra manera de vivir este mundo que no fuera la de manipular el edificio de representaciones construidas por la máquina mental que opera sin pedir permiso, y que de tan oscura que resulta su sala de operaciones no podemos si quiera cambiar el cableado en caso de problemas. El límite es la piel, me dije, la impresión en la retina, las palabras que se van y las que llegan.
Luego pensé que podía estar errando el análisis y que ‘afuera y adentro’ no pueden distinguirse de modo claro, y que aunque puede hablarse del mundo exterior como de eso que está cruzando la frontera de los sentidos, no tiene sentido agrupar en conjuntos yuxtapuestos lo que pertenece a uno y otro lado del límite; porque tras dar el primer paso todo se vuelve un miasma pantanoso*. ¿Existe lo que en sí percibimos como parcelas de mundo -incluso aquellas que se nos parecen a terrenos baldíos- o son algún tipo de proyección, sombra de nuestras propias ideas?
Quizás ninguna de estas conjeturas estuvieran bien encaminadas, y más bien debía explorarse la posibilidad de que la distinción ‘afuera-adentro’ fuera sólo un truco del lenguaje, que al comportarse como una ciudad vieja, con sus marañas de callecitas laberínticas, casas viejas y nuevas de distintos momentos*, nos entrampa de tal modo que creemos andar por el sendero del ‘afuera’, y, de pronto, sin poder explicar cómo, nos encontramos en la plaza del ‘adentro’. Me pregunto, entonces, hasta qué punto lo figurado por ‘adentro’ y ‘afuera’ pueden ajustarse al empleo que hacemos de esas palabras. Caigo en la cuenta de que quizás sólo estamos haciendo ‘afueras’ y ‘adentros’ con las palabras*. Así, decir que ‘el queso está delicioso’ o que ‘el tinto es el mejor invento de humanidad’, no es hablar del mundo sino sólo de cómo un trozo de mundo le sabe a mi paladar o de cómo se le presentan a mi razón las prácticas culinarias humanas.
Finalmente, me encontré enredada en el planteo inicial. Me dije que el problema había sido el haber desplegado la cuestión de modo dicotómico. Algo en la dicotomía me dejaba desolada y era justamente aquello que a otros traía tranquilidad: la simplificación de dividir el mundo en dos partes, la calma que encuentra la cognición cuando el mundo se ordena de modo dual. El mundo dicotómico es un mundo exhaustivo, no hay formas intermedias, no hay formas por fuera del par, no se puede ser ambas cosas al mismo tiempo, respetamos ante todo al principio de no contradicción. Ahora me sentía presa de pensar que si algo podía identificarlo con el ‘adentro’, necesariamente debía excluirlo del afuera. La exclusión de ámbitos ya no me daba tranquilidad, sino que me hacía sentir que estaba en un profundo error al creer que puedo dibujar una línea que divida el terreno en el que llueve de aquel en el que deja de llover.
II.
Estanislao nos propone pensar el afuera, ¿de qué afuera habla? ¿Con qué pretensión usa todas estas perras negras?
Hay algo que el autor sabe bien, y es que las palabras son como las personas, cambian de ideas. Entonces, él las espera, aguarda su cambio, su demora causada por la metamorfosis, su grito y contracción. Espera a esa antojada palabra que yace con su voz de adentro. Estanislao se sabe traductor de esa voz y se entrega a que ella le abra el pecho para salir, el pecho ya roto de esperarla en la intemperie.
Y las palabras llegan. Navegaron porun río de sudor hasta llegar al brazo, se subieron al temblor de su pulso y hallaron las líneas que dibujan el afuera, algunos afueras, sus afueras. Llegan para publicar sus entrañas, y sus entrañas hablan dialectos distintos, mientras unas revelan el pasado gobernado por la niñez, otras susurran en criptogramas la pasión tejida en el agua.
Quien las lee tiene esperanza de encontrar su ser en el texto.
