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El albacea: 24 cuentos para el olvido es una colección única y descaradamente irreverente de cuentos que originalmente eran 27, pero que el autor, en un acto de desesperación literaria, tuvo que reducir a 24 para evitar ese inquietante número. ¿Por qué? Porque en la literatura, como en la vida, se permite todo, incluso matar. A través de estas historias, el autor explora los límites de la escritura, donde se permite amar, golpear, disparar, coger, reír, llorar y todo lo demás. Aquí, la provocación es la norma y la irreverencia es el lema. Pero ¿cuál es el propósito de este libro? El autor, sin preocuparse por vender o complacer a nadie, te invita a transitar un viaje literario en el que todos somos mortales. Así que, bienvenidos a este recorrido que revela lo que el autor dejó en su paso por el mundo, un testimonio desafiante y divertido de la condición humana y la creatividad literaria sin restricciones.
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Seitenzahl: 166
Veröffentlichungsjahr: 2023
Producción editorial: Tinta Libre Ediciones
Córdoba, Argentina
Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo
Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Blanco, Nicolás Enrique
El albacea : 24 cuentos para el olvido / Nicolás Enrique Blanco. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2023.
190 p. ; 21 x 15 cm.
ISBN 978-987-824-709-0
1. Antología de Cuentos. 2. Cuentos. I. Título.
CDD A863
Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,total o parcial sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor.
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Hecho el depósito que marca la Ley 11.723
Impreso en Argentina - Printed in Argentina
© 2023. Blanco, Nicolás Enrique
© 2023. Tinta Libre Ediciones
A mis amoresBelén y Josefina
Prólogo
El Albacea, como obra literaria, la podría definir en una sola una palabra: atrapante.
A partir del primer cuento, y sin percatarse el lector se adentra en una situación de la cual se siente observador directo y hasta protagonista de las escenas tan sublimemente descriptas, tanto que le será imposible abstraerse para realizar la lectura como un lector tradicional.
No se puede negar que a cada uno de estos “cuentos para el olvido” los cubre una lúgubre narración tan detallada que es capaz de ensimismarnos y hundirnos en un tenso y cautivador silencio a lo largo del avance de los diferentes relatos. Cada uno de ellos perfectamente diferenciado de los demás a través de la tan precisa y pormenorizada descripción de escenarios, sensaciones y acontecimientos que provocan que el lector pueda pasar de una locación a otra sin dejar en ningún momento de sentirse absorto por la apreciación de cada cuento.
La tan exquisita recopilación realizada habla de la intensidad del autor, no solo a la hora de narrar o redactar, sino también al momento de darle a toda la obra un marco de armonía retórica, propia de quien vuelca en estas páginas diferentes estadios y percepciones de su propia vida, con la pasión y vehemencia que caracterizan tan fielmente a este creador...
Me sentí honrada y un poco nerviosa al momento en el que Nico me pidió que le escribiese este prólogo. Sin embargo, luego de unos pocos segundos entendí que con simplemente conocerlo y leer su obra, las palabras para describirla brotarían por sí mismas, ya que si hay algo que caracteriza a todos los trabajos que leí de mi amigo personal es el hecho de que cada palabra que escribe refleja el estado momentáneo de su propio ser a la hora de redactar, haciendo carne cada una de ellas en ese momento sublime de inspiración. Es por todo esto que me convierto en una fiel admiradora de sus obras, y no me caben dudas de que el lector podrá sentir incluso las emociones propias del autor en el devenir de cada una de las frases redactadas.
Lic. Jaquelina Gutiérrez
El Albacea
El artista
Algún día los hombres mirarán atrás, y dirán que di a luz al siglo XX
Jack the Ripper
El abuelo dormía… dormía… y dormía… Yo lo miraba detenidamente. Veía que las moscas sobrevolaban a su alrededor, mientras intentaban escapar de la absorción de su ronquido. Estaba postrado en su antiquísimo sillón hamaca que le había regalado su padre, que también fue un obsequio que recibió de su progenitor.
Yo lo miraba atentamente porque creía percibir cierta particularidad artística en su descanso, y como yo siempre me sentí un artista, era ese un buen momento para descubrir la esencia que me faltaba para realizar la mejor de mis obras. Pero más allá de todo, yo sentía que mi abuelo, en algún momento, me haría hallar la inspiración requerida: con sus ronquidos, con aquella expresión taciturna, aquella piel envejecida llena de historias, aquella lenta respiración, aquella barbilla de tres días y las diversas cosas que detectaba mi atenta mirada mientras prestaba atención a su “harrcccc pfrssss… harrcccc pfrssss…”.
Habían pasado dos horas de prestar intensa atención al rostro de mi abuelo y a la maravillosa música que me regalaba su ronquido, cuando me pareció ver algo diferente de lo que venía percibiendo hasta entonces. «Quizás… es lo que estoy esperando», pensé. Me levanté de la silla que había situado al lado del viejo para admirarlo mejor y me acerqué aún más a su rostro. Si bien es cierto que la portentosa expresión de color que noté en la piel del anciano se debía a una luz tenue que entraba por el ventanal, es necesario también admitir que aquella longeva piel con el correr de los segundos parecía mutar a un color anaranjado opaco y oscuro que se asimilaba a la carne putrefacta.
La silueta del viejo empezó a delinearse de un sombreado difícil de detectar a simple vista. Solo quien gozara de cierto talento, como lo tuve yo, hubiese podido admirar aquel paranormal suceso. La respiración empezaba a disminuir mientras aquella sombra aumentaba su grosor; además, no dejaban de extasiarme los continuos cambios de su piel, que se oscurecía con mayor notoriedad.
Presentía que afuera ya reinaba la oscuridad, que al fin había llegado la noche, o, al menos, estaba a punto de hacerlo, pues ya todo parecía más oscuro en la habitación. Yo había vuelto a sentarme en mi silla mientras continuaba observando… creo que, para entonces, ya habían pasado ocho horas de regocijo y admiración minuciosa. Ergo, no sé por qué el anciano dormía tan intensamente. Quizás, no se hubiera imaginado que su nieto artista, a quien él siempre consideró un vago incompetente y bueno para nada, ese día le demostraría lo contrario; aunque para ello, lo reconozco, necesité de su ayuda…
La noche ya mostraba sus fauces y el desgraciado dormía sin cesar; aunque, a decir verdad, con el transcurrir de los minutos se hacía cada vez más difícil disfrutar de su armoniosa melodía. De repente, un ruido provino de la habitación lindera, aparentemente de la cocina, lo que motivó que me distrajera por un segundo. Desvié un breve instante mi atención hacia donde creí escuchar el sonido, y al volver la vista hacia mi longevo pariente, para mi escalofriante sorpresa, una figura oscura yacía a su lado. Era una especie de espectro, de penumbra rígida… como si hubiese pertenecido a la sombra de algún hombre de enorme magnitud.
Como dije, mientras el ente yacía como de pie al lado del sillón de mi abuelo, este, extrañamente y para entonces, perdió el grosor de oscuridad que envolvía su silueta. Perdió también la piel anaranjada y opaca que antes había percibido, mutando lentamente a un color pálido, blanquecino, quizás, pero más reluciente de lo normal. Fue entonces cuando me percaté de que no solo dejó de roncar, sino de respirar.
Mi expresión también palideció. Mis ojos estaban impresionantemente abiertos. Mi rostro se desdibujó en una especie de sonrisa que denotaba una supuesta alegría, aunque para entonces no me percataba de ello. Mi corazón latía con extraña emoción de felicidad y miedo. Algo me decía que eso podía terminar mal, pero, por otra parte, sentía que era lo que tanto anhelaba. Inmediatamente tomé un lápiz y empecé a garabatear aquella figura macabra. Pero lo hice tal cual como aquella situación lo ameritaba: parado al lado del sillón donde dormía mi abuelo.
Mientras iba trazando las distintas líneas sobre el papel, tratando de contener el leve temblor que sufrían mis manos, debido tanto al miedo como a la felicidad extrema, sentía que aquella sombra empezaba muy de a poco a moverse. La habitación empezaba a ponerse cada vez más (y más) fría. La oscuridad del lugar me hacía pensar que el sol estaba en la plenitud de su ocaso. Y yo no podía estar más conforme de estar viviendo aquel estado de conmoción junto a mi abuelo y aquella figura macabra, que lentamente se retiraba hacia la ventana.
Una vez terminado el dibujo, habiéndole dado los últimos detalles, lo guardé en el bolsillo derecho de mi saco y corrí hacia la ventana para ver si podía echar un último vistazo a la figura espeluznante que se había retirado quién sabe a dónde. Pero cuando me acerqué al ventanal, la figura definitivamente había desaparecido. Permanecí un rato posando los codos sobre el marco de la ventana, mirando la caída del sol por las cumbres del horizonte. Unos instantes después, escuché que algo me llamaba desde el más allá. Sentía unos golpes efusivos: ¡toc, toc, toc!… y cada vez se tornaban más intensos, ¡¡toc toc toc!!… Sentía que el piso temblaba; percibía voces… Pero no veía nada a mí alrededor más que la silueta del viejo postrado en su antiquísimo sillón. Y al cabo de unos minutos, todo se detuvo. Finalmente, el sol se perdió a lo lejos y quedé lamentándome por no haber visto a aquella figura del infierno nuevamente.
Echando al aire un suspiro de resignación, volteé para despertar a mi abuelo de su siesta; aunque, en realidad, tuve más intenciones de darle las infinitas gracias por el regalo artístico. Pero al voltear, me llevé una gran sorpresa: el viejo se encontraba decapitado. Su cuerpo ensangrentado permanecía en la silla, que no paraba de balancearse tétricamente mientras a su alrededor se había generado un charco de sangre que daba continuidad a lo que parecían ser huellas de zapato. No alcancé a ver hacia dónde se dirigían aquellas huellas: ya estaba muy oscuro. Pero, como conocía bastante bien el cuarto, hice los quince pasos delante del ventanal y los siete a la derecha que me separaban del antiguo armario. Abrí el séptimo cajón donde el anciano guardaba siempre el tabaco, los cerillos y, entre otras cosas, las velas: lógicamente, decidí encender una…; habiéndolo conseguido, volteé para evaluar ¡¿de qué demonios se trataba toda esa terrorífica escena!?
Y efectivamente… el viejo yacía en su silla, decapitado, inmerso en un charco de sangre. Con respecto a las pisadas de zapatos, noté que hacían una trayectoria, que partían desde el viejo hacia la ventana, y de esta hacia el armario, donde para entonces yo me encontraba. Sin entender demasiado, mis ojos empezaron a humedecerse y mi rostro se encontraba inexplicablemente alegre (una vez más). Empecé a reír. Me reía desaforadamente, me reía a carcajadas… y no sabía por qué. Algo se derramaba en mis manos y creí que era la vela que estaba derritiéndose, pero ¡no me quemaba!, y…
“¿Qué es entonces? ¡ja, ja, ja!... ¡No lo entiendo! ¡¡ja, ja!!... ¡¿Parece… sangre?! ¡¡¡ja, ja, ja, ja!!!... y si el negro no se durme ♪ ja, ja, viene el diablo blanco, zas ♪ ja, ja…”.
(¡Toc! ¡¡toc!!… ¡¡¡trac!!!).
—¡¡¡Entren…!!!¡¡Policía de Londres!! —gritó un oficial.
—¡¿Qué demonios…?! ¡Tiene algo en la mano! —observó el segundo—. ¡¡Es una catana!!, ¡¡cuidado!!...
—¡Suelte el arma, inmediatamente! ¡Tírese al piso… haga lo que le digo, ahora!... —insistió el primer oficial.
— ¡¡Oh, santo Dios… maldición!!, ¡la manipula con gran agilidad! ¡¿Qué hacemos?! —exclamó un tercero que había quedado en la puerta esperando a los refuerzos—. ¡Vengan todos!... ¡La nota era verdad! ¡Aquí está el asesino!... ¡Entren!… ¡debemos apresarlo!… ¡Hemos encontrado al Mandil de Cuero!
Numerosos agentes rodearon la habitación, hasta que el primer oficial dio las últimas advertencias:
—¡¡Échese al piso, he dicho!!... ¡¡No avance, retroceda!!... ¡¡¡Échese, he dicho!!!... ¡Deténgase inmediatamente!! ¡Suelte la espada!... ¡¡Suéltela…!!
¡¡¡Dios mío!!!… ¡¡¡Disparen!!!
¡¡¡Zas-poom!!!…
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S.XIV//私の通過フォームの5つの集合体 / そしてその 4 つの要素は無に戻ります。/ 裸剣に首を差し出し、/ その切れ目は一陣の風に過ぎません。//私の通過フォームの5つの集合体 / そしてその 4 つの要素は無に戻ります。/ 裸剣に首を差し出し、/ その切れ目は一陣の風に過ぎません。//私の通過フォームの5つの集合体 / そしてその 4 つの要素は無に戻ります。/ 裸剣に首を差し出し、/ その切れ目は一陣の風に過ぎません。//私の通過フォームの5つの集合体 / そしてその 4 つの要素は無に戻ります。/ 裸剣に首を差し出し、/ その切れ目は一陣の風に過ぎません。//私の通過フォームの5つの集合体 / そしてその 4 つの要素は無に戻ります。/ 裸剣に首を差し出し、/ その切れ目は一陣の風に過ぎません。//私の通過フォームの5つの集合体 / そしてその 4 つの要素は無に戻ります。/ 裸剣に首を差し出し、/ その切れ目は一陣の風に過ぎません。//私の通過フォームの5つの集合体 / そしてその 4 つの要素は無に戻ります。/ 裸剣に首を差し出し、/ その切れ目は一陣の風に過ぎません。//私の通過フォームの5つの集合体 / そしてその 4 つの要素は無に戻ります。/ 裸剣に首を差し出し、/ その切れ目は一陣の風に過ぎません。//私の通過フォームの5つの集合体 / そしてその 4 つの要素は無に戻ります。/ 裸剣に首を差し出し、/ その切れ目は一陣の風に過ぎません。//私の通過フォームの5つの集合体 / そしてその 4 つの要素は無に戻ります。/ 裸剣に首を差し出し、/ その切れ目は一陣の風に過ぎません。//私の通過フォームの5つの集合体 / そしてその 4 つの要素は無に戻ります。/ 裸剣に首を差し出し、/ その切れ目は一陣の風に過ぎません。//私の通過フォームの5つの集合体 / そしてその 4 つの要素は無に戻ります。/ 裸剣に首を差し出し、/ その切れ目は一陣の風に過ぎません。//私の通過フォームの5つの集合体 / そしてその 4 つの要素は無に戻ります。/ 裸剣に首を差し出し、/ その切れ目は一陣の風に過ぎません。//私の通過フォームの5つの集合体 / そしてその 4 つの要素は無に戻ります。/ 裸剣に首を差し出し、/ 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(Tres días después)
—Ciudadanos de Londres, quiero anunciarles que, aunque las circunstancias científicas aún me impidan confirmarlo en plenitud, me siento con el optimismo necesario de anunciar que creemos haber atrapado al asesino serial de Whitechapel. Si bien continúan las pericias que próximamente nos permitirán confirmar la sospecha, podemos adelantar cierta información sobre lo acontecido con este loco que hemos reducido; quien ha planificado y, lamentablemente, ha llevado a la práctica lo que, en su demencia, él mismo ha denominado como su “Gran obra maestra”.
»Pudimos dar con él —continuó el diplomático— gracias a un papel hallado en el piso por un ciudadano londinense; este lo encontró tirado sobre la vereda de un viejo edificio de la Rue Morgue. Inmediatamente, cuando el papel llegó a manos de un oficial que patrullaba la zona, el agente procedió a informar a todas las fuerzas policiales disponibles en ese momento; y de manera brillante, actuando valientemente y de forma profesional (ejemplo de la eficiencia con la que se manejan nuestros oficiales), fueron a verificar al lugar señalado lo que decía la nota. De esta manera dimos con el asesino. Y fue donde nos encontramos con aquel terrible escenario que ya es de público conocimiento.
»Como autoridad competente, hago este comunicado oficial para transmitir tranquilidad a la sociedad londinense, dado que muy pronto nos será grato afirmar, mediante las pruebas fehacientes confirmadas, que, finalmente, ha sido el fin del Mandil de Cuero.
—¡¿Qué decía la nota?!—preguntó un periodista.
—Algo como “He finalizado mi Gran obra maestra: ‘Las zorras de Jack’ … Edificio Auschwitz. Cuarto piso… puerta D…”.
—¿Qué obra maestra, alcalde? ¿Con qué escenario se encontraron? —insistió otro periodista.
—Naturalmente, la de un loco, señor… Encontramos cinco cabezas femeninas en el armario. Y la del asesino degollado… es decir, la de este demente.
El funeral
El funeral se llevó a cabo mediante la participación de Vicente, “el protagonista de la noche”; estuvo allí Elizabeth, su mujer; Heráclito, su hermano; Muñoz, su mejor amigo; y aproximadamente treinta personas más, que no sé si tenían alguna importancia sus presencias en el recinto funerario.
