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Narraciones hermosas, cuentos cortos que realzan valores de forma sutil y amena donde la fantasía y la realidad armonizan perfectamente dejando una sonrisa en el rostro del lector.
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Veröffentlichungsjahr: 2018
El perro amarillo
Un zángano diferente
La anciana catedral
El osito volador
Un lobo disfrazado de ovejita
Hacia un nuevo amanecer
El anillo de graduación
Un ratoncito de pocas palabras
La piñata triste
Un caracol muy veloz
Un pecado grave
El sol brilla de nuevo
El gruñón
Un pulpo de pocos brazos
Un patito en el país de los pavos
El sembrador de cizaña
El arco iris
La dama de los tomates
El mendigo
Yo tengo razón… a veces
El navegante y la princesa
Betov era un can amarillo-naranja de abundante lana y juguetón. Él se paseaba en la vida sin rumbo fijo ni vivienda estable.
Un día se dijo a sí mismo: “Ya no soy un cachorro. Sería bueno adoptar a un humano que tuviese casa y jardín. Así nos podríamos ayudar el uno al otro y vivir acompañados”.
Y así, caminando a paso lento, comenzó a mirar las casas del camino para elegir aquella que podría ser su vivienda.
Entonces, vio una casa con varias columnas en su frente. Un terreno sembrado de árboles frutales y plantas de granos comestibles la rodeaba.
Una casita de perro abandonada ocupaba una esquina del jardín, como esperando a un habitante que no llegaba.
Unas palomas blancas de zapaticos rojos volaron y se estacionaron por un instante cerca de un árbol frutal.
Multitud de mariposas azules danzaron cerca de un rosal.
Al fondo un hombre mayor de cabello muy corto, casi blanco, estaba inclinado examinando de cerca una planta de berenjenas.
Betov observó con interés aquel cuadro y le agradó lo que vio, entonces decidió llamar al anciano Flunx con un sonoro ¡guau-guau!
Flunx levantó la cabeza y miró a Betov. Un poco extrañado le preguntó: “¿Qué buscas?”
Betov contestó: “Vengo a adoptarte para que seas mi humano”.
Flunx sonrió, un poco divertido ante esa decisión de Betov y entonces preguntó: “¿Qué quieres decir?”
El perro dijo entonces: “He sido muy claro. Vengo hacerme cargo de mi puesto de dueño de un humano”.
“ Dormiré en la casita que tienes en la esquina. Cuidaré tu casa evitando que los ratones y los insectos se coman la madera”.
“ Ahuyentaré a las bestias silvestres que vienen a destruir las plantas”.
“ Espantaré a los pájaros para que no se coman todas las frutas de los árboles, sólo una parte y nos dejen suficiente para nuestra subsistencia”.
“ Yo vigilaré lo que estás haciendo cuando trabajas en el huerto y te daré mi aprobación si lo has hecho bien”.
Flunx no salía de su asombro al escuchar a Betov y no apartaba la mirada del perro.
Él había pensado más de una vez que estaba muy solo y que la vida sería más divertida con alguien que lo acompañara, pero nunca había pensado que ese compañero pudiese ser un perro, y mucho menos que el perro fuese su amo.
Entonces Betov dijo: “Claro, tú me darás mi alimento. Me gusta todo lo que cultivas y puedes preparar mi comida con ello”.
“ ¿Y cómo puedo estar seguro de que te portarás bien y cumplirás con lo que estás ofreciendo?” dijo Flunx.
“ Te doy mi palabra de perro de que seré bueno y diligente”. Y diciendo eso, estiró su pata y alcanzó la mano de Flunx. El hombre tomó la pata del perro y la estrechó.
Entonces Betov saltó sobre el pecho de Flunx y con ambas patas lo estrechó contra sí, con amor y ambos fueron felices.
La colmena del árbol Brenk era un modelo de orden y productividad. Tenía una forma muy original: los panales de cera, con sus múltiples celdillas, estaban dispuestos en forma de espiral a lo largo del tronco del árbol. Los panales más grandes estaban en la parte más baja del árbol y los más pequeños estaban en la cima. De este modo, la colmena conformaba un gran cono de cera parda, con ramas cubiertas de hojas verdes y flores rosadas. Este conjunto era de gran belleza, siendo admirado a muchas leguas a la redonda.
La reina Adularia, desde su trono, comandaba al ejército de abejas al tiempo que fabricaban su famosa jalea real. Las abejas iban y venían por el aire, incansables, volando de flor en flor, recogiendo el polen para fabricar la deliciosa miel que iban depositando en las celdillas del panal.
Daika era una hermosa abejita de alas translúcidas y escarchadas que estaban en constante movimiento. Su cuerpo estaba cubierto de un elegante terciopelo a bandas doradas y negras. Para complementar su atuendo, había pintado sus antenas de dorado y negro, armonizando así con el resto de su traje. Daika era la más laboriosa de las abejas de la colmena Brenk y la reina Adularia la quería mucho por ser tan productiva.
