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Devki, es una adolescente cuyas inquietudes van más allá de la cultura que le rodea. Su sueño es ser una magnífica bailarina de Bollywood. Aunque su propósito se convierte en algo más que un simple sueño. La meta de pertenecer al mundo cinematográfico de Bollywood la ciega de tal manera que, sin darse cuenta, entra en un laberinto en el que la salida se convierte en su peor pesadilla. Fruto de ese error nacerá su hija. Shakti vive una vida en la que siente que no encaja. Su familia la juzga y se muestra indiferente ante sus deseos y sentimientos. Aunque vive lejos de su país de origen, sueña con convertirse en bailarina de Bollywood. Gracias a Noa, su gatita tricolor, descubre un secreto familiar que la ayudará a saber quién es en realidad. Todo en su vida encajará cuando viaje a la India. El desván de Noa nos llevará hasta Ahmedabad y Anjar, las dos ciudades de la India donde todo comienza. Amor, amistad, familia y venganza, llevarán a los lectores por un viaje en el que el baile marcará el ritmo de su lectura.
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Seitenzahl: 710
Veröffentlichungsjahr: 2022
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Primera edición: noviembre de 2022
© Copyright de la obra: María Jesús González Fernández
© Copyright de la edición: Angels Fortune Editions
Código ISBN digital: 978-84-126333-1-3
Depósito legal: B 21365-2022
Corrección: Sabah Bouziani
Diseño y maquetación: Cristina Lamata
Edición a cargo de Mª Isabel Montes Ramírez
©Angels Fortune Editions www.angelsfortuneditions.com
Derechos reservados para todos los países.
No se permite la reproducción total o parcial de este libro, ni la compilación en un sistema informático, ni la transmisión en cualquier forma o por cualquier medio, ya sea electrónico, mecánico o por fotocopia, por registro o por otros medios, ni el préstamo, alquiler o cualquier otra forma de cesión del uso del ejemplar sin permiso previo por escrito de los propietarios del copyright.
«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, excepto excepción prevista por la ley».
«Y entonces un día te das cuenta de que todo comienza de nuevo…y la sonrisa vuelve a ser la dueña de tu vida.»
Dedicatoria
Cuando contemplo su mirada sincera, me cautiva, me tranquiliza, me enamora. Por su vitalidad, por su paz, por su comprensión, pero sobre todo por su gran amor sin condición. Ella es vida, es mi vida, es mi yo animal.
A Noa, por haber aparecido en mi vida en el momento más necesario, por enseñarme cada día lo bonito que es vivir. Siempre te llevaré en mi corazón y alma. Noa, te quiero mi niña preciosa.
PRÓLOGO
¿Alguna vez os habéis mirado al espejo y habéis tenido la sensación de que sois la persona más hermosa en este mundo de locos, tanto por fuera como por dentro?
Me encuentro a pocos pasos de descubrir la verdad, la verdad de mi belleza innata, la verdad de todo aquello que siempre sentí en mi interior. No quiero tener más la sensación de que pertenezco a otro lugar. Ahora sí, voy a ser libre.
No sé lo que me voy a encontrar, mis aliados, una foto y una historia pasada sin ningún sentido. ¿Encontraré lo que espero? Qué es lo que busco ¿respuestas o aceptación? Sabía que mi vida estaba en el camino equivocado, pero esto es demasiado. Nunca olvidaré los años de rechazo, de malas contestaciones, de broncas injustas. ¿Tan difícil era olvidar y darme un poco de cariño? Sangre de mi sangre ¿seguro?
Me cuesta creer que un ser que dice ser mi familia sea rencoroso hasta el punto de esconderme un secreto que cambiaría mi vida para siempre. Sin escrúpulos, ha creado a mi alrededor una burbuja de paredes de cemento para hacerme creer que era una persona horrible, que no servía para nada, que no tenía derecho a elegir mi destino.
No quiero mirar hacia atrás, mi vida es ahora. Pero mis recuerdos se apoderan en instantes de mi capacidad de olvidar. Los latidos de mi corazón se movilizan con tanta rapidez que duele, duele imaginar un rostro que solo he podido ver en un retrato, duele saber que ese rostro no ha venido a buscarme y me ha dejado en manos de casi unos desconocidos hoy en día para mí.
«En cinco minutos el vuelo número AF218 cerrará sus puertas de embarque. Rogamos a los pasajeros accedan por la puerta de embarque».
¡Ese es mi vuelo! Despierta Shakti, ya eres lo bastante mayorcita para demostrarle al mundo lo que vales. Esta gran aventura que te dirá quién eres no te superará, saldrás victoriosa.
Salí corriendo de mi ensoñación. Justo cuando abría la puerta del aseo para retomar mi destino, entraba una señora que tuvo que apartarse bruscamente si no quería venirse al avión conmigo. Me miró con cara de desaprobación, pero hice caso omiso. Sin pensar en el largo pasillo que tenía ante mis ojos, corrí lo más rápido que me permitió la mochila que llevaba a la espalda.
¡Prueba superada! Todavía están embarcando varios despistados como yo. Positivo de mi distracción, no tenía que hacer mucha cola para iniciar mi primer viaje en avión. Una vez sentada y ubicada en mi asiento, saqué la libreta, el bolígrafo, el móvil y los auriculares que coloqué en la mesa del asiento delantero. Me puse los cascos para poner mi música favorita, la que me ayudaría a concentrarme. Abrí una página en blanco y, a corazón abierto, empecé a escribir mis primeras palabras dirigidas a ti, mi desconocida.
I Parte
Un nuevo comienzo con sueños rotos
Capítulo 1La masi Lakshmi. Una puerta abierta
Junio de 1999, Ahmedabad, Gujarat
Solo tenía dieciocho años cuando tuve que renunciar y huir de mi gran sueño para comenzar una larga pesadilla. Pero gracias a la mente abierta de mi masi Lakshmi, quién me acogió en su casa, conseguí entender que, a pesar de mi error, mi nueva vida podría tener un significado positivo. La segunda cómplice de la tapadera era mi bahen Joshada que a regañadientes tuvo que buscar una vía de escape rápida para que mis ba-bapu se mantuvieran al margen del gran despropósito.
Fueron días de calvario. Cuando llegué a mi nuevo destino, Joshada comenzó a tratarme como si fuera una desconocida. Su repentino cambio fue como una flecha envenenada a mi corazón. Solo me quedaba crearme un ambiente de sanación a mi alrededor. Aquella actitud de desprecio no ayudaba a pegar los trozos de mi corazón roto, pero tuve que acatar sin réplicas su negación a que fuéramos de la misma familia. A pesar de su amargura y mal sabor de boca por mi comportamiento de niña malcriada, egoísta y sin escrúpulos, la pesadilla se desenvolvió sin obstáculos. Mi bahen Joshada no podía permitir tal escándalo de cara a la galería, ensuciaría la reputación que se había conservado generación tras generación en el linaje de los Kotadia. Mis ba-bapu eran muy conservadores y no entenderían las causas, sería una repudiada infectada de negación para siempre. La vergüenza de la familia. Si me hubiera quedado, con ellos, me habrían obligado a hacer algo horrible de lo que arrepentirme el resto de mi vida. Por mi estúpida fantasía, me vi envuelta en una encrucijada que me obligaría a convertirme en una mujer adulta, abandonando mi adolescencia y sacrificándola a la suerte.
Siempre había sido una niña alocada que no se centraba ni en los estudios ni nada que se les pareciera, por lo que mis ba-bapu buscaban un milagro, rezando cada día a los dioses, por mi enrevesado futuro. Mi bahen Joshada jugaba con esta baza, así que después de que le explicara a la masi Lakshmi el embrollo en el que me había metido, se puso manos a la obra, segura y convencida de que el plan saldría como esperaban. Debían actuar rápido y de manera prudente antes de que el problema creciera.
Tras una conversación larga e intensa de la masi Lakshmi con mis ba-bapu, todo salió según lo previsto. Haciendo el papel de su vida, les solicitó mis servicios alegando que tenía mucho trabajo que no era del todo incierto, Oishi su mano derecha en el taller era una gran ayuda, pero necesitaba más manos para abarcar todos los encargos especiales. Ellos no lo dudaron ni un segundo. Tenían muy bien considerada a la masi Lakshmi y sabían que con ella me enmendaría, convirtiéndome en una mujer con posibilidades. ¿Cómo me iban a buscar marido si no sabía ni cuidarme a mí misma?
Unos días después de ese encuentro fortuito en apariencia, estaba haciendo mis maletas para irme con la masi Lakshmi a su casa, en Anjar. Mis ba-bapu, a pesar de que eran conscientes de que estaban haciendo lo correcto para su dikari pequeña, se sentían apenados porque sabían que no me iban a ver en mucho tiempo. Una de las condiciones de que me fuera con la masi Lakshmi era no visitarme hasta que encontrara el camino que los dioses habían decidido para mí. Por otra parte, la lejanía entre Ahmedabad y Anjar, que se convertía en unas ocho horas en autocar o coche, era una fuerza mayor para reprimir los sentimientos que pudieran tener en silencio.
Tras minutos de despedidas, lloros y abrazos por fin dejé atrás el evitado repudio para embarcarme en una aventura obligada. ¿Qué podía hacer sino agachar la cabeza y dejar mi vida en manos de seres divinos? Sería muy feo por mi parte que después del esfuerzo obligado que había hecho mi bahen Joshada de no desvelar mi gran secreto ante los ba-bapu y la generosidad de la masi Lakshmi, que pusiera obstáculos direccionando mi vida a una desgracia asegurada. Así que cogí todas mis pertenencias guardadas en maletas con la ayuda de la masi, las metimos en su furgoneta y nos pusimos en marcha.
Eran muchas horas de viaje y no nos podíamos entretener más.
Pasaron unas pocas horas antes de que el eterno silencio se rompiera con un simple gesto de ternura. Con la mirada perdida en el horizonte mientras la carretera avanzaba sin retrocesión, sentí un calor cálido sobre las manos que tenía en mis pantorrillas, juntas, como si quisiera retener al destino. Ante aquella sensación tan agradable giré la mirada hacia la masi Lakshmi que me miraba con ojos llenos de ternura desviándolos luego hacia la calzada y me dijo unas palabras que incluso hoy todavía guardo en mi corazón.
—No te preocupes por nada, my little Devki. Yo cuidaré de ti. Te enseñaré a coser y confeccionar bonitos sarees para que tus ba-bapu no sospechen nada del plan de Joshada. Te ayudaré a convertirte en una mujer de provecho, así pensarán que has madurado y que ya no eres una adolescente imprudente. —Sus palabras tranquilizaron algo mis pensamientos. La masi Lakshmi seguía observándome, como si tuviera conexión directa con mis recuerdos volviendo a apaciguar mi intranquiliadad. —No pienses más en ella. Joshada tiene que gestionar la situación a su manera. Ahora es momento de pensar en ti y en tu futuro. Seguro que con el tiempo se le pasará. Para ella tampoco es fácil. —Con estas palabras mi vida dio un giro de ciento ochenta grados hasta llegar a lo que soy hoy en día.
Año 1981, Ahmedabad, Gujarat
Joshada y Devki. Su primer baile
Ahmedabad era una ciudad tranquila, pero en esta época vivía una situación de movimiento contínuo. Se había introducido una política de reserva en el país, que dio lugar a disconformidades contra las reservas. Las protestas fueron testigos de enfrentamientos violentos entre personas pertenecientes a varias castas, que se definían como grupos sociales rígidos caracterizados por la transmisión hereditaria del estilo de vida, la ocupación y el estatus social. La ciudadanía estaba irascible ante esta situación.
Ahmedabad pertenecía al estado de Gujarat oriental, centro-oeste de India y se encontraba a las orillas del río Sabarmati. Era una de las ciudades más pobladas y un importante centro económico e industrial de la India. Sus actividades correspondían al sector terciario como el comercio, las comunicaciones y la construcción. También era una de las mayores productoras de algodón.
Vivíamos en un barrio de pols, cuya construcción contenía la auténtica tradición arquitectónica de la ciudad, hecha con madera y ladrillo. Su estilo dominante se denominaba indo-sarraceno en referencia a la fusión de estilos india y persa. Un grupo de familias cuya actividad se centraba en la producción del algodón, mantenía la harmonía en el vecindario. Y entre ellos estaban mis ba-bapu que era una pareja adorable, muy conocidos y queridos por los vecinos. Ba provenía de una familia de bailarinas, un gran número de ellas dedicadas al mundo del espectáculo, y bapu trabajaba en una fábrica de algodón. Cuando sus ingresos fueron suficientes decidieron formalizar una familia, un deseo ansiado por ba, a pesar de que esto significara dejar en segundo plano su pasión por el baile. De aquella importante decisión nació mi bhai Niren y al año mi bahen Joshada.
Joshada era una niña discreta, con mucho carisma. La familia y la cultura era su devoción, no se podía permitir fallarles. Se tomaba muy en serio sus principios. Pero por otro lado era una romántica empedernida. Desde bien pequeña, siempre jugaba con sus muñecos a casarlos y que vivieran felices para siempre. Aunque esta fantasía, a medida que fue creciendo, se convirtió en una leyenda tomando consciencia de que algún día llegaría el momento en que sus padres pactarían su boda. Pero tenía la esperanza de que esa unión, con ayuda de los dioses, fuera por amor. Imitando los pasos de ba, cada noche, antes de irse a dormir, iba a la sala donde nuestra familia tenía el templo de dioses para hacer su ritual. Se quedaba unos minutos proyectando sus deseos ante las estatuillas, después se arrodillaba ante ellas y, cerrando los ojos muy concentrada, rezaba sus oraciones. Su primer pensamiento era siempre para su familia, pero el ochenta y cinco por ciento restante lo destinaba a su proyecto futuro de amor para siempre. Aunque sabía que en el fondo haría falta un milagro para que esto ocurriera. Este ritual era agilizado, no podía recrearse como a ella le gustaría. Siempre estaba la presencia de una intrusión que intentaba interferir en su destino. Nuestro bahi Niren era muy oportuno sin pensar en las consecuencias.
Tengo recuerdos de como Niren, un año mayor que ella, no se lo ponía nada fácil. Era muy duro con Joshada, en cambio a mí no me tenía tan presente, quizá al ser una mocosa, como me llamaba, no despertaba en él ningún deseo de maldad. A Joshada siempre le recordaba lo absurda que era esa idea. «Despierta de una vez, niña tonta. Eres una inepta al pensar que te casarás enamorada». Así día tras día. Luego, como a quien la cobardía le persigue, se iba corriendo a carcajadas. Sus palabras desagradables le iban calando en su sensible corazón, pero ella no daba por vencida su ilusión. Esta situación la entristecía y la soledad la envolvía. Le hubiera encantado poder contar con su bahi como hombro de apoyo, pero se resignaba a la realidad.
Nuestro bahi en cambio, se alimentaba de la frustración de Joshada. Era una persona egoísta, que siempre iba a la suya y no se preocupaba por nadie que no fuera él. Mis ba-bapu eran conocedores de la desgana de Joshada y hacían todo lo posible para que no sintiera este vacío, pero Niren no bajaba el nivel. La única misión que le satisfacía se traducía en pisotear sentimientos. Su mejor entretenimiento, provocar la tranquilidad de ella a base de bromas pesadas. Esta situación cada vez era más insostenible y temían por la salud de mi bahen. Fue entonces cuando decidieron romper la normalidad del incidente y vine yo con la intención de enmendar el ahogo constante de mis ba-bapu. Mi nacimiento fue para la familia un resplandor, una luz de esperanza. Sobretodo para Joshada que sintió respirar otra vez. A pesar de que Niren no bajó la guardia, el poder centrarse en una vida inocente, la ayudó a aprender a deshacer en cenizas los comentarios de su adversario. Tenía un proyecto nuevo, mi bienestar y que creciera integrando valores para que me convirtiera en una gran mujer, cosa que mis ba-bapu agradecieron. Tenían trabajo extra con Niren.
Así fue como empezó la gran aventura de la vida para nosotras. Para ella fui un regalo y para mí una bendición. Creamos un vínculo muy especial que se convirtió en una necesidad de simbiosis. En Joshada se despertó una especie de instinto maternal de autoprotección obsesiva.
Septiembre 1984, Ahmedabad, Gujarat
A pesar de mi corta edad, tenía la danza muy arraigada en mis genes. A ba le encantaba contarme bonitas historias una y otra vez de cuando ella bailaba en los escenarios. Tanto me gustaban estos relatos que uno de mis entretenimientos predilectos era jugar a que me convertía en una de las bailarinas más consagradas de Ahmedabad. Me fascinaba esa idea. Y los años tuvieron una respuesta a esta pasión. ¿Quién me iba a decir a mí lo que me esperaba algún día?
Tengo vagos recuerdos del gran día. En mi mente ba venía a mi habitación para desperezarme. Estaba eufórica. Mientras procedía a la rutina de mis necesidades, una melodía conocida salía de su garganta emocionada. Yo le sonreí y la dejé hacer. Me encantaba sentir ese estado de ánimo en ba, algo que se resistía con las preocupaciones que Niren insistía en mantener constante. Era un día importante para la familia y debíamos permanecer unidos.
Joshada empezaba las clases de baile. Con solo seis años ya podía empezar a embriagarse de la danza clásica, el Bharatanatyam, que generación tras generación se iba transmitiendo en la familia de nuestra ba. El Bollywood también tenía un papel importante en nuestra saga. El segundo plano de ba ahora tomaba el nombre de Joshada y, tres años después, se ampliaba con el nombre de Devki, una servidora.
Este tipo de arte, el Bharatanatyam, se convertía en una de las tradiciones de danza clásica más antiguas de la India. Cultivó sus cimientos en los templos y cortes del sur de la India desde la era antigua. Era una de las ocho formas de danza reconocidas por el Sangeet Natak Akademi. Expresaba temas religiosos e ideas espirituales del sur, particularmente del Shaivismo, Vaishnavismo y Shaktismo. Requería expresión, postura y ritmo. Un arte que consagraba el cuerpo de la bailarina, que disolvía su identidad en el ritmo y la música. Hacía de su cuerpo un instrumento, al menos mientras duraba la danza, para la experiencia y expresión del espíritu.
Salimos de casa con tiempo suficiente para no llegar tarde. Cuando llegamos a la escuela Nritya Bharati School la recepcionista nos esperaba con una sonrisa radiante. No era para menos, las mujeres de la familia de ba eran VIP en aquel lugar. Muchas de ellas se habían consagrado como magníficas bailarinas gracias a los grandes maestros que impartían clases en la academia. Algunas incluso tuvieron tanto éxito que les permitió vivir de la danza.
El recinto era una reliquia que se fundó en el año 1960 y fue la primera academia de baile en Gujarat, región de Ahmedabad, que impartió formación de Kathak, Bharatanatyam y danzas folclóricas de la India. Samrat Bhatnagar, fundador y primer bailarín de la época, llevaba en su trayectoria profesional a más de diez mil alumnos y mil doscientas coreografías en varios lugares de la India. Era conocido por la originalidad, destreza y belleza que deslumbraba en los escenarios, llevando a los espectadores al lugar que representaban sus bailes.
Joshada irradiaba felicidad por todo su cuerpo, por fin uno de sus sueños más esperados se convertiría en realidad. Daba las gracias a los dioses por aquel regalo que la vida le brindaba para centrar su motivación. Desde el minuto cero demostró que en la danza estaba su sitio. Su proyección por triunfar en el amor se fusionó con el baile convirtiéndola en su marca como bailarina. Lo mejor de todo, es que a mí también me hacía partícipe de su nueva inspiración.
—Devki, cuando tengas seis años tu serás la protagonista. Ven conmigo y observa bien lo que he aprendido hoy. —Siempre que avanzaban en las coreografías, mi niñez se convertía en baile. Me fascinaba ver la evolución de Joshada y presenciar como su problema con Niren se quedaba en el olvido. Era la mejor y, mientras observaba cómo expresaba sus más ocultas ambiciones, mi mente volaba a los escenarios junto a ella. Creía en ella, la idolatraba y quería seguir sus pasos. Era mi diosa particular.
Septiembre 1987, Ahmedabad, Gujarat
Un nuevo curso empezaba en la familia Kotadia. Joshada me había preparado durante tres años con sus consejos y cediéndome el derecho de aprender de ella. Devki, yo, iba a comerme el mundo.
Era lunes. Lo recordaré toda la vida. ¿Quién puede olvidar un día tan significativo? Estaba eufórica, emocionada, por fin estaría aún más cerca de ella y cerca de nuestro vuelo.
Estábamos ya preparadas para iniciar la aventura y salimos con ilusión hacia un día memorable. A medio camino, ba nos paró en seco en medio de la calle. Necesitaba expresar lo orgullosa que se sentía de sus dikaris antes de llegar a la escuela. Se puso de cuclillas ante nosotras y nos expresó su amor de ba.
—Joshada, Devki no sabéis lo feliz que soy. Trabajando en equipo como os he enseñado llegaréis muy lejos, lo presiento. La danza forma parte de vosotras. —Un agua fina empezó a vislumbrar en sus ojos negros que resbalaron por sus mejillas seguido de un abrazo familiar. Luego se recompuso e, irguiendo su esbelto cuerpo, nos cogió de la mano retomando el camino que había dejado en espera.
Cuando llegamos al local, Aruna nos esperaba con una triple sonrisa. Ba y yo nos sentamos en unas sillas que estaban cerca de la recepción, a la espera de que Samrat viniera a recogerme mientras Joshada entraba al vestuario para cambiarse. Funcionaba así siempre que se apuntaba una nueva alumna. Se la llevaba a una sala y la sometía a una prueba para saber el nivel para poder ubicarla en el grupo adecuado. Por su parte, ba lo había organizado para que tuviéramos los mismos horarios para evitarse paseos innecesarios. Pero mis inquietudes no me permitían permanecer sentada, estaba tan nerviosa que mis pies no podían parar de moverse. Entonces oí como una voz masculina se aproximaba por el largo pasillo hasta finalizar su trayecto a nuestra altura.
—¿Así que tú eres la joven Devki? —Un señor de mediana edad observaba mis movimientos simulando interés. Tenía una melena oscura que le caía por encima de los hombros, repeinada con un kilo de gomina y mantenida hacia atrás con una diadema negra. A pesar de su edad, aquel matiz le daba a su aspecto un aire jovial. Yo no me quedé atrás y lo miré descarada manteniendo su mirada. Tenía un porte excepcional. Mi imaginación confirmó la curiosidad de los comentarios que mi ba y Joshada hacían constantemente. Era un hombre atractivo, con unos ojos penetrantes que te petrificaban y marcaban respeto. Cuando desperté de mi escáner, me topé con un profesor recreado, entiendo por el miedo que se olía en el ambiente, que me alargaba su mano derecha que acompañé con la mía.
—Hola Samrat, sí, yo soy Devki. Tengo muchas ganas de empezar las clases y bailar con mi Bahen Joshada en los grandes escenarios. —una carcajada estruendosa salió sin filtro de aquella belleza andante. Yo hice caso omiso, giré mi vista hacia donde estaba sentada ba satisfecha de haber pronunciado estas palabras. Ella sonreía divertida al ver que me sabía defender sola.
—Cuídala bien, Samrat. Vendré a recoger a las chicas dentro de dos horas. Ánimo, pequeña, enséñales lo que sabes—. Me guiñó el ojo derecho, se levantó y se acercó para entregarme la bolsa con lo necesario para la clase. Luego me cogió por mis menudos hombros y, con ojos cristalinos, me dio un beso en la frente de buena suerte. Siempre lo hacía en ocasiones importantes. Era un gesto para hacerme entender que estaba conmigo en sus pensamientos. Mi ba inició su huida cuando, aquel hombre que se hacía llamar un experto me guiaba hasta la clase dejando mi incertidumbre a la suerte.
Cuando entramos en aquella sala inmensa, al principio mi cuerpo se quedó petrificado. Ante mi reacción, me obligó a avanzar y me soltó de la mano dejándome en medio de la clase. Un espejo que me observaba con detalle, un cuadro de Ganesha a mi izquierda y unas flores pintadas en la pared de la derecha eran testigos de mi demostración. Por momentos sentí estar en una escena de terror, pero consiguí recordar las palabras de ba y mi cuerpo se relajó. O al menos eso pensé. El espectador captó la señal y, acto seguido puso una melodía que retumbó en mis sentidos como un eco. ¿Por qué aquel ser tan maravilloso en boca de mi familia me causaba efectos de pavor? Todos los consejos que Joshada me había dado, se desvanecieron en mi oportunidad de brillar. Ante la falta de luz en mi pieza de baile, Samrat quitó la música antes de que acabara. Mi vergüenza ante el fracaso hizo que la desesperación tomara el control de mi extraño comportamiento. —Dame otra oportunidad, Samrat. No sé qué ha podido pasar, puedo dar más de lo que has visto. —Cuando mis palabras se repitieron en mi mente, entendí que me había metido en un callejón sin salida. El papel al que estaba jugando no iba con mi persona y di una impresión que no era real. Tragué un nudo silencioso, pero en vano. El cazador tenía atrapada a su presa.
—Devki, me habían hablado maravillas de tí. Pero parece que hoy no tienes un buen día. Además, no me gustan los papeles de víctima. Lo siento. Solo tenías una oportunidad y la has desaprovechado. Empezarás en el nivel inicial. Coge tus cosas y sígueme—. Obedecí cada palabra sin rechistar. Mis pies pesados, arrastraban la decepción por un pasillo que se hizo interminable hasta llegar a mi desafío. Intentar hacer todo lo posible para que Samrat me brindara la oportunidad de brillar.
Entré en la sala cabizbaja y, con un empujón a traición, me obligó a volver a ser el centro de atención forzándome a que me presentara ante mis compañeras. El que iba a ser uno de esos días del que te acuerdas para siempre, se convirtió en una pesadilla que me perseguiría hasta mis años de adolescencia. La sorpresa fue, a pesar de que aquel hombre despiadado disfrutó con lo ocurrido, que mi derrota nunca llegó al conocimiento de mi familia. Quedó en un secreto que los dos guardaríamos hasta que el destino quisiera sacarlo a la luz.
Capítulo 2Preparada para brillar
Enero 1993, Ahmedabad, Gujarat
Después de aquel fatídico día, me prometí trabajar duro para ganarme el respeto de Samrat y demostrar que estaba al nivel de la familia. La verdad es que tanto ba como Joshada se extrañaron de que tuviera que empezar desde cero, sabían que contaba con una base, pero pensaron que él era el experto y no eran quienes para contradecir el criterio del director de la academia.
Mi profesor, en cambio, veía como una niña con gran talento y que brillaba como una estrella iba quedándose en el banquillo cada año en los festivales de final de curso. La fila de atrás era mi sino en los bailes. Para que no fuera rutinario, me iba colocando en diferentes posiciones, pero nunca en primera fila. Fuera derecha, izquierda o el centro para mí seguía siendo una desmotivación, aunque al menos él lo intentaba. Estaba segura de que Samrat estaba detrás de esto. ¿Por qué insistía en castigarme y no me dejaba evolucionar? Estaba claro que destacaba ante mis compañeras, sin desmerecerlas. Cogía a la primera los pasos de las coreografías. Tenía una mente privilegiada para ser rápida en captar los movimientos y, sin esfuerzo alguno, reproducir lo aprendido.
Tenía doce años cuando mis sospechas se confirmaron. Sarju, mi profesor, me indicó si podía quedarme un momento antes de irme cuando finalizara la clase. Tenía que comentarme unas cosas. Pensé que quería corregir algún paso del baile que estaba preparando para aquel año, pero su intención era otra.
—Devki, gracias por quedarte cinco minutos más. Quiero que sepas que solo cumplo indicaciones de Samrat. No es justo que no te cambie de curso cuando eres una magnífica bailarina. Te cuento esto, porque no quiero que esta situación oscurezca tu estilo. Debes seguir trabajando, independientemente del nivel en el que estés. Estoy seguro de que algún día Samrat despertará de la ceguera que te representa. — Él siempre se portaba bien conmigo porque sabía que tenía madera de bailarina. Era un chico joven, de unos veinticinco años que se había sacado el título de profesor hacía un año y entendía lo que costaba estar en ese lugar. Supongo que por este motivo empatizaba con el grupo. Agradecí a Sarju sus palabras. Su sinceridad me dio alas para volar. Lo cierto era, que mis ganas de triunfar no se verían nubladas por nadie. Había trabajado y trabajaba mucho para conseguirlo.
Fui al vestuario con la sensación de que algo en mi interior había cambiado. Las palabras de Sarju se repetían una y otra vez en mis recuerdos. Esta nueva información hizo que me fortaleciera y tuviera más ganas de conseguir mi objetivo. Me cambié, recogí mis cosas y salí triunfante con la cabeza bien alta.
Al día siguiente, cuando terminé las clases, salí como un rayo de la escuela para acudir a mi cita. La coreografía que estaba preparando para darle una sorpresa a Joshada estaba acabada y necesitaba un espacio más adecuado para terminarla de pulir. Mi habitación no era lo suficiente grande. Así que la noche de antes idee un plan. Necesitaba enseñársela, la había montado para que la bailáramos el día que debutáramos juntas en el escenario.
Cuando llegué a la academia, Aruna me miró con cara de sorpresa y, seguidamente, miró en su ordenador. Tenía claro cuáles serían sus movimientos al verme aparecer por la puerta, pero había estudiado muy bien mi papel de buena alumna.
—Hola Aruna, vengo a ensayar para el festival. Quedan pocos días y quiero estar bien preparada. ¿Me podrías prestar la llave de la sala Namaste? —Le guiñé un ojo como señal de complicidad. Aruna dudó por un momento y volvió a mirar en el ordenador. Lo que no sabía es que jugaba con ventaja. Sabía de memoria los horarios de Samrat.
Un día Aruna, mientras esperaba para entrar a clase, me pidió si podía vigilar la recepción para ir al lavabo y entonces se me ocurrió la gran idea. Acepté encantada y aproveché para mirar en el ordenador qué días y horas estaba en el local Samrat. Aruna era muy ordenada y seguro que tenía una carpeta con su nombre. ¡Bingo! Necesitaba esta información para el gran ensayo. No iba siempre, solo cuando entraba una nueva alumna o daba el paseo de control por las clases para hacerse notar o cuando tenía que ensayar su solo en la sala Namaste para los festivales, pero solo iba un día en particular. Así que tenía claro que no estaría. Además, también jugaba con la baza de que, gracias a ese favor, ella me dijo que me lo devolvería. ¿Qué mejor momento para que una alumna aplicada quiera hacerlo bien en el festival? Aruna sabía que el prestigio de la academia era lo primero para Samrat y pedía casi la perfección.
—Hola Devki, está libre, no hay problema. Pero solo tienes una hora ¿entendido? Luego tiene que quedar libre porque Samrat vendrá media hora después. Sobre todo, no toques nada, ya sabes que el director es muy suyo.— Mientras me explicaba la historia que ya sabía, abrió el primer cajón con llave que tenía a mano derecha. Buscó la que necesitaba y me las entregó.
—Mil gracias, Aruna ¡Eres un sol! —A Aruna le encantaba ser eficiente y que alabaran su profesionalidad, además de que la piropearan. Cosa que también sabía. Era una mujer de unos cincuenta y muchos años, que llevaba desde su juventud al servicio de Samrat. Se tomaba muy en serio su trabajo y le tenía mucho respeto al jefe. Pero con unas palabras que le hicieran sentir bien, la tenías comiendo de tu mano.
Con las llaves en mano, me dirigí hacia la sala. Una vez delante, introduje las llaves sigilosas. A pesar de que estaba un noventa y ocho por ciento segura de que Samrat no estaría dentro, prefería ser cauta. Abrí la puerta despacio y, efectivamente, ni rastro de mi enemigo. Entré con energía, ansiaba probar la coreografía en aquella maravillosa sala donde se habían montado preciosos y exitosos bailes. La pared de enfrente vestía doble espejo que le daba amplitud. Al lado, a mano derecha, un pequeño mueble en el que había un radiocasete. En la pared izquierda, una ventana con cortinas blancas adornadas de bordados en forma de flores le daba un aire distinguido a la sala. Allí se respiraba el éxito.
Me cambié en un rincón con rapidez. Los segundos eran baile. Me acerqué al mueble para poner la cinta. La música escogida no era al azar, me daba alas para la inspiración y conectarme con la esencia de Joshada. Aquella melodía era un aire fresco para que la coreografía se escenificara como por arte de magia. Sabía que para Joshada tenía un significado especial. No conocía esta canción hasta que un día me la puso para que me deleitara con su letra. Así que era perfecta para nuestra danza en conjunto. Le di al play, me coloqué en el centro, respiré hondo hasta que Natesha Kauthuvam empezó a sonar.
«THADAVANA MUNIJANA SAKALA SURA-ASURA
[Uno que es adorado por los rishis de tadavana (bosque denso) y los demonios y dioses por igual.]
SANNUTHA PADHAAM KINGINI MERMELADA MERMELADA
[Me inclino ante el que adorna las tobilleras que hacen sonar jham jham.]
JHANA JHANA JHANA JHANA NOOPURA LAYA JATHI
[Sus campanas producen el sonido Jhana-Jhana mientras realiza su danza cósmica]
GHANA GHANA GHANA GHANA VIDHI HARI SEVITHA
[El Señor Bhrahma y el Señor Vishnu también lo adoran]
...»
Cuando acabó la música, unos aplausos invadieron mi desconexión. Samrat y Aruna me observaban maravillados por el espectáculo gratuito que acababan de presenciar. ¿Qué hacía en la puerta? ¡Se suponía que era su día libre! ¿Por qué Aruna se había unido a la fiesta de mi segunda derrota? No supe cómo reaccionar ante tal sorpresa y me quedé petrificada sin saber qué hacer ni decir. La vergüenza era mi acompañante. Para mi sorpresa, Samrat no dijo nada a primera impresión. Se acercó sin dejar el brillo de sus ojos atrás.
Aruna quiso excusarse.
—He intentado entretenerlo. Lo siento Devki yo no sabía que… —y siguió balbuceando en bajo con la cabeza cabizbaja.
—Aruna, está bien. Puedes volver a la recepción, tienes trabajo. — Ella obedeció acto seguido, lanzándome una mirada de cordero degollado con las manos atadas. Samrat se paró delante de mí con cara inexpresiva.
—Devki, ha sido impresionante. Hacía años que no veía a nadie bailar con tanta energía y expresión. Has atravesado los corazones de quien te vea. Enhorabuena. Acabas de demostrar la artista que llevas dentro. ¿Quién te ha enseñado tan maravillosa coreografía? — Me lo quedé mirando extrañada. Era la primera vez que me ofrecía unas palabras amables, pensé que estaba tramando algo. No bajé la guardia a la expectativa del «pero». Él siguió delante de mí impasible, con mirada de orgullo, expresión desconocida hasta el momento. Aún con su complacencia seguía sin entender nada, desconfiada.
—La he montado yo. Es una sorpresa para Joshada. Quiero que la bailemos el día que debutemos juntas en los grandes escenarios. —solté el discurso de una vez, casi sin respirar. Quería que creyera en mi falsa seguridad. Luego fui hacia mis cosas y saqué una botella de agua. La abrí y bebí unos sorbos dando la espalda, ignorando a mi sombra. Luego la cerré y volví a guardar sin tener en cuenta el resto de los mortales allí presentes. Samrat forzó una carcajada que llenó la sala de falsedad.
—Veo que sigues siendo aquella niña con ideas claras y que crees tenerlo todo controlado. ¿Te has preguntado alguna vez por qué no te di otra oportunidad el día que nos conocimos? —aquellas palabras que resonaron como un eco hicieron que me girara noventa grados para atender a mi interlocutor. Él seguía en el mismo sitio, con los brazos cruzados con esa mirada que te calaba el alma.
—Un bailarín nace, no se hace. Cuando te vi bailar tuve bien claro que tenías espíritu de bailarina, pero ¿qué hubiera ocurrido si hubiera aceptado tu pésima actuación y pasado por alto tus defectos? — Estaba atónita, no sabía dónde quería llegar ¿defectos? ¿pero quién se creía que era? Samrat observaba cada movimiento de mi cara y entendía lo que estaba ocurriendo por mi cabeza.—Sí, defectos, Devki. Las buenas bailarinas tienen que ser ante todo humildes, tu entraste con aires de grandeza y ya sabes cuál fue el resultado. Habría sido un error por mi parte omitir estos detalles. Estoy seguro que la Devki que he visto hoy nunca habría renacido ¿entiendes? Por este motivo quise que trabajaras desde el principio para que tu rabia y enfado hacia mi persona se ocupara del resto. —Analicé cada palabra y entendí las intenciones de Samrat. Si él no me hubiera cortado las alas ese día, yo no habría montado la coreografía ni la habría disfrutado tanto.
En aquel momento me di cuenta de que había sido una estúpida todo ese tiempo creyendo que Samrat era un profesional de pacotilla. La realidad era otra. Tenía visión selectiva para sus bailarines, y yo estaba entre ellas. Agaché la cabeza avergonzada. Unos minutos después noté cómo una mano cálida se posaba encima de mi hombro izquierdo. Samrat me miraba cercano, cómplice de mi decepción.
—Soy consciente por lo que has pasado todos estos años, pero era necesario para llegar a este punto. Todo esfuerzo tiene su recompensa. Normalmente los alumnos no hacen actuaciones sin el grupo, pero este año haré una excepción. Quiero que Josahda y tú bailéis esta pieza en el festival. Será la sorpresa final, después de mí solo para que sea más brillante. Sé que queda menos de mes y medio, pero confío plenamente en vuestro trabajo. Solo si estás de acuerdo, Devki. —Alcé mi mirada encogida cediéndole mi luz al que me observaba. ¿Nos iba a dar la oportunidad de demostrar al mundo nuestro talento? Sin control, mis brazos se abalanzaron a su cuerpo dándole un abrazo que casi le deja sin respiración. La vergüenza volvió a ser dueña de mi cuerpo que al darse cuenta se retiró dando varios pasos hacia atrás.
—Lo siento, Samrat, la emoción me ha descontrolado. —Su carcajada volvió a entrar en acción, ya me estaba acostumbrando a ella.
En seguida volvió a tomar la compostura.
—No te preocupes, Devki, ya está olvidado. Ahora recoge tus cosas y vuelve a casa para contárselo a Joshada y a tu ba. Se sentirán orgullosas de ti. —No me lo pensé dos veces, cogí la bolsa y, con una especie de adiós improvisado, salí disparada hacia la felicidad familiar.
Mientras mi alegría corría sin control avanzando por las calles de Ahmedabad, mi mente solo visualizaba la cara que pondrían las mujeres de mi vida al escuchar la gran noticia.
Capítulo 3Una sorpresa inesperada
Joshada y ba estaban pletóricas. Poder participar las dos bhai-bahen juntas en este bonito proyecto y oportunidad para conseguir lo que siempre habíamos soñado, era un inicio de escalada hacia nuestra carrera como bailarinas. Sí, apuntábamos muy alto, pero sabíamos que estábamos predestinadas para ello. Ser dos bailarinas de élite en cualquier escenario era nuestra meta más alta.
Cuando le expliqué a Joshada las intenciones de Samrat, primero puso cara de desaprobación. Contábamos con poco tiempo para que le enseñara el baile y, como era muy disciplinada, cayó en el error del miedo. Segundo, me dio un achuchón fuerte y me llenó la cara de besos por ser tan especial y brillar tanto. Tercero, una cascada doble llenó sus bonitos ojos emocionada del regalo tan exclusivo que le había hecho.
—Devki, no sabes lo orgullosa que estoy de ti y lo honrada que me siento por el detalle que has tenido conmigo. Como bien ha dicho Samrat, todo esfuerzo tiene su recompensa, y tú has trabajado muy duro para que llegara la oportunidad de demostrar lo que vales. Pero, sobre todo, tienes corazón de ángel por querer compartir tu éxito conmigo. Ya lo veo. Seremos un equipo. Los mejores teatros se pelearán por una actuación nuestra—. Me encantaba ver a mi bahen tan feliz. Su cara llena de felicidad era un recuerdo que guardaría para siempre.
—Solo por vivir este momento ha merecido la pena, Joshada. Siempre me has protegido y has sido mi empuje en todo momento. Ahora me toca devolverte todo lo que has hecho por mí.— Fue un momento emotivo, nuestra ba que nos escuchaba fascinada se unió a nuestras lágrimas. Acto seguido, un abrazo familiar fue necesario para sellar nuestro sueño que se estaba haciendo realidad.
Julio 1993, Ahmedabad, Gujarat
Los días pasaron volando. Quedaba solo una semana para el festival. Los grupos estaban trabajando mucho para que todo saliera a la perfección. Samrat, por su parte, nos cedió la sala Namaste para que la utilizáramos siempre que la necesitáramos. Le agradecimos el gesto, pero no aceptamos. No queríamos estar en boca de nadie ni que pensaran que teníamos favoritismos por ser quienes éramos. Él no entendió nuestra postura ya que el espacio era importante para una brillante actuación. Pero no cedimos, solo aceptamos utilizarla para el día antes del festival. Un último ensayo antes del gran momento en un lugar donde el triunfo fluía por los poros de las paredes.
Un público de familiares, amigos y curiosos esperaba alborotado ansioso de que empezara la actuación. Un revuelo de voces se mezclaba con nuestros nervios generando una bomba a punto de estallar. Samrat iba de un lado a otro para asegurarse de que todo estaba en orden. La verdad es que no recordaba esa inquietud otros años. Pensé que era porque había un número nuevo. Su reputación estaba en juego. Pero lo cierto era que, si la seguridad que le caracterizaba se sintiera amenazada, no hubiera apostado por nuestro acto. Aun así, no podía evitar dar vueltas como un tío vivo.
El festival se realizaba dentro de la misma academia que disponía de un auditorio propio. El suelo del escenario estaba hecho de láminas de madera oscura. Este material facilitaba las diferentes danzas. La parte trasera, la habían adornado con unas lianas de flores rojas que se unían de izquierda a derecha formando un triángulo vacío. El espectáculo fluía según lo esperado. Los éxitos llenaban la mochila de Samrat. Y llegó su momento, que sumaría en su trayectoria de solista. Ese año no disfrutaríamos de la actuación del gran maestro, él nos aconsejó que necesitábamos nuestro tiempo para estar con nosotras mismas. Era necesario para llegar a la serenidad absoluta. El resto de los compañeros se habían colocado en los asientos reservados para los bailarines de la academia. Primera y segunda fila. Mientras, Joshada y yo esperábamos en el vestuario calmando nuestro pavor como mejor sabíamos, rezar a nuestros dioses. Unos toques suaves se interpusieron entre nuestros rezos seguidos por una apertura de puerta.
—Joshada, Devki, me han entregado este regalo para vosotras. Me han dicho que lo abráis antes de la actuación. —Nos miramos extrañadas sin saber a qué se debía ese presente. Aruna entró con prisas y se lo entregó a Joshada. Se despidió por el camino y salió veloz como el viento. No quería perderse el inicio de la pieza de Samrat.
Joshada no perdió el tiempo. Me hizo un gesto para que me acercara y desenvolviéramos la sorpresa juntas. Una caja de laddoos y un sobre que la complementaba aparecía entre el envoltorio. Nos miramos cómplices de nuestra sospecha. Cogí la pista que nos desvelaría el misterio y la abrí.
Mis queridísimas bhanis os mentimos cuando os dijimos que no podíamos presenciar vuestra actuación porque se había anulado la entrega del encargo. Fue obligatorio para daros esta sorpresa. Estaríamos locos si nos lo perdiéramos. Esta vivencia ocurre una vez en la vida. Vuestro masa y yo estamos muy orgullosos de lo que va a ser un triunfo asegurado. Os merecéis este momento porque habéis luchado mucho por conseguirlo. Siempre juntas. Sois unas chicas excepcionales y el mundo tiene que saberlo.
Os quiere,
Lakshmi y Arjun
¿Qué más podíamos pedir? La familia estaba al completo y nosotras éramos las culpables de este importante acontecimiento. Nos comimos un dulce cada una, loque nos dio el empuje que necesitábamos para alcanzar la calma.
Unos segundos toques de puerta nos avisaron que había llegado el momento de la verdad. Joshada y yo nos miramos, nos cogimos de las manos, respiramos profundamente y salimos por la puerta grande. Joshada era preciosa, su belleza me recordaba a la masi Lakshmi. Ojos grandes marrón oscuro, coronados por grandes pestañas arqueadas hacían que su mirada no pasara desapercibida aún sin estar maquillada. Unas cejas menudas y finas que le gustaba remarcar con un lápiz negro para ampliarlas y acompañar a sus ojos. Una nariz ancha pero acorde con el conjunto y una boca grande con gruesos labios finalizaban una cara casi perfecta. Yo tampoco me quedaba atrás. Había sacado los ojos de ba, no muy grandes pero muy expresivos de color negro. Mis cejas sí que los acompañaba, pero imitaba a Joshada. Mi nariz menuda y redonda me daban un aspecto divertido. Lo que más me caracterizaba era mi boca de piñón de labios carnosos. Los conocidos de nuestros ba-bapu siempre decían que ella era la guapa y yo la graciosa. En fin, prefería no analizar esos adjetivos.
Las caras relajadas de los espectadores por lo que se suponía que había sido la última actuación, se convertían en signos interrogatorios. Mientras nos posicionábamos en el escenario, el gentío daba vueltas al panfleto en busca de una explicación. A excepción de nuestra familia que parecían un grupo de pavos reales en un gallinero. Pero Samrat decidió no añadirlo conocedor de la reacción actual del público. De repente, una bajada de luces anunció el inicio de la actuación. El silencio se adueñó del escenario.
La música empezó a sonar y nuestros cuerpos se movieron en simbiosis sincronizados con la melodía. Lo estábamos haciendo, el escenario y los corazones de los espectadores se mimetizaban con nuestra danza. Era una sensación inexplicable, única e irrepetible. En unos segundos del solo de Joshada, mi mirada pudo vislumbrar la cara expectante y a la vez de orgullo de la masi Lakshmi. Ante aquella imagen, un cúmulo de sentimientos dibujaron por momentos una tirada de colores simulando un Holi que adornaba mi aura. Luego volví a los movimientos de Joshada. La luz de nuestro interior alumbraba al público con cada movimiento hasta que finalizó la coreografía. Todos los allí presentes se quedaron maravillados y, acto seguido, empezaron a aplaudir sin control levantándose de sus asientos emocionados por tan asombrosa actuación. Joshada y yo estábamos en una nube, aquellas personas desconocidas aplaudían nuestra victoria.
Enseguida compartimos escenario con Samrat que salió orgulloso de su intuición. A continuación, los compañeros que esperaban pacientes en las primeras filas, subieron entusiasmados para darnos la enhorabuena y hacernos la foto académica de final de curso. Una vez hecha, Aruna salió con un guldasto que siempre le regalábamos a Samrat entre todos para agradecer su trabajo. Para él este era uno de sus momentos preferidos. Le encantaba ser el centro de atención. Todos estábamos fascinados por un festival tan mágico, como siempre, pero también estábamos deseando celebrarlo con nuestras familias. Sobre todo, Joshada y yo que hacía meses que no disfrutábamos de la compañía de la masi y el masa. En cuanto acabó el último compromiso en el escenario salimos con prisa a cambiarnos.
La familia nos esperaba impacientes fuera del teatro, ansiosos de arroparnos con sus besos y abrazos. La palabra «orgullosos» se quedaba pequeña para el sentimiento que les recorría todo su cuerpo.
—¡Chicas, habéis estado magníficas! Hoy demostrasteis el talento que caracteriza a nuestra familia. Lo lleváis en la sangre. —Ba se abalanzó hacía nosotras con los brazos abiertos y con ojos enrojecidos de tanta emoción. Cuando ba nos dejó respirar, miré entre los allí presentes como si hubiera perdido algo, pero sin éxito. Ba se dio cuenta. —Devki, no te molestes. Tu bhai ha preferido irse con los amigos, mejor no saber dónde. —Bapu cambió de cara. Pero quiso omitir esta información y siguió mirando el reloj nervioso, que no había dejado descansar desde que salimos del teatro.
—Venga familia, pongámonos en marcha ¡Vamos a llegar tarde! — Joshada y yo nos miramos ante aquella reacción de desinterés, pero tampoco nos sorprendió. Bapu no era de expresar sus emociones, aunque por dentro sabíamos que compartía el sentimiento de ba.
Cada año íbamos al restaurante Bayleaf después del festival. Se había convertido en una tradición familiar. El dueño era amigo de bapu y solía arreglarle el precio. Además, tanto la comida como el trato eran excelentes. No era barato, pero la ocasión lo merecía.
Era un local de diseño, muy elegante. Los sitios se distribuían en mesas de dos que las juntaban según el número de personas, complementadas con sillones mostaza adornados con un cojín lila con flores rojas bordadas. Las mesas estaban adornadas con un centro cuadrado de cristal iluminado por una vela artificial en su interior y con los respectivos cubiertos. Se dividía en diferentes secciones por columnas de madera en las que había colgado una especie de cesto cuadrado del mismo material de donde salían unas plantas artificiales iluminadas por leds lilas. Al lado de algunas columnas, unos espejos le daban un aire sofisticado. También tenía reservados para los más románticos. Estaba casi lleno como siempre. Era uno de los restaurantes más conocidos en Ahmedabad. En cuanto entramos por la puerta, el señor Amay Patel nos divisó y se acercó junto con un joven de unos veinte años a recibirnos.
—Querido Nimai, qué alegría volver a verte. Veo que vienes bien acompañado ¿Otro año de festival? —Nos enseñó su mejor sonrisa con la mano de bapu en su poder. El señor Amay y él se conocían desde la escuela. Llevaban una relación muy estrecha y, por lo que había escuchado alguna vez hablar a mis ba-bapu, también tenían otros intereses. Enseguida prosiguió dirigiéndose al joven que lo acompañaba dejándolo libre. —Os presento a mi dikaro Ram Patel. Él será vuestro camarero particular esta noche. —El señor Amay volvió a darle la mano a bapu y nos dejó en manos de aquel joven tan apuesto.
Mientras nos acercaba a la mesa que nos habían asignado, observé cómo Joshada babeaba tras el chico. Tuve que darle un codazo para que limpiara el rastro que había dejado y despertara de su fantasía. No hacía falta ser muy inteligente para saber qué es lo que pasaba por su cabeza.
En cuanto llegamos al lugar reservado y nos colocamos todos, nos entregó las cartas para que pudiéramos elegir. Luego nos preguntó qué queríamos de beber y, con un guiño dirigido a Joshada, nos dejó para que pudiéramos elegir tranquilos. Ella reaccionó automáticamente poniendo color a sus mejillas. Era un joven bien plantado, alto, con cuerpo atlético. El pelo lo llevaba recogido en una cola pequeña. Lo tenía negro como sus ojos que iban a juego. Una nariz larga pero fina a la vez, hacían algo de sombra a sus labios grandes y carnosos. Pensándolo bien, era normal que Joshada se creara un mundo de ensueño a su lado.
La comida estuvo llena de momentos, de recuerdos, de risas, pero sobre todo de sueños. En el momento del postre, la masi Laskhmi dio unas palmadas suaves para que le prestáramos atención.
—Ya sabéis que, aparte de habernos pedido unos días de descanso para poder estar hoy aquí con vosotros, hemos aprovechado para entregar unos encargos en persona. —Cogió la copa de vino y le dio un sorbo. Luego dirigió su mirada hacia nosotras dejándola en la mesa y siguió con el discurso. —Estos pedidos son para una película de Bollywood. Las escenas que están rodando ahora se están filmando en el desierto Rann de Kutch y, mi jefe está tan contento con mi trabajo, que ha hablado con su cliente y ¿sabéis qué? Estamos invitados a estar presentes un día de grabación. Me ha dicho que me puedo llevar, aparte de a Arjun, a dos personas más. Así que, chicas, hoy descansad bien porque mañana toca hacer maletas que os vais de minivacaciones a Anjar. Ya hemos hablado con vuestros ba-bapu y tenemos su aprobación. —La masi Lakshmi los miró con cara de satisfacción contenta de poder disfrutar durante unos días de sus bhanis.
