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Pablo, un ex militar bien entrenado de las fuerzas especiales, quien decide abandonar su profesión y volver a comenzar una nueva vida, conoce a Juliana, una hermosa modelo de quien se enamora sin importarle que ella sea una mujer prohibida, pues está casada con Miguel payares, un temido narcotraficante a quien lo único que le importa en ese momento es la salud de su hijo Simón, mantener el poder y el control del negocio. Las cosas se complican para Pablo ya que paradójicamente es la única persona compatible para ser el donante de corazón que tanto ha buscado Payares y esto hace que el capo pretenda por todos los medios lograr arrebatarle su órgano vital para salvar a su hijo. Pero la situación empeora cuando Miguel Payares descubre el romance que su esposa sostiene con el donante, lo que desata más su ira y una persecución sin tregua que termina llevándolos hasta el límite. Entre persecuciones, intrigas y estrategias esta historia toma rumbos inesperados que hace que los lleve a un final inimaginable.
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Veröffentlichungsjahr: 2018
Norbey Duque Osorio
El donante
Primera edición: julio de 2018
© Grupo Editorial Insólitas
© Norbey Duque Osorio
ISBN: 978-84-17467-26-5
ISBN Digital: 978-84-17467-27-2
Difundia Ediciones
Monte Esquinza, 37
28010 Madrid
www.difundiaediciones.com
IMPRESO EN ESPAÑA - UNIÓN EUROPEA
Escribir no fue nada fácil, de hecho para mí, por tratarse del primer libro en algunos momentos pensé en que hasta allí llegue, pero encontré personas valiosas que desde la primera página creyeron en mí, y que lo lograría, las primeras personas de la que les hablo son mis hijos, Lina Mariana y Juan José, ellos me dieron esa fuerza y ese amor que hicieron que no me detuviera y a ellos les debo todo porque han sido mi motor y mi luz.
Ángela Serrano tuvo la oportunidad de leer desde el primer capítulo y participó activamente en la parte del concepto, discutíamos cada capítulo, me daba su opinión y yo le daba la explicaciones del porque había escrito esto o aquello, gracias Ángela por estar allí siempre.
A Norma Constanza Gutiérrez Zapata, ha leído el manuscrito más veces que yo, me ayudo demasiado en las correcciones gramaticales y ortográficas, durante largas jornadas repasábamos una y otra vez y sus palabras de aliento me instaron a seguir sin desfallecer, Gracias Norma por todo tu apoyo y sacrificio.
En general a las personas con quien compartí el manuscrito buscando una opinión, gracias por haberme leído y por la retroalimentación que recibí de parte de ustedes.
Índice
Capítulo 1 En los campos de la muerte
Capítulo 2 Una triste despedida
Capítulo 3 Las dos caras de Payares
Capítulo 4 La Princesa enjaulada
Capítulo 5 Un nuevo comienzo
Capítulo 6 El romance prohibido
Capítulo 7 La propuesta
Capítulo 8 La ira de Payares
Capítulo 9 Un alto en el camino
Capítulo 10 La encrucijada
Capítulo 11 El despertar del guerrero
Capítulo 12 El cazador cazado
Capítulo 13 El secreto de Payares
Capítulo 14 Después de la tormenta
Capítulo 1En los campos de la muerte
Una densa oscuridad cubre la madrugada en una alejada y solitaria montaña; es una zona hostil de un país en conflicto, grupos armados, delincuentes y otros rebeldes al gobierno, hacen de éste un territorio peligroso forzando a las autoridades a desplazar tropas constantemente, tratando de salvaguardar el orden y la seguridad.
Un grupo de diez militares se alista para salir a una misión de reconocimiento, lo hacen cada madrugada con el fin de asegurar el área para evitar ser sorprendidos, entre ellos se encuentra Pablo.
A sus quince años, Pablo tuvo que afrontar la desgracia de ver morir a sus padres y a su hermano a manos de un grupo armado; huérfano y sin un futuro promisorio, se enrolo en las filas militares de manera voluntaria, tratando de buscar un mejor porvenir.
Desde su adolescencia debió afrontar muchas adversidades, pero nunca perdió el norte en cuanto a los principios y valores que desde niño sus padres le enseñaron.
Es un destacado militar, enérgico, disciplinado, sobresaliente en el arte de la guerra, preparado y bien entrenado para enfrentar cualquier tipo de situación.
Poco a poco se ha ganado la confianza de sus superiores y el respeto de sus compañeros a quienes les comparte sus experiencias y les enseña tácticas de combate, pues en sus entrenamientos y en los enfrentamientos que ya ha sostenido, ha salido airoso gracias a su instinto de supervivencia, y al lograr colocar en práctica todo lo que a lo largo de la carrera ha aprendido.
Allí conoció a su incorregible e indisciplinado compañero y gran amigo, Duarte, un joven que ha sido siempre como su hermano.
Muy diferente a Pablo, Duarte se toma las cosas de otra manera, pero es su inseparable amigo y a pesar de las diferencias, han logrado tejer unos verdaderos lazos de amistad.
Como todas las mañanas, Pablo, se levanta antes que sus compañeros, se prepara para salir con su equipo y con un susurro despierta a su amigo Duarte.
–Duarte levántate, estás retrasado, nos vamos.
Su amigo, despierta algo exaltado exclamando:
–¡Quiero dormir! llevamos años haciendo lo mismo y nunca pasa nada, siempre es igual, a esta hora el enemigo debe estar durmiendo y nosotros tenemos que levantarnos en la mejor hora para dormir.
–No importa, nos vamos, ya mi cabo salió y no quiero tener problemas por tu demora.
Al salir, dejan en la base a más de treinta hombres fuertemente armados, es un campamento militar móvil, pues no deben pasar más de dos días en un solo sitio para evitar ser atacados.
Durante la caminata y entre susurros Duarte le pregunta a su compañero:
–Oye, cuando regresemos a casa ¿será que podemos dormir hasta tarde?
–No sé, si no piensas volver a trabajar en tu vida puedes dormir todo el día; y ahora cállate porque no me dejas concentrar.
–¿Y tú que piensas hacer?
–Quiero tener un taller de reparación de motocicletas y tener una para mí.
–Por lo menos ya tengo quien me arregle la mía gratis.
Duarte Sonríe en medio de murmullos mientras siguen su recorrido.
–Si claro, si quieres te la pinto y te la lavo cada que se te antoje.
–No, con que la arregles cada que se dañe es suficiente.
–Espero que no sea con mucha frecuencia.
–¿Al fin compraste la pistola?, pregunta Duarte.
–Sí, debe llegar esta semana.
Afortunado tu que la pudiste comprar, a mí la verdad no me alcanza ya que debo enviar dinero para mi numerosa familia.
–Por lo menos eres afortunado de tenerla, no estás solo, yo quisiera tener a quien mandarle dinero, y saber que alguien me espera en casa.
–Y a propósito, ¿qué hay de la chica de tus sueños?
–Quién, Gilma?
–Sí, la abogada qué hay de ella.
–A veces hablamos, pero ya somos solo amigos, ella está concentrada en su carrera y quedamos en que solo tendremos una amistad, me imagino que ya debe estar con alguien que al menos sea parecido a ella, la verdad no me imagino una abogada con un militar, además no creo que sea una buena idea estar pensando en alguien y sobrevivir al mismo tiempo, mientras estemos por acá, es muy complicado.
–Si te entiendo, la verdad no me pienso quedar muchos años en esto, tengo otros planes, creo que ya he pasado demasiado tiempo aquí y no quiero terminar acostumbrándome a esta vida.
–Si amigo, estamos de acuerdo, no deberíamos quedarnos demasiado tiempo en este lugar y en este trabajo.
Pablo y Duarte además del apoyo que se brindan uno al otro, siempre hablan de su pasado, presente y futuro, comparten sus sueños, sus anécdotas, se conocen a fondo, pues todo el tiempo están juntos, a pesar de ser conscientes que su vida está en constante peligro, nunca hablan de la muerte ni de la posibilidad de morir allí, lo tienen como un pacto porque creen que es un mal augurio hablar de ello, solo se refieren a su futuro y discuten sobre eso, su sueño es salir de allí y empezar una nueva vida, se enfocan en sobrevivir, tratan de olvidar que sus empleos son de alto riesgo y pretenden verlo como un trabajo normal.
De repente, ochenta metros más adelante se escucha una fuerte explosión, a esa distancia deben ir los primeros compañeros pues hay que guardar ciertos espacios entre ellos.
Pablo y su compañero Duarte van en la retaguardia, adelante se oyen disparos, acompañados de gritos de dolor y desconcierto; como primera reacción los hombres se tienden al piso, aún es oscuro y el campo de visión no es más allá de cinco metros, algunas voces y ordenes se escuchan, es un caos total.
Momentos de incertidumbre acompañan a los últimos hombres, pues no tienen idea de lo que está sucediendo más adelante.
¡Avancemos! –Dice Pablo.
Ráfagas de fusil se siguen escuchando dejando un eco en el viento que baja rodeando la montaña, entre más se acercan más fuertes se escuchan los disparos, el silencio de la mañana es interrumpido abruptamente por las fuertes explosiones y los múltiples disparos.
Los desesperados hombres gritan aún más ¿«que pasa»? ¿«A quién le estamos disparando»?
–No sabemos, –dice Pablo, solo manténganse alerta y vamos a llegar donde ellos están.
–Auxiliooo, tengo dos heridos aquí, –grita uno de los hombres que va adelante, mientras el resto avanza lentamente casi arrastrándose por el piso para tratar de llegar a una mejor posición, o por los menos vislumbrar y estar seguros de que es lo que realmente está sucediendo.
–Apuremos el paso –dijo Pablo.
Solo bastó pronunciar esa frase y comenzar el avance, cuando una ráfaga de fusil casi de frente logra impactarlo en su hombro izquierdo, Pablo resbala por el despeñadero, son más de treinta metros en una caída casi vertical, no tuvo la oportunidad de defenderse, no logró enfrentar al enemigo, ni saber quién los atacó, solo rodó por el oscuro risco en medio de la oscuridad que aun acompañaba aquella fatal madrugada.
Duarte observa que su amigo se desploma, pero inmediatamente lo pierde de vista, grita desesperadamente:
–¿Estás bien?, pero no encuentra respuesta, las balas pasan muy cerca y se encuentra confundido, no sabe si ir en busca de su amigo o seguir adelante.
Pablo, yace inerte, la bala atravesó su hombro y aunque no era una herida de gravedad si lo fue el contundente golpe que sufrió en su cabeza durante la caída; pronto la sangre brota y pierde el conocimiento, no puede percatarse de lo que sus amigos están experimentando.
Entre tanto, sus compañeros que iban más adelante, retroceden aterrorizados por lo que está sucediendo, gritan con desespero «corran que nos van a matar».
Duarte intentando visualizar a su amigo, no logra retroceder y es alcanzado por las balas que le quitan la vida casi que de inmediato, no pudo ir en busca de su compañero para salvarlo y tampoco pudo salvarse él.
Todo fue demasiado rápido, no hubo espacio ni lugar para reaccionar y fue sorprendido por la muerte, esa muerte de la que nunca deseaban hablar, esa muerte que siempre quisieron evadir, Duarte murió pensando que había partido de este mundo al lado de su amigo inseparable.
Más de ciento cincuenta combatientes del enemigo los persiguen y los masacran a medida que les van dando alcance, todos son asesinados vilmente, apenas pudieron pedir auxilio por radio a sus compañeros de la base.
El teniente comandante de la base y sus hombres se disponen a auxiliar a sus compañeros, todos salen en busca de los soldados emboscados, pues el llamado de emergencia que recibieron hacía eco de la tragedia que estaban viviendo.
Cuando finalmente llegan, ya es demasiado tarde, lo que hallan es lo suficientemente horroroso y devastador como para ser cierto, una escena sangrienta, un verdadero holocausto, inmensamente cruel y desgarrador.
Los cuerpos regados a un lado del camino, semidesnudos, casi destrozados por las balas y despojados de sus pertenencias por el enemigo, deja entrever el horror de una guerra absurda y sin fin, que cada día cobra la vida de decenas de jóvenes, quienes son devueltos al seno de sus familias en cajas de madera y una bandera como recuerdo de lo que en vida representaron y defendieron hasta morir.
Durante la recuperación de los cadáveres de los militares caídos, se percatan que falta alguien, una vez reconocidos los cuerpos de sus compañeros identifican quién es el soldado que no se cuenta entre los muertos, en un principio creen que es un sobreviviente que el enemigo secuestró quizás para sacar de él alguna información, pero el procedimiento a seguir es revisar toda la zona en busca de rastros, personas, armas y cualquier pista que les indique por quien fueron atacados.
En medio del dolor y la muerte que refleja tan cruel escenario, se escucha un grito, –¡Está vivooo!, inmediatamente corren en su auxilio asumiendo que quizás sus heridas son muy graves.
Después de su rescate y tras el doloroso acto de levantar los cuerpos de sus compañeros, Pablo recupera el conocimiento y recibe la trágica noticia de que toda su patrulla está muerta, una herida leve y un fatídico accidente al caer por el peñasco terminó salvándole la vida, aunque no pudo salvarlo del dolor de tener que ver partir a sus amigos con quien compartió y vivió los últimos años.
Ellos eran más que una familia, compartían días y noches, compartían sus alimentos, muchos o pocos, compartían el miedo, el dolor, el frio, el calor, el agotamiento de muchas y muy largas jornadas de caminar, compartían los recuerdos de sus familias, las cartas, los mensajes de sus seres queridos, compartían las tristezas y las alegrías, sus triunfos y sus fracasos, compartían la vida y en esta dolorosa ocasión, compartieron la muerte.
Duarte, su amigo, su compañero, su escudero, su hermano, ya no estaba, ése quien día a día, escuchaba sus penas, sus chistes y sus consejos, yacía muerto en un frio ataúd, ahora todo era diferente, todos esos planes que hacían juntos, el soñar con un mejor futuro todo eso se había desvanecido y ese norte que siempre tuvieron como referencia había desaparecido, todo era borroso, ahora todo era incertidumbre.
Pablo no sabía qué hacer, solo llorar al ver a sus compañeros en fila, listos para ser llevados cada uno a sus orígenes, casi que se resiste a ser atendido de su herida en el hombro, finalmente lo llevan a una clínica pues sabe que debe estar listo para darles el último adiós a sus amigos.
