El Engaño De Concordia - J.J. Green - E-Book

El Engaño De Concordia E-Book

J.J. Green

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Beschreibung

El terror acecha a la colonia humana de un nuevo mundo. Tras casi doscientos años de viaje, la primera expedición colonizadora de la humanidad al espacio profundo ha llegado a su nuevo hogar. Ethan, descendiente de seis generaciones que vivieron y murieron a bordo de la nave, pisa tierra y siente el viento y la lluvia por primera vez. Pero el nuevo planeta no es el paraíso que predijeron los científicos. Los depredadores alienígenas acechan más allá del perímetro del campamento y los saboteadores polizones están decididos a hacer que nadie sobreviva. Las tensiones en la nueva colonia aumentan. Ethan debe luchar para preservar la última esperanza de la humanidad.

PUBLISHER: TEKTIME

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Veröffentlichungsjahr: 2025

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EL ENGAÑO DE CONCORDIA

Colonia espacial uno, libro 1

J.J. Green

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Copyright © 2025 – J.J. Green

Traducido por Bryan De la Hoz

Publicado por Tektime

www.tektime.it

Estos son los libros que forman parte de la saga Colonia espacial uno:

Precuela: La noche de las llamas

Libro 1: El engaño de Concordia

Libro 2: La epifanía de Fila

Libro 3: La crisis escitiana

Libro 4: Misión interestelar

Libro 5: La pelea por la humanidad

Libro 6: La arremetida final

Libro 7: Restitución

Libro 8: El redentor

Libro 9: La venganza

Capítulo uno

Su planeta no tenía nombre, pero esto era algo que estaban a punto de remediar. Los colonos ya se habían cansado de usar el vetusto nombre científico y de llamarlo "su nuevo hogar". La hora de responder a la pregunta de cómo debían llamarlo y continuar con la colonización había llegado al fin.

Cariad tomó asiento en una de las butacas del estadio y esperó a que la Líder llegara al punto de una vez por todas. Ya los votos a los nombres propuestos se habían emitido. Lo único que la Líder tenía que hacer era anunciar cuál había sido la opción con más votos, y para entonces, el trabajo estaría hecho y solo quedaría la celebración. Pero, siendo política de carrera, era obvio que no iba a perder la oportunidad de convertir el anuncio en un discurso.

Cariad ahogó un bostezo, consciente de que, estando en el palco de la Líder, los ojos de todo el mundo estarían sobre ella. Ethan cruzó miradas con ella y le guiñó un ojo. Seguro que esta experiencia se la hacía tan tediosa como a Cariad.

El resto de la audiencia también se estaba cansando del alargado discurso. Los Géneres y los Désperes allí reunidos estaban perdiendo la paciencia y el salón empezó a llenarse de murmullos. Incluso los pocos Guardianes presentes, entumecidos en sus uniformes, parecían tener problemas para mantenerse atentos.

La Líder empezó a concluir su discurso.

¡Por fin!

Consultó la interfaz de su podio. Colocando un dedo en la pantalla, dijo: "Me complace anunciar que el nombre ganador es...".

Se produjo una enorme explosión repentinamente.

La fuerza golpeó a Cariad y la lanzó por los aires. Aterrizó pesadamente y su cabeza golpeó algo duro. Una lluvia de escombros la atrapó. Se oyó un crujido que sonó aterradoramente como la fractura de un hueso.

Quedó tendida en la oscuridad, incapaz de moverse. Le zumbaban los oídos. Mareada y a punto de desmayarse, trató de quitarse de encima los escombros que la aplastaban, pero pesaban demasiado. No podía moverlos y uno de sus brazos parecía no funcionar.

Estaba perdiendo el conocimiento. Luchaba por mantenerse despierta. Tenía que poder escapar. No debía desmayarse. No podía. Su viaje había sido muy largo. Había roto los corazones de todos los que la querían. No podía morir a tan pocas semanas de haber llegado.

Su mente, confundida, divagaba tratando de entender lo que había sucedido.

***

Su turno había terminado, pero quería revisar el último lote de fetos antes de ir a la Ceremonia de Nombramiento en la superficie. Tenía tiempo de tomar el último transbordador al planeta si no tardaba demasiado.

Al planeta.

Sonrió mientras repetía la frase en su mente. Se le estaba quedando la jerga de los Géneres. Su inglés no era muy diferente del suyo o del de los otros Désperes, a pesar de los ciento ochenta y cuatro años terrestres que los separaban, pero los Géneres habían inventado palabras nuevas. Admiraba su creatividad, aunque otros Désperes se empeñaban en no adoptar la nueva terminología. No eran pocos los Désperes que insistían obstinadamente en llamarse a sí mismos 'previamente crioconservados' o 'científicos del proyecto' y utilizaban la designación oficial del Proyecto Nova Fortuna para los Géneres, refiriéndose a ellos como los Colonos Generacionales. Aun así, los términos creados por los Géneres describían con precisión el nuevo modo de vida del planeta. ¿Por qué debía Cariad abstenerse de usarlos? Con el tiempo, sería inevitable que el lenguaje de los Désperes y el de los Géneres acabaran por fusionarse.

Introdujo el código en la puerta de la sala de gestación y exhaló en el lector de aliento. La cerradura emitió su familiar zumbido y golpeteo metálico. Abrió la pesada puerta y entró hacia la tenue luz roja de la sala.

Cincuenta bolsas de gestación transparentes y gruesas colgaban en hileras del techo. Algunas de ellas estaban inmóviles, otras se balanceaban suavemente o se sacudían cuando los bebés humanos en su interior se retorcían o pataleaban, poniendo a prueba con sus diminutos miembros las limitaciones de los úteros artificiales.

Cariad iba chequeando los monitores de las bolsas mientras caminaba por el pasillo. Podría haber chequeado los signos vitales de los bebés en crecimiento en su interfaz dedicada, pero le gustaba comprobarlo todo con sus propios ojos. Le gustaba ver sus pequeños rostros, ligeramente distorsionados a causa de la presión de la bolsa y de los fluidos en los que estaban sumergidos. Los bebés hacían caras, sonreían, bostezaban, se chupaban los pulgares y, de vez en cuando, incluso abrían sus desenfocados ojitos. Era muy placentero ver cómo desarrollaban personalidades y hábitos propios incluso antes de ser decantados

Su comunicador repicó y ella se levantó el botón de la solapa para revisar. Ethan estaba llamándola. Ella abrió el canal. "¿También sigues a bordo de la nave? Pensé que ya te habías ido".

"Estaba terminando de empacar mis cosas", respondió Ethan. "Me transferiré al planeta hoy. ¿Quieres que nos encontremos en el transbordador?"

"¿Por qué no? Estaré ahí en unos veinte minutos".

"Te esperaré en la entrada. No llegues tarde. No me quedaré a esperarte".

Cariad no pudo evitar reír mientras cortaba la llamada. No cabía duda de que Ethan la esperaría aunque eso significara perder el transbordador y hasta la ceremonia. Pues así era él.

Después de echarle el vistazo final a la última generación de colonos a ser decantada a bordo de la Nova Fortuna, Cariad abandonó la sala de gestación, cruzó el laboratorio de fertilidad y se dirigió a la bahía de transporte más cercana. Sus pasos resonaban débilmente en los corredores vacíos. Solo el personal esencial permanecería en la nave durante la Ceremonia de Nombramiento Luego de esto, los Géneres no volverían a la nave a menos que tuvieran una razón de peso.

Cariad, que era una Déspere, sí podría ir y venir tanto como el transbordador se lo permitiera Pero justo ahora, la necesitaban en la nave. Asistiría en la última decantación y en la clausura de las instalaciones de procesos reproductivos—era esencial seguir los protocolos de apagado apropiadamente. Si las cosas no iban según el plan, es posible que el proceso de clausura tuviera que iniciarse de nuevo desde el principio.

¿Ahora qué se supone que Cariad haría después de terminar su trabajo a bordo de la Nova Fortuna? Eso no lo había decidido. Es algo en lo que planeaba pensar durante la Ceremonia de Nombramiento.

El transporte, previsiblemente vacío, arribó a la parada a recogerla. Como era la única pasajera, el transporte la llevó a toda velocidad a través de seis kilómetros de la circunferencia exterior de la gigantesca rueda de radios que le daba forma a la Nova en menos de diez minutos, con lo que llegó al hangar de transbordadores antes que Ethan.

Dejó pasar a unos pocos pasajeros de último minuto en la entrada del transbordador mientras esperaba a su amigo. Ya para el momento en que finalmente lo vio llegar, Cariad empezaba a preguntarse si sería ella quien se perdería la Ceremonia de Nombramiento a causa de la tardanza de él.

Ethan se acercó trotando con un enorme bolso a cuestas.

"Lo siento", dijo entre jadeos tan pronto estuvo a una distancia a la que ella pudiera escucharlo. "Me tomó más tiempo del que pensaba".

"No hay problema, pero será mejor que nos demos prisa. El transbordador se va en un minuto".

Cruzaron la entrada y el amplio hangar a toda carrera hasta llegar a la última estación, en la que se encontraba el último transbordador con la rampa de entrada aún tendida. Un auxiliar los alcanzó en la puerta y tomó la maleta de Ethan para guardarla en la bodega. La cabina de pasajeros estaba casi llena, pero consiguieron encontrar dos asientos juntos, donde se sentaron a recuperar el aliento mientras el piloto hacía las últimas comprobaciones y sellaba la escotilla.

"No puedo creer que casi me perdí la ceremonia", dijo Ethan en cuanto pudo recuperar el aliento por completo. "¿Qué le habría dicho a mis nietos el día que mi cabeza se llenara de canas? Habría tenido que inventar algo. Oh, sí, su abuelo estuvo en primera fila, niños. Lo vi todo. ¡La Líder olvidó su discurso tres veces! No, no eso habría funcionado. Tendría que pensar en algo aún más interesante que eso".

"No importa qué hubieras inventado entonces", replicó Cariad. "Seguro que habría sido más interesante que lo que va a ser la ceremonia real. Sé que se trata de una ceremonia histórica y todo eso, pero no me emociona para nada tener que asistir. La capacidad de nuestra nueva Líder de hablar y hablar sin descansar sin decir mucho a la vez tiene que ser una especie de récord".

"¿Acaso no sabías que eso es un requisito esencial?", Ethan le preguntó, con una expresión seria. "Los candidatos deben presentar una prueba luego de ser nominados. Si no pueden hablar sin parar de manera monótona por al menos cuatro horas, no se les permite participar en la elección".

Cariad no pudo evitar reír, pero en cuanto su risa se apagó, un tono serio se apoderó de su voz. "Aún creo que debiste haber sido tú quien diera ese discurso", dijo. "Es lo que quiere la mayoría. Te admiran. Sé que serías un gran Líder".

"Eh, yo no creo eso, para nada. Además ni siquiera es lo que quiero".

Su amigo parecía estar sintiéndose cada vez más incómodo, lo que pasaba cada vez que Cariad tocaba este tema, así que lo dejó por la paz. De todas maneras, no haría más que recalcar lo obvio. Los hechos eran claros: Ethan salvó a miles de colonos de la muerte prácticamente por cuenta propia tras el ataque de la Primera Noche, durante el cual hubo un sabotaje que permitió que organismos depredadores nativos del planeta atacaran el primer campamento. Todos conocían la gesta heroica de Ethan, a pesar de que el papel que jugó en el rescate nunca ha sido reconocido formalmente. La mayoría de los Géneres e incluso más de un Déspere se habría sentido más seguro con Ethan al mando, pero su autocrítica ni siquiera le permitía considerar la posibilidad.

"Es una lástima que tú no puedas ser Líder", dijo Ethan. "Serías perfecta para el trabajo. Un montón de gente votaría por ti".

"No. Es lo correcto que los Désperes no puedan participar en la elección. Somos una reliquia del viejo mundo. El nuevo mundo les pertenece a ustedes, los Géneres. Solo estamos aquí para ayudarles con la transición".

Ethan no pudo sino chasquear la lengua y negar con la cabeza. "Pero si no fuera por ti—".

Cariad detuvo a Ethan tocándole el brazo. "Ya hemos hablado muchas veces de lo mismo. ¿Qué tal si lo olvidamos?"

Él se estaba refiriendo a las acciones de Cariad durante la terrible noche en la que tuvo lugar el ataque. Fue ella quien descubrió como ahuyentar a los depredadores, pero Ethan siempre exageraba el papel que ella jugó. No fue ella quien estuvo al borde de dar su vida por los demás. Además, Ethan se equivocaba al pensar que los Géneres tolerarían a una Déspere como Líder. Los Géneres veían a los Désperes con una mezcla de recelo, envidia y resentimiento. La amistad que unía a Ethan y a Cariad era más bien poco común.

Las cubiertas de las ventanillas de la cabina de pasajeros se replegaron. El transbordador había entrado en la atmósfera del planeta y estaba a punto de aterrizar. Cariad posó su mirada sobre el domo verde azulado que estaba bajo sus pies y se preguntó con qué nombre se bautizaría al planeta.

Se acercaban más y más a la superficie. Ya el asentamiento entraba en su campo visual. Había un estadio al aire libre en el centro de la ciudad, rodeado de casas prefabricadas. En él se veían unas dos mil figuritas moviéndose de un lado para el otro. No había un alma en las calles circundantes.

Una jungla de vegetación de escasa estatura se extendía más allá de la ciudad. Las formas de vida que perpetraron el ataque de la Primera Noche habían aparecido de entre las plantas de esta jungla. Un cerco eléctrico muy bien cuidado y un patrullaje constante evitaban que este devastador evento se repitiese. Cariad tenía grabada a fuego en su memoria la excavación del primer cementerio.

A un lado del asentamiento se encontraban los transbordadores de la Nova, estacionados en filas cortas y ordenadas. Entre estos, destacaba un transbordador estilizado y resplandeciente. Le pertenecía a los Guardianes, los últimos en llegar al planeta. Su nave, Mistral, la primera nave estelar humana con capacidad de desplazamiento superlumínico, permanecía suspendida en órbita, flotando sobre el nuevo mundo, tal como lo hacía la Nova Fortuna, pero Cariad no había llegado a conocerla. De hecho, los Guardianes no habían invitado ni a los Désperes ni a los Géneres a conocer su nave. Era algo extraño, pero nadie se atrevía a increparlos al respecto.

El transbordador estaba culminando su último descenso a la superficie y entonces Cariad se percató de que Ethan, quien normalmente hablaba hasta por los codos, había permanecido en silencio durante la mayoría del vuelo. Se veía pensativo mientras contemplaba cómo la plataforma de aterrizaje para transbordadores se acercaba cada vez más.

"¿Pensando en tu nueva vida?", le pregunto. "¿Ya te asignaron tu parcela?"

"Aún no", le respondió él. "Creo que es algo que dejarán para mañana. Todos los agricultores deben asistir a una reunión mañana en la mañana. Me imagino que será entonces que me enteraré".

"¿Hay algún área que sea de tu preferencia? El terreno en los alrededores del lago se ve lindo".

Él se encogió de hombros. "En realidad me da igual qué terreno me den. El trabajo será el mismo. Despejar el terreno, arar, sembrar y cosechar, justo como se hacía en la Tierra".

"Cuidado y se te nota la felicidad que te embarga, ¿no?"

El intercomunicador de la cabina empezó a sonar. "Hemos aterrizado a salvo", dijo el piloto. "Bienvenidos a su nuevo hogar".

El anuncio del piloto fue recibido con vítores y aplausos. Para algunos de los pasajeros, esta era la primera vez que iban a pisar la superficie del planeta. Si su profesión requería que se mantuvieran a bordo de la Nova, era posible que no hubieran siquiera tenido la oportunidad de bajar a la superficie hasta este instante, pero todos estaban invitados a la Ceremonia de Nombramiento.

"Desembarquen por la puerta trasera", les instruyó el piloto. "Es la zona del transbordador que se mantiene fresca. No se empujen. Hay tiempo de sobra para llegar al estadio antes de que comience la ceremonia".

Bien podría no haber dicho nada, porque la creciente emoción en la cabina causó una leve refriega entre los pasajeros en su afán por abandonar la nave. Ethan y Cariad esperaron a que los pasillos se despejaran.

Al final de la rampa, un Guardián de apellido Strongquist aguardaba su llegada. Nunca le había dicho a Cariad cuál era su nombre de pila.

Como todos los Guardianes, Strongquist era alto y vestía el uniforme de los Guardianes: una túnica de color gris oscuro con finas franjas blancas, ceñida y pulcra desde las polainas hasta el cuello. Llevaba el cabello recogido en un moño alto y de vello facial no tenía ni la sombra. Asintió con la cabeza en son de saludo tan pronto llegaron frente a él.

"Ethan, Cariad, es un placer volver a verlos. Estaba empezando a preocuparme que no pudieran llegar a la ceremonia. Ninguno de los transbordadores llevaba consigo un manifiesto y creo que este fue el último en bajar".

"¿Has estado esperándonos durante toda la mañana?", le preguntó Cariad.

"De hecho sí, pero eso no es problema alguno. Ha sido interesante conocer a más colonos. ¿Les gustaría acompañarme al estadio?".

Cariad intercambió una sutil mirada con Ethan. Al igual que a ella, le causaba cierta inquietud la invitación, pero no se le ocurrió una excusa razonable para rechazarla.

Todos aquellos con los que Cariad había discutido acerca de los Guardianes compartían su inquietud en torno a los recién llegados. Ellos partieron en su nave estelar después de la salida de la Nova Fortuna con la misión de advertirle a los colonos acerca de un plan para sabotear a la colonia, el cual fue descubierto en documentos históricos Y es cierto que habían salvado a los colonos en su hora más oscura, durante el ataque de la Primera Noche—nadie negaba eso. Pero el hecho de que no compartieran más que unos pocos detalles con respecto a ellos mismos o al estado de la Tierra que dejaron atrás era extraño.

"Debo ir a buscar mi equipaje", dijo Ethan y empezó a caminar en dirección a la bodega del transbordador.

Strongquist observaba a Cariad ansioso, esperando su respuesta.

"Claro, podemos ir juntos. ¿Por qué no?"

Ethan reapareció con su maleta. Miró esperanzado a Cariad, pero la esperanza en su expresión se desvaneció en cuanto se dio cuenta de que Cariad no pudo pensar en una manera de deshacerse de Strongquist.

El Guardián se colocó en medio de su grupete cuando salieron de la plataforma del transbordador y cruzaron la zona abierta que conducía al asentamiento. El paso de muchos pies ya había abierto caminos en la cubierta de musgo artificial del suelo.

"Me imagino que están muy emocionados por asistir no sólo al nombramiento de un nuevo mundo", dijo Strongquist, "sino también de la primera colonia humana en el espacio profundo. Sé que yo sí lo estoy. Es algo mayúsculo, ¿no creen? Los nombres de todos y cada uno de los presentes pasarán a la historia".

"¿Entonces sí somos los primeros?" Preguntó Cariad, aprovechando la oportunidad de cuestionar al hombre en busca de información. "¿Ninguna otra nave colonizadora partió después de nosotros? Siempre me lo he preguntado".

Por la expresión de Strongquist, cualquiera creería que se había tragado una mosca. "Eh... no. Nadie más vino". Hizo una pausa en ese momento. "Como me imagino que saben, el Movimiento Naturista tomaba cada vez más fuerza en los días en los que la Nova Fortuna partió hacia las estrellas. Poco después, el movimiento entró en su apogeo. La influencia del mismo continuó con fuerza durante siglos". Entonces aligeró su tono. "Pero eso ya es cosa del pasado. Hoy solo deberíamos pensar en el futuro. ¡Y qué futuro el que nos espera! Los colonos de la Nova Fortuna prosperarán y se esparcirán a lo largo y ancho del planeta. No me cabe duda de ello. ¿Quién sabe? Es posible que otra nave colonizadora salga de aquí mismo y lleve a la humanidad un paso más allá hacia los confines de la galaxia".

"Creo que para eso falta muchísimo", dijo Ethan, "si acaso logramos algo así. Yo me conformaría con que nuestro primer objetivo fuera alcanzar la autosustentabilidad dentro de los próximos cinco años. Eso es lo que deberíamos estar evaluando justo ahora. No lo que nuestros descendientes podrían lograr. Seremos poco más que polvo para entonces".

"Pragmático como siempre, Ethan", dijo Strongquist. "Sé que puedo contar contigo para que me ayudes a poner de nuevo los pies sobre la Tierra, o bueno, como sea que se llame este planeta a partir de hoy. ¿Por cuál nombre votaste?", le preguntó Strongquist a Cariad.

"Yo no voté".

¿Cómo que no votaste?", preguntó Strongquist. "¿Por qué no?".

"A: Porque no me importa en lo más mínimo el nombre que le pongan, y B: Porque no creí tener el derecho de hacerlo".

"¿Por qué no tendrías el derecho de hacerlo?", preguntó Strongquist, denotando sorpresa en su tono. Se volvió hacia Ethan. "¿Qué hay de ti? No me digas que tampoco votaste".

"Yo sí voté. Voté por—".

En eso retumbó un claxon en todo el estadio. La ceremonia estaba a punto de comenzar.

"Apresurémonos", dijo Strongquist. "No queremos perdernos la ceremonia de apertura, ¿o sí?" Tomó a Cariad y a Ethan del brazo y los empujó hacia adelante.

Cariad se retorció hasta soltarse. "Cálmate. No importará que nos perdamos los primeros minutos. La Líder hablará durante al menos una hora antes de llegar a lo importante".

"Oh, sí, claro que importará", dijo Strongquist. "Vamos. Todo el mundo está esperándolos".

Ethan y Cariad se detuvieron en seco. Strongquist se volvió hacia ellos y extendió el brazo trazando una amplia curva, invitándoles a tomar la delantera. Se miraron el uno al otro con preocupación. Pero tal parecía que no tenían más opción que seguir las indicaciones de Strongquist. Los tres cruzaron juntos las puertas abiertas de par en par que conducían al estadio.

Una ovación ensordecedora brotó de los Géneres, Désperes y Guardianes allí reunidos. Fue tan ruidoso e inesperado que el primer impulso que sintió Cariad fue el de huir a la carrera, pero Strongquist se hallaba justo detrás, haciéndola avanzar con delicadeza. Entró al estadio hasta la zona abierta ubicada en el mero centro, totalmente desconcertada. Permaneció de pie al lado de Ethan, codo con codo, a la luz del sol de la tarde mientras el público vitoreaba y aplaudía.

Eventualmente, el escándalo empezó a disminuir y la Líder terminó de acallarlo al hablar por el sistema de audio. Al principio, Cariad no podía descifrar qué era lo que la Líder estaba diciendo, pero en lo que el vitoreo se calmó, quedó bastante claro que la mujer hablaba del ataque de la Primera Noche y los papeles que jugaron Ethan y Cariad en este suceso.

Al fin todo empezaba a tener sentido. La Líder era muy consciente de que los Géneres habrían preferido que Ethan ocupara su puesto. Al orquestar esta muestra de agradecimiento, se estaba aprovechando de su popularidad entre los Géneres y, en menor medida, de la de Cariad entre los Désperes. La Líder sería percibida entonces como una persona amable, humilde y generosa. Qué inteligente es esta mujer.

A Cariad no le quedó más opción que sonreír y hacer una reverencia para mostrar así su agradecimiento.

La Líder habló durante unos diez insoportables minutos, mientras Ethan y Cariad esperaban de pie a que todo terminara. Cuando por fin hubo terminado, por la divina providencia, y el público le había dedicado otra ronda de aplausos, ocuparon los asientos reservados para ellos en el palco de dignatarios.

Una gota de agua golpeó a Cariad en la nariz. Extendió una mano y miró al cielo. De repente estaba repleto de nubes grises. El techo del estadio protegería la mayor parte de los asientos, pero parecía que la ceremonia se vería ligeramente empañada por la lluvia.

Se dio cuenta entonces de que Ethan no estaba con ella. Había abandonado el palco y estaba de pie al borde del campo, extendiendo ambas manos y mirando al cielo con asombro. Murmullos y expresiones de asombro se desataban entre la multitud y la gente corría hacia el centro del estadio.

La lluvia había empezado a caer, suavizando la luz y oscureciendo la vista con cada gota.

Por supuesto.

Cariad empezó a reír. Era la primera que cualquiera de los Géneres experimenta la lluvia. Habían crecido a bordo de la Nova Fortuna, en donde el agua era un recurso muy valioso. Cada gota había sido asignada, recolectada y reciclada con el mayor de los cuidados. Ningún Génere había sentido gotas de lluvia chocar contra su rostro ni escuchado una tormenta eléctrica arreciar durante la noche.

Casi todos los dos mil Géneres que allí estaban empezaron a recorrer el campo mientras se mojaban, sonreían y gritaban. Algunos incluso empezaron a bailar. Cariad, quien no dejaba de verlos, se enterneció al verlos disfrutar de un placer tan simple. Sus vidas en este nuevo planeta prometían convertirse en la más sorprendente aventura.

Capítulo dos

Algo yacía sobre el pecho de Ethan, inmovilizándolo, y le tapaba la cara de modo que lo único que podía ver era oscuridad. Pero sus piernas estaban libres y no parecía estar gravemente herido. Sus únicas fuentes de incomodidad eran el dolor que sentía en la parte de la cabeza que se había golpeado y la presión que aplastaba su caja torácica.

Lo único que podía oír a su alrededor era llanto, gritos y quejidos de dolor. Los recuerdos de en dónde estaba invadieron de vuelta su mente. Hubo una explosión. Empezó a luchar por liberarse. Tenía que encontrar a Cariad. Podría estar gravemente herida. Tenía que ayudar a los demás.

Empezó a empujar la cosa que lo tenía atrapado. La sintió moverse un poco y decidió empujar con más fuerza aún, haciendo un esfuerzo que se notaba en su expresión El objeto parecía moverse en dirección a su cabeza, por lo que enfocó sus esfuerzos en esa dirección. La presión que sentía en el pecho empezó a liberarse. Empujó con más fuerza, si era aún posible, levantó las rodillas y usó sus piernas para arrastrarse hacia abajo.

Mientras intentaba escapar de su confinamiento, su barbilla se enganchó en una esquina metálica. Giró su cabeza para liberarse, pero no podía escapar del afilado borde. Ya estaba jadeando a causa del esfuerzo de sostener el objeto que lo aplastaba, pero no podía soltarlo. Si lo hiciera, esta esquina le atravesaría el cuello.

No había más que hacer. Si quería salir de ahí, debía arrastrar su cara a ras de la esquina. Tomo una bocanada de aire y empujó hacia arriba con tanta fuerza como le fue posible. Levantó el objeto que lo tenía atrapado otro par de milímetros y se impulsó con las piernas. Sintió la esquina metálica hundirse en la piel de su mandíbula mientras se deslizaba. Hizo una mueca de dolor. Se hizo un corte en la cara que iba de la mandíbula hasta uno de sus pómulos. El agudo dolor lo hizo tomar aliento y detenerse por una fracción de segundo antes de hacer el último esfuerzo. La esquina le rozó las pestañas y se le incrustó en una ceja. Esto le causó un segundo corte que le llegaba hasta la frente.

Quejándose a causa del esfuerzo, logró halarse a sí mismo unos cuantos centímetros más. Los últimos. Al fin se había liberado.

Su ojo izquierdo se inundó de sangre de inmediato y esta siguió bajando por su cara hasta empezar a gotear desde su barbilla. Se sentó y echó un vistazo a su alrededor con el ojo que le quedaba ileso mientras se limpiaba la sangre del otro. Recordaba estar sentado en el palco de la Líder antes de que la explosión tuviera lugar. Ahora se encontraba a nivel del suelo y todos los asientos estaban destruidos. Estaba rodeade por el caos. Una sección de asientos le había caído encima. Tenía suerte de estar vivo y relativamente ileso.

La gente que se encontraba en las partes del estadio que no se habían visto afectadas corrieron a prestar apoyo. Algunos de ellos habían empezado ya a levantar los escombros dejados por la explosión, tratando así desesperadamente de liberar a las víctimas que continuaban atrapadas.

Ethan se puso de pie mientras continuaba limpiándose la sangre del ojo. Tenía que encontrar a Cariad. Estaba sentada justo a su lado. No podía estar muy lejos. Inspeccionó el espacio a su alrededor con la vista y encontró un zapato blanco. Estaba seguro de que era uno de los zapatos de Cariad. Entonces vislumbró de nuevo algo blanco entre los restos revueltos de los asientos. Era el otro zapato. Estaba seguro de ello.

Pasó por encima de fragmentos de plástico y metal rotos y acercó la cara a la abertura a través de la cuál se veía el zapato. Pudo vislumbrar su tobillo entre las ruinas

"¡Cariad!" Repitió su nombre dos veces, pero no obtuvo ninguna respuesta y su pie permaneció inmóvil Le quitó todos los escombros de encima pieza por pieza, tratando de liberarla.

"¿La encontraste?".

Strongquist apareció de repente al lado de Ethan.

"Déjame ayudarte", dijo el Guardián.

Ethan se cuestionó por un instante en qué lugar se había metido este hombre que le permitió salir ileso de la explosión. Estaba bastante seguro de que Strongquist estaba sentado bastante cerca de él. Pero su miedo por el estado de Cariad sacó ese pensamiento a patadas de su mente. Ya podía ver su pierna. La sangre había cubierto su piel morena.

Ethan le quitó de encima los trozos de escombro que aún la cubrían con la ayuda de Strongquist. Tomaron una gran sección de asientos, cada uno por un lado, y la levantaron. Debajo de esta se encontraba Cariad, en el piso sobre uno de sus costados. Una de sus piernas estaba doblada sobre sí misma, pero parecía estar ilesa. Por otro lado, uno de sus brazos estaba torcido en un ángulo incompatible con la salud. Su ropa estaba bañada de sangre y sus ojos permanecían cerrados.

Ethan se agachó a su lado y le tocó el hombro con delicadeza. "Cariad..."

"No la muevas", le dijo Strongquist. "Es posible que su cuello esté roto. ¿Está respirando?".

Ethan miró su pecho y notó que subía y bajaba con lentitud. "Sí".

"Bien. Quédate con ella. Si despierta, haz que permanezca quieta y calmada. Estaré de vuelta tan pronto como pueda".

El Guardián se bajó de los restos de los asientos y emprendió una carrera a través del estadio, en dirección a la salida que llevaba a los transbordadores.

Otros Guardianes se encontraban encargándose de los escombros, pero la mayoría de los Géneres estaban en shock. Solo podían quedarse mirando lo que sucedía o deambular por el terreno pantanoso del estadio sin rumbo. Había comenzado a llover de nuevo, pero esta vez prácticamente nadie parecía haberse dado cuenta. Ethan permaneció al lado de Cariad, con una de sus manos posada en su hombro. El hecho de que no parecía estar sangrando profusamente le dio algo de tranquilidad, pero deseaba que despertara.

¿Qué había causado tal explosión? No había nada en el estadio con el potencial de explotar. No había combustible ni cosas a presión. Tenía que haber sido una bomba. Pero ¿quién habría querido detonar una bomba durante la Ceremonia de Nombramiento? No tenía que esforzarse para llegar a la respuesta evidente. Tenía que haber sido un miembro del Movimiento Naturista.

Luego del sabotaje que originó el ataque de la Primera Noche, el perpetrador había sido atrapado y ejecutado, pero ahora quedaba más que claro que no estaba solo. Había fanáticos del Movimiento Naturista viviendo entre los colonos y estaban determinados a evitar que la humanidad se expandiera a través de la galaxia.

Los recuerdos de Lauren inundaron su mente. Nunca podría olvidar el momento en que la vio caer presa de las especies depredadoras nativas en aquella fatídica noche. No podría borrar de su memoria la imagen de sus restos. El dolor de su pérdida seguía tan fresco como si hubiera sido ayer. Tragó saliva al posar sus ojos sobre Cariad. No podría soportar perder a otra persona importante para él.

Sus ojos se movían bajo sus párpados. Parpadearon a medias para luego abrirse por completo en estado de alarma. Cariad trató de levantarse, pero Ethan se lo impidió cuidadosamente. "Estás a salvo, pero no debes moverte. Estás herida. Strongquist salió a buscar ayuda. Estarás bien, pero debes permanecer inmóvil".

Pareció haberlo oído porque dejó de luchar por levantarse. Su mirada buscó con avidez la de Ethan. Cuando sus ojos se cruzaron, él logró esbozar una pequeña sonrisa, tratando de tranquilizarla, pero entonces pensó, con razón, que no debía haber nada tranquilizador en su cara empapada de sangre. Ella intentó hablarle, pero él no pudo entenderla.

"No te preocupes. Vas a estar bien. Todo va a estar bien".

Strongquist había vuelto. Había traído a dos Guardianes más con él. Traían con ellos una tabla que parecía ser una camilla y otros artículos que no le eran familiares a Ethan. Un levitransporte levitaba cerca de ellos y más de estos mismos aparatos estaban esparciéndose a lo largo y ancho del campo. Los Guardianes estaban subiendo los heridos a estas plataformas.

Ethan dio un paso atrás para darle espacio a Strongquist para que pudiera hacer su trabajo junto con los otros Guardianes. Lo primero que hicieron fue inyectarle algo directamente en el cuello a Cariad. Su cuerpo se relajó de inmediato y sus ojos se cerraron a medias. Luego, con mucho cuidado, terminaron de voltearla hasta quedar recostada sobre su espalda mientras uno de ellos sostenía su cabeza, manteniéndola tan derecha como le era posible en un terreno así de irregular. Le pusieron una especie de collarín que soportaba su cabeza, cuello y espalda, y luego la subieron a la camilla.

Ethan ayudó a los Guardianes a cargarla hasta el levitransporte. "¿A dónde la llevan?".

"De vuelta a la Nova Fortuna", le contestó Strongquist. "Es posible que su espalda o su cuello estén fracturados y las instalaciones de atención médica del asentamiento no están equipadas para tratar una lesión así de severa. Podemos asistir en su tratamiento a bordo de la nave".

Ethan quería ir con Cariad pero también quería continuar buscando sobrevivientes. La escena aún era un caos total. La Líder no aparecía y nadie más parecía estar coordinando una respuesta de emergencia. "¿Puedes ponerme al tanto de su condición tan pronto sepas algo nuevo?".

"Por supuesto", respondió Strongquist. "No olvides hacer que te revisen y te curen esa cortada".

Con esas palabras, los Guardianes se alejaron a toda velocidad en el levitransporte que llevaba a Cariad. Ethan se volvió hacia el pandemónium. Se dirigió al grupo más cercano de espectadores, los cuales parecían estar helados, inmóviles, y les dio instrucciones para organizar a otros que tampoco hacían nada y formaran equipos de rescate con ellos. También les dijo que buscaran gente que tuviera experiencia médica y los enviaran con él.

Necesitaban dividir las secciones de asientos destruidas en secciones aún más pequeñas, de manera que pudieran desmontarlas, pieza a pieza, apuntalando las partes inestables. Así podrían rescatar a quien sea que estuviera atrapado aún.

Ethan se percató entonces de que seguía usando un solo ojo porque aún tenía el otro cubierto de sangre. Se quitó la camisa y le arrancó una manga. Intentó quitarse la sangre del ojo para ver si podía recuperar la visión en el mismo, pero se había secado por completo. Se limpió el rostro tanto como pudo, a pesar de que la herida seguía emanando sangre fresca, y se ató la manga sobre el ojo.

Un Génere llegó corriendo hasta él, jadeando. "Soy médico. ¿A dónde me necesitan con más urgencia?".

Iba a ser una tarde larga, dura y desgarradora.

***

Ethan, tan pronto despertó en la mañana, sintió un terrible dolor en todo el lado izquierdo de su rostro. Se llevó las manos al rostro para tocar la gasa que le cubría las heridas y el gel regenerador que le había aplicado el doctor. Parecía haber sido el primero en despertar en un dormitorio que albergaba a veinte hombres. Instintivamente, levantó la solapa de su camisa para revisar su comunicador pero luego recordó que estaba en tierra firme y la red de comunicaciones aún no estaba configurada.

Los colonos tenían que usar interfaces estacionarias. Había una en el dormitorio y él recordaba que la noche anterior no había conseguido mensajes de Strongquist cuando lo revisó. Se levantó y se abrió paso entre los hombres dormidos para revisar de nuevo la pantalla al lado de la puerta. Finalmente había recibido un mensaje. Era muy corto. Strongquist solo le había comunicado que Cariad tenía un brazo fracturado y una severa contusión. Debería recuperarse por completo en unos dos o tres días.

Ethan dejó escapar un suspiro de alivio mientras apoyaba su cabeza en la pared al lado de la pantalla. Luego de un rato, volvió a despegar la cabeza de la pared para revisar las noticias en general. Se enteró que catorce personas habían muerto en la explosión: trece Géneres, incluyendo a la Líder, y un Déspere. Había también treinta y dos heridos de gravedad. Nadie se había atribuido el atentado con la bomba, pero el Movimiento Naturista era la principal fuente de sospecha. Los Guardianes estaban investigando la causa de la explosión y esperaban encontrar evidencia que los llevara hasta el terrorista.

Una vez más, los Guardianes venían a su rescate. No podía imaginarse qué harían sin estos nuevos recién llegados de la Tierra y su avanzada tecnología. Ethan esperaba que pudieran atrapar a los responsables del atentado antes de que asesinaran o lastimaran a alguien más.

Ya los otros hombres en el dormitorio empezaban a agitarse y a despertar. Como él, todos eran agricultores o al menos estaban destinados a serlo.

No había tenido mucho éxito con su educación, así que no tenía demasiadas opciones profesionales a su alcance. La agricultura parecía ser una opción tan buena como el resto cuando llegó el momento de elegir, pero él nunca había estado conforme con su decisión. Estaría confinado a su granja la mayoría del tiempo. Sus cultivos necesitarían un ojo vigilante que los protegiera de plagas, enfermedades, períodos de sequía y cualquier otra de las cientos de cosas más que podrían afectarlos. Por otro lado, la colonia necesitaba agricultores. Los colonos necesitaban que sus cultivos tuvieran éxito para garantizar su supervivencia. Si sus edificios tenían fugas o si los niños no aprendían demasiado, eso era algo con lo que podían vivir, pero no podían vivir sin comida.

Aún así, desde que tuvo uso de razón, cuando realmente entendió por primera vez el propósito de su existencia, empezó a alimentar el deseo de explorar el nuevo planeta. Pero ese rol estaba estrictamente prohibido para los Géneres. Estaba escrito en el Manual. Fuera de aventurarse un par de días en las afueras del asentamiento principal, no tenían permitido explorar. Los nuevos colonos no podían permitirse arriesgar sus vidas en aventuras. Esta restricción se asentó en piedra después del ataque de la Primera Noche. Incluso con las provisiones que habían traído consigo, los colonos no podrían sobrevivir por más de cinco o seis años si no lograban que el asentamiento fuera autosustentable, y eso requeriría el mayor esfuerzo posible de los presentes.

"Sí que quedaste hermoso", le dijo Misha, otro agricultor, a Ethan señalando su cara al pasarle por un lado de camino a las duchas. Ethan captó de inmediato el gesto y buscó un espejo para revisarse, y se dio cuenta de que tenía un gran hematoma negro con púrpura alrededor del ojo.

"¿Qué hay de la explosión?", preguntó Misha mientras entraba a la ducha. "¿Has oído algo al respecto?".

"Los Guardianes acordonaron el área una vez que sacaron a todos los asistentes. Están estudiando los escombros en busca de pruebas. No he escuchado más nada al respecto". Se desvistió, entró en otro de los cubículos dispuestos para ello y empezó a asearse con cuidado de no exponer al agua el gel que le habían aplicado en el rostro. Sintió escalofríos al pensar que quienquiera que haya sido el responsable del atentado estaba viviendo entre ellos, fingiendo ser un amigo más—trabajando en pos del éxito de la colonia mientras planeaba destruirla en secreto. Este saboteador podría incluso ser Misha. Ethan tuvo que sacudir la cabeza para sacarse ese pensamiento. Sospechar de que todos los que lo rodeaban podían ser miembros del Movimiento Naturista sería hacerle el juego a los terroristas.

El único lado bueno de esta situación era el hecho de que el terrorista no había logrado crear una bomba lo suficientemente grande como para acabar con todo el estadio. Si de verdad querían destruir la colonia, esto habría sido la jugada perfecta. Tal parecía que, por el momento, no contaban con acceso a los materiales que les permitirían hacer una bomba más grande y mortal.

Cerró la llave de la ducha y encendió el secador de la ducha para secarse con rapidez. Luego de vestirse, tomó un desayuno rápido antes de reunirse con el resto de los agricultores. El organizador que los esperaba no desperdició un segundo en ir al grano.

"Estoy seguro de que lo que está más fresco en las mentes de todos ustedes es la explosión de ayer en el estadio. Noticias nuevas al respecto, no tengo, pero sí les diré esto: no importa cuál sea el plan de este asesino. No le permitiremos que nos detenga en nuestro intento de hacer que esta comunidad prospere. Seguiremos con nuestras actividades como si no hubiera pasado nada. Ese bastardo no va a detenernos. ¿O sí?".

"Ni de chiste", dijo una voz y el resto de los agricultores se unió en apoyo a todo volumen.

"Continuemos entonces", dijo el organizador. "Tengo conmigo las asignaciones de tierras". Deslizó sus dedos por la tableta que tenía en las manos y de pronto una imagen holográfica de todo el asentamiento apareció sobre el escritorio. El mapa tridimensional estaba dividido por líneas que representaban fronteras. Un nombre flotaba en el centro de cada bloque.

Los agricultores se levantaron de sus sillas y se acercaron al mapa para conocer la posición de sus asignaciones. Algunos le pidieron intercambios a otros. Ethan se había quedado sentado por un rato mientras el resto de los agricultores se agolpaban alrededor del holograma, pero entonces pensó que, si había un buen momento para saber en dónde se suponía que pasara el resto de su vida, era precisamente este.

Se levantó para ir a ver y se dio cuenta de que le habían asignado un bloque bastante cuadrado que era bordeado por un lago ubicado a unos siete kilómetros del centro del asentamiento. Bueno, Cariad dijo que era bonito.

Capítulo tres

Cariad despertó al fin. Abrió los ojos y tomó una bocanada de aire. ¿En dónde estaba? Pero pronto lo recordó. Estaba a bordo de la Nova Fortuna. Lo había logrado. Había sobrevivido a la crioconservación.

Las luces que la iluminaban eran muy brillantes, cegadoras, y solo pudo cerrar los ojos para evitar el dolor que le producían. Intentó moverse pero sus brazos y piernas parecían de plomo. Trajo a su mente el último recuerdo que tenía: le agradeció al equipo médico y les dijo adiós antes de que la pusieran a dormir. Fue una manera muy triste y rara de despedirse de la gente que la había cuidado tan bien mientras la preparaban para ser criogenizada. Para cuando despertara—si lograba despertar—, todos habrían muerto hace mucho tiempo ya

El equipo también se había dejado embargar por la emoción, aunque es probable que para algunos de ellos esto se haya debido a que creían estar practicándole la eutanasia. Aún así, a pesar de los riesgos que conllevaba someterse a un proceso experimental de crioconservación que duraría siglos, era una oportunidad muy buena como para dejarla pasar.

La oposición pública al lanzamiento de la Nova Fortuna había alcanzado su punto más álgido en los años y meses mas cercanos al despegue. Si ella no hubiera aprovechado esta oportunidad, lo más probable era que no volviera a tener otra igual. Considerando el hecho de que ella era una genetista de clase mundial y quería involucrarse en el proyecto, la aceptación de su aplicación era más que todo una formalidad.

Aunque ya se había familiarizado con el proceso de conservación criogénica y sabía que tenía que funcionar, no dejaba de sorprenderle haber sobrevivido a él. Una vez hubo quedado inconsciente, su sangre fue reemplazada con una solución oxigenada no acuosa que no se expandiría al congelarse. En un dispositivo externo, se hizo circular la solución mientras se congelaba gradualmente hasta que se enfrió tanto que su respiración se detuvo junto con su corazón. Luego la sumergieron en una mezcla frigorífica que la mantendría suspendida, con lo que se evitaría la formación de úlceras de presión a causa del estancamiento del fluido circulatorio. Su cuerpo fue enfriado más y más hasta que se congeló por completo.

Para efectos prácticos, había muerto. Y fue sellada en una recámara individual dentro de la nave junto con otros ciento noventa y nueve científicos—muchos de ellos amigos y conocidos de Cariad junto con algunos desconocidos—semanas antes de que la nave despegara. No fue testigo de cuando la nave abandonó la órbita terrestre, ni vio las turbas que protestaban, ni conoció a los hombres y mujeres de la Primera Generación quienes se embarcaron sabiendo que acabarían sus vidas en el espacio profundo—personas que crearían y criarían a niños que, inclusoantes de ser concebidos, estaban condenados a compartir el mismo destino.

El largo viaje había terminado. Había sobrevivido.

Abrió los ojos de nuevo y sintió la suave sábana debajo de su cuerpo. Movió los dedos de sus manos y pies. Intentó levantar el brazo de nuevo. Se estremeció cuando una puntada de dolor le recorrió todo el brazo. Parecía que algo estaba mal con él. Intentó levantar la cabeza, pero solo sintió más dolor. Tenía el peor dolor de cabeza que hubiera tenido jamás.

A uno de sus lados, fuera de su vista, oyó que una puerta se abría y pasos que se dirigían a ella.

"Me alegra que hayas reaccionado de nuevo", dijo una voz. "¿Cómo te sientes? Te diste un golpe muy fuerte. ¿Cómo está tu brazo?".

Entrecerró los ojos para enfocar la vista y logró distinguir un rostro familiar en un uniforme médico rojo. Uno de los médicos del ambulatorio. Su nombre era Alasdair, o al menos eso creía ella.

De inmediato se sintió confundida. ¿Por qué sabía su nombre? Desde su perspectiva, él se ubicaba a seis o siete generaciones de distancia por delante. ¿Y de qué golpe estaba hablando?

Alasdair empezó a manipular el infusor que Cariad llevaba en el lado interior de su codo.

"¿Cómo se encuentran los otros?", preguntó, esperando que el resto de los científicos hubieran sido reanimados con éxito.

"Hubo catorce muertos y treinta y dos heridos, por desgracia. Estuviste inconsciente durante unas cincuenta horas, por si te lo preguntabas".

"¿Qué?".

"El doctor Montfort te indujo un coma para darle oportunidad a tu cerebro de sanar de la contusión que sufriste. Acabamos de retirarte los analgésicos hace no más de par de horas".

"¿Qué?".

Estaba confundida por completo. Intentó sentarse para poder echarle un vistazo a lo que la rodeaba. Pensó que tal vez podría ver algo que le diera sentido a lo que el médico le estaba diciendo.

Alasdair posó una mano en el hombro de Cariad. "De momento, intenta relajarte. El efecto de los analgésicos durará un rato más. Ya le dije al doctor que te despertaste. Vendrá a verte dentro de poco. Luego de que te haya hecho la revisión, podrás sentarte y tomar algo".

Ahora que lo mencionaba, ella se dio cuenta de lo seca que estaba su garganta, como si hubiera estado durmiendo con la boca abierta. Dejó de intentar moverse e intentó darle sentido a lo que le estaba pasando.

El recuerdo de una explosión apareció de repente en su mente. Recordó también haber sido lanzada por los aires, y luego, pues, nada. Entonces empezó a recordar los eventos previos a la explosión. Estaba en el estadio, resignada a escuchar un discurso aburridísimo, y luego... Entonces lo recordó absolutamente todo. Ya habían pasado dos años desde que salió de crioconservación. La Nova Fortuna había llegado ya a su destino. Ya habían tenido la celebración del Día de Llegada y sufrido el ataque de la Primera Noche.

Tomó otra bocanada de aire repentina.

"¿Pasa algo malo?", le preguntó Alasdair. "¿Te duele algo?".

"Ethan. ¿Ethan está bien?".

Alasdair sonrió. "Él está bien. De hecho, fue él quien te rescato de entre los escombros".

El doctor Montfort llegó justo cuando Cariad estaba cerrando los ojos.

Luego de examinarla, le dio luz verde para que se sentara. Él quería que ella permaneciera en la unidad médica por otro día en caso de que hubiera que atender algún efecto residual de la contusión que sufrió. Le dijo que su brazo fracturado sanaría más o menos en una semana y que entonces podría regresar al trabajo.

Montfort hizo entonces una pausa. "Uno de los Guardianes, uno que se apellida Strongquist, ha estado preguntando por ti. Quiere hablarte acerca de la explosión. Puedo retrasarlo por unas cuantas horas si no te sientes lista para hablar con él, pero...".

"No, está bien. Hablaré con él".

Sentía que el deseo de saber quién había sido el responsable de aquel desastre la estaba carcomiendo. Aunque tenía sus reservas acerca de Strongquist, estaba dispuesta a hacerlas a un lado si esto era necesario para asegurar el éxito de la investigación.

El Guardián entró a su cuarto. "Me alegra verte en tan buen estado, Cariad".

"Gracias. Tuve suerte de no sufrir heridas más graves. Pero tú tuviste mucha más suerte. ¿Cómo es que saliste ileso?".

"Debo confesar que no soy fanático de los discursos largos. Ya había abandonado el palco para el momento de la explosión".

"Qué oportuno".

"Pues sí, es cierto. Pido disculpas por mi insistencia en verte, pero quiero atrapar a quien sea que haya hecho esto, y tengo que hacerlo rápido antes de que él, ella o ellos, no sabemos aún cuántos son, logren hacer algo peor".

Ella se acomodó en la cama. "Entonces, ¿fue una bomba?".

"Eso me temo".

"¿El Movimiento Naturista una vez más?".

"No se nos ocurre ninguna otra explicación".

Digirió la información llena de desaliento. Estaba segura de que la colonia no se encontraba ya bajo amenaza después de que los Guardianes capturaran y ejecutaran a la persona responsable del ataque de la Primera Noche. No se habría imaginado que hubiera más de un fanático del Movimiento Naturista entre ellos.

"Quienquiera que esté detrás de estos ataques", dijo Strongquist, "podría ser un Génere o un Déspere".

"Lo más probable es que sea un Génere, ¿no crees? Aunque odie la idea. La persona ejecutada por el primer ataque fue un Génere".

"No podemos descartar la posibilidad de que haya sido un Déspere. La saboteadora que perpetró el ataque de la Primera Noche bien pudo haber sido persuadida por alguien más para desactivar la cerca eléctrica. Dijo que había actuado sola, pero seguro era mentira. Por otro lado, también pudo haber sido miembro del culto Génere encubierto que ha existido desde antes que la Nova Fortuna despegara de la tierra".

"¿Como una tradición secreta, transmitida de generación en generación?".

"Exactamente".

"Si ese fuera el caso, podríamos estar hablando de más de una o dos personas. Podríamos estar hablando de decenas. De cientos, incluso".

"No creo que sean cientos. Si fueran tantos, no creo que hubieran logrado ocultar sus creencias por tanto tiempo, y no habrían estado confinados a acciones a pequeña escala. Tendrían la capacidad de llevar a cabo acciones mucho más grandes y mortíferas. Unos cuantos cientos de personas, pueden poner a un par de miles de rodillas con un poco de planificación".

"Pero si los seguidores del Movimiento Naturista son Géneres, aún podría haber muchos por ahí".

"Ya sabemos que hay más de uno", dijo Strongquist.

Cariad suspiró. La colonización ya de por sí pintaba bastante difícil sin tener que enfrentarse a una facción subversiva secreta. "Parece que divagamos demasiado y nos perdimos. ¿Cómo es que yo puedo ayudar con la investigación?".

"¡Cierto! Estoy recurriendo a la ayuda de los Désperes porque puede que recuerden cosas del desarrollo del proyecto que quizá no hayan quedado registradas. Hemos analizado los residuos del explosivo y sabemos que los químicos usados no son particularmente difíciles de obtener. Cualquiera podría haberlos extraído en pequeñas cantidades de las provisiones que hemos estado descargando. Así que dirigimos nuestra investigación hacia los registros históricos, con la esperanza de descubrir antiguas afiliaciones del Movimiento Naturista entre los Désperes o los Géneres de primera generación, los originales. Pero aún no hemos descubierto nada útil.

"Fue entonces que se me ocurrió que los científicos del proyecto eran prácticamente documentos históricos vivientes y parlantes. Gente como tú, Cariad, son una gran fuente de conocimiento y recuerdos. Le he estado pidiendo a todos los Désperes que vean grabaciones de las noticias de las protestas de antaño y que lean los reportes y otros documentos relacionados. Es posible que vean un rostro o lean algún nombre que les sea familiar y sean capaces de establecer una conexión. ¿Te importaría revisar un par de cosas y decirme si consigues algo que te llame la atención y te parezca relevante sin importar lo minúsculo que sea o lo poco relacionado que parezca estar?".

"Para nada. Me encantaría ayudar".

"Te lo agradezco".

"Y cuando me haya recuperado por completo, en un par de días, según Montfort, me uniré a la investigación".

Strongquist no mostró la misma disposición a aceptar esta propuesta. "Gracias por tu oferta, pero no creo que sea necesario que—".

"No podemos seguir dependiendo de los Guardianes todo el tiempo. No somos bebés. Y ya que mi trabajo con los verdaderos bebés de la colonia está por finalizar, podré dedicarle más tiempo a garantizar que se haga justicia por las víctimas mortales de este atentado". Le ofreció a Strongquist una sonrisa que no tenía nada de alegre.

El Guardián no se dejó intimidar por su mirada fija, pero pareció entender que esta batalla estaba perdida. "Como desees. Ya te envié los enlaces relevantes a tu cuenta". Entonces se levantó para irse del cuarto.

"Quiero agradecerte a ti y a tus colegas todo lo que han hecho por la colonia, Strongquist. No es que no lo aprecie. Es solo que pienso que ya es hora de que aprendamos a defendernos por nosotros mismos".

"Lo entiendo a la perfección". Le mostró estar de acuerdo asintiendo con la cabeza y luego se fue.