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Las cosas y los hechos no siempre son lo que parecen. Lo inesperado está a la vuelta de la esquina, sea esto terrible o maravilloso, y nos sorprende y deja asombrados. El ser humano debería ver el mundo con ojos de niño y descubrir en cada rincón simple de su realidad, la originalidad de la vida en sus infinitos matices. Hay mensajes y enseñanzas en todas las historias; solo hay que aguzar los sentidos y el alma. El enigma de las verrugas, "cuasinovela corta con demasiadas, quizás excesivas, licencias", es el relato, colmado de excentricidades y situaciones alocadas, de dos investigaciones sobre verrugas, realizadas por sendos grupos de científicos rivales en búsqueda de una sustancia escurridiza… Es una carrera contra el tiempo y el futuro de la salud humana está en juego. Completando esta obra, en el "manojo de cuentos" hallará el lector lo que le pasó a un celoso guardián de la ortografía española, la inverosímil narración de un hombre de campo, el final de la vida de un anciano, un regalo inesperado y fugaz dado a un hombre deprimido, la historia de dos amigos que procuraron romper la trama del destino y, por último, la rica conversación de dos peregrinos en búsqueda de un tesoro en el devenir de las cosas.
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Seitenzahl: 120
Veröffentlichungsjahr: 2021
Producción editorial: Tinta Libre Ediciones
Córdoba, Argentina
Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo
Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Poli, José Octavio
El enigma de las verrugas y un manojo de cuentos / José Octavio Poli. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2021.
128 p. ; 21 x 14 cm.
ISBN 978-987-708-942-4
1. Narrativa Argentina. 2. Cuentos Fantásticos. 3. Cuentos Humorísticos. I. Título.
CDD A863
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Impreso en Argentina - Printed in Argentina
© 2021. Poli, José Octavio
© 2021. Tinta Libre Ediciones
EL ENIGMA DE LAS VERRUGASY UN MANOJO DE CUENTOS
José Octavio Poli
Palabras para el lector
Querido lector, quienquiera que seas y cualquiera fuera la manera en que te has topado con mis modestas letras, te saludo.
Te presento unos escritos míos, en los que pretendí plasmar esas ideas inquietas y persistentes que suelen rondar por la mente, como pidiendo ser materializadas en un relato y amenazando escaparse de una vez y para siempre si no las atrapas en palabras.
Lo primero que verás es una “cuasinovela” corta, El enigma de las verrugas. La razón de ese “cuasi” es que el autor (o sea yo) se mete mucho con sus personajes y se toma muchas atribuciones, a tal punto que me da la impresión de que es una novela loca. De todas maneras, le dejo el problema a algún experto voluntario que quiera ocuparse gratis. Si al finalizar su lectura, o antes, decides tirar el libro, no te voy a culpar. Pero tenme un poco de paciencia: se trata de una novelita juvenil que retoqué un poco siendo menos juvenil.
Luego de El enigma… te ofrezco unos cuentos, no todos cortados con la misma tijera. Solo hay que leerlos, sin etiquetas, y que pase lo que tenga que pasar.
¡Deseo que disfrutes al leer lo que yo disfruté al escribir!
J. O. P. Septiembre 2021
EL ENIGMA DE LAS VERRUGAS
(Cuasinovela corta con demasiadas, quizás excesivas, licencias)
A mi madre Rosa Divis
A mis hermanas Laura y Andrea Poli
Aclaración
Quiero pedirte perdón, lector, por las “demasiadas, quizás excesivas, licencias”. ¿De qué se trata? Pues bien, son palabras inventadas puestas en el texto y transliteraciones demasiado libres, libertinas diría yo, de términos de otros idiomas (¡es una novela que hace alarde de poliglotismo!).
Eso no es nada en comparación con las “notas del autor”, indicadas con “N. del a.”, que aparecen por doquier y que provocan un continuo entrometimiento de quien escribe, al punto tal de resultar insufrible. Pero tú, lector, fortalecerás tu espíritu.
Otra cuestión: si tienes conocimientos de ciencia, no deberás hacerte mala sangre. Digo esto porque mis personajes afirman como ciertos muchos disparates que yo no me tomé la molestia de contrastar con la realidad. Sabemos que eso no es necesario, pues nos sumergimos en un mundo de fantasía y únicamente debemos imaginar que lo que dicen es verdad.
No quiero desanimarte, lector, pero te digo desde ahora que hay fragmentos y diálogos locos cuya lectura constituye una ardua prueba de resistencia. ¡Pero qué ejercicio, señores!
Los personajes tienen casi todos nombres, apellidos y apelativos cariñosos, o abreviados. Te dará un poco de trabajo por allí ubicarlos en tu imaginación pero eso tal vez implique que debas leer la novelita… ¡otra vez! (si no te decidiste antes a quemarla, o a regalarla a alguien que odias), o que debas confeccionar un cuadro sinóptico o un papelito ayuda-memoria para tu auxilio. ¡Ánimo, amigo!
Personajes
Dermis Poppus: vanidoso científico
Licenciado Acneex: especialista en medicamentos para la piel
Kapsul: colega
Dr. Idius Barritecs: especialista en piel y mucosas licodianas*
Dr. Colain Granitain: dermatólogo
Dr. Paltro Evolorum: especialista en Funcionalidad de Órganos y Tejidos
Sr. González: propietario de una verruga VMG
Andrés Ioninhos Positiviski (“Superquímico”): químico ruso-brasileño
Sr. Deofi Contucco: propietario del restaurante Motilén Grageas
Sakka Granitain: tía de Colain, legendaria científica
Dr. Andrea Granotti: científico italiano al servicio de Poppus
Srta. Lunarita: Secretaria de Poppus
Teclex Lacom Piuter: jefe de informática del Centro Átom
Bela Cantatutti: estudiante pasante en el laboratorio de Poppus
Berenice: telefonista de voz encantadora
Dr. Madhavayana Senoumati Indhaputra Miganada-vihira Poro: presidente del Centro Átom
Dr. Pelonsky: científico del Centro Átom
Secretaria de Poro: mujer malhumorada
Dr. Cut Áneo: joven científico imberbe del Centro Átom
Sr. Víctor: tío de Cut Áneo y propietario de una verruga VMG y de un sombrero Cashmir-Bronson
Sra. Cástula López: propietaria de una verruga VMG
Marciana Krónicka: periodista de televisión
(*) Si alguien sabe qué son esas mucosas, me avisa.
Pido perdón a los científicos,
a los italianos,
a los amantes del castellano,
a los escritores y lectores.
En fin… a la humanidad toda...
… Y ahora… ¡a divertirnos!
Capítulo 1
Poppus
Al Salón Verde del Centro de Medicamentos Átom había comenzado a llegar gente.
El doctor Poppus, hábil investigador bioquímico, observaba a sus colegas plácidamente por fuera pero impacientemente por dentro. Realmente estaba urgido por comunicarles la noticia de su hallazgo, mas tenía que tolerar que no todos fueran puntuales, o sea que algunos fueran impuntuales.
Por fin, luego de minutos-años, le dijeron:
—Comience, doctor Poppus.
El doctor Poppus tenía fama de esos tipos raros y excéntricos, no sin razón ya que su mundo era exclusivamente interior, a tal punto que no usaba peine. Además era conocidísimo por su vanidad (¡triste fama!).
—Señores, debo comunicarles mi hallazgo trascendental, que resuelve una cuestión siempre discutida, una cuestión que nunca fue explicada completamente. Me refiero al misterio de las verrugas.
Luego de un breve y sustancioso silencio, en el cual el auditorio pareció procesar lo que Poppus largó al aire, se oyó:
—¿A qué misterio se refiere? —Era el licenciado Acneex, especialista en medicamentos para la piel—. Que yo sepa no hay enigma alguno en cuanto a las verrugas.
—No me parece tan así —prosiguió Poppus—. Nunca se dio una explicación creíble sobre su formación, desarrollo y a veces sorpresiva desaparición.
—¡Vamos, Popp! —dijo desde allá atrás su colega Kapsul—. ¡No estarás cuestionando años y años de trabajo de tanta gente anterior a ti! ¿O sí?
—¡No lo cuestiono... LO DESCARTO!
Silencio total en el salón. No lo podían creer: que el despeinado Poppus se atreviera a afirmar semejante cosa, con tajante arrogancia. Se miraban unos a otros. Algunos, meneando la cabeza, se levantaron de su asiento y se fueron.
El doctor Poppus, sin inmutarse mucho, o sea, con mutarse poco, desenvolvió un caramelo de frutilla. El ruido del papelito rompió el silencio. El hecho tan simple interrumpió la tensión provocada por el acontecimiento tan trascendental e inesperado acaecido.
Se puso el caramelo en la boca y, para poder seguir hablando, lo llevó hacia un costado, junto a las muelas, quedándole gordito el cachete.
Prosiguió:
—Como les decía, me parece que el tema de las protuberancias verrugales se investigó durante décadas desde una perspectiva totalmente errónea.
—¿Por qué? Yo opino que... —Ya le interrumpieron.
—¡CÁLLESE, NO ME INTERRUMPA! —El interlocutor enmudeció y quedó blanco.
—Es claro el tema —continuó serenamente Poppus—, puesto que siempre se pensó que las verrugas picaronas provienen de una reacción de las grasas del cuerpo, o de un engrosamiento de la epidermis ocasionado por la presencia de un núcleo virósico o de un objeto extraño al cuerpo. Pero no es así. Me he tomado el paciente trabajo de hacer el seguimiento individual a tres mil setecientas ochenta y nueve verrugas, extirpadas por mí a personas de todo el Globo, durante una investigación que me llevó dos años. Cada verruga fue sometida a ocho estudios distintos.
—¿Y a qué conclusión llegó, Poppus? —preguntó Acneex.
—Bueno, detecté la presencia, solo en las verrugas, de una sustancia que bauticé “verruguina”. Si no está la verruguina, no hay verruga ¿se entiende? Nadie mencionó, durante toda investigación anterior, que hubiera una sustancia específica de las verrugas... Eso sí, todavía nos falta identificar su estructura química con precisión absoluta.
Puso cara de satisfecho y, con placer, recorría con la vista las expresiones de todo tipo de los colegas.
Alguien en el salón hizo una mueca de incredulidad. Diría algo luego de que Poppus concluyera.
Habló nuevamente el descubridor:
—Basándome en los resultados TERMINANTES de MI investigación, procuraré obtener una sustancia antiverruguina, que anule el efecto formador de verrugas, que quedan tan feas. Recuerdo que mi abuela tenía una en la nariz... hasta que yo se la extirpé, ¡ja!
Típica excentricidad de Poppus.
Y, para finalizar, agregó:
—Bueno, como he concluido, procedo a...
—¡Un momento! —intervino el doctor Barritecs—. Creo que es apresurado lo que propone. La investigación que usted ha iniciado debería proseguir en manos de un equipo y luego arribar a una conclusión ¿no le parece?
Barritecs tenía absoluta razón. Pese a ello, Poppus contestó:
—No lo creo, doctor... Estoy perfectamente seguro de lo que afirmo.
Y agregó con carácter cortante:
—He concluido, señores.
Levantándose del sillón, salió del salón por la puerta próxima al escritorio de los conferencistas.
Capítulo 2
Verrugas apasionantes
Estaba Barritecs en su despacho elaborando unos informes cuando, luego de llamar, entró el doctor Granitain.
—¡Hola, Idius! (Barritecs tenía por nombre Idius; N. del a.).
—Hola... —contestó preocupadamente Barritecs, sin levantar la mirada de los papeles.
—Permiso... me sirvo... —Y tomó una galletita de la fuentecita, junto a la lámpara, en el escritorio.
—Sí, si quieres puedes servirte... aunque veo que ya te serviste —dijo Barri (abreviadamente), sonriendo—. ¿Qué tal van tus cuestiones vitales?
—¿Has visto que luego de la reunión del otro día hay bastante gente histérica? Bueno, me refiero a la gente dermatóloga. Parece que Poppus ha impactado.
—¡Bah! Ese tipo es un irresponsable y, para peor, vanidoso. No le agradó lo más mínimo mi opinión.
—Así es. Pero fue acertada la crítica que formulaste, es lógico proseguir la investigación en equipo.
Breve silencio. Agregó Granitain:
—Aunque yo no gastaría el tiempo en un tema que, a mi parecer, es superfluo... A ver, a ver... —Otra galletita...—. ¡Te saco otra! ¡Ñam, ñam!
—Y hay algo que no dije —enfatizó Barritecs, que seguía con la vista en los papeles.
Cuando terminó de tragar las tres galletitas que se había llevado a las fauces, operación que le causó cierta dificultad, preguntó Granitain:
—¿Algo interesante eso que no dijiste?
Contestó el otro:
—Lo estimo fundamental; lamento no haberme dado cuenta en la reunión. —Al fin miró a Granitain—. ¿Escuchaste cuando mencionó que la verruguina estaba solamente en las verrugas?
—Sí, lo escuché. ¿Y?
—Es que antes había dicho que estudió tres mil y no sé cuántas más verrugas extirpadas. Entonces, ¿dónde encontraría la “verruguina” esa sino en las verrugas?
Grani (abreviadamente) quedó pensativo y, luego de un momento, agregó:
—Por lo tanto este tema es un poco más serio de lo que supongo.
—No solo es serio —continuó Barri— sino peligroso. Si Poppus elabora la antiverruguina seguramente se la aplica a alguien.
—A cualquiera menos a él mismo —dijo Granitain a la vez que raptó otra pobre galletita de la fuente, la que un instante después moriría destruida por las implacables muelas y deglutida en un horroroso acto.
—A él no podría, ya veo que se extirpó todas las verrugas. —Sonrió Barritecs.
—¿Y si provoca algún efecto peligroso? —Planteó Galletitain, digo... Granitain, con semblante preocupado.
—Ese es el tema. Opino que la tal “verruguina” está en otras partes del cuerpo humano y no únicamente en las verrugas “picaronas”, como dijo Tontus.
—¿Tontus?... ¡Ah, ya entiendo la broma! —Y otra galletita vio acercarse la espantosa mano de ese devorador que habíase comido a sus hermanas. Trató en vano de escabullirse, pero fue apresada por los enormes dedos. Poco después... (No prosigo; no quiero herir la sensibilidad de mi amadísimo lector).
Hubo una pausa larga. Luego Granitain continuó:
—Yo, aunque soy dermatólogo, no me he dedicado al tema de las verrugas porque, como te dije, me parece intrascendente.
Barritecs no dijo nada. Seguía enfrascado en sus informes.
—¿Y a ti te interesa? —continuó Grani—. ¿Piensas que todo está explicado, que es claro cómo se originan y crecen y se multiplican las cositas esas?
Barritecs se sintió tocado por la pregunta de su colega. La cuestión a él le interesaba mucho.
Luego de dudar un instante, dejó su lapicera sobre los papeles y dijo a Granitain, que lo miraba en espera de respuesta:
—Lo que voy a decirte, al menos por el momento, no lo digas a nadie.
—Puedes quedarte tranquilo. Lo voy a considerar un secreto profesional. Cuéntame mientras yo me como una galletita...
—¿UNA? ¡Si te las metes en la boca de a tres!
—¡Tienes razón, disculpa! —Estaba rojo el hombre.
—Bueno, no te preocupes. Procedo a contarte. La verdad es que también estoy investigando el tema de las verrugas.
Granitain abrió los ojos, un poco por asombro y otro poco porque se le atascó la galletita. Barritecs continuó:
—No he comunicado nada porque comencé hace un año, que es muy poco tiempo para arribar a conclusiones. Inicié luego de Poppus.
—Pero hay algo ¿no? —inquirió el devorador.
—Sí, lo hay. Estoy de acuerdo con Poppus en que el camino transitado por los estudiosos precedentes era erróneo, pero no coincido en que se analicen las verrugas aisladas del cuerpo.
—¿Por qué no? —preguntó Granitain, cada vez más interesado.
—¡Por lo que dije! ¡Separadas, no sirve! —respondió Barri con vehemencia—. En mi equipo de investigación hay un especialista en Funcionalidad de Órganos y Tejidos. Tiene escrito un tratado sobre la adaptación de los órganos y los tejidos a lo largo de los milenios de historia natural. Ha descubierto funciones de nuestros órganos y tejidos que desconocíamos, como el caso de los riñones, que inciden en nuestra capacidad de armonizar con una suegra... Bueno, lo conoces… Paltro.
—¡Ah, el doctor Evolorum! Obviamente lo conozco. Siempre con órganos y tejidos… Me hace acordar al órgano de la iglesia y al tejido de mi abuela… ¡Ja! Bueno… chiste aparte… ¡ejem! ¡Oh, increíble lo de la suegra! Entonces mis riñones estarán de vacaciones… Emm… ¿Y eso qué tiene que ver con las verrugas? ¿Acaso son órganos o algo similar?
Barritecs quedó mirando al vacío por las barrabasadas que profirió el desubicado Grani, pero luego se resignó, como muy a menudo debía hacer con él … Era un tipo especial, pero de oro.
—No. ¡Bah! No se sabe con certeza qué son. Lo cierto es qué noson, o sea productos de las glándulas sebáceas o engrosamiento de la epidermis por la presencia de virus u otras cosas. Eso sí que no son.
—Entonces las verruguitas, más que picaronas son apasionantes —dijo Grani completamente entusiasmado.
—Sí —prosiguió Idius—, quizás sean un órgano evolucionado de un poro de la piel, o de alguna formación desconocida todavía y cuya función no comprendemos aún.
