El estúpido yo - Osmar Fernando Hernández Bello - E-Book

El estúpido yo E-Book

Osmar Fernando Hernández Bello

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Beschreibung

A diferencia de los típicos libros que sirven como guías motivacionales o recetarios de consejería para la superación personal, este texto adopta una retórica disruptiva marcada por la frialdad con la que el autor percibe la condición humana. Explora la decadencia inherente a la sociedad contemporánea, examinando cómo los factores culturales y las falacias narrativas influyen en el declive per cápita. Desde las emociones capitalistas hasta el peso que el pasado deja, se desentrañan los elementos que generan culpa y afectan el psiquismo humano, obstaculizando así una comprensión metacognitiva de la realidad y el desarrollo personal óptimo. No ofrece fórmulas mágicas ni consejos para la superación personal, sino que invita al lector a cuestionar las estructuras sociales en las que se encuentra y a reflexionar sobre su propia existencia en un mundo afectado por el mimetismo cultural y la falta de conciencia de la realidad.

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Seitenzahl: 117

Veröffentlichungsjahr: 2024

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© Derechos de edición reservados.

Letrame Editorial.

www.Letrame.com

[email protected]

© Osmar Fernando Hernández Bello

Diseño de edición: Letrame Editorial.

Maquetación: Juan Muñoz

Diseño de cubierta: Rubén García

Supervisión de corrección: Celia Jiménez

ISBN: 978-84-1068-416-4

Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.

«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47)».

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No quiero dejar pasar la oportunidad de dedicar unas palabras a mi esposa, la cual a lo largo de estos últimos años se ha convertido en un pilar importante en mi vida a través de sus cuestionamientos, el amor que me brinda y, por supuesto, su personalidad, la cual me fascina. Tu idoneidad ha llenado mi vida; eres mi compañera incondicional. Siempre has estado dispuesta a seguirme en mis locuras, un gesto que valoro profundamente. Gracias por tanto, Mery. Te amo.

Por la eternidad...

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Agradezco profundamente a mis padres por haberme formado y ser una parte fundamental de mi desarrollo como persona. Además, les agradezco por tenerme siempre en sus oraciones; sus buenos deseos han sido de gran bendición para mí. Los amo.

INTRODUCCIÓN

En la vida nos enfrentamos a innumerables retos a los que podemos asignar una definición, ya sea de manera abstracta o concreta, según los aprendizajes teóricos o empíricos que adquirimos a lo largo de nuestra existencia. Un ejemplo práctico es cuando escuchamos la palabra «vaca»; sin ver al animal, nuestra mente comienza a visualizar abstractamente las patas, la boca, las manchas o incluso asociarla con marcas de leche reconocidas. Esto ocurre debido a la rápida conexión que nuestra mente establece con conceptos abstractos.

En contraste, la situación sería completamente diferente si tuviéramos frente a nosotros un libro con características específicas, como hojas y colores, y cuyo título es El Estúpido Yo. Si nos preguntaran, «¿cómo se compone un libro?», nos sumergiríamos de inmediato en un proceso que abarcaría desde la teoría piagetiana, pasando por el estadio sensoriomotor, hasta llegar a las operaciones concretas. Esto se debe al contexto de la pregunta y a lo que podemos observar tangiblemente. Estas definiciones preestablecidas, ya sean abstractas o concretas, se fundamentan en los aprendizajes acumulados a lo largo de la vida.

Así es como formamos conceptos de las cosas a través de las experiencias que acumulamos en esta vida. Sin embargo, uno de los conceptos que carece de una definición clara, más bien es relativo: la vida. Esta existencia, que nos hace experimentar el aquí y el ahora, es como la neblina que, en un momento, aparece y luego se evapora. De hecho, no hay una definición fija o exacta para la vida, ya que cada persona, con su experiencia y conocimiento, le asigna una interpretación en un día, pero al siguiente puede cambiar de parecer debido a las circunstancias en las que se llegue a encontrar.

La vida es un ciclo de nacer, crecer, reproducirnos y morir. En esta travesía, experimentamos un sin fin de situaciones a las cuales les asignamos juicios de valor. Ya sea ser padres, casarnos, tener hijos, graduarnos de la universidad, obtener algún nombramiento, adquirir un carro, comprar una camisa de marca o estar con la familia, entre muchas otras cosas más. No obstante, también está la contraparte al experimentar la muerte de un ser querido, una ruptura amorosa, perder el trabajo, etcétera. Estas experiencias nos marcan de por vida y dejan cicatrices en nuestro interior.

Resulta curioso cómo los seres humanos se enorgullecen de sus grandes descubrimientos e invenciones. Hasta el punto de crear manuales para todo, desde el uso de electrodomésticos hasta la construcción de aviones e incluso ofrecen instrucciones detalladas sobre productos médicos. Sin embargo, lo intrigante es que, a pesar de toda esta información organizada, no existe un «manual de vida». En su lugar, nos encontramos con opiniones provenientes de amigos, padres, vecinos o la sociedad en general, quienes presuponen que debemos vivir nuestras vidas según sus experiencias personales o las de conocidos, imponiendo expectativas basadas en sus propias vivencias.

Vivir esta vida no implica seguir un camino estático o paralelo, donde debas recorrerlo de la misma manera en que lo hicieron otras personas. Esto no es aplicable porque, aunque las experiencias puedan ser similares, cada persona es única. Piensa de manera diferente, imagina diferente, siente diferente y vive de manera única. Por lo tanto, no existe un camino correcto; simplemente existen estándares sociales donde las personas imponen cómo se debería vivir la vida. Esto suele manifestarse en estructuras sociales como la familia. Para un padre de familia, que su hijo sea una buena persona en la vida implica respetar al prójimo, mientras que para otros puede significar enseñarles a sus hijos a no dejarse pisotear.

Por ejemplo, si le preguntamos a alguien si matar es bueno, dirá que no. Sin embargo, si su esposo se convierte en alguien de las fuerzas armadas y mata a alguien, la perspectiva puede cambiar. Incluso en situaciones extremas, como en Palestina, donde los niños pueden verse obligados a tomar decisiones difíciles para sobrevivir, se evidencia la relativa naturaleza de la vida, ya que, a pesar de lo bonito que puedan pintarse algunos caminos, cada individuo va tomando sus propias decisiones.

Y es que a lo largo de nuestra vida, estamos llenos de planteamientos, ya sea con o sin respuestas adecuadas. Desde que nacemos, nos cuestionamos: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Quién me creó? Y a medida que crecemos, surgen más preguntas: ¿A dónde voy? ¿Qué debo hacer? ¿Cuál es mi propósito? ¿O qué hay después de esta vida? Estas son interrogantes que constantemente bombardean la mente humana. Sin embargo, la realidad es que en muchas ocasiones tendremos muchas preguntas y muy pocas respuestas concretas, ya que nuestra mente es finita y no siempre comprenderá cosas que están más allá de nuestra capacidad. Por esta razón, nos vemos en la necesidad de crear narrativas alternas que sirvan como placebos de autoengaño, dado que no encontramos una verdad a nuestras interrogantes.

Todas esas mezcolanzas de circunstancias emocionales, físicas, económicas, existenciales a las que nos enfrentamos en la vida pueden hacer que nuestro YO parezca estúpido. Aunque este término pueda sonar como un exabrupto o como un peyorativo para muchos, comprender su origen nos permite interpretarlo de manera diferente. «Estúpido» tiene su raíz en el latín, específicamente en la palabra stupidus, que a su vez proviene del verbo stupere, con el significado de «quedar paralizado» o «terminar aturdido».

Por otro lado, desde una perspectiva psicoanalítica, hablar del YO implica entenderlo como la parte consciente de la mente que debe satisfacer los impulsos instintivos e inconscientes, teniendo en cuenta las exigencias del mundo externo y de la propia conciencia. Es decir, el YO hace referencia a la parte consciente de la persona. El YO es una instancia intermedia entre la biología de un individuo y el mundo que lo rodea. Según Freud, sus funciones incluyen la percepción, el manejo de información, el razonamiento y el control de los mecanismos de defensa. En sentido estricto, el «ESTÚPIDO YO» hace referencia a esa persona paralizada o esa consciencia aturdida por los factores extrínsecos.

Es importante destacar que la vida nos hace descubrir un universo de experiencias, dentro del cual algunas se presentan con tintes de satisfacción en toda la extensión de la palabra. Sin embargo, también existe el polo opuesto, como la experiencia de la pérdida de un ser querido o el término de alguna relación sentimental o familiar, situaciones que pueden culminarse en cualquier momento. Por otro lado, el sistema social nos puede esclavizar con sus estereotipos y las redes sociales nos pueden dejar en estupor debido a su tendencia consumista. Nos podemos enfermar en cualquier momento y morir; nuestros padres nos pudieron fallar o incluso la vida nos puede jugar mal en reiteradas ocasiones, ya que esto es parte de su naturaleza.

En cierta medida, hay muchas cosas que nos pueden dejar estúpidos (paralizados). Sin embargo, existe un antídoto letal frente a todas estas circunstancias. No es la religión, ni tampoco la política, un viaje, ni mucho menos acudir con un curandero para que te haga una limpia, ni tampoco seguir los consejos de tu amiga. Más bien, es el proceso de autoconocimiento de nosotros mismos. Aclaro que esto es un camino que lleva tiempo alcanzarlo a través del ensayo y error.

Lo que quiero dejar claro es que este libro no es un recetario o manual de vida para ser feliz. Tampoco pretendo darle un placebo al lector para motivarlo a luchar por lo inalcanzable, ni una terapia de orientación para ser un mejor ser humano. Tampoco encontrarás frases motivadoras que te inspiren a descubrir tu gigante interior, ni los diez mejores consejos para acabar con tus traumas de la infancia. Lo único que pretendo ofrecer al lector es filosofar a través de diferentes sucesos cotidianos que experimentamos en nuestro diario vivir, tales como el peso del pasado, la esclavitud, las cargas culturales, las relaciones tóxicas, entre otras muchas cosas que quiero mostrarte en estas páginas. Estas experiencias nos llevarán a crear una herramienta de autoanálisis personal que, a través de ella, podremos llegar a entender muchos fragmentos de nosotros mismos, como quiénes somos, por qué hacemos lo que hacemos, por qué pasamos por lo que pasamos, por qué elegimos esa profesión, por qué buscamos ciertos sueños, por qué buscamos a las mismas personas, por qué suceden ciertas cosas y otras no, o por qué somos ese resultado de lo que hemos hecho en la vida.

El poder utilizar nuestra conciencia es lo que nos lleva a cuestionar y replantearnos sobre las imposiciones del pasado, nuestro actuar en la sociedad, nuestras creencias y esas cosas que utilizamos para autoengañarnos. En la medida que utilicemos esto, nos llevará a buscar el punto medular de nuestro dolor, de esa depresión, ansiedad, de esas pérdidas materiales y de toda esa basura mental que se va acumulando en nuestro YO. Ciertamente, encontramos muchas estrategias científicas para contrarrestar diversas situaciones en nuestra vida, como la psicoterapia, la medicina, centros de rehabilitación, nutricionistas, abogados, etcétera. Sin embargo, para acudir a ellos y no dejar el proceso a medias, es necesario crear una consciencia de tener en cuenta el motivo del por qué vivimos como lo hacemos.

CAPÍTULO IPERDONAR EL PASADO

La memoria histórica

La República de Colombia, entre los años 80 y parte de los 90, vivió uno de los acontecimientos más traumáticos de su historia: la guerra entre el Estado y el narcotráfico, comandado por uno de los iconos más grandes de la cocaína, como lo fue Pablo Emilio Escobar Gaviria, dejando heridas severas en las estructuras sociales; tanto económicas, como físicas y psicoemocionales. Después de algunas décadas donde se experimentó un golpe de estado brutal por parte del crimen organizado, subsistieron algunos miembros del cartel de Medellín. Hasta el año 2020, se contabilizaban cinco sobrevivientes, quienes cumplían sus condenas en Estados Unidos de Norteamérica y algunos en Colombia. Uno de ellos fue la cara visible de dicha facción: John Jairo Velásquez Vásquez, mejor conocido como Popeye, quien se adjudica como el autor intelectual y material de diversos crímenes. Falleció a los 57 años debido a un cáncer de esófago.

Popeye, quien exhibía un perfil psicológico de megalomanía, ha marcado una ruptura moral entre sus conciudadanos. Por un sector vulnerable emocionalmente, es idolatrado, mientras que, por otro lado, es odiado por las secuelas de los daños causados a las familias colombianas. En los últimos años de su vida, John Jairo se dedicó a compartir su testimonial acerca de los nexos, asesinatos y todo tipo de actos delincuenciales que experimentó durante sus años lustres como matón del cartel de Medellín. Sin embargo, en algunos sectores de los barrios de Medellín, lo tienen catalogado como un sapo y mitómano. Utilizó diversos medios para contarle al mundo su experiencia, tales como plataformas digitales, redes sociales, la escritura de libros y la participación en entrevistas. Una de las características más destacadas al analizar su personalidad son los rasgos de vehemencia con los que Popeye contaba orgullosamente su vivencia con Escobar: drogas, sexo, sobornos, genocidios, pero también el proceso que vivió en el sistema penitenciario. Su lenguaje corporal y la prosodia que utilizaba envolvían a los oyentes, generando excitación por conocer los detalles de la guerra entre el Estado y el narcotráfico.

En repetidas entrevistas realizadas a este hampón, llegó a expresar que para él, la guerra contra el Estado lo fue todo. Asimismo, mencionó que conocer a Escobar fue uno de los más grandes placeres de su vida, porque estar con Pablo era estar con Dios. No cabe duda de cómo a un sociópata le produce goce mencionar los homicidios, sobornos, magnicidios y los mecanismos utilizados para amordazar al sector público y privado. El estómago emocional con el cual Popeye se forjó es increíble; todos estos hechos hasta la actualidad son una herida abierta para la república colombiana.

El pasado juega un papel crucial en la dinámica de los procesos intrapsíquicos. Además, no podemos pasar por alto que el pasado está compuesto por diversos ingredientes como la sociedad, la educación, la familia, la genética y la moral, los cuales afectan la parte visible del individuo y conservan un peso extraordinario para cada YO. Este impacto está condicionado por factores psicoemocionales, sociales y biológicos, que moldean el sentido que cada sujeto le dará a su existencia. Por ejemplo, Popeye, al cometer acciones que la sociedad y las leyes moralmente dictaminan como malas (asesinar, sobornar, violentar, etc.), logró resignificar su pasado dándole una semántica efectiva. En sus últimos años, se benefició con su historia de vida.

Popeye es el claro ejemplo de un mínimo sector de la sociedad que ha experimentado distintas circunstancias sin importar la índole, ya que, para ellos, esto tipifica el clímax de su vida. Mientras estas mismas adversidades para otro gran sector contienen un significado negativo, carcome sus vidas, los hace vivir con culpa, sentirse miserables y sin poder salir de diversos duelos. En otras palabras, los hace vivir con una herida abierta que los acompaña en todo el peregrinar que otorga está existencia.