El Guillermo - Francisco Soria - E-Book

El Guillermo E-Book

Francisco Soria

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Beschreibung

El Guillermo de Francisco Soria puede ser considerada una comedia de capa y espada, en la que permanentemente se pone en juego el honor de sus personajes principales. Fragmento de la obra  Jornada primera   (Salen Arnaldo y Chasco, forcejeando con un puñal.)   Arnaldo: Déjame, Chasco, morir por mi mano.   Chasco: No haré tal. Refiéreme antes tu mal, ya que al infierno te has de ir.   Arnaldo: Suelta.   Chasco: No quiero.   Arnaldo: Villano, 5 vive Dios que a ti también tengo de matarte.   Chasco: ¿Quién te ha dicho que soy marrano, que en día de tanto placer me quieres, señor, matar? 10   Arnaldo: Éste es mi mayor pesar. suelta el puñal.   Chasco: No ha de ser.   Arnaldo: Pues tómalo, que, en rigor, no ha de hacer, con pena tal, Chasco, menos el puñal que lo que hará mi dolor. Hoy que veo se enajena Leonor y que me olvidó, ¿para qué pretendo yo más puñal que aquesta pena? 20 

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Seitenzahl: 96

Veröffentlichungsjahr: 2010

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Francisco Soria

El Guillermo

Barcelona 2024

Linkgua-ediciones.com

Créditos

Título original: El Guillermo.

© 2024, Red ediciones S.L.

e-mail: [email protected]

Diseño de cubierta: Michel Mallard.

ISBN tapa dura: 978-84-1126-262-0.

ISBN rústica: 978-84-96428-39-3.

ISBN ebook: 978-84-9897-790-5.

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar, escanear o hacer copias digitales de algún fragmento de esta obra.

Sumario

Créditos 4

Presentación 7

La vida 7

Personajes 8

Jornada primera 9

Jornada segunda 49

Jornada tercera 91

Libros a la carta 141

Presentación

La vida

Francisco Soria, fue un poeta y dramaturgo tlaxcalteca, autor, entre otros títulos de El Guillermo, El duque de Aquitania, La magia mexicana, La Genoveva, Canto a la Asunción y De los celos del amor.

Personajes

El duque Guillermo

Carlos, hermano de Guillermo

Arnaldo, galán

Godofre, caballero

Eleonora, duquesa

Matilde, dama

Laura, criada

Fray Bernardo

Un obispo

Un peregrino

Chasco, gracioso

Dos soldados del duque

Dos soldados de Carlos

Pierres y Jacques

Jornada primera

(Salen Arnaldo y Chasco, forcejeando con un puñal.)

Arnaldo Déjame, Chasco, morir

por mi mano.

Chasco No haré tal.

Refiéreme antes tu mal,

ya que al infierno te has de ir.

Arnaldo Suelta.

Chasco No quiero.

Arnaldo Villano, 5

vive Dios que a ti también

tengo de matarte.

Chasco ¿Quién

te ha dicho que soy marrano,

que en día de tanto placer

me quieres, señor, matar? 10

Arnaldo Éste es mi mayor pesar.

suelta el puñal.

Chasco No ha de ser.

Arnaldo Pues tómalo, que, en rigor,

no ha de hacer, con pena tal,

Chasco, menos el puñal

que lo que hará mi dolor.

Hoy que veo se enajena

Leonor y que me olvidó,

¿para qué pretendo yo

más puñal que aquesta pena? 20

Chasco A fe que en la ventregada,

para mí son glorias todas,

y más dos pares de bodas,

que hacen la fiesta doblada;

pues Carlos, del duque hermano,

también casa con Matilde,

y yo no he de perder tilde

de festín tan soberano.

Arnaldo ¡Ay, ingrata mujer! ¿Quién

después de oírte creyera 30

de ti tal cosa?

Chasco Cualquiera

que la conociera bien,

que es consecuencia innegable

que yo llegue a conocer

siempre que dice: «¿Es mujer

ésta? —Sí. Luego, es mudable.»

Arnaldo Con amantes esperanzas

aseguró más mi muerte.

Chasco Si no fuera de esta suerte,

¿cómo había de haber mudanzas? 40

Arnaldo Tú sabes con cuántas veras

me las llegó a dar Leonor.

Chasco No estuvo en eso el error.

Arnaldo ¿Pues en qué?

Chasco En que la creyeras.

Arnaldo ¡Ay, infelice! ¿Qué haré

sin sosiego y sin sentido,

con todo mi bien perdido?

Chasco ¿Qué harás? Yo te lo diré.

Criaba, con grande esperanza

de hacer con ellas mil pruebas, 50

un hortelano unas brevas,

para fiesta de su panza.

Todos los días el jumento

salía a verlas y decía:

«aún les falta todavía»,

y se volvía a su aposento.

Pues un día, que amaneció

determinado a cortarlas,

se fue al árbol a buscarlas,

pero pelado le halló. 60

Y, para realce del chiste,

grabado el tronco tenía

un rótulo que decía:

«Para mí las previniste.»

Lo mismo a ti con Leonor

te pasa, pues la guardaste,

y en amor la maduraste

para el duque, mi señor.

Conque, así, a no poder más,

deja pasión tan molesta; 70

madura otra breva, que ésta

se la llevó Barrabás.

Arnaldo Tuya es la culpa, Leonor;

que, si me amara tu pecho,

bien pudieras no haber hecho

aquesta ofensa a mi amor.

Mi sangre es tan generosa,

que, en lances de merecer,

ventajas no le ha de hacer

el gran conde de Tolosa, 80

tu padre; aunque no le haría

cargo, ingrata, de mi pena,

que no te hiciera él ajena,

si te declararas mía.

De la casa de Angulema,

que la nobleza derrama,

es Arnaldo ilustre rama,

y debiera...

Chasco Ese es el tema.

Arnaldo ...atender. Mas, ¡ay de mí!

Detente, pasión celosa, 90

que Guillermo es quien la goza,

y su vasallo nací.

El es el mayor señor

de la Francia, y yo soy quien

sus preceptos guarda.

Chasco Bien.

Vengado estás de Leonor,

pues, para ofensas tan claras,

qué más castigo has querido

que haber topado un marido

de condiciones tan raras. 100

Hombre tan descompasado,

que de nueve cuartas pasa

su tamaño, y aun escasa

la ponderación ha estado.

Su mano es basa de rueca;

pues yo —con no ser sencilla—

tomara de pantorrilla

lo que él tiene de muñeca.

Tiene también desiguales

(según el sastre asegura) 110

los brazos, y de cintura

tiene dos varas cabales.

Y es tan racional caimán

—de quijadas tan forzudo—

que se come un gallo crudo,

sin salsa, caldo ni pan.

Y con grande bizarría,

muy denodado y severo,

se sopla un carnero entero

en el discurso de un día. 120

Es tirano, mal sufrido,

osado, cruel, horroroso,

y el hombre más lujurioso

que en Francia se ha conocido.

Y, si oye tocar la caja

de guerra, como si fuera

loco tira la montera,

y hasta las paredes raja.

Arnaldo Es así. Mas centellean

entre tan fieras acciones, 130

Chasco, yo no sé qué dones

que le ilustran y hermosean.

Chasco Ya con la conversación

que traíamos —descuidados—

por nuestros pasos contados

nos vamos a la función.

Y, como quien no le quiere,

a la sala hemos llegado

de los novios.

(Entran por una puerta y salen por otra. Entre tanto, se ha mudado el teatro en un salón ricamente adornado. Allí se ven el duque y Eleonora, de las manos; Carlos y Matilde, del mismo modo; el obispo, dos pajes con fuentes, toallas, mitra y báculo; Godofre, Laura —con todo el posible acompañamiento— en ademán de que acaban de casarse los príncipes. Suena música y cantan.)

Arnaldo Desdichado

del que esto mira y no muere. 140

(Cantan.) «El más luciente Febo

en Aquitania,

de singularidades

hoy hace gala,

pues afable halla,

en su feliz consorcio,

la mayor gracia.»

Obispo Vuestra alteza, gran señor,

de la beldad soberana

de Eleonora, mi señora, 150

goce por edades largas.

Y vuexcelencia también

logre, con feliz prosapia,

de la señora Matilde

la unión hermosa y gallarda.

De entrambos ilustres troncos,

ramas sucesoras nazcan,

que hereden la monarquía

de la corona de Francia.

Carlos (En pie.) Mil años os guarde el cielo, 160

santo obispo de Pictavia,

que, bodas por vuestra mano,

fuerza es que consigo traigan

mil bendiciones y dichas.

Obispo(Aparte.) (¡Guillermo no habla palabra!)

(Cantan.) «En venturas, su hermano

feliz le iguala;

pues, olmo generoso

de ilustres ramas,

fina le abraza 170

hiedra, de quien espera

púrpuras Francia.»

Duque (Aparte.) (¡Ay de mí! ¡Valedme, cielos!)

Todo es zozobrar en ansias,

todo es naufragar incendios,

que Matilde los apaga

y Matilde los repite.

Eleonora (Aparte.) (¡No sé que tristeza extraña

tiene el duque!) ¡Yo no sé

lo que en mí le desagrada! 180

¡Qué desdichada nací!

Arnaldo (Aparte.) (Cuando Guillermo se casa,

¿tristes pasiones al rostro,

desde el corazón, traslada?

¡Válgame Dios! ¿Qué será?)

Laura Chasco, ¿cómo no reparas

la suspensión con que el duque

desabrido asiste y calla?

Chasco Todos lo están murmurando,

cuantos están en la sala. 190

Laura Y tú, ¿qué dices de aquello?

Chasco Le habrá parecido chata

la desposada, o quizá

—con moño postizo— es calva.

Matilde (Aparte.) (Ya he visto al duque en los ojos,

que en mi loco amor se abrasa;

si él no respeta su sangre,

yo sí respeto mi fama.)

Carlos (Aparte.) (¿Por qué estará triste el duque?)

Obispo (Aparte.) (Bien penetro yo la causa 200

de esta tristeza. ¡Terrible

es el daño que amenaza!)

(Cantan.) «Por eso al que laureles

de amor alcanza,

y al que en lo vegetable

su unión retrata,

prontas le cantan

dulces epitalamios

las consonancias.»

Carlos En un día como el presente, 210

¿tan pensativo y con tanta

displicencia vuestra alteza?

¿Con caricias tan escasas

trata a su reciente esposa,

cuando es razón que le valgan

—para merecer su agrado—

los fueros de desposada?

Chasco (Aparte.) (A esotra puerta.)

Carlos (Aparte.) (¡Qué es esto!

¿Ni aun hablarme quiere?)

Duque ¡El alma

se precipita y se ciega 220

en las luces soberanas

de sus ojos!

Carlos (Aparte.) (¿Qué veo? ¡Penas!)

Matilde (Aparte.) (De mí la vista no aparta.)

(Salen cuatro galanes y cuatro damas, y danzan en el teatro en tanto canta la música.)

Música A las bodas felices de cuatro

amantes afectos,

con dobladas antorchas de tea,

¡ven, himeneo!

Y formando, de mirtos y rosas,

coronas a Venus,

a Cupido los triunfos se canten. 230

¡Ven, himeneo!

Chasco Ahora nos seguimos yo

y tú, Laura.

Duque ¿Pues qué aguarda

Carlos, que a danzar no sale

con su esposa?

Obispo ¡Temeraria

resolución es la de este

príncipe!

Carlos Si eso le agrada,

Matilde, ya es fuerza hacer

lo que su alteza nos manda.

Laura ¡Gracias a Dios que sonó 240

aqueste duque en estatua!

Deseando estaba oírlo

por conocer en el había

si era gallo o basilisco.

Chasco El Demonio es esta Laura.

(Salen a danzar Carlos y Matilde. Y, habiendo hecho las primeras mudanzas, se le cae a ella una liga, y el duque se levanta y la toma.)

Duque Aguarda, bello prodigio

de hermosura, que esta alhaja,

por ser tuya, es acreedora

a que, rendida y ufana,

toda mi soberanía 250

se dedique a levantarla.

Carlos ¿Qué hacéis, señor? ¿No advertís

que la majestad se ultraja?

No hagáis tal, por vida vuestra,

que Matilde es vuestra esclava,

por ser mi esposa, y yo soy

quien debiera levantarla.

Y, así, dádmela.

Duque Eso no,

que mi cortesía empeñada

está en tomarla, y es fuerza 260

—por ser de quien es— guardarla.

Obispo No, señor, volved la cinta

a su dueño, que se agravia

la duquesa, mi señora,

que debe ser muy amada

por su hermosura, sus prendas

y el esplendor de su casa.

Ya es tiempo, señor, ya es tiempo,

que, con la nueva mudanza

de estado, os mudéis en todo. 270

Duque ¡Vive Dios! Si no mirara

que ayo al fin me habéis criado,

que por la primer ventana

os hiciera ejercitar

las siempre, atrevidas alas

de vuestra loca soberbia.

¿No basta —decid— no basta

que no hay en mí acción alguna

que vos abonéis? ¿No es brava

y pesada esclavitud 280

que ninguna cosa trata

de diversión o de gusto

mi mocedad, como humana,

como libre, como dueño

que aquestos estados manda?

¿Que luego al pie de la obra

no esté tras la puerta, armada

de correcciones, que darme

vuestra hipocresía tirana?

Idos a la mano, obispo, 290

que es insufrible la carga

de vuestras impertinencias,

que a mi juventud enfadan.

Y, porque vean que desprecio

vuestra caduca arrogancia,

la cinta no he de volver.

(Échasela al cuello y siéntase.)

Obispo Ruegos son de quien os ama,

no preceptos, mis consejos.

Duque No es sino temeraria

autoridad que os tomáis; 300

salid luego de esta sala,

que aquí no os he menester.

Obispo Pues yo a vos sí, que me aguarda

un gran bien por vuestra mano.

Duque Ninguno esperéis que os haga.

Carlos Señor, tan santo prelado

digno es de mayor templanza.

Duque Y a vos, ¿quién os mete en eso?

Chasco Esto es.

Eleonora La piedad cristiana.

Duque ¿Qué, señora, también vos? 310

Basta, que todos me cansan;

mas yo me ahorraré de todos.

Obispo ¡Válgame Dios! ¡Y qué amarga

se le hace la medicina

a quien la dolencia grava!

(Vase.)

Carlos Aquí es menester prudencia.

Supuesto, señor, que os cansan

todos, yo me quiero excluir

de este número. Las plantas

me dad, con vuestra licencia, 320

que ya tengo la jornada

dispuesta para este punto,

que hago en mis estados falta,

yen ello me va el sosiego.

Duque ¿Tan presto?

Carlos Y aun creo que tarda.

Duque Id en horabuena.

(Vase.) Arnaldo,

venid conmigo.

Eleonora ¡Hay más claras

injurias! Desdichas mías,