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A Simon y Rakel les interesa el BDSM. Normalmente es Simon quien manda y a Rakel le encanta dejarse ir y rendirse a sus impulsos. Rakel le cuenta a Stina las historias de su vida sexual y sus juegos eróticos con él. Pero Stina le plantea una cuestión interesante: ¿qué pasaría si fuera Rakel quien sostuviera el látigo? ¿Acaso desea Simon asumir un rol sumiso? A Rakel le resulta muy intrigante… a lo mejor deberían intentarlo e intercambiar papeles.
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Seitenzahl: 19
Veröffentlichungsjahr: 2020
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Saga Stigsdotter
LUST
El intercambio
Original title:
Switch
Translator: Javier Orozco
Copyright © 2019, 2019 Saga Stigsdotter and LUST, an imprint of SAGA Egmont, Copenhagen All rights reserved ISBN: 9788726313581
1. E-book edition, 2019 Format: EPUB 2.0
All rights reserved. No part of this publication may be reproduced, stored in a retrievial system, or transmitted, in any form or by any means without the prior written permission of the publisher, nor, be otherwise circulated in any form of binding or cover other than in which it is published and without a similar condition being imposed on the subsequent purchaser.
Al sentarme se aviva el dolor en mis nalgas y mis muslos. Me hace sonreír. Justo como el dolor al ejercitarme, me satisface increíblemente, como si hubiese logrado algo. Estoy esperando a Stina, mi amiga. Siempre llega tarde. Mientras aguardo no solo me compro un sándwich, sino que me da tiempo a comérmelo entero. La saludo al verla en las escaleras, me sonríe mientras camina hacia mí.
—Disculpa el retraso. ¿Te apetece algo?
—Un pastelito de chocolate y una taza de té.
—Perfecto, ya vuelvo.
El café Loto Azul es mi favorito en el distrito sur de Estocolmo. Habitualmente nos sentamos en la mesa junto al cristal. A pesar de ser un café concurrido ofrece privacidad, un detalle importante, pues no me gustaría que alguien escuchara nuestras conversaciones.
Stina se apresura hacia el mostrador. Como siempre, su vestido es un mosaico de colores, mientras que yo llevo falda y blusa negras. Toda mi vida he sentido cierta necesidad por encajar. Ella no. Por eso nos llevamos tan bien.
—Lo pedí con crema batida —dice cuando regresa, y pone el pastel y la taza ante mí y veo cómo el vapor del té se eleva frente a mi rostro. Empujo mi cuchara contra el pastel, la capa superior de chocolate da paso a un centro cremoso. Es perfecto. Se derrite en mi lengua. Stina se ha comprado un sándwich de plátano y mantequilla de maní. Debe de estar loca, pienso, pero supongo que todos tenemos nuestras peculiaridades. Ella sabe cosas acerca de mí que no compartiría con ninguna otra persona, como mis prácticas BDSM con Simon.
