El libro de los mitos prohibidos - Paula Guadalupe - E-Book

El libro de los mitos prohibidos E-Book

Paula Guadalupe

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Beschreibung

¿Cuál es la intención de los mitos? ¿Quién los escribe? ¿Qué discursos legitiman? A lo largo de los siglos, hemos recibido una inmensa herencia de la cultura grecolatina, a la que hemos recurrido, una y otra vez, a la hora de volver a contar historias. Los mitos constituyen algo así como un ADN literario, pero pienso que tal vez, perdónese mi osadía, haya llegado el momento de reescribir el cuento. El libro de los mitos prohibidos devuelve a las mujeres el papel protagonista que les ha sido arrebatado de sus propias narraciones. Les otorga un nuevo espacio y lo hace a través de diez relatos distintos, los cuales, tras presentar el mito clásico, narran historias contemporáneas que, de algún modo, guardan relación con él. Es un libro sobre mujeres plurales y distintas. Algunas buscan amar libremente, otras la aventura, el poder, la ambición, ser quienes son, y en definitiva, emprender su propio camino. Desde Afrodita a Atenea, pasando por Eurídice, Penélope, Pandora o Ariadna, que resuenen las voces de aquellas que nunca tuvieron lugar en el ágora. A veces pienso que las historias de estas mujeres hablan más alto que cualquier oráculo. ¿Te atreves a escucharlas?

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Veröffentlichungsjahr: 2022

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EL LIBRODE LOS MITOSPROHIBIDOS

EL LIBRO DE LOS MITOS PROHIBIDOS

© Paula Guadalupe

© de las imágenes de interior: Paula Guadalupe y Lucía Fernández

Diseño de portada: Dpto. de Diseño Gráfico La Calle

Iª edición

© Editorial La Calle, 2022.

Editado por: Editorial La Calle

c/ Cueva de Viera, 2, Local 3

Centro Negocios CADI

29200 Antequera (Málaga)

Tel.: 952 70 60 04

Correo electrónico: editoriallacalle@editoriallacalle.com

Internet: www.editoriallacalle.com

Reservados todos los derechos de publicación en cualquier idioma.

Según el Código Penal vigente ninguna parte de este ocualquier otro libro puede ser reproducida, grabada en algunode los sistemas de almacenamiento existentes o transmitidapor cualquier procedimiento, ya sea electrónico, mecánico,reprográfico, magnético o cualquier otro, sin autorizaciónprevia y por escrito de EDITORIAL LA CALLE;su contenido está protegido por la Ley vigente que establecepenas de prisión y/o multas a quienes intencionadamentereprodujeren o plagiaren, en todo o en parte, una obra literaria,artística o científica.

ISBN: 978-84-16164-81-3

Paula Guadalupe

EL LIBRODE LOS MITOSPROHIBIDOS

Editorial La CalleANTEQUERA 2022

A Raúl, y a quienes deconstruyenmitos cuando hablan de amor.

Índice

Prólogo

I. Los amores de Afrodita

II. La historia de Cleopatra y Rufo Galo

III. El mito de Eurídice

IV. La caja de Pandora

V. Ariadna y el minotauro

VI. Calisto y Artemisa

VII. Las moiras y el hilo de la vida

VIII. Penélope y la cárcel de Ítaca

IX. Gorgo de Esparta

X. La forma oculta de Atenea

Epílogo

PRÓLOGO

Supongo que este libro va de deconstruir mitos. ¿Pero cómo romper la imagen de un dios? ¿Cómo cambiar los pilares sobre los que construimos nuestro mundo incluso a sabiendas de que están formados para justificar una determinada idea, un modo estable de configurar la vida? Pues esa es, al fin y al cabo, la función del mito: crear un discurso. Y no se trata de una explicación aleatoria del mundo. Todo argumento conlleva un fin funcional que crea una estructuración determinada del universo, por lo que cada mito es válido para explicar una sociedad y una distribución de poder determinadas.

Y lo adoptamos porque romper con él sería tan doloroso como sentirnos perdidos y desamparados. Porque al final del día, cuando no entendemos qué sucede dentro del caos de uno mismo, el mito es algo a lo que aferrarnos. Una fuerza superior, un esquema jerárquico, la tradición, el pasado, el origen del mundo. En términos filosóficos, el mito es el símil de un plato precocinado.

Estas páginas van contra todos los oráculos y, sin embargo, suponen nuestra violenta aceptación y lucha por perseguir nuestro propio destino y, trasgrediendo las explicaciones míticas, escribir un nuevo logos que nos permita emprender un camino para transformarnos.

¡Apócrifa muerte a Zeus! Toda narración nace de un propósito, de la manera en la que tú decides contarla. Aquí va, pues, la mía.

I. LOS AMORES DE AFRODITA

¿Quién entiende el amor? Dulce locura, amargo sueño, torrente cálido y frío invierno. Caos desenfrenado, alegría sin sentido, piel con piel, tormenta divina y plenitud de uno mismo. Vida sin igual, vida maldita la del enamorado. Delicioso deseo, compañía fiel, alma amiga. Y todas y cada una de estas palabras nos parezcan tal vez vacías, si al leerlas en mi mente no aparecen tus ojos y en tu boca la mía.

¿En quién has pensado tú mientras las leías?

Si de amor voy a hablar, me encomiendo a la ruina, la pasión y la suerte de haberte amado de forma vehemente, mi diosa Afrodita.

Hay personas a quienes amar es devastador. Hay personas a quienes amar está prohibido. Otras te atraen a descubrir todo el amor que desconoces, otras a descubrirte a ti por dentro, tal como eres. Tal vez si algo he aprendido del amor es que nace del caos para terminar siendo algo más. En qué nos convierte, sin embargo, es un total misterio.

Siempre he sido un alma errante, nunca he vivido buscando nada en concreto. Una transeúnte por un mundo que veía a mis pies, con infinitos tesoros que ofrecerme. Y entre mi vagar y mis viajes, y el azar y la suerte, conocí una tarde de verano a un hombre que llevaba la tragedia escrita en los lunares de la piel y vivía con la pasión de un loco, o tal vez de un sabio.

Una tormenta cálida, de esas de las que uno no puede escapar jamás, me abordó en plena calle. Empapada por la lluvia y sin decidirme a volver a casa, quise resguardarme en un pequeño bar, donde sonaba música de los ochenta. Un billar, una diana para jugar a los dardos y cuatro máquinas tragaperras adornaban el lugar. En las paredes, sin embargo, viejas guitarras de antiguas glorias del rock and roll se mostraban en expositores de cristal que hacía mucho tiempo que no se limpiaban. En una vieja estantería de madera se amontonaban cientos de discos, como si el tiempo los hubiera ido dejando allí, de manera tan desordenada como los sentimientos que, un día, habían hecho aflorar en quienes los escuchaban. Era una noche de domingo, de esas en las que la gente se empeña en quedarse en casa, buscando una melancolía en sus vidas que en realidad no sienten. Y en la barra del bar, limpiando vasos y moviendo los pies como bailan aquellas personas cuando piensan que nadie las está mirando, estaba un hombre de pelo corto, pendientes y algún tatuaje escondido. Cuando alzó la vista, pude comprobar que tenía la mirada clara y ojos de viejo amigo, de esos que te invitan a quedarte, para sentirte arropada por una voz familiar. Así fue como conocí a Dioniso.

Él era caos y desorden, emoción, tragedia y excesos. Era todo a lo que una se jura jamás regresar, pero donde finalmente no evita nunca volver. Entre su boca aprendí que el amor puede ser el peor de los vicios.

Una sensación me erizaba la piel y no era el frío. Con el pelo mojado y el alma buscando abrigo, me acerqué hasta el taburete que se encontraba frente a la barra. Miré a mi alrededor, observando el lugar vacío, y con cierta timidez pregunté:

—Perdona, ¿vas a cerrar ya?

Él pareció sonreír al verme, como si llevase años esperando mi llegada.

—No, si tú te quedas. ¿Qué te pongo?

—¿Tienes burdeos?

—Aquí solo hay cerveza, amiga.

Yo tiritaba mientras dudaba con la cabeza, no muy contenta con la respuesta.

—Pues que sean dos entonces.

—¿Una para ti y otra para mí?

—Me parece un trato justo —respondí mientras no dejaba de temblar.

Él me observó con preocupación.

—¿Estás bien?

—Sí —respondí malhumorada, apartándome el pelo mojado de la cara—. Es solo este asqueroso tiempo. Odio los días de lluvia.

—Depende de al lado de quién se pasen. Espera aquí un momento, voy a traerte una cosa.

Desapareció tras la barra para perderse en el almacén, y minutos después apareció con un paquete de plástico.

—No es tu talla, pero al menos estarás seca. Puedes cambiarte en el baño si quieres.

Así que, minutos después, aparecí frente a la barra de aquel bar, vestida con una camiseta XXL de Scorpions y una chaqueta negra que patrocinaba la marca de cerveza Grimbergen.

No habían pasado ni tres sorbos cuando Dioniso, como buen dios del desenfreno que era, había desordenado mi vida por completo.