El llanto de las azucenas - Alejandra Ramos - E-Book

El llanto de las azucenas E-Book

Alejandra Ramos

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Beschreibung

Los prejuicios positivos o negativos que sembramos en los demás, pueden convertirse en una buena o mala decisión que trazará nuestros destinos. Es allí que nos damos cuenta de que no todo es lo que parece, y que también nos equivocamos al pensar que lo "ideal" siempre es lo mejor. Alexia decide dejar su ciudad natal para estudiar Ciencias Políticas en la Universidad Nacional de Córdoba. Pero una serie de brutales femicidios dejará en vilo a toda una población y acabarán con su tranquilidad. Lo que Alexia no sabe es que el asesino en serie está más cerca de lo que cree, y llegado el momento será muy tarde para volver atrás. ¿Alguna vez temiste enamorarte de un lobo con piel de oveja?

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Seitenzahl: 71

Veröffentlichungsjahr: 2021

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Producción editorial: Tinta Libre Ediciones

Córdoba, Argentina

Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo

Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones. María Belén Mondati.

Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Ramos, Alejandra del Luján

El llanto de las azucenas / Alejandra del Luján Ramos. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2020.

74 p. ; 22 x 15 cm.

ISBN 978-987-708-735-2

1. Narrativa Argentina. 2. Novelas de Misterio. 3. Novelas Románticas. I. Título.

CDD A863

Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,

total o parcial sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor.

Está también totalmente prohibido su tratamiento informático y distribución

por internet o por cualquier otra red.

La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidad

de/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.

Hecho el depósito que marca la Ley 11.723

Impreso en Argentina - Printed in Argentina

© 2021. Ramos, Alejandra del Luján

© 2021. Tinta Libre Ediciones

A los hijos,cuyas madres les fueron arrebatadas.

El llanto de las azucenasAlejandra Ramos

Somos el resultado de lo que hemos logrado sanar;y su consecuencia, las puertas del cielo o el infierno.

Un nuevo comienzo

El radiante sol que encandilaba las ventanas aún sin cortinas, calentaba aquel departamento con la temperatura propia de una mañana de febrero. Pero a Alexia no le molestaba, porque la satisfacción de por fin haber llegado a Córdoba desde tan lejos podía más que las gotas de sudor resbalando por su cuello.

Allí se gozaba del ruido típico de una ciudad grande como esa. Los autos a bocinazos limpios se hacían sentir en los eternos embotellamientos, además del conjunto entremezclado de voces que provenían de todos lados al mismo tiempo, junto a los fuertes pasos que se oían de los departamentos contiguos pero que sin embargo parecía como si una multitud le estuviera usurpando el espacio.

El calor infernal no apaciguaba los rumores sobre un posible fin del mundo durante aquel año dos mil. Pero se sentía menos con el aire de abanico que daba el ventilador destartalado que consiguió de oferta en una compra y venta de su ciudad natal, y con el fresquito exprimido de naranja que tomó de una sola vez.

Observó a su alrededor y le costaba creer todo el esfuerzo invertido para poder estar allí. Un anhelo que a simple vista parecía imposible de cumplirse en una chica como ella, pero que en el fondo siempre supo que nada la detendría. Algo tan común para muchos, pero todo un logro para ella como resultado de la creatividad innata que poseía para ganarse la vida, un don de todo un linaje que le precedía teniendo como ejemplo más cercano a su abuela.

El cuerpo de una joven aún no identificada en las orillas del lago del Parque Sarmiento, fue la noticia del día. Podían verse las puntas de sus negros cabellos que sobresalían de la manta con la que la taparon, al mismo tiempo que un escuadrón de personas entre policías, investigadores forenses, personal médico y unos cuantos curiosos que querían mirar más de la cuenta formaban una especie de tumulto que terminó en empujones y en un revuelo evidente a través de la pantalla de aquel viejo televisor. Para ella que venía de una mediana ciudad, aquel hecho representaba mucho más que algo fuera de lo común, es que no podía imaginar que algo así sucediera a pocas cuadras de su departamento. Decidió seguir el caso de cerca a través de las noticias durante todo el día, incluso mientras terminaba de poner en orden los últimos objetos sin sitio propio como resultado de la mudanza y tomaba un refresco para aliviar las consecuencias de aquel verano ardiente que no terminaba de equilibrarse con ningún aguacero.

Los canales locales carecían de información concreta, algunos opinaban que se trataba de un asesinato al azar y otros sostenían que la víctima tal vez conocía al agresor, pero no hubo nada más llamativo que los titulares de los medios asegurando la osadía del asesino de dejar una azucena roja sobre el cuerpo inerte de la víctima. Sintió rabia al observar aquel último acto como una burla, al creer que esa clase de cerdos se mofaban de sentirse orgullosos por sus aberrantes hazañas, y sin ninguna pizca de remordimiento.

El ruido a tropel de caballos que sus compañeros generaron al levantarse todos juntos de un salto, la hizo volver en sí. El primer día de clases en la universidad se vio afectado, ya que desde que llegó a la ciudad, tuvo los nervios acumulados de ansiedad lo que terminó por hacer estragos en la atención de aquel lunes. Kilómetros lejos del hogar donde había crecido, extrañar a su abuela y el traqueteo de la mudanza, fue un sacrificio que a su parecer valdría la pena en el futuro, y si bien no podía acostumbrarse a estar tan sola, aseguraba que aquella etapa le daría no solo una profesión, si no también, más amigos de lo que imaginaba. Las opciones entre Ciencias Políticas y Abogacía se convirtieron en tema de duelo ante la elección de entrar al mundo universitario, pero terminó por escoger Ciencias Políticas, solo porque le parecía menos estructurada.

Córdoba incluía el sueño de independencia dentro del imaginario adolescente que llevaba consigo. Los paseos con su abuela en los atardeceres soleados, las caminatas al zoológico tomada de su brazo, el helado de tiramisú y la religiosa visita a la majestuosa Iglesia de los Capuchinos, eran los infaltables en cada viaje a la ciudad luego de acompañarla al médico para la repetitiva rutina de chequeo mensual. Fue allí donde el gusto por ese paisaje nació, entre el tráfico y los constantes bocinazos que lo hacían único y atractivo a cada sentido de la mirada, influyendo en la decisión de mudarse y trazar su futuro allí.

Amalia representaba en su joven vida un conglomerado de vínculos donde los afectos se entremezclaban y aparecían según el mérito, desde la firmeza sin retorno de una madre, hasta la complicidad inquebrantable de una amiga. Pero en la realidad del caso era su querida abuela paterna, quien la tuvo en brazos desde luego del parto donde su madre no resistió y falleció de una infección; y quien la terminó de acompañar sola desde los cuatro años cuando su padre dejó de existir por heridas incurables producto de un accidente automovilístico. Los recuerdos borrosos respecto a sus padres eran escasos, y aquellos rostros irreconocibles a la memoria, salvo por alguna que otra foto rondando por ahí en su casa de la infancia. Lo único que sabía es que su madre se llamó Jazmín, que pasó por varios orfanatos de la provincia hasta llegar a Villa María donde fue ubicada en el Patronato de la infancia hasta cumplir los dieciocho años y donde conoció a Enrique, aquel amor imborrable según Amalia, y el hombre que había intentado criarla, y de quien tenía más memoria. Ese joven rostro la llevaba a recuerdos vagos donde las tardes de pesca y los domingos de cocinar carne a la parrilla formaban parte del escenario, recordándolo con una camisa a cuadros azul desprendida, flameando al compás del viento que entraba por la ventanilla del Fiat 147 que poseía, pero no tanto como hubiese querido.

Solo Amalia componía su vínculo familiar y quien la conocía hasta en los rincones que ni ella había escarbado. Le debía todo lo que fue y lo que debía de ser, reconociendo con tristeza cada gramo de esfuerzo que vio con disimulo y silencio en una mujer sola y ultrajada por el rechazo social de aquellos tiempos prejuiciosos, para garantizarle un crecimiento decente y un futuro con más oportunidades que ella misma jamás tuvo. Pero a pesar del miedo a despegarse y verse afectada por la muda distancia, la emoción de hacerla sentir orgullosa graduándose de la universidad traspasó todos los temores acumulados.

Amalia

Amalia tenía las manos ajadas de tanto trabajo, su artrosis avanzada dejaba entre ver las piernas torcidas que denotaban lo mucho que le costaba caminar, ayudada por un andador que utilizaba solo en su casa y que escondía bien en una pieza en desuso para que ningún invitado la viera deteriorarse, excepto Alexia.

Con padres italianos inmigrantes, creció viendo a Villa María multiplicarse a pasos agigantados. Vivió una infancia próspera gracias al dinero que su padre había generado siendo apoderado de varios caballos de carrera y dueño de un gran sector en el mercado de abastos de la ciudad.