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El dedo de Colón al final de las Ramblas señala hacia la tumba de su madre en Rosario, Argentina. Las cotorras, que también han cruzado el océano, ahora interrumpen el diálogo del poeta con sus difuntos: "¿Por qué llorás?" / "¿No ves que estoy pelando remolachas?" / "Pero es la cebolla lo que hace llorar, mami." / "Ah, cuando estás muerta también te hace llorar la remolacha." El parasimpático pertenece al río Paraná y a las aguas eternas que recorren el Hades. Pero en sus poemas también se encuentra el consuelo del arte —y es un consuelo mordaz. Porque Dobry es de los que consideran el sentido del humor como un color imprescindible en el espectro de los versos.
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Seitenzahl: 38
Veröffentlichungsjahr: 2021
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El parasimpático
Edición digital: setiembre de 2021
© 2021 Edgardo Dobry
© 2021 Club Editor 1959, S.L.U. por esta edición
Carrer Coves d’en Cimany, 2 — 08032 Barcelona
[email protected] — www.clubeditor.cat
ISBN: 978-84-7329-319-8
Diseño de colección y cubierta: Ángel Uzkiano
Diseño gráfico: Aina Bonet
Corrección: Nura Nieto Llach
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Es la casa de nuestros anhelos.
Ven, cuelga el sombrero en la pared:
el sombrero con el agujero de bala.
HILDE DOMIN
Para A.M.
Debes saberlo, libro: aquí abajo
no habrá para ti premio hoy en día;
cuando el hombre suspira todavía
nadie aprecia virtud en su trabajo.
En el 3000, del verso embelesado,
irá uno a ver el Paraná corriente
y ante esa orilla pensará que miente
quien diga: “¡Acá, el Poeta fue alumbrado!”.
Ten coraje, mi libro: aunque preciosa,
la voz del bardo en bata suena odiosa;
cuando él no esté lo juzgarán divino.
¿A quién no ha mancillado la perfidia
que anega los baches del camino?
Solo el laurel postrero es sin envidia.
*Veáse página 33
Me son gratas las obras de la diosa cipria,
de Dioniso y de las Musas, porque
a los hombres traen alegría.
SOLÓN DE ATENAS
A ti me vuelvo, arte de la Poesía,
porque eres rico en consuelos …
C. CAVAFIS
…la desolación ha venido de la filosofía
y el consuelo de la poesía.
M. ZAMBRANO
1.
Mediados de julio: el sol adolescente
atolondrado se levantó con hambre y resacoso
y husmea entre las mermeladas del colmado Quílez.
Las acacias, en fila, se pasarán el día pensando
con rencor en el mar y en la tormenta
que apenas llegará en octubre.
(Un transeúnte se sacude las bermudas
y caen de las arrugas trescientos pasos no dados.)
Cerca del puerto, Colón señala altivo
por sobre las crestas de salmuera sucia
hacia la tumba de tu madre
que no has visitado este año
—él, severo, lo sabe.
“¡Desgraciado almirante! Tu pedestal
no pierda altura —le decís, vengativo—;
las cosas se han puesto últimamente
feas para las efigies de conquistadores.”
2.
Un sol que hoy no es de oro sino de arena y vaho
unta la ciudad y se olvida de lustrarla:
se distrajo fabricando el tiempo —es su trabajo.
Cada cosa palpa su sombra
para consolarse con que sigue siendo opaca.
Podés leer en el diario que hay muertos
por golpe de calor y solamente
cuando mencionan los nombres y el barrio
se te ocurre pensar, sin gran alivio:
“No es de mí de quien hablan”.
3.
No te dictan estas líneas el amor o la musa;
son respuesta a una voz que a la hora de la siesta
es neutra como de encuestadora:
—Del pasado, ¿te acordás?
—Me acuerdo de la cabeza sobre
una olla con hojas de eucalipto,
de la estrella de un abrojo en la rodilla,
de un río espeso como engrudo.
—¿Y por qué seguiste a la Poesía?
—Porque te exige todo sin prometer nada.
—En total, ¿cómo te fue en la vida?
—Eso preguntáselo mejor al fantasma
que envejece en la orilla del río espeso.
—¿Y la muerte?
—La muerte debe ser como cuando
se corta la luz de golpe pero esta vez
ni siquiera a tientas vas a encontrar las sillas.
4.
El ruiseñor no aguanta un día tan largo:
repite un estribillo y te abandona en la hora malva.
Cuando al fin podrás dormir,
la manzana que ruborizaba tu frutero
colgará del limonero del vecino
y los números de teléfono del pasado y del presente
se fundirán en cifras inverosímiles.
El dedo resbala en la pantalla de la luna
y se escucha una señal obstinada,
pipip, pipip, contradanza del ventilador.
(sobre un tema de J. Brodsky)
con vistas a Notre Dame y el Louvre
Me gusta mirar al cielo y menos
que las nubes me hagan muecas.
Para eso, mejor el Mediterráneo.
El Mediterráneo es mar de los poetas,
o sea de paupérrimos y vagos.
La gente distinguida veranea en Biarritz
y más precisamente en Mar del Plata.
La luna puede hacer muecas también,
no a quien la mira sino al planeta entero
(según documentó el astronauta Georges Méliès).
