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Atrapar sueños es una profesión arriesgada, algo que Marina sabe muy bien. Lo que no sospecha es lo peligrosa que puede ser cuando vuelve a su pueblo natal a cumplir el encargo de un cliente y un sueño errante la golpea a traición. Incapaz de librarse de él, tendrá que desentrañarlo antes de seguir con su misión y, al hacerlo, quizá afloren recuerdos que preferiría haber dejado en la oscuridad. A caballo entre lo onírico y lo distópico El pasado es un cazador paciente es una historia inquietante y evocadora a partes iguales que atrapará al lector desde el primer momento.
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Veröffentlichungsjahr: 2018
EL PASADO ES UN CAZADOR PACIENTE
LAURA S. MAQUILÓN
Primera edición: Octubre, 2018
© 2018, Sportula, por la presente edición
© 2018, Laura Soriano Maquilón
Ilustración de cubierta: © Tithi Luadthong
Diseño de cubierta: Sportula
SPORTULA
www.sportula.es
SPORTULA y sus logos asociados son marca registrada de Rodolfo Martínez
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ÍNDICE
El pasado es un cazador paciente
Cazadora de sueños
Sobre la autora
Sportula narrativa breve
Regla nº 1:
I
Dicen que el mundo se divide entre los que luchan por cumplir sus sueños y los que abandonan a mitad del camino. A lo largo de mis numerosos años de oficio he aprendido que esto no es del todo cierto y que, además, es un lema que no lleva a ninguna parte. Las frases motivacionales color pastel se perdieron hace más de setenta años junto a los combustibles fósiles y las esperanzas de un futuro prometedor para mucha gente. Algunos ya lo han olvidado, pero el mundo no. Las guerras siempre dejan una cicatriz. Puedes maquillarla, pero siempre la ves al despertar cada mañana. Aquella en particular había sido profunda y había separado a las personas en dos grupos muy diferentes: las que pueden permitirse tener sueños y las que no. Yo trabajaba para las primeras.
Esa vez me tocó largarme a un pueblecito del valle: tranquilo, apacible, hogareño. Un lugar encantador. De los pocos que quedaban en pie. El que mejor conocía. El único que me hacía temblar. Lleno de anhelos incontables, desde reunir el dinero suficiente para ser el primero en tener el próximo casco de realidad virtual (¡aún más real!) hasta llegar a la vejez sin dolor de rodillas. Un maravilloso nido de sueños palpitantes que deseaban echar a volar. Solo necesitaban de alguien que les pagara las alas.
Las del señor Yepes, en concreto, eran de esas desfiguradas por el roce continuo del cuero del sofá en las nalgas, por el golpeteo incesante de las yemas en el grafeno, por la mirada infinita hacia la planeidad del universo. Unas alas doradas y relucientes que amenazaban con no volar jamás. Por eso me había llamado, por eso estaba camino de Cobertera. No hay lugar mejor para encontrar a alguien con ganas de triunfar. El hijo del señor Yepes podía tener muchos juguetitos, pero para mover el trasero necesitaría algo más que un pulso eléctrico en el cerebro simulando que montaba en bicicleta.
Unas alas repletas de dinero para un sueño limpio, inocente, casi infantil.
