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Ante la pérdida de impulso y dirección que sufre la iglesia moderna, es necesaria una renovación. Desafortunadamente, hay pocos líderes y pastores con corazón apostólico, y en demasiados casos, luchan con la frustración y la falta de dirección. Más que trabajadores conscientes o de que muchas cosas sucedan, los programas eclesiásticos y los movimientos de membresía no cumplen el propósito de la Gran Comisión. ¿Dónde están los que, por amor a Dios, salen a hacer discípulos a todas las naciones? Tal vez hayamos olvidado ya el ejemplo de la iglesia del Nuevo Testamento, desviándonos tanto del mandato de Cristo que tomarlo como modelo de vida, nos hace ver como fanáticos. Pero el mandamiento de hacer discípulos no ha perdido su autoridad y relevancia. "Cada década, son pocos los libros que definen claramente los temas críticos, que presentan magistralmente las verdades bíblicas y desafían tan radicalmente los conceptos tradicionales. ¡El Pastor Hacedor de Discípulos es uno de esos libros!" DAN SPADER Primer Director de Son Life, Instituto Bíblico Moody
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Seitenzahl: 436
Veröffentlichungsjahr: 2021
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Copyright © 1988 por Hill Hull
Originalmente publicado en inglés bajo el título The Disciple-Making Pastor por Fleming H. Revell, una division de Baker Publishing Group
Grand Rapids, Michigan, 49516, U.S.A.
Todos los derechos reservados.
Primera edición en castellano: 2007
Segunda edición en castellano: 2019
Esta edición es publicada por
Todos los derechos reservados.
En esta edición, se ha eliminado intencionalmente la referencia específica a la Iglesia de Norteamérica, procurando extenderla a la iglesia en general.
A menos que se especifique, todas las citas bíblicas son tomadas de La Santa Biblia, Nueva Versión InternacionalTM
NVITM Copyright © 1999 por la Sociedad Bíblica Internacional
Usado con permiso. Reservados todos los derechos a nivel mundial.
Ninguna parte de este libro puede ser duplicada, copiada, transcrita, traducida, reproducida o almacenada, mecánica o electrónicamente, sin previa autorización de Ediciones Berea
Editor General: Héctor Hernán Gómez Iriarte
Traducción: Adriana Marcela Aranguren Medina
Diseño de Carátula: Catherine Niño
Diagramación: Inti Alonso
ISBN: 978-958-44-1042-9
Producido en Bogotá D.C., Colombia.
A Randy Knutson, por su amistad y apoyo a muchos de los principios que se presentan en este libro.
Contenido
Prefacio
El Mandato de Ir y Hacer Discípulos
Introducción
Crisis en el Corazón
Capítulo 1
La Necesidad
Crisis y Condición de la Iglesia
Capítulo 2
El Conflicto
El Costo de Hacer Discípulos y las Fuerzas que se Oponen al Discipulado
Capítulo Tres
El Producto
Los Fundamentos Bíblicos para Hacer Discípulos
Capítulo 4
El Papel del Pastor Hacedor de Discípulos
El Perfil y la Misión del Liderazgo de la Iglesia
Capítulo 5
La Labor del Pastor Hacedor de Discípulos
El Modelo, el Significado, el Método y el Motivo para dar a Conocer a Cristo
Capítulo 6
El Compromiso del Pastor Hacedor de Discípulos
Haciendo del Discipulado una Realidad en la Iglesia
Capítulo 7
Las Prácticas del Pastor Hacedor de Discípulos
Cuatro Prácticas que Edifican la Iglesia para Cumplir la Gran Comisión
Capítulo 8
El Pastor como Entrenador
Seis Pasos para Animar a la Iglesia a Cumplir la Gran Comisión
Capítulo 9
Haciendo Que Funcione En la Iglesia Local
Métodos Prácticos que Ayudarán al Cumplimiento de la Gran Comisión
Prefacio
El Mandato de Ir y Hacer Discípulos
No es un secreto que la iglesia organizada hoy día está en problemas. No sólo la institución ha perdido impulso, sino que también ha perdido dirección. A menos que surjan personas que puedan llevar a la iglesia a la renovación –lo cual, al final coloca la carga en los pastores–, existe poca esperanza de que esta situación mejore.
Desafortunadamente, hay pocos líderes y pastores con corazón apostólico. Es más, en demasiados casos, los clérigos en posiciones privilegiadas para guiar las ovejas por sí mismos, luchan con dificultad por la falta de dirección y frustración.
No es para decir que a la iglesia le hagan falta trabajadores conscientes o que nada valioso esté sucediendo en ella. Por lo que podemos ver, toda clase de cosas están sucediendo. Pero me parece que de alguna manera los programas eclesiásticos y los movimientos de membresía no cumplen el propósito de la Gran Comisión. ¿Dónde están los obreros de la cosecha que, obligados por el amor de Dios, están saliendo para hacer discípulos a todas las naciones? Temo que todos los ejemplos de la iglesia del Nuevo Testamento hayan sido velados u olvidados. En efecto, nos hemos desviado tanto del mandato de Cristo que quienes lo toman como modelo para sus vidas, son vistos como fanáticos.
Tal vez, Bill Hull sea esta clase de persona. Convencido de que el mandamiento de hacer discípulos no ha perdido su autoridad o relevancia, él ha tratado de establecer el curso de su ministerio con base en éste.
Este libro describe su pensamiento y lo que significa para la iglesia local. Es bíblico y real, y, aunque el autor no escatima palabras, él escribe con comprensión y compasión.
La experiencia personal de Bill Hull le da a la historia un sentido de autenticidad. Él no habla como un teórico, sino como una persona con experiencia, un pastor activo que ha buscado edificar una iglesia alrededor del mandato de ir y hacer discípulos. La validez de su ministerio se apoya en la forma como la congregación ha crecido en número y visión y cómo ahora se reproduce a sí misma en la asociación de varias iglesias hijas.
Aquí hay un mensaje que quienes aspiran al liderazgo de la iglesia necesitan escuchar y considerar. No todos estarán de acuerdo con sus conclusiones, pero nadie puede leer la historia sin aceptar una nueva perspectiva del pastor discipulador. Para algunos, puede ser el nacimiento de una nueva concepción de ministerio.
Dr. Robert E. Coleman
Introducción
Crisis en el Corazón
Que la iglesia se encuentra en crisis no es nada nuevo. Nació en crisis y se ha mantenido así hasta el día de hoy. Por definición, crisis significa “separar,” “encontrarse en un punto de regreso.” Las crisis exigen que tomemos una decisión, y lo que hace crítica esta decisión es que una equivocación podría llevarnos al desastre.
Cientos de líderes pueden mencionar miles de crisis acontecidas en la iglesia en Estados Unidos. Muchos libros se han escrito y se han enviado mensajes acerca de la crisis en la predicación, el evangelismo, la familia cristiana, la integridad tanto del clero como de los empresarios cristianos. Otros señalan la crisis en las misiones alrededor del mundo, en la educación teológica, en las universidades cristianas y algunos incluso en la muerte lenta de la Escuela Dominical.
La palabra crisis se ha vuelto tan común, que muchos han dejado de escuchar las advertencias de los profetas modernos y sienten gran escepticismo respecto a la validez de esas muchas llamadas crisis. El público cristiano se ha cansado del grito ferviente de sus líderes cuando hablan de la vida al borde del abismo. El cercano apocalipsis de alguna manera parece que nunca se va a materializar; por lo tanto, toda advertencia acerca del destino inminente parece cada vez más como un “aullido de lobo.”
A pesar de tal cinismo, debo insistir en que la crisis en el corazón de la iglesia es más profunda, más amenazante y más importante que cualquier otra cosa. El hecho de que la Iglesia pueda seguir sin ser confrontada con sus divisiones, la coloca en una posición muy peligrosa. Ignorar la crisis es como si alguien con un problema del corazón no lo tratara y se resistiera a reconocer los signos de advertencia: su incapacidad para subir escaleras con facilidad, hacer ejercicios sin sentir fuertes dolores en el pecho o respirar normalmente. La vida puede seguir adelante de forma limitada ante tales circunstancias, pero un día, el corazón de esa persona se detendrá súbitamente y entonces será demasiado tarde para restaurar la salud del sistema cardiovascular enfermo.
Para seguir la analogía de Pablo acerca de que la iglesia es el cuerpo de Cristo, la crisis no se encuentra en una de las extremidades (manos, piernas o pies). En otras palabras, no es directamente una crisis de su función y trabajo, sino de lo que gobierna la habilidad del cuerpo para llevar a cabo su función y trabajo. La crisis se encuentra en el corazón de la iglesia. El sistema cardiovascular de la iglesia, el cual es su parte más trascendental, determina la salud de todo el cuerpo. La condición del corazón y el libre y normal flujo de la sangre a través de las venas y arterias, determina la capacidad del cuerpo para funcionar normalmente.
La iglesia evangélica se ha vuelto débil, blanda y demasiado dependiente de medios artificiales que sólo pueden simular un verdadero poder espiritual. Las iglesias se parecen un poco a centros de entrenamiento para poner en forma a los creyentes y mucho a la sala cardiopulmonar de un hospital local. Hemos proliferado en la autoindulgencia religiosa, el síndrome de “lo que la iglesia puede hacer por mí.” Estamos excesivamente satisfechos con los éxitos convencionales: cuerpos, dinero y edificios. El cristiano promedio habita en la cómoda posición de “Yo le pago al pastor para que predique, administre y aconseje... Yo le pago a él para que me ministre… Yo soy el consumidor, él es el minorista… Yo tengo las necesidades, él me las cubre… ¡Para eso yo le pago!”
Podemos ver esto más claramente en la adoración idólatra de las súper iglesias en Estados Unidos. Entre más grande sea esta y entre más imite en sus métodos al espíritu empresarial norteamericano, será mejor. La seducción es total cuando las iglesias más grandes, más creativas y más “exitosas,” son el estándar con el que medimos a las otras iglesias.
La medida más común de un ministerio grande es el número de personas reunidas en un culto. Si llegaran tres mil personas, algunos podrían decir al instante, “esta es una gran iglesia.” Pero ese tipo de medición tiene dos defectos: el primero, los números como tal no indican lo grande que puede ser un ministerio. Grandes multitudes pueden reunirse en cualquier cantidad de eventos, como linchamientos, huelgas o reuniones de redes de mercadeo.1 La más acertada observación respecto a una gran reunión de la iglesia podría ser: “el número de personas reunidas aquí indica que quienes lideran la iglesia, el pastor y el líder de alabanza, deben ser muy talentosos.” Esta sería una buena y por lo general, una verdadera opinión.
El segundo defecto de tal medición es que usted ha hecho la pregunta equivocada: “¿Cuántas personas hay?” La pregunta correcta es: “¿Quiénes son estas personas? ¿Qué clase de familia tienen? ¿Son honestos en los negocios? ¿Están preparados para dar testimonio? ¿Conocen la Biblia? ¿Están haciendo algún impacto para Cristo en sus lugares de trabajo, en sus vecindarios o entre sus amigos y compañeros? ¿Están ellos haciendo la diferencia en el mundo como Cristo lo espera?” Estas son las preguntas correctas, los temas del corazón y el criterio para determinar la magnitud de un ministerio.
La iglesia evangélica ha perdido el deseo de hacerse las preguntas correctas y el coraje para enfrentar las respuestas. La decisión crítica que enfrenta la iglesia es: ¿Nos comprometeremos nosotros mismos con los temas del corazón? ¿Nos arrepentiremos de nuestras absurdas decisiones y regresaremos al trabajo que Cristo nos ordenó? Pero ¿cuáles son los temas del corazón? ¿Cuál es el sistema cardiovascular de la iglesia?
George Orwell escribió: “Ahora nos hemos hundido a una profundidad en la que la reafirmación de lo obvio es la primera tarea de los hombres inteligentes”. En la iglesia de hoy, lo obvio es revolucionario. Nada es tan traicionero como lo obvio. Entender y ejecutar lo obvio es tan difícil como caminar en una cuerda floja en medio de fuertes vientos. Volver a lo obvio y aplicarlo de nuevo, sacude a la iglesia desde sus cimientos. Cuando usted lo expone, los líderes contaminados asentirán con sus adormecidas cabezas. Cuando usted lo aplica, ellos se burlarán y lo catalogarán como radical, inexperto y paraeclesial.
¿Qué verdad obvia hace que los creyentes se incomoden? Simplemente esta: la iglesia existe para una misión. La iglesia existe gracias a una misión, así como el fuego existe gracias al oxígeno. La iglesia no existe para sí misma. Esto choca de frente con la mentalidad autoindulgente y egocéntrica que domina a los evangélicos. Mire los libros cristianos más vendidos, escuche la televisión evangélica, hable con el creyente común; el tema común es una preocupación por las necesidades que se tienen. Si la iglesia va a obedecer a Cristo, esto tiene que parar. Los cristianos no dejarán de tener necesidades, pero la preocupación y la prioridad dada a las necesidades por encima de lo ordenado por Cristo tiene que detenerse.
El enfoque del personal de una iglesia y de su cuerpo congregacional no es interno, sino externo. La misión de la iglesia es influenciar a este mundo, tal como las parábolas lo exponen: sal, luz, levadura, ejército, embajadores, peregrinos, etc. Todo esto expresa movimiento e influencia. La iglesia crece cuando sus miembros se vuelven más efectivos en influenciar a otros.
Como cualquier crisis del sistema cardiovascular, esta ha dejado a la iglesia débil y dependiente y ha colocado a los pastores en el difícil papel de entrenar a un equipo de baloncesto desde la sala de emergencia de un hospital. Los jugadores deben tratar firmemente de hacer lo mejor, pero claro está, ellos no pertenecerán a la Asociación Nacional de Baloncesto. Tristemente, la iglesia obra con una gran desventaja y, por lo tanto, hoy es mucho menos que lo que Dios ha deseado. Pero esto no necesita ser así y debemos tener el suficiente coraje para enfrentar y cambiar la situación.
¿Cuál es el Remedio?
Sólo una clase de persona influenciará al mundo y el fracaso de la iglesia en producir este tipo de persona es el error que la ha llevado a esta crisis. La crisis en el corazón de la iglesia es una crisis de producto. ¿Qué clase de persona produce la iglesia? El producto ordenado por Cristo es una persona llamada discípulo. Cristo ordenó a su iglesia “hacer discípulos” (Mateo 28:18-29). Jesús describe a un discípulo como uno que todo lo soporta por Él, que es obediente a Él, que da fruto, glorifica a Dios, tiene gozo y ama (Juan 15:7-17).
Esto tiene mucho sentido. La clase de persona que más glorifica a Dios es llamada discípulo. El mandamiento de Cristo a sus discípulos fue “hacer discípulos”, porque los discípulos influencian su mundo. Un discípulo se reproduce a sí mismo, lo cual lleva a la multiplicación y esta es la clave para ganar al mundo y cumplir la Gran Comisión.
El fracaso de la iglesia en el cumplimiento de este obvio mandamiento sólo puede atribuírsele a una intriga diabólica. La crisis en el corazón de la iglesia es que fomentamos hacer discípulos sólo de labios para afuera, pero no lo practicamos. Hemos perdido la integridad de nuestra misión. El sistema cardiovascular del cuerpo no mejorará hasta que cambiemos nuestros enfoques y prioricemos la saludable producción y reproducción de hombres y mujeres que influyan su mundo. El sistema cardiovascular de la iglesia es lo que produce el producto correcto. Cuando la iglesia produzca y reproduzca el producto correcto, como cualquier cuerpo saludable, podrá cumplir su función. Cuando obedecemos la comisión de Cristo, dos cosas buenas suceden: creamos cristianos saludables; y un cristiano saludable se reproduce y el cuerpo crece, entonces se multiplica y el mundo es evangelizado.
No muchas cosas cambiarán hasta que tratemos el tema y creemos la controversia, hasta que la iglesia en Estados Unidos sea desafiada a asumir seriamente la Gran Comisión, hasta que los pastores estén dispuestos a empezar a reproducirse a través de otros, a preparar cristianos que se alimenten por sí mismos, hasta que las congregaciones le permitan a los pastores invertir más de su tiempo en enseñar y entrenar espiritualmente a la minoría, antes que servir a los caprichos y deseos de la desmotivada y desobediente mayoría, hasta que los pastores puedan ser liberados del “excesivo trabajo” evangélico. Debe ser así; no podemos permitir que esto continúe. ¡Esto debe cambiar!
Notas
1 N.T.: Texto original, Reuniones de Tupperware, ha sido cambiado para su comprensión en el contexto hispanoamericano por la expresión genérica para este tipo de encuentros.
Capítulo 1
La Necesidad
Crisis y Condición de la Iglesia
He arrojado el guante. Sostengo que la iglesia evangélica es débil, autoindulgente y superficial, que ha sido discipulada completamente por su cultura. Como dijo Jesús: “El discípulo no está por encima de su maestro, pero todo el que haya completado su aprendizaje, a lo sumo llega al nivel de su maestro” (Lucas 6:40). Aún más, yo creo que la crisis de la iglesia es más de producto, de la clase de personas que se están produciendo. Yo propongo la solución para ser obedientes a la comisión de Cristo de “hacer discípulos”: enseñar a los cristianos a obedecer cada mandamiento de Cristo.
¿Me encuentro solo en mi análisis crítico de la iglesia? Otros más sabios y experimentados que yo sostienen la misma tesis. Elton Trueblood ha dicho:
Tal vez la debilidad más grande de la Iglesia Cristiana actual es que millones de supuestos miembros no están realmente involucrados del todo y lo que es peor, no se considera extraño que no lo estén. Tan pronto como reconocemos la intención de Cristo de hacer de Su iglesia una militancia, comprendemos que una actitud convencional no puede ser suficiente. No existe ninguna oportunidad real de victoria si el noventa por ciento de los soldados no están entrenados ni se encuentran involucrados, pero este es exactamente el punto donde nos encontramos ahora. Muchos alegan que los cristianos no entienden que la lealtad a Cristo significa involucrarnos personalmente en su ministerio, yendo o permaneciendo, dependiendo de la situación.1
La encuesta realizada por Gallup en 1980, indicaba que de los 22 millones de evangélicos que asistían a una iglesia, sólo el 7% habían tomado alguna clase de entrenamiento evangelístico y sólo el 2% había traído a otra persona a Cristo. ¿Qué tanto le gustaría marchar a la batalla con sólo el 7% de sus tropas entrenadas y sólo el 2% con experiencia en el combate? Mientras oro, estos datos han cambiado en ocho años y pensaría que hoy son casi iguales.2
Esto revela la necesidad de hacernos la pregunta correcta: ¿Cómo pueden tres mil personas reunirse a adorar y ser una gran iglesia, si sólo el 7% está entrenado para dar testimonio y sólo el 2% han presentado a Cristo a otra persona? El examen de una congregación, aparte de la santidad personal, es cuán efectivamente los miembros impactan al mundo. Las bancas de las iglesias en Norteamérica están simplemente repletas de esquizofrénicos espirituales, cuyas creencias y conductas no son congruentes y los sermones son acomodados al gusto de las personas.
Los cristianos no están bien entrenados, debido principalmente a que los pastores no han trabajado en ayudar a las personas a hacer lo que Él ha dicho que debe ser hecho. Como resultado de esto, ellos sienten mucha frustración y culpa.
Muchas iglesias crecen por transferencia: la regla del día es la rotación de creyentes. El número real de conversiones a Cristo en algunas “grandes iglesias” ha disminuido notoriamente. En lugar de eso, las iglesias que atraen mayor número de personas son las que presentan intensas prédicas y un gran programa de música. Así, las personas piensan que la iglesia es grande y que el personal hace su trabajo. En realidad, las iglesias con los mejores programas están llenas, como los mejores restaurantes y teatros, debido a que estas divierten.
En la relación entre el clero y el laicado, los clérigos se han convertido en concertistas profesionales y los asistentes en la audiencia. Entre mejor sea la presentación, habrá más gente. Todo esto prueba que las presentaciones excepcionales atraen gente. Pero significa poco más que eso: de ninguna manera reflejan fielmente las prioridades de Cristo por Su Iglesia. Así como Elton Trueblood ha dicho: “La cristiandad barata puede atraer regularmente una gran asistencia el Domingo en la mañana. Es más económico que las personas piensen de sí mismas como espectadores en una presentación”3 Trueblood señala esto cuando enfatiza acerca de cuántos de los que asisten al culto son pre-cristianos y paganos. “Hemos regresado al pensamiento del Antiguo Testamento, en donde vemos sobre todo cuánta gente llega al templo para el ritual. Eso era lo más importante bajo el Viejo Pacto. Mientras tanto, nos olvidamos de las palabras de Jesús: “Pues yo les digo que aquí está uno más grande que el templo” (Mateo 12:6).4 Siempre es posible reunir una multitud, si usted demanda muy poco y les ofrece un buen espectáculo.
Aparentemente, tal clase de éxito nos enceguece ante los temas reales. ¿Son cristianos saludables, se están reproduciendo, están siendo entrenados para hacer discípulos? ¿Qué se le está pidiendo a la gente? ¿Están viviendo y sirviendo en la forma planeada por Dios? El propósito de reunir a los cristianos es para entrenarlos en su habilidad de impactar al mundo.
Mirando a la iglesia cristiana de hoy, George Barna comentó:
Hay un fuerte apoyo entre los cristianos al hecho de que un individuo es libre de hacer todo aquello que le plazca, en la medida en que sus actitudes no hieran a otros. Dos de cada cinco cristianos sostienen que esta clase de pensamiento es apropiado y, de esta manera, rechazan plenamente el incondicional código ético y moral enseñado en la Biblia. Tres de cada diez cristianos están de acuerdo en que nada en la vida es más importante que divertirse y ser feliz. Los cristianos demuestran tal amor al dinero, posesiones y otros objetos materiales, que no puede decirse que su cristianismo gobierne sus corazones. Por ejemplo, más de la mitad de los cristianos creen que nunca tienen suficiente dinero para comprar lo que necesitan, ni tampoco lo que quieren. Uno de cada cuatro creyentes piensa que entre más tengan más exitosos son. El hecho de que la proporción de cristianos que sostienen estos valores sea equivalente a la proporción de no cristianos que sostienen puntos de vista similares, indica cuán insignificante ha sido la cristiandad en la vida de millones de creyentes.5
No sólo son cristianos sin entrenamiento para impactar sus esferas de influencia, sino que también sus valores se han deteriorado. Ahora la diferencia entre cristianos y no cristianos se ha vuelto borrosa y está desapareciendo rápidamente. Mi propia experiencia como pastor sostiene esta tesis. El uso del dinero entre los cristianos, las prioridades de tiempo, las actitudes acerca del trabajo y el placer, el divorcio y el volverse a casar, reflejan cada vez más la cultura que la Escritura. Por lo tanto, la iglesia es débil en habilidades y en carácter.
Cuando Os Guinness dice: “Hemos dejado afuera la sustancia; ya no se trata de la santidad de los santos sino de la vanidad de las vanidades… Adoramos al dios de la barriga, sin ir más allá de nuestra última experiencia;”6 él habla de una falta de fortaleza en la iglesia. Lo encontrado por George Gallup apoya este punto de vista. Sólo el 42% de los cristianos saben que Jesús dio el Sermón del Monte, y muchos lo saben debido a la televisión. Los que pudieron identificar los autores de los Evangelios o recordar los Diez Mandamientos fueron pocos. Los evangélicos muestran una escandalosa falta de conocimiento de la Biblia. La enseñanza y el aprendizaje de la Biblia son diferentes. Entre los pastores evangélicos existe una mayor miopía acerca de este tema. Los sermones no preparan a las personas para vivir eficientemente la vida cristiana. Los cristianos evidencian una seria falta de profundidad tanto en el conocimiento como en la buena experiencia.
Francis Schaeffer nos advirtió: “Este es el gran desastre evangélico –el fracaso del mundo evangélico para sostener la verdad como verdad. Existe sólo una verdad para esto- y se llama comodidad: la iglesia evangélica se ha acomodado al mundo espiritual de la época.”7
Vemos el fruto amargo del desconocimiento bíblico y la comodidad subsiguiente en algunas formas susceptibles. Recientemente, George Barna hizo un estudio entre diez mil jóvenes evangélicos. Los resultados muestran el índice alarmante del deterioro de los valores entre los jóvenes evangélicos que asisten a las iglesias. A la edad de dieciocho años, el 43% ha tenido relaciones sexuales. El 24% considera aceptable el sexo antes del matrimonio. El 39% encuentran normales otra clase de actividades sexuales. El 55% no pudo afirmar que las relaciones sexuales antes del matrimonio estaban mal. Se encontró algo alarmante cuando se les preguntó a quienes habían tenido relaciones sexuales si fueron obligados a tener sexo contra su voluntad y el 47% de los muchachos y el 65% de las chicas dijeron que las habían tenido por su propia voluntad.
El traspaso de valores y prioridades de los padres a los hijos es débil porque la mayoría de los padres que asisten a iglesias evangélicas tienen un sistema de valores acomodado a sus necesidades. No están comprometidos totalmente y, por lo tanto, sus hijos reflejan la misma falta de entrega.
George Gallup dice que, entre los evangélicos, hay un grupo altamente comprometido del 10%. Estas personas llevan la carga y hacen la diferencia. Estos no acomodados son los “esforzados para gloria del grupo.” De ellos proviene el 7% entrenado para evangelizar. Un 10% altamente comprometido significa que el traspaso efectivo de valores opera al 10%.
Desarrollaremos esto más adelante, pero por ahora sólo necesito decir que en verdad lo que hemos sacrificado es el mandamiento de la calidad. A la Gran Comisión se le ha rendido culto, pero no obediencia. La iglesia ha tratado de evangelizar al mundo sin hacer discípulos. La impetuosidad de la naturaleza humana y la presión cultural para lograr rápidos resultados han hecho que los pastores tomen atajos. Pero los atajos no funcionan; la mayoría de las veces terminamos empezando de nuevo. La verdad es que hacer discípulos es el único camino que nos conduce a la evangelización del mundo, porque es la clave para reproducirse y multiplicarse. No vaya por otro lado. Hemos sacrificado el ir y hacer discípulos sobre el altar del éxito cultural, el placer egoísta y la necesidad inmediata. Esta es mi versión del más grande desastre evangélico.
Comparto la opinión del anterior editor de Christianity Today y decano emérito de la Escuela Evangélica de la Divina Trinidad, el Doctor Kenneth Kantzer:
Mi opinión, improbable lo admito, es que lo evangélico se encuentra más débil de lo que estaba hace quince o cincuenta años. Las personas a menudo piensan que está más fuerte ahora porque escuchan más por los medios publicitarios. Ciertamente, hoy tiene más cubrimiento que el que tuvo desde la Primera Guerra Mundial. Así también, los evangélicos tienen ahora un mayor sentido de su propia identidad que la que tuvieron al principio del siglo pasado. Pero la influencia de la fe y la ética evangélica han disminuido en nuestra sociedad. Como cultura, Occidente se está alejando del Cristianismo Bíblico.8
Yo no puedo probar que la iglesia evangélica se encuentra en muchos más problemas de los que digo. Pero estoy satisfecho de compartir mis apreciaciones con estos hombres: Elton Troublood, Donald Bloesch, George Barna, Os Guinness, Francis Schaeffer, Howard Zinder, Kenneth Kantzer, y otros. Hace años escuché a Billy Graham decir que el 95% de los cristianos viven en derrota. Fui escéptico al principio respecto a esa información, pero ya no. Algo tiene que hacerse respecto a la enfermedad de la cristiandad y creo que la solución es obvia. Tenemos que mejorar el producto y producir creyentes saludables, que se reproduzcan e impacten su mundo para Cristo. Cómo hacerlo, es el corazón de esta obra.
El Deseo que Expresan los Pastores
Los pastores quieren hacer lo correcto. No conozco ningún pastor que no desee producir cristianos sólidos. Todos están de acuerdo con la tesis de este libro de que la iglesia evangélica necesita ser revitalizada. Ellos quieren hacer discípulos y ayudar a llevar a cabo la Gran Comisión, pero muchos no saben cómo. Está bien, a mí también me sorprendió. Al principio estaba escéptico acerca de la necesidad de enseñarle a una Iglesia cómo organizarse para hacer discípulos.
Con demasiada frecuencia, los pastores nos hastiamos de seminarios, libros y otras ayudas profesionales, debido a que vemos a la iglesia a través de los limitados lentes del éxito. Comparamos nuestros mayores éxitos en lo evangélico y concluimos que la iglesia se encuentra en perfecto estado. “Mira esas iglesias exitosas; no tienen la filosofía de hacer discípulos. Tienen más personas; mandan más misioneros; cuentan con tremendos programas para casi cada necesidad en la sociedad.” Pero este punto de vista tiene una gran falla, pues al mirar a la iglesia a través de los ojos del éxito, sólo vemos el 5%.
Permítanme ser claro: no espero ir más allá de ese 5% en lo evangélico. Modelos pastorales empresariales altamente talentosos y creativos dominan más que ese 5%. Estos son muy efectivos y Dios los usa mucho para ministrar a las masas y pueden ofrecer unos pocos principios y consejos que ayudan a otros en su trabajo. Pero como modelos, estos hacen más mal que bien. Muchos pastores harían mejor si nunca hubieran oído o estado expuestos a más del 5%.
Este porcentaje enfrenta al pastor promedio con un modelo irreal, inalcanzable, que conduce a la culpa y amenaza su ministerio. La presión de ser como ellos ha destruido a muchos. En lugar de culpar a ese más del 5% por su trabajo, tenemos que darle gracias a Dios por ellos, y dejarlo así. Espero que ese porcentaje superior al 5% adopte la filosofía de este libro, pero ellos no son mi objetivo. Mi mensaje es para el 95% de pastores que quieren edificar iglesias saludables y efectivas. Yo propongo una tesis obvia y simple que pueda ser ejecutada por un pastor con habilidades promedio.
Si medimos la necesidad de ayuda entre ese porcentaje superior al 5%, obtendríamos un promedio bajo. Pero entre el inferior al 95%, existe un ejército hambriento de pastores, dispuestos a absorber el material de ayuda. Yo baso esto en el contacto que tengo con pastores. Después de la publicación de mi primer libro, Jesucristo, el Hacedor de Discípulos, empecé a recibir llamadas telefónicas, cartas y visitas de pastores interesados. Los comentarios fueron generalmente así: “Estoy de acuerdo con lo que usted está diciendo, pero ¿cómo implemento esta clase de filosofía en mi iglesia?” Después de dictar conferencias o conversar con líderes denominacionales, volvían otra vez los comentarios: “Sí, estamos de acuerdo; esto es lo que queremos, pero ¿cómo lo hacemos?” Encontré una gran diferencia entre desear y saber cómo hacerlo. Esto me motivó a hacer tres cosas.
Lo primero fue sembrar una iglesia. En junio de 1984 dejé una iglesia establecida e inicié una en San Diego, California. Mi motivación era ver si instalando el ministerio de hacer discípulos en el corazón de la iglesia, esto funcionaría. Hacerlo requiere de tres cosas:
El pastor tiene que poseer claras convicciones acerca de hacer discípulos y declararlo desde el púlpito como la prioridad principal.La filosofía y sus objetivos tienen que ser publicados en la literatura de la iglesia y colocarlo en la constitución como criterio para medir el éxito.La filosofía de hacer discípulos tiene que ser trabajada a nivel del liderazgo de la iglesia. El pastor y los líderes tienen que ser ellos mismos eficaces hacedores de discípulos.Yo quise que estos principios fueran la base del trabajo y Dios ha bendecido estas prioridades debido a que son las suyas. Hoy la iglesia está creciendo saludablemente y muchos ministros han surgido muy emocionados. De la plantación de la iglesia nació la segunda acción importante, que fue la de reclutar a otros pastores y plantar más iglesias. No quise plantarlas sólo por hacerlo. Quise plantar iglesias que compartieran la misma filosofía de hacer discípulos, que se reprodujeran, que produjeran también un producto saludable y se multiplicaran por todo el mundo. Por lo tanto, nos dimos a la tarea de reclutar hombres que compartieran nuestro pensamiento. Ellos consiguieron el apoyo financiero y nos juntamos en San Diego. Rápidamente aprendí que hasta tanto estos hombres estuvieran de acuerdo con la filosofía, así como otros pastores, ellos no sabrían cómo implementarla. Ellos hicieron las mismas preguntas que obtuve a través de las llamadas telefónicas y las cartas.
Como resultado, desarrollamos un centro que entrenaría a los pastores directamente en sus lugares de trabajo. Empezamos el grupo con diez personas, compuesto por pastores locales y nuestros reclutas. El ambiente de entrenamiento ha sido dinámico y desafiante y enseñar a los pastores en el trabajo, ha exigido toda mi habilidad y aún más. En el futuro, nos gustaría exportar el concepto del centro de entrenamiento para facilitar la plantación de iglesias hacedoras de discípulos en otras regiones.
El entrenamiento es tan valioso para los pastores que la tercera acción fue inevitable. Usted está leyendo el tercer paso, el libro de El Pastor Hacedor de Discípulos. El objetivo de este libro es darles a los pastores la base filosófica y el modelo con el cual ellos pueden implementar el hacer discípulos en sus iglesias. Esta no es la única manera, pero fue la forma como nosotros lo hicimos.
He construido el modelo alrededor de los métodos de entrenamiento utilizados por Jesús. En el Capítulo 9, “Haciendo que Funcione en la Iglesia Local,” llevaremos al lector a través del modelo de cuatro fases que intenta aplicar sus métodos de entrenamiento en la iglesia. La explicación más completa se puede encontrar en mi primer libro, Jesucristo, el Hacedor de Discípulos. El modelo muestra cómo las fases principales del entrenamiento de Cristo pueden obrar junto con los modelos comunes que ya existen en la mayoría de las iglesias. Mi experiencia en enseñarles a otros cómo discipular en la iglesia me ha mostrado que esto requiere dos cosas: El pastor debe tener un sistema de pensamiento y profundas convicciones relacionadas con él; y necesita un modelo, una plantilla de trabajo, un medio para aplicar su filosofía. Este es el propósito del modelo.
Estoy perfectamente convencido de que Dios quiere que el hacer discípulos sea el corazón del ministerio de la iglesia local. Mi experiencia con pastores confirma que muchos de ellos están de acuerdo. Yo no presento un modelo o medio para edificar una iglesia culturalmente exitosa, ni tampoco puedo garantizar que esta clase de enseñanza le dará a usted una iglesia grande. De hecho, le doy buenas razones para creer que, en los pasos iniciales, esta filosofía retrasará su crecimiento numérico. Estoy proponiendo los principios que Dios aprecia en su pueblo y en su Iglesia. Le aseguro que cuando la iglesia le de prioridad a estos principios y los pastores retomen su papel como hacedores de discípulos, la iglesia será saludable y le dará toda la honra a Dios. Así que me dirijo a ese 95% de pastores hambrientos de ayuda que deseen edificar cristianos saludables, dinámicos y obedientes que sólo las iglesias pueden producir.
Existen dos razones importantes que nos impulsan a colocar el hacer discípulos en el corazón de la iglesia. La primera, es la necesidad que se ve en la condición de la iglesia; su debilidad es un mandato para tomar acciones correctivas. La segunda, es que los pastores han expresado firmemente que ellos quieren tomar acciones correctivas y colocar el hacer discípulos en el corazón de la iglesia local. Ellos están buscando un medio y un modelo. Este libro intenta darles ambos. Pero antes de seguir adelante, vamos a considerar algunos obstáculos.
Notas
1 Elton Trueblood, The Best of Elton Trueblood: An Anthology (Nashville, Tenn.: Impact Books, 1979), 34.
2 Gallup poll.
3 Elton Trueblood, “A Time of Holy Dissatisfaction,” Leadership Journal (Invierno, 1983), 19.
4 Ibid
5 George Barna, Vital Signs: Emerging Social Trenes and the Future of American Christianity (Westchester, Ill.: Crossway Books, 1984). Itálicas agregadas.
6 Os Guinness, Gravediggers File (Downers Grove, Ill.: Inter Varsity Press, 1983), 233.
7 Francis Schaeffer, The Great Evangelical Disaster (Westchester, Ill.: Crossway Books, 1983).
8 Dr. Kenneth Kantzer, Christianity Today (Noviembre, 1983)
Capítulo 2
El Conflicto
El Costo de Hacer Discípulos y las Fuerzas que se Oponen al Discipulado
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“Supongamos que alguno de ustedes quiere construir una torre. ¿Acaso no se sienta primero a calcular el costo, para ver si tiene suficiente dinero para terminarla? Si echa los cimientos y no puede terminarla, todos los que la vean comenzarán a burlarse de él, y dirán: “Este hombre ya no pudo terminar lo que comenzó a construir.””
Lucas 14:28-30
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Hacer discípulos requiere más fe que cualquier otra tarea dentro de la iglesia. Ésta ha sido y es la máxima prioridad para Dios, pero también la de Satanás ha sido evitarla a toda costa. Ninguna labor del siervo de Dios crea más resistencia que la de hacer discípulos.
Por esto, las palabras de Jesús que encabezan este capítulo son el compromiso inicial para el pastor hacedor de discípulos. Más que en la mayoría de las situaciones, hay una gran tentación a renunciar antes de acabar. Jesús dice que a menos que cuente con un plan para acabar, renuncie antes de empezar. La naturaleza de Su obra requiere un ministerio a largo plazo, por lo que el enemigo golpea el talón de Aquiles del pastor: la impaciencia y el deseo de obtener resultados inmediatos. La exhortación a incluir el costo es una medicina contra el desánimo y una razón para seguir. Pero como un escorpión, tiene un aguijón en su cola. Antes de que usted empiece a hacer discípulos en la iglesia, calcule el costo; no empiece a menos que piense terminar, pues de lo contrario, experimentará el aguijón de haber hecho el ridículo. Muchos estudios muestran que el promedio de duración del pastorado está entre tres y cuatro años. Con tanto para empezar y tan poco para terminar, no debería sorprendernos que nuestro producto sea débil. El espectro de empezar y no terminar es lo que más obsesiona al hacedor de discípulos, debido a que el final puede ser medido.
Hacer discípulos se caracteriza por ser un ministerio intencionado, medible y claramente comunicado. Los beneficios sólo se tienen cuando el ministerio ha alcanzado la madurez, después de un período mínimo de cinco años. Los estudios revelan que los años más productivos del pastorado están entre los cuatro y los siete años, pero hacer discípulos toma más tiempo; los resultados son lentos y su validez requiere un trabajo a largo plazo.
Ir y hacer discípulos enfrenta muchas fuerzas que batallan en su contra. En teoría, hacer discípulos es algo popular debido a que promete un producto de calidad que honra a Dios. Sin embargo, en la práctica, esto requiere el tiempo, la dedicación y la paciencia que la mayoría de los pastores encuentran bastante difícil. Consideraré los conflictos que surgirán al poner en el corazón de la iglesia la tarea de hacer discípulos y hablaré de por qué el pastor hacedor de discípulos tiene que estar totalmente entregado a su trabajo. Ser un pastor hacedor de discípulos es el trabajo más difícil en la iglesia.
La Iglesia Liberal
“La teología liberal empezó en los seminarios y se abrió paso entre el liderazgo denominacional, luego entre los pastores y finalmente llegó a la membresía de la iglesia.”
La iglesia liberal es un producto de la teología liberal. Primero vino el rompimiento de la verdad absoluta basada en las Escrituras, quedando una base racional y humanista. La naturaleza pluralista de esta base fluctuante redefinió el evangelio como una agenda social. Este se dedicó a resolver las causas sistemáticas de la pobreza, el hambre, el racismo y así sucesivamente.
Oponiéndose abiertamente ante la clara evidencia, el liberalismo hoy continúa insistiendo en que la naturaleza del hombre es básicamente buena y que un mejor ambiente y desarrollo nos llevará a una mejor calidad de vida. El sentido común nos dice claramente que esto es totalmente falso.
La iglesia liberal quiso cambiar al mundo con la falacia de que la clave era enfocarse directamente en los temas sociales, sumergiéndose precipitadamente en la carrera armamentista, los derechos civiles y la lucha contra la pobreza y el hambre en el mundo. Aunque las necesidades eran reales y los temas válidos, ellos lo abordaron en forma equivocada, priorizando la labor externa de la iglesia sobre la agenda básica y escritural al interior de la iglesia.
En 1966, el Consejo Mundial de Iglesias adoptó como lema, “Deje que la iglesia sea la iglesia.” ¿Qué significaba este buen lema? Significaba que el consejo cambió su lema de 1986: “El mundo establece la agenda de la iglesia.” Este terrible lema representa el deterioro y el ocaso de la iglesia liberal.
La verdad es que entre más trate la iglesia de cambiar al mundo, los cambios mundiales cambian a la iglesia que ha escapado de la iglesia liberal. La iglesia es para que esté en el mundo, no para ser del mundo. La iglesia es como un bote: está hecho para estar en el agua y no el agua dentro de él. La iglesia liberal tomó demasiada agua y cuando se dieron cuenta, se estaban hundiendo y no tuvieron suficientes manos y baldes para salir del apuro.
Aprendamos de los errores de la iglesia liberal. La iglesia influencia mejor al mundo siendo la iglesia. Richard Neuhaus agrega el ingrediente necesario ignorado por los liberales: “La clave para el compromiso de la iglesia con el mundo es el compromiso de la iglesia con Dios.” El compromiso con Dios es todo lo que necesita la iglesia. La razón por la cual la iglesia no ha cambiado al mundo no es sólo debido a la guerra con el mundo, la carne y el demonio. La culpa recae sobre los buenos hombres también, pues la iglesia evangélica ha fallado en obtener un producto saludable. Mientras que la iglesia liberal ha dejado por fuera los mandatos bíblicos de hacer discípulos y evangelizar al mundo, los evangélicos han desobedecido los mandatos por negligencia, exceso de trabajo en las iglesias y la práctica de un “cristianismo barato,” prometiendo bastante y requiriendo poco.
Hacer discípulos en las iglesias liberales presenta algunos problemas especiales que no existen en las iglesias evangélicas. En estas últimas, el tema no es si la evangelización, el estudio bíblico y la misión para el mundo tienen que ser llevadas a cabo, sino qué métodos deberían ser usados para ello. La iglesia liberal batalla sobre si estas cosas deben hacerse. El pastor hacedor de discípulos que se encuentre sirviendo en una iglesia liberal, libra batallas tanto teológicas como metodológicas.
El costo en la iglesia liberal es extremadamente alto. Para una institución religiosa que ha abandonado su razón de existir, es muy difícil obedecer la Gran Comisión. Cualquier persona que se aventure en ello, debe calcular el costo cuidadosamente y seguir bajo su propio riesgo.
Concepciones Equivocadas Acerca del Discipulado
El término discipulado se ha convertido en un término evangélico de última moda. Muchos piensan acerca del discipulado como si les tocara volverse serios acerca de Cristo, pero muchos lo resisten porque entienden lo que realmente significa volverse serios. Ellos piensan en llevar una vida muy limitada a la memorización de las Escrituras, en medios días en oración, en estudios analíticos de la Biblia, en la evangelización puerta a puerta y en el abandono de los placeres de la vida, diciendo que tal estilo de vida está bien para el ministerio paraeclesial, pero no para el miembro ordinario de la iglesia.
Para corregir esta concepción equivocada, presento el perfil que la Escritura da acerca de lo que es ser un discípulo (ver Capítulo 3), el cual muestra una vida positiva y llena de creatividad. Ese perfil del discípulo comunica claramente que el cristiano debe tener ciertas bases. Una vez que estas bases se encuentren en su sitio, los dones espirituales, las circunstancias de la vida y otras particularidades referentes al discípulo empiezan a actuar. La clara afirmación de que Dios desea que cada cristiano sea un discípulo es esencial para vencer este obstáculo. Esta afirmación, junto con un perfil claro de lo que es ser un discípulo, es lo que haría falta.
Otro concepto equivocado, el cual será plenamente tratado más adelante, es que el discipulado es sólo una clase de entrenamiento, un programa de la iglesia o sólo para los jóvenes e inquietos. Ellos dicen: “Si usted quiere ser pastor, misionero o servir tiempo completo, entonces el discipulado es para usted”. Cada pastor hacedor de discípulos encuentra estos puntos de vista sostenidos por mucho tiempo como aberrantes.
Liderazgo Débil No Profesional
Aun cuando hay muchas excepciones y esperando que usted pueda decir con plena seguridad que el liderazgo de su iglesia es fuerte, en general, la iglesia evangélica se encuentra lisiada en su liderazgo. La iglesia local se debilita ante la ausencia de un buen liderazgo laico, de creyentes ordinarios que lleven fruto, de líderes que son discípulos y hacedores de discípulos, y de hombres y mujeres que sean ejemplo y se reproduzcan a sí mismos como cultivadores ansiosos dentro de sus propias esferas de influencia.
En este punto, un pastor enfrenta el obstáculo de tratar de trabajar con personas no calificadas que tienen posiciones de liderazgo. En muchos casos, líderes que no caminan con Dios aconsejan a los pastores cómo invertir su tiempo y hacer su trabajo. Esta clase de laicos no oran, no meditan ni estudian o memorizan las Escrituras. Muchos de ellos nunca han llevado a una persona a Cristo. Es un enigma cómo alguien podría liderar una organización que se propone salvar al mundo y nunca haber llevado a una persona a Cristo. Esta clase de duplicidad no existe ni siquiera en los negocios. Además, tales líderes no poseen un concepto ni experiencia en entrenamiento, reproducción y multiplicación. La posibilidad de que esta patología domine a la iglesia local es trágica. El hecho de que hombres no piadosos den órdenes a hombres piadosos es uno de los grandes pecados de la Iglesia.
El pastor hacedor de discípulos está dedicado a establecer hacedores de discípulos en el mismo corazón de la iglesia. Esto requiere tres cosas:
Declararlo desde el púlpito y colocarlo de primero en la lista de las cosas que Dios quiere que se hagan.Publicarlo en la literatura de la iglesia y establecer metas que puedan medirse y que sirvan de evaluación de la salud de la iglesia.Que el liderazgo dé el ejemplo en hacer discípulos. Esto significa enseñar y exigir a los líderes que sean discípulos hacedores de discípulos.Esta es una orden de lo alto, especialmente para la iglesia establecida.
¿Está el liderazgo de la iglesia abierto a responsabilizarse y someterse a ser capacitado en el estudio de la Biblia, la oración, el evangelismo y así sucesivamente en otras disciplinas? La total restauración del liderazgo de la iglesia es un “sangriento campo de batalla.” El pastor hacedor de discípulos será resistido y una guerra espiritual será librada.
En algunos casos, el pastor no conoce la verdadera actitud de sus líderes ante el discipulado, porque tampoco ellos la conocen. Un pastor fue reclutado por sus teorías acerca de hacer discípulos. El consejo reconoció que la iglesia se encontraba en un estado en el que las personas necesitaban entrenamiento en el trabajo ministerial y llamó a un hombre cuya filosofía acerca del ministerio parecía engranar perfectamente con la de ellos. Sin embargo, cuando el pastor abrió su grupo de discipulado, ninguna de estas personas decidió unírsele. Ellos ya se veían a sí mismos como líderes responsables y temerosos de Dios, y, que más bien eran todos los demás los que necesitaban el discipulado. Las cosas iban relativamente bien hasta que la vieja guardia entendió que un liderazgo nuevo y espiritual estaba surgiendo desde estos ministerios de discipulado. Empezó una lucha de poderes seguida de una serie de acusaciones de favoritismo y camarillas. Se enviaron “espías” intempestivamente a los estudios bíblicos para ver qué cosas estaban fraguando estas personas en contra del liderazgo. Los líderes que no sean capaces de cambiar con las nuevas directrices en las que los discípulos empiezan a moverse en la iglesia, deberán apartarse, unirse a un grupo y empezar a crecer, o pelear.
Un pastor puede restaurar la integridad del liderazgo en la iglesia y hacerlo sin dañar a los líderes o dividir la iglesia. Nunca le diga a la iglesia que sus líderes no están calificados ni los menosprecie o hable de ellos en una forma degradante. No anuncie que reemplazará a los actuales líderes con líderes nuevos y mejor calificados. La solución es amarlos, enseñarles la Palabra de Dios y permitir que Dios haga Su trabajo.
Aquí lo importante es admitir que hay un problema que debe ser enfrentado con determinación y sabiduría. Usted puede plantar iglesias sólo con líderes calificados. Cuando planté mi iglesia, yo escogí el primer equipo pastoral (nuestro título de ancianos es para quienes lideran y supervisan), sólo cuando tuve hombres que calificaban en las habilidades y filosofía del ministerio. En una iglesia establecida, este proceso tomará muchos años. Prepárese para permanecer por un largo tiempo.
Las Iglesias No han Tomado Seriamente La Gran Comisión
¿Cuántos consejos directivos de iglesias han declinado en la Gran Comisión? ¿Cuántos aún la discuten? ¿Cuántos la entienden? ¿Pueden declararla? ¿Saben aún qué es y dónde se encuentra? ¿Qué tanto tiempo pasan los líderes de la iglesia pensando acerca de la obediencia de la iglesia y planificando cómo obedecer sus mandamientos? Yo menciono el consejo de la iglesia, ya que ellos definen la dirección y la actividad de la iglesia.
Si los equipos de liderazgo de la iglesia dedicaran mucho más tiempo y energía a pensar en la Gran Comisión y en implementarla como lo hacen con los asuntos “domésticos,” la iglesia sería más vital y efectiva. La mayoría de los consejos pasan el 95% de su tiempo en asuntos internos, muchos de los cuales no requieren que el liderazgo se involucre. Analizar los estados financieros, pensar en edificios y terrenos, memorizar los estatutos y las leyes constitucionales, planear los nombramientos y ordenamientos del próximo encuentro congregacional, son hoy los grandes temas eclesiásticos.
La ironía de esta tonta comedia es que casi todos los involucrados en tal insensatez la detestan. A ellos no les gusta asistir a las reuniones; ellos pensaban que sus vidas realmente serían tenidas en cuenta para algo cuando asumieran el liderazgo. Ahora, para su desagrado, el liderazgo se ha convertido en aburrido y de mal gusto.
El promedio del liderazgo de la iglesia no toma seriamente la Gran Comisión debido a que no ha sido instruido correctamente. Ellos han escuchado muchas veces los mandamientos de ir y predicar el evangelio, pero no se preguntan acerca de la importancia de esta misión mundial. Ellos no saben que las aplicaciones son para ellos y han volcado la Gran Comisión casi totalmente sobre la fuerza misionera de la iglesia, creyendo que al destinar fondos a proyectos misioneros, están cumpliendo correctamente la Gran Comisión.
Ellos apoyan la Gran Comisión asistiendo u organizando conferencias misioneras en las que gastan gran cantidad de dinero. Aunque estos eventos son importantes y vitales para la misión mundial, ellos no han asumido seriamente la Gran Comisión al no aplicarla a su vida y obra, a pesar de tener un programa de visitación que incluye algún entrenamiento en evangelización y de asegurarse que cada Domingo, el pastor tire la red al hacer el llamado para ver quien necesita al Salvador.
Tomar seriamente la Gran Comisión significa que los líderes de la iglesia en sí mismos son evangelistas, comparten su fe y hacen discípulos. De hecho, ellos sólo fueron considerados para el liderazgo debido a sus años de servicio como hacedores de discípulos y su ministerio principal aún es hacer discípulos. Ellos lo han colocado en el corazón de la iglesia y su labor más importante es comunicar su valor, ya que ellos son un modelo en esto.
El aspecto más importante de tomar seriamente la Gran Comisión es la intencional orientación del liderazgo de la iglesia hacia la multiplicación. Un proceso debe traer a las personas desde su conversión, a ser entrenadas como hacedores de discípulos. Esto debería ocupar una gran cantidad del tiempo y la energía creativa del liderazgo. Tomar seriamente esta Gran Comisión significa que los líderes de la iglesia enfocan la mayoría de su tiempo y esfuerzo en hacer discípulos.
Por lo general, el liderazgo de la iglesia es un comité permanente. Por lo tanto, la comprensión de su papel, su entrenamiento y su concepto de la iglesia, serán un gran desafío para el pastor hacedor de discípulos. El mandato para él es persuadir al liderazgo de la iglesia a tomar seriamente la Gran Comisión. Este será el principio de la obediencia a Cristo y el de un ministerio lleno de frutos.
Clericalismo
El pastor profesional mantiene una seria amenaza a la salud de la iglesia. Tony Walters escribe: “Una iglesia dominada por su pastor, sus ministros y sacerdotes no tiene más oportunidad de escapar que la de un niño dominado por su madre, un servicio de salud dominado por los doctores, o una economía dominada por un mercado masivo de consumidores.”
El hecho de que una congregación le pague a un pastor entrenado profesionalmente para que realice su trabajo no es peligroso. Aunque existe una diferencia legítima entre la función del pastor profesional y el laico cristiano, no hay nada malo con un ministro laico. El pastor de la iglesia, habiendo sido entrenado profesionalmente, entrena al lacio o al ministro, para realizar una tarea al servicio de Cristo. En resumen, no hay nada malo con el pastor que guía a los miembros de la iglesia al ministerio. Él ha sido entrenado para hacerlo y esa es la tarea que se le ha asignado. Esta legítima distinción siempre permanecerá.
La muy discutida diferencia entre el clero y el laicado necesita ser revisada. El clericalismo es la esperanza que el clérigo profesional tiene del ministerio. Aun cuando la enseñanza de que el pastor está para equipar a los santos para desempeñar el ministerio es bien amplia y reconocida, en la práctica es muy raro que esto se haga. Aún hay una firme expectativa de que el pastor hace tres cosas:
Él prepara y predica los sermones. Esta es una buena expectativa, sólidamente sustentada por las Escrituras.