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"Cada Cristiano está llamado a Hacer Discípulos! Con frecuencia, en nuestras iglesias hay tantos enfoques sobre la primera parte de la Gran Comisión –evangelismo-, que la segunda parte es pasada por alto. Lo que se ha omitido no es la predicación de Cristo o la importancia de la misión mundial; es la enseñanza de otros sobre lo que significa ser un seguidor de Jesús. El triste resultado son las generaciones de creyentes que tratan de ser diferentes del mundo y no entienden por qué no lo son. En La Iglesia Hacedora de Discípulos, Bill Hull explica por qué hacer discípulos debe ser el enfoque de la iglesia y nos muestra cómo hacer nuestra parte. Con prácticos ejemplos extraídos de su vasta experiencia ministerial, Hull anima a la iglesia a profundizar y enriquecer la vida de los creyentes mientras aprenden a seguir verdaderamente a Jesús. "La visión de Bill Hull ha transformado mi vida personal e inspirado a los líderes de mi congregación. La Iglesia Hacedora de Discípulos debería ser un recurso esencial para cualquier pastor o líder que busca edificar una iglesia que florezca en ser y hacer discípulos de Jesucristo." Brian Benson, Pastor Principal de Chino Valley Community Church, Chino Hills, California "La extensa experiencia pastoral de Bill Hull, combinada con su larga historia como consultor de muchas iglesias y denominaciones alrededor del mundo, no sólo constituye una base teórica, sino también un recurso muy práctico para la iglesia." Michael J. Wilkins, Reconocido Profesor de Lenguas y Literatura del Nuevo Testamento Decano de la Facultad de Teología de Talbot School, Universidad de Biola."
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Seitenzahl: 362
Veröffentlichungsjahr: 2021
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LA IGLESIA HACEDORA DE DISCÍPULOS
Copyright © 1990, 2010 por Bill Hull
Originalmente publicado en inglés bajo el título
The Disciple-Making Church
por Baker Books,
una division de Baker Publishing Group
Grand Rapids, Michigan, 49516, U.S.A.
Todos los derechos reservados.
Esta edición es publicada por
Ediciones Berea
para el mundo hispano.
Todos los derechos reservados.
A menos que se especifique, todas las citas bíblicas son tomadas de la Santa Biblia,
Nueva Versión Internacional 1.999 por la Sociedad Bíblica Internacional.
Todos los derechos reservados.
Ninguna parte de este libro puede ser duplicada, copiada, transcrita, traducida, reproducida o almacenada, mecánica o electrónicamente, sin previa autorización de
Ediciones Berea
Editor General: Héctor Hernán Gómez Iriarte
Traducción: Adriana Marcela Aranguren Medina
Diseño General: Catherine Niño
Primera edición en castellano: 2.015 por Ediciones Berea.
Calle 100 No.49-97 Int. 12-418. Tel.: (571) 257 8886
www.edicionesberea.com
ISBN: 978-958-46-5937-8
Bogotá D. C., Colombia.
DEDICATORIA
El mandamiento de Jesús es difícil, indescriptiblemente difícil para quienes tratan de resistirlo. Pero para quienes voluntariamente se someten, el yugo es fácil y la carga ligera.
Dietrich Bonhoeffer,
El Costo del Discipulado
Contenido
1Qué significa Hacer Discípulos?
Una Mirada Bíblica al Discipulado
El Enfoque de la Iglesia Hacedora de Discípulos
2La Primera Iglesia: Jerusalén
Fundando la Primera Iglesia
Prácticas y Prioridades de la Primera Iglesia
Desafíos para una Iglesia en Crecimiento
Rompiendo las Barreras para Hacer Discípulos
3La Iglesia Misionera
La Primera Iglesia Misionera se Encuentra con Jesús
La Iglesia Misionera Madura siguiendo a Jesús
La Iglesia Misionera se Reproduce
4La Iglesia Discipuladora
Éfeso: La Congregación y sus Prioridades
Las Prioridades Pastorales
Desarrollo de una Comunidad de Liderazgo
5Los Principios de una Iglesia en Crecimiento
La Iglesia de Buenos Principios
• Prólogo •
En esta generación de comida rápida y acceso instantáneo, hemos sustituido a menudo el verdadero discipulado por una experiencia de comunidad superficial y un programa orientado a acercar a la fe. Esto exige mucho menos trabajo y un nivel mucho más bajo de compromiso. Nuestras iglesias pueden crecer numéricamente, pero nos hemos quedado incursionando en aguas poco profundas en lugar de sumergirnos en las profundidades de Dios.
Hemos recorrido un largo camino desde los días cuando alguien dejaba todo por seguir a su maestro. La Iglesia Hacedora de Discípulos es una voz que llama a nuestra generación a regresar al perdido arte del discipulado. Bill nos recuerda el claro llamado bíblico que todos tenemos de aprender unos otros, así como aprendemos de Jesucristo. Bill nos inspira a levantar la expectativa en nuestras vidas y en nuestras iglesias a medida que seguimos a Jesús. Además de ser inspirante, este libro no nos deja simplemente esperando por más. Está lleno de verdades prácticas y de herramientas que nos ayudan a dirigir a nuestras iglesias en el proceso del verdadero discipulado y en pos de nuestro Maestro, Jesús.
Como joven pastor que trazó el curso a través de la jungla de plantar una iglesia, y que ahora pastorea esa iglesia, he descubierto que cada vez es más difícil encontrar mentores que me guíen en los entresijos del discipulado práctico y bíblico. Libros sobre cualquier tema que ayude a una iglesia a crecer numéricamente aparecen a ₵10 por docena, pero libros que nos llamen a algo profundo son pocos y muy distantes entre sí. Parece que mi generación está muy obsesionada con soluciones y crecimiento rápidos, así que tiende a escuchar a cualquiera que esté haciendo la cosa más novedosa, grande e impresionante en el ministerio. Pienso que es tiempo de escuchar la rica experiencia de hombres como Bill Hull que han luchado a través de las situaciones que enfrentamos y han descubierto la libertad de tomar el yugo de Jesús y guiar a otros en ese camino.
La Iglesia Hacedora de Discípulos demuestra la rica experiencia pastoral de Bill, además de su profunda comprensión de la Palabra de Dios y la siempre cambiante historia de la iglesia en los pasados dos mil años. Mientras lee, usted siente la pasión de Bill por la iglesia y su visión por su ilimitado potencial. Si usted ha esperado u orado que Dios le dé la sabiduría y la visión para guiar a su pueblo a seguirlo a Él con todo su corazón, este libro ciertamente le ayudará. Oro porque usted disfrute recorrer estas páginas tanto como yo lo he hecho!
Renaut van der Riet
Pastor Principal, Mosaic Community Church
Oakland, Florida
• Introducción •
La Iglesia Hacedora de Discípulos, Una Fuerza a Tener en Cuenta
Hacer Discípulos es para Todos?
Este es el título de la introducción de la edición de 1990 de este libro. La pregunta asumía que las iglesias estaban involucradas en tantas actividades que no podían ser clasificadas como hacedoras de discípulos. Yo aún creo que esto sea verdad. Muchas iglesias han decidido hacer algo más. De hecho, creo que una de las más curiosas preguntas es, “por qué la iglesia insiste en tratar de evangelizar el mundo sin hacer discípulos?” Recuerde que mencioné la importancia del evangelismo en la hechura de discípulos, porque Jesús mismo lo hizo cuando dijo, “vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mateo 28:19). No hay necesidad de bautizar a alguien a menos que se haya vuelto un seguidor de Jesús.
Jesús también incluyó la enseñanza en la Gran Comisión: “enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes” (v.20). La palabra discipulado se diferencia de hacer discípulos en que describe todas las acciones que implican seguir a Jesús. Es una palabra útil pero no tiene el mismo sentido bíblico que hacer discípulos (el mandamiento) o hacedor de discípulos (la descripción).
Un pastor me dijo una vez: “Me gusta su énfasis en el discipulado, pero eso no es para todos”. Él lo hizo sonar como si Jesús fuera un relativista; Él nos dijo que hiciéramos discípulos, pero no todos querrán hacerlo. Simplemente no va a ser adecuado para algunos. Entonces, qué hacemos con aquellos que están en las iglesias que no quieren seguir a Jesús? Primero que todo, usted no puede hacer nada y no debería intentar. Forzar el comportamiento a través de cualquier medio es contraproducente y generará rebeldía. La respuesta es evidente en lo que vemos en la iglesia contemporánea. Las personas pueden ser acólitos, usar una sotana y cargar una cruz en una procesión. Ellas pueden enseñar un estudio bíblico o ser ujieres. Podrían incluso pastorear una iglesia si lo quisieran o creer en Jesús en la manera que pensamos de la fe ahora, asintiendo mentalmente a sus enseñanzas y a la doctrina de la iglesia. Ellas pueden hacer todo esto y decidir no seguir a Jesús. El evangelio contemporáneo le ha dado permiso a la mayoría de la iglesia para simplemente firmar sobre los hechos básicos del evangelio, lograr el perdón de sus pecados, tener la seguridad de su entrada al cielo y luego, cumplir con algunos deberes religiosos hasta que Jesucristo regrese.
La iglesia contemporánea ha reducido el evangelio y vaciado la respuesta natural de un nuevo discípulo a su llamado, la cual es seguir a Jesús y edificar su vida alrededor de sus prácticas. Recibir a Cristo es la línea de partida, no el final. Eso significa que “está en juego”. Qué le costó a Jesús la salvación? Su vida! Qué me cuesta a mí? Mi vida! Mi vida, entonces, es una respuesta, es una ofrenda, un sacrificio vivo. Como dijo Bonhoeffer de manera tan elocuente: “No debemos abaratar lo que a Dios le costó todo”.1
Toda la actividad de hacer discípulos está basada en lo que el evangelio es y exige de nosotros. Dar una pequeña fórmula de oración que no exija arrepentimiento y desear una nueva vida es una burla al evangelio. La visión más común de la salvación no exige ni incluye la transformación. Eso genera una inquietante pregunta para las congregaciones, “quién es salvo y quién no?”, o más preocupante aún, “quién no es salvo y a quiénes se les ha enseñado falsamente que lo son?”
Entonces, qué es esto de hacer discípulos que tantos han evitado y por qué lo han hecho así? Hacer discípulos es en esencia, dos cosas. La primera parte, “vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos”, implica un esfuerzo intencional por parte de los discípulos para hablarles a otros de Jesús, o lo que llamamos dar testimonio o predicar el evangelio. Dar testimonio significa contar su propia historia de la obra de Dios en su vida. Predicar el evangelio quiere decir contar la historia de Cristo, de su encarnación, su vida, su muerte, su resurrección y su regreso, y de la otra vida con o sin Dios.
La segunda parte de hacer discípulos es “enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes”. Enseñarle a la gente a obedecer es lo que se llama discipulado o aprendizaje. Eso requiere determinación, paciencia e inversión en la vida de otros. La iglesia no posee el carácter para ser lo suficientemente paciente para esperar los métodos de Dios para obrar.
El carácter de la nación y por lo tanto de la iglesia ha sido debilitado por la impaciencia. Los líderes de la iglesia son adictos a la comida rápida de la gratificación inmediata; queremos importancia y crecimiento ya! Esto habla de las almas insatisfechas de nuestros líderes. Sería un cambio importante para los pastores y líderes de la iglesia trasladar sus compromisos de programas individuales. Esto no significa que no haya programas; eso se refiere al cuidadoso aprendizaje a largo plazo de hombres y mujeres en comprender y vivir la vida de discipulado de Cristo. Esto requiere seguimiento, sumisión, vulnerabilidad y una gran cantidad de confianza y afecto. En las siguientes páginas usted encontrará mucho más sobre este tema.
Pero, qué es todo este alboroto? Hay muchas clases y tipos de iglesias que están siendo usadas grandemente por Dios, así que por qué necesitamos prestarle atención a un modelo particular de iglesia, la iglesia hacedora de discípulos? Cuando pensamos en iglesias que son tremendamente usadas por Dios, casi siempre pensamos en números, tamaño y publicidad.
Hay días en los que todo se desbarata en mi mente y no pienso completamente en la iglesia. Veo acontecimientos maravillosos por todo el mundo y doy gracias por la creciente iglesia en Asia y África. En Uganda, China y Nigeria, la iglesia hacedora de discípulos es, de hecho, una fuerza a tener en cuenta. Pero debo decir que en los Estados Unidos, nuestra pereza en el discipulado nos ha dado un nuevo campo de misión. La iglesia hacedora de discípulos no es un modelo o un programa, sino la historia de los hombres y mujeres que siguieron a Jesús y formaron la iglesia al principio. Las iglesias evangélicas, en especial en los Estados Unidos, están declinando, principalmente por su superficialidad en la predicación del evangelio, como lo mencioné antes. Esto ha llevado a una generación de cristianos a creer que seguir a Jesús en el discipulado es una opción y que no es necesario para la salvación sino una ayuda si usted realmente quiere estar más comprometido. Y siendo las lujuriosas criaturas que somos, a menudo hemos optado por un evangelio barato, uno que es fácil de vivir porque no confronta el carácter y los asuntos de la comunidad en el cuerpo de Cristo. Esto ha llevado, por tanto, a una falta de diferenciación en la vida y la práctica entre cristianos y no cristianos. Y cuando la diferenciación desaparece, las dos se vuelven una sola cosa.
Podemos cambiar el acuerdo?
Quién puede decir que no estamos obligados a enseñarle a la gente a obedecer lo que Cristo nos ha mandado? Hay un concepto muy difundido de que debemos hacerlo, pero muchos creen que realmente no podemos, y que no estamos preparados para hacerlo. Lo que eso involucra es aprendizaje y sumisión.
Nuestros sistemas de Iglesias están levantados sobre la profesión de creencias, pero con frecuencia no creemos lo que profesamos. Los sistemas de iglesias que hemos establecido proteger a quienes profesan la intromisión del discipulado. Decimos que está bien ser parte de nuestras iglesias sin la exigencia de seguir a Jesús, una vez más porque nuestro evangelio no exige nada de quienes lo reciben. El evangelio más frecuentemente predicado en América anima a la pasividad más que a un activo seguimiento de Cristo.
Qué puede hacerse respecto a las últimas tres generaciones de cristianos que han sido entrenados para evaluar su vida espiritual por cómo ellos disfrutan el servicio de adoración? Cuando perdemos el discipulado, perdemos la autoridad para enseñar profundamente a la gente a obedecer lo que Cristo ordenó. Y cuando perdemos eso, como sucede en nuestras iglesias, el resultado es la iglesia que tenemos en América.
Entonces, qué hacemos? Les recomiendo el simple plan del filósofo Dallas Willard:
“Les recomiendo que no anuncien que estamos cambiando cosas. Sólo empecemos a hacerlas diferente, incluyendo por supuesto, enseñarle a la gente a hacer lo que Jesús dijo. Enseñen lo que es el discipulado y establezcan una teología del discipulado sobre una base bíblica. Empecemos a asumir actividades de discipulado en la iglesia. Empecemos a enseñar con profundidad las cosas centrales de la enseñanza del Nuevo Testamento: Dios (su existencia y naturaleza), su reino, a Jesús en ese contexto, el discipulado como un estilo de vida y cómo uno se convierte en la clase de persona que quiere ser, siendo transformados desde nuestro interior en la manera de pensar, la voluntad, el cuerpo, el alma y las relaciones sociales, para hacer lo que Él dijo. Este es el verdadero método de crecimiento de la iglesia, probado a través de los años: mejores cristianos. Y esto es precisamente lo que Jesús nos dijo que hiciéramos.2
notas
1. Dietrich Bonhoeffer, The Cost of Discipleship (New York: Macmillan, 1963), 48.
2. Dallas Willard, discurso, Marzo 24 de 2009.
1
Parte
Qué significa Hacer Discípulos?
Yo animaría tanto a aquellos que tienen dudas acerca de la necesidad de hacer discípulos como a los que anhelan hacerlo una parte de su iglesia, a considerar conmigo la evidencia bíblica que creo que muestra que el discipulado debería ser el enfoque de cada iglesia. Antes de rechazar la idea o decidir ponerla en práctica en nuestras iglesias, necesitamos tener claridad acerca de lo que estamos rechazando o desarrollando en nuestra congregación.
Miraremos la descripción bíblica de un discípulo, el modelo bíblico del discipulador (Jesús) y cómo hacer discípulos se convirtió en parte de la iglesia del primer siglo. De esta manera, estableceremos un perfil de lo que es ser un discípulo y una iglesia hacedora de discípulos.
Para ganar el mundo con el evangelio, necesitamos una meta y un plan de cómo alcanzaremos esa meta. Creo que podemos encontrar la dirección para eso en las páginas del Libro de los Hechos de los Apóstoles.
1
Capítulo
Una Mirada Bíblica al Discipulado
El pasaje clave para que podamos entender el discipulado descansa en la misma Gran Comisión. Antes de ascender al Padre, Jesús le dijo a sus discípulos:
“Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo”
(Mateo 28:18-20).
A pesar del claro mandamiento de Jesús de “hacer discípulos”, muchos, como el hombre que afirmó que hacer discípulos no era para todos, han tratado de invalidar ese llamado argumentando que la palabra griega mathetes, traducida como “discípulo”, no aparece en la Biblia después de Hechos 21 y que por lo tanto, la iglesia no necesita enfocarse en el discipulado.
Qué significa Hacer Discípulos?
Aunque yo no soy un lingüista, no creo que eso invalide el llamado de Jesús. Permítame hacerle algunas observaciones:
1. Hechos 21:16, la última mención de la palabra discípulo en el Nuevo Testamento, tiene lugar casi veintisiete años después de la conversión de Pablo. Lucas emplea de manera intercambiable los términos hermanos, discípulos, y, pueblo, para describir a los cristianos y no sólo para describir a los Doce. Creo que esta palabra sólo fue una manera de identificar a un seguidor de Jesucristo. Aunque han pasado más de treinta años desde la ascensión de Cristo, la palabra discípulo no ha dejado de ser usada para describir al creyente común. De hecho, Lucas usa las palabras hermanos, cristianos, discípulos, y, creyentes, para describir a la misma gente.1
2. Lo anterior apunta un tanto a disipar la creencia de que la palabra discípulo era algo sagrado en la iglesia y empleada exclusivamente para describir a los Doce. Sin embargo, algo de crédito debe dársele a la idea de que la palabra tenía un especial significado relacionado al modelo de discipulado cristocéntrico, caracterizado por la relación uno a uno entre el maestro y el discípulo. Rengstorf escribe que “Mathetes siempre implica la existencia de un afecto personal que moldea toda la vida del que es descrito como mathetes y que en su particularidad, no deja dudas acerca de quién está desplegando el poder formativo.”2
El cambio a un discipulado eclesiocéntrico requiró una relación de comunidad, un discipulado compartido entre varias personas. Ya que la palabra discípulo llevaba algo del trasfondo cristocéntrico, Pablo intentó explicar en sus escritos el proceso de discipulado en una manera diferente. Aunque Pablo no usó la palabra mathetes, él usó dieciocho veces la palabra manthano.3 Este último significa “aprender”, la forma verbal de mathetes. Aunque Pablo no llamó discípulos a los individuos, a la función de su desarrollo él la llamó, discipulado.
3. El tema no es esencialmente de léxico, pues la desaparición de la palabra discípulo en las Epístolas tiene varias explicaciones posibles. Los Evangelios y Hechos son narrativas históricas que están contando una historia, mientras que las Epístolas son pedagógicas, doctrinales, que transmiten principios y conceptos.4 Otro factor a considerar es la diferencia en el trasfondo y entrenamiento de los autores. Pablo, producto de un hogar hebreo y una cultura griega, había estudiado con Gamaliel y también en escuelas griegas. Un hombre de letras cosmopolita, cuya educación y trasfondo lo habían equipado para el ministerio transcultural e influenciado en la elección de sus palabras.
Pablo pudo haber tenido alguna reverencia por los discípulos históricos o dejado que sus lectores transculturales se confundieran por un término como ese. Rengstorf creía que la palabra discípulo era algo vergonzoso entre los filósofos Socráticos, Platónicos y Aristotélicos y que esta actitud afectaba permanentemente su uso en griego.5 Además, entre más se expandía la iglesia y se alejaba de la cultura judía, el uso cada vez menor de los conceptos y la historia judíos ayudaba a comunicar el mensaje. Pablo pudo haber simplemente sustituido las palabras que él pensó que comunicarían mejor.
4. Los autores de las Epístolas reemplazaron palabras o frases para el término discípulo. Los ejemplos incluyen creyente, hermano, cristiano, fiel, imitador, santo, y, los llamados. Las palabras usadas para describir la función incluyen modelo, practicar, entrenar, madurar, y, ejemplo. Para describir la relación con el mundo, ellos usaron embajador, extranjero, y, peregrino.6
5. Las razones anteriores por la que la palabra discípulo desapareció en las Epístolas representan algunas educadas conjeturas. Pero la razón que está por encima de estas no obedece del todo al léxico. Creo que el cambio vino debido a que la iglesia se movió de un modelo cristocéntrico a uno eclesiocéntrico. Por el curso de treinta años, tomando los principios que Jesús usó para liderar a un grupo unidimensional de doce y hacerlos obrar en una masa multidimensional de miles requirió transición. Aunque la palabra puede haber cambiado, el principio del discipulado nunca fue abolido.
A qué se parece un Discípulo?
Para entender a los discípulos y el discipulado, démosle una mirada a la Gran Comisión, la cual nos da especificaciones o metodología para alcanzar a las naciones con el evangelio. Responderemos cuatro preguntas de Mateo 28:18–20:
1. Quiénes serán discípulos?
2. Quiénes harán discípulos?
3. Cuánto durará el proceso?
4. Qué incluye el discipulado?
Quiénes Podrán ser Discípulos?
Técnicamente, desde el momento del nacimiento espiritual, cada cristiano es un discípulo. Los discípulos nacen del Espíritu para madurar como reproductores, como lo describe Juan 15:7-17. Ellos serán formados en cada nación; por lo tanto, cada persona en la iglesia es un discípulo y tiene la divina capacidad de ser lo que Cristo desea.
La idea de que solo personas maduras son discípulos y todos los demás cristianos son conversos inmaduros no aparece en ninguna parte en el Nuevo Testamento. Dios espera que cada creyente sea un discípulo maduro y que se reproduzca. Por tanto, cualquier líder puede levantarse confiadamente delante de la iglesia y llamar a cada creyente a ser discipulado. De hecho, nada menos que eso complacería al Señor. No hay prueba más grande de ser un discípulo que ser discipulado para Cristo en la vida diaria. Seguir a Cristo es la expresión natural de la nueva vida que obra en un discípulo converso. Cada creyente debería permanecer en Cristo por medio de la Palabra y la oración, trayendo fruto, lo cual incluye el evangelismo y caminar en obediencia. Entonces, él o ella traerán gloria a Dios, experimentarán el gozo y amarán a otros. Cada cristiano está llamado a ser un discípulo.
Quiénes Podrán Hacer Discípulos?
Cada discípulo está llamado a hacer discípulos. Jesús dio el mandamiento a los apóstoles, que representaban a lo mejor y a lo peor de la humanidad (usted podría llamarlos “humanidad en microcosmos”). Debido a que tenemos la misma capacidad y responsabilidad que los discípulos originales, cada discípulo contemporáneo no está menos capacitado para este llamado que los Doce.
Hacer discípulos incluía presentarle a otros a Cristo, edificarlos en la fe y enviarlos al campo de cosecha. Este proceso puede ser resumido en tres puntos: proclamar, transformar y enviar. A través del poder de Cristo, somos liberados del pecado; por el proceso de discipulado, somos transformados en creyentes maduros; y, finalmente, Dios nos envía al campo de cosecha para ganar a otros. Algunos discípulos tendrán dones de liderazgo, y Dios los llamará a encabezar la actividad de hacer discípulos. Sólo unos pocos son llamados al liderazgo en la institución, pero cada discípulo debería participar en el proceso de hacer discípulos en algún nivel.
Cuánto durará el Proceso?
Jesús dijo a sus discípulos que hicieran tantos discípulos en tantos lugares como pudieran y prometió que Él estaría con ellos “hasta el fin del mundo”. Cristo sabía que la misión sobreviviría en el tiempo a aquellos hombres, y nosotros aún no hemos llegado al final. Por lo tanto, las instrucciones de Jesús permanecen hoy tan vigentes como en el día en que Él las dio. La tarea de hacer discípulos continuará hasta que Cristo venga de nuevo. La Iglesia de Jesucristo está bajo la orden de mantenerse haciendo discípulos mientras respiremos. Esta es la fuerza conductora y el fundamento de todo lo que la iglesia es y hace.
Qué incluye el Discipulado?
Con dos palabras, bautizar y enseñar, Jesús dejó claro el proceso del discipulado. Bautizar nuevos discípulos significa llevarlos a manifestar públicamente su fe. A través de este único momento de testimonio público, ellos hacen su declaración de lealtad a Cristo.
En el primer siglo, el bautismo era una declaración valiente y costosa. Hoy, ha perdido su impacto público. Culturalmente es algo esperado y una ocasión para estrenar vestido, fiestas y videos caseros. El desafío hoy es enseñar el evangelio como una invitación a seguir a Cristo y entregar el control de la vida de uno para hacerlo. Cuando una iglesia ha sido edificada sobre una profesión de fe en lugar de que la fe esté cimentada en la obediencia, ser bautizado no implica mucho cambio.
Enseñar, sin embargo, es un proceso de toda la vida. La instrucción exacta es: “enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes” (Mateo 28:20).
Dónde establecemos la línea que separa una actividad de discipulado de una que no lo es? Qué podemos incluir legítimamente en el discipulado? Cristo establece el límite: “todo lo que les he mandado a ustedes”. Todo lo que cae dentro de los mandamientos y directrices de Cristo podemos considerarlo discipulado. El Sermón del Monte, el mensaje del Aposento Alto, los mandamientos de orar y amarse unos a otros, todo cae dentro del plan del discipulado.
Muchos tienen la falsa idea de que el discipulado involucra una estrecha enseñanza de las habilidades del ministerio y una acumulación de conocimientos bíblicos, pero el discipulado es de hecho de un alcance tan amplio como las enseñanzas de Jesús. Al incluir todo lo que Él enseñó, ampliamos nuestra comprensión del discipulado. Sin embargo, aunque nuestro alcance sea más amplio, no debemos permitir que se convierta en una excusa para una falta de intención. Ni debemos perder la noción de la necesidad de una obediencia constante: “enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes”. Si a usted no se le ha enseñado a obedecer ni animado a ello a través del seguimiento, no tenemos discipulado.
Jesús: el Modelo del Hacedor de Discípulos.
Cuando Jesús dijo a los discípulos que fueran e hicieran discípulos de todas las naciones, ellos sabían lo que Él quería decir: Él les había enseñado a través de su ejemplo y ellos entendieron los principios y las prioridades que habían visto en su comportamiento. Ellos fueron a ganar a otros para la fe y hacer que fueran como ellos.7
Jesús les dio el ejemplo tanto de una estrategia como de un estilo de vida. Jesús dijo que cuando un discípulo “haya completado su aprendizaje,... será como su maestro” (Lucas 6:40). Así que cuando alguien pregunta, si los discípulos discipularon, podemos responder: “Por supuesto que sí. Cómo podían ellos hacer algo diferente a lo que Jesús les había enseñado? Ellos hicieron exactamente lo que sabían hacer.”
Algunos han tratado de argumentar que Jesús no tenía una estrategia intencional. “Deben estar leyendo una Biblia diferente a la mía,” les replico yo. Si una cosa se muestra claramente en los evangelios, es que Jesús fue un hombre con un plan, unas prioridades y una meta.
Jesús tuvo un plan de desarrollo en cuatro fases fundamentado en cuatro puntos claves, cada uno de los cuales inauguraba una nueva fase de entrenamiento (vea el Cuadro No.1):
“Vengan y Vean.” En esta etapa formativa, Jesús extendió una invitación para que la gente lo conociera a Él y su obra.
“Vengan y Síganme.” Esta es la etapa de desarrollo en la cual Jesús entrenó y afirmó a creyentes maduros. Él les mostró cómo y lo hizo con ellos.
“Vengan y Quédense Conmigo.” Al unir la corrección a la etapa de desarrollo, Jesús desafió a quienes tenían habilidades de liderazgo a ser como Él. Fuera de esto estuvieron los Doce, que recibieron una posición y autoridad especiales.
“Permanezcan en Mí.” En la fase final, Cristo esperaba que los discípulos se reprodujeran. Él los envió al mundo a obedecer su mandamiento y hacer discípulos.
Podemos ver la estrategia intencional de Jesús en su resistencia al maligno en el desierto (Mateo 4:1-11), en su negativa a satisfacer una sentida necesidad inmediata a expensas de un objetivo mayor (Marcos 1:38), y en su declaración de que Él hace “solamente lo que ve que su Padre hace” (Juan 5:19). Jesús recibió sus instrucciones desde el cielo y no se apartaría nunca de la agenda de su Padre.
Ninguno de nosotros puede dudar que Jesús siempre tuvo presente su objetivo. En al menos cinco ocasiones Él dio a los discípulos las instrucciones de la Gran Comisión (Mateo 28:18-20; Marcos 16:15-18; Lucas 24:44-49; Juan 20:21; Hechos 1:8). La idea de esparcir el evangelio llenó sus pensamientos incluso desde su encuentro con la mujer en el pozo (Juan 4), cuando Él llamó la atención de sus discípulos sobre los campos maduros para la cosecha.
Consciente de la necesidad, Jesús lamentaba: “La cosecha es abundante, pero son pocos los obreros. Pídanle, por tanto, al Señor de la cosecha que envíe obreros a su campo” (Mateo 9:37-38). Su respuesta inmediata fue ampliar la base de trabajadores: “Subió Jesús a una montaña y llamó a los que quiso, los cuales se reunieron con Él. Designó a doce, a quienes nombró apóstoles, para que lo acompañaran y para enviarlos a predicar” (Marcos 3:13-14). Al preparar a otros para la responsabilidad más grande, Jesús podía multiplicar su influencia. Cinco meses después de su llamado, los Doce salieron de dos en dos, sin su presencia física (Mateo 10). Más tarde ellos liderarían a los setenta en los viajes de ministerio. Pero en cada caso, ellos se reportaron de nuevo con Él para su evaluación y recomendación.
Él inculcó en ellos un sentido de responsabilidad fundamentada en la relación mientras el proceso de aprendizaje continuaba.
Jesús no podía enfocar todos sus esfuerzos en los setenta, pues era un grupo demasiado grande para lidiar con ellos exitosamente. En su lugar, Él estableció relaciones cercanas con los Doce. Los discípulos proporcionaron una variedad de personalidades, dones y peculiaridades, y al enfocarse en un grupo de ese tamaño, Jesús podía enseñarles a trabajar juntos y a través de las diferencias; pero los números nunca llegarían a ser inmanejables. Los discípulos de hoy han descubierto que un grupo pequeño sigue siendo la mejor herramienta de discipulado.
Lentamente Jesús llevó a los discípulos a asumir su ministerio, dándoles gradualmente cada vez más responsabilidad mientras ello pasaban de una etapa a la siguiente. Él había seleccionado a estos hombres sobre la base del carácter y los dones. Ya ellos habían puesto a Cristo antes que a sí mismos, que sus posesiones e incluso que a su familia (Lucas 14:25-33); ellos se sacrificarían voluntariamente y comenzarían su misión (Lucas 9:23-25). A través de estos pocos dedicados, Él podría obrar, expandiendo el ministerio en una manera que ningún hombre podría. Esta descentralización llegaría a ser más relevante después de su ascensión y la venida del Espíritu Santo.
El Modelo de los Primeros Discípulos.
Por las clases de iglesias que formaron los apóstoles, sabemos que ellos hicieron discípulos. Miremos los tres ejemplos dominantes en Hechos y en las Cartas: La primera iglesia, en Jerusalén; la iglesia misionera, un conglomerado de congregaciones que Pablo plantó en sus primeros dos viajes misioneros; y la iglesia discipuladora, fundada en Éfeso (vea el Cuadro No.2). Los principios de los apóstoles fueron establecidos en la primera iglesia, expandidos en la iglesia misionera y madurados en la iglesia discipuladora.
La Primera Iglesia.
En Hechos 2-7, vemos los primeros cinco a siete años del discipulado en la primera iglesia. Como se ve en Hechos 2:42-47, las principales diferencias entre el liderazgo de los apóstoles y la manera en que Cristo dirigió a los Doce llegaron a ser manifiestas en la congregación.
“Ellos perseveraron en la doctrina de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan y en la oración. Todos estaban asombrados por los muchos prodigios y señales que realizaban los apóstoles. Todos los creyentes estaban juntos y tenían todo en común: vendían sus propiedades y posesiones, y compartían sus bienes entre sí según la necesidad de cada uno. No dejaban de reunirse en el templo ni un solo día. De casa en casa partían el pan y compartían la comida con alegría y generosidad, alabando a Dios y disfrutando de la estimación general del pueblo. Y cada día el Señor añadía al grupo los que iban siendo salvos.”
En lugar de seguir un modelo cristocéntrico, ellos empezaron a establecer un enfoque eclesiocéntrico en la congregación. Al expandir el discipulado, los Doce podían alcanzar su objetivo: ganar a todo el mundo para Cristo.
La Iglesia Misionera.
De un puesto de avanzada llamado Antioquía, emergió el primer gran impulso evangelizador del cristianismo. Dos hombres que no habían seguido a Cristo durante su ministerio en la tierra lideraron el camino, estableciendo las mismas prioridades y prácticas que Él había enseñado y los apóstoles habían aplicado en la primera iglesia.
Aunque gobernada por los mismos principios y prioridades de la primera iglesia, la iglesia misionera era diferente. Estaba compuesta por toda una familia de pequeñas iglesias, dirigidas por ancianos desconocidos para la iglesia madre. La iglesia misionera nos proporciona un ejemplo de cómo las iglesias crecen y se multiplican, revela las etapas de madurez que las iglesias atraviesan y lo que ellas necesitan mientras se desarrollan.
De hecho, las iglesias deben pasar por cada etapa que los apóstoles experimentaron bajo el liderazgo de Cristo. Cualquier iglesia que se estanca morirá. Miles de iglesias americanas han probado la verdad de esto mientras la vida empieza a alejarse de ellas.
La Iglesia Discipuladora.
Pablo pasó más de tres años en Éfeso y aquí aprendemos más acerca de la naturaleza de una iglesia discipuladora madura. Tenemos más información acerca de Éfeso que de cualquier otra iglesia en el Nuevo Testamento, y en ella vemos un agresivo ministerio que ganó toda Asia con el evangelio.
La Carta de Pablo a los Efesios detalla las prioridades de la gente y sus Cartas a Timoteo, el pastor de Éfeso, detalla las prioridades pastorales. El relato de Lucas en Hechos proporciona otro punto de vista del trabajo de Pablo. De estos escritos tenemos una rica información para entender una moderna versión de la iglesia discipuladora.
notas
1. Esto se aclara en G. W. Bromily, The Theological Dictionary of the New Testament (Grand Rapids: Eerdmans, 1967), 457–59.
2. Ibid., 441.
3. Michael Wilkins, The Concept of Disciple in Matthew’s Gospel as Reflected in the Use of the Term Mathetes (Boston: E. J. Brill, 1988), 160.
4. Robert Coleman, El Plan Supremo del Discipulado (Bogotá D.C., Colombia: Ediciones Berea, 2004), 99.
5. Parafraseado de Wilkins, Concept of Disciple. Debo anotar que Wilkins no está de acuerdo con esta tesis y argumenta muy eficazmente en contra de ella.
6. Recomiento grandemente la lectura de los artículos del Dr. Michael J. Wilkins, publicados en el apéndice de The Anchor Bible Dictionary (Garden City, NY: Doubleday, 1992).
7. Mi libro, Jesucristo, el Hacedor de Discípulos (Bogotá D.C., Colombia: Ediciones Berea, 2015) está dedicado a la creencia de que Jesús puso el ejemplo de hacer discípulos.
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Capítulo
El Enfoque de la Iglesia Hacedora de Discípulos
En sus palabras en el Aposento Alto, Jesús dio a sus discípulos simultáneamente un seminario y una advertencia de que su relación nunca sería la misma. Pronto ellos se relacionarían con Él a través del Espíritu Santo, en lugar de disfrutar su presencia física.
Cuando Él dijo, “les conviene que me vaya” (Juan 16:7), los discípulos no lo creían. Lo haríamos nosotros? Si tuviéramos que elegir entre la presencia física del Señor Jesucristo y la presencia del Espíritu Santo, no tomaríamos a Cristo? Es difícil imaginar que realmente pudiéramos ser mejores con el Espíritu Santo.
Cuando Cristo ascendió, los discípulos pasaron de la etapa de “Vengan y Quédense Conmigo” a la fase de entrenamiento de “Permanezcan en Mí” (Juan 15:7). Ellos usarían el mismo proceso de entrenamiento de cuatro puntos que Jesús les había enseñado. (Ellos no sabían que estaban usando un proceso de cuatro puntos; ellos sólo estaban haciendo lo que Jesús les enseñó). Su nuevo contexto requería alteraciones en quiénes y cuántos harían la obra, en cómo el grupo conocería la voluntad de Dios, cómo serían entrenadas las personas, cómo extenderían el mensaje y cómo satisfacer las necesidades de la gente. Aunque los discípulos no querían que Jesús se fuera, ellos adaptaron sus enseñanzas para acoplarse a las nuevas circunstancias.
La Iglesia necesita un cambio?
Gran parte de la iglesia contemporánea ha estado tan ocupada enfocándose en lo que Jesús hizo que ha ignorado los cambios que los apóstoles instituyeron. El enemigo ha usado este descuido para su conveniencia al retener a la mayoría de la iglesia fuera del proceso de discipulado.
En el modelo cristocéntrico, Jesús era el Maestro y los discípulos los aprendices. Debido a que Él era Dios, Jesús era suficiente para los Doce: Él podía dirigirlos, satisfacer cada necesidad y llevar a la madurez a cada seguidor. Ninguno tenía que hacer conjeturas acerca de la voluntad de Dios o decidir dónde anunciar. Sólo debían preguntarle a Jesús.
El uso efectivo de este modelo aún permanece en uno o dos ministerios de grupos pequeños que se mantienen en los límites de la iglesia y en organizaciones paraeclesiales. Este atrae a gente que piensa de una misma manera, talentosa y orientada a labores, y, enfatiza la acumulación de conocimiento y desarrollo de habilidades ministeriales.
El modelo cristocéntrico obra en un grupo plenamente comprometido con una meta clara y precisa, como la misión de una organización. La naturaleza orientada a labores y de una visión común de tal grupo permite al modelo obrar exitosamente; el evangelismo se enfoca en una estrecha parte de la Gran Comisión, sin comprometerse con la multiplicidad de agendas y la complejidad de la iglesia local. Donde todos los miembros pueden adquirir las mismas habilidades, tomar el mismo entrenamiento filosófico y encajar en un claro objetivo de misión, el modelo se vuelve efectivo.
A la luz del total deterioro de la iglesia evangélica, Dios en su gracia ha levantado muchas misiones para ocuparse de lo que necesita ser hecho. Pero eso no significa que convendría intentar poner la filosofía paraeclesial a la iglesia local. Sería como poner una clavija cuadrada en un agujero redondo.
La organización paraeclesial atrae a una persona orientada a la Palabra, agresiva en evangelismo y comprometida con la labor (una iglesia promedio probablemente tiene cerca de un 20 ó 30% de este tipo de personas). El modelo estrechamente cristocéntrico no ha obrado mucho en la iglesia porque no se ajusta a su variedad. Mucha gente en la congregación local es talentosa en otras áreas, miran la vida a través de diferentes lentes y tienen una multiplicidad de creencias respecto a las prioridades de la iglesia. El modelo cristocéntrico simplemente no puede alcanzar o interesar lo suficiente a la gente para llegar a ser el corazón de la iglesia.
La Necesidad de un Nuevo Modelo
Dado que el modelo cristocéntrico no satisface las necesidades de la iglesia, no podemos concluir que los miembros de la iglesia no necesitan tomar parte en el discipulado. El fracaso en la contextualización de lo que significa hacer discípulos en nuestra sociedad y nuestro tiempo ha conducido a la iglesia débil y desobediente de hoy. El discipulado debería permanecer en el corazón de la iglesia, pero necesita un enfoque multidimensional, uno con aplicaciones más amplias que la iglesia acepta por lo general.
Donde nosotros hemos fracasado, los apóstoles actuaron exitosamente: ellos tomaron el modelo de discipulado cristocéntrico paraeclesial y adaptaron sus principios para la iglesia. Nosotros podemos seguir esa transición pasando a través de la primera iglesia, la iglesia misionera y la iglesia discipuladora. Por el tiempo en que Pablo dejó Éfeso, él había forjado el modelo eclesiocéntrico, lo cual hizo de la iglesia discipuladora una realidad.
Qué es el Modelo Eclesiocéntrico?
En el discipulado eclesiocéntrico, existe un equipo de trabajo entre el cuerpo de Cristo. El evangelismo tiene lugar a través de los diferentes dones de toda la iglesia y no sólo de una pequeña porción de la congregación. Aunque algunas personas son fuertes en la oratoria, otras juegan un papel de apoyo, pero todas obran juntas en pos de un objetivo común. Por ejemplo, el cuidado pastoral juega un papel vital en atraer a la gente a la iglesia y afirmarlos en Cristo. A menos que haya una comunidad amorosa y cariñosa que ayude a los bebés recién nacidos y sane a los heridos, la gente no vendrá a Cristo ni permanecerá lo suficiente para ser entrenada. El amor dentro de la comunidad de Cristo es la más poderosa de todas las herramientas evangelísticas de la iglesia.
El modelo eclesiocéntrico reconoce la riqueza en diversidad y talentos del cuerpo de Cristo y la manera en que obran juntos como un equipo para crear un ambiente de discipulado. Cuando los estrechos pasillos del modelo cristocéntrico son derribados y reemplazados por los grandes salones del modelo eclesiocéntrico, muchos de los que han rechazado el discipulado como la prioridad para una iglesia viable, querrán darle una segunda mirada.
El Discipulado y el Modelo Eclesiocéntrico
Para definir el discipulado, yo he propuesto quitar las barreras y abrir las puertas ampliamente, conservando el distintivo del discipulado. Por lo tanto, he desarrollado esta definición: el discipulado es el entrenamiento intencional de discípulos, con seguimiento y sobre la base de relaciones cariñosas.
Observe los componentes de esta definición:
Intencional. Al igual que Jesús, debemos tener una estrategia planeada. Jesús sabía qué clase de personas estaba formando y su propósito para ellos. El equipo de liderazgo de una iglesia discipuladora tiene un propósito definido y ha pensado en cómo hacer discípulos. El liderazgo debe definir lo que significa ser un discípulo, desarrollar un método para hacer discípulos y dar el ejemplo ante la congregación de lo que es un discípulo y cómo hacer un discípulo. Transmitir la visión y el conocimiento de cómo hacerlo es importante.
Entrenamiento. Discipular significa más que desarrollar habilidades, aunque debe incluir eso también. El entrenamiento implica un curso prescrito de estudio y un proceso al que la gente se someta para alcanzar ciertas metas. Los pequeños grupos y otros medios pueden proveer un camino en el que la gente pueda hacer progresos. Cada persona en la congregación debería recibir una invitación para aprender acera de las Escrituras, descubrir sus dones y usarlos en su servicio a Cristo.
Con rendición de cuentas: Dado que la gente necesita ayuda para mantener sus compromisos con Dios, la iglesia debería proveer una variedad de medios para que la gente rinda cuentas. De hecho, sin este elemento no se puede hacer discípulos. Se pueden hacer una serie de acuerdos dentro del programa de discipulado de la iglesia y deberían proporcionarse medios tanto formales como informales de rendición de cuentas, todos desde el sistema de compañerismo hasta los pactos relacionales.
Sobre la base de relaciones amorosas. Todo ministerio exitoso está basado en relaciones. La iglesia discipuladora debe hacer de la edificación de la comunidad una muy alta prioridad, y todo el grupo principal de la iglesia debe animar a la gente a compartir sus necesidades. Un ambiente amoroso y de apoyo edifica la equidad emocional que actúa como un cojín cuando el ministerio enfrente golpes y turbulencias. Esta ancla emocional necesita ser liberada para formar la base relacional de la iglesia.
Para mantener un discipulado efectivo, recuerde que el discipulado no es un evento, sino un proceso. Ningún sistema puede hacer un discípulo, porque el discipulado requiere que la voluntad de una persona sea activada por el Espíritu Santo. La iglesia tiene la responsabilidad de proporcionar la clara visión y los medios que traigan a los cristianos a un discipulado maduro. El crecimiento y la rendición de cuentas deben ser parte de la vida de cada cristiano, por todo el resto de su existencia; la necesidad de ambos no termina hasta que uno sea transferido al cielo.
La clave para el discipulado eclesiocéntrico es trabajar en equipo en un ambiente amoroso que mantiene los distintivos de la misión, la rendición de cuentas y que forma en habilidades ministeriales. La verdadera evidencia de éxito será la producción constante de discípulos que se reproducen y de líderes que se convierten en multiplicadores.
Usando Efectivamente el Modelo Eclesiocéntrico en la Iglesia
