El pícaro inglés - Richard Head - E-Book

El pícaro inglés E-Book

Richard Head

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"El pícaro inglés" está considerada la primera novela picaresca escrita en lengua inglesa. Retrato de una parte oscura de la sociedad inglesa de finales del siglo XVII, la novela gozó de una inmensa popularidad en Inglaterra, e incluso fue traducida a varias lenguas europeas. Esta edición supone la primera edición crítica y anotada no solo en castellano sino en cualquier otro idioma, incluido el inglés. Traducción de Sonia S. Perelló

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Veröffentlichungsjahr: 2024

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RICHARD HEAD

El pícaro inglés

Edición y notas de María José CoperíasTraducción y notas de Sonia S. Perelló

CÁTEDRA LETRAS UNIVERSALES

INTRODUCCIÓN

«EL PÍCARO INGLÉS» Y LA NOVELA PICARESCA

EL término «literatura picaresca» está plenamente incorporado a la crítica literaria desde hace tiempo y se ha utilizado con frecuencia para referirse a —mayoritariamente— novelas de épocas muy diferentes y diversa procedencia, siempre que cumplieran con algunos de los rasgos que caracterizan a esta literatura. Sin embargo, a pesar de su popularidad, o quizás como consecuencia de ella, la palabra «picaresca» aplicada a la literatura, por una parte, ha sufrido una sobreutilización y, por otra, todavía es un término controvertido y sujeto a discusiones respecto a, entre otras cuestiones, si la picaresca constituye un género en sí mismo o si es simplemente un constructo literario inventado por la crítica a partir del siglo XVIII1. Igualmente, también se discute el corpus de obras que constituirían este género; de aquí que Claudio Guillén2 hablara en su momento del «género picaresco», como el grupo de novelas que reflejan sus características esenciales, y el «mito picaresco», en referencia a aquellos textos que presentan solo algunos de dichos rasgos, por ejemplo en lo que se refiere al protagonista.

La palabra «picaresca» puede estar también sujeta a distintas interpretaciones, según las diversas tradiciones literarias de cada cultura. Juan Antonio Garrido Ardila3 apunta que «picaresque novel» en inglés y en su tradición literaria y «novela picaresca» dentro de los estudios hispánicos no tienen el mismo sentido. La primera expresión incluiría todo tipo de novelas de carácter episódico, muchas de ellas escritas en el siglo XVIII, con un héroe ingenioso y lleno de recursos como protagonista, el cual experimenta diversas aventuras a lo largo de un viaje4, mientras que la segunda es más rígida en sus parámetros. Ya a principios del siglo XX, E. W. Chandler5 señalaba que el paradigma de la novela picaresca tal como se concibió en España y luego se desarrolló en Francia resultaba demasiado rígido, por lo que, poco a poco, fue deshaciéndose de sus elementos básicos. Y al expandirse por otros países europeos, las diferentes tendencias literarias hicieron que el género se desvirtuara progresivamente.

Son muchos los autores, sobre todo dentro de los estudios hispánicos, que han estudiado la literatura picaresca y han intentado dar una definición y delimitar un listado de características esenciales sobre este género, pero todavía hoy en día no parece haber un consenso definitivo sobre esta cuestión6. Una de las revisiones más recientes sobre gran parte de las teorías literarias orientadas a definir la picaresca como género es la llevada a cabo por Garrido Ardila en su libro El género picaresco en la crítica literaria7, en cuyo último capítulo presenta una taxonomía de la novela picaresca. Uno de los primeros rasgos que pone de relieve es el realismo8 de las novelas picarescas, que se refleja, entre otros aspectos, en los lugares geográficos que el protagonista recorre, así como en las referencias a la época en la que se desarrolla la acción, contemporáneas al narrador y al autor, y que se muestran en la descripción tanto de personajes como de ambientes. Otro aspecto relevante es su estructura causal, es decir, la historia presentada no se limita a ser una sucesión de acontecimientos puesto uno detrás de otro, sino que un acontecimiento lleva al siguiente de manera coherente y con una finalidad narrativa. La novela picaresca es una narración autobiográfica donde se cuenta la historia del protagonista normalmente en primera persona, creando así dos planos en la narración, uno perteneciente al narrador y otro al protagonista9. Y este relato está dirigido a un lector explícito, a un narratario, que presumiblemente obtendrá una enseñanza de aquello que se cuenta. A lo largo de la narración se produce la explicación de un caso, es decir, las razones por las que el protagonista se halla en la situación en la que lo encontramos al final de la historia y que suele corresponder con el momento de la escritura del texto, ya que son siempre narraciones en retrospectiva. Dicha explicación contribuye también a posicionar al narrador frente a la sociedad y construir una fuerte crítica hacia ella, presentando una visión con frecuencia satírica y contada con un alto grado de ironía. Esta visión satírica se ve enriquecida por el hecho de que el protagonista suele ser servidor de varios amos, lo que le permite presentar una panorámica de diversos personajes y estamentos sociales. Respecto al protagonista, es de origen bajo, cuando no vil, lo cual, por una parte, lo convierte en un marginado social y, por otra, lo envuelve en cierto determinismo y enfatiza la dificultad de salir del ambiente del que procede. El pícaro lo es por necesidad y no por elección10; no obstante, tiene voluntad y lucha por superar sus orígenes y ascender socialmente, otra de las características más relevantes de este género. Sin embargo, la manera que encuentra de salir de esta situación se basa en el engaño y en la delincuencia como principal medio de subsistencia.

Aunque hay un acuerdo generalizado entre la crítica sobre el hecho de que el género picaresco se inicia y florece en España durante los denominados Siglos de Oro, XVI y XVII, son varios los autores que ven rasgos picarescos ya en obras de la Antigüedad clásica. En la denominada nueva comedia griega que se empezó a escribir en el siglo IV a. C. predominaban los temas cotidianos desarrollados en un ámbito urbano, con especial acento en la verisimilitud. En ellas siempre había algún que otro personaje granuja e ingenioso para regocijo de los espectadores11. En el ámbito de la narrativa, combinando prosa y verso, el Satiricón, atribuido a Petronio y presumiblemente escrito hacia finales del siglo I, cuenta en primera persona las aventuras de Encolpio, acompañado de su amigo Ascilto y su esclavo Gitón. A través de la ironía se critica a la clase patricia desde el punto de vista de personajes plebeyos y se parodia a autores como Virgilio, Homero o Platón12. Las metamorfosis, también conocida como El asno de oro, escrita en el siglo II por Apuleyo, narra en primera persona las aventuras de Lucio, que, en su caso, observa la sociedad romana —en concreto el trato dado a los esclavos— desde su condición de asno, situación a la que le ha llevado su obsesión por la magia. También aquí se utiliza la ironía y la sátira13. Igualmente, se han señalado como antecedentes de la literatura picaresca de los siglos XVI y XVII las maqāmāt árabes. Las maqāmāt eran unas narraciones breves en prosa, habitualmente recogidas en grupos de quince, que contaban historias de timadores, de origen social bajo y, consecuentemente, marginados sociales, que criticaban la sociedad y parodiaban otros géneros, todas ellas características comunes a las novelas picarescas. Aunque no se ha podido demostrar que estas historias fueran conocidas por los autores posteriores del género picaresco, sí que es cierto que las maqāmāt fueron muy populares, en concreto en la España islámica de los siglos XI y XII14.

Durante mucho tiempo se ha considerado que la razón por la cual la literatura picaresca se originó en España en los siglos XVI y XVII fue que su situación social era la más propicia para la generación de delincuentes y truhanes. Sin embargo, en opinión de Alexander Parker, la afirmación de que la novela picaresca refleja un país en declive, golpeado por la pobreza y moralmente corrupto, todo lo cual lo convierte en un criadero de mendigos y vagabundos, no es correcta, ya que situaciones parecidas se daban en muchos otros lugares de Europa15. Prueba de ello son las numerosas hermandades de vagabundos y maleantes que se formaron en distintas partes del continente, tal como se refleja en los diversos libri vagatorum que fueron apareciendo. En Alemania, Martín Lutero editó hacia 1510 un Liber vagatorum que dividía a los mendigos en diversas clases según los distintos modos de robar y engañar. También en Alemania y por la misma época, se publicó de manera anónima Till Eulenspiegel (1510-11), una colección de cuentos populares que narraban los trucos que su protagonista utilizaba para engañar a personas de toda condición. En Italia, en 1627, Raffaele Frianoro publicó, bajo el pseudónimo de Giacinto Nobili, Il Vagabondo overo Sferza de’ Bianti, e Vagabondi, donde, de nuevo, se narraban los engaños de diversos personajes de la calle. En Francia aparecieron también varios libros de este tipo: en 1584 se publicó Avertissement, antidote et remède contre les piperies des pipeurs, sobre la vida de un famoso delincuente, Antoine d’Anthenay, y pocos años más tarde, en 1596, La vie généreuse des Marcelots, Gueux et Bohémiens, contenant leur façon de vivre, subtilité et gergon.

La tradición picaresca española como fuente de «El pícaro inglés»

En España no se conoce la existencia de ningún libro como los que acabamos de describir, que presente un catálogo de los distintos tipos de gente de malvivir de la época. Sin embargo, hubo otros textos que presentaban rasgos picarescos y prepararon el camino para lo que había de venir. Uno de los primeros ejemplos es el conocido como Libro de buen amor, de Juan Ruiz, arcipreste de Hita. Existe un primer manuscrito fechado en 1330 y otro con el texto ampliado con fecha de 1343. Está escrito en verso, unas 1700 estrofas, y de manera autobiográfica explica las escapadas a los bajos fondos del arcipreste al tiempo que, con ironía, presenta un retrato de las diversas capas sociales de la época. Su personaje de la Trotaconventos es indudablemente una precursora de la Celestina. Algunos críticos16 hacen mención de Espill, también conocido como Llibre de les dones, que el valenciano Jaume Roig escribió en su propia lengua hacia 1460. También en verso, el libro es una exagerada y jocosa diatriba contra las mujeres. Pero el punto de inflexión, sin duda, lo marcó la publicación del libro atribuido a Fernando de Rojas La Tragicomedia de Calisto y Melibea, popularmente conocido como La Celestina. Fechada su composición entre 1499 y 1500, es una parodia de los romances sentimentales y en ella se plasma con gran realismo el ambiente de la prostitución y el hampa de la época. A pesar de la referencia al género dramático del título, esta obra se ha considerado con frecuencia una novela dialogada o dramática. Esta atmósfera de delincuencia en los sectores más bajos de la sociedad fue replicada en otras obras en los años posteriores, creando un corpus de lo que se ha venido en llamar literatura celestinesca. Uno de los ejemplos más claros de este tipo de literatura es El retrato de la lozana andaluza, de Francisco Delicado, publicado anónimamente en Venecia en 1528, donde se narran algunos episodios de la vida de Aldonza, una prostituta andaluza establecida en Roma, que sirven para mostrar la cara más canalla de la ciudad. Fue un libro innovador en su técnica y con una profunda intención de crítica social. Esta literatura se considera clave para la popularización de los personajes apicarados.

Descartado, como hemos visto anteriormente, el hecho de que la picaresca apareciera en España en los siglos XVI y XVII fruto de una situación social más complicada que en otros lugares de Europa, hay autores que explican su origen, bien como una reacción a los excesos idealistas de los romances, con sus historias caballerescas y pastoriles17, bien como una respuesta a la urgente necesidad de una reforma religiosa. Según Alexander Parker18, la segunda cuestión sería la causa de la aparición de un texto como La vida de Lazarillo de Tormes, y de sus fortunas y adversidades. Aunque se conjetura que el Lazarillo, de autoría desconocida, podría haberse publicado originalmente entre 1550 y 1552, las primeras ediciones que se conservan son de 1554 y están impresas en cuatro ciudades distintas: las españolas Burgos, Alcalá y Medina del Campo, y la belga Amberes. El libro narra en primera persona y de forma autobiográfica las aventuras de Lázaro desde su nacimiento y triste infancia hasta la edad adulta, ya casado. Desde niño, sirve a diversos amos, lo cual permite al autor mostrar distintas lacras de la sociedad española de la época, desde la corrupción de la Iglesia a la hipocresía de los hidalgos. Con grandes dosis de realismo, la novela constituye una parodia de las historias de caballería, con Lázaro como un antihéroe, y una cruda crítica a cuestiones como la degradación material y espiritual del país, con tonos claramente subversivos e incluso heréticos19. La novela, que se presenta en forma de carta, ha sido relacionada con diversas tradiciones escritas de la época. Las colecciones epistolares, como las italianas carte messagiere20 o las cartas coloquio de los humanistas, eran muy populares entre los lectores españoles del siglo XVI y el autor del Lazarillo pudo seguir de alguna manera esta fórmula. También se ha interpretado la novela como una parodia de los informes de «probanza de sangre»21 que algunas instituciones de la época exigían para distinguir, por ejemplo, entre los cristianos viejos y los nuevos o los no cristianos, para así decidir si los admitían en su seno. El texto también está repleto de elementos de la literatura popular; muchos de los trucos con los que Lázaro intenta sobrevivir eran parte del acervo popular ya no solo español, sino europeo. Una de las cuestiones pendientes de definir respecto al Lazarillo de Tormes es su estatus como novela picaresca; mientras diversos autores22 la consideran como la primera novela de este género, muchos otros23 estiman que las aventuras del Lazarillo son tan solo un embrión de aquello que se desarrollaría plenamente casi medio siglo después con la aparición del Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán.

El Lazarillo de Tormes tuvo un éxito inmediato no solo en España, como demuestran las varias ediciones de 1554 y otras posteriores, sino también en Europa, donde se convirtió en un éxito de ventas. En Francia, desde las primeras traducciones ya en 1560 y 1561, hubo cinco versiones distintas hasta 1678. También se tradujo al neerlandés y al italiano durante el siglo XVI, y al alemán, e incluso al latín, en el siglo siguiente. Respecto a Inglaterra, debió de haber una primera traducción en 1568 con el título The Marvelous Dedes and Lyf of Lazaro de Tormes, que imitaba el título de la traducción francesa de 1560. Esto está atestiguado por algunos documentos en los que se registró dicha publicación, pero no se ha localizado ningún ejemplar24. Durante mucho tiempo se pensó que la primera traducción era de 1586; sin embargo, algunos testimonios escritos indican que la traducción con el título The Pleasaunt Historie of Lazarillo de Tormes a Spaniarde, wherein is conteined his maruelous deedes and life en realidad databa de 1576, aunque tampoco hay ejemplares de esta edición. Esta traducción fue realizada directamente del español por David Rowland of Anglesey, que había viajado tanto por Francia como por España. En comparación con las traducciones a otras lenguas, sobre todo las francesas, que desvirtuaron la esencia del original para adaptarlas a sus lectores inmediatos, se ha destacado la fidelidad y el respeto al contenido de la novela de la versión de Rowland25. El éxito de la traducción del Lazarillo puede medirse por el número de ediciones que tuvo, pues se han contabilizado más de ocho hasta 1677. Su popularidad también se refleja en el hecho de que tanto el Dictionarie in Spanish and English elaborado por John Minsheu en 1599 como la gramática de John Sanford An Entrance to the Spanish Tongue, de 1611, están repletas de ejemplos tomados del Lazarillo26. Entre las razones que se han esgrimido para explicar su éxito se encuentra el carácter anticatólico de la novela, avalado por el hecho de que fue incluido en el Índice de libros prohibidos en España de 1559. Para países protestantes como Inglaterra, el libro era un arma que podía utilizarse fácilmente como material propagandístico contra la situación religiosa, social y política de España27.

A pesar de las muchas tensiones que hubo entre España e Inglaterra, especialmente a finales del siglo XVI, y que se reflejan en acontecimientos como el envío de la Armada Invencible de Felipe II contra Inglaterra en 1588, algunos autores hablan de un movimiento de hispanofilia inglesa, al menos en el plano cultural, que se vio reflejado en traducciones de diversas obras, escritos de temática española, la primera gramática de la lengua española escrita en inglés o la confección del primer diccionario bilingüe inglés-español28.

Es precisamente en este momento cuando en España se publica el Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán. Aunque parece que Alemán la había acabado de escribir en 1597, fue en 1599 cuando se publicó la que se convertiría en la primera parte de la novela. Ese mismo año tuvo cinco ediciones. En 1600 hubo una nueva versión con numerosas correcciones y se publicaron once ediciones, y ocho más entre los años 1601 y 1605, en total hasta veinticuatro ediciones en tan solo seis años, testimonio del éxito inmediato que la novela tuvo entre los lectores españoles29. Con ánimo de aprovecharse de este éxito, en 1602 apareció una segunda parte apócrifa que, en realidad, había sido escrita por un tal Juan Martí, aunque publicada con el pseudónimo de Mateo Luján de Sayavedra, y que provocó la indignación de Mateo Alemán, tal como se muestra en la presentación de la segunda parte que sí fue escrita por él30. La Segunda parte de la vida de Guzmán de Alfarache. Atalaya de la vida humana, tal como la tituló Alemán, se publicó en 1604 y tuvo cinco ediciones ese año y el siguiente.

Aunque la mayoría de los críticos coinciden en reconocer la influencia del Lazarillo de Tormes en la estructura y algunas características que pasarían a ser propias de la picaresca con el Guzmán de Alfarache, lo que declaran todos es que la escritura del texto de Mateo Alemán supuso el pleno desarrollo de la novela picaresca, así como su categoría como la obra más importante dentro del género31. Al menos veinte veces más largo que el Lazarillo, el Guzmán es mucho más complejo y se desarrolla en un ámbito geográfico más amplio, incluso allende las fronteras españolas. De hecho, Guzmán es el primer protagonista al que se le aplica la palabra «pícaro» en una novela, y tan popular fue el libro que muchas veces se conocía simplemente por el título de El Pícaro32.

Mateo Alemán (1547-1616) procedía de una familia conversa, alguno de cuyos miembros había sido castigado con la hoguera. Ejerció diversas profesiones y en varios momentos de su vida pasó por la cárcel, donde estuvo en contacto directo con maleantes de todo tipo. Algunas de sus experiencias vitales y profesionales aparecen reflejadas en el Guzmán de Alfarache. En la primera parte de la historia conocemos al protagonista de niño, así como sus indignos orígenes. Al escapar de casa es engañado y estafado por unos u otros, pero pronto aprende a ser él quien engañe a los demás, convirtiéndose así en alumno aventajado. Lo acompañamos en sus viajes por diversos lugares de España, pero también a Roma, donde se une a una fraternidad de falsos mendigos. En la segunda parte, el protagonista continúa sus aventuras en Roma, donde lo veremos llevando a cabo algunos robos y engaños. Tras viajar por otras ciudades italianas, regresa a España, donde se casa, se mete en algunos negocios de poco éxito y prosigue con una vida de estafas en varias ciudades del país. Finalmente, es condenado a galeras durante seis años. Estando allí cumpliendo condena, se arrepiente de sus pecados y comienza a escribir su autobiografía. Por tanto, la novela nos presenta la autobiografía ficticia de un hombre de orígenes muy humildes, servidor de varios amos, que lucha por ascender socialmente y prosperar gracias a su astucia, aunque no siempre con éxito, y que nos cuenta su vida para declarar su arrepentimiento. Es decir, el esquema que se adoptó en la mayoría de novelas picarescas.

Muchas de las aventuras de Guzmán son bromas pesadas de mal gusto —a veces con elementos escatológicos— que él gasta a otros personajes o que le gastan a él, bien por simple placer o para engañar o humillar a otros. Sin embargo, las aventuras del protagonista se ven continuamente interrumpidas por una serie de digresiones33 con reflexiones didácticas que pueden ocupar desde unas pocas líneas a capítulos enteros. Guzmán tan pronto hace comentarios sobre temas morales, éticos y religiosos como de tipo social relacionados con el honor o la hipocresía; también aparecen críticas satíricas sobre distintos miembros de la sociedad o comentarios metaficcionales sobre su propio texto. Algunas de estas digresiones ni siquiera las hace Guzmán, sino algún otro personaje, y se desvían en parte del argumento principal en ese momento de la historia. Es una novela realista, quizás la primera de la literatura europea34, con un magnífico estilo, aunque complicado y lleno de recovecos.

El éxito del Guzmán no se limitó a los lectores españoles y pronto se convirtió en un éxito de ventas en Europa al traducirse a varias de sus lenguas más importantes, superando en popularidad incluso al Quijote de Miguel de Cervantes, cuya primera parte había sido publicada en 1605. En Francia, por ejemplo, fue traducido por primera vez en 1619 y luego hubo otras traducciones tanto en el siglo XVII como a principios del XVIII35. Sin embargo, fue en Inglaterra donde Guzmán de Alfarache tuvo un éxito sin precedentes, que se debió en gran parte a la magnífica traducción realizada por James Mabbe36 en 1622, con varias reimpresiones a lo largo del siglo XVII. Mabbe había servido como diplomático en Madrid durante varios años y conocía tanto el idioma como muchos aspectos de la vida de España. Tituló su versión The Rogue, or the Life of Guzman de Alfarache37 y añadió explicaciones sobre las costumbres españolas, así como definiciones extraídas del Tesoro de la lengua española de Covarrubias, que había sido publicado en 161138, mientras él estaba viviendo en España. Se ha destacado la meticulosa fidelidad con que Mabbe tradujo el texto original de Mateo Alemán39. Tal fue la popularidad de la traducción de Guzmán de Alfarache y de su título en inglés que la palabra «Guzman» o «gusman» se convirtió en sinónimo de «rogue» y se utilizaban indistintamente. Un ejemplo de ello sería el título que George Fidge dio a la biografía de uno de los delincuentes más conocidos de la época, James Hind, que en 1652 fue publicada como The English Gusman. La palabra «gusman» pasó a ser parte del vocabulario de la época y también se podía practicar lo que se denominó «gusmanry» o la afición por el Guzmán40. El éxito de la novela de Mateo Alemán también tuvo sus tintes políticos. Los seguidores del depuesto y ajusticiado Carlos I encontraron en las aventuras obscenas y tramposas de Guzmán la antítesis de las imposiciones moralistas de los gobernantes puritanos durante la república (1649-1660); su identificación con James Hind, reconocido monárquico, así lo atestigua también. El éxito de la novela entre los seguidores del rey fue completo, y cuando Carlos II restauró la monarquía a partir de 1660, la locura por la novela, es decir, la «gusmanry», fue absoluta41.

Aunque conocido sobre todo como poeta conceptista, Francisco de Quevedo fue un escritor prolífico en diversos géneros y cuya única novela, Historia de la vida del Buscón, llamado don Pablos; ejemplo de vagamundo y espejo de tacaños, es considerada por algunos críticos como el cénit de la novela picaresca42. Publicada por primera vez en 1626, se conservan varios manuscritos que corresponden a fechas anteriores43. Pablos imita a sus antecesores en su bajo origen e implacable determinismo, los cuales, a pesar de sus intentos por subir socialmente, le empujan al fracaso en todos sus empeños. Lo acompañamos en su propósito de recibir cierta educación, incluso yendo a la universidad, pero también lo vemos moviéndose entre el crimen organizado de Madrid y Sevilla, cometiendo engaños y delitos de distinto calado, pasando de prisión en prisión y huyendo a América en busca de una vida mejor, empeño en el que fracasa. Quevedo trasladó el estilo complejo de su poesía a la narración de La vida del Buscón, razón por la cual, según algunos autores, lo convierte en prácticamente intraducible44. El primero que se atrevió a hacer una traducción de esta novela en 1657 fue John Davies of Kidwelly, que tradujo también muchas otras obras de origen español, y que basándose en la versión francesa realizada por La Geneste (1633) transformó a Pablos en un joven guapo e inteligente, capaz de acciones nobles que se ven finalmente recompensadas45. Todavía hubo otra traducción en el siglo XVII y al menos dos más hasta mediados del XVIII46.

De estas tres novelas: Lazarillo de Tormes, Guzmán de Alfarache y La vida del Buscón bebió definitivamente, y en mayor o menor medida, la novela que aquí analizamos, El pícaro inglés. Sin embargo, no fueron las únicas novelas españolas de este género que se leyeron en Inglaterra, en su lengua original o traducidas. Por ejemplo, La hija de Celestina (1612)47, de Alonso Jerónimo de Salas Barbadillo, fue traducida por John Davies of Kidwelly en 1657 a través de una versión del francés Paul Scarron. Y otra novela de Salas Barbadillo, El necio bien afortunado (1621), fue traducida al inglés por Philip Ayres en 1670. John Davies of Kidwelly realizó en 1665 la versión al inglés, de nuevo desde el francés, de La Garduña de Sevilla (1642), de Alonso de Castillo Solórzano. Y en 1707 apareció una colección de novelas españolas traducidas por John Stevens que, bajo el título de The Spanish Libertines, contenía una nueva traducción de La Celestina (1499/1500), así como las primeras versiones en inglés de La pícara Justina (1605), de Francisco López de Úbeda, y de la novela anónima Estebanillo González (1646). Ya en el siglo XVI la traducción de libros del castellano al inglés fue una actividad habitual, siendo la novela el género más popular. Esta tendencia continuó y aumentó en el siguiente siglo con el Quijote y diversos libros de novela picaresca, que se convirtieron en lectura favorita de muchos48. Queda claro que durante el siglo XVII la literatura española gozó en Inglaterra de una reputación entre los literatos y público lector que no ha sido igualada en ningún momento posterior49. Aparte del interés del público inglés por los temas tratados en la novela picaresca, cuestión de la que hablaremos en la siguiente sección, la habilidad narrativa de los escritores españoles era motivo de alabanza habitual, así como el ingenio, rasgo muy apreciado en todos los géneros literarios del siglo XVII, de la novela al teatro, pasando por la poesía50.

La tradición picaresca inglesa como fuente de «El pícaro inglés»

En el apartado anterior comentábamos que durante mucho tiempo algunos autores habían explicado la aparición de la novela picaresca en España como consecuencia de su situación económico-social, la cual generaba una población desmesurada de maleantes y delincuentes. Y también vimos que esta era una situación generalizada en toda Europa a la que —como ahora explicaremos— tampoco escapaban las islas británicas. A. V. Judges habla de una cantidad prodigiosa de mendigos en la segunda mitad del siglo XVI51, algunos de los cuales se convertirían en ladrones, muchos por necesidad y algunos otros por inclinación. La situación no mejoró en el siglo siguiente y los vagabundos y maleantes se convirtieron en una presencia habitual en todo el territorio, mientras la justicia intentaba aplicar castigos para frenar su expansión y sus fechorías52. Tanto los vagabundos de las zonas rurales como los embaucadores de las ciudades, que utilizaban elaboradas argucias para engañar a los incautos, se organizaban en hermandades de maleantes cuyos miembros se reforzaban mutuamente en sus modos de vida. Estas hermandades eran agrupaciones cerradas que imponían determinados comportamientos a sus miembros y en las que se enseñaban los trucos y artimañas que podían utilizar53. Fue este un fenómeno social cuya existencia se convirtió en una grave preocupación nacional a lo largo de este siglo, y también del XVII54.

Las razones que se han dado para la aparición de estos personajes de mala vida son variadas. En el siglo XVI, para favorecer la cría de ovejas y el comercio de la lana, comenzó una práctica de cerramientos de campos de cultivo que hasta entonces habían sido de uso comunitario, dejando sin trabajo y sin medio de subsistencia a una gran parte de la población. Esta situación se vio agravada por el cambio en algunas técnicas agrícolas y la actitud poco caritativa de los terratenientes hacia aquellos que dependían de sus tierras. La disolución de los monasterios como consecuencia de la reforma religiosa y de los intereses económicos de la monarquía hizo habitual la presencia de monjes mendicantes por los caminos de todo el país. Por otra parte, al término de cada una de las muchas guerras disputadas en la época, los soldados eran abandonados a su suerte, sin un oficio al que recurrir y con apenas unas monedas con las que vivir. En estas circunstancias se movían por todo el país sin un objetivo claro y haciendo uso de su conocimiento de las armas para conseguir algún botín con el que malvivir. Al mismo tiempo, diversas tensiones económicas causadas por el cambio de los mercados, el aumento de la población, la devaluación del dinero y la consecuente inflación llevaron también al desempleo y al empobrecimiento de muchas personas55. Aunque algunos críticos estiman que la situación social en España e Inglaterra en los siglos XVI y XVII eran similares56, otros autores argumentan que los varios sistemas de ayuda a los indigentes que se establecieron en Inglaterra, así como ciertas medidas tomadas por el Estado como, por ejemplo, la ley de pobres de 1601, evitaron un aumento mayor de los mendigos57.

La literatura de la época en Inglaterra no fue ajena a esta situación social, como tampoco lo fue en España, y ya en el siglo XVI experimentó un gran interés por los personajes de baja estofa que debían sobrevivir como podían a las circunstancias de su condición social. De este modo se generó una vigorosa tradición literaria autóctona, conocida como «libros de mendigos» o «literatura de la baja vida», que en muchas ocasiones precedió a las traducciones de la novela picaresca española. En las primeras décadas del siglo XVI ya se podían encontrar lo que se conoció como jest-books o «libros de chanzas», los cuales reunían una serie de anécdotas graciosas que podían estar relacionadas con bromas pesadas o trucos que se practicaban para engañar a personas incautas. A veces podían adoptar tintes biográficos, y se publicaban como historias individuales o en colecciones de historias breves. Estos libros prepararon el camino para la buena acogida de las primeras novelas picarescas traducidas del español, como el Lazarillo de Tormes (traducida por primera vez en 1576), de las que se apreciaban sobre todo los elementos burlescos y cómicos58.

Al mismo tiempo, empezaron a aparecer en Inglaterra los denominados cony-catching pamphlets59 o pliegos sueltos o de cordel sobre engaños a incautos. El nombre hacía referencia al arte de engañar o robarle el dinero a alguien sin ser atrapado. La palabra cony se refería a la víctima, que solía ser descrita de manera cómica, y cony-catching a los diferentes métodos utilizados para quitarle el dinero60. Los delitos descritos se limitaban a hurtos y timos, excluyendo cuestiones más graves como asesinatos, por lo que siempre mantenían un tono jocoso y divertido61. En general, eran obras de baja calidad cuyo único mérito era su realismo, por lo que en ocasiones se han considerado precursores de la novela62. Estos textos eran de carácter eminentemente urbano: por una parte, tenían la intención de advertir a aquellos que venían del campo acerca de los peligros de las calles de las ciudades, en concreto de Londres; por otra, los lectores —mayoritariamente de las ciudades donde se tenía más acceso a aprender a leer y había un amplio espectro social, desde artesanos a caballeros— encontraban motivo de entretenimiento en la lectura sobre el engaño a los pobres incautos que venían de las zonas rurales63. Un gran número de estas obras describían con detalle los diferentes tipos de ladrones y timadores, sus costumbres y trucos, los detallados protocolos de las hermandades que solían formar y la jerga distintiva que utilizaban entre ellos. La germanía, propia de estos delincuentes, era un lenguaje secreto utilizado por la gente de los bajos fondos que se componía de palabras no solo del inglés, sino también de otras lenguas como el galés, el irlandés, el neerlandés o incluso el latín, a las cuales se les cambiaba el significado. Aunque la palabra cant, término original en inglés, se había utilizado con anterioridad en este idioma, fue a partir de mediados del siglo XVI cuando adquirió el significado de la forma específica de hablar de los malhechores64.

El primero de los catálogos de maleantes, sus fechorías y su lenguaje que conocemos es el pliego suelto del impresor Robert Copland Hye Way to the Sputtle Hous (c. 1535), que en algo más de mil versos describía el tipo de vida de vagabundos y mendigos. Unos años más tarde, Gilbert Walker publicaría A Manifest Detection of Dice-Play (1552), en el que intentaba descubrir todos los trucos que se podían utilizar para engañar a los incautos jugando a los dados. El pliego de cordel de John (o Sampson) Awdeley The Fraternity of Vagabonds (1561), con su listado de diversos tipos de ladrones y mendigos, así como los trucos que utilizaban, sirvió de modelo, e incluso fue directamente plagiado, por algunos de los que vinieron detrás. Este fue el caso de A Caveat or Warening for Common Cursetors Vulgarely Called Vagabonds (1566) de Thomas Harman, un gentilhombre de Kent que, encerrado en casa por una enfermedad, se entretenía hablando con aquellos que venían a pedirle ayuda. El texto, algo más elaborado que el anterior, consiste en una serie de anécdotas o experiencias organizadas alrededor de una lista de unos veinticinco tipos de malhechores. Uno de los más prolíficos autores de este tipo de obras fue Robert Greene, que, según contó él mismo en algunos de sus escritos, había derivado hacia la vida de los bajos fondos y aprendido algunos de los trucos que allí presenció. Aparte de hacer una reimpresión del libro de Harman con otro título, The Groundworke of Conny-catching (1592), en un plazo breve de años escribió otros como A Notable Discovery of Coosenage (1591), Greenes Groats-Worth of wit (1592), The Black Book’s Messenger or the Life and Death of Ned Browne (1592) y The Third and Last Part of Conny-Catching (1592). Los numerosos pliegos que Greene escribió, así como el hecho de que hasta nueve impresores y libreros estuvieran implicados en su publicación, da muestra del interés en la época por este tipo de obras y de su éxito de ventas65. Samuel Rowlands también hizo su propia contribución a este subgénero con la publicación de Greene’s Ghost Haunting Cony Catchers (1603). Finalmente, Thomas Dekker incluyó en su obra Lanthorn and Candlelight (1608) lo que llamó un «Canter’s Dictionary» que, en realidad, era un plagio del que había escrito Harman, aunque cambiando algunos aspectos. Por ejemplo, añadió una historia de la evolución del léxico de la germanía, dándole así cierta legitimidad, y organizó el diccionario alfabéticamente. Obras suyas del mismo tipo fueron también Bellman of London (1608), O per Se O (1612) y The Art of Juggling (1612). Aunque se le relaciona frecuentemente con los autores y obras que acabamos de mencionar, caso aparte es el de Thomas Nashe con su libro The Unfortunate Traveller; or the Life of Jack Wilton (1594). Su protagonista es un caballero con rasgos apicarados en su comportamiento que viaja por toda Europa mezclándose con diferentes clases sociales. Aunque tampoco es víctima del hambre o la pobreza, ni sirve a varios amos, son varios los autores que han discutido su relación con el Lazarillo de Tormes y la posibilidad de que su autor lo hubiera leído o no66. Lo que sí es innegable es la influencia de la obra de Nashe en el desarrollo de la literatura picaresca inglesa posterior, razón por la que algunos críticos consideran esta obra como el primer ejemplo autóctono de novela picaresca o, al menos, como el brote más temprano67.

Uno de los aspectos más interesantes respecto a estos pliegos sueltos es la ambivalencia que presentaban respecto a la consideración de sus protagonistas. Los autores, por su parte, pretendían enviar un mensaje de advertencia sobre cierto tipo de comportamientos poco honrados, así como advertir a posibles víctimas de estos engaños, pero al mismo tiempo tenían como objetivo proporcionar entretenimiento y diversión a su público. Los lectores se convencían de estar leyendo una condena a comportamientos poco honestos y sacando una lección moral al tiempo que se deleitaban con la lectura68. Este fenómeno se produciría también en las narrativas que veremos a continuación, en las que de nuevo se mezclaba la alabanza a los protagonistas con la recriminación por sus actos, junto con un intento de entretener al lector e inducirlo a la carcajada a expensas del delincuente o su víctima69.

Un paso más en la representación literaria de la vida en los bajos fondos fue lo que se llamaron biografías de delincuentes (criminal biographies, en inglés). Aunque mantuvieron algunos elementos divertidos de los libros de chanzas comentados anteriormente, estas biografías tomaban un personaje real: un bandolero, un ladrón o un timador, y le añadían cierta cantidad de anécdotas y aventuras inventadas. La popularidad de estas narraciones comenzó tras la captura y ejecución de dos conocidos salteadores de caminos de la época: James Hind fue ejecutado en 1652 y Richard Hannam en 165670. En el plazo de dos años aparecieron tres biografías de James Hind: una anónima, The Pleasant and Delightful History of Captain Hind (1651), y dos escritas por George Fidge, Hinds Ramble (1651) y The English Gusman; or the History of the Unparallel’d Thief James Hind (1652)71. Hind luchó a favor de Carlos I y la monarquía durante la guerra civil inglesa de mediados del siglo XVII y la defendió también una vez instaurada la república por Oliver Cromwell (1649-1660). A menudo era representado como un bandolero alegre y benevolente que podía llegar a regalar el dinero que había robado72. Respecto a Richard Hannam, era un conocido ladrón también de simpatías monárquicas. Su nombre apareció junto con el de Hind, y también el del pícaro español, en el título Guzman, Hinde and Hannam Outstript: Being a Discovery of the Whole Art, Mistery and Antiquity of Theeves and Theeving (1657)73. Otro protagonista habitual de este tipo de literatura fue Thomas Dangerfield, que había comenzado sus actividades criminales robando a su propio padre y que se convirtió luego en falsificador de monedas. Habiendo detectado algunas similitudes entre su propia vida y las aventuras de Guzmán de Alfarache, parece ser que se decidió a escribir sus memorias de juventud en Don Tomazo; or the Juvenile Rambles of Thomas Dangerfield (1683). En 1679 estuvo implicado en un complot político, nada de lo cual se menciona en Don Tomazo, y tras varios juicios fue finalmente ajusticiado en 1685. Por estos mismos años, el dramaturgo Elkanah Settle también se inclinó hacia la escritura de dos biografías de delicuentes: The Life and Death of Major Clancie (1680) y The Complete Memoirs of the Life of that Notorious Impostor Will Morrell (1694), el cual llegó a casarse con dieciocho mujeres distintas y cuyas aventuras amorosas son narradas con entusiasmo. William Fuller, otro personaje que estuvo implicado en complots políticos, vio su vida reflejada en hasta veinticinco narrativas biográficas, entre ellas, The Life of William Fuller (1701), A Trip to Hampshire and Flanders (1701), The Whole Life of Mr. Fuller (1703) y Mr. William Fuller’s Trip to Bridewell (1703).

Las mujeres también tuvieron su espacio en estas narrativas biográficas, que llegaron a tener incluso más éxito que las de sus colegas masculinos. Mary Frith, conocida por el pseudónimo de Moll Cutpurse, era una figura muy conocida en la primera parte del siglo XVII. La vida de esta ferviente defensora de la monarquía, que vestía habitualmente ropajes masculinos, se vio reflejada, en forma autobiográfica, en The Life and Death of Mary Frith (1662). Mary Carleton también escribió su autobiografía en 1663 con el título The Case of Madame Mary Carleton. Igualmente, fue un personaje muy popular que proporcionó material para un total de hasta veintiséis narrativas74, entre ellas The Counterfeit, Lady Unveiled (1673), de Francis Kirkman, y la anónima The Memoirs of Mary Carleton, publicada en el mismo año.

Según recoge Garrido Ardila, la literatura de bribones de finales del siglo XVI y principios del XVII en Inglaterra difiere de la picaresca española en el sentido de que la primera se centra sobre todo en los elementos cómicos sin mostrar el desarrollo del personaje, de manera que no sabemos cómo ha llegado a su situación actual y se ha convertido en un parásito de la sociedad, y tampoco hay necesariamente una crítica social75. Por su parte, Figueroa Dorrego defiende que, propiamente hablando, no hubo pícaros en la novela inglesa del siglo XVII en el sentido de que los personajes nunca son presentados como empáticos, ni son de origen humilde que se aprovechan de sus amos por mera necesidad y que aceptan su situación con resignación. Más bien son personajes antisociales que parecen, o bien disfrutar aprovechándose de los demás, o bien llegar a la delincuencia por pura codicia76. Sin duda, esta disparidad se debe a las diferentes tradiciones culturales de cada país; sin embargo, también pudieron contribuir algunas de las versiones a otros idiomas que se hicieron de las obras picarescas españolas y que los traductores adaptaban a las expectativas de sus lectores inmediatos. Este fue el caso de varias de las traducciones al francés que produjeron «novelas picarescas desvirtuadas, mutiladas en su esencia»77. No obstante, no debemos olvidar que algunas de las obras picarescas más importantes como el Lazarillo de Tormes o el Guzmán de Alfarache fueron traducidas directa, y podemos añadir magistral, además de respetuosamente, del texto original en español por David Rowland y James Mabbe, respectivamente.

ANÁLISIS DE «EL PÍCARO INGLÉS»
Acotación de «El pícaro inglés»

The English Rogue, en su título original en inglés, puede ser una novela de una sola parte, publicada por primera vez en 1665, o de cuatro partes, la última de las cuales fue publicada en 1671. Por las razones que explicaremos en este apartado, nuestra versión de El pícaro inglés se limitará a la primera parte de la novela; sin embargo, a lo largo de este análisis haremos referencia también a las otras, ya que algunos aspectos podrán ser mejor entendidos tomando la obra en su conjunto.

La palabra rogue, según el Oxford English Dictionary, está ya documentada en 1489 con el sentido de un holgazán ocioso o un vagabundo; sin embargo, esta palabra fue adquiriendo otros usos y vino a convertirse en un término amplio utilizado para referirse a todo tipo de inadaptado social que se desviaba de los cánones por muy diversas razones: económicas, religiosas, de comportamiento y costumbres, etc., y que podía ser tanto un mentiroso y un timador como un ladrón o un delincuente de mayor envergadura78. Su uso en el ámbito literario para referirse a un vagabundo que utilizaba disfraces, palabrería y engaños para conseguir ciertos fines, pero también a un granuja y un bribón, fue muy posiblemente acuñado por Thomas Harman en 1566 en su libro A Caveat or Warening for Common Cursetors Vulgarely Called Vagabonds79. Por otra parte, tal como hemos explicado en secciones anteriores, a partir de la traducción de James Mabbe del Guzmán de Alfarache con el título de The Rogue, las palabras «gusman» y «rogue» se convirtieron en sinónimas en la lengua inglesa en el siglo XVII. Por último, apuntábamos antes que Guzmán de Alfarache, debido a su popularidad, llegó a ser conocido en España simplemente como «El pícaro». De aquí que, a pesar de las diferencias indicadas acerca de los personajes y de las novelas picarescas entre España e Inglaterra, sobre las que abundaremos en este análisis, hayamos optado por el título El pícaro inglés como el más ajustado.

El título completo de la novela publicada en 1665 es The English Rogue: Described, in the Life of Meriton Latroon, A Witty Extravagant. Being a compleat History of the Most Eminent Cheats of Both Sexes. El nombre del protagonista y narrador de la historia, Meriton Latroon, ha sido objeto de conjeturas acerca de su significado y de la intención del autor al elegirlo. Para la segunda parte del nombre, Latroon, hay coincidencia entre los críticos en que es una transposición del español «ladrón», aunque Simon Dickie lo relaciona además con «letrina», sobre todo pensando en los abundantes elementos escatológicos que aparecen ya desde las primeras páginas80. Respecto a la primera parte del nombre, Meriton, Garrido Ardila lo vincula a la palabra «mérito» e interpreta el nombre completo como un «ladrón digno de mérito»81. Sin embargo, Dickie considera que el nombre podría ser el resultado de un anagrama de la expresión no merit, es decir, «sin mérito» o sin valor o excelencia, bien referido al protagonista como persona o como ladrón. El mismo autor también elucubra con la relación del nombre con la palabra merry en inglés, que, por una parte, en aquella época, podía tener ciertas connotaciones sexuales, pero que también se podría asociar al compuesto merryman, es decir, «bufón»82.

La historia de la publicación de lo que ha pasado a ser conocida como la primera parte de El pícaro inglés es ciertamente compleja. Escrita por Richard Head, aunque inicialmente publicada de manera anónima83, probablemente tuvo una primera edición en 1664 o 1665, de la que no han quedado ejemplares84. Fue publicada de nuevo en 1665 por Henry Marsh, un impresor de pocos escrúpulos que pirateaba, entre otros textos, obras de teatro. A la novela se le negó la licencia para ser publicada a causa de su contenido obsceno. Sin embargo, algunos críticos niegan que esta fuera la auténtica causa, ya que Roger L’Estrange, el censor encargado de otorgar las licencias, raramente las negaba basándose solamente en esta cuestión, que tampoco aparecía en su lista de temas prohibidos para la publicación de libros, y aluden más bien a un gesto para reafirmar su autoridad85. En cualquier caso, Richard Head acató las indicaciones del censor y eliminó varios poemas eróticos, aunque mantuvo muchas de las aventuras amorosas del protagonista86; sin embargo, mientras tanto, se habían puesto a la venta tres ediciones más sin expurgar, ahora con el nombre de Francis Kirkman como impresor. Kirkman había adquirido los derechos de edición de varios libros, entre ellos los de la novela de Richard Head, tras la muerte de Henry Marsh en 1665 durante la epidemia de peste que asoló Londres aquel año. Esta primera edición de 1665, también otra de 1666, comienza la numeración por la página uno hasta en tres ocasiones, lo que ha llevado a pensar que podría haberse vendido en tres partes87. La primera versión revisada y con licencia apareció en 1667 y es la que ha servido para la mayoría de las ediciones posteriores88.

En 1668 hubo una nueva edición con cambios sustanciales, sobre todo por lo que se refiere al final de la historia, en el que Meriton Latroon aparece como receptor de una especie de justicia divina, y que algunos autores atribuyen a Francis Kirkman89. En 1672, el mismo Kirkman introdujo nuevos cambios en otra edición: reescribió algunas frases, añadió algunos capítulos e incidentes y, de alguna manera, rebajó el tono de la novela90. En 1680 apareció una nueva edición en una publicación completa de las cuatro partes que introducía nuevos cambios respecto al número de capítulos y la distribución del texto91. Hubo algunas otras ediciones más en los últimos años del siglo XVII y principios del XVIII: 1693, 1697, 1701 y 1719. Y en 1874 apareció una edición facsímil completa de las cuatro partes a cargo del librero especializado en libros antiguos Edwin Pearson. Sin embargo, esta edición llevaba a confusión, ya que reproducía la cubierta de 1665, mientras que omitía sus propios datos como editor y utilizaba prefacios y otro material introductorio de diversas ediciones de la obra, sin especificar de cuáles92. En opinión de Leah Orr93, la razón de que se hicieran tantas ediciones, algunas con diferencias importantes entre ellas, durante el siglo XVII y principios del siglo XVIII, se debe a que cada una de ellas se adaptaba para dar respuesta a los gustos cambiantes en la novela de la época, que, recordemos, era un género todavía en construcción. Por otra parte, la propia naturaleza episódica de la novela picaresca hacía posible alterar el papel de algunos personajes secundarios o algunas de las digresiones al tiempo que se mantenían los elementos esenciales.

Hay coincidencia entre la crítica en el hecho de que la primera parte de El pícaro inglés fue en realidad escrita como una novela sin mayores pretensiones de continuidad94. El argumento de esta parte completa un arco narrativo en sí mismo y un hilo argumental que se cierra al final95. La única razón, por tanto, de que aparecieran otras partes fue el éxito de ventas de la novela y la intención de sacar provecho económico de su popularidad. El libro nos cuenta la historia de Meriton Latroon, hijo de un pastor protestante inglés asesinado en la rebelión irlandesa de 164196. Tras este suceso, en el que también muere un hermano, Meriton y su madre regresan a Inglaterra. Una vez que se establecen en una comunidad protestante, el niño Meriton comienza a asistir a la escuela, donde su maestro y compañeros son víctimas de algunos de sus desmanes infantiles, que incluyen pequeños robos y engaños, así como la tortura a animales, a consecuencia de lo cual es enviado a un internado. Se escapa y se une a un grupo de gitanos, mendigos y ladrones con los que aprende a robar y también la germanía de los delincuentes. Tras un periodo como mendigo y ladrón en Londres, consigue un trabajo de aprendiz, pero se junta con malas compañías y roba a su amo para gastarse después el dinero en tabernas, garitos y burdeles. Se introduce vestido de criada en un internado para mujeres y se relaciona sexualmente con casi todas las alumnas, por lo que tiene que huir. Lo secuestran, pero consigue escaparse. Con la falsa declaración de haberse reformado, es aceptado de nuevo en casa de su antiguo amo; sin embargo, en pago al generoso gesto de aquel, seduce a su esposa y le roba hasta llevarlo a la quiebra, de modo que el amo acaba en la cárcel, donde muere. Abandona a la mujer y persigue una vida licenciosa llevado por sus deseos sexuales. Se casa, pero en esta ocasión el engañado es él. Sigue con sus estafas y, en su huida, llega a Dublín, donde una mujer cuida de él a cambio de favores sexuales. Sigue seduciendo y abandonando mujeres, con cuyo dinero vuelve a Inglaterra, donde se convierte en salteador de caminos y se une a una nueva hermandad de maleantes. Al poco, la abandona y conoce a unas mujeres salteadoras que actúan vestidas de hombre. Se encuentra con un antiguo amigo, quien, durante varios capítulos, le cuenta sus tretas y aventuras. Es detenido en varias ocasiones, aunque consigue zafarse de las penas impuestas. De nuevo en Londres, reencuentra a su mujer y abren juntos un burdel, que fracasa. Tras un robo, es detenido y llevado a la cárcel de Newgate, desde donde reflexiona y también ofrece consejos sobre cómo reconocer a los de su estirpe y cómo protegerse de ellos. Finalmente, recibe su sentencia, que le condena a un destierro de varios años. Aquí se inicia un viaje que le lleva a diversas partes del mundo y, tras muchas vicisitudes, acaba en la India97. Allí termina la historia, con Meriton casado con una dama de este país de vida acomodada y advirtiendo a los posibles lectores para que aprendan de sus errores. Aunque la narración está salpicada de rasgos de humor, también hay diversos comentarios de carácter moralizante a lo largo de la historia98.

A pesar de que puede variar según las ediciones, aparte de su numeración irregular, la novela está dividida en más de setenta capítulos. En concreto, la versión escogida para esta edición consta de setenta y seis. Su contenido y longitud es bastante desigual, ya que algunos incluyen un periodo largo de tiempo y diversos incidentes, mientras que otros están dedicados a un breve episodio de la historia. Por ejemplo, los primeros capítulos de la novela son, en general, bastante más largos, en cambio, aquellos en los que un amigo cuenta sus propias aventuras (XXXVIII a L) o los que cuentan sus viajes por distintos lugares lejanos (LXIX a LXXII) son muy breves. También hay capítulos de carácter más descriptivo y digresivo —en su totalidad o en parte—, mientras que otros tienen un ritmo más rápido y fluido. En el capítulo V aparece un breve glosario de germanía, el lenguaje propio de los estafadores y ladrones99.

El texto, quizás para quitarle aridez a tantas páginas seguidas de prosa, algo a lo que no siempre estaban acostumbrados los lectores de la época, contiene intercalados poemas, canciones o simplemente una breve estrofa o un pareado. El narrador siempre suele encontrar una razón adecuada para introducirlos de manera relativamente espontánea como respuesta a algún acontecimiento: despedirse, enseñar una lección, burlarse de alguien, etc. En opinión de Simon Dickie100, esta tendencia sugiere el hábito cotidiano de componer versos en aquel momento. Por otra parte, como veremos un poco más adelante, el autor también aprovechó estos poemas, al menos en su primera versión, para introducir algunos de los aspectos más abiertamente obscenos.

En varios de los capítulos son otros personajes los que cuentan su propia historia: en el capítulo XIV lo hace un joven con el que se encuentra por el camino; en los capítulos XXXIV y XXXV conocemos la vida de unas mujeres salteadoras narradas por ellas mismas, y —especialmente— en los capítulos XXXVIII a L, se nos cuentan con detalle las aventuras de un amigo del protagonista buen conocedor de la ley y del provecho que este tipo saca de ello. Esta técnica, es decir, contar aventuras ajenas, se expande en las siguientes partes de la novela, de modo que Meriton Latroon prácticamente desaparece de la historia, aunque se mantiene su personaje y su función de narrador como hilo conductor.

En el «Prefacio» que apareció en la edición de 1665, Meriton Latroon —que es quien lo suscribe— afirma que su estilo es «llano y familiar» y «que rechaza expresiones grandilocuentes y gusta de aquellas que más fácilmente se entienden». Esta afirmación contrasta, sin embargo, con el hecho de que el narrador introduce con frecuencia expresiones pretenciosas, citas y referencias sacadas tanto de los clásicos como de otros escritores y obras más recientes, haciendo casi alarde de su cultura intelectual. Por otra parte, en ciertos momentos podríamos hablar de un estilo descuidado, ya que se incluyen repeticiones de algunas frases cercanas en el texto o incluso ciertas incoherencias. Este último aspecto podría ser consecuencia de su tendencia a tomar ideas y fragmentos de otros autores, que no siempre es capaz de ligar de manera fluida y congruente.

Se ha acusado a Richard Head de no tener un interés en los personajes en un sentido moderno, pues parece como si para él fueran meros maniquíes a los que adjudicar anécdotas más o menos divertidas y casi siempre poco edificantes, pero sin darles suficiente profundidad101. Ni siquiera el personaje de Meriton, a pesar de que se nos presenta desde su niñez hasta el momento en que cuenta su vida, está suficientemente desarrollado. Por otro lado, aunque la narración de las andanzas de Meriton sigue la pauta típica de una novela picaresca española, es decir, una historia en primera persona que cuenta la vida del protagonista, cómo se convierte en un truhan y su arrepentimiento final, lo cierto es que —según algunos críticos— Meriton no podría considerarse realmente un pícaro porque no se convierte en tal por necesidad102.

Siguiendo el paradigma de las novelas picarescas, uno de los elementos que se refleja claramente en la novela es que lo que allí se cuenta tiene que servir de lección para otros. Esto queda claro tanto en el «Prefacio», donde se dice que cuenta la historia por el «bien de [su] país», y en la «Epístola al lector», donde se vuelve a mencionar el «bien público» y se expresa la esperanza de que el lector hará buen uso de «las locuras que se comenten» y declinará hacerlas él mismo; idea que se repite en el capítulo I, donde —además— se pide la absolución de sus pecados. Aparte de breves referencias a cómo los desmanes que cuenta tienen que servir de enseñanza a otros, en el capítulo LXXVI, que cierra la novela, se vuelve a insistir ampliamente en esta idea. Además, imitando también la tradición inglesa de los cony-catching pamphlets, que mencionamos en otra sección, en los capítulos LX a LXIV se incluye una especie de manual para advertir a las posibles víctimas de las fechorías de los delincuentes.

Aunque Meriton es consciente de que «sin un arrepentimiento sincero, sufriríamos por [nuestros libertinajes] en el más allá» (cap. XXIX), parece que solo es capaz de mostrar su contrición cuando es condenado y teme perder la vida (cap. LXV). Sin embargo, una vez que consigue zafarse del castigo, poco le cuesta volver a su vida disoluta y solo ocasionalmente recuerda «aquellos votos sagrados que había hecho en Newgate sobre vivir de una forma más piadosa, estricta y sobria» (cap. LXIX) y «las promesas y juramentos que había hecho al cielo» (cap. LXXIV). Quizás por ello su comportamiento destila siempre cierto cinismo, como cuando se muestra devoto ante su amo para poder robarle (cap. XII), cuando acaban de fallecer su amante y su hijo y solo se muestra preocupado por la maldición que la mujer le lanza antes de morir (cap. XIX), cuando declara sentir «amor y respeto» por las mujeres (cap. XXXIII) o cuando llama «sátiro cabrón del demonio» a un nativo de Siam por querer tener relaciones con una joven, tal como él acaba de hacer (cap. LXXI).

El pícaro inglés ha sido tildado con frecuencia de tener un tono vulgar, grosero y chabacano, llegando al sensacionalismo con descripciones a veces explícitamente violentas y sexuales y también escatológicas. Y el personaje de Meriton ha sido acusado —con razón— de cruel, insensible y depravado. Son numerosas las escenas de sexo más o menos explícito, y no se inmuta en declarar que «también por la fuerza física, obtuve lo que deseaba» (cap. XXXII), así como que en la India tiene relaciones con una niña de siete años (cap. LXIX). El mismo Meriton reconoce su crueldad cuando, tras haber seducido a una joven sirvienta y dejarla embarazada, la envía a América con engaños (cap. XI), y más tarde, cuando detienen a su mujer por regentar un burdel que han montado los dos, se dirige a la cárcel y solicita que añadan media docena de latigazos al castigo ya establecido (cap. LV). Se describen algunas escenas de una mujer orinando en medio de una habitación (cap. III) o él mismo intentando defecar (cap. XXV) y el encierro de una anciana en un privado (cap. XII); pero especialmente desagradable resulta el momento en el que se come su propio vómito (cap. XXVI) o cuando escapa de la cárcel bajando por las letrinas (cap. LV).

No podemos dejar de mencionar el tufo misógino que se destila a lo largo de todo el texto. Ya hemos aludido a algunos ejemplos, de los muchos que hay, del abuso que el protagonista hace de las mujeres, a las que cosifica continuamente. Las critica por utilizar «halagos y disimulos» (cap. XI) hace que se critiquen entre ellas (cap. XXXVI), se escandaliza por la lujuria mostrada por una prostituta (cap. XII), y desprecia a la mujer india con la que finalmente se casa, una vez que se ha convencido de que será «capaz de besarla sin vomitar» (cap. LXXV). Ideas que se condensan en el capítulo XXII, dedicado a una serie de reflexiones sobre la mujer, a la que califica como «objeto indigno» o «pedazo de imperfección».

Al principio de esta sección ya dijimos que, aunque hubo una o varias impresiones de la novela, a esta se le negó inicialmente la licencia de publicación por su carácter obsceno, y que Richard Head se avino a eliminar algunas partes, en concreto varios poemas eróticos o fragmentos de ellos. En notas al texto hemos incluido los versos y alguna parte en prosa que habían sido eliminados de la edición de 1665 de la que disponemos para la edición con licencia que finalmente apareció en 1667. Incluso una lectura rápida de estas partes expurgadas deja patente el tono obsceno, también soez y, en consecuencia, misógino que Richard Head utilizó en esta novela sin ningún atisbo de sonrojo o desasosiego. Ni el carácter vulgar ni la actitud misógina desaparecerían en las siguientes partes de la novela.

El propio Francis Kirkman, autor declarado de la segunda parte de la novela, explica las circunstancias en las que esta se gestó en el prefacio al lector de dicho volumen. Allí Kirkman nos cuenta que, habiendo tenido la primera parte tan buena acogida entre el público lector, se dirigió a su autor para que escribiera una segunda, tal como Head había dejado entrever que haría. Sin embargo, Head se negó por varias razones, siendo la principal que muchos lectores habían tomado el libro como autobiográfico, especialmente porque era sabido que él mismo había cometido algunas fechorías a lo largo de su vida. Esto le había traído problemas, como el hecho de que lo consideraran un tipo peligroso y que algunas personas lo evitaran103. Algo más adelante Kirkman explica que, al no convencer a Head, lo intentó con otro conocido escritor —cuya identidad nunca se ha sabido— que tampoco accedió a escribir el nuevo libro. Y por esta razón finalmente él mismo acometió la empresa. De este modo, en 1668 publicó The English Rogue Continued, In the life of Meriton Latroon. And other Extravagants. Comprehending the Most Eminent Cheats of Most Trades and Professions. The Second Part