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Los tres estudiantes del colegio Sagrado Corazón creían tener una vida normal: les iba muy bien en el colegio, tenían buenas calificaciones, no tenían problemas con sus padres y todos los fines de semana salían al cine o a jugar al fútbol. Todo parecía ir normal hasta que, a principios de marzo, llegó un profesor de matemáticas para reemplazar al fallecido profesor Eduardo Martínez. Desde el primer minuto logró despertar la inquietud en los jóvenes... ¿Qué secreto guardaba el profesor sustituto?
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Seitenzahl: 87
Veröffentlichungsjahr: 2024
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© Derechos de edición reservados.
Letrame Editorial.
www.Letrame.com
© K.M. Reyes
Diseño de edición: Letrame Editorial.
Maquetación: Juan Muñoz Céspedes
Diseño de cubierta: Rubén García
Supervisión de corrección: Celia Jiménez
ISBN: 978-84-1068-510-9
Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.
«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47)».
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DEDICATORIA
Les dedico este libro a Karina, a mi hermana Valentina y a mi abuelo Fernando, por ser las personas que me guiaron a seguir mis sueños. También se los dedico a mi papá, a mis amigos y profesores de la universidad, a mis tíos de Santiago de Chile, a mi familia de Porvenir y de Australia. Gracias a todos ustedes por no perder nunca la fe en mí.
También quisiera dedicarle esta obra a mi tía Teresa, fallecida en el año 2020.
Introducción
Un frío lunes de marzo del año 2011 estaba a punto de descubrirse el crimen más horrible en Punta Arenas.
Todo había ocurrido a medianoche y a orillas de la Costanera. El frío de esa mañana, junto al viento, hacía pensar que en las próximas horas caería una lluvia fuerte, por lo que la mayoría de los puntarenenses decidieron quedarse dentro de sus hogares, tomando una rica taza de café o leyendo un buen libro mientras pasaba la lluvia. Nadie sospechaba que quince minutos después del comienzo de la lluvia, el grito de una mujer sería lo que alertara al resto de la población de que algo muy malo había sucedido.
El cuerpo de la víctima estaba bañado en un charco de sangre, sin identificación y con más de diez puñaladas en todo su cuerpo.
¿Qué persona sería tan enferma como para cometer un asesinato de ese tipo?
Lo encontraron a orillas de las frías aguas magallánicas, diciendo casi a gritos que nadie fue capaz de evitar que lo asesinaran de esa forma ni de prestarle ayuda mientras le estaban quitando la vida.
¿Dónde estaban los Carabineros? ¿Hubo algún testigo cerca de la escena del crimen?
Uno de los testigos se comunicó con la Oficina de Investigaciones criminales y les avisó lo que estaba viendo a orillas del Estrecho de Magallanes. En menos de diez minutos llegó hasta el lugar una patrulla color azul oscuro, luciendo en la parte frontal el logo característico de la compañía, con la sirena prendida y causando un sentimiento de alarma entre las demás personas.
Según las teorías de los investigadores, todo había pasado durante la medianoche, cuando el o los autores llegaron a la escena del crimen, llevando a la fuerza a la víctima y lo habían golpeado hasta dejarlo tirado en la arena. Después de algunos minutos, uno de ellos sacó un arma desde el bolsillo de su chaqueta, la levantó hasta dejarla a pocos centímetros de su cabeza y le disparó tres veces, hasta tirarlo al suelo, inconsciente y con varias líneas de sangre cayéndole por el cuerpo. Para terminar el crimen perfecto, le habían dado veinte puñaladas en los brazos, las piernas y su pecho. Sin duda, era uno de los peores crímenes de la historia.
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Carla Bustamante, que era la mujer que aceptó ir a declarar al cuartel, subió a una de las patrullas, acompañada por dos funcionarios de investigaciones, quienes le prometieron que la interrogación no duraría más de media hora.
Con la hipótesis que levantaron los investigadores, todos los funcionarios entendieron que: 1) el hombre llevaba más de ocho horas tirado en la Costanera, 2) el autor del crimen no había actuado solo y 3) hasta ahora no había más testigos que la mujer que encontró al cuerpo tirado en la arena y que se atrevió a declarar su versión cuando los investigadores llegaron hasta el sector con las alarmas de sus patrullas sonando con fuerza y atrayendo la atención de los demás habitantes. Sin duda, este crimen despertaría la atención de los diarios magallánicos y sería tendencia en los canales de televisión en la Patagonia, apenas los periodistas obtuvieran más información sobre este caso.
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Eduardo y Felipe se conocieron en una clase de inglés, cuando eran estudiantes en la universidad de Punta Arenas. Al principio no se llevaban muy bien y casi no se hablaban durante los momentos de descanso, pero en la mitad del semestre tuvieron que juntarse para hacer un extenso informe en pareja. Desde ese día empezó una larga, pero complicada amistad, que terminó pocos meses después cuando Felipe Rodríguez sorprendió a Eduardo Martínez intimando con su expolola.
Desde ese día, Felipe prometió que se iba a vengar de Eduardo, aunque pasaran los días, los meses y los años. Él nunca se iba a olvidar de la persona que le quitó al amor de su vida, a la única que había amado con todas sus fuerzas. Unos años más tarde, Eduardo formó una familia con ella. La única hija de esa unión, la niña de pelo rubio y ojos azules, representaba el fruto de una traición. Felipe nunca llegó a quererla y siempre que la veía caminando de la mano de sus padres aparecía en su alma un profundo odio.
—Me voy a vengar de esos dos —se dijo a sí mismo todas las noches, durante varios años seguidos.
Lo que él no sabía era que en el octavo básico A estudiaba aquella niña.
Emilia tenía trece años, era una de las chicas más inteligentes del colegio y se había olvidado completamente de aquella dolorosa experiencia de sus primeros años de vida en la que Rodríguez era el protagonista.
Capítulo 1
Aprincipios de marzo, el diario magallánico Tierras Australes informaba en los titulares la triste muerte de un hombre de cuarenta y cinco años, del cual todavía no sabían su identidad ni las razones de su asesinato a orillas de la Costanera. Toda la ciudad de Punta Arenas se vio muy conmocionada y de inmediato tuvieron miedo de encontrarse cara a cara con un posible asesino serial. Era la tercera persona en perder la vida por razones muy extrañas. La policía de la región de Magallanes lo había encontrado tirado a orillas de la costanera, bañado en sangre, y con fuertes heridas en el pecho y en su cabeza. Al parecer, no hubo más testigos que Carla Bustamante, quien casualmente se encontraba cerca de la escena del crimen y había aceptado ir a declarar al cuartel.
El número de personas que habitualmente paseaba por la costanera disminuyó de manera significativa. Las cintas amarillas impedían el paso hacia la escena del crimen y todavía quedaban las señales del homicidio que había ocurrido la semana anterior. Tres días después de este terrible suceso, todos los colegios y las universidades de la ciudad continuaron con normalidad su quehacer académico. Todos, con excepción de uno.
El colegio Sagrado Corazón estaba ubicado en el centro de Punta Arenas, era un edificio que recibía a estudiantes desde el año 1904; tenía las paredes de color rosado y grandes ventanas, protegidas con cortinas de fierro, adornaban al edificio y les daban un aspecto diferente a los demás colegios. Tenía dos pisos y treinta salas de clases para todos los cursos de enseñanza básica y media. Era un colegio católico por donde se le mirara. Todas las mañanas y antes de entrar a clases, los estudiantes tenían que dirigirse al salón principal para rezar las oraciones matutinas. Los estudiantes de enseñanza básica asistían al que estaba a unos veinte metros de la portería y los estudiantes de enseñanza media tenían que ir al otro salón que quedaba frente a un kiosco. Eran los típicos «Buenos Días», una breve oración y que incluía una pequeña bienvenida, algunos versículos de la biblia y tres o cuatro peticiones al Señor.
Emilia López tenía trece años, era la mejor estudiante de la enseñanza media y gracias a su personalidad de líder, sus compañeros de curso la habían elegido presidenta por cuatro años seguidos. Hasta el momento tenía notas sobresalientes, que sin duda le ayudarían para entrar a la universidad, si ella lo quería. Soñaba con estudiar Derecho y ser una de las mejores abogadas de Punta Arenas. Sus dos mejores amigos eran Diego González y Carolina García.
Los chicos se conocían desde el año 2002, cuando entraron a prekínder. Todo lo hacían en equipo: las presentaciones y los trabajos en grupo. Se juntaban los sábados por la tarde en la casa de Emilia a estudiar para las pruebas de la semana siguiente. Sus presentaciones eran todo un éxito cuando decidían trabajar los tres y eran el único grupo del curso que sacaba aplausos sinceros por parte del resto de sus compañeros y profesores. Sabían que serían muy buenos profesionales en el futuro; Diego quería estudiar Ingeniería en Prevención de Riesgos y Carolina, Pedagogía en Lenguaje. Sabían el puntaje de la prueba de admisión que necesitaban para entrar a sus carreras y las becas internas a las que podían postular. Tenían todo su futuro resuelto. También entendían que los próximos años serían mucho más difíciles que el que estaban viviendo.
Sin embargo, había una pregunta pendiente que no no los dejaba tranquilos durante las noches: ¿qué tal si el hombre que había sido encontrado sin vida era su profesor de matemáticas?
Gracias a la portada del diario Tierras Australes que salió al día siguiente, los tres estudiantes supieron que el hombre muerto en la Costanera era efectivamente su maestro, Eduardo Martínez, quien llevaba más de cinco años trabajando en el colegio Sagrado Corazón. ¿Cuáles habían sido las causas de su muerte? Tenía más de veinte puñaladas en varias partes de su cuerpo y tres disparos en su cabeza.
La noticia fue confirmada por la directora del colegio, la señora Adriana Prieto, en medio del discurso en el salón de actos. Mujer de mediana edad, con cinco kilos de sobrepeso y con voz suave, llevaba unos diez años a cargo de la dirección del Sagrado Corazón. Siempre estaba atenta al mínimo detalle de lo que sucedía en el establecimiento y con sus alumnos, esta vez sabía que tendría que explicar con mucha delicadeza la triste noticia; pero la emoción le jugó en contra y comenzó a llorar en medio del discurso. Tuvo que retirarse del salón ante la mirada sorprendida de los demás profesores y estudiantes.
La muerte del profesor Martínez fue un golpe muy duro para todos los estudiantes y los profesores que habían trabajado con él durante los últimos cinco años. Nadie entendía cómo ni por qué había partido tan repentina y violentamente.
Sólo los más cercanos asistieron a su funeral.
