El rostro del viento - Claudio Siro Salvador - E-Book

El rostro del viento E-Book

Claudio Siro Salvador

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Beschreibung

El rostro del viento es un manojo de cuentos y poesías donde sutil pero duramente se utiliza la palabra como una espada para descubrir nuestro mundo interno. En esta obra encontrarás debilidades, fortalezas, esperanzas y bajezas presentes en cada cuento y poesía, que intentan desnudar la naturaleza humana y la búsqueda de uno mismo. Aquí conviven sensaciones, entimientos y creencias en una mezcla que por momentos es armoniosa, opuesta, lógica o contradictoria como el mismo ser humano.

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Seitenzahl: 75

Veröffentlichungsjahr: 2023

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Producción editorial: Tinta Libre Ediciones

Córdoba, Argentina

Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo

Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Corrección literaria: María Harmitton Oliveto.

Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Salvador, Claudio Luis Siro

El rostro del viento : antología de cuentos y poesías / Claudio Luis Siro Salvador. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2023.

126 p. ; 21 x 15 cm.

ISBN 978-987-824-310-8

1. Antología. 2. Antología de Cuentos. 3. Antología de Poesía. I. Título.

CDD A860

Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,total o parcial sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor.

Está también totalmente prohibido su tratamiento informático y distribución por internet o por cualquier otra red.

La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidadde/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.

Hecho el depósito que marca la Ley 11.723

Impreso en Argentina - Printed in Argentina

© 2023. Salvador, Claudio Luis Siro

© 2023. Tinta Libre Ediciones

Índice

Palabras preliminares Pág. 9

El rostro del viento Pág. 11

Grön, el ermitaño Pág. 13

Sencillamente Pág. 17

La lágrima de la amapola Pág. 19

A ti Pág. 21

Ellos y los otros Pág. 23

Duerman mis sentidos Pág. 25

Un tiempo bendito Pág. 27

Esta es mi voz Pág. 29

Las marcas de su rostro Pág. 31

¡Viejo amigo! Pág. 33

La cacería Pág. 35

Alquimia Pág. 37

Laura y su corcel Pág. 39

Volver Pág. 41

En la fila Pág. 43

¿Cuándo fue que sucedió? Pág. 45

El rostro del viento Parte I Pág. 47

El rostro del viento Parte II Pág. 49

El rostro del vientoParte III Pág. 53

El rostro del viento Parte IV Pág. 57

¡Oye, pesar! Pág. 59

Escarbando en la orilla Pág. 61

Amor distraído Pág. 63

La última Pág. 65

Cargarla es un honor Pág. 67

El gran libro Pág. 71

Miedo Pág. 73

La mezcla Pág. 75

Valiosos Pág. 79

El pájaro carpintero y el limonero Pág. 81

Cómo Pág. 83

El perro Pág. 85

¿Cuándo entenderás? Pág. 87

La pared Pág. 89

De reojo Pág. 91

Venga tu reino Pág. 93

Heridas esquivas Pág. 95

El milagro de los ojos verdes (Ludmila) Pág. 97

Así parece Pág. 101

El ovillo Pág. 103

La voz de mi madre Pág. 105

La caja roja Pág. 107

Control Pág. 109

Si hubieras Pág. 111

El vino y el traje Pág. 113

El color perdido Pág. 115

El balde Pág. 119

La mudanza Pág. 121

Sonreirás Pág. 123

Palabras preliminares

Buscadores de sueños que anhelan hallarlos en plumas extrañas:

A veces cuesta comprender por qué cada ser humano se daña a sí mismo, quizás sea una manera de hacerse responsable de su destino; después de todo, ¿quién puede asegurar que un mendigo no sabe de abundancia? He decidido guardar recuerdos en este viejo baúl, a la espera de que alguien los descubra a través del papel…

Erguido frente a la puerta que conduce a los acantilados, no he querido detenerme, y ahora desde allí tú observas las miserias y las riquezas que se retuercen en la arena.

El rostro del viento

Antología de cuentos y poesías

Grön, el ermitaño

Todo pueblo montañés que se precie, debe tener un ermitaño.

Grön era un viejo huraño y solitario que vivía en el espeso monte a los pies de una gran montaña. Ocupaba las tierras bajas aledañas al río en un sector casi intransitable, donde el sol llegaba con esfuerzo y desganado. Había sido elegido por unanimidad social para tan digno honor que, obviamente, él ignoraba.

Su residencia no era conocida por ningún habitante; los alambres con púas esparcidos alrededor de su rústica cabaña, en consonancia con una generosa siembra de vidrios rotos decorados con numerosas, amenazantes y espinosas plantas, eran su eficaz sistema de alerta temprana.

Grön andaba solo; nunca tuvo perro ni compañía. Había llegado al pueblo en silencio muchos años atrás. Hablaba muy poco y, aun así, muchos afirmaban conocer su voz, mas no existían coincidencias en su descripción: aguda para algunos, grave para otros, cortante, filosa, seca, enigmática, misteriosa, fría, fuerte, suave, ordinaria, intimidante, amable. Cada uno de los vecinos que se habían topado con Grön tenían su propia versión al respecto.

Curiosamente, este dispar criterio fue generando atención entre las personas del pueblo que solían reunirse para intentar una calificación común, ya que consideraban altamente sensato coincidir en la descripción del emblema popular.

Luisa, la farmacéutica, dominada por el miedo al rechazo de un amor secreto mantenido hasta que las carnes no logran ya satisfacer al ego, definía la voz de Grön como «aquella voz que grita por amor y se estrella contra la indiferente espalda de los hombres para volver humillada a escuchar su propio eco», y explicaba que la agudeza era tal que semejaba un triste aullido de lamento.

Marcos, el joven deportista, cuyo deseo de conocer el mundo fue abortado por la enfermedad de su madre, solía afirmar que la voz de Grön se parecía al «suave susurro apagado de un ángel que, cayendo al precipicio, suplicaba por sus alas», ya que apenas era audible y sobre todo demasiado ronca, como una falsa ilusión.

Julio, el alcalde del pueblo, que habiendo bebido con deleite los mejores años de Raquel ahora saboreaba con idéntico afán los nuevos de Jacinta, declaraba que cuando escuchaba la voz del ermitaño, se estremecía como si estuviera presente ante «una sedienta turba oculta bajo las sombras, presta a vengar sangres inocentes», y agregaba que los sonidos de su boca eran graves y su tono indeseado, como la misma envidia.

Adelaida, la maestra, quien pese a vivir con la traición de su hombre se empecinaba en negar la enfermedad de su amor, opinaba que la voz era fea y ordinaria como «el graznido del ave rapaz que, habiendo perdido su presa, picotea sus propias patas hasta sangrar buscando dar lástima para ser alimentada».

Siro, el médico, que se había prometido no entregar su corazón al amor a fin de preservarlo indemne de todo daño, decía que la voz del ermitaño «era impenetrable y oscura como el espeso monte en el que había decidido vivir su indescifrable y solitaria vida», y que justamente por esa causa era también una voz enigmática y atractiva.

El tiempo pasó y con él aparecieron multiplicados los Julios, las Luisas, las Adelaidas, los Siros y los Marcos.

La discusión aumentó pese a que nadie había encontrado a Grön durante varios años. Tal vez había desaparecido o quizás había muerto de viejo; daba igual la causa de su ausencia. Sin embargo, los habitantes siguieron escuchando su voz… ya que todo pueblo montañés que se precie, debe tener un ermitaño.

Sencillamente

Sencillamente, no puedo moverme…levantarme sin más y seguir al vientoque sádico se vuelve lentonegándome el camino,que acabe contigoy también tu recuerdo.Sencillamente, he de esperar aquíaun sabiéndome desnudosin armas ni esperanzaaguardando la matanzaque cierne sobre mí.Invisible y dulce cadenaque atada a mi corazónhizo perder la razónpara nunca más volvere imposible de rompersolo espera compasión.Sé que vas a decirmeque pronto habrá otros cielos,que encargue al tiempo el olvidoporque nada está perdido;sencillamente, te diréque de este amor… yo muero.No he caminado en vanotoda mi vida buscandoal alma que me fue señaladapara simplemente dejarlacuando su carne se debilita.No, no ha sido cobarde mi viday, si llega el momentoen que ya no te tenga,te irás con mi alma,yo me quedaré con tu aliento.Sencillamente, no puedo moverme;sencillamente… no quiero moverme.

La lágrima de la amapola

El llanto lavaba sus almas.

Una, la hija, lloraba de alegría por haber alcanzado su más preciado sueño: el reconocimiento del mundo.

La otra, la madre, lloraba de tristeza por el adiós inevitable.

El latido que las unía se rompió para siempre y la hermosa flor fue exhibida en el centro de la sala a la vista de los visitantes del importante museo.

Su hermosura no pasaba desapercibida para nadie. Llena de elogios y dulces miradas, se supo reina del lugar.

Afuera, en la tierra, su madre se aferraba al recuerdo de su aroma, al recuerdo de su color.

Pronto, la joven amapola comenzó a sentir la debilidad de sus pétalos y comprendió que su vida terminaba antes de tiempo, entonces recordó las cosquillas que le hacían las abejas y los chistes que le contaba el colibrí, su gran amigo, y fue allí que sintió la savia de su madre llenándola de vida y de amor.

Cuando amaneció, ella ya dormía.

A ti

Ojalá tu estrellavuele cerca de la míacuando se apague esta vida.Ojalá mi memoria retenga tu vozy mis manos, el calor de tu brilloque heredó a nuestros hijosel sublime arte del amor.Ojalá, vientre fecundo,sepa yo encontrarteen el nuevo mundoy aunque tu carne no pueda tocar al verte recordaré lo que es amar.