Erhalten Sie Zugang zu diesem und mehr als 300000 Büchern ab EUR 5,99 monatlich.
La expansión y el desarrollo que el sector turístico ha experimentado en las últimas décadas lo han convertido en uno de los principales pilares sobre los cuales se ha sustentado la economía en el ámbito mundial. De hecho, es uno de los pocos sectores que ha crecido en medio de la crisis de la última década, lo que ha permitido un mejor posicionamiento de algunas economías en el contexto internacional (OMT, 2016). Sin embargo, estudios recientes han llamado la atención en que el turismo no ha logrado cumplir cabalmente con los propósitos inicialmente señalados. Frente a estas críticas, no es de extrañar entonces que, desde finales de la década de los ochenta del siglo pasado, se halla iniciado una profunda reflexión sobre la búsqueda de un modelo de desarrollo más equilibrado. Incluso la conceptualización del desarrollo ha sido modificada para incorporar cada vez más los aspectos sociales, el bienestar y las oportunidades de sus miembros, es decir, el concepto de desarrollo humano como fin último del desarrollo. Es en este marco contextual que se ha centrado el análisis del turismo en el caso de Santander y que se expone en los diferentes capítulos de este libro. Consideramos que este análisis ofrece los argumentos necesarios para inducir a una reflexión profunda en todos los actores públicos y privados involucrados en el desarrollo del sector turismo. De esta forma, el libro apuesta por cumplir con la promesa de hacer del turismo un motor de desarrollo económico para el conjunto de la sociedad santandereana; un sector que contribuya a elevar en forma equitativa y sostenible la calidad de vida de todos los habitantes de este territorio.
Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:
Seitenzahl: 557
Veröffentlichungsjahr: 2022
Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:
Portada
Amado Antonio Guerrero Rincón
Carlos Andrés Ramírez Parada
Yurley Rojas Gélvez
Universidad Industrial de Santander
Facultad de Ciencias Sociales y Humanas
Escuela de Economía y Administración
Bucaramanga, 2022
Página legal
GUERRERO RINCÓN, AMADO ANTONIO
El turismo en Santander: hacia una nueva oportunidad social, ambiental y empresarial / Carlos Andrés Ramírez Parada, Yurley Rojas Gélvez
Bucaramanga: Universidad Industrial de Santander, 2022
331p. : il., diagrs., tablas., mapas
ISBN epub: 978-958-5188-46-4
1. TURISMO – ASPECTOS SOCIOECONÓMICOS – SANTANDER (COLOMBIA) – ANÁLISIS 2. TURISMO – ASPECTOS SOCIOECONÓMICOS – COLOMBIA – ANÁLISIS 3. DESARROLLO ECONÓMICO – SANTANDER (COLOMBIA) – ANÁLISIS 4. COMPETITIVIDAD – SANTANDER (COLOMBIA) – ANÁLISIS 5. POLÍTICA TURÍSTICA – SANTANDER (COLOMBIA) – ASPECTOS SOCIOECONÓMICOS 6. TURISMO CULTURAL – PLANIFICACIÓN – SANTANDER (COLOMBIA)
CDD : 338.47910986125 Ed. 23
CEP - Universidad Industrial de Santander. Biblioteca Central
El turismo en Santander:
Hacia una nueva oportunidad social, ambiental y empresarial
Amado Antonio Guerrero Rincón*
Carlos Andrés Ramírez Parada
Yurley Rojas Gélvez
*Profesor, Universidad Industrial de Santander
© Universidad Industrial de Santander, 2022
ISBN epub: 978-958-5188-46-4
Primera edición: noviembre de 2022
Diseño, diagramación e impresión:
División de Publicaciones UIS
Carrera 27 calle 9, ciudad universitaria
Bucaramanga, Colombia
Tel.: (607) 6344000, ext. 1602
Prohibida la reproducción parcial o total de esta obra, por cualquier medio, sin autorización escrita de la UIS
Impreso en Colombia
Introducción
La expansión y el desarrollo que el sector turístico ha experimentado en las últimas décadas lo han convertido en uno de los principales pilares sobre los cuales se ha sustentado la economía en el ámbito mundial. De hecho, es uno de los pocos sectores que ha crecido en medio de la crisis de la última década, lo que ha permitido un mejor posicionamiento de algunas economías en el contexto internacional (OMT, 2016). De esta manera, se ha convertido en uno de los principales ejes para jalonar nuevas inversiones en el sector de la infraestructura turística (especialmente hotelería), promover desarrollos empresariales y, por tanto, generar nuevos empleos1.
El “magma epistémico” de concebir al turismo como dinamizador del desarrollo fue incorporado a las políticas internacionales desde la década de los sesenta, cuando se consideró que el turismo, y especialmente el internacional, debía y podía beneficiar a los países subdesarrollados. El argumento esgrimido era: la llegada de numerosos turistas extranjeros a dichos países aportará divisas y reducirá el déficit estructural de la balanza de pagos, con lo que se equilibrará la economía y se impulsará el bienestar en el mediano o largo plazos. Es así que las Naciones Unidas, en su Conferencia de Roma en 1963, y haciendo suya dicha tesis, proclamaron solemnemente que el turismo puede aportar y aporta efectivamente una contribución vital al crecimiento económico de los países en vías de desarrollo2.
La evolución del sector turismo parecía ratificar la visión que ha predominado sobre el turismo: la de considerarloun sector generador de empleo y riqueza, vía de comunicación cultural, camino más efectivo para conservar las bellezas del mundo y generador de cambios positivos3. Sin embargo, estudios recientes han llamado la atención en que el turismo no ha logrado cumplir cabalmente con tales propósitos, pues al examinar detenidamente
… la contribución del turismo a la reducción de la pobreza en América Latina, los niveles de inequidad en la región hacen pensar en una sociedad donde los beneficios de tal crecimiento llegan cada vez más a estrechos márgenes de la población, y se presentan las tasas de concentración del ingreso más altas del mundo4 (Burne y Dachary, 2008, pp. 7-8)5.
Las mayores críticas recaen en la estrecha relación que se estableció entre el turismo y el mercado inmobiliario, en la medida en que este requiere áreas para expandirse y espacios ya edificados para hacer reingeniería, los cuales provienen de la transformación del uso del suelo y la modificación de las normas sobre densidad de ocupación. Ello requiere la liberalización de tierras para grandes proyectos inmobiliarios y el destino de inversión pública en infraestructura vial y de servicios públicos. Todo esto conduce a la creación de un mercado inmobiliario alrededor del turismo, sobre las premisas de la especulación y las grandes ganancias, sobre todo en los grandes polos de desarrollo turístico, conocidos como de litoral, y que se basan en los recursos de mar, sol y playa6. Evidentemente este modelo impulsó grandes proyectos de infraestructura turística, con la construcción y fomento de más alojamientos y equipamientos, pero el resultado final fue la instauración de un modelo dual del desarrollo urbano. Por un lado, una ciudad moderna, conectada, con servicios públicos de alta calidad, una ciudad lujosa, con altos niveles de seguridad; y por el otro, una ciudad marginada, caracterizada por sus grandes zonas de pobreza, como guetos, lo que contrasta con las ciudades turísticas de riqueza y lujo7. Este modelo es típico de las ciudades turísticas de litoral8.
En materia social, las críticas se centraron en el tipo y la calidad del empleo, utilizando como indicador los modos de distribución del ingreso, así como la relación entre crecimiento turístico y la pobreza en un destino turístico determinado. En este ejercicio evaluativo, se encontraron procesos de precarización laboral extendidos a las distintas funciones y prestaciones básicas; depreciación del salario, principalmente en los establecimientos de media y baja categoría; polifuncionalidad de las tareas y los roles asignados a los trabajadores, con mayor notoriedad en los establecimientos hoteleros y en las agencias de turismo, y sobre todo lo prescindibles que resultan los trabajadores del sector turístico, dadas sus características asociadas con altos niveles de estacionalidad, según las épocas de vacaciones (Daniel, 2008, p. 148). De hecho, el turístico es uno de los sectores económicos donde más se presentan fenómenos de precarización y de inestabilidad laboral; asimismo, es de los sectores que más contribuyen con el crecimiento de la economía informal en todas las fases de su desarrollo.
En términos sociales y ambientales, este modelo de crecimiento del sector turístico derivó en desplazamientos de poblaciones locales; procesos de gentrificación en la recuperación de centros históricos urbanos; degradación y destrucción del medioambiente; deterioro en áreas naturales, y pérdida de especies silvestres y ecosistemas. Además, el modelo presentó efectos socioculturales adversos, lo que impulsó el fraccionamiento de las sociedades locales, y la pérdida de la cultura y las costumbres imperantes en sus entornos (Maldonado, 2006).
Frente a estas críticas, no es de extrañar entonces que, desde finales de la década de los ochenta del siglo pasado, se halla iniciado una profunda reflexión sobre la búsqueda de un modelo de desarrollo más equilibrado. Este fue finalmente conceptuado como el modelo de un «desarrollo sostenible». El Informe Brundtland definía a finales de los ochenta la sostenibilidad como «el desarrollo que satisface las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades» (Comisión Mundial del Medio Ambiente y del Desarrollo y Brundtland, 1989, p. 23).
En lo que se refiere al sector que nos ocupa, el turismo, en marzo de 1990 la Globe ’90 Conference: Tourism Stream. An Action Strategy for Sustainable Tourism Development (Vancouver) estableció el concepto de turismo sustentable: «Una forma del desarrollo dirigida a mejorar la calidad de vida de las comunidades receptivas, proveer una máxima calidad de experiencia para los visitantes y mantener la calidad del ambiente del cual ambos dependen».
Este concepto fue asumido y sistematizado en la Carta del Turismo Sostenible o Carta de Lanzarote, propiciada por la OMT, en la Conferencia Mundial del Turismo Sostenible realizada en Lanzarote (Islas Canarias) en abril de 19959. El concepto sería reiterado en el Código Ético Mundial para el Turismo en 199910; la Carta Europea de Turismo Sostenible en los Espacios Protegidos, 2007-2010, y la Carta Mundial de Turismo Sostenible +20,2015 (Martínez Quintana, 2017). Las Naciones Unidas, por su parte, proclamaron el año 2017 como el Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo, un turismo bien concebido y gestionado, que forme parte de la Nueva Agenda 203011.
En el caso de Colombia, la Ley 300 General de Turismo de 1996 dispuso el desarrollo de un turismo sostenible que potencializara los recursos y formas de la biodiversidad nacional, a la par de su disfrute por todos los ciudadanos (turismo de interés social), al ser promovidas y financiadas formas explícitas del turismo rural, como el ecoturismo, agroturismo, acuaturismo y etnoturismo. Desde entonces, no existe documento alguno referido a la planificación o desarrollo del sector turismo, tanto en el ámbito internacional como nacional y regional, que no incorpore el criterio de la sostenibilidad como prerrequisito básico, en sus dimensiones económica, social y ambiental. Lo anterior, así sea de manera retórica, pues no necesariamente ello se refleja en las asignaciones presupuestales o en el cumplimiento de la normativa que lo hace posible.
Pero, así como la conceptualización del desarrollo ha sido modificada para incorporar cada vez más los aspectos sociales, el bienestar y las oportunidades de sus miembros, es decir, las condiciones de vida, con el concepto de desarrollo humano como fin último del desarrollo12, lo mismo ha ocurrido con el concepto de desarrollo sostenible para el turismo13. De hecho, en 2004 el Comité de Desarrollo Sostenible del Turismo de la OMT cambió la definición de desarrollo sostenible establecida en 1995, atendiendo a los resultados de la Cumbre de Johannesburgo y poniendo el énfasis en el equilibrio entre los aspectos ambientales, sociales y económicos del turismo14, y en la necesidad de aplicar principios de sostenibilidad en los diferentes sectores del turismo, incluyendo entre los objetivos la eliminación de la pobreza15. En Colombia, solo en 2020 se estableció una Política de Turismo Sostenible propiamente dicha16.
Aunque la sostenibilidad es transversal a todas las tipologías de turismo, sea este el turismo tradicional (asociado al turismo cultural-histórico y patrimonial-arquitectónico, religioso, etc., que se desarrolló especialmente en Europa) o el asociado con los destinos de sol y playa (mar, arena, sol), y es de carácter masivo, lo cierto es que en el modelo de turismo alternativo que se ha promocionado en las últimas décadas la sostenibilidad es el eje central de su actividad. Se hace referencia especialmente al denominado turismo de naturaleza, el cual puede ser segmentado en diversas categorías: ecoturismo17, especialmente en los parques naturales y las reservas protegidas; turismo rural-agroturismo (asociados al descanso, paisaje, cultura tradicional, etc.) y actividades que se derivan de las potencialidades que ofrecen los atractivos naturales de los territorios: turismo de avistamiento, turismo de contemplación, turismo científico, espeleología recreativa (cuevas y cavernas), senderismo o caminatas, cabalgatas, montañismo, deportivo (rápel, torrentismo, ciclismo y motociclismo de montaña, senderismo, actividades acuático-náuticas, rafting, balsaje, canotaje, pesca recreativa, parapentismo, etc.).
Por otra parte, el turismo de naturaleza venía siendo impulsado no solo por razones pragmáticas como una respuesta al turismo masivo y depredador de los atractivos y recursos naturales, sino también económicas, en la medida en que se ha logrado establecer que en países como
Dominica y otras islas del Caribe los turistas que usaron hoteles pequeños basados en la naturaleza gastaron 18 veces más que los pasajeros en cruceros cuando visitaron la isla. Y mientras que el 80 % del dinero gastado en paquetes todo incluido se destina a las líneas aéreas, los hoteles y a otras compañías internacionales, los denominados eco-hoteles contratan y compran localmente, y a veces contribuyen con hasta el 95 % de los gastos monetarios a la economía local (The International Ecotourism Society (TIES), Hoja informativa. Ecoturismo Global, pp. 1-3)18.
Es decir que este tipo de turismo genera más beneficios a las comunidades locales y, por ende, contribuye de una mejor manera con el objetivo de la disminución de la pobreza, lo que en alguna medida lo hace un «turismo responsable, justo y solidario, de bajo impacto ambiental y cultural».
A lo anterior habría que añadir los efectos negativos que desencadenó la crisis de la COVID-19 en el sector turismo, no tanto en términos cuantitativos, que son ampliamente conocidos, en la medida en que los encadenamientos asociados a esta actividad (agencias de viaje, transporte, estructura hotelera y servicios de restaurante, y en general ocio recreativo, espectáculos y eventos, etc.) han sido de los sectores más afectados, sino en lo que serán las perspectivas para una posible recuperación, atendiendo a los cambios de actitudes y comportamientos que pueden haberse acentuado, tanto por el lado de la demanda (turistas) como de la oferta.
El análisis de estos cambios se puede apoyar en algunos casos concretos, como el de España, a partir de estudios y reflexiones que ya se han hecho en este país. En particular, destaca la publicación realizada por la Agencia Española de Expertos Científicos, que convocó a más de una docena de sus miembros para reflexionar sobre el tema “El turismo pos-COVID”, y cuyos resultados publicó en el libro titulado El turismo después de la pandemia global. Análisis, perspectivas y vías de recuperación (AECIT, 2020).
Obviamente se parte de un estado de incertidumbre total, en la medida en que no se avizoran soluciones a corto plazo, con la amenaza latente de los rebrotes de la epidemia. Pero la pregunta que ronda es si el sector turístico podrá volver a las mismas condiciones que se tenían antes de iniciarse la crisis, o si la reactivación del sector tendrá que plantearse sobre nuevas bases; y en ese caso, ¿cuáles serían esos posibles escenarios? Lo único cierto es que los procesos de recuperación tendrían que contemplar una mayor resiliencia, previendo futuras crisis que se produzcan como consecuencia de la emergencia climática, que llegarán en 10-15 años19. De todas formas, un referente fundamental a considerar es la forma en que se superó la crisis financiera acaecida entre 2008-2010, cuando el turismo se recuperó acentuando «la precarización laboral, la concentración de empresas y el abaratamiento de las vacaciones (transporte, alojamientos y actividades low cost)», condiciones que no se pueden implementar en la actualidad cabalmente. Por tanto, no tiene mucho sentido recuperar el sector turismo sin considerar los elementos que lo han hecho tan frágil y vulnerable en la actual crisis.
No existe ninguna evidencia que indique que el sector turístico pueda mantener las tasas de expansión de más del 20 % con que venía creciendo en la década anterior. Por el contrario, se pueden acentuar las críticas y el rechazo al modelo actual (turismofobia y urbanofilia), lo cual exigiría un enfoque holístico de cualquier proceso de recuperación20. En referencia al planteamiento de nuevos escenarios para el desarrollo del sector, hay que considerar tres actores clave: política gubernamental, comportamiento del turista (miedo a viajar)21 y cultura organizacional (de las empresas),«para repensar la industria turística y reconstruirla desde una nueva visión más alineada con los grandes desafíos de la humanidad, en términos ambientales, sociales, tecnológicos», consciente de los riesgos para la salud. Por el contrario, se deberían aprovechar la oportunidad y el aprendizaje que brinda esta crisis para repensar los modelos de desarrollo turístico de forma tal que puedan contribuir a enfrentar de la forma más decidida posible los desafíos del cambio climático, así como para diseñar modelos más respetuosos e incluyentes de las comunidades locales22. El analista Alfonso Vargas Sánchez sostiene:
En el nuevo escenario que se dibuja el sector turístico necesita, aún más, de una alianza con la sociedad, con las comunidades locales, de forma que estas (quienes allí viven) se sientan parte activa y se beneficien en mayor medida de los flujos turísticos, en una suerte de simbiosis industrial que, en torno al turismo, cree un ecosistema colaborativo con los productores locales (agrícolas y de cualquier otro tipo), las instituciones locales de educación e investigación que impulsen iniciativas de economía circular, etc. El turismo no se hace (por parte de administraciones y empresas) para la gente, sino con la gente. La demanda potencial será más limitada, y sobre todo nacional, en el arranque, pues muy verosímilmente los comportamientos se habrán modificado y la renta disponible reducido)(op. cit.).
Es en el marco contextual descrito anteriormente que se ha centrado el análisis del presente texto reflexivo, para el caso de Santander. Así entonces, en el capítulo uno, “Turismo y desarrollo”, se presenta una comprensión de la forma en que el turismo ha evolucionado internacionalmente, teniendo presente el antes y después de la coyuntura de la COVID-19, y las tendencias que se pueden desencadenar, tanto en el ámbito de demanda como de oferta en el sector. En el capítulo dos, “El turismo en Colombia”, se revisan los aspectos relacionados con el país, haciendo énfasis en la búsqueda de una mayor competitividad en el sector y la revisión normativa de las políticas y el proceso de planificación, tanto en el ámbito sectorial como aquellas que buscan dotar de una mayor capacidad de gestión y de desarrollo institucional en las regiones. En el capítulo tres, “El turismo en Santander”, se examina lo relacionado con el sector turístico en el departamento, su visión, estructura empresarial, competitividad y lo que ha sido su proceso de planificación.
En el capítulo cuatro, “El turismo en Santander, hacia una nueva oportunidad”, ya en el terreno de los propositivo, y en términos de prospectiva, se avanza hacia la comprensión de lo que podría llegar a ser el turismo en Santander en unos cuantos años; por ello se abordan las razones que justifican un cambio en los procesos de planificación del sector, con un cambio de visión, y las perspectivas para el turismo cultural y el turismo de naturaleza. En el capítulo cinco, “La subregionalización del turismo en Santander”, se examinan las propuestas de planificación del turismo a escala subregional (Sur de Santander, Páramo de Santurbán y Topocoro) y las visiones que se han tenido sobre el turismo de Santander, tanto desde lo nacional como desde lo departamental, para luego plantear una hipótesis de subregionalización sustentada en la existencia de seis nodos de desarrollo turístico para Santander (Metropolitano, Topocoro, Guane-Comunero, Sur de Santander, Rincón del Chicamocha y Páramo de Santurbán). Finalmente, en el capítulo seis se plantean unas reflexiones que conducen a concretar la propuesta de una subregionalización de la planificación y el desarrollo del turismo desde una perspectiva más holística e integradora, para terminar con la formulación de unos lineamientos que harán posible dicho propósito.
Consideramos entonces que este análisis, que se basa en el acontecer del sector turismo durante las dos últimas décadas, ofrece los argumentos necesarios para inducir a una reflexión profunda en todos los actores públicos y privados involucrados en el desarrollo del sector turismo (públicos y privados). De esta forma, el libro apuesta por cumplir con la promesa de hacer del turismo un motor de desarrollo económico para el conjunto de la sociedad santandereana; un sector que contribuya a elevar en forma equitativa y sostenible la calidad de vida de todos los habitantes de este territorio.
1 Villanueva Álvaro, J. J. (2017, p. 36). El turismo como motor de crecimiento económico sostenible: el caso especial del turismo rural. Universidad de Castilla-La Mancha.
https://ruidera.uclm.es/xmlui/bitstream/handle/10578/16465/TESIS%20Villanueva%20%C3%81lvaro.pdf?sequence=1&isAllowed=y
2 Nations Unidas, Recommendations on international travel and tourism. United Nations, Conference de Rome, 1963, Organización Mundial del Turismo (OMT). Turismo y atenuación de la pobreza, 2001. http://www.world-tourism.org
La concepción adoptada por los organismos internacionales inscribe a las vacaciones en una estrategia de acumulación que comprende y entrelaza a las sociedades desarrolladas y subdesarrolladas, respondiendo aparentemente a dos necesidades: a) ofrecer a la demanda de las sociedades industriales una restauración psicofísica a bajo costo en paraísos exóticosy b) prometer a las sociedades pobres la “oportunidad” de ingresar a los circuitos del comercio e inversiones internacionales. Esta doble respuesta evidencia una lógica uniforme, estándar a la hora de trazar políticas en materia de desarrollo turístico en los países pobres. La médula de dichas políticas reside en el constante diseño de destinos paradisíacos, a fin de captar a la demanda turística internacional. De esta forma, se alimenta la ilusión de cambio en los países subdesarrollados, pero se evita la tendencial caída de la tasa de ganancia de las transnacionales del turismo. Así, y con toda “naturalidad”, se llega a la siguiente ecuación: «El incremento del consumo de ocio turístico de las sociedades industriales (producto de su crecimiento y posterior desarrollo económico) es un potencial factor de crecimiento de las sociedades pobres». En consecuencia, ambas sociedades quedan vinculadas y condicionadas a las redes económicas que los flujos turísticos internacionales organizan a escala mundial. Cf. Caranegra, C. A. (2008, pp. 124-129). La invención del desarrollo turístico. Genealogía de una episteme de poder; y Cordero Ulate, A. (2006). Nuevos ejes de acumulación y naturaleza. FLACSO libros, Buenos Aires.
3 Jurado, A. F. (1992, pp. 13-15). Los mitos del turismo. España: Endymion.
4 Los economistas clásicos plantearon que el turismo no es un modelo de desarrollo alternativo al capitalismo capaz de generar una sociedad equilibrada. Por oposición, es un modelo de crecimiento económico, que en los países de bajo desarrollo reproduce el modelo del capitalismo desigual, lo que profundiza las asimetrías y, en muchos casos, cambia radicalmente las culturas locales, integrándolas a un mundo global del cual no formaban parte, y ahora entran en la periferia del consumo y el corazón de la explotación por un comercio desigual, cultura e historia por consumo (Dachary, A. C. y Arnaiz Burne, S. M. El turismo: ¿desarrollo o crecimiento? El caso de Cancún. En Arnaiz Burne, Stella Maris y Dachary, Alfredo César [Editores], 2008, pp. 14-15).
5 Arnaiz Burne, S. M. y Dachary, A. C. (Editores). Turismo y desarrollo. Crecimiento y pobreza. Universidad de Guadalajara, Universidad de Buenos Aires, Universidad Nacional de Mar del Plata, Jalisco, México, 2008.
6 El modelo de turismo litoral se había desarrollado ampliamente en España, y este fue el modelo que tomó México para desarrollar su sector turístico, pues tenía más de 11.000 kilómetros de costa, en el cual implantó el modelo, mediante la estrategia conocida como “marcha al mar”, para consolidar algunos destinos, como Los Cabos, Huatulco, Ixtapa, Cancún, Acapulco y Mazatlán, desde la década de los años cuarenta del siglo pasado. Cf. César Dachary Alfredo A. Sociedad, Turismo y Pandemia: Cambio o Continuidad. Universidad de Guadalajara. México. En: Turismo pos-COVID-19: el turismo después de la pandemia global, análisis, perspectivas y vías de recuperación / coord. por Luis Miguel Rondón García, Libertad Troitiño Torralba, Carles Mulet Forteza; Felio J. Bauzá Martorell (Dir.), Francisco Javier Melgosa Arcos (pp. 77-91).
7 Puerto Juárez, con más de 700.000 pobres en Cancún y cerca de un millón de marginales en Acapulco, y así en la mayoría de los destinos de nivel internacional, sin excepciones. Para el Estado mexicano, Cancún cumplió con sus objetivos: generó empleos, permitió que se poblara una región de frontera, y además generó un gran flujo de turistas que han permitido una importante derrama del crecimiento económico. Sin embargo, esta no se ha distribuido entre la sociedad, sino que ha servido para ratificar lo que es una constante en el modelo: una sociedad asimétrica que tiende a profundizarse con el tiempo. Cf. César Dachary, Op. cit., pp. 41-42.
8 El avance de la globalización comprendió la creación de una nueva casta estandarizada de consumidores en el ámbito mundial, para la cual la industria turística diseña productos locales, diferentes y competitivos.
9 OMT (1995). Sustainable Tourism World Conference. Carta del Turismo Sostenible, Lanzarote.
10 Adoptado por la resolución A/RES/406(XIII) de la decimotercera Asamblea General de la OMT (Santiago de Chile, 27 de diciembre-1 de octubre de 1999). Su reconocimiento oficial por parte de la Asamblea General de las Naciones Unidas tuvo lugar el 21 de diciembre de 2001 (en virtud de la resolución A/ RES/56/212), y se alentó, por parte de la OMT, la promoción de un seguimiento efectivo de dicho código.
11 Los tres objetivos de desarrollo sostenible (ODS) que más implicación tienen son el Objetivo 8. que atiende a promover el crecimiento económico, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos; el Objetivo 12, que representa el consumo y la producción responsables, y el Objetivo 14, que se dedica a conservar y utilizar sosteniblemente los océanos, los mares y los recursos marinos para el desarrollo sostenible.
12 Sen, A. K. (2000). Desarrollo y libertad. Editorial Planeta.
13 Fullana, P. y S. Ayuso (2002). Turismo sostenible. Barcelona, Rubes.
14 «El turismo puede desempeñar un papel significativo en el desarrollo sostenible y equilibrado y generar beneficios para los pobres», Organización Mundial del Turismo (OMT). Turismo y atenuación de la pobreza, 2001. http://www.world-tourism.org
15 En tal sentido, la OMT lanzó su programa ST-EP (Turismo sostenible-eliminación de la pobreza), el cual fue ratificado en la Asamblea General de la OMT celebrada en 2007. El incremento de los flujos de turistas se traduce en que el turismo, en décadas recientes, es una de las actividades de la economía de servicios que ha hecho una contribución significativa a las cuentas nacionales de los países de la región (Arnaiz Burne, S. M. y Dachary, A. C. [Editores], 2008).
16 Ministerio de Industria, Comercio y Turismo. Política de turismo sostenible: unidos por la naturaleza, Bogotá, 2020. https://www.mincit.gov.co/minturismo/calidad-y-desarrollo-sostenible/politicas-del-sector-turismo/politica-de-turismo-sostenible/politica-de-turismo-sostenible-9.aspx
17 A finales de la década de los ochenta y a principios de la de los noventa, la Sociedad Internacional de Ecoturismo (The International Ecoturism Society, TIES) marca un momento fundamental en la atención del turismo respecto al medioambiente. El 2002 fue declarado por la ONU como el del Año Internacional del Ecoturismo. En la Declaración de Quebec (Canadá) sobre el ecoturismo, se planearon las bases del mismo, entre las cuales estaban la contribución activa en la conservación del patrimonio natural y cultural, la inclusión de las comunidades locales e indígenas en su planificación, desarrollo, explotación y logro de su bienestar, la interpretación del patrimonio natural-cultural del destino para visitantes, y estar destinado a viajeros independientes y grupos de tamaño reducido prioritariamente (Martínez Quintana, 2017).
18 Martínez Quintana, V. (2017, p. 6). El turismo de naturaleza: un producto turístico sostenible.
19 Romero-Padilla, Y; Romero-Martínez, J. M.; Navarro-Jurado, En Reflexiones desde el poscrecimiento: ideas, estrategias y tácticas para el turismo pos-COVID-19.EnAECIT, 2020, pp. 28-35.
20 Una de las ideas más innovadoras que se ha contemplado es el «impulso al desarrollo de procesos de aprovisionamiento más sostenibles en las empresas turísticas de km 0», basados en productos locales y de temporada, en productos ecológicos y/o en productos de comercio justo.
21 El miedo a las enfermedades y epidemias es uno de los factores que viene caracterizando este turbulento siglo xxi, dada su frecuencia, de forma que, desde un punto de vista estratégico, ya forma parte de la realidad a la que las empresas han de hacer frente y, por consiguiente, de sus análisis (Grant, 2008). Así, el think tank conocido como “The Millennium Project” cita la reducción de la amenaza de enfermedades (las nuevas y las que reaparecen) y de microorganismos (en referencia a epidemias y pandemias) como uno de los quince desafíos globales de la humanidad, amplificado, entre otras razones, por la extraordinaria movilidad que propician los viajes y el turismo (Vargas Sánchez, A., 2020. Entender el turismo poscoronavirus: posibles escenarios. En AECIT, 2020, pp. 8 y ss).
22 Op. cit., p. 9.
Turismo y desarrollo
La relación entre los conceptos de turismo y desarrollo se ha convertido en las últimas décadas en escenario de discusión política y académica, debido a la correlación existente entre estos, dada la importancia que ha adquirido el primero en la economía mundial y los costos/beneficios que puede tener el desarrollo turístico en diferentes regiones. Por su parte, el concepto de desarrollo ha estado en constate evolución, lo que ha dado lugar al surgimiento de distintas teorías interpretativas.
Las primeras teorías en materia de desarrollo surgen en la década de los años cuarenta del siglo pasado, cuando se pensaba el turismo como una variable consecuente del crecimiento económico, y se lo planteaba además como un proceso lineal. Sin embargo, a partir de la década de los ochenta, esta concepción empezó a ser cuestionada, lo que dio origen al concepto de desarrollo sostenible, en sus dimensiones económica, social y ambiental. Bajo esta perspectiva, el crecimiento económico por sí solo no reduce la pobreza, debido a la manera poco equitativa en la que se distribuyen los beneficios obtenidos de este, así como por las externalidades negativas provocadas en el medioambiente y la disponibilidad de los recursos.
Con base en esta perspectiva más amplia, en la década de los noventa se empezó a hablar de desarrollo humano, noción bajo la cual el desarrollo es entendido como un proceso de expansión de las libertades y capacidades individuales. Resultado de esta concepción, planteada por Amartya Sen, se da la creación del índice de desarrollo humano, indicador calculado a partir de las variables de salud, ingresos y educación de la población.
Uno de los conceptos actuales con una amplia visión sobre el desarrollo de un país, región/comunidad es el dado por el Banco Mundial, el cual define el desarrollo como:
El mejoramiento sostenible del nivel de vida, el cual comprende consumo material, educación, salud y protección del medioambiente. En un sentido más amplio, la definición comprende otros trascendentes aspectos conexos, principalmente la mayor igualdad de oportunidades, la libertad política y las libertades civiles. Por consiguiente, el objetivo global del desarrollo es dotar de mayores derechos económicos, políticos y civiles a todos los seres humanos, sin distinción de sexo, grupo étnico, religión, raza, región o país23.
A su vez, los cambios en la perspectiva sobre desarrollo se han dado también en el aspecto geográfico. En las últimas décadas el desarrollo dejó de ser concebido como un proceso macroeconómico, es decir, en el ámbito nacional, para incorporar la dimensión territorial. Así, el desarrollo se concibe como un modelo de “adentro hacia afuera” y de “abajo hacia arriba”, es decir, endógeno24. Esta concepción de desarrollo regional comienza a darse a partir de la década de los setenta, producto de la disminución de la capacidad del Estado por proveer condiciones de bienestar a la población y mejorar su calidad de vida, acompañada por el traspaso de funciones y responsabilidades en el ámbito territorial y subnacional. De esta manera, esta teoría aborda el desarrollo como un proceso de construcción social que emplea la capacidad emprendedora e innovadora como mecanismo de impulso de los procesos de transformación empresarial y de la sociedad25.
De acuerdo con Boisier, el desarrollo regional se define como el proceso localizado de cambio social sostenido que tiene como finalidad el progreso permanente de la región, de la comunidad regional como un todo y de cada individuo. Más precisamente, el desarrollo regional resulta de la interacción de un conjunto de procesos más singulares26. Además, el autor señala que el desarrollo de una región se encuentra ligado a su propio crecimiento económico27.
Con base en esta línea de pensamiento, se puede considerar el desarrollo regional como un medio de organización socioeconómica en el cual las comunidades locales y regionales construyen sus propuestas de desarrollo comunitario. A partir de esta perspectiva, el desarrollo regional genera:
Consecuencias sobre la organización social, la participación política y las necesidades sociales y económicas, en particular, el nivel de empleo, la creación de valor a partir de recursos locales, la formación de capital social (inclusive capital humano) y la sostenibilidad del medioambiente (Gambarota y Lorda, 2017, p. 350).
En el plano del desarrollo regional, el turismo ha sido reconocido como una actividad estratégica que impulsa el desarrollo en un territorio. En el ámbito internacional, el turismo es definido por la Organización Mundial del Turismo (OMT, 2008, p. 5) como «un fenómeno social, cultural y económico relacionado con el movimiento de las personas a lugares que se encuentran fuera de su lugar de residencia habitual por motivos personales o de negocios». Como resultado del crecimiento que ha tenido el sector en las últimas décadas, y de los impactos (positivos y negativos) generados en los territorios y comunidades, el fenómeno ha tomado gran importancia en el plano económico (público y privado), social y político.
En cuanto al papel del turismo en los procesos de desarrollo, Torres28 sostiene que se puede dar desde los escenarios nacional y regional. En el ámbito regional, este responde a la lógica de un mercado único con mayor grado de integración. Además, señala que al ser considerado el turismo un sector estratégico, su desarrollo debe estar coordinado con políticas sectoriales e instrumentales. Asimismo, su estrecha relación «con otros sectores y actividades económicas llevaría a una relación subordinada de políticas como la de obras públicas, transporte, cultural, ambiental, etc.».
Desde la concepción de Torres, el turismo como variable estratégica de desarrollo se da desde dos aspectos: el primero, como financiador del propio proceso de desarrollo, a través del cual se busca la entrada de divisas a las economías, de tal manera que se equilibre la balanza de pagos, principalmente en países en desarrollo; es decir, convertir al turismo en un sector exportador por excelencia. En el segundo, como un sector de arrastre de la economía, por la capacidad de generación de empleo e ingresos, y porque dada la alta demanda de bienes y servicios que se genera en este, se provoca un efecto multiplicador en otros sectores y actividades productivas, como la de construcción y la agropecuaria. Según Torres, en este proceso «la actividad turística actúa como “pautadora” de toda la economía difundiendo sus beneficios y creando, a su vez, de forma indirecta más renta y empleo». Sin embargo, el cumplimiento de esta función depende de determinadas condiciones: naturales, económicas, sociales y de localización, las cuales varían de un territorio a otro y generan una influencia directa en el desarrollo turístico.
Pese a estas condiciones planteadas anteriormente, el turismo ha sido concebido como sector estratégico en las regiones, producto de su capacidad por generar beneficios que impulsan y potencializan el desarrollo y la modernización. En el ámbito mundial, principalmente los países en desarrollo y regiones rezagadas han encontrado en el turismo un importante motor en la generación de divisas, creación de empleo (debido a que la industria es relativamente intensiva en trabajo, producto de que gran parte de los servicios ofrecidos en él son de carácter personal), redistribución del ingreso (producto del empleo de mano de obra con baja calificación), mejoramiento de la infraestructura, entre otros aspectos sociales y económicos que contribuyen al mejoramiento, de manera directa e indirecta, de los niveles de bienestar y calidad de la población. Además, dado el alto valor que tienen los turistas sobre la cultura y el medioambiente, el turismo ha contribuido a la preservación y conservación de la naturaleza, así como a mantener y recuperar los valores y costumbres tradicionales de las comunidades locales.
No obstante, la obtención de estos beneficios y oportunidades pueden ser dependientes, en gran medida, de si el turismo se desarrolla bajo un marco de acción planificado y haya participación de la población local. De no darse de esta manera, podría dar como resultado impactos negativos en las diferentes esferas del territorio, tales como
…el deterioro ambiental por el mal manejo de recursos y la construcción de infraestructura, la exclusión de la población en los beneficios económicos debido a que la mayoría de ingresos se quedan fuera del destino (cadenas internacionales de hoteles, aerolíneas, operadores en el lugar de origen, etc.), el aumento de precios locales por presión en la demanda, la generación de empleos de carácter estacional y las alteraciones en las prácticas culturales, los valores y las estructuras de las comunidades receptoras29.
Por lo tanto, es necesaria la implementación de esquemas de cooperación y planificación.
El turismo en el ámbito mundial
Panorama del turismo antes de la pandemia
En el ámbito mundial, el turismo ha tomado gran importancia en el plano económico, social y político, debido a los impactos (positivos y negativos) que se generan producto del flujo de personas de un lugar a otro. El turismo ha sido analizado principalmente desde el plano económico, es decir, su impacto en la economía de un país o región con la entrada de divisas, generación de empleo e ingresos; por lo cual también ha sido considerado como una actividad económica que promueve el desarrollo territorial y regional. Sin embargo, la visión en el análisis del sector ha cambiado, y se han incluido nuevas variables que incorporan los impactos negativos que puede tener el desarrollo de actividades del sector en el país, región o comunidad. Sin embargo, es importante destacar que la tendencia en el mundo en las últimas décadas ha sido la de trabajar para que el turismo sea una actividad sostenible, tanto en el ámbito económico como ambiental y social, que promueva la protección y conservación cultural, y principalmente, que sea una actividad incluyente para las comunidades locales.
La inclusión del turismo como actividad en el análisis económico es relativamente nueva, pese a que los viajes de personas en el mundo han existido desde fechas remotas. Sin embargo, es hasta el siglo xx, principalmente después de la Primera Guerra Mundial, cuando la actividad comienza a tener un desarrollo reconocido en la sociedad. Este desarrollo se da por diferentes factores, entre ellos el auge paulatino del sector transporte, la paz, el aumento en el nivel de la vida en la clase media y la devaluación de algunas monedas en Europa. Consecuencia de este auge en la actividad, «en la década de 1920 se comienzan a desarrollar los primeros centros turísticos en las costas del mar Báltico»30.
Con el fin de la Segunda Guerra Mundial, el turismo se torna una actividad masiva y despierta el interés en todo el mundo. Uno de los factores que propicia el crecimiento del sector es el surgimiento de la aviación comercial, que facilita el transporte de personas de un lugar a otro y en un menor tiempo. A partir de este crecimiento, en la década de los cincuenta se introducen nuevas formas de comercialización del turismo; asimismo, nace el «concepto de producto turístico y con este la estandarización de la oferta turística que, en definitiva, junto con el desarrollo del transporte aéreo […] fueron los factores que le dieron el gran impulso al turismo en todo el mundo»31.
De acuerdo con Acerenza (2006), para el caso de los países de Latinoamérica, el turismo toma un gran auge a partir de la década de los setenta, con el inició de las políticas de fomento como países receptores, las cuales son apoyadas financieramente por organismos regionales e internacionales, como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial (BM). Asimismo, a partir de estos años aumenta la inversión privada en el sector, con lo cual surgen los primeros complejos turísticos en la región, y se empieza a dar una diversificación de los destinos turísticos.
Con el incremento del flujo de visitantes de una región a otra o en el ámbito interno de los países, en la década de los ochenta se inicia un proceso de planificación del turismo, para hacer de él una actividad sostenible, con la Declaración de Manila (1980) y la Declaración de Río (1992). Para el siglo xxi, el turismo se proyecta como una industria en constante crecimiento, con lo que ello implica, tanto en sus efectos positivos para las economías en desarrollo como en los impactos negativos sobre el medioambiente, por lo que resulta de vital importancia el impulso de los mecanismos de regulación que lo hagan más sostenible. De hecho, en el periodo de 1995 a 2007, el número de turistas internacionales presentó un incremento del 4,4 % promedio anual, lo cual significó un incremento de 538 millones de viajeros en 1995 a 897,7 millones en 200732, y 1.000 millones para 2012. De hecho, para 2002, de acuerdo con la Organización Mundial de Turismo (OMT)33, la actividad turística representó cerca del 7 % del total de exportaciones mundiales de bienes y servicios, y aproximadamente el 30 % de las exportaciones de servicios. Para 2012, el turismo representaba el 9 % del PIB de la economía mundial34, generando 1 de cada 11 empleos y el 10 % del PIB mundial (OMT, 2016)35. Este diagnóstico lo comparte el Foro Económico Mundial (FEM, 2017), pues considera que, en el ámbito mundial, el sector turismo representa uno de cada 10 empleos, y en promedio por cada 30 nuevos turistas en un destino, se crea un nuevo trabajo. Adicionalmente, ofrece mayores oportunidades laborales para las mujeres, los jóvenes y para personas que ingresan al mercado laboral por primera vez o que tienen opciones limitadas en otros sectores (FEM, 2017)36.
Según datos de la Organización Mundial del Turismo, OMT (UNWTO, por sus siglas en inglés):
El año 2014 arroja cifras sin precedentes, que proyectan un máximo histórico de más de 1.100 millones de turistas internacionales, que corresponden a un aumento del 5 %. Para 2020 se espera que el número de turistas alcance los 1.400 millones, 1.500 millones en 2023 y 1.800 millones en 2030. Igualmente, a partir de 2015 se espera que las llegadas internacionales a las economías emergentes superen las llegadas a las economías avanzadas37.
De acuerdo con la OMT (2018), en 2017 se movilizaron 1.332 millones de viajeros en todo el mundo, y el turismo tiene una perspectiva de crecimiento anual hasta el 2030 cercana a 3,8 %. No obstante, para los destinos turísticos de las economías emergentes, como Colombia, este crecimiento ha sido superior al promedio global, representando una variación de 4,8 % promedio anual entre 2005 y 2017 (OMT, 2018).
En el ámbito mundial el turismo adquiere gran importancia debido a sus resultados positivos en materia de crecimiento y desarrollo económico38. De acuerdo con el último informe de la Organización Internacional del Turismo (OMT), para 201939 el sector contribuyó con 2,77 billones de dólares a la economía mundial40. Asimismo, se revela que dicha participación ha estado en constante crecimiento desde el año 2013, cuando alcanzó un valor de 2,16 billones de dólares. Además, las actividades turísticas se han convertido en generadoras de empleo de manera directa e indirecta; de este modo, para el año 2019 la aportación de empleo del sector en el mundo fue de 119,2 millones de trabajadores.
En materia de inversión pública y de capital, para 2019, el valor fue de USD 471 y USD 948 mil millones, respectivamente, lo que demuestra la importancia que ha ganado el sector tanto en el ámbito público como privado. Y no es para menos, pues la llegada de turistas internacionales en el mundo ha estado en constate crecimiento: en 2019 fue de 1.461 millones, es decir, un 4 % superior a lo presentado en 2018. Además, el crecimiento promedio en dicha variable ha sido del 5 % en los últimos 10 años. Esta tendencia se refleja en los ingresos provenientes del turismo internacional, que para 2019 alcanzaron un valor de USD 1.494,4 billones, lo que representa así una variación del 3 % respecto al año anterior. Sumado a esto, el sector representa el 7 % de las exportaciones totales en el mundo, con un valor de USD 1.749,4 billones.
De acuerdo con la OMT, Europa continúa siendo la región que recibe el mayor número de turistas (746,3 millones); le siguen Asía y Pacífico (360,4 millones), América (219,1 millones), África (70,2 millones) y Oriente Medio (65,2 millones). En América Latina y el Caribe, México es el territorio líder en llegada de visitantes (45 millones), seguido de Argentina (7,4 millones), República Dominicana y Brasil (6,4 millones). Por su parte, Colombia se ubica en la casilla número 8 (4,3 millones).
En cuanto hace referencia al peso del sector en la economía de Centroamérica y Sudamérica, según World Travel and Tourism Council (WTTC) en 2019, los aportes del turismo al PIB oscilaban entre el 4 % y el 37 %, mientras que los aportes al empleo estaban entre el 5 % y el 39 % (ver gráfico 1). En México, el destino principal de la región, el turismo tiene un aporte al PIB y al empleo del 13 % y 16 %, respectivamente. En Centroamérica, la contribución que tiene el turismo en Belice sobresale respecto a los demás países; el aporte al PIB y al empleo es superior al 35 %. En Sudamérica, Uruguay es el país que presenta mayor importancia del turismo en el PIB y en empleo en términos relativos, con una contribución del 16%; le siguen Chile, Argentina, Brasil y Perú41.
Gráfico 1. América Latina, contribución total de viajes y turismo respecto al PIB y al empleo, 2019
Nota.Elaboración propia con base en datos de la Organización Mundial del Turismo.
Impactos de la pandemia sobre el turismo
Pese al dinamismo estructural de la economía y al crecimiento sostenido del sector en los últimos años, el turismo ha sido una de las actividades económicas en el ámbito mundial más expuestas y vulnerables a choques externos, como se ha evidenciado en la presente crisis ocasionada por la COVID-19. El cierre de fronteras y la parálisis de sistemas de transporte y alojamiento de manera temporal produjeron una crisis sistémica en el sector (Mantecón, 2020). Pese a la reapertura gradual y restrictiva, en la mayoría de los países y regiones del mundo la reactivación del sector será de manera lenta; y su recuperación total parece estar alejada del corto y mediano plazo, esto partiendo de los efectos ocasionados en el sector en anteriores crisis económicas (como la de 2008/09) y sanitarias (el brote del síndrome respiratorio agudo severo, SAR, 2003; el brote del síndrome respiratorio del oriente medio, MERS, 2015). Sin embargo, ninguno de estos acontecimientos «condujo a una disminución a largo plazo del desarrollo mundial del turismo»42.
De acuerdo con la información estadística de la OMT43, el 2020 fue el peor año para el sector, debido a una caída en las llegadas internacionales del 74 %; y es que los destinos de todo el mundo recibieron 1.000 millones de turistas menos en comparación con 2019. Los impactos negativos afectaron especialmente a Asía y Pacífico, con un descenso del 84 % en la llegada de turistas, equivalente a una disminución de 300 millones de viajes menos respecto al año anterior, esto debido a ser la primera región en imponer restricciones a los viajeros. Por su parte, África y Oriente Medio se presentó un descenso del 75 %; y en Europa y América, de 70 % y 69 %, respectivamente. Si se compara con los impactos en crisis anteriores, como la económica de 2009, la actual ha sido mucho más aguda, pues en 2009 el sector apenas registró una caída del 4 %.
Este abrupto desplome en la actividad turística se traduce, en términos monetarios, en pérdidas estimadas de 1,3 billones de dólares, como resultado de la pérdida de ingresos por exportaciones de bienes y servicios. Los efectos colaterales de dichas perdidas han puesto en riesgo aproximadamente entre 100 y 120 millones de empleos directos del turismo, generados principalmente por pequeñas y medianas empresas.
Para el caso de América Central y México, en 2020 la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)44 preveía perdidas en el turismo hasta de US$30,1 mil millones. Respecto a México, se proyectaba la caída en US$19.233 millones por ingresos de turismo receptor, lo cual causaría una contracción del 1,4% en el PIB. Para América del Sur, la CEPAL proyectó que las pérdidas en el sector alcanzarían los US$25.804 millones, lo que corresponde al 0,8% del PIB de la región. Asimismo, la mayor contracción se daría en los países con el sector turístico más desarrollado, como lo son Brasil, Argentina, Colombia y Perú. Para el caso de estos tres últimos, las pérdidas monetarias en el sector se estimaban en US$6.429 mil millones y la pérdida de 63.000 empleos.
Tendencias y cambios en el turismo mundial
La recuperación económica total será un proceso prolongado, en especial para algunas regiones y sectores económicos que son más susceptibles a eventos externos, como en el caso de países en desarrollo, los cuales han sido los más afectados producto de la crisis mundial. Sin embargo, se espera que en 2021 la economía global tenga una tendencia positiva. De acuerdo con el Banco Mundial, se espera un crecimiento económico del 4 % en el presente año45.
Pese a estas proyecciones “positivas” en el ámbito global, las perspectivas de recuperación del sector turismo no son muy favorables, debido a que la esencia de este es el traslado de personas de un lugar a otro, lo cual está influenciado por diferentes factores estructurales, como el miedo y la incertidumbre, además de los costos del transporte. Sin embargo, se espera que el proceso de vacunación desarrollado actualmente en gran parte del mundo restaure la confianza de los consumidores, se flexibilicen las restricciones, y disminuya la incertidumbre sobre el cambio repentino en medidas sobre el ingreso o salida de un país o región, lo cual conduzca gradualmente a la normalización de los viajes. No obstante, volver a los niveles de crecimiento del turismo va más allá de flexibilizar total o parcialmente las medidas sanitarias. En primera medida, debido a que no hay una fecha exacta en la cual todos los países hayan dado cumplimiento en 100 % a su plan de vacunación; en segunda medida, el miedo e incertidumbre seguirá presente, lo cual generará desconfianza en los consumidores; y finalmente, y quizá la medida más importante, la economía mundial se encuentra en una recesión, lo cual afectaría la demanda de bienes y servicios turísticos. La elasticidad en la actividad del turismo es muy sensible a cambios económicos46.
Con base en esta incertidumbre, muchos analistas del sector prevén que la recuperación en 2021 puede ser mínima y estar por debajo de las expectativas; por el contrario, prevén un repunte en la actividad económica hasta 2022. Asimismo, se espera que los niveles del turismo internacional alcanzados en 2019 solo puedan volver a tenerse hacia 2024. A partir de estos cambios, y la caída en el flujo de turistas internacionales, se hace evidente la necesidad de diversificar el sector, y que este no dependa mayoritariamente de las llegadas internacionales, sino, por el contrario, que sea el turismo interno la base para afrontar estos choques. Por esto, muchos países han optado como estrategia para la reactivación del sector la promoción del turismo interno, aprovechando la doble función que puede tener «reactivar la economía y reconocer la importancia del acceso a las actividades de ocio para todos»47.
En cuanto a la demanda de bienes y servicios turísticos pospandemia, las perspectivas se inclinan por un aumento de las actividades turísticas al aire libre basadas en el turismo de naturaleza, así como en el turismo nacional y las experiencias de viajes lentos48.
23 Banco Mundial. “Informe sobre el desarrollo mundial”. 1991.
http://documentos.bancomundial.org/curated/es/853331468320663308/Banco-Mundial-informe-anual-1991.
24 Díaz, G. (2017). Turismo y desarrollo local. Revista de turismo y patrimonio cultural.
25 Gambarota, D y Lorda, M. (2017). El turismo como estrategia de desarrollo local. Revista Geográfica Venezolana, 58(2), 346-359.
26 Boisier, S. El difícil arte de hacer región. América Latina Local y Regional. II Simposio Internacional de la Universidad de Varsovia: Centro de estudios latinoamericanos (CESLA). 1991. Vol. 6. 149-206. Warszawa, Polonia.
27 De acuerdo con Boisier, el crecimiento económico de una región depende directamente de la magnitud o proporción de los recursos nacionales (públicos y privados) que la región recibe a través de diferentes modalidades y del impacto de la política económica (global y sectorial).
28 Torres, E. (1994). Turismo y desarrollo regional. Papers de turismo, n.° 14–15, pp. 95–105.
29 Aguilera, Bernal y Quintero. (2006). Turismo y desarrollo en el Caribe colombiano. Documentos de trabajo sobre economía regional. Banco de la República, Bogotá
30 Acerenza, M. (2006). Conceptualización, origen y evolución del turismo. Editorial Trillas. México.
31 Acerenza, M. Op. cit., p. 2.
32 Plan Sectorial de Turismo 2014-2018. “Turismo para la construcción de la paz”.
http://www.citur.gov.co/upload/publications/documentos/155.Plan_sectorial_de_turismo_2014_2018.pdf, p. 17.
33 Organización Mundial del Turismo (2004), “Tourism and the world economy”, en http://www.world-tourism.org/facts/tmt.html
34 Organización Mundial del Turismo. (2012). Infografía: Convertir mil millones de turistas en mil millones de oportunidades.
35 Según el estudio sobre el Panorama Social de América Latina de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), «el producto por habitante de América Latina y el Caribe creció un 4,5 % en 2010, un 3,2 % en 2011 y solo un 1,9 % en 2012, año en que se deterioró la economía mundial», (CEPAL, 2013, p. 17); no obstante, ese mismo año, la industria de los viajes y el turismo alcanzó por primera vez los 1.000 millones de turistas.
36 En Colombia, según datos del DANE (2017) se generan 1,9 millones empleos directos e indirectos en actividades relacionadas con turismo (Plan Sectorial de Turismo 2018–2022 Turismo: El propósito que nos une. https://www.mincit.gov.co/CMSPages/GetFile.aspx?guid=2ca4ebd7-1acd-44f9-9978-4c826bab5013)
37 Ministerio de Comercio, Industria y Turismo (2010). Plan Sectorial de Turismo 2011-2014. https://www.mincit.gov.co/CMSPages/GetFile.aspx?guid=b148aab9-97ec-4794-b602-b48723286bc0
38 De acuerdo con el Consejo Mundial de Viajes y Turismo (World Travel and Tourism Council, WTTC), el turismo creció más rápido que cualquier otro sector en 2019. Tuvo un crecimiento de 3,5%, mientras que la economía global creció un 2,5 %. Su contribución al producto interno bruto (PIB) fue de USD $8,9 trillones y soportó 330 millones de trabajos. Según esta organización, en 2019 el sector contribuyó al 10,3 % del PIB mundial, generó uno de cada 10 trabajos y representó el 6,8 % del comercio internacional, y el 4,3 % de la inversión de capital (WTTC, 2019).
39 UNWTO (2020). Tourism Data DashBoard.
40 La aportación directa del sector turístico se refiere al valor de los bienes y servicios producidos por las industrias directamente relacionadas con la actividad de los turistas: alojamiento, agencias de viajes, aerolíneas y otros servicios de transporte de pasajeros, así como restaurantes y demás sectores del ocio.
41 World Travel and Tourism Council (WTTC).
42 Gössling, Scott y Hall. Pandemics, tourism and global change: a rapid assessment of COVID-19. 2020. Journal of Sustainable Tourism, 1-20. 10.1080/09669582.2020.17
43 UNWTO (2021). 2020: el peor año de la historia del turismo, como mil millones menos en llegadas internacionales. https://www.unwto.org/es/taxonomy/term/347
44 CEPAL. Evaluación de los efectos e impactos de la pandemia de COVID-19 sobre el turismo en América Latina y el Caribe. 2020.
45 World Bank (2021). Global Economic Prospect.
https://www.bancomundial.org/es/publication/global-economic-prospects
46 CEPAL (2020). Evaluación de los efectos e impactos de la pandemia de COVID-19 sobre el turismo en América Latina y el Caribe.
47 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) (2020). Medidas de recuperación del sector turístico en América Latina y el Caribe: una oportunidad para promover la sostenibilidad y la resiliencia. Santiago de Chile.
48 UNWTO (2021). 2020: el peor año de la historia del turismo, como mil millones menos en llegadas internacionales. https://www.unwto.org/es/taxonomy/term/347
El turismo en Colombia
El comportamiento del sector turístico
Colombia ha sido uno de los países con mayor dinamismo en el desarrollo turístico en Latinoamérica y el mundo en los últimos años, recibiendo reconocimientos en el ámbito mundial por distintos organismos internacionales que resaltan la diversidad natural, cultural y paisajística del país, junto con la amplia oferta de bienes y servicios turísticos en el territorio. Asimismo, se destacan la gestión, la planeación y las estrategias en el ámbito interno por generar confianza en los mercados emisores y avanzar en el mejoramiento de factores internos, con el fin de consolidar al país como destino turístico en el ámbito internacional, aprovechando cada una de las ventajas que brindan su ubicación y diversidad geográfica.
De hecho, la industria del turismo en Colombia ha sido una de las de mayor crecimiento y expansión en la última década, ya que ha logrado involucrar nuevos territorios y agentes en la cadena de valor del sector, aprovechando los recursos con los que cuentan las distintas regiones, como la biodiversidad en su flora y fauna, y su cultura e historia. Además, el mejoramiento y modernización de la infraestructura han hecho que el país cuente con una mejor interconexión en el ámbito es interno y externo. Temas de impacto mundial como el Acuerdo de Paz han sido fundamentales para mejorar la percepción e imagen internacional y la promoción del país como destino turístico.
Tabla 1. Viajeros extranjeros no residentes a Colombia (en miles)
Año
Turistas
Millones de U$
Personal ocupado
200
1.100
2006
2.400
2009
2.500
2010
2.610
3.440
1.540
2011
3,354
3.801
1.599
2012
3.491
4.364
1.683
2013
3.748
4.758
1.726
2014
4.192
4.887
1.783
2015
4.447tre
5.231 n
1.818
2017
5.760
Nota. Fajardo Mariño, Karol (Directora de Análisis Sectorial y Promoción Viceministerio de Turismo). Turismo para una Colombia moderna, Mincit (2018, pp. 4-5).
Es importante señalar también que, a medida que se ha registrado un mayor crecimiento, también son más acuciantes las preocupaciones por lograr un desarrollo más sostenible, sobre todo después de la aprobación de los ODS en 2015, dado que se ha tratado de diversificar la oferta turística hacia nuevas modalidades de turismo, como el turismo de naturaleza (ecoturismo, agroturismo, etc.), lo cual permitiría ampliar los circuitos turísticos a muchas regiones del país.
Como se puede observar, durante la segunda década de este siglo, todos los indicadores del sector turístico son positivos, lo que en alguna medida refleja que las políticas implementadas desde la aprobación del Conpes 3397, Política Sectorial de Turismo, han dado resultados positivos:
Se han canalizado los esfuerzos públicos y privados para generar espacios de desarrollo para las iniciativas turísticas, lo que ha contribuido progresivamente a afianzar el compromiso de los diversos entes del Estado para apoyar al sector y el trabajo del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, se ha enfocado en el desarrollo de iniciativas para fortalecer la competitividad y sostenibilidad del sector, desde cuatro ámbitos fundamentales: el desarrollo de una oferta turística más competitiva; mejorar el acceso y la conectividad con los mercados turísticos; fortalecer la promoción turística internacional y nacional y la coordinación público-privada y nacional-regional para el desarrollo turístico49.
De los 756.606 visitantes que entraron al país en 1996 se pasó a 2.610.000 en 2010, a 4.447.000 en 2015 y 5.760.000 en 2017; es decir, un incremento del 761 % durante el periodo, mientras que durante el periodo 210-2015 las divisas por turismo aumentaron un 52,6 %. Así, el turismo fue desde 2017 el segundo sector generador de divisas, superando productos tradicionales, como café, flores y banano (Ministerio de Comercio Industria y Turismo, 2018); y en cuanto al personal ocupado, aumentó un 17 %50.
En materia económica, tal como lo muestra el gráfico 2, el PIB del sector (hoteles y restaurantes) tuvo una dinámica de crecimiento constante desde 2011 hasta 2019, con una variación anual promedio del 3,9 %. Sin embargo, se observa una fuerte caída en su valor para 2020, esto como producto de la parálisis del sector durante gran parte del año y una reapertura restringida a finales de este. De acuerdo con las cifras del Centro de Información Turística de Colombia (Citur) el descenso fue del 36,8 % respecto al año inmediatamente anterior; es decir, el valor del sector cayó de $33.703 a $21.295 miles de millones51. Como lo muestran reportes sectoriales, 2019 fue el mejor año para el sector turismo en Colombia, cuyas perspectivas y pronósticos apuntaban a que la dinámica sería aún mejor en 2020; sin embargo, la pandemia y las restricciones de movilidad contrajeron la actividad en aproximadamente $12.408 miles de millones respecto al año anterior. Asimismo, según las estadísticas de Citur, en 2018 y 2019 se dio la participación más alta del sector en el producto interno bruto nacional, 3,82 %; no obstante, en 2020 esta cayó al 2,54 %, nivel de participación muy inferior presentado en el sector en 2005 (3,52 %).
Gráfico 2. Producto interno bruto de hoteles y restaurantes, 2011–2020p
Nota.
