En busca del imperio invisible - Jorge Ahon - E-Book

En busca del imperio invisible E-Book

Jorge Ahon

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Beschreibung

El autor relata en medio de una novela,su propia aventura de descubrir y encontrar al ser interno que todos llevamos dentro.Porque la llave es comprender que somos duales y que esa contraparte es inmortal. El libro ensena como acercarnos y comunicarnos con el Imperio Invisible de nuestra Alma.El autor da a travez de simples ensenanzas la manera de acercarnos a la luz, rescatando una ensenanza milenaria que la humanidad habia perdido en el pasado.

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Veröffentlichungsjahr: 2016

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Jorge Ahon

En busca del imperio invisible

Jorge Ahon

EN BUSCA

DEL IMPERIO INVISIBLE

ePubYou
ebooks for tavellers
ISBN 978-88-99637-99-6
Edición Digital
Julio 2016
ISBN: 978-88-99637-99-6
Este libro se ha creado con StreetLib Write (http://write.streetlib.com)de Simplicissimus Book Farm

Indice

EN BUSCA DEL IMPERIO INVISIBLE

TOMO PRIMERO

TOMO SEGUNDO

TOMO TERCERO

EN BUSCA DEL IMPERIO INVISIBLE

TOMO PRIMERO

EN BUSCA DEL IMPERIO INVISIBLE

Prólogo
Algo le faltaba al relato de este libro. Me daba cuenta porque cierta incomodidad interior intentaba decirme lo que faltaba... Y era dejar en palabras mi estima perdurable por quienes me acompañaron en los momentos difíciles de gratuitas incomprensiones y colaboraron conmigo cuando en reuniones periódicas llevamos a cabo la serie de ejercicios con que quisimos demostrar lo expuesto en las experiencias de los personajes del libro. Ellos son:
Carlos Croce, Estela L. de Croce y Flavia Croce.
Humberto Greco y Raquel de Greco.
Julio M. y Mercedes F.
Hilde Renner.
Jorge Montero y Alejandra Gouric de Montero.
No he de olvidarme de quienes integraron aquel otro grupo, los que me hicieron sentir discípulo de una enseñanza compartida, obligado a separarme de ellos para escribir los libros que están viendo la luz en estos momentos. Tengan, además, mi agradecimiento por la cuota de comprensión que habrán expresado en la intimidad de sus almas.
Pero aún quedaba otra cosa. El recuerdo me obliga a hacer una mención especial en relación con uno del grupo que ya no está en este plano terrenal. Digo mención especial porque me confió la aventura que tuvo con cierto personaje que lo acompañó durante la niñez —hasta los diez años según me contó—, sin que se diera cuenta de que ese personaje era tan real como lo era su propia existencia corporal.
Estoy seguro de que a muchos, pero muchísimos seres humanos, por no decir a todos, les debe haber ocurrido algo parecido, con la diferencia de que la mayoría lo guardó en su interior como un hecho inexplicable, hasta que el olvido lo sepultó en lo más hondo del alma.
Quizás de este olvido nos viene el vacío interior que aumenta a medida que crece la influencia exterior.
Pues bien, mi buen confidente me preguntó cierto día si era posible hacer de nuestro ser interno un personaje con el que nos pudiéramos entender, a quien pudiéramos consultar y en quien pudiéramos confiar como si confiáramos en algo semejante a una presencia divina. Le dije que ese era el significado del tan mentado despertar de la conciencia interna; además, le hice notar que durante la niñez, a todos nos ha ocurrido vivir acompañados de un doble espiritual, con quien hemos jugado y nos ha entretenido, viviendo en un verdadero mundo paralelo al de los mayores. Fue suficiente que le dijera lo expresado en el último párrafo para que me confiara lo que luego me confesó.
Al comienzo se mostró avergonzado de tener que admitir lo que según la edad debe pertenecer a una época de dudosa importancia, a una época que la costumbre nos hace decir “son cosas de niños”, para justificar que lo vivido en la infancia no tiene ningún valor.
Con un tono de confidencia en la voz me dio a entender que sin saber cómo, sintió que alguien lo acompañaba. Era un compañero o amiguito venido de su mundo, que no supo cuándo se hizo visible, visible únicamente para sus ojos, porque nadie, excepto él lo veía. Era una especie de gnomo, de enano, con rostro de persona mayor en un cuerpo de criatura infantil. No se animó a decir que era como los ángeles porque su creencia se lo impedía, aunque dijo que tenía un parecido semejante al de los ángeles pintados en cuadros famosos, cuyos rostros muestran rasgos de seres adultos en cuerpos de niño.
Para entenderse con él, le puso el nombre Dedo... Lo bautizó así y con ese nombre lo acompaño hasta la edad de diez años, sabiendo de antemano que a esa edad se iría.
—¿Por qué —me preguntó— tenía casi la seguridad de que llegaría el momento en que Dedo se iría, me dejaría, como si fuera esa la manera natural de desaparecer de mi lado? ¡Hasta supe el día y el instante!...¡Más bien lo presentí!...¡Y esto ocurrió en el jardín, donde solíamos jugar!...¡A partir de ese día no lo vi más, dejo de estar conmigo, se fue sin saber a dónde! ¡Hoy me pregunto, ¿dónde está Dedo?
La respuesta que le di me sirvió para sentirme afirmado en la creencia que intuía o presentía. Al final fue un consuelo para los dos cuando le dije:
—¡Está en el imperio invisible de tu alma! Allí lo podrás encontrar, siempre que seas capaz de sentir y vivir con la gracia inocente de un niño, con la misma gracia que tuviste cuando jugabas con él. De allí donde está no lo puedes sacar, pero sí puedes ir a visitarlo. ¡Lo puedes visitar usando la puerta de entrada que te ofrece la meditación en tus horas de comunión y de entonamiento!

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