Encrucijada - Valentina Alé - E-Book

Encrucijada E-Book

Valentina Alé

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Beschreibung

Desde el momento que conoció a Federico González, el mejor amigo de su hermano, Francina se enamoró de él. Sus sentimientos fueron creciendo con el paso de los años, pero nunca había podido decírselo, hasta que un día entendió que, por circunstancias del destino, aquel hombre jamás podría enamorarse de ella. Su amor por él era imposible por dos motivos: uno se debía a que él había elegido ser el novio de su hermana; y el otro porque él solo la veía como "la pequeña y salvaje Fran...". En un momento dado, Fran descubrió que Noelia, su hermana, estaba engañando a Federico. Indignada con ella y dolida por su descubrimiento, decidió revelar la verdad al hombre que amaba en silencio. Todos sus planes se desvanecieron cuando descubre algo que la conduce a una encrucijada de amor.

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Seitenzahl: 414

Veröffentlichungsjahr: 2023

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Producción editorial: Tinta Libre Ediciones

Córdoba, Argentina

Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo

Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Olivera, Maribel Mercedes

Encrucijada / Maribel Mercedes Olivera. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2023.

324 p. ; 21 x 15 cm.

ISBN 978-987-824-264-4

1. Novelas. 2. Novelas Románticas. 3. Narrativa Argentina. I. Título.

CDD A863

Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,total o parcial sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor.

Está también totalmente prohibido su tratamiento informático y distribución por internet o por cualquier otra red.

La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidadde/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.

Hecho el depósito que marca la Ley 11.723

Impreso en Argentina - Printed in Argentina

© 2023. Olivera, Maribel Mercedes

© 2023. Tinta Libre Ediciones

A mi madre, por apoyarme en mi pasión.

Dedicatoria

Esta novela quiero dedicársela a mi madre, pareja e hijo que siempre están apoyando mis proyectos.

Tampoco puedo dejar de mencionar a mi amiga, que ya no está físicamente a mi lado, pero siempre estará en mis recuerdos. La novela es un homenaje al hermoso tiempo de amistad que compartimos.

Encrucijada

Capítulo I

Fran conducía a toda prisa por la carretera, ansiosa por llegar a su destino. Las banquinas estaban cubiertas de agua por la intensa lluvia que azotaba la ruta y golpeaba el parabrisas de la camioneta. Estaba desconcertada y furiosa por lo que había descubierto. Pero de algo estaba segura en ese momento: su hermana no merecía el amor de Federico.

Durante años había ahogado sus sentimientos. Y, para no dañar a su hermana o por temor a ser rechazada, nunca se había atrevido a expresarle a Federico lo que realmente sentía por él. Noelia siempre lo había sabido; por eso lo sedujo descaradamente, hasta conquistarlo. Cuando Noelia y Federico anunciaron oficialmente su compromiso, fue uno de los días más tristes de su vida. Había sentido que su corazón se partía en mil pedazos. A partir de ese momento, lo amó en silencio y se resignó a verlo feliz, al lado de su hermana. Desde aquel día, tan crucial para Fran, ya habían pasado cinco años.

Hoy la vida le daba la oportunidad de desenmascarar a Noelia, y demostrarle a Federico que se había equivocado al confiar tan ciegamente en ella. Esta era la revancha que le ofrecía la vida para hacer justicia por amor.

En el tiempo en que su hermana mayor había estado de novia con él, pudo observar todo el amor que Federico le profesaba y cómo satisfacía los caprichos desmedidos de ella. En diferentes ocasiones había deseado reprocharle el abuso que hacía al intenso cariño que Fede le expresaba, pero su mirada desafiante la obligaba a permanecer callada. Estaba ingresando justo al centro de Córdoba, cuando la sobresaltó el sonido del teléfono celular. La llamada figuraba en la pantalla como PRIVADO.

“¿Será él?”, pensó por un segundo, antes de atender la llamada.

—¿Hola? —preguntó mientras su corazón latía fuertemente.

—Fran —respondieron del otro lado de la línea—. Soy yo, Lucy —dijo casi a los gritos por el sonido de la música que se escuchaba de fondo—. Estamos en Rivera, esperándote, al final decidimos venir aquí —le explicó su amiga.

—¿Y a esta hora se les ocurre avisarme? —dijo molesta—. Estoy a dos cuadras del departamento.

—No me regañes... no es mi culpa, fue idea de Luis —se excusó.

—¿Pudiste hablar con Fede? —preguntó rápidamente cambiando de tema.

—Sí, lo llamé antes de salir de casa —contestó.

—¿Y qué te dijo, va a venir? —le averiguó Lucy ansiosa.

—Le dije que yo le iba a escribir un mensaje para encontrarnos. Está en Carlos Paz, hoy justo es el aniversario de sus padres —le contó—. Más inoportuna no podía ser mi llamada.

—¿Por qué? ¿Se enojó? —preguntó preocupada.

—No, Lucy, pero sí se preocupó, y no es para menos, le dije que se trataba de Noelia. Además, le resultó muy raro que yo lo llamara un día sábado, nueve de la noche, y encima con tanta urgencia. Es lógico que esté desconcertado —le explicó Fran a su amiga.

Lucy era la mejor amiga que una mujer podía tener. Francina estaba orgullosa de tenerla como su amiga incondicional, juntas habían transitado toda la secundaria y, actualmente, cursaban el tercer año de la licenciatura de Ciencias de la Comunicación. Ella conocía con exactitud todos los sentimientos que Fran tenía por Federico. Además, había presenciado cada lágrima que Fran derramó por él.

Fran y Lucy compartían muchos gustos. La elección de la misma carrera, el gusto por la música, el placer por el deporte y las salidas. Solo una cosa las diferenciaba: la elección sexual. Mientras Fran estaba gustosa de desear y amar incondicionalmente a ese hombre que durante años le había quitado la respiración, Lucy sentía lo mismo, pero por lasmujeres. Si bien nunca se había enamorado con la intensidad con la que Fran lo hizo, tuvo breves romances con diferentes mujeres de la universidad.

Lucy no era su única amiga, Fran también tenía tres amigos más, que siempre la acompañaban en todas sus salidas y momentos especiales. Ellos eran Luis, Marcos y Martín. Se conocieron en la universidad, tres años atrás, y desde ese momento su amistad se había fortalecido.

Fran llegó alpub a las doce de la noche. La joven pudo percibir que había cesado de llover. Bajó rápidamente del coche, lo cerró con la llave y se dirigió a la entrada. Cuando ingresó al local, buscó en la barra y no encontró a ninguno de sus amigos, y al ver que no estaban en ese lugar, se dirigió hacia el fondo y enseguida los vio. Lucy conversaba muy entretenidamente con Luis, mientras que Marcos miraba su teléfono.

Francina se acercó rápidamente y los tomó por sorpresa. El primero en levantarse a saludarla fue Luis.

—Fran… ¡Estás hermosa! —le dijo con énfasis, saludándola con un beso en la mejilla

—¡Te sienta muy bien ese color! —dijo con admiración, observándola con detenimiento.

Esa noche había elegido ponerse un vestido modal corto verde esmeralda, que había comprado ese mismo día en una boutique.

—¡Gracias, Luis! ¡Cuántos halagos! —le dijo la joven incómoda.

—No deberías avergonzarte cuando un hombre admira tu belleza —le aclaró tomándole el rostro y acariciándole la mejilla.

—Bueno, ya está bien de tantos halagos, déjame saludar a mi amiga —interrumpió Lucy, levantándose del sillón blanco donde había estado sentada.

—¡Al fin, amiga, llegaste! —la saludó con un abrazo—. Solamente faltabas tú —le dijo al oído.

Fran, luego de saludar a Lucy, se dirigió a Marcos.

—¿Y Martín? No me digas que no vino —preguntó preocupada, mientras se acercaba a saludar a Marcos.

—Sí vino, fue al baño —respondió Marcos.

—Bueno, ahora sí podemos festejar, estamos todos —exclamó Luis cuando vio que Martín se aproximaba a ellos—. Ahora vuelvo, voy a buscar gasolina —dijo guiñándole un ojo a Fran.

—¡Feliz cumple, Martín! —lo saludó Francina, y lo abrazó afectuosamente.

—Te traje un obsequio —le entregó un paquete que sacó de su cartera—. Espero que te guste.

—¡Gracias, Fran! —le dijo el agasajado. Al abrir el paquete se encontró con un reloj de oro.

—¡Es precioso, muñeca! —le expresó con dulzura, dándole un fuerte abrazo—. No deberías haber gastado tanto dinero.

—No es nada, te mereces eso y mucho más —contestó la joven con total sinceridad.

Cualquiera que pudiera ver la escena desde afuera, sin duda hubiera pensado que se trataba de un coqueteo de amantes. El cariño que los dos se profesaban dejaba entrever que se trataba de una pareja. Aunque la realidad era otra. Martín sostenía una relación de pareja con Marcos desde que Fran los había conocido.

—Llegó la hora del brindis, gente —interrumpió Luis, ofreciéndoles las copas.

—¡Ahora solo se trata de disfrutar! —les dijo sirviéndoles vino espumante a todos.

—¡Qué linda música! —replicó Fran al grupo, luego de tomar un sorbo de vino.

—¿Quieres que bailemos? —se apresuró a preguntar Martín sonriendo.

—Bueno —respondió Fran, devolviéndole la sonrisa y dejando su copa vacía en la mesa.

En el momento que salieron a bailar, estaba sonando de fondo el tema “Cachetada”, un clásico de La Barra, el grupo preferido de Francina. La joven, durante el tiempo que duró el tema, disfrutó cada acorde, fascinada y feliz. Su alegría se intensificaba cuando Martín le hacía comentarios graciosos que la hacían reír intensamente.

Cuando finalizó el tema se acercaron al grupo.

—¿Qué esperan que no salen a bailar? —les reclamó Fran.

—Yo estoy esperando bailar contigo, Fran —respondió Luis.

—¿Y qué esperas para sacarme a bailar? —preguntó desafiante, con las manos en la cintura y una sonrisa exuberante.

Luis siempre había estado enamorado de Francina, aunque ella jamás correspondió a su evidente interés. Solo lo veía como un buen amigo.

Al observar la actitud desafiante de su amiga, le tomó la mano y la llevó a bailar sin mediar palabra, con el vaso de vino espumante en la otra mano.

—Fran, me encanta verte feliz —le dijo Luis cuando estaban bailando—. ¿Se puede saber cuál es el motivo de tanta felicidad? —preguntó con notable curiosidad.

La pregunta la hizo detenerse por un instante, dejándola desconcertada. Esto la tomó por sorpresa, no podía decirle el verdadero motivo de su felicidad, porque sería poner en evidencia un secreto que llevaba guardado durante años, y que le pesaba demasiado. ¿Cómo iba a explicarle que estaba perdidamente enamorada de su cuñado y que sentía que hoy, por fin, podría tener una pequeña esperanza con él? Francina era consciente de que su plan era inmoral, totalmente desleal, pero también sabía que era la única posibilidad que tenía para resguardar a Federico de las oscuras intenciones de su hermana. Además, era una oportunidad para acercarse a él, como mujer, y no estaba dispuesta a desaprovecharla.

—¿Estás bien, Fran? —interrumpió sus pensamientos, y Luis observó que palidecía.

—Sí, claro —contestó con una sonrisa fingida—. ¿Por qué habría de estar mal?

—Te pregunto porque te noté un poco incómoda —le explicó—. ¿Fue indiscreta mi pregunta? —inquirió, confundido por la reacción de la joven.

—Discúlpame si te dio esa impresión —dijo—. Y en cuanto a la pregunta que me hiciste... mi felicidad se debe a que estamos festejando el cumpleaños de un amigo, y se supone que uno debe estar alegre para contagiar al agasajado.

—Es verdad —acordó con una sonrisa—. Entonces, para seguir pasándola bien, tendremos que ir por más bebida. ¿Me acompañas? —la invitó, y la joven asintió.

Francina dejó que la tomara de la mano y le recibió el vaso que le ofrecía. Miró fugazmente la hora en su reloj de muñeca, mientras lo seguía hasta la barra del lugar.

Eran las doce y media de la madrugada, y aún no había llamado a Federico. Debía encontrar la forma de escaparse y llamarlo para citarlo en ese lugar.

Cuando iban camino a la barra, chocó con una mujer pelirroja que no soltaba la mano de su acompañante, y venía saludando a una persona ubicada en una de las mesas, y la embistió.

—¡Por qué no miras por dónde vas, idiota! —le reclamó Fran a la mujer que había provocado que buena parte de la bebida del vaso que llevaba en la mano se derramara en su vestido. Si bien la bebida solo había mojado con unas gotas su vestido, se sintió muy frustrada.

—¡Disculpa! —le dijo la mujer.

—¿Peque? —preguntó una voz masculina detrás de la pelirroja.

“Únicamente una persona me llama de esa manera. No puede ser, justo él, no. Esto tiene que ser una pesadilla. ¡Exijo despertar ya!”, pensó.

Sentía la mirada insistente del dueño de esa voz. Estaba esperando que le respondiera. La pelirroja, al ver que su pareja conocía a la joven, se volvió hacia el hombre.

Luis, al percibir el tenso silencio que se había manifestado, decidió intervenir y le preguntó:

—¿Fran, lo conoces? —la interrogó, sin dejar de mirar al desconocido con recelo.

Armándose de valor para enfrentarlo, volvió su mirada hacia el insistente hombre.

Estaba irresistiblemente hermoso esa noche. Llevaba una camisa azul que combinaba perfectamente con su color de ojos y su cabello dorado. Sus ojos brillaban intensamente y reflejaban sorpresa en ese momento.

—Hola, Fede —le respondió inexpresiva, observando cómo seguía sosteniendo la mano de la pelirroja.

—¿No piensas presentarnos, Fede? —dijo la pelirroja volviendo a posar su mirada en Fran.

—Sí, por supuesto —respondió soltándole sutilmente la mano—. Ella es Francina —le dijo a su acompañante—. Fran, te presento a Camila.

—Un gusto, Francina —le ofreció la mano. Fran la estrechó con desgano y evidentemente molesta por la incómoda situación—. ¿Hace mucho que se conocen? —dijo la pelirroja, dirigiéndose esta vez a Fran.

—Francina es hermana de mi mejor amigo —se apresuró a responder Federico al percatarse de la furia que iba creciendo en la mirada de la joven—. La conozco desde que era una niña. ¿No es así, Francina? —agregó mirándola a los ojos.

—Sí, es así —afirmó—. Mi hermano y él se conocen desde que empezaron la carrera de ingeniería —terminó sin poder ocultar su molestia—. Ahora, si nos disculpan, tenemos que continuar nuestro camino —les dijo cortante.

Cuando quiso avanzar tirando de la mano de su acompañante, Federico la detuvo del brazo. En ese momento estaban frente a frente,

—Olvidas presentar a tu amigo —le advirtió—.Sería muy descortés de tu parte si no lo presentaras, Fran —le dijo con ironía.

Estaba tan perturbada por los hechos acontecidos que había olvidado presentar a Luis. Sería una grosera si no lo hacía,y su amigo no merecía ser humillado de esa manera.

Mirando a su acompañante y quedando en medio de los dos, dijo:

—Él es Luis, un amigo de la facultad —manifestó—.Estamos festejando el cumpleaños de otro amigo —le explicó a Federico.

—Un gusto —Luis le estrechó la mano a Federico de manera amistosa.

—Lo mismo digo —contestó el aludido. Luego se dirigió a Francina—: no olvides que tenemos una charla pendiente. Con permiso —se despidió.

Fran se corrió para darles paso, y Luis la imitó. Ambos siguieron con la mirada a la pareja que se alejaba. El hombre había tomado con total familiaridad la cintura a la pelirroja para guiarla. Esa escena molestó muchísimo a Fran, que sintió un deseo inmenso de salir corriendo tras de ellos y reclamarle a Fede por su comportamiento. El sentido común evitó que lo hiciera. Ella no tenía ningún derecho sobre aquel hombre.

—Qué personaje más raro el amigo de tu hermano —comentó Luis con inocencia,cuando se volteó a mirarla.

—Vamos —le dijo la joven ignorando el comentario de su amigo—. Los chicos se van a preocupar si no volvemos pronto.

Capítulo II

Ya había pasado una horade aquel desafortunado encuentro que tuvo con Federico. Fran lo buscó con la mirada por el pub y no lo había podido hallar por ningún lado. Estaba convencida que se había retirado con esa pelirroja presumida con la que había llegado, sin el mayor reparo. Persistían en ella sentimientos encontrados. Por un lado, sentía culpa por haber creído que su cuñado era un pobre novio engañado, cuando en realidad se paseaba con una zorra como si no tuviera que rendir cuentas a nadie y, por otro lado, sentía unos celos terribles que la estaban consumiendo viva.

No podía concebir que su cuñado le fuera infiel a su hermana. Siempre creyó que amaba a Noelia, y que era incapaz de fijar su mirada en otra mujer, pero evidentemente se había equivocado. Federico no solo era capaz de posar su mirada en otra mujer, sino de engañar descaradamente a su hermana.

Francina estaba abstraída en sus pensamientos, bebiendo más de la cuenta lo que le ofrecían sus amigos. En varias ocasiones se habían acercado a invitarla a bailar, pero ella prefirió quedarse sentada y observarlos divertirse. Estaba demasiado triste como para salir a bailar. Necesitaba estar sola para recuperarse y continuar participando del festejo. No quería que sus amigos se incomodaran por culpa de ella. Los quería demasiado como para arruinarles la fiesta.

Su humor había cambiado rotundamente yesta actitud no había pasado desapercibida ante la mirada juiciosa de su amiga.

—Fran, si sigues tomando así vas a terminar embriagándote —le reclamó Lucy preocupada al ver la cantidad de alcohol que estaba ingiriendo—.Hace una hora que te veo muy nerviosa, ¿sucedió algo? ¿Luis se propasó… dijo algo indebido…?

—No se trata de él, sino de Fede —la interrumpió.

—¡No me digas que no viene! —dedujo—.¿Eso quiere decir que te dejó plantada? ¿Por eso tienes esa cara?

—No, no es eso. Siéntate —le pidió. Lucy se ubicó a su lado en el sillón—.Estuvo aquí.

—¿Qué? —preguntó sobresaltada, volviéndose a parar.

—Siéntate, y deja de llamar la atención, ¿o quieres que los chicos se enteren? —murmuró.

Lucy volvió a sentarse.

—Lo vi hace una hora de camino a la barra —continuó explicándole Fran.

—¿Pudiste contarle todo lo que la arpía de tu hermana quiere hacer con él? —la interrogó con curiosidad.

—¿Quieres dejar de sacar conclusiones precipitadas y puedes escucharme? —le exigió.

—Sí, tienes razón —dijo Lucy—.Cuéntame.

—Te estaba diciendo que hace un rato lo vi. Y no estaba solo —al ver la cara de sorpresa de su amiga e intuyendo lo que estaba pensando,le aclaró—:no era mi hermana, si es lo que estás pensando.

—¡No me digas! —exclamó cada vez más sorprendida—.¿Y qué hizo cuando te vio?

—Nada. Me presentó como la hermana de su amigo —le contó.

—¡Pero qué cínico resultó tu cuñadito! —comentó su amiga indignada—.El muy sinvergüenza seguro no quería que su zorra se enterara que tiene novia, por eso seguramente eludió el pequeño detalle de que, además, eres su cuñada.

—Sí, seguro. No sabes lo incómoda que estaba. Lo que más me molestó es la impunidad con la que se mostró con esa flaca esquelética —dijo con despecho.

—Veo que te pegó fuerte verlo con otra —analizó Lucy—. Independientemente de su infidelidad, te molestó que se haya fijado en otra mujer y no en ti —terminó adivinando los sentimientos de su amiga—. Sigue contándome. ¿Cómo era la mujer esa?

—Pelirroja, flaca y alta —le contestó—.Debo admitir que era muy hermosa.

—¿Y ahora qué piensas hacer, Fran?

—No lo sé, por lo pronto divertirme porque a eso he venido, ¿no? —contestó resignada.

—Sí, claro. Vamos a reunirnos con los chicos —la invitó a pararse. Fran aceptó—. ¡A divertirnos! —le propuso dirigiéndose a donde los demás se encontraban.

Y así fue. Se dedicaron a pasarla bien y a reír de todas las ocurrencias de Martín, que siempre terminaba siendo el bufón del grupo.

Francina había bebido más que de costumbre y se veía un poco exaltada y mareada por los efectos del alcohol.

—¿Quieres bailar conmigo? —invitó Luis.

—¡Claro que sí! —le respondió. Estaba decidida a olvidarse del mal momento vivido y concentrarse solamente en pasarla bien.

El tema que sonaba de fondo, esta vez, era para bailar con los cuerpos pegados. Ambos lentamente se acercaron hasta que sus cuerpos estuvieron adheridos. Juntos se fueron moviendo al compás de la música que sonaba de fondo.

—Fran… —murmuró Luis en su oído—.¿Cómo debo hacer para que te fijes en mí? —le dijo mirándola a los ojos.

—Luis, yo… —intentó decir evitando su mirada.

—Lo único que te pido es que me des la oportunidad de demostrarte que yo te puedo hacer feliz —le suplicó—.Necesito que me permitas acercarme a ti… como un hombre —le pidió acunando su rostro entre sus manos.

Las palabras de su amigo eran sinceras. De eso no tenía duda. Luis jamás había podido disimular sus sentimientos hacia ella. Esa noche no podía negar que se veía muy guapo. Le sentaba muy bien la camisa negra de raso. Además, se veía tremendamente sexy con aquel cabello alborotado. Evidentemente el alcohol estaba nublando su mente y confundiendo sus sentimientos. Debía recuperar la cordura. No quería despertar esperanzas en él que no iban a ser correspondidas. Y lo último que quería era lastimarlo.

—No me siento bien —le dijo esquivando su engorrosa pregunta y alejándose un poco de él—.¿Me acompañas a la terraza?

—Claro —aceptó gustoso—.Tú primero —le indicó con la mano.

—Gracias —subió tambaleando las escaleras y, tras ella, estaba Luis. Al ver que su amiga no lograba mantener el equilibrio la tomó con firmeza de la cintura y la guio hasta la terraza.

—¿Estás bien? —le preguntó Luis preocupado, tomándola de las manos—. Me parece que has bebido demasiado por hoy. Realmente me sorprendió tu conducta, Fran. Tú no sueles beber de esta manera —la regañó—. La forma en que te has embriagado pareciera que quieres olvidar algo…o a alguien —dijo pronunciando las últimas palabras casi como un susurro—. De eso se trata, Fran, ¿no? ¿Estás enamorada de ese hombre?

Al ver que la joven no respondía, continuó:

—Por eso no puedes corresponderme, porque estás involucrada emocionalmente con ese tipo —declaró convencido—. Ahora entiendo tu cambio de humor repentino. Te molestó verlo con otra —terminó hablando.

Fran no había podido contenerse yse le llenaron los ojos de lágrimas. Bajó la cabeza al ver que había quedado descubierta frente a su amigo. Luis, al advertir que los ojos de su amiga se habían nublado por las lágrimas, sintió culpa y quiso consolarla.

—Fran, no llores —la abrazó y la apoyó en su pecho. La joven, sin poder aguantar más el dolor que la inundaba, comenzó a sollozar.

La fragancia del perfume de Luis inundaba los sentidos, aturdiéndola. Poco a poco dejó de llorar y, él se retiró para poder observar su rostro mojado por las lágrimas.

—Eres hermosa, aún con la nariz colorada y los ojos hinchados —murmuró—. Déjame besarte —le suplicó próximo a su boca. Fue un beso profundo y cargado de mucha tensión sexual. Fran respondió a su beso. La respuesta de ella lo motivó a dar un paso más. Con un suspiró, tomó un pecho con una mano,y con la otra, bajó hacia su nalga.

Francina, al notar que estaban traspasando los límites de la sensatez, intentó zafarse. Luis estaba demasiado excitado como para soltarla.

—¡Basta, Luis, ¡por favor! —le pidió desesperada, cuando él bajó a su cuello.

—¡O la dejas, o te parto la cara! —tronó una voz detrás de Luis. Ambos se volvieron.

Federico estaba parado en la puerta de la terraza con los puños cerrados.

—¡Quién te crees que eres, para aparecer de la nada y meterte en la vida de Francina! —lo desafío Luis—. Da la vuelta y regresa por donde viniste, no eres bienvenido aquí —intentó volverse hacia Fran.

Antes de que pudiera hacerlo, Federico lo tomó del hombro, lo hizo volverse y le propinó un golpe certero en el rostro, provocando que su cuerpo se fuera contra la joven, que observaba la escena, consternada.

Luis se repuso rápidamente del repentino ataque, e intentó responderle con otro golpe, pero Francina se adelantó y se interpuso entre los dos.

—¿Qué significa esto? ¡Dejen de comportarse como dos animales! —les reclamó la joven, irritada por el comportamiento de los dos hombres que la rodeaban—. Luis, déjame a solas con Federico, por favor —le ordenó a su amigo.

—No voy a dejarte con este imbécil, Fran —le dijo con ira.

Desafiándolo con la mirada, le dijo:

—Te lo estoy pidiendo yo —le aclaró—.Voy a estar bien —le aseguró al ver que dudaba.

—Está bien —le dijo derrotado—. Pero si este miserable se atreve a lastimarte le daré su merecido —amenazó antes de retirarse.

—¿Qué haces aquí? —le preguntó furiosa, al ver que su amigo desaparecía.

—Vine por ti —contestó con cautela—.Tenemos una charla pendiente, quedamos en que nos íbamos a encontrar.

—También habíamos quedado en que yo te iba a llamar, pero ni hizo falta —replicó con desdén—. Te apareciste como si nada, exhibiéndote con… esa —añadió con indignación—.Y yo que pensé que eras una persona intachable. ¡Qué poco hombre resultaste ser! —terminó con desprecio entrecruzando los brazos.

—Bueno, está bien de insultos, Francina. Mide tus palabras. No deberías dirigirte a mí de esa manera —le advirtió molesto—. Te desconozco.

—¡Pero qué cínico eres, Federico! —explotó la joven—. Estuviste engañando a mi hermana en mis propias narices, ¿y pretendes hacerme sentir culpable a mí? —le reclamó.

—No, te estás precipitando —se acercó, haciendo que la joven retrocediera—. Francina, estoy perdiendo la paciencia. Deja de portarte como una niña —le dijo comenzando a fastidiarse.

—¿Cómo puedes hacerle esto a mi hermana? —le preguntó—. ¡Eres un maldito cobarde!

El rostro de él se ensombreció.

—No solamente eres un cobarde que no tiene agallas para dejar a su novia, sino también un mentiroso, un ruin, un desvergonzado…

—¡Cállate! —le dijo furioso tomándola de un brazo con fuerza—. Será mejor que salgamos de aquí, hay muchas cosas que aclarar.

—Yo de ninguna manera voy contigo —lo desafió.

—¡Que te vas conmigo he dicho! —dijo furioso—. ¿O prefieres que arme un escándalo? —la amenazó—. No te atrevas a seguir retándome, Fran. No sabes de lo que soy capaz de hacer —añadió tajante.

—¿Y qué piensas hacer, arrastrarme? No puedes obligarme a hacer algo en contra de mi voluntad —quería molestarlo, sacarlo de sí, castigarlo.

—¡No juegues con mi paciencia, Fran…! —le advirtió sujetándola por los hombros desnudos. Sus rostros estaban muy próximos y ambos estaban enojados, desafiándose uno al otro con la mirada. El primero en cobrar la compostura fue él. La soltó y le dijo más tranquilo:

—Te estás dejando llevar por el enojo, las burbujas del vino que estuviste tomando están bloqueando tu sensatez.

—Lo que me faltaba, ahora soy una ebria perdida —le dijo molesta—. ¿Sabes qué? Sí, sí estoy ebria —le dijo arrimándose más a su rostro—. Bebí para olvidar lo humillante que fue verte pasear enfrente de mi cara ydel brazo de una prostituta —se estaba comportando como una novia celosa, pero en ese momento no le importaba, solo quería lastimarlo—. Realmente hoy no me importa nada, y mucho menos, la opinión que tú tienes de mí.

—No me cabe duda que has perdido el juicio —le dijo sin rodeos—. Hace un tiempo largo que vengo observándote coquetear con el idiota de tu amigo —replicó—. Si no hubiera llegado a tiempo, de seguro te hubiera violado.

—¿Qué estás diciendo? —le preguntó confundida. ¿La había estado vigilando? No podía ser, ella lo había buscado en cada rincón del pub y no lo había encontrado.

—Lo que digo es que te vi bailando muy sensual con ese amigo tuyo —le explicó—. Luego fui al baño y cuando volví no estabas más. Le pregunté a Lucy dónde estabas y me dijo que no sabía. Entonces me acerqué a uno de tus amigos y él supo decirme dónde estabas.

—¡Yo no estuve coqueteando! —se defendió con vehemencia.

—Fran, soy un hombre y me doy cuenta cuando una mujer está coqueteando —le dijo, luego recorrió su cuerpo con la mirada. Se detuvo un instante en sus senos y volvió a posar su mirada en su rostro sonrojado—. Te has vestido demasiado insinuante, es lógico que tu amigo no haya podido sacarte las manos de encima. Deberías tener más cuidado, no puedes ir por la vida provocando a los hombres, para luego rechazarlos. Si juegas con fuego, un día puedes quemarte —le advirtió.

El comentario que le hizo la dejó por un instante sin respiración. ¡La encontraba atractiva! La forma en que observó cada curva de su cuerpo revivió las esperanzas que tenía con él. Evidentemente no le era indiferente. Por primera vez la veía como una mujer y no como “la pequeña hermana de su amigo”.

—¿Peque? —la llamó, sacándola de sus pensamientos—. ¿Estás bien?

—Sí —contestó tratando de salir de su asombro, sin poder sostenerle la mirada.

—Debemos irnos —le dijo Fede—.Son las tres de la mañana.

—¿En qué has venido? —la interrogó.

—En la camioneta de papá —respondió.

—Será mejor que le digas a Lucy que se lleve la camioneta al departamento de ustedes —le ordenó—. Yo luego te acerco.

—No es necesario… yo…

—No acepto que vuelvas a discutirme. Además, no estás en condiciones de conducir —le dijo tajante—.Mi deber es cuidar de ti.

—No necesito que nadie me cuide, puedo hacerlo sola —dijo con disgusto. Estaba cansada de que la tratara como una adolescente. Tenía veintiún años, era una mujer adulta—. Te agradecería que dejes de llamarme peque, me molesta, y mucho —le pidió con evidente enojo.

—Ok —respondió—. Si así lo prefieres, así será —dijo sarcástico—. ¿Vamos? —la invitó a salir de la terraza.

—¿A dónde vamos? —le preguntó con intriga.

—A mi departamento, allí podremos hablar tranquilos —le respondió.

En silencio pasó frente a él y bajó las escaleras apresurada. Se acercó a su amiga, le dejó las llaves de la camioneta y se despidió de sus amigos. Federico observaba la escena en silencio.

Cuando le tocó despedirse de Luis, se mostró demasiado efusivo, y a la vez, molesto, por la decisión de su amiga de irse con aquel hombre.

—¡No puedes irte con él, Fran...! —le susurró—. Jamás va a tomarte en serio, no le interesas y tiene novia —terminó diciendo.

—Luego hablamos, Luis. Tengo que irme —le dijo inquieta. Luego se volvió, y sin mirar ni mediar palabras con Fede, se dirigió a la puerta de entrada. Tras ella salió Federico.

Capítulo III

Viajaron en silencio. Francina venía acurrucada en el asiento del acompañante, mientras observaba por la ventanilla que había comenzado a llover intensamente en la ciudad de Córdoba. Estaba tan absorta en sus pensamientos que no escuchó cuando Fede le habló. Se dio cuenta de que él la estaba llamando, cuando tocó su hombro.

—Fran, hemos llegado —le avisó. Ella se volvió a mirarlo—. Está lloviendo, será mejor que bajes y corras hasta la puerta, yo voy enseguida. Toma la llave de la entrada, y espérame en el hall —le indicó, entregándole unas llaves.

Fran recibió lo que le ofrecía. De un salto, bajó del auto, y corrió hasta el hall de entrada. Ingresó al lugar y se detuvo a un costado de la puerta. A pesar de que corrió lo que más pudo, no logró evitar mojarse.

Pasaron solo unos minutos hasta que apareció Fede. La joven le abrió y él ingresó rápido al hall. Estaba, al igual que ella, mojado.

—¡Estás empapada! —le dijo preocupado, al percatarse de las gotas que caían de su cabello y del vestido que se pegaba al cuerpo—. Será mejor que nos apresuremos o ambos nos resfriaremos —terminó decidido.

Juntos se dirigieron hacia el ascensor, subieron, y él marcó el piso de su departamento.

Fran estaba incómoda y aturdida por todo lo vivido esa noche. Ella podía sentir la mirada de él clavada en su rostro, como si quisiera descubrir qué pensaba. Atraída por la fuerza de su mirada entornó la suya hacia su rostro, deteniéndose en su boca para luego enfocarse en sus ojos.

—¿Por qué me miras así? —le preguntó Francina con curiosidad.

—Por nada. Simplemente pensaba en lo diferente que te ves —le respondió.

—¿Diferente yo? ¿En qué? —le preguntó.

—En la manera en que te comportas… en tu forma de vestir. En los años que te conozco, es la segunda vez que te veo con un vestido. La primera vez fue en tus quince —le recordó—. Siempre has sido una niña salvaje, poco femenina… —le comentó con sinceridad—. Y hoy me encuentro con una mujer coqueta, insinuante… —le dijo posando sus ojos en sus senos—.Nunca imaginé que podían convivir dentro tuyo dos personalidades tan diferentes —le declaró, volviendo a mirarla a los ojos.

—Quizás nunca te tomaste el tiempo para conocerme mejor… —murmuró. El hombre la miró en silencio unos instantes.

Las puertas del ascensor se abrieron anunciando que habían llegado al piso, haciendo que los dos volvieran a la realidad.

—Adelante, Fran —le dijo, invitándola a que saliera primero.

Fran salió y él la siguió.

Con las llaves en la mano, él abrió el departamento e ingresó. Fran hizo lo mismo.

—Siéntate, yo voy a buscar qué prestarte, así te cambias esa ropa —le indicó y se fue a la habitación. Ella prefirió no sentarse para evitar mojar el sillón, y permaneció parada.

Cuando Fede volvió, Fran estaba viendo unas fotos que tenía en un mueble. En esa imagen aparecía su hermano Diego; ella, de niña, su hermana Noelia y Fede.

—Recuerdo que Diego tuvo que rogarte para que posaras en esa foto —dijo Fede,apareciendo en silencio—.Estabas muy enojada —le recordó.

—Sí, lo recuerdo —contestó volviéndose hacia él—. De niña odiaba figurar en las fotos —replicó—. Siempre salía mal. Mamá acostumbraba a dejarme el pelo demasiado corto, y eso no me favorecía —le explicó—.Me sentía demasiado ridícula —sonrió al recordar lo incómoda que se sentía con el cabello tan corto. Siempre se había sentido como el patito feo de los Marchetti.

Mientras su hermana lucía sus largos cabellos dorados haciéndola ver más bellade lo que naturalmente era, ella debía acostumbrarse a usar su melena color café bien corta. Si bien eran hermanas, no se parecían en nada. Noelia se veía siempre como una princesa, y ella, como una niña salvaje.

—Nunca te has visto ridícula, Fran, solo eras una niña. Y te digo más, siempre has sido una niña muy dulce, Fran —le manifestó—. ¿Recuerdas el día que me trajiste tres tulipanes amarillos, que arrancaste de las plantaciones de tu madre? Ese día jamás lo olvidaré —le dijo con cariño acercándose a ella—.Debo decir que me sorprendiste, el gesto que tuviste conmigo no me lo esperaba—le comentó sin reservas—.Yo venía del velorio de mi abuela y estaba realmente muy triste—le confesó—.Cuando me los entregaste me dijiste que con ellos querías darme alegría porque me veías triste —se detuvo unos segundos a pensar y luego continuó.

—Lo que más me sorprendió fue que unos días más tarde, tu mamá me contó que cada tulipán tiene un significado —le explicó—.Y me dijo que cuando se entregan los de color amarillo representan felicidad, que son flores vibrantes, por eso se trata de una alternativa ideal para regalar a una persona que necesita ánimo o que pasa por un problema difícil. Además, me contó que representan el cuidado. Sus palabras exactas fueron: “Si quieres decirle a alguien que le quieres y que estarás siempre allí para cuidarle, entonces esta es la flor ideal” —recordó las palabras de la mamá de Fran—. Me imagino que tú sabías eso. Por eso elegiste dármelos en ese momento —afirmó, mirándola directamente a los ojos.

“¡Claro que sí! Ese día quise decirte lo mucho que me importabas y que te estabas convirtiendo en lo único y más importante de mi vida”, pensó.

—Me enteré por casualidad que había muerto tu abuela —le explicó, no pudiendo responder a lo que el hombre afirmaba directamente—. Diego se lo estaba contando a papá cuando yo volví del colegio ese día.

Se produjo un silencio interminable entre ellos hasta que él lo rompió, cambiando de tema.

—Te traje una bata. Pensé que Noe podría haber dejado algo… pero se llevó todo —le dijo él, ofreciéndole la bata—. Ve al baño a cambiarte, en el armario hay toallas limpias —le dijo con amabilidad—. Tendrás que esperar que se seque tu ropa para poder irte. Por mí puedes quedarte el tiempo que necesites —replicó con naturalidad—. A fin de cuenta eres como parte de mi familia —terminó entregándole la bata.

—Fede, ¿puedo hacerte una pregunta? —él asintió—.¿Cuándo pensabas decirle a Noe que estás viéndote con otra mujer? —le preguntó sin rodeos.

—Es una pregunta demasiado personal, Fran,y creo que es algo en lo que no deberías meterte —le contestó con firmeza—. Ve a cambiarte antes que te enfermes —le sugirió, dirigiéndose a su habitación.

“Ni se crea que hoy me voy sin una respuesta. Le guste o no va a tener que explicarme qué hacía con esa mujer luciéndose como si se tratara de un trofeo”, pensó con firmeza cuando estaba en el baño.

Después que se cambió, colgó su vestido y abrió una ventanilla para que se secara.

“Debo tomar coraje y averiguar desde cuándo está engañando a mi hermana. Tampoco es justo lo que pretende hacer Noe con él. ¡No puedo permitirlo!”. Sus pensamientos la llevaban a un solo lugar… a decirle la verdad. Decidida a continuar por lo que había venido esa noche, salió del baño para enfrentarlo. Al ver que salía del baño, Federico levantó la mirada para decirle:

—Siéntate, Fran —le indicó mientras acercaba a la mesa una bandeja con dos tazas de café—.Preparé café.

Francina se ajustó la bata y se sentó en el sillón en silencio.

Se había cambiado. Estaba peligrosamente sexy. Llevaba puesto un jogging gris y una remera negra, la cual se adhería a cada fibra de su piel, haciendo que luciera irresistiblemente guapo.

—Bien. ¿Qué era lo que tenías que hablar conmigo tan urgentemente? —preguntó sin rodeos sentándose a su lado.

—Yo… —respiró profundamente, desviando su mirada de la de él y posándola en sus manos. Estaba demasiado perturbada por su cercanía, y sentía mucho temor de cómo reaccionaría él cuando le dijera lo que había descubierto esa misma tarde. Se retorció las manos con un gesto de inquietud. Sentía que sus manos estaban sudando por los nervios.

—Habla de una vez, Fran ¿Qué es lo que necesitabas decirme que no podía esperar? —dijo con insistencia—.Debe ser algo muy importante para que me llamaras un día sábado, a las nueve de la noche y con tanta insistencia para verme —replicó con intriga.

—Yo quisiera antes que nada disculparme por llamarte justo hoy, cuando estabas en medio de la fiesta aniversario de tus padres —le dijo apenada mirándolo a los ojos—.No lo sabía. Pensé que estabas en la ciudad. Sinceramente lo siento.

—Disculpas aceptadas —contestó con naturalidad—.Ahora necesito que te tranquilices porque estás muy nerviosa, y dime a lo que has venido con tanta urgencia.

—No es fácil para mí…después de lo que sucedió esta noche en el pub —declaró la joven—. Antes de decirte por qué he venido, necesito saber, ¿desde cuándo estás engañando a mi hermana con esa mujer? —le preguntó tomando coraje para mirarlo a los ojos—. La verdad, jamás imaginé que serías capaz de engañar a mi hermana, Fede. Siempre creí que la amabas de verdad —dijo con decepción.

—No la estoy engañando —se defendió con seguridad.

—¿Hasta cuándo vas a negar lo que yo vi con mis propios ojos? —indignada se levantó del sillón para calmarse—. Deja de tratarme de idiota, ¿quieres? Yo vi perfectamente cómo “esa” te tomaba de la mano, y luego, tú la llevabas de la cintura con total familiaridad, como si fueran dos tortolitos enamorados —terminó con ironía.

—Está bien, si tanto insistesvoy a decirte la verdad, pero antes vuelve a sentarte y bebe el café —le exigió un poco molesto por la repentina explosión de la joven.

Fran se sentó en silencio nuevamente, tomó la taza de café que él le ofrecía, bebió un sorboy se dispuso a escucharlo.

—A Camila la conozco desde hace un año. Trabaja como ingeniera en la empresa —le explicó—.Y sí, estoy saliendo con ella desde hace dos meses —le confesó con evidente incomodidad.

Escuchar eso de boca de él le hizo cerrar los ojos con fuerza,por un momento, para abrirlos y volver a mirarlo. Ahora su mirada reflejaba mucho dolor.

—¿Y, Noe, qué harás con ella? —le preguntó con la voz quebrada por el dolor—. ¿Por qué la engañas de esta manera? —le reclamó—.¿Qué es lo que pretendes?

—Es eso, ¿no? —le preguntó—.Tu hermana te envió para que… —se detuvo unos segundos—.Claro, ahora entiendo…—le dijo y meneó la cabeza—. Viniste porque ella te pidió que intercedieras para convencerme de volver con ella. ¿De eso se trata, verdad?

—¿Qué? ¿Estás tratando de decirme que tú y Noelia no están más juntos? —le preguntó confundida.

—Sí, es exactamente lo que te estoy diciendo. Con tu hermana terminé hace tres meses —declaró.

—Terminaste con ella por esa mujer, ¿verdad? —indagó.

—No, Fran, no es así —se defendió el hombre—. Camila no sabe de Noe. Yo nunca le hablé de ella. Jamás hablo de mi vida privada en el trabajo —declaró.

Se produjo unos segundos de silencio y luego continuó:

—Como te dije antes, conozco a Camila enla empresa donde estoy trabajando. Nunca planeamos involucrarnos sentimentalmente, solo surgió —terminó diciendo.

—¿Quieres convencerme que esa zorra no fue la culpable de que terminaras con Noe? —preguntó cada vez más molesta. La sola idea de que lo estaba perdiendopor causa de una desconocida la estaba volviendo loca. Durante años, había resignado su amor por él para que su hermana fuera feliz. Esta vez no iba a perderlo, no estaba dispuesta a dejar que otra mujer se interpusiera en su camino. Algo debía hacer.

—¿Te das cuenta el daño que puedes causarle a mi hermana cuando se entere de tu nueva adquisición? ¿Cómo puedes tirar cinco años a la basura por una cualquiera? —le reclamó.

—Basta, Fran. No estoy dispuesto a seguir escuchando tus reproches. No te estás comportando con sensatez —le dijo, levantándose del sillón, molesto por la actitud de la joven—.No tienes ningún derecho a meterte en mi vida—le reclamó.

—¿Tú me hablas de sensatez? ¡Eres un maldito cínico! —explotó, y se levantó para enfrentarlo—.No eres la persona más indicada para juzgar mi conducta, Federico González. Te recuerdo que hoy te vi de la mano de tu amante, por la cual dejaste a tu novia. Tu conducta no es la más ejemplar —lo desafió.

—¡Cuida tu lengua, Fran, está funcionando más rápido que tu mente! —le advirtió con un brillo amenazador en su mirada—. Ya es suficiente de insultos. Has bebido demasiado hoy,el alcoholestá haciéndote hablar de más, y mi paciencia tiene un límite. Será mejor que descanses, estás demasiado sobresaltada.

—¡No! —exclamó—. ¡Deja de tratarme como una ebria neurótica! —replicó enfadada.

—Entonces… ¡deja de comportarte como tal! —replicó enojado—. Fran, lo que sucedió hoy te afectó mucho, y lo comprendo —dijo adoptando nuevamente la serenidad—.Noelia es tu hermana y es difícil ver a su ex novio con otra mujer —le dijo tomándole el rostro en un gesto de compasión—. A tu hermana solo Dios sabe cuánto la amé, pero ya se acabó —dijo y su mirada reflejaba una profunda tristeza.

—Yo… —el hombre levantó una ceja invitándola a continuar.

Francina sentía que lentamente lo estaba perdiendo. Prefería mil veces que su hermana estuviera con él y no que una mujer cualquiera se lo robara de nuevo.

Se sentía muy confundida y estaba en una encrucijada. Por un lado, sentía mucha rabia y celos porque él se había involucrado con esa mujer, por otro lado, deseaba dejarse llevar por sus sentimientos y gritarle todo lo que sentía por él.

—No puedes abandonar a Noe… —le dijo con firmeza. Ella está… —no pudo continuar. Había llegado demasiado lejos.

Él soltó su rostro y cambió de posición. Ahora su rostro estaba invadido por la curiosidad.

—¿Qué tratas de decirme, Fran? —indagó.

—No vale la pena ya… —dijo la joven arrepentida. Al percatarse de lo que había hecho decidió alejarse—. Será mejor que me vaya, es demasiado tarde —intentó escaparse, pero Fede se anticipó y la tomó del brazo para evitar que huyese.

—De aquí no te vas hasta que me aclares qué has querido decir —le advirtió—. Termina lo que empezaste.

—Si quieres saberlo averígualo tú —le dijo con desdén.

La actitud desafiante de Fran provocó el enojo del hombre. Furioso la tomó de los brazos con fuerza.

—¡Te estás comportando como una niña caprichosa! —le dijo enojado—. No estoy dispuesto a seguir aguantando tus berrinches.

—¡Suéltame! —exclamó Fran forcejeando para liberarse de sus brazos que la aprisionaban—. ¡No tienes derecho a tratarme así! —le dijo irritada. Su enojo nacía de la frustración que sentía en ese momento. Era producto del dolor que la embargaba. Las esperanzas que habían resurgido de tenerlo,se estaban desvaneciendo minuto a minuto. Todo lo que pensó y que podía ser jamás lo sería, amaba a otra mujer. Nunca podría llegar a enamorarse de ella.

—¡Tú me sacas de quicio, maldita sea! —se justificó enojado y aflojando la presión que ejercía sobre los brazos de ella, continuó—: Debemos recuperar la cordura —dijo más tranquilo—.Necesito que confíes en mí, y puedas decirme lo que hace un momento intentabas contarme.

—Dadas las circunstancias, cambié de opinión, ahora creo que no es necesario que te lo diga —replicó con ironía—. Lo que tengo que decirte involucra a mi hermana…y como ella ya no forma parte de tu vida, no te interesa, o por lo menos no debería interesarte —dijo con vehemencia, acentuando las últimas tres palabras en señal de desaprobación.

—¡Claro que me interesa! —la contradijo consternado—. ¡Que hayamos terminado no significa que no me interese! —manifestó y se tomó unos segundos para pensar—.De eso se trata, ¿no? —sus ojos estaban ensombrecidos—. Viniste hoy hasta aquí para convencerme de que vuelva con Noe. Ella seguramente te pidió que intercedieras y ahora que… descubriste mi romance con Camila, cambiaste de opinión —dedujo.

—No es así. Noe no sabe que estoy aquí —confesó—.Vine por mi cuenta.

—¿Y entonces… a qué has venido, Fran?

—Yo no voy a hablar, averígualo por tus propios medios —le dijo—. No voy a traicionar a mi hermana por ti. Lo que hoy vine a decirte no tiene sentido que lo sepas, tú ya no formas parte de la vida de mi hermana… me lo acabas de confirmar.

—Está bien, si no quieres hablar ahora no voy a exigirte que lo hagas —dijo con falsa serenidad. Evidentemente en su interior había un volcán a punto de estallar—, perono significa que nuestra charla haya finalizado —aclaró con vehemencia—. Solo se trata de un receso, por un par de horas, y para que descanses, ya que ha sido una noche colmada de muchas emociones.

—Bien, será mejor que me vaya —dijo intentando alejarse, pero él se lo impidió nuevamente, tomándola del brazo.

—¿Piensas salir a la calle así? —le recordó que solo la cubría una bata—.De ninguna manera te vas de aquí —replicó con decisión y sin darle oportunidad de oponerse, manifestó—: No tienes que ponerte,y además llueve mucho. Te quedas a dormir y mañana te llevo a tu departamento.

“¡Oh, no! ¡No puedo quedarme aquí con él a solas! ¡Es una locura! ¡Es demasiado peligroso! Debo buscar la forma de irme”.

—¿Fran? ¿Estás bien? —le preguntó preocupado al observar su ceño fruncido—.Eres mi cuñada, o al menos lo fuiste, jamás te haría daño —le dijo en un susurro, adivinando de alguna manerasus pensamientos—. No soy esa clase de hombre, Fran —le dijo con afán de tranquilizarla al ver la expresión de susto en su rostro—.No voy a propasarme contigo.

“¡Es que no temo por ti, sino por mí! Temo perder la cabeza”, pensó.

—Yo… —susurró sin poder continuar, se sentía aturdida.

—Fran, eres la hermana que nunca tuve. Te conozco desde niña, nunca te lastimaría, ni permitiría que te lastimen —le dijo tomando su rostro con dulzura y acariciando su mejilla.

Fran se estremeció y parecía que se iba a derretir. No podía pronunciar ningunapalabra, sentía la garganta seca. La suave caricia que él le hacía estaba encendiendo un fuego peligroso, que amenazaba con estallar.

La pasión que sentía por élestaba nublando su mente. Sin poder resistir el deseo que despertaba en ella su cercanía, avanzó un paso, y con un brillo de deseo contenido, se arrimó a él y lo besó. Fue un beso apasionado.

Lentamente Francina pasó sus brazos por el cuello de Fede y profundizó el beso, con descaro, a lo que el hombre se mostró sorprendido y luego respondió con suavidad.

“Me desea, no le soy indiferente, siento cada fibra de su piel respondiendo. Esta es mi oportunidad para demostrarle cuánto lo amo”, pensó.

Federico la estaba tomando de la cintura, con cautela pero evidentemente excitado. Se estaba dejando llevar por la pasión, a tal punto y, sin meditarlo, la acercó más a él.

Fue el leve gemido que emitió Fran lo que provocó que él recuperara la cordura y la alejara.

—¿Qué diablos pretendes hacer? —le preguntó furioso—. ¡No puedes andar por la vida provocando a los hombres, Fran! —estalló—. ¿No te bastó con el imbécil de tu amigo? ¿De qué se trata esto? ¿De alguna especie de apuesta sobre tu sexualidad, o qué, intentas averiguar si no eres indiferente a los hombres? —indagó.

Ella quedó muda ante la repentina explosión del hombre, nunca lo había visto así.

—Habla, Francina —se dirigió a ella con brusquedad. Su voz denotaba impaciencia—. ¿De qué se trata esto, de un juego macabro? Hasta lo que yo sé, tu preferencia sexual son las mujeres —declaró sin rodeos—. Exijo una explicación de lo que sucedió hace un momento. ¿Qué es lo que estás buscando con este juego peligroso?

“… tu preferencia sexual son las mujeres”, esas palabras se agolpaban en su mente una y otra vez. “¡Cree que soy lesbiana!”.

—¿Qué? ¿De dónde has sacado eso? ¿Crees que soy… lesbiana? —preguntó incrédula y molesta al mismo tiempo.

—No debes sentir vergüenza conmigo, Fran, por tu elección sexual, yo no voy a juzgarte —le dijo—. Siempre lo sospeché y desde que tu hermana me contó que tú y Lucy eran pareja, terminé de convencerme.

—¿Que yo y Lucy? —repitió a modo de pregunta, confusa por lo que estaba escuchando.

—Fran… no es mi intención inmiscuirme en tu vida privada, lo que tú hagas de tu vida, nadie tiene derecho a meterse. Hagas lo que hagas, mientras te haga feliz, simplemente hazlo —declaró él con firmeza—. Conmigo puedes contar siempre —replicó con sinceridad.

Su hermana había hecho creer a Fede que ella y su mejor amiga eran pareja. Seguramente para alejarlo totalmente. Ella siempre supo de su amor por él. Ella misma se lo había confesado.

Noelia, cuando descubrió que Francina estaba loca de amor por el mejor amigo de su hermano, no paró hasta conquistarlo. Dejó a su antiguo novio por estar con el ingeniero Federico González.

—No necesito darle explicaciones a nadie, y menos a ti, de mi vida sexual —le dijo, enojada por las deducciones erróneas que hacía el hombre acerca de ella—. No es pecado ser lesbiana. La mayoría de mis amigos son gay, y estoy orgullosa de tenerlos cerca de mí. Son personas honestas, de buenos sentimientos y, sobre todo, no se dejan llevar por las apariencias—las últimas palabras sonaron como dardos venenosos.

—Lo siento, Fran. No es de mi interés hacer un juicio de valorde tu vida sentimental.Simplemente trataba de entender lo que acaba de suceder —le recordó.

El enojo que le había producido el hecho que él creyera que era pareja de Lucy, provocó que se olvidara de la locura que había cometido hacía unos instantes.

¡Se atrevió a besarlo! Se dejó llevar por la pasión y había olvidado toda cordura. ¿Qué explicación le daría? ¡No podía mirarlo a los ojos sin sentir vergüenza!

—No sé qué decir… —se excusó perpleja—.Siento mucha vergüenza por lo que sucedió hace un momento —le dijo con pesar.

—Está bien, Fran, no te preocupes, haremos como que nada sucedió —le expresó para tranquilizarla—. Puedo entender que estás actuando de esta manera producto de todo el alcohol que has bebido. No estás acostumbrada a beber y hoy te observé abusar bastante de él —le dijo molesto—