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Mantenerte enfocado no debería ser una tarea difícil de realizar, sobre todo, cuando los que están en juego son tu propio éxito y tu felicidad. No obstante, sumadas a la gran cantidad de actividades, tareas de poca importancia, citas pendientes, trivialidades y demás imprevistos de la vida diaria, las nuevas tecnologías — en especial, internet y las redes sociales— han generado una multitud de nuevas distracciones que te roban el tiempo, limitan tu capacidad de atención y debilitan tu productividad. ¿Cómo solucionarlo? Las estrategias y planes de acción contenidas en esta obra te darán las pautas para solucionarlo, examinando cómo estás empleando verdaderamente tu tiempo. En una palabra: ¡Enfocándote! Teniendo a la mano los principios, decisiones y estrategias que te llevan a estar en control de tu vida y te permiten lograr niveles de éxito, felicidad y prosperidad que jamás habías imaginado.
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Seitenzahl: 222
Veröffentlichungsjahr: 2024
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Elogios para
¡ENFÓCATE!
“Una vez más, el Dr. Cruz logra conjugar estrategias claras junto con los últimos descubrimientos en el área del éxito personal, en una obra profunda pero fácil de entender, que le permite al lector poner en práctica, de manera inmediata, estrategias para mejorar cualquier área de su vida”.
—Brian Tracy, best selling author
“Nuevamente el Dr. Camilo Cruz nos muestra de forma directa, amena y sumamente práctica, cómo despertar a la vida y desarrollar nuestro potencial. “El Factor X” encierra las claves para vivir plenamente. Con su estilo claro y directo, Camilo nos vuelve a ofrecer excelentes alternativas para llevar nuestra vida a un nuevo nivel de desempeño y felicidad”.
—Rafael Ayala, autor y conferencista
“Finalmente, un libro que nos muestra en lenguaje sencillo y fácil de entender el ingrediente principal que caracteriza a toda historia de éxito. El factor X está en cada uno de nosotros y ahora, con la ayuda del Dr. Camilo Cruz, puedes usarlo para alcanzar todo lo que te propongas en la vida. Todo aquel que lea este libro podrá identificarse con él.
Su energía y dinamismo son contagiosos y sus mensajes claros y efectivos”.
—Julie Stav, experta financiera, autora y conductora del programa: Tu Dinero
“El Dr. Camilo Cruz está destinado a hacer una enorme diferencia a través del mundo entero. La visión, sabiduría y entendimiento que comparte a través de sus libros y presentaciones, producen resultados inmediatos en las vidas de aquellos que los ponen en práctica”.
—Mark Víctor Hansen, co-autor de la serie “Sopa de Pollo para el Alma”
“La pasión y propósito de vida del Dr. Camilo Cruz son ayudar a los demás a utilizar su potencial al máximo y lograr todas las metas y sueños que siempre desearon alcanzar. “El Factor X” nos enseña los principios más fundamentales para vivir nuestra mejor vida ahora.Si actúas y pones estos principios en práctica, tu vida nunca será igual”.
—Louis Barajas, autor del libro “El camino a la grandeza financiera”
“El trabajo del Dr. Cruz es un ejemplo de inspiración y una muestra de esa actitud de nunca darse por vencido. Su habilidad para motivar a otros hacia el logro de sus sueños tendrá un impacto extraordinario en la educación, el liderazgo y el éxito de sus lectores”.
—Edward James Olmos, actor y productor del Latino Book & Family Festivals
“Su presencia en nuestros congresos ha sido muy gratificante y enriquecedora. Su apoyo decidido alsector empresarial, ha sido un factor clave paraalcanzar el éxito”.
—Sabas Pretel de la Vega, Presidente de Fenalco, y Ministro del Interior de Colombia
“Los principios que comparte el Dr. Cruz en sus libros y presentaciones son extraordinarios; no tienen comparación con lo que estamos acostumbrados a ver en el mercado. La productividad de nuestro equipo aumentó significativamente, debido a que creen aún más en lo que hacen y quieren luchar por alcanzarlo”.
—Mónica Arango. Aventis Pharmaceut
¡Enfócate!
Copyright © 2023 Dr. Camilo Cruz y Taller del Éxito Inc.
Reservados todos los derechos. Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, distribuida o transmitida, por ninguna forma o medio, incluyendo: fotocopiado, grabación o cualquier otro método electrónico o mecánico, sin la autorización previa por escrito del autor o editor, excepto en el caso de breves reseñas utilizadas en críticas literarias y ciertos usos no comerciales dispuestos por la ley de derechos de autor.
Editorial Taller del Éxito
1669 NW 144th Terrace, Suite 210
Sunrise, Florida 33323, U.S.A.
www.tallerdelexito.com
Editorial dedicada a la difusión de libros y audiolibros de desarrollo y crecimiento personal, liderazgo y motivación.
Diseño de carátula: Diego Cruz
Diagramación: Chrislian Daza
03-2023092
ISBN: 9781607387268
ÍNDICE
Introducción
La Historia
Capítulo 1
Dónde marcar tu “X”
Capítulo 2
El tiempo y la acción enfocada
Capítulo 3
Tu obra maestra
Capítulo 4
Identifica tu norte
Capítulo 5
Los sueños son el combustible de la acción enfocada
Capítulo 6
El horizonte del tiempo
Capítulo 7
El principio de la proactividad
Capítulo 8
Metas borrosas producen resultados borrosos
Capítulo 9
La trampa del trabajo duro
Capítulo 10
La diferencia entre lo “urgente” y lo “importante”
Capítulo 11
De lo importante a lo prioritario
Capítulo 12
La regla del 80/20
Capítulo 13
El arte de saber decir ¡no!
Capítulo 14
El síndrome del “mañana”
Capítulo 15
La trampa del perfeccionismo
Capítulo 16
Elimina a toda costa las excusas
Capítulo 17
Eficiencia versus Efectividad
Capítulo 18
Enfócate en tus fortalezas no en tus debilidades
Capítulo 19
Tu futuro comienza hoy
Capítulo 20
Poniendo orden a tu día
Capítulo 21
Actividad versus Resultados
Capítulo 22
El exceso de “análisis” produce “parálisis”
Epílogo
INTRODUCCIÓN
“Si tratamos de atrapar a dos liebres al mismo tiempo, lo más seguro es que las dos escapen”.
—Proverbio chino
Si tuviese que identificar el factor determinante para lograr nuestras metas y construir una vida plena y feliz, tendría que decir que es aprender a enfocar nuestro esfuerzo y eliminar las distracciones que nos desvían del camino que nos hemos trazado.
Lo curioso es que mantenernos enfocados no debería ser una tarea difícil de realizar, sobre todo, cuando lo que está en juego es nuestro éxito y nuestra felicidad. No obstante, sumadas a la gran cantidad de actividades, tareas de poca importancia, citas pendientes, trivialidades y demás vicisitudes de la vida diaria, las nuevas tecnologías — en especial, internet y las redes sociales— han generado una multitud de nuevas distracciones que nos roban el tiempo, limitan nuestra capacidad de atención y, lo que es aún peor, reducen el que podría ser un óptimo nivel de productividad personal.
¿Y cuál ha sido nuestra respuesta a todas estas distracciones? Que, en lugar de enfocarnos en una actividad esencial, hemos optado por idear maneras de realizar varias actividades a la vez, supuestamente, con el fin de lograr más en menos tiempo. Sin embargo, el verdadero objetivo tiende a ser el hecho de no tener que renunciar a las nuevas distracciones propias de la era digital, que parecen haberse apoderado de todos los aspectos de nuestra vida. Así que nos hemos convertido en genios de las multitareas, o por lo menos, eso es lo que suponemos.
Nos engañamos creyendo que la habilidad de hacer varias cosas a la vez nos hace más eficientes y productivos, cuando lo único que estamos logrando en la mayoría de los casos es realizar diversas actividades, sí, de modo simultáneo, pero mediocre. Y esta obsesión con las multitareas ha terminado por convencernos de que es posible mantener una conversación telefónica, mientras navegamos por las ocho ventanas que tenemos abiertas en la computadora al tiempo que cenamos con el televisor prendido cuyo ruido habrá de servirle de trasfondo a la ya caótica escena.
Esta conducta ha generado un nuevo síndrome denominado síndrome a atención parcial continua: el proceso de prestarles atención simultánea a varias fuentes de información, lo cual sólo permite entender todo a medias y de manera superficial.
Lo peor es que, mientras les hacemos campo a tantas de estas distracciones diarias, dejamos de hace lo que en realidad es importante y prioritario. Esto causa que muchas personas vivan permanentemente agobiadas por la multitud de actividades de dudosa relevancia que saturan sus días y que les quitan espacio para sí mismas. No sólo eso, sino que las angustia la posibilidad de estar desperdiciándose en el trabajo o la relación equivocados. Pero, aun así, continúan haciendo lo mismo una y otra vez, pues han caído en la trampa de creer que estar ocupadas es sinónimo de estar siendo productivas.
Entonces, si lo que acabo de describir te suena familiar, detente. Examina cómo estás empleando tu tiempo. ¡Enfócate! Si no lo haces, es muy probable que la vida te pase de largo y que los sueños y propósitos que dices querer alcanzar sigan sin realizarse, en tanto que tratas de entender por qué tu sistema de multitareas no está funcionando.
Ten presente que la clave del éxito está, en parte, en enfocarte en una meta o actividad a la vez y en no abandonarla hasta haberla terminado.
¿Cómo transcurriría tu vida si, antes de llevar a cabo la multitud de actividades que suelen ocupar cada minuto de tu día, pudieras determinar con absoluta certeza cuál de todas ellas te generará mayor valor y te proporcionará más satisfacción, y enfocaras allí todo tu esfuerzo? ¡Imagínate si pudieras eliminar la multitud de distracciones y trivialidades que congestionan tu agenda y le dedicaras tu tiempo a lo verdaderamente prioritario! Eso es lo que quiero hacer en este libro, compartir contigo una serie de principios, decisiones y estrategias que te pongan en control de tu vida.
Y para abordar la que creo que es la solución al dilema que acabo de describir, quiero acudir a una de esas historias que, a pesar de su enorme simplicidad, guardan un profundo significado y encierran lecciones que nos obligan a cuestionar creencias que han sido parte de nuestra vida por largo tiempo.
Esta historia la encontré mientras trabajaba en otro de mis libros, en el cual hablaba sobre el factor que, según muchos, contribuyó a su éxito. Para algunos de estos triunfadores, la “suerte” jugó un papel esencial. En cambio, para otros, el hecho de estar en el sitio correcto en el momento oportuno fue lo que jugó un papel definitivo.
Así, comencé a identificar muchos otros factores que parecían haber influido de modo considerable en el logro de sus objetivos, bien fueran estos: educación, dinero, oportunidades, tiempo, conocimiento... Sin duda, todos, factores importantes, pero ninguno 100% indispensable para triunfar —como logré concluir—. Muchos soñadores con poca o ninguna educación escolar triunfan; en contraste, otros con largos años de preparación académica no logran alcanzar sus sueños; incluso empresarios con recursos económicos más que suficientes fracasan en los negocios, al tiempo que otros construyen grandes empresas habiendo empezado casi de ceros.
Sin embargo, un factor que estuvo presente en todas las historias de éxito fue el enfoque —la capacidad que tienen algunos emprendedores para mantenerse enfocados en los planes y objetivos que se han propuestos hasta verlos convertirse en realidad.
Este libro es el resultado de dos décadas de observación y estudio que me llevaron a descubrir el extraordinario poder de la acción enfocada.
Fue así como rescaté aquella metáfora en la que estuve trabajando años atrás y que, para el caso, quiero compartir contigo ahora, pues sé que te ayudará a comprender a qué me refiero cuando hablo del poder de la acción enfocada y te permitirá apreciar en toda su dimensión el poder que se genera en nuestro interior cuando sabemos dónde encauzar nuestro tiempo y esfuerzo, junto con toda nuestra energía, hasta conseguir lo que queremos lograr.
LA HISTORIA
La historia cuenta que, en cierta ocasión, un grupo de ingenieros se encontraba realizando el estudio geológico del subsuelo de una zona en la que se planeaba construir una carretera de acceso a una remota población y ellos necesitaban determinar la eficiencia y viabilidad del proyecto antes de empezar la obra. Al llegar a cierto tramo del camino, se encontraron con lo que, en principio, parecía ser un obstáculo imposible de superar: una gigantesca roca atravesada en un punto por donde, necesariamente, debía pasar la vía.
No parecía haber manera de desviar el camino sin incurrir en gastos enormes que harían poco viable su construcción, así que decidieron que la única solución era despedazar el gigantesco peñón y removerlo del lugar. Pero como si este no fuera problema suficiente, había una complicación que dificultaba aún más la situación: debido a la localización de la roca y a la inestabilidad geológica del área, el acceso de maquinaria pesada o el uso de explosivos para remover la no eran posibles y tendrían que recurrir a la manera más rudimentaria de llevar a cabo aquella tarea, sin otra ayuda que el uso de un buen mazo y mucha paciencia.
Cuando la compañía anunció que buscaba un contratista local que realizara el trabajo en un plazo de dos semanas, constructores y obreros locales asistieron a la zona a evaluar el proyecto en cuestión, pero a pesar de su interés inicial, pronto lo rechazaron.
Al primero en llegar no le tomó sino unos cuantos segundos observar la descomunal roca para concluir que esa era una tarea absurda. “Es demasiado grande, no creo que sea posible para una persona lograr lo que ustedes quieren”, manifestó con desdén y se marchó prontamente.
El siguiente contratista no vio la tarea como algo imposible de realizar. “Puede hacerse”, declaró con cierta seguridad, “pero no me atrevo a afirmar que yo sea la persona ideal para llevar a cabo este trabajo”.
El próximo en evaluar el proyecto tomó un poco más de tiempo, examinando el terreno, pero al final, llegó a la misma conclusión: “No es imposible y en otras circunstancias yo estaría en capacidad de lograrlo”, expresó con firmeza. “Sin embargo, sin los recursos y equipo necesarios para hacerlo, va a ser imposible”.
El más cínico de todos, inventó mil excusas y se marchó de inmediato, no sin antes exclamar con marcado sarcasmo: “¡Imposible! ¿A quién se le ocurre construir una carretera en este lugar? Lo mejor es olvidarse de esa locura y dejar las cosas como están”.
Durante los primero dos días, todos los que evaluaron el proyecto, lo rechazaron. Era, sencillamente, una tarea imposible o, en el mejor de los casos –si era posible— prometía ser tan difícil y tediosa, sobre todo, para completarse en dos semanas, que no valía la pena embarcarse en tal faena.
Sin embargo, cuando todo parecía estar perdido, apareció un joven que, después de examinar con especial cuidado la roca, acudió a los ingenieros y les informó que, no sólo era posible, sino que él era la persona ideal para realizar tal labor. No contaba con la experiencia de los demás, pero estaba dispuesto a aceptar el reto, porque intuía que la culminación exitosa de un proyecto de tal magnitud colocaría su nombre en alto y su negocio prosperaría.
Al enterarse de las dificultades manifestadas por los anteriores contratistas, el joven emprendedor afirmó con confianza: “Sé que no será tarea fácil. Sin embargo, siempre he creído que, si encaramos las cosas difíciles con arrojo y prontitud, las imposibilidades suelen resolverse por sí solas”.
Entusiasmados con su optimismo, y al no tener otra opción, los ingenieros decidieron contratar al joven, no sin antes advertirle que, si el trabajo no se completaba en las dos semanas pactadas, no se le pagaría un sólo centavo por el esfuerzo realizado.
Al día siguiente, el joven acudió al lugar a estudiar con detenimiento el inmenso peñón, buscando identificar el punto exacto donde enfocar todo su esfuerzo. Tras largo rato, el muchacho tomó un tizón, marcó una “X” en uno de los lados de la roca y se dispuso a comenzar la tarea de inmediato. Sabía que aquello no sería cosa de uno o dos días y que debía trabajar arduamente si quería completar este encargo en el plazo convenido. Así que alistó su mejor mazo, desarrolló un plan de acción, organizó su horario de trabajo y comenzó la faena.
El joven tenía claro que, a menos que pusiera manos a la obra a la mayor brevedad posible, todo su esfuerzo habría sido en vano. Sin embargo, lejos de desanimarlo, el gran desafío que aquello suponía pareció motivarlo a empezar a realizar su trabajo ahí mismo y con el mayor empeño posible.
Día tras día, venía con su mazo y le propinaba cientos de golpes a la gigantesca roca, asegurándose de concentrar todo su esfuerzo en el punto que había marcado desde un principio. Y pese a que nada parecía estar sucediendo, ni se advertía progreso alguno, su voluntad nunca desfalleció y en ningún momento sucumbió a la tentación de cambiar el punto en el cual había decidido concentrar su esfuerzo.
Después de tres días de insistente labor, su terca persistencia terminó por llamar la atención de los vecinos de la zona. Algunos –los que habían rechazado el proyecto— comenzaron a darse cita en el lugar para observar con burlona impaciencia la testarudez y obstinación de este joven que se rehusaba a darse por vencido. Y mientras él trabajaba con la seguridad de que obtendría una buena paga, ellos preferían disipar su tiempo criticando su decisión de haber aceptado tal reto. Pese a las burlas, su confianza no flaqueó; ignorando las críticas y negándose a escuchar a quienes buscaban disuadirlo de su compromiso, él continuó entregado a su labor, aún después de enterarse que quienes lo habían contratado ya habían comenzado a realizar planes alternos ante la evidente imposibilidad de despejar el camino.
Una mañana, como de costumbre, el joven llegó temprano a su trabajo y, aunque sólo le quedaban unas pocas horas más, antes que venciera el plazo asignado para alcanzar el objetivo, tomó el mazo y se dispuso a reanudar su faena con el mismo entusiasmo con que lo había venido haciendo hasta ese momento. Sus críticos más duros se encontraban allí desde temprano, ansiosos de presenciar el instante en que él tuviera que aceptar su derrota y capitular sin haber logrado su cometido, ni haber recibido paga alguna después de todos esos días de enorme esfuerzo. Pero él tenía una meta clara y no estaba dispuesto a renunciar a ella cuando el éxito podía encontrarse a la vuelta de la esquina.
De repente, ante las miradas incrédulas de todos los allí presentes, después de dar el primer golpe, sorprendentemente, la roca se partió en dos pedazos, despejando el camino. Quienes habían acudido aquella mañana por primera vez a ver al joven no podían creer que la roca se hubiese partido después de un solo golpe.
Haciendo caso omiso al bullicio que se había generado entre los espectadores como consecuencia del súbito desenlace, y con evidente placer por haber logrado al fin los resultados que se había propuesto, el joven tomó su mazo y partió para informar sobre la finalización del trabajo que se le había encomendado.
Esta sencilla historia nos deja varias enseñanzas de enorme trascendencia sobre el asombroso poder de mantenernos enfocados.
La primera de ellas es quizá la más obvia. En la vida, es posible encontrar gente cuya actitud se asemeja a la de quienes evaluaron el proyecto y lo declararon imposible. Para ellos, su roca puede ser una meta de tal magnitud que se ve como algo demasiado ambicioso; también puede tratarse de un problema de esos que parecen imposibles de solucionar o uno de esos sueños o anhelos “irrealizables” que a veces se nos meten en la cabeza y no nos dejan tranquilos hasta que los hagamos realidad; quizá, sea esa interminable lista de actividades y obligaciones que debemos realizar a diario, que de sólo pensar en ella nos provoca pánico y angustia.
El hecho es que, sea cual sea la roca que tengan frente a sí, hay quienes la considerarán demasiado grande e imposible de conquistar. Son ellos los que utilizan expresiones como: “Este problema es demasiado grande, va a ser imposible solucionarlo”, “La meta es exagerada, no creo que sea factible alcanzarla”, “Tengo demasiadas cosas por hacer, es impensable lograrlo todo en un solo día”. En otras palabras, se dan por vencidos sin siquiera haber empezado.
Por su parte, otros tal vez no vean la meta o el reto que enfrentan como irrealizables, pero no sienten que ellos sean los indicados para alcanzarlos; se sienten incapaces o incompetentes para llevar a cabo lo que deben ejecutar, porque no creen poseer el talento o las habilidades que se requieren para lograrlo; es común escucharlos utilizar expresiones como: “No soy la persona indicada para ese trabajo”, “Yo no sirvo para eso”, “Es factible que otros puedan lograr esa meta, pero está muy por encima de mis capacidades reales”.
También existen los que ven el reto que tienen en frente como algo viable de conquistar e inclusive creen contar con las habilidades para enfrentarlo, pero temen no contar con los recursos necesarios; sienten que tal vez, “bajo otras circunstancias hubiera sido posible, pero no ahora”, porque argumentan no tener a su disposición “los medios ni el tiempo suficientes para hacer bien las cosas”, entonces, ¿para qué intentarlo?
Por último, hay quienes ni siquiera desean detenerse a examinar si el reto que enfrentan es realizable o no, ni se preocupan en pensar cuál puede ser la posible solución; poco les interesa saber si cuentan con los recursos o las habilidades necesarios para superarlo; están tan preocupados por sobrevivir que no tienen tiempo para considerar nuevos retos. Así que viven evitando cualquier situación que pueda demandar un esfuerzo mayor, siguiendo el camino de la menor resistencia, conformes con hacer lo mejor que puedan, mientras eso no les exija demasiado trabajo.
Sin embargo, al igual que el joven de nuestra historia, también hay quien fantasea con lograr un gran sueño, que posee una meta extraordinaria o enfrenta un reto particularmente difícil y, en lugar de sentarse a pensar si es posible o no, si está capacitado para ello, si tiene los recursos necesarios, simplemente, actúa.
La segunda gran enseñanza que nos deja el relato tiene que ver con el poder de la perseverancia. Para entender esta lección, debemos preguntarnos: ¿Fue el último golpe el que en realidad rompió la roca?
La respuesta no siempre es tan obvia como en principio se prevé, porque lo cierto es que el último golpe no fue y sí fue el que partió la roca. No fue, en el sentido de que ya había una acumulación de cientos de golpes que poco a poco fueron debilitando el interior de la roca. Y sí fue, en cuanto a que, si el día anterior el joven hubiera decidido renunciar a su empeño, debido a la aparente falta de progreso, nunca hubiese logrado su cometido, ni descubierto qué tan cerca estaba de lograr su propósito. Bien decía Emerson: “El verdadero fracasado es aquel que renuncia a su meta sin darse cuenta cuán cerca se encontraba de hacerla realidad”.
Sin embargo, la lección más importante es quizá la que nos revela los factores que le permitieron al joven lograr tan asombrosa hazaña. Cuando pregunto esto en mis conferencias, las respuestas más frecuentes que recibo se relacionan con su optimismo, su ánimo y su persistencia. Sin embargo, un factor que con frecuencia se le escapa a la mayoría de los asistentes tiene que ver con la decisión que él tomó para concentrar todo su esfuerzo y energía en un mismo punto, sin perder el enfoque hasta lograr su cometido.
Es muy probable que su tenacidad y paciencia no hubieran dado los mismos resultados, si ante la aparente falta de progreso él hubiese comenzado a golpear la roca por todos los lados. Pero él enfocó su esfuerzo en un solo lugar y el poder de la acción enfocada y constante se encargó de devolverle los resultados que buscaba.
La naturaleza misma nos da muestra de este poder. La acción enfocada de una gota de agua, segundo a segundo, con el tiempo, puede llegar a romper la roca más fuerte. Pero la persona promedio desconoce o ignora esta increíble fuerza; entonces, si no obtiene resultados inmediatos, cambia de rumbo en muy poco tiempo; es demasiado impaciente y su falta de enfoque disipa su esfuerzo y diluye el poder de sus acciones; es fácil reconocerla, porque trata una nueva estrategia de éxito cada semana, pero pronto pierde el ánimo y abandona sus planes. No permitas que esto te suceda.
Lamentablemente, muchas personas suelen actuar de manera opuesta a la del joven de nuestra historia y de esa forma labran su propio fracaso. Buscan con desespero el “golpe de suerte” que de un solo envión les abra las puertas del éxito.
Personas con esta mentalidad viven obsesionadas con encontrar el camino más corto a la felicidad, la fórmula mágica que les devolverá su figura ideal, la manera más fácil para lograr sus sueños, la idea original que las hará ricas y famosas de la noche a la mañana; lo quieren todo, pero lo quieren ya mismo y no están dispuestas a aprender o esperar; de hecho, aprenden muy poco del triunfo de otros, porque son incapaces de reconocer en los demás los atributos y las razones que los condujeron al éxito. Cuando escuchan la historia de algún emprendedor que lanzó un producto al mercado y este se popularizó al instante, disparando las ventas y convirtiendo a su creador en multimillonario, oyes a algunos decir: “Qué suerte la de aquel”, “Le llegó fácil el éxito”, “Si yo pudiera tener una sola idea como esa…”.
Según ellos, el éxito de aquel emprendedor sucedió de la noche a la mañana, fue un golpe de suerte, el resultado de haber estado en el sitio correcto en el momento preciso. Son como los que, aquella mañana en que el joven al fin rompió la roca, asistían a verlo por primera vez. No pueden creer que todo lo que se haya necesitado fuera un solo golpe.
Muchos con esta manera de pensar desconocen todo el esfuerzo que estos emprendedores han realizado con anterioridad y prefieren vivir con la ilusión o el delirio de que, si esperan lo suficiente, un día será su turno y les llegará su golpe de suerte. ¡Así que se sientan a esperar! Ignoran que quizás, al igual que el joven de nuestra historia, aquel emprendedor lleva años inventando, desarrollando y lanzando al mercado producto tras producto sin mayores éxitos, pero que lejos de desanimarse, ha enfocado aún más su empeño, aprendiendo de sus errores y persistiendo sin desfallecer hasta ver recompensado el fruto de su trabajo.
A lo largo de esta lectura, descubrirás ideas, estrategias y técnicas muy precisas que te permitirán determinar dónde enfocar tu esfuerzo, cómo sacar el mayor provecho de él y qué hacer para persistir en tu empeño hasta lograr lo que te has propuesto.
Cada capítulo encierra una valiosa lección sobre el poder de la acción enfocada. Asegúrate de aprenderla antes de seguir adelante. Al final de cada sección, encontrarás una acción enfocada que podrás poner en práctica de inmediato. También tienes un espacio para que escribas tu “acción enfocada”: una decisión, actividad específica o un compromiso que te permitan construir el estilo de vida que siempre has soñado vivir. Te recomiendo que busques una libreta o una agenda personal donde tomes notas, detalles las metas que te propongas lograr y lleves un diario de tu progreso en este viaje de autodescubrimiento.
¡Comencemos!
…Tras largo rato, el muchacho tomó un tizón, marcó una “X” en uno de los lados de la roca y se dispuso a comenzar la tarea inmediatamente.
