La vaca en el network marketing - Dr. Camilo Cruz - E-Book

La vaca en el network marketing E-Book

Dr. Camilo Cruz

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Beschreibung

El mayor reto que enfrenta toda persona que quiere empezar un negocio de Network Marketing es superar las excusas, justificaciones y falsas creencias que le impiden ver la oportunidad que tiene frente a sí. El verdadero enemigo del éxito no es el fracaso, como muchos piensan, sino el conformismo que nos rodea, nos consuela y nos limita, nos llena de temores, falsas creencias y nos brinda justificaciones que, como resultado, condicionan nuestra vida y limitan nuestra capacidad, muchas veces, en momentos de crisis como el que vivimos actualmente. La vaca simboliza todo aquello que nos mantiene atados a una vida de mediocridad. Es toda excusa que nos invita a conformarnos con segundos lugares y nos impide lograr nuestras metas personales, profesionales o de negocios. "Quisiera empezar mi negocio pero no tengo tiempo", "mi pareja no me apoya", "soy muy tímido y no me va muy bien hablando con la gente", "no conozco a nadie", "no tengo dinero", "la situación del país está muy difícil". Lo único que logran todos estos pretextos es impedirnos utilizar nuestro verdadero potencial y robarnos la posibilidad de construir un negocio que nos brinde libertad financiera.

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Seitenzahl: 229

Veröffentlichungsjahr: 2024

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La Vaca en el Network Marketing

Copyright © 2020 - Taller del Éxito

Reservados todos los derechos. Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, distribuida o transmitida por ninguna forma o medio, incluyendo: fotocopiado, grabación o cualquier otro método electrónico o mecánico, sin la autorización previa por escrito del autor o editor, excepto en el caso de breves reseñas utilizadas en críticas literarias y ciertos usos no comerciales dispuestos por la Ley de Derechos de Autor.

Publicado por:

Taller del Éxito, Inc.

1669 N.W. 144 Terrace, Suite 210

Sunrise, Florida 33323

Estados Unidos

www.tallerdelexito.com

Editorial dedicada a la difusión de libros y audiolibros de desarrollo y crecimiento

personal, liderazgo y motivación.

Director de arte y diseño de carátula:

Diagramació y diseño de caratula: Joanna Blandon

Corrección de estilo: Diana Catalina Hernández

Dedicatoria

A los millones de emprendedores de la industria del Network Marketing alrededor del mundo que, inspirados por un sueño y un enorme deseo de triunfar, construyen negocios y empresas basados en una simple premisa: no hay nada más satisfactorio en el mundo de los negocios que triunfar ayudándoles a otros a triunfar. Este libro es un brindis a su compromiso, dedicación y perseverancia.

Prólogo

En 1994, fui invitado por primera vez como conferencista a una convención de la industria del Network Marketing. El evento se realizó en la zona metropolitana de la Ciudad de Nueva York y convocó a más de 5.000 emprendedores. Desde ese primer evento hasta hoy, me he dirigido a más de 2 millones de empresarios de la industria a través de cientos de eventos, talleres de liderazgo, cursos en línea, libros y audiolibros, y en todos ellos he buscado cubrir muchos de los temas que, de una u otra manera, influyen en nuestra capacidad de construir un negocio exitoso.

Estas tres décadas me han dado la oportunidad de trabajar con algunas de las empresas más exitosas del mundo en esta industria que, de acuerdo con la Asociación de Venta Directa, factura más de $200 mil millones de dólares anuales en ventas. He tenido ocasión de hablar con algunos de los líderes más sobresalientes de la industria y de conocer a hombres y mujeres de más un centenar de países que día a día construyen sus negocios con la esperanza de lograr la libertad financiera con la que todos soñamos.

El hecho de conocer emprendedores que en unos pocos años pasaron de ser empleados con salarios de un par de cientos dólares a la semana a convertirse en empresarios que ganan entre $10 mil y $15 mil dólares al mes me llevó a querer descubrir qué caracteriza a estos soñadores, qué los hace diferentes al resto de personas.

Es evidente que no se debe a la ubicación geográfica, ya que los he encontrado en todos y cada uno de los países de nuestra América Latina. Tampoco es una cuestión de edad, puesto que he conocido a líderes de menos de 25 años de edad y a otros que ya rebasan los 70 y todos son exitosos. Tampoco tiene nada que ver con su nivel de educación formal, ni con su profesión. Ni siquiera se debe a su personalidad, pues, aunque algunos poseen carisma y disposición especial para los negocios, muchos otros, aún después de escalar a los niveles más altos en sus empresas, todavía continúan luchando contra el pánico escénico y los retos propios de hablar en público.

Sin embargo, todos estos triunfadores comparten algo en común: no dan excusas, ni buscan justificar ante los demás por qué las cosas no están como ellos quisieran. No se quejan de sus circunstancias, ni inventan disculpas que expliquen por qué no han alcanzado sus metas. Ellos, simplemente, actúan y hacen todo lo que esté a su alcance para que sus planes se cumplan. Claro que no siempre triunfan al primer intento, pero nunca se dan por vencidos. Y si tropiezan, se ponen de pie una y otra vez más y reemprenden con renovado entusiasmo su camino en pos de los objetivos que persiguen.

En cambio, la persona común y corriente está llena de excusas, pretextos y justificaciones para no empezar su negocio pese a que asegura que desea todo lo que el negocio le traerá a su vida. Y, cuando digo que están llena de excusas, no estoy exagerando. A lo largo de esta lectura, encontrarás cientos de ejemplos. Algunos de ellos, te resultarán familiares, pues es casi seguro que los habrás escuchado cuando has querido compartir con otros la oportunidad de negocio que tú tienes para brindarles.

Durante el proceso de investigación realizado con el fin de escribir este libro, solicité la cooperación de muchos empresarios de la industria pidiéndoles que me compartieran las excusas que ellos escuchan con más frecuencia. En cuestión de unas pocas semanas, recibí más de 860 excusas distintas. He aquí una pequeñísima muestra de las más comunes:

No tengo tiempo… Estoy demasiado ocupado.Honestamente, prefiero la seguridad que me brinda el cheque a fin de mes.He escuchado cosas terribles sobre el Network Marketing.Por ahora, no necesito hacer nada más. Creo que mi círculo de amigos no es el público objetivo del negocio.Este negocio hubiese sido una excelente opción hace unos años. Yo no sé nada de negocios… Zapatero a tus zapatos.No tengo el dinero para empezar esto como se debe.Yo no tengo la personalidad ni el talento para hacer algo así. Yo no tengo la personalidad, ni el talento para hacer algo así.Me da miedo hablar en público y eso no me permitiría avanzar.La ciudad donde vivo no es buena para el Network Marketing.No creo que pueda lidiar con la responsabilidad de ser mi propio jefe. Lo mejor es esperar a que la economía mejore.¿Qué van a pensar mis amigos?Soy demasiado joven y nadie me va a tomar en serio.Soy exageradamente tímido y ese defecto no me dejaría construir ningún negocio.Ya estoy demasiado viejo para empezar cosas nuevas.No creo que tenga una mentalidad empresarial.No soy muy bueno para las ventas.No quiero arriesgarme a hacer algo en lo que podría fracasar.

¿Te resulta familiar alguna de ellas? ¿Sabes qué las hace tan peligrosas? Que te ayudan a tolerar las circunstancias de las que quieres salir. Te condenan a una vida de mediocridad. Logran convencerte de que lo tuyo no son excusas, sino razones de peso que están fuera de tu control.

El fracaso no es el enemigo del éxito, como muchos piensan. Es más, las caídas suelen traer consigo grandes enseñanzas. El verdadero enemigo del éxito es el conformismo. Aspiramos a la grandeza, pero nos contentamos con segundos lugares; queremos vivir al máximo, pero terminamos conformándonos con sobrevivir. Encontramos una zona de comodidad, nos acostumbramos a ella y dejamos pasar de largo las oportunidades que la vida nos ofrece.

Una de las lecciones más importantes que nos enseñan con su ejemplo todos los grandes líderes del Network Marketing es que, para lograr resultados espectaculares en el negocio, primero tenemos que deshacernos de todas las excusas que nos impiden utilizar nuestro verdadero potencial.

La Vaca en el Network Marketing nos muestra de manera clara y categórica lo que sucederá con nuestro negocio, nuestras finanzas y nuestra vida personal si permitimos que las excusas rijan nuestra vida. La vaca simboliza toda excusa, hábito, falsa creencia, pretexto o justificación que nos impide vivir plenamente.

La verdad es que todos cargamos con más vacas de las que estamos dispuestos a admitir. Son justificaciones con las que buscamos convencernos a nosotros mismos y convencer a los demás de que las circunstancias no están tan mal como parecen; se trata de razones que surgen a lo largo de la vida del negocio: pretextos que utilizamos para explicar por qué no podemos empezarlo; explicaciones de por qué no hemos comenzado a compartir nuestra oportunidad de negocio con otros; falsas creencias sobre no contar con las habilidades para llevar a cabo las actividades propias del negocio; justificaciones que buscan explicar por qué las ventas están bajas o la red de mercadeo no crece.

Este libro no solo te mostrará lo que te espera cuando finalmente decidas deshacerte de estas creencias limitantes, sino que te presentará, paso a paso, una estrategia para construir un negocio libre de vacas.

Introducción

Una de las primeras conferencias que ofrecí en la ciudad de Buenos Aires fue ante un grupo de casi 10 mil empresarios de la industria del Network Marketing que asistía a aquel evento en el que el tema a tratar sería el emprendimiento. Es común asumir que todo empresario es emprendedor y que todo emprendedor es empresario, pero lo cierto es que no es así. Hablando de todos los retos que debe enfrentar el emprendedor, le lancé una pregunta a la audiencia con la advertencia de que todos dijeran en voz alta la primera respuesta que se le viniera a la mente. El objetivo era utilizar esta especie de “opinómetro” para tratar de determinar de manera inmediata cuál sería la respuesta más común.

La pregunta fue: “¿Qué es lo opuesto al éxito?”

“¡Fracaso!”, parecieron responder a unísono los 10 mil asistentes.

Al escuchar esta respuesta, pensé en dos cosas. La primera, que unos años atrás, posiblemente, yo hubiese respondido de la misma manera. Por algún motivo, a muchos de nosotros nos enseñaron a ver el fracaso como un enemigo que debemos evitar a toda costa. Desde muy temprana edad, aprendemos que fracasar es una vergüenza, que fracaso es sinónimo de fracasado y que, si existe la posibilidad de fracasar, lo mejor es ni siquiera intentarlo.

Entonces, no es de extrañarse que concibamos el fracaso como un mal, una plaga, un castigo, algo de lo que hay que huir. Sin embargo, el Network Marketing nos demuestra que aquellos que persisten, triunfan. Es un hecho que los emprendedores exitosos han aprendido a interpretan las caídas de forma muy diferente.

Los fracasos, lejos de ser aquellos enemigos de los que debemos huir, pueden ser grandes maestros. Ellos nos dan la oportunidad de aprender importantes lecciones; nos permiten reconocer hábitos que debemos cambiar y conductas que necesitamos corregir; nos muestran un camino diferente, una manera distinta de hacer las cosas. Y si de los fracasos es posible aprender, difícilmente, debemos pensar en ellos como en enemigos.

Así que, después de estudiar centenares de ejemplos de éxito en el mundo de los negocios, al igual que en otras áreas de la vida, he llegado a la conclusión de que el verdadero enemigo del éxito no es el fracaso, como muchas veces pensamos, sino el conformismo y la mediocridad.

Las derrotas, por aparatosas que sean, tienen el potencial de fortalecer nuestro espíritu emprendedor. Con seguridad, todos recordamos fracasos y caídas que sufrimos en algún momento, después de los cuales salimos más fuertes, más sabios y mejor preparados para enfrentar nuevos retos. En cambio, el conformismo y la mediocridad no nos enseñan ninguna lección. No hay nada que aprender de ellos.

Sin embargo, hemos aprendido a temerle tanto a los fracasos que, en nuestro afán por evitarlos, terminamos por contentarnos con segundos lugares, por aceptar la mediocridad como alternativa y por renunciar a nuestras metas siempre que exista la menor posibilidad de enfrentar una caída.

Entonces, en lugar de desperdiciar el tiempo tratando de impedir cualquier revés, lo que debemos hacer es eliminar todas las excusas, pretextos, justificaciones y falsas creencias —o como yo las llamo, vacas— que nos mantienen atados a una vida de mediocridad

Mi intención al compartir contigo esta metáfora es que puedas observar los efectos tan devastadores que el conformismo tiene sobre nuestro negocio y que logres apreciar los grandes cambios que ocurren cuando, por fin, decides deshacerte de tus excusas.

Si has empezado un negocio es porque es un hecho que tienes sueños, metas u objetivos que deseas alcanzar. Entonces, permite que sean ellos los que te motiven a actuar y no tus temores. No admitas que tus excusas, justificaciones y falsas creencias —vacas— te convenzan de darte por vencido y renunciar a tus sueños. Ten mucho cuidado, porque en los negocios, si tú no matas tus vacas, tus vacas terminarán por matar tus sueños.

Primera Parte

Si tú no matas

tus vacas,

tus vacas

matarán

tus sueños

CAPÍTULO 1

Cuentan quienes fueron testigos de esta historia, que en cierta ocasión, un sabio maestro deseaba enseñarle a uno de sus jóvenes estudiantes la clave para llevar una vida próspera y feliz. Conocedor de los muchos retos y dificultades que enfrentan los seres humanos en su búsqueda por la felicidad, el anciano pensó que la primera lección que el joven debía aprender era porqué muchas personas viven encadenadas a una vida de conformismo y mediocridad, llevando existencias apenas tolerables, incapaces de sobreponerse a los obstáculos que les impiden alcanzar el éxito.

Para que el joven apreciara la importancia de esta lección, el maestro le contó la historia de una familia muy pobre que vivía en un rancho situado en la parte más alejada de un pequeño caserío. La casucha parecía estar a punto de derrumbarse. Sus paredes se sostenían en pie de milagro, aunque amenazaban con venirse abajo en cualquier momento. El improvisado techo dejaba filtrar el agua por todas partes mientras la basura y los desperdicios se acumulaban en cada rincón dándole a la casa un aspecto decadente y repulsivo.

Si el estado del pequeño rancho daba pena, la apariencia personal de sus moradores confirmaba la profunda miseria que reinaba en el lugar. Sus ropas viejas y sucias, sus ojos tristes, siempre mirando hacia abajo, eran señal de que la pobreza no solo se había apoderado de sus cuerpos, sino que también había encontrado albergue en su interior.

Sin embargo, pese al estado de miseria y desolación en que la familia se encontraba, contaba con una posesión extraordinaria: eran dueños de una vaca.

El animal no era gran cosa, pero la vida de aquella familia giraba en torno a su vaca. El día se les iba en darle de beber, sacarla a caminar buscando algo de pasto para alimentarla, ordeñarla, asegurarse de que el resto del tiempo estuviera bien atada y cuidar que nadie se la fuera a robar. No era para menos, la escasa leche que producía era el único alimento de algún valor nutricional con el que la familia contaba.

No obstante, la vaca parecía servir a un propósito mucho mayor que el de suministrarles algo de alimentación: les daba la seguridad de no estar en la miseria total. Sabían que eran pobres, pero tener una vaca les daba la certeza de no ser los más pobres; sí, era innegable que tenían poco y nada, pero tenían su vaca, lo suficiente como para sentirse conformes. Por absurdo que parezca, hallaban consuelo en saber que, quienes los rodeaban, se encontraban en peores circunstancias. Ya otros hubiesen querido tener una vaca como la suya. Así que no era de extrañar que, cuando se quejaban de su desventura, no faltaba quien les recordara lo afortunados que eran por contar con su vaca.

Gran trampa en la que los había hecho caer el conformismo. Había conseguido que, aun en medio de la miseria, aquella familia se sintiera afortunada.

La historia cuenta que un día sucedió lo inimaginable: ¡Alguien les mató la vaca!

Lo primero que se cruza por la mente de cualquiera al escuchar esto es que, si con vaca eran pobres, ¿qué les sucederá ahora que no la tienen? Pues que acaban de ser condenados a la miseria total o, peor aún, que es probable que corran la misma suerte del animal. ¿Qué otra opción hay?

No obstante, aquí es donde nuestra historia da un giro inesperado, un giro que solo se explica por el hecho de que, cuando enfrentamos una realidad tan incierta, cuando hemos tocado fondo y parece que todo está en contra nuestra, no tenemos sino dos opciones: nos sentamos a condolernos de nuestras desgracias y a esperar lo peor o rebotamos.

Y eso fue precisamente lo que esta familia hizo. Al no contar con su vaca, comenzaron a ver cómo salir de esta situación tan precaria, así que limpiaron el patio de la parte de atrás de la casucha, sacaron toda la basura y los desperdicios que se habían acumulado allí con el paso de los años, consiguieron algunas semillas y sembraron hortalizas y legumbres para alimentarse. Pasado algún tiempo, la improvisada granja producía mucho más de lo que necesitaban para su sustento, de manera que decidieron venderles algunos vegetales a sus vecinos y con ese dinero compraron más semillas. Poco después, el huerto producía suficiente para ellos, para sus vecinos y para ofrecer el restante en el mercado del pueblo.

Por primera vez en su vida, tuvieron el dinero suficiente para comprar mejores vestimentas. Un tiempo después, decidieron derrumbar el rancho en que vivían y construir una mejor casa. Y así, poco a poco, fueron saliendo de la miseria en que vivían y encontraron el camino hacia una vida mejor

Ahora, la pregunta realmente importante —le preguntó el anciano a su joven pupilo— es si tú crees que esta familia hubiese logrado todo eso de haber seguido contando con su vaca.Seguramente, no —respondió el muchacho sin ningún titubeo.¿Comprendes ahora? La vaca que ellos consideraban como su posesión más valiosa había sido en realidad una cadena que los mantenía atados a una vida de conformismo y mediocridad.Y cuando ya no pudieron contar más con la falsa seguridad que les daba sentirse poseedores de algo, así solo fuera una pobre vaca, tomaron la decisión de esforzarse por buscar algo más, por ver más allá de sus circunstancias presentes.¡Exactamente! —Asintió el maestro observando que su joven estudiante comenzaba a entender la lección—. Así sucede cuando te convences de que lo poco que tienes es más que suficiente. El conformismo se apodera de tu vida y se convierte en una cadena que no te permite buscar algo mejor. Sabes que no eres feliz con lo que posees, pero tampoco eres totalmente miserable. Estás frustrado con la vida que llevas, pero no lo suficiente como para cambiarla. ¿Ves lo trágico de esta situación? Lo mismo ocurre con toda área de tu vida. Si tienes un trabajo que no te gusta, que no te trae ninguna satisfacción y con el que además no logras cubrir tus necesidades económicas mínimas, es fácil dejarlo y buscar un mejor empleo. Pero ¿qué sucede si ese trabajo que no te entusiasma te alcanza para cubrir tus necesidades básicas, así esté lejos de brindarte la calidad de vida que realmente anhelas para ti y tu familia?Que nos resulta cómodo sentirnos conformes con lo poco que tenemos. Es fácil caer en la trampa de sentir que debemos estar agradecidos de, por lo menos, contar con un empleo y un sueldo por malo que sea. Después de todo, hay muchos otros que no tienen nada y ya quisieran contar con ese trabajo.¿Entiendes ahora? Al igual que aquella vaca, esta actitud conformista nunca te permitirá progresar. A menos que te liberes de ella, no experimentarás un mundo distinto al actual. Estás condenado de por vida a ser víctima de estas limitaciones que tú mismo te has encargado de establecer. Es como si hubieses decidido vendarte los ojos y conformarte con tu suerte.

El muchacho escuchaba absorto las apreciaciones que su maestro le hacía.

Todos tenemos vacas, excepto que las nuestras no son como las de la historia. Nuestras vacas son nuestras excusas, creencias y justificaciones que nos mantienen atados a la mediocridad; pretextos que utilizamos para tratar de explicar por qué no estamos viviendo como queremos. Y lo peor de todo es que tratamos de engañarnos con excusas que ni nosotros mismos nos creemos, las cuales, al igual que la vaca de la historia, nos dan un falso sentido de seguridad cuando el hecho es que frente a nosotros se encuentra un mundo de oportunidades que lograremos apreciar solo si decidimos deshacernos de todas esas limitaciones.

Qué gran lección —murmuró el joven aprendiz y de inmediato decidió reflexionar sobre sus propias vacas. Se propuso identificar todas las excusas que hasta entonces lo habían mantenido atado a la mediocridad y determinó que, en adelante, no le daría cabida en su mente a nada que le impidiera utilizar su verdadero potencial.

Aquel día marcó un nuevo comienzo para él: ¡una vida libre de vacas!

CAPÍTULO 2

Si has compartido tu oportunidad de negocio con otros, ya te habrás dado cuenta de la enorme cantidad de pretextos y evasivas que las personas utilizan para justificar el hecho de no empezar su negocio.

El caso es que, para ellas, las suyas no son excusas, sino razones 100% válidas. Pocos admiten que dan excusas. Parece increíble, pero muchos no son conscientes del sinnúmero de pretextos y justificaciones que utilizan a diario, puesto que, en su opinión, sus razonamientos, lejos de ser escapatorias, son explicaciones legítimas de circunstancias que —curiosamente— parecen siempre estar fuera de su control.

Y lo más triste de todo es que, por lo general, este mal hábito se propaga a todas las áreas de su vida, sin que sean conscientes de ello. Por ejemplo, no es que “casi siempre, lleguen tarde a todo”, sino que prefieren “llegar con un pequeño retraso” para evitar ser los primeros. Otros parecen ser siempre víctimas del “tráfico impredecible”.

¿Ves la manera tan fácil en que racionalizamos nuestros malos hábitos? Convertimos los pretextos en “explicaciones lógicas”; a nuestros miedos los llamamos “precauciones acertadas” y nuestras bajas expectativas han pasado a ser “una manera más realista de ver la vida”.

Nos negamos a aceptar que estamos conformándonos con segundos lugares y preferimos pensar que lo que estamos haciendo es “ser prácticos para evitar decepciones mayores”. Nunca admitiremos ser mediocres o tener bajas expectativas. En lugar de eso, buscamos convencemos de que lo que hemos hecho es “establecer niveles más aceptables de rendimiento”.

Esta es la razón por la cual a muchos les es difícil aceptar que están cargando con alguna vaca. Para ellos, sus justificaciones no suenan a excusas.

Después de compartir esta historia con cientos de miles de emprendedores de todas partes del mundo, y de escuchar sus “explicaciones lógicas y razonables” sobre porqué sus negocios no han crecido o sus ventas están por el suelo, he llegado a la conclusión de que muchos, simplemente, no están dispuestos a matar sus vacas.

De hecho, es posible que te suene un poco agresivo que yo te pida que “mates tus vacas”. Con seguridad, preferirías que me refiriera a este asunto en términos menos violentos, que te invite a que “cambies tu actitud”, a que “trates de modificar tu comportamiento” o a que “busques eliminar tus malos hábitos”. Sin embargo, si quieres triunfar, debes ser 100% honesto contigo mismo y referirte a las excusas por sus verdaderos nombres y no por sustitutos más tolerables.

En esta metáfora, la vaca representa todo pretexto, justificación, mentira, racionalización, miedo o falsa creencia que mantiene a todo soñador atado a la mediocridad, impidiéndole lograr la calidad de vida que merece, que frena sus anhelos de construir el negocio que le dé la libertad financiera que tanto desea.

Toda vaca pertenece a una de estas dos categorías: las excusas o las actitudes limitantes.

En la categoría de excusas se encuentran las justificaciones, pretextos, evasivas, explicaciones racionales, disculpas y las llamadas “mentirillas blancas”. En la categoría de actitudes limitantes se encuentran los miedos, inseguridades, dudas y falsas creencias que nos impiden alcanzar nuestro verdadero potencial.

En general, las excusas son simples salidas, escapatorias que utilizamos en nuestro afán por explicar la desidia y falta de acción; evasivas que, en la mayoría de los casos, ni siquiera nosotros mismos creemos. Sabemos que no son ciertas y que solo son una manera fácil de justificar la mediocridad y de tratar de quedar bien al mismo tiempo. “Siento haber llegado tarde, el tráfico estaba horrible”. Sin embargo, no fue el tráfico el que hizo que llegáramos tarde. Sencillamente, no hicimos el esfuerzo de llegar temprano y, para cubrir este desatino o evitar las críticas, tomamos el camino más fácil: inventar una excusa. Así que, como ves, es claro que dar una excusa significa ser deshonesto con uno mismo y con los demás.

Sin embargo, por alguna absurda razón, excusas como esta son socialmente más aceptables que la verdad. Culpamos al tráfico porque no quedaría bien decir que la verdadera razón de la tardanza es que no queríamos perdernos los últimos 15 minutos del noticiero o del partido de fútbol. De la misma manera que, cuando le presentamos a alguien la oportunidad de negocio, a esta persona le queda más fácil decir: “Quisiera construir el negocio, pero no tengo tiempo”. O si se trata de alguien que ya entró al negocio, pero no ha hecho mayor cosa, esta persona se excusa diciendo algo como: “Aún no he hecho nada, porque primero quiero estudiar bien el negocio”.

Las tres únicas verdades sobre las excusas

Las excusas son las vacas más comunes. Son formas cómodas de eludir nuestra responsabilidad, culpando a otros por todo aquello que siempre estuvo bajo nuestro control.

Las excusas son una manera de decir: “Yo lo hice, pero no fue mi culpa”.

“No he avanzado en mi negocio, pero la culpa es de mi auspiciador que no me ha guiado como debe ser para que yo haga bien lo que debo hacer”.“No he podido vender mucho, pero la culpa es de la empresa que no me ha capacitado en el campo de las ventas”.“Fracasé en mi matrimonio, pero la culpa fue de mi esposa que no hizo el esfuerzo de comprenderme”.

Es posible que lo que estemos tratando de justificar con cualquiera de estas excusas sea un bajo rendimiento en nuestro negocio, una pobre relación, un conflicto con algún miembro de nuestro equipo de trabajo o nuestra resistencia a salir de nuestra zona de confort. Sin embargo, debemos entender que evadir estas situaciones con una excusa no nos permite enfrentar y corregir el problema que las ha originado.

Lo triste es que todas estas excusas nos sitúan en el papel de víctimas, y mientras pensemos que somos las víctimas y que alguien más es el culpable, no haremos nada para remediar dicha situación. Después de todo, no es nuestra culpa.

Hay solo tres verdades incuestionables en lo que a las excusas se refiere: la primera es que, si de verdad quieres encontrar una disculpa para justificar cualquier cosa, ten la plena seguridad de que la hallarás sin mayor dificultad.

Cuando Samuel tuvo que confrontar la difícil realidad de cambiar de manera drástica su dieta alimenticia e implementar un riguroso plan de ejercicio físico para lidiar con la diabetes con la cual fue diagnosticado, encontró suficientes razones para no hacerlo. A pesar de que era su vida la que estaba en peligro, se rehusaba a cambiar sus hábitos: “Infortunadamente, no tengo suficiente tiempo para ejercitar todo lo que debiera”, “Así es como siempre he comido”, “Trabajo hasta muy tarde, lo cual me impide levantarme temprano para ir al gimnasio”, “Si comiéramos solo lo que es bueno para nuestra salud, también moriríamos, pero de hambre”. Samuel llegó al punto de decir: “De algo tenemos que morirnos, ¿no es cierto?”. El problema era que ninguna de sus justificaciones le estaba ayudando a controlar su diabetes. Por fortuna, reconoció su falla —mató su vaca— y tomó la decisión de cambiar sus hábitos para lograr un estado de salud óptimo.