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A través de las líneas fluyen una versatilidad de sentimientos eróticos. Un deseo carnal sobreescribe el espacio "ocupa" por el vacío de las hojas, sexando versos emanados del interior de un volcán errático. Un espacio clausurado por la "moralidad", donde las ascuas sexuales son reprimidas, evitando que una mínima chispa descontrolada sea capaz de prender la llama que descerraje el celibato. Escritos ardientes que emanan el deseo humano a través de flujos ardientes de lava intempestiva. El ocultismo sensual sale a la luz desencadenando letras oprimidas, sexando versos en los cuales resurge la pregunta, sin respuesta, de qué es lo socialmente correcto o incorrecto. Cuáles son los verdaderos sentimientos que manejan nuestros pensamientos. Espacios y momentos reavivan necesidades prohibidas de pasión, deseo, lujuria y desenfreno hasta alcanzar el éxtasis corporal y mental en orgasmos consensuados. Palabras mudas y sordas desechadas, entre las cuales únicamente se destierran sonidos guturales de gemidos, susurros, suspiros y jadeos, provocados por el cabalgar, unas veces compensado, otras descontrolado, de una danza sexual que nos lleva al clímax.
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Veröffentlichungsjahr: 2019
© Derechos de edición reservados.
Letrame Editorial.
www.Letrame.com
© LyS
Diseño de edición: Letrame Editorial.
ISBN: 978-84-17990-52-7
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ENTRE AFRODITA Y VENUS
LyS
MAREAS Y PECADOS
I
Una intempestiva marejada.
Mar bravío.
Rompen las encrestadas olas
sobre la falda de la arena.
Espuma blanca cubre la playa.
Fluidez enmarañada.
Momento incontrolado.
Emanación encabritada.
Claustro satisfecho.
Clausura sanada.
¿Pecado o delito?
¿Resurrección o rehabilitación?
… Instante satisfecho por órgano ajeno.
Estalactitas quebradas.
Riada emancipada.
Atraviesa las rejas del sacrosanto
con sigilo,
con alevosía.
… Ansia
Se introduce… Es devorado.
Penetra a través de la comisura de mis labios.
Sellados a todo y nada permiten su entrada.
Un placer bien recibido.
… El paladar reclama.
Se extiende su aroma.
Deleita su textura.
Rememora sabores olvidados.
Texturas prohibidas.
Recuerdos de antaño.
Pasajes emancipados.
Un instante es un mundo.
Un momento la eternidad.
Gozo es éxtasis.
Satisfacción… Desahogo corporal.
La renovación del clímax sustancial.
Consumado el primer acto.
… Satisfacción interna.
Purificada.
Purgada.
Aún agraviada
la gula amplía su demanda.
II
Inminente pecar se avecina.
Satisfacción de la gula surgida
tranquilizando la ansiedad lujuriosa.
La envidia que tu mente atesora,
esa que solo la dulzura prominente satisface,
degusta la novedosa textura
satisfaciendo el ansia de tu boca.
Pecas…
Por obligatoriedad mental,
por deseo carnal.
Tus instintos de loba emergen.
Piensas en tu presa… Un regusto dibuja tus labios.
… Se asoma.
Vislumbras la silueta provocadora.
Agarras… Atenazas.
… No sueltas.
Tu boca hace acopio de entereza.
La destreza con la que delimita es asombrosa.
Delineante, exquisita tu lengua… Provoca.
Manjar desnudo… Enrojecido… Endurecido.
Mirándote fijamente… Señalando su destino.
Con suavidad lo sujetas,
acariciándolo lo acaloras.
Lamiendo… Succionando lo preparas.
Deseosa… Ansiosa.
Con dulzura lo colocas en posición apropiada.
A lo largo su potencial atesora.
Con una mano… Con suma delicadeza.
Lo acercas a tus labios… Haces las presentaciones rutinarias.
Se besan… Una atracción mutua se apodera de la pareja.
Despacio.
… En silencio.
Con sumo cuidado lo vas catando.
Todo su formato en tu boca,
rellenando espacios deshabitados.
Sin prisas ni urgencias.
No tienes hora ni horario.
Propiedad privada… Él y su propietario.
De los labios al paladar.
Engulléndolo por completo en momentos contados,
provocando convulsiones y espasmos.
La rigidez del cuerpo ha alcanzado su punto álgido.
Acompasas tu movimiento.
La excitación mental y corporal no te permiten descanso.
Tu claustro recupera la fluidez desalojada.
Goteando lágrimas animadas,
navegando por tus muslos,
yaciendo calladas.
III
Con tus labios sometes,
con tu boca convulsionas,
con tu lengua explosionas,
con tu mano friccionas.
… Batiendo y abatiendo.
Formando un cono labial.
Aspiras sin respirar.
… La corrida.
… El recorrido.
Atragantada por exceso de ambición.
La comisura de tu boca da salida,
mientras tu lengua relame.
No soportas que se malgaste.
Viciosa.
Perversa.
Pervertida.
El paladar da el visto bueno.
… Calidad excelente.
… Perfecta textura.
… Cantidad ajustada a tu gula.
Engullido ha sido por completo.
Un espacio reservado para los más selectos.
… Exigente comensal satisfecha.
Inmersa en una atmósfera de pecado,
no se arrepiente,
abandona el celibato.
A CIEGAS
I
Soledad de vacío,
ojos vendados,
miembros en tensión expectante,
espeluznante momento sostengo.
Mi cuerpo desnudo… Indefenso.
Cuestionándose la decisión del deseo.
Diversifica el temor y la excitación por momentos.
Imaginación desmedida,
tal vez desvirtuada.
Ideas que sobrevuelan la escena,
apremio acrecentado según avanza el tiempo.
El bello erizado,
el frío de la desnudez,
la premura por saber.
… Sus gustos.
… Sus necesidades.
… Sus peculiares obsesiones.
Acomete la resistencia ajena como un juego.
El sometimiento de su siervo.
Un chasquido suena tras mi espalda.
Golpe seco,
erizamiento extremo.
Impaciencia y expectación,
temor y anhelo,
la inconsciencia por deseo.
Azotes satisfechos,
pellizcos de grado medio.
Glúteos, piernas y miembro.
Directos y precisos.
Crueles y demoledores.
Mis testículos al rojo vivo,
excitados por lo sucedido… Indefensos.
Allí el segundo latigazo.
… Me leyó el pensamiento.
Avalancha,
aluvión,
aceptación del sumiso al sometimiento,
un corrimiento como contestación al sufrimiento,
aguas blancas sobre el lecho.
Un pellizco en mi glande,
como la aguja del tatuador.
El aguijón de un piercing recién puesto,
entre dos ríos revueltos que confluyen en el océano.
… Dolor y pasión en estado simétrico.
Paralelismo satisfecho.
Dolor y pasión.
Deseo y sufrimiento.
Tensión extrema externa.
Apetito desmesurado interno.
… Sentimientos dispares.
… Sumatorios paralelos.
II
Algo me engulle.
… Húmedo.
… Hueco.
Absorbe mi erección desafiante.
Movimiento explosivo me hace cautivo.
Sometimiento ante semejante maniobra,
morbo escalofriante condicionado,
improvisado anclaje.
No responde a mi mente.
Estímulos corporales evadiéndose
incontrolables deambulan.
… Ella los somete.
Mi virilidad…
III
Un grito de excitación alcanzó a mis oídos.
Perfora mis sentidos,
excita el vicio consentido.
Descargas eléctricas comprueban el aguante
sin menguar al sometido.
Ni bálano
ni dídimos.
… Una nueva reacción,
una nueva crispación de mis estímulos.
Aparca la venda,
la mordaza deja ver su silueta,
mis ojos no reculan ante ella.
Ella…
Desnuda.
Un pañuelo en el cuello,
unos zapatos de tacón de aguja,
color rojo fuego.
El látigo sometido entre sus piernas.
Su boca y sus senos cubiertos de mis sentimientos.
Gotas que iluminaban sus cobrizos labios.
Una mirada lujuriosa,
pasionaria.
Rogaba me acercara.
IV
El látigo en mis manos.
Un regalo de la casa.
Sus morenos glúteos en mi retina.
Su postura…
Deseosa de conocer lo que el sometimiento provocaba.
Recibió el sometimiento.
Sin quejas,
sin blasfemias
ni ruegos.
Un goteo sobre el catre, único sentimiento.
Atravesé sus defensas.
Sometida a lo que ella misma pedía.
Locura descompensada,
torturador y víctima en un solo cuerpo.
Gritaba,
le urgía…
Su mente se desquiciaba
según transcurría la oleada de sexo impuesto.
Había descubierto el placer del polo opuesto.
Rogaba…
… Exigía.
Boca arriba,
sin guardia alguna que la protegiera.
… Entregada.
Solo su pañuelo y sus zapatos rojo fuego
delataban quién «mandaba».
Degustó lo que asió ella misma,
mientras mi cuerpo descubría la tolerancia de su entrepierna.
La dureza de sus senos,
las facultades escondidas de sus nalgas.
Poseídos por una rabia jamás experimentada,
a un paso del desquiciamiento mental.
Una perversión desmedida… Desmesurada.
Un contagio mutuo.
Un deslizamiento desmesurado por ambos bandos.
Una salvaje descarga.
La piel tensa.
El bello erizado.
Los músculos extenuados.
Los sexos sometidos por ambos bandos.
ARDE
Arde una llama explosiva desconocida en un virginal cuerpo.
Instintos carnales donde habitaban sentires incautos.
Cánticos sensuales sobresaltan la aureola que te gobierna.
Pasión efervescente profanando tu flora,
tu fauna desarbolada.
Un cosquilleo ruboriza tus mejillas,
estiliza tu mirada.
Entre sospechas…
Va incubándose el suspiro del susurro.
Desorientada,
alterada,
desprotegida.
Sometido portón que tu claustro protegía,
desvirgada la cúpula atmosférica delirio de una niña.
Su cuerpo desnudo atenaza las bravatas,
enmudece los desvaríos del poniente,
ahoga sus sentidos maquiavélicos,
abrasa los lascivos ojos que penetraban su alma,
somete los injuriosos pensares que embriagaban su inocente conciencia,
expropia las cadenas condenatorias,
sentencia al cuerpo delictivo.
Encalla sus piernas,
arquea su espalda,
ensambla las fricciones,
acentúa la marcha.
Rompe con el pasado,
despierta el presente
ejecutando la danza,
Observa…
Estudia…
Aprende.
NOCTURNOS
I
Dos sombras en la nebulosa de la noche.
Dos almas perdidas buscando
un claustro opaco…. Un pórtico ruinoso.
En mitad de la nada, sonámbula.
Sueñan, imaginan, idean…
Historias que liberen el deseo carnal que les embriaga,
pasajes que den vida a sus sentimientos.
Ansían yacer estrechados.
Sus cuerpos desnudos entrelazados,
esperan noche cerrada.
La llama en su punto más álgido
a la espera de convertirse en fuego descontrolado.
Dos sombras en la oscuridad se tocan,
acariciándose ferozmente.
No se insinúa… Arremeten.
Ellos…
Sus cuerpos,
labios que se besan,
se muerden.
Las manos se entrecruzan,
se tropiezan.
Afán desmedido por maniatar al oponente.
Los botones de la camisa.
