Estimulación del cerebro infantil - Celso Antunes - E-Book

Estimulación del cerebro infantil E-Book

Celso Antunes

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Del nacimiento a los tres años de vida, el tamaño del cerebro humano se desarrolla de forma extraordinaria. El bebé se transforma deprisa, aprende mucho y cada día nos sorprende con nuevos descubrimientos. Las modificaciones de su cuerpo y de su mente nunca dejan de asombrar. Hoy se sabe que el cerebro humano, igual que los músculos del cuerpo, responde de forma muy positiva a programas de estimulación temprana, en los que se invierten solo unos minutos diarios, y se logran progresos y asimilaciones fundamentales para la vida del niño, tenidos por inimaginables tiempo atrás. La propuesta de este libro es ofrecer, para cada fase del desarrollo infantil desde el nacimiento hasta los tres años de edad y para las diversas áreas del desarrollo de los pequeños, unas líneas de acción y numerosos ejercicios de estimulación que no solo amplíen la dimensión afectiva de la convivencia con el niño, sino que, principalmente, transformen su cerebro y sus inteligencias significativa y positivamente.

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Seitenzahl: 187

Veröffentlichungsjahr: 2023

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Estimulación del cerebro infantil

DESDE EL NACIMIENTO HASTA LOS 3 AÑOS

Celso Antunes

NARCEA, S. A. DE EDICIONES MADRID

Índice

INTRODUCCIÓN

1. DESDE EL NACIMIENTO HASTA LOS CINCO MESES

Los mágicos cambios cerebrales desde el nacimiento hasta los cinco meses

Seguir un método para la estimulación

1. Área cognitiva

2. Área sensorial

3. Área motora

4. Personalidad y autoestima

5. Área social

6. Lenguaje y pensamiento

7. Control de esfínteres

Cómo “no” ser un buen estimulador

2. DE LOS CINCO A LOS NUEVE MESES

Los mágicos cambios cerebrales desde los cinco a los nueve meses

1. Área cognitiva

2. Área sensorial

3. Área motora

4. Personalidad y autoestima

5. Área social

6. Lenguaje y pensamiento

7. Control de esfínteres

Cómo desarrollar un proyecto de estimulación

3. DE LOS DIEZ MESES AL AÑO Y MEDIO

Los mágicos cambios cerebrales de los diez meses al año y medio

1. Área cognitiva

2. Área sensorial

3. Área motora

4. Personalidad y autoestima

5. Área social

6. Lenguaje y pensamiento

7. Control de esfínteres

Las neuronas espejo y los estímulos procedimentales

4. DEL AÑO Y MEDIO A LOS DOS AÑOS

Los mágicos cambios cerebrales del año y medio a los dos años

1. Área cognitiva

2. Área sensorial

3. Área motora

4. Personalidad y autoestima

5. Área social

6. Lenguaje y pensamiento

7. Control de esfínteres

Cómo elegir una buena escuela de educación infantil

5. DE LOS DOS A LOS TRES AÑOS

Los mágicos cambios cerebrales de los dos a los tres años

1. Área cognitiva

2. Área sensorial

3. Área motora

4. Personalidad y autoestima

5. Área social

6. Lenguaje y pensamiento

7. Control de esfínteres

Ayude al “pequeño científico” o “pequeña científica”

BIBLIOGRAFÍA

Introducción

El objetivo de este sencillo libro no es una plácida lectura, como la que se hace de una obra literaria, ni siquiera la recogida eventual de informaciones que muchas veces se buscan en obras especializadas. Habría que decir que la consulta debe ser semejante a la de los cocineros en la preparación de recetas o, quién sabe, la de los mecánicos especializados que montan estructuras sin apartarse del manual de instrucciones. Esta obra se destina a los adultos que, convencidos de la modificabilidad significativa del cerebro infantil, adoptan procedimientos con un ojo puesto en las prácticas propuestas y el otro en la actuación del niño.

Los fundamentos de esta obra tienen su origen en investigaciones neurológicas y experimentos prácticos realizados principalmente en Estados Unidos y en países de Europa, que avalan la idea de que la intervención de mediadores en la estimulación cerebral tiene un papel extraordinariamente destacado, especialmente cuando se lleva a cabo en una fase de la vida humana esencial para el aprendizaje y la atribución de significados: la primera infancia.

Estimular cerebros infantiles con seriedad no solo ayuda a los niños y niñas, y mucho, sino que, además, agudiza la sensibilidad y hace crecer el afecto por los pequeños de quien se dedica a ello. De esta manera, disponer de bases educativas para estimular el cerebro de un niño es tarea esencial e insustituible y si, por un lado, ayuda a la cognición, el pensamiento, el lenguaje, las inteligencias y la memoria de quien recibe el estímulo (es decir, el niño), por otro, gratifica de forma ilimitada a quien adquiere el privilegio de colaborar en esos cambios y, percibiendo esas transformaciones, se descubre como agente en ese progreso (el adulto).

En los primeros años de vida, el tamaño del cerebro aumenta vertiginosamente con una increíble multiplicación de células gliales, suscitando cerca de cien mil millones de neuronas. Estas se mantienen en número estable, pero el crecimiento y el estímulo constante y progresivo las hacen trabajar siempre y fortalecerse cada vez más.

Aunque existe una unanimidad científica en considerar que estimular la mente es esencial, no siempre sabemos cómo hacerlo, no tenemos ideas claras sobre sus fundamentos pedagógicos ni con qué método alcanzar esos objetivos. Esta es la finalidad esencial de esta obra.

Para ello la hemos dividido en cinco capítulos que recorren cinco etapas del desarrollo de los más pequeños entre los 0 y 3 años. Por supuesto, la división en etapas es orientativa y solo atiende a una opción metodológica para que al adulto le sea más fácil situarse ante el momento evolutivo.

Todos los capítulos tienen la misma estructura. Cada capítulo empieza con una breve descripción de las características de ese momento evolutivo, señalando los cambios más importantes y lo que el niño* está llamado a conseguir en esa etapa (recuerde: siempre de manera orientativa, no prescriptiva). A continuación se presentan siete áreas de desarrollo con ejercicios para su estimulación. Estas áreas son:

Á

REA

COGNITIVA

.

Á

REA

SENSORIAL

.

Á

REA

MOTORA

.

P

ERSONALIDAD Y AUTOESTIMA

.

Á

REA

SOCIAL

.

L

ENGUAJE Y PENSAMIENTO

.

C

ONTROL DE ESFÍNTERES

.

Finalmente, cada capítulo termina con un epígrafe en que se aborda alguna cuestión clave para esa etapa.

Merced a los más recientes avances neurológicos, sabemos que el cerebro infantil funciona como una orquesta, cuya música no solo depende de los registros de la partitura, sino también de la coordinación de los músicos. Un cerebro saludable es aquel en el que todos los instrumentos tocan sincronizados y al unísono.

Pero, como también sabemos que una orquesta no llega nunca a la perfección sin conocimiento, aprendizaje y constancia, en este libro proponemos algunos de esos conocimientos y situaciones de estimulación para hacer así posible la plenitud de ese disfrute.

* A lo largo de la obra se opta por el uso genérico del masculino con objeto de facilitar la lectura y sin ánimo alguno de exclusión.

1. Desde el nacimiento hasta los cinco meses

LOS MÁGICOS CAMBIOS CEREBRALES DESDE EL NACIMIENTO HASTA LOS CINCO MESES

Durante mucho tiempo se pensó que el bebé, al nacer, traía el cerebro en blanco y que, poco a poco, se iba llenando con las informaciones y estímulos que le llegaban. Incluso Piaget pensaba así.

Ciertas experiencias que se desarrollaron entre 1990 y 2000, un tiempo conocido como la “Década del cerebro”, cambiaron este paradigma y hoy se sabe que los bebés nacen con un conocimiento inicial acerca de los objetos físicos, al que se agregan ideas sobre el movimiento de los objetos y que poseen nociones simplificadas sobre cantidades. En suma, no existe una “memoria virgen”, una ausencia de pensamientos o un raciocinio nulo.

Además, es importante destacar que estos saberes no guardan ninguna relación con los instintos básicos de respirar, llorar o buscar un pezón para chupar. En el bebé que nace hay, sí, algo “animal” que es inherente a la especie y ahí tienen su origen algunos instintos, pero ahora sabemos que hay también algo “inteligente” y despierto, dispuesto a recibir estímulos y desarrollarse.

Es importante señalar que, incluso sin un programa específico de estimulación, como el que este libro propone, el cerebro se desarrolla de una forma magnífica gracias a la acción del ambiente y de las personas que interactúan con el bebé, pero la progresión de ese desarrollo neuronal será más significativa si conocemos la mejor manera de provocarlo y lo promovemos de forma permanente, constante y progresiva. Aunque el ambiente físico y emocional que rodea a un bebé que aún no ha nacido sea muy importante, mucho más importante es cuidar del primer centro de aprendizaje del bebé, es decir, el que constituye el ambiente y el entorno que lo envuelven cuando nace.

Ese “cuidado” en el hogar —y cuidado no quiere decir “coste”—, que transforma una casa en un auténtico centro de aprendizaje, no tiene nada de retórico. Las intensas investigaciones y los múltiples experimentos realizados en Norteamérica, Europa y Japón demuestran claramente que el niño “aprende” realmente desde mucho antes de nacer y, por esa razón, es esencial que pensemos en su hogar como en un lugar estimulante y rodeado de personas y recursos que, de manera tranquila, serena, constante, progresiva y cariñosa, se implican en el uso racional de ese espacio, en el estímulo consistente y significativo de ese cerebro.

Hoy sabemos que todo bebé, incluso mucho antes de que lo alcance la palabra, ya absorbe de forma intensa toda explosión de sentimientos de los adultos que lo rodean y sus experiencias con padres, hermanos o quienes lo cuidan, le ayudan a establecer un mapa mental que lo guiará a lo largo de todo su tránsito por el pensamiento y por su vida emocional.

Desde su primer instante de vida, absolutamente nada es “neutro” para el bebé y, de esta forma, las situaciones que envuelven su tacto, las miradas que recibe y las palabras que escucha son fundamentales en su aprendizaje.

Pero cuidado: el bebé aún no sabe que las eventuales ironías, agresiones o palabras ásperas dichas a otros tienen un destinatario diferente a él y, de ese modo, capta y absorbe para sí la estupidez de la agresión que se dirige a otro. Se hace difícil señalar qué es más importante para un bebé, si el alimento o el cariño: el primero es esencial para la entidad biológica; el segundo, imprescindible para la condición humana de esa criatura.

En el primer año de vida, el bebé desarrolla la plenitud de sus sentidos y, de ese modo, balbucear, y después hablar, gatear, y después correr, oír y comprender y manipular objetos y juguetes, implican aprendizajes que son enemigos de la precipitación.

Si sabemos desde hace mucho tiempo que el niño aprende poco a poco, es relativamente nueva la certeza de que necesitamos y podemos ayudarlo, más si admitimos que es imposible e inútil juzgar si “está atrasado” o “está adelantado”, comparándolo con otros niños.

Un bebé siempre es incomparable y esperar la estandarización de miles de millones de neuronas y sinapsis es ignorar la esencia del ser humano, su extraordinaria singularidad.

De la misma manera que en esa fase se aguzan los sentidos, en ese mismo período se establecen aspectos fundamentales del lenguaje, la cognición, la acción motora, la relación social, la personalidad, el temperamento y las emociones.

Ayudarlos en ese tránsito maravilloso significará, sin duda, disfrutar de algunos de los momentos más importantes de nuestra vida.

SEGUIR UN MÉTODO PARA LA ESTIMULACIÓN

Entendemos por método1 la manera de actuar, es decir, la forma de proceder en la estimulación del cerebro.

Proporcionar estímulos cerebrales apropiados a los niños no es difícil, pero requiere constancia. La modificabilidad cerebral, igual que ocurre con los cambios de los músculos, requiere estímulos (ejercicios), pero principalmente exige que esos ejercicios se practiquen de forma sistemática, por lo menos tres o cuatro veces por semana, en un espacio de tiempo diario entre diez y veinte minutos, dependiendo de la percepción que tenga el adulto mediador2 sobre el interés del niño.

En síntesis, el método que en este libro se propone establece las siguientes prioridades:

¿A qué aspectos de la formación del niño se busca dar mayor énfasis?

¿A la atención o a la memoria? ¿A la sensibilidad táctil o a la agudeza visual? ¿Al dominio pleno del lenguaje o a la propiedad de saber escuchar con atención y selectividad? ¿Al dominio de la armonía en los movimientos o a la conquista plena e ilimitada del dominio espacial?

Es esencial optar por algunos items y dejar que otros se desarrollen espontáneamente, sin un esfuerzo específico. Es comprensible que todo padre desee para sus hijos la plenitud de sus capacidades y habilidades, pero priorizar algunas no significa que otras no se alcancen merced al mismo desafío afectivo que supone vivir.

En esta obra optamos por dar prioridad a las áreas cognitivas, sensoriales, motoras, de personalidad y autoestima, al área social y al lenguaje y el pensamiento. Es casi todo, pero solo “casi”.

Aunque aceptemos que los estímulos pueden aplicarse a todas horas y en todas las ocasiones, es conveniente

marcar un espacio y un momento específicos para este trabajo

.

Es esencial escoger un

lugar adecuado

(cuarto del niño, comedor, cocina, no importa)

y que, en la medida de lo posible, se utilice el mismo lugar para todas las sesiones

.

El tiempo durante el que estos estímulos envuelvan al niño

no debe exceder de 10 a 20 minutos diarios

, aunque en otras ocasiones, de forma no sistemática, se presenten de nuevo.

Las actividades pueden realizarse

seis días por semana

o quizá menos, si en una misma sesión se integran dos áreas de estimulación. Por ejemplo:

Lunes:

Lenguaje y pensamiento.

Martes:

Área cognitiva.

Miércoles:

Área sensorial.

Jueves:

Área motora

.

Viernes:

Personalidad, autoestima

.

Sábado o domingo:

Área social

.

Es esencial

una acción de carácter regular y constante, es decir, reservar esos minutos diarios y dedicarse con intensidad a su práctica

. Del mismo modo que ocurre con los músculos, la acción eventual y aleatoria es mucho menos productiva que la constancia y la creación de una rutina de estimulación.

Aunque puedan actuar diferentes personas en la estimulación del niño, para que se pueda evaluar efectivamente el progreso en su actuación,

es importante que, en ese espacio y en ese tiempo reservados, actúen los mismos mediadores

.

Todas las actividades propuestas para fundamentar este método están pensadas y elaboradas teniendo presentes unos cambios cerebrales significativos y permanentes, y teniendo en cuenta todo lo que efectivamente es capaz de realizar el niño dentro de los límites de su edad. Hay que destacar una advertencia importante: como no hay dos niños iguales, no hay razón para observar con rigor las franjas de edad marcadas en cada capítulo. Lo importante es percibir la reacción del niño al estímulo y promoverlo de acuerdo con su patrón específico de desarrollo. Cada capítulo, por tanto, no es más que una referencia “media” que hay que adaptar para la creación de un programa específico para cada niño.

La concreción del método propuesto se suele enfrentar, a nuestro modo de ver, a dos obstáculos iniciales. En primer lugar, el pensamiento frecuente entre los padres y en la escuela de que el cerebro humano no es susceptible de ser estimulado mediante un programa específico y que nada concreto que se realice eventualmente puede ser evaluado y, por otro lado, una resistencia natural manifestada por el niño ante cualquier acción pedagógica racionalizada y sometida al juicio de los adultos. No nos parece difícil la superación de estos obstáculos, siempre que se acepte que vivimos en un tiempo nuevo, que la manera como crecimos y fuimos estimulados nosotros ya adultos no implica que nuestros hijos reciban un tratamiento igual. Los interesantes descubrimientos acerca de las respuestas significativas del cerebro humano a estímulos convenientes, sobre todo en la infancia, reciben un consenso mundial y poseen bases amparadas en investigaciones realizadas desde el decenio de 1990 por las ciencias de la cognición, pero aún son prácticas relativamente recientes.

La acción de la familia y de la escuela en los programas de estímulos no debe identificarse con la idea de que damos “clase” cuando estimulamos, de que es válida la comparación de un niño con otro y, sobre todo, de que los resultados emergen de forma precisa, clara y de fácil constatación.

Al contrario, los juegos, estímulos y actividades propuestos no están pensados para que el “niño los aprenda o que aprenda con ellos”, sino como momentos lúdicos de relajación y de alegría en los que el niño participa por placer, al tiempo que su cerebro se modifica lentamente. En realidad, ese pre-aprendizaje puede compararse con la carrera que hace un niño en dirección a los brazos abiertos del padre que llega: el niño no corre para desarrollar sus músculos y afinar su agilidad de movimientos, sino que, esa modificabilidad muscular y cerebral y ese dominio del espacio por el movimiento se están produciendo con independencia de esa intención.

En este sentido, los ejercicios propuestos deben surgir con la apariencia de una actividad espontánea que, ocasionando un impacto emocional y afectivo, modifica estructuras cerebrales.

Así, todo mediador que asuma esa función debe guiarse por los siguientes principios:

Equilibrio entre libertad y directividad

, aumentando la libertad a medida de que la directividad sea menos necesaria.

Retracción

, apartándose cada vez más de su acción efectiva a medida que el o los niños adquieran autonomía.

Renuncia

, para hacer que el niño pueda distanciarse progresivamente de la protección de la autoridad del mediador, que le proporciona seguridad, asumiendo su independencia en relación con los ejercicios sugeridos.

Lo que se busca es la adquisición dinámica de los conocimientos a través de una vivencia que además tiene una intención afectiva. Esa vivencia, aún sin utilizar el método, se encuentra en su estado más puro en actividades espontáneas, en el descubrimiento del cuerpo, y en la relación con el espacio y con los otros.

Es esencial que los estímulos proporcionados se produzcan en un clima de espontaneidad y alegría y, por encima de todo, que sean acogidos positivamente por el niño. Más que como “tareas”, los estímulos deben presentarse como “juegos”, envolviendo a adultos y a niños en momentos mágicos de ternura, practicando el arte de hacer soñar. El mediador nunca debe dejarse aprisionar por el tópico de la educación antigua que insistía en afirmar que el mimo y el cariño excesivos “corrompen” al bebé.

Pero hay una pregunta que no puede aplazarse: ¿Hay pruebas irrefutables de que este método para la estimulación del cerebro infantil funciona? Por desgracia, la respuesta es mucho más amplia que la mera elección entre sí o no. La importancia de la estimulación cerebral y el uso de ejercicios sistemáticos para promoverla es esencialmente una idea. Una idea basada en descubrimientos y en experimentos científicos realizados por instituciones de prestigio indudable, pero una idea cuyos resultados carecen de la asepsia de una evaluación con cinta métrica o de la síntesis de la respuesta exacta de un termómetro.

Pero es imposible dudar de que el cerebro se reorganice constantemente de acuerdo con las respuestas a los sentidos y que, estimulados estos, la reorganización cerebral se imponga de forma progresiva. Estimular el cerebro de un niño puede no suponer aún la irrefutable certeza de que se le hace lo mejor, pero constituye ciertamente una voluntad de amor, una esperanza de felicidad, una confianza en el mañana.

A continuación, y de acuerdo con lo expresado en la Introducción del libro, se desarrolla el modo de llevar adelante la estimulación del cerebro, en las siete áreas de desarrollo elegidas: área cognitiva, sensorial, motora, personalidad y autoestima, área social, lenguaje y pensamiento y control de esfínteres.

1. ÁREA COGNITIVA

En un lenguaje sencillo, cognición significa el acto de adquirir un conocimiento, la facultad o la capacidad de aprender. Estimular la cognición expresa ayudar al pensamiento, agudizar la memoria, percibir emociones. Nuestra área cognitiva, en última instancia, significa todo lo que somos en lo que se refiere a nuestros pensamientos, recuerdos, percepciones, emociones, saberes y lenguaje. Veamos los modos de desarrollarla.

Una buena charla con el bebé

A partir de la segunda semana de vida (o, en el caso de algunos, un poco más tarde), el bebé ya reconoce a su madre por el olor y por la voz. Al hablar dulcemente con el bebé, se está desarrollando su atención y lanzando desafíos a su cerebro.

Poco importa lo que se diga, pero hablar es siempre esencial para que, poco a poco, el pequeño descubra que el mundo está formado por otras personas y que éstas difieren también por su voz, un tipo de símbolo inherente a cada uno. Es, pues, esencial que el adulto se coloque a unos veinte centímetros de distancia para que el bebé pueda entrar en contacto con el movimiento de la boca, percibiendo que es a él a quien se dirige el adulto mediador.

Estimular la atención del bebé

Seleccione un objeto grande y de color (pelota, almohada, tejido o plástico), póngalo delante del bebé y vaya alejándolo progresivamente hasta un metro o poco más. Aproxímelo después y aléjelo nuevamente, desarrollando la agudeza visual, la percepción de la distancia y también la atención del bebé.

Estimular la capacidad auditiva

Coloque un objeto sonoro delante del bebé (vaso y cucharilla); no haga ningún ruido y, segundos después, dé pequeños toques con la cucharilla en el vaso produciendo un ruido leve, no agresivo. Deje algunos segundos de silencio y repita los toques. Comience manteniéndose a unos treinta centímetros de los ojos del bebé, aléjese progresivamente, estimulándolo para que acompañe con la vista el movimiento y el ruido.

Entre un mes y un mes y medio, el bebé presenta un control motor y mental en expansión, percibiendo con claridad si el estímulo proporcionado es agradable y afectuoso o no. Al cabo de un mes y medio, su curiosidad aumenta exponencialmente, aunque su campo de visión sea aún bastante limitado.

La importancia de mecer

No hay que olvidar que la percepción del bebé se manifiesta mucho antes de nacer. Llega al mundo después de una larga fase de confort y calma en el útero materno. Por esa razón, es esencial mecerlo, pues en su vida uterina lo mecía su madre al caminar. Gratificante para el mediador, es también un importante estímulo hablarle mucho al bebé, reír siempre, cantar suavemente y, al andar de un lado para otro, hacer movimientos rítmicos con el bebé en brazos.

Todo lo que lleve a un bebé a entrar en sintonía con sus movimientos ancestrales genera placer: la lentitud en las caricias, la continuidad, el tacto sutil que se desliza, la suavidad que quiebra la agresividad y la discontinuidad de la acción adulta apremiada por el tiempo, son acogidos con el confort del retorno a un mundo sin peligro, a un ambiente sin agresiones.

En esa misma línea de búsqueda, es esencial que el bebé pueda descubrir y disfrutar del máximo contacto con el suelo, que es la parte simbólica en la que se expresa la satisfacción por el movimiento primitivo, el placer del contacto con la tierra, con el césped, con la arena.

Esa vivencia y redescubrimiento del bebé con respecto al suelo debe instigar una acción racional; es la búsqueda del placer del tacto, del deslizamiento del cuerpo, del apoyo de las manos, de los codos, de las rodillas, llevando a una progresión estimulada por impulsos.

La hora de las muecas

El descubrimiento del otro por el bebé precisa facilitar su asociación con diferentes tipos de expresión.

Por este motivo, hacer muecas amistosas, produciendo expresiones significativas, ayuda bastante a diversificar sus pensamientos, estimular su imaginación, identificar la diversidad en lo humano.

Solamente después de agotar la vivencia dinámica del bebé con su propio cuerpo, éste comienza a interesarse por los objetos y por el otro. Ese cambio caracteriza un primer indicio de intelectualización y consiste en la separación del objeto y del cuerpo que asumen entonces una autonomía relativa y pueden ser utilizados de forma independiente.

Llevar al bebé a descubrir el mundo

La capacidad de respuesta del bebé, esforzándose para comunicarse con los adultos, aumenta hacia sus tres meses de edad, y esa comunicación se hace por sonrisas, expresiones de alegría, gestos y, muchas veces, por el movimiento de los brazos y de las piernas.

Es muy importante dar continuidad a esa “petición de conversación”, mostrando al bebé el mundo que le rodea, lleno de cosas y colores. Los mediadores no deben temer la exageración en su comunicación y, con suavidad, deben hacer gestos y muecas, presentando, hablando y describiendo la cama, las cortinas, las flores, las macetas, los cristales, el espejo y todo lo demás, cuando sea posible, durante excursiones programadas por la casa, por el jardín, por la calle, por el parque, etc.

Jugar con guantes suaves