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Del vacío que deja la ausencia de un familiar desconocido, nace la intriga de conocer la historia completa, las palabras censuradas y las palabras omitidas. Las explicaciones huecas y cortas no son suficientes. Cuando la familia se opone, cuando la respuesta está en lo sobrenatural y espiritual, las almas viejas se vuelven a encontrar.
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Seitenzahl: 201
Veröffentlichungsjahr: 2022
Producción editorial: Tinta Libre Ediciones
Córdoba, Argentina
Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo
Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones. María Magdalena Gomez.
Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Esteve, Agustina Belén
Eviterno / Agustina Belén Esteve. - 1a ed - Córdoba : Tinta Libre, 2022.
2140 p. ; 21 x 15 cm.
ISBN 978-987-817-719-9
1. Novelas. 2. Novelas de la Vida. I. Título.
CDD A863
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La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidadde/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.
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Impreso en Argentina - Printed in Argentina
© 2022. Esteve, Agustina Belén
© 2022. Tinta Libre Ediciones
La vida es un regalo, el envoltorio la mente, solo hay que abrirla para disfrutar el presente.
Siddharta Gautama (Buda)
Eviterno
Belén Esteve
1
Hay tres cosas que no pasan mucho tiempo ocultas: El sol, la luna y la verdad.
Siddharta Gautama (Buda)
Antonella llena un vaso con agua fría y lo vierte en las espinas del cactus que descansa en su ventana. Le sonríe en silencio y voltea hacia el espejo, donde hay cuarzos energéticos que cuelgan del marco de madera. Está ansiosa por usarlos, no falta mucho, es en menos de dos horas.
Su madre la llama desde la cocina, pidiéndole que la ayude a preparar la mesa para almorzar; Antonella obedece de inmediato y va corriendo a buscar un mantel, en su agitación casi tropieza con el árbol de navidad. Acomoda la tela amarilla en la superficie, coloca platos, vasos y cubiertos meticulosamente. Michelle sirve tacos de frijoles y arroz condimentado con jitomate.
—Tengo que ir a trabajar. Si sales con tus amigas cierra con llave —decide la pelinegra.
Si bien nunca las conoció sabe que existen, porque Antonella avisa que se queda con ellas al salir del colegio. Pero la realidad es otra: Esas salidas son mentiras para escapar sin ser juzgada.
—Sí mamá —afirma con la misma tranquilidad que acostumbra en su engaño matutino.
Finalizado el almuerzo, Michelle lava los platos sucios y cambia su vestimenta por el uniforme de dentista. Se despide de la menor, esta se pega a la ventana para ver cómo se aleja, desaparece de su campo visual y corre en dirección a su cuarto.
Los cuarzos de colores primarios penden de su cuello. El entusiasmo vuelve a ponerla en movimiento; sujeta una mochila a sus hombros y emprende su viaje hasta el templo Kundalini.
El templo está a ocho cuadras de su casa, se ubica en calles silenciosas, sus puertas están decoradas por vidrios policromados. Arriba se lee el nombre Kundalini grabado en mayúsculas. En el interior se aspira el aroma a sahumerio, también se oye música tibetana. Hay personas de todas las edades, cada uno realiza la actividad que desea: yoga, meditación, rezos a distintas deidades, lecturas sagradas y demás.
La magia del ambiente es perfecta. Antonella asiste desde los trece años. La espiritualidad la llevó hasta el templo, donde la dicha y los aprendizajes son ilimitados.
Génesis está limpiando el altar de Shiva. Cuando la ve llegar, la saluda a la distancia, luego se aproximan para abrazarse. Génesis tiene dieciséis años, su cabello es abundante y nunca lo desata, su rostro es redondo y amigable. No van a la misma escuela, se conocieron ahí mismo y forjaron una amistad.
—¿Lista para tu lectura del próximo año? —dice y le toma las manos. Antonella percibe un escalofrío en sus piernas que le encanta.
—¡Sí, vamos!
Génesis la guía hasta una mesa espaciosa. Se sientan en un extremo y juntan las manos frente al pecho, inclinando ligeramente la cabeza para saludar al resto de personas en la mesa, quienes responden de la misma manera. Génesis abre su mochila y ubica un mazo de cartas de tarot delante de ambas, las mezcla, luego las separa en tres grupos: lectura de la familia, del amor y de la economía.
—Empecemos por la familia. —Gira el naipe del primer grupo, es la carta de El Loco—. Esta carta indica mucha diversión, una comunicación más eficiente con tu madre. Es posible que no se sientan muy conectadas; pero aquí se habla de una alianza, de que se valorarán la una a la otra y tendrán momentos especiales para conocerse mejor. En general, hay mucho cariño que sale a la luz después de tanto tiempo. Tendrás posibilidades para que pasen tiempo juntas, aprovéchalas.
De inmediato gira la carta del amor: Abajo se lee la palabra fuerza.
—Bueno, el mensaje puede conjugarse con el de la tirada anterior. De por sí muestra nuevas convivencias y el inicio de una relación sólida. La divinidad te traerá oportunidades hermosas para que puedas conocer a alguien. En combinación con la tirada de la familia, habla de un vínculo familiar, tal vez un nuevo integrante, o la visita de alguien que no has visto hace años, pero… Siento una energía poderosa, algo increíble que te sucederá, un reencuentro emotivo o una bienvenida. Sea lo que sea, te hará muy feliz, ¡lo presiento! Será un gran año.
—Eso es muy bonito, no tengo idea de qué puede ser pero tiene que pasar ahora —Sus manos cubren los costados de su cara y sonríe eufórica—. Debe ser algo importante ¿Crees que mi madre quedará embarazada? O…
Hace una pausa, sube las cejas asustada por su propio pensamiento y su vista se pierde en un punto fijo de la mesa.
— ¿Y si… conozco a mi papá?
—Es una posibilidad, aunque cualquier cosa puede ocurrir.
Con esto reflexiona mentalmente sobre la idea que le queda dando vueltas en la cabeza. Antes de seguir con la lectura suenan las campanas de las tres, que anuncian el horario de meditación.
—Seguiremos luego. —Antonella vuelve a asentir.
Todos los presentes caminan hasta el jardín del templo. El color verde predomina: Hay pajaritos cantando, mariposas volando sobre sus coronillas, flores de todo tipo, estatuas de dioses y fuentes de agua.
Ambas amigas se sientan sobre el césped en postura de loto, con las palmas mirando el cielo y los ojos cerrados. Uno de los practicantes entona el mantra Om un par de veces, se sumergen en la meditación paulatinamente, en un estado de quietud y paz que los conecta con sus seres interiores.
Una imagen atraviesa los pensamientos de Antonella en cuanto se dispone a meditar. Es la figura borrosa de un muchacho alto y moreno, de cabello revoltoso y orbes negros como la noche. Aparenta unos veinte años. Pero no se desvía con detalles y busca retomar su estado de calma. Nuevamente, batalla con ese chico ilusorio sin éxito, no lo conoce, no obstante, se convence de que es una señal, aunque es extraña la forma tan repentina que tiene de presentarse. Sabe que hay una explicación, todo tiene una explicación.
2
Estar sobrio no se trata solo de drogas y alcohol. También hay que desintoxicarse de la ira, el miedo, el resentimiento y el odio.
Siddharta Gautama (Buda)
La conversación entre amigos es sobre temas aleatorios que concluyen en bromas y risas. En una de esas carcajadas Gabriel pone atención en otra parte, se detiene en un cruce de miradas con Natasha, la chica del otro curso conocida por su gran desempeño escolar, envidiada por tener ojos celestes más o menos transparentes y una piel de porcelana. A Natasha le cautivaron esos rizos oscuros y ojos profundos, y además del sentido del humor y la cualidad de ser tan carismático y extrovertido, encontró interesante sus ideologías como budista vegetariano.
Desde la lejanía se saludan con una sonrisa amigable, él toca su oreja como hace cada vez que está nervioso. Y vuelven a la vida real.
—La fiesta será en mi casa —comenta Daniel al recuperar el aliento—. ¿Verdad que irás Gabriel?
—Sí, ¿por qué no?
—¿En serio?—se sorprende e inevitablemente empiezan a reír de nuevo. Gabriel no se ofende, los acompaña—. Las mejores fiestas son cuando terminamos borrachos, ¿seguro que tu papá te dejará?
—Hey, no tengo que tomar para ir a una fiesta, puedo divertirme sin emborracharme, no me hace menos budista. —Muestra seguridad, aunque por dentro sabe lo mucho que se quejará su padre.
—Mejor así. —Guarda silencio por un instante, hasta que recuerda algo primordial—. Invité a Natasha.
—No era necesario…—Sus mejillas se tiñen de carmesí y alza las comisuras de los labios—. Es tu cumpleaños, quiero pasar el rato contigo.
—Si te aburres de vernos tomando ve con ella, háblale.
—Gracias Daniel. —Inclina la cabeza hacia su amigo en forma de agradecimiento—. De todas formas estaré ahí para que no hagan una estupidez.
● ● ●
Una vez en casa se propuso inducir a su padre sin muchas esperanzas. Claramente sus teorías fueron acertadas y resumidas en un conciso…
—No.
Y como comprobó que las reclamaciones y súplicas no hacen más que empeorar las cosas, recurre a la estrategia de la negociación.
—Creo que no entendiste… Daniel va a cumplir dieciocho años, es preciso que esté ahí, es un momento importante en su vida. Además, yo también voy a cumplir dieciocho en unos meses, puedo salir sin permiso, ¿no?
—Hijo, tu edad no es un impedimento, el problema es la fiesta. Sabes que tus compañeros tienen filosofías y preferencias distintas a las tuyas, no está mal, pero puede comprometer tu integridad. Sé que hiciste votos para no intoxicarte con ninguna sustancia pero recuerda que puedes hacerlo siempre y cuando sea moderado.
—Gracias, pero no quiero beber, voy allá por Daniel. —Y por Natasha, piensa—. Tengo mucha fuerza de voluntad como para que las actitudes de otros me afecten, ¡tú me lo enseñaste!
Ambos sonríen agradecidos con el otro.
—Haré una excepción, confío en ti. Te enviaré un mensaje para que vuelvas, tienes que descansar unas horas al menos.
—¡Gracias! —Lo abraza con fuerza haciendo visible la diferencia de altura—. Otra cosa, necesito dinero, compraré algo para comer allá.
—Seguro, mi billetera está sobre la mesa, búscala.
Fue muy sencillo, una charla relajada y atenta facilita llegar a un acuerdo. Es bastante efectiva para fortalecer la convivencia. El budismo le enseñó lo fundamental que es este tipo de conversación que omite gritos y desinterés.
Abre la billetera y saca unos billetes. Fija los ojos en la esquina inferior, en una foto pequeña. La toma para admirar los detalles con precisión. Rápidamente se da cuenta de que en la imagen se ven sus padres junto a él cuando era bebé, la familia unida quizá por última vez, antes de que el divorcio los llevara por caminos distintos.
La sensación de confort lo invade cuando ve a su madre, una mujer de la que no se acuerda, solo tenía dos años cuando se separaron. Es atractiva, tiene cabello voluminoso, luce una sonrisa brillante y unos orbes color café, su piel es bronceada y su figura delgada. Los tres se ven felices, considera lo mucho que le gustaría repetir ese momento ¿Por qué no?
3
Una mentira puede salvar tu presente, pero condena tu futuro.
Siddharta Gautama (Buda)
En las meditaciones siguientes volvió a encontrarse con el joven de tez oscura. No fue capaz de discernir otros detalles más que los conocidos: melena rebelde, ojos negros de los que apenas se distingue el iris, nariz prominente, cejas gruesas, facciones rectas y expresión neutra. El desorden mental la llevó a consultarlo con su amiga mientras se encargaban de regar las plantas del templo.
—Tal vez es un ángel —le sugiere—. Recuerda que toman una forma humana para comunicarse, generalmente de alguien que conocemos, alguien en quien confiamos. ¿Estás segura de que no lo viste antes? Puede que quiera darte un mensaje.
—Nunca he visto a ese chico. Si lo conociera mi intuición me daría alguna señal.
—Bueno, si tienes dudas puedes hablar con Adrián. Creo que mañana vendrá.
Adrián tiene veinte años, es taoísta, asiste al templo desde que se mudó a Veracruz a los quince años. Tiene una gran habilidad para la comunicación con seres del más allá, desde muertos hasta ángeles y Dioses. Antonella lo cree una buena opción, nunca lo ha hecho antes pero confía en la genuina capacidad de Adrián. Ha sido testigo de cómo fue un médium para varias personas, los resultados siempre han sido satisfactorios.
—Suena bien, lo intentaré. Aunque sigo diciendo que es mi padre cuando era joven, cuando conoció a mi mamá.
—Eso también parece ser cierto. No te preocupes demasiado, mañana sabremos la verdad.
Antonella entra a casa junto con la caída del sol. Ve a Michelle hornear unas galletas de navidad y se saludan. Reemplaza la ropa que lleva puesta y vuelve con su madre, entrelaza sus dedos en la espalda baja y se queda en la entrada de la cocina.
—Mamá —la llama con una voz frágil que delata su nerviosismo—. Me gustaría saber más sobre mi papá.
Michelle se alarma, sube los hombros y esconde la cabeza pero rápidamente se inclina para demostrar que domina la situación. Aclara su garganta, voltea hacia su hija con el entrecejo fruncido, insinuándole con la mirada que su pregunta fue inadecuada. Baja la vista hacia sus piernas, el pantalón corto deja al descubierto el vello corporal y se asquea.
—Hija, depílate ¿quieres? —vuelve a darle la espalda.
—Sí, está bien. —Sus orbes descienden para comprobar aquello. No se había dado cuenta, crece muy rápido—. ¿Me contarás lo que pedí?
—Tu padre murió hace muchos años, no tiene sentido recordar algo tan trágico. —Sus músculos se tensan, aprieta el palo de amasar cada vez más fuerte.
—Eso ya lo sé. Hablo de cómo era él, cómo murió, cómo te conoció, su nombre…
—Iván. Se llamaba Iván. Y no sabrás nada más porque era un inútil, estamos mejor nosotras solas, no lo necesitamos.
Antonella escucha el tono apagado y agrio de la voz de su madre y decide no seguir adelante con la conversación, ve resentimiento en vez de nostalgia y lamento. Parece que una diferencia entre ellos los llevó a una pelea antes de su misteriosa muerte.
Iván, su nombre es Iván. Ahora sabe algo más.
4
Cuando te gusta una flor, simplemente la arrancas; cuando la amas, la riegas a diario.
Siddharta Gautama (Buda)
La fiesta está a unas horas de acabar, la música es potente y la encierran paredes que minimizan el volumen, hay luces de colores y gritos ansiosos. Desde afuera el ambiente es más relajado, más agradable para conversar. La noche es estrellada y fresca. A Gabriel le gusta mirar ese vacío y profundizar, contemplar el más allá, ver que ahí arriba están los secretos de la vida, retenidos en un panorama sublime, que multiplica su encanto por estar al lado de la chica que ama. Ambos admiran las estrellas en un silencio cómodo que se disfruta gracias a la compañía del otro.
Parpadea un par de veces para volver a amarrar los pies a la tierra. Desbloquea su celular para ver la hora, faltan veinte minutos para irse, será mejor que se apresure, su casa está un poco lejos.
—¿Te vas ahora? —pregunta Natasha con acento de conmiseración.
—Sí, pero antes quiero decirte algo. —Ella sonríe cálidamente demostrando total atención—. Yo soy muy feliz, puedo serlo sin ti, pero lo soy aún más cuando estás conmigo. No te necesito, pero aun así quiero estar contigo, seguir divirtiéndonos y compartiendo. Y mi vida no va a cambiar si te vas, ¡Pero quiero morir a tu lado! Si lo piensas es muy romántico; no dependo de ti, pero elijo estar contigo.
Natasha enmudece. Piensa sus palabras antes de decirlas. No está ofendida, los sentimientos de amor parecen incrementarse. No entiende por qué, pero le agrada esa sensación de no perturbarse. Lo aprendió de él.
—Nunca lo había visto de esa forma, no lo había pensado… Es muy tierno de tu parte, me gustaría entenderlo también, pero yo sí me sentiría horrible si me dejas.
—No podría lastimarte, eres importante para mí. Nada de lo que haga sería con la intención de hacerte sentir mal. Yo te amaré por siempre, seas mi amiga… o no. Es lo que quiero pedirte. —Toca el lóbulo de su oreja sin dejar de mirarla—. Quiero preguntarte si te gustaría ser mi novia.
—¡Ay! —Oculta su sonrojo con las manos, y con una sonrisa avergonzada y manos temblorosas lo enfrenta de nuevo—. Sí quiero, obvio que sí.
Los dos se emocionan y se unen en un abrazo cariñoso. Al distanciarse, Gabriel se detiene a admirar sus ojos y sus pupilas dilatadas. Ve amor y una desesperación que va en aumento por el anhelo de un simple roce de labios. Apenas un toque y es suficiente para saciar el hambre de sus corazones, solamente una caricia sincera que sobrepase los límites físicos, que se sienta en el alma y que se quede tatuada en la memoria.
No hablan pero el nerviosismo lo hace por ellos. Las respiraciones se vuelven irregulares y las palpitaciones aumentan con cada segundo sin besarse. Los dedos de ella suben por los brazos de él con inseguridad. Finalmente se posan en la curvatura de su cuello, ladea la cabeza, entre abre los labios, dándole un acceso completo a su amado, indicando que continúe, porque no puede esperar, está ansiosa por volver a sentirse con vida en un mundo de colores y sensaciones únicas, no quiere quedar atrapada en lo ordinario, y la única salvación es un beso.
Él agarra su cintura con firmeza, con seguridad y con confianza. Sabe que ninguno va a escapar porque no hay adonde ir. Ambos desean ese momento, los dos están agradecidos por vivir el aquí y el ahora. Él da el primer paso, rompe los escasos centímetros que los separan, sus labios se unen en una danza delicada. Son cuidadosos pero también disfrutan de cada sensación que les proporciona el otro. Toman consciencia de las emociones intensas que les provoca el amor y descubren que un simple rozar no es suficiente.
Se funden en un beso lento y tierno, se perciben volando lejos en un mundo de amor ilimitado, dejan que los prejuicios y pensamientos invasivos se vayan para no regresar jamás. Nada les importa si no se relaciona con la felicidad que sienten ahora mismo, hay tranquilidad, dicha, seguridad por estar con la persona que aman.
Cuando se pierde el aliento y el oxígeno se esfuma como por arte de magia, se separan.
Él le agradece por la respuesta positiva y recibe un beso en la mejilla a cambio.
—Adiós, nos vemos luego —Se despide tras subirse a su bicicleta azul—. Que tengas una linda navidad, dile a Daniel que la pasé bien.
—Hasta luego Gabriel. Feliz navidad para ti también. —le contagia una sonrisa risueña mientras lo sigue visualmente hasta desaparecer por las calles oscuras.
● ● ●
Finalizada la última meditación del día, Gabriel recuerda la fotografía que vio en la billetera de su padre días atrás. Decide preguntarle sobre ello, y concretar un encuentro con esa mujer, con Michelle. Su padre siempre habló de ella con un brillo especial en los ojos, como si a pesar de los conflictos, la siguiera amando, y con esa alegría particular habló de cómo se conocieron, de cómo fue la boda y de cómo terminó todo. Al igual que cualquier pareja, la magia que una vez los enamoró se pulverizó, quedando solamente cenizas que ya no pudieron regenerarse. Esa información se le reveló años atrás, pero aún le intriga saber por qué la única foto de ella está oculta en una billetera.
—Cuando cumpla dieciocho quiero conocer a mamá —dice de repente, sin pudor alguno. Iván no tarda en mostrar su inseguridad con esta idea.
—Sería lindo que vuelvan a verse, pero tengo que convencerla, y eso será difícil porque dudo que quiera verme.
— ¿La lastimaste? ¿Hay algo que no me dijiste? —el mayor hace una mueca de disgusto y le da la espalda para no tener que avergonzarse frente a su hijo.
—No es eso, lo que pasa es que tiene un carácter muy fuerte, no se olvida de las cosas tan fácilmente. Probablemente haya conocido a alguien más, o ya no vive en Veracruz… ¿Cómo podría saberlo?
Detecta cierto rechazo en sus palabras. Desde su punto de vista Michelle no es así, es una excusa para disimular su miedo al rechazo, o a que se revele un secreto que debe ser silenciado.
—Dudo que no quiera verme, después de tantos años… —Lo consuela acariciando su hombro—. Una familia siempre debe estar unida, especialmente en estas fechas.
—Ya veremos —contesta con frialdad y se aparta sin mirarlo a la cara —. Ya es tarde, ve a dormir.
Gabriel no protesta y en su lugar camina a su cuarto ligeramente decepcionado y se acuesta en la cama, entrelaza las manos sobre su abdomen y se pierde observando el techo. El sueño no viene y los perros ladran para advertir a los fuegos artificiales, eso lo distrae un segundo. Al mismo tiempo le llama la atención y se levanta para asomarse por la ventana.
La luz lunar marca la silueta de la ventana en el piso, en el cielo se ve un espectáculo de colores que le provoca una sensación de melancolía y soledad. Todas las navidades eran iguales, siempre había sido un simple espectador. Su religión no festeja esas fechas, por lo tanto se abstiene de estos rituales y se limita a continuar con su día como si fuese uno normal. A su padre no le importa demasiado, pero para Gabriel es triste ver a los demás tan alegres y compartiendo en familia, ya que él nunca ha conocido esa impaciencia por abrir regalos y decorar un pino.
Una bicicleta frena con un derrape frente al cristal, el sobresalto hace que se fije en ella. Natasha la conduce, lleva un vestido blanco que parece sacado de una pintura de Sorolla y el cabello castaño descansando sobre los hombros. No disimula su sorpresa, antes de exclamar algo ella se le adelanta.
—Quería venir antes de la medianoche, pero me perdí en el camino. —Respira de forma acelerada— ¿Me acompañas a ver los fuegos artificiales?
Su corazón palpita con fuerza. No lo duda ni un momento y salta por la ventana.
5
Un momento puede cambiar un día, un día puede cambiar una vida, y una vida puede cambiar al mundo.
Siddharta Gautama (Buda)
Durante la media noche, cenan afuera bajo el destello de los fuegos artificiales. Ella ve su alrededor con fascinación, presiente un cambio decisivo, tal como afirmó Génesis con sus cartas, un nuevo año que marca un nuevo ciclo.
Chillando de alegría, baja la vista a la mano de su madre, se cuestiona qué tan apropiado sería tomarla, puede ser infantil o incómodo, no lo hace desde que tiene siete años, le proporciona seguridad, el tacto materno es reparador en todo momento. De modo que se acerca con sutileza, hasta juntar los dedos por completo. Michelle se asombra, pero no lo expresa, voltea a verla y la descubre sonriendo. La conmoción la obliga a abrazarla.
● ● ●
Los devotos vuelven a reunirse en el templo Kundalini tras las típicas celebraciones. Antonella espera por Adrián, está pendiente de quienes abren las puertas. Esa inquietud de conocer a su padre la devora. La incertidumbre la hostigó desde entonces, por consiguiente planificó una hipnosis sabiendo que las visiones no cesarán pero al menos descubrirá un significado.
Las puertas principales se abren de par en par, el espacio entre ellas dejan ver a Adrián. Camina pacíficamente con el aura brillante de siempre y hace una reverencia a la estatua de Lao-Tse. Antonella se acerca y lo llama para captar su atención.
—Hola Antonella, feliz año nuevo, ¿cómo estás? —Sube la mandíbula para verlo a los ojos.
—Feliz año nuevo para ti también. Escucha, si no es una molestia me gustaría que me ayudes a comunicarme con mis guías, o con cualquier ser que pueda decirme algo sobre mi padre.
Suspira gradualmente y prosigue.
—Estos últimos días, durante mis meditaciones, he visto a un chico que no conozco, estoy segura de que nunca lo vi, y creo que es extraño que aparezca todos los días cuando medito. Quizás puedas comunicarte con él. ¿Qué dices?
—Claro. —Acepta con una sonrisa cálida y apresura el paso, guiándola hasta el jardín.
— ¡Gracias, gracias, gracias! —No pierde tiempo y lo sigue, los dos salen a recibir la luz del sol—. ¿Qué tengo que hacer?
—Vamos a sentarnos, me darás las manos y meditaremos juntos. Te diré lo que veo o escucho.
La dupla se sienta sobre el césped en postura de loto y se sostienen las manos con firmeza. Posteriormente, cierran los ojos y no abren la boca hasta que las visiones aparecen, la figura desconocida hace acto de presencia.
—Lo veo —acota la menor vagamente.
Adrián responde minutos después, un dolor de cabeza etéreo comienza a estorbarlo progresivamente. Lo ignora.
—Yo también. ¿Tiene mucho cabello, es moreno y flaco?
—Sí —dice, en un susurro casi inaudible.
—No es tu padre.
Su certeza la desconcertó. Sin embargo no se quejó, porque significaba distraerse y perder la concentración. Continúa escuchando la voz de Adrián, la cual evolucionó a un tono ronco y tardío, arrastrando las palabras.
—
