Facultad de mis sueños - Jesus Matias Filomeno Ocampos - E-Book

Facultad de mis sueños E-Book

Jesus Matias Filomeno Ocampos

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Beschreibung

El autor estudia en una ciudad lejana (La Plata-Buenos Aires) a la suya (Chilecito-La Rioja). Ello lo motiva a escribir, siendo ya profesional, sus vivencias destinadas a los estudiantes que, como él, tienen que emigrar de su ciudad natal.

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Seitenzahl: 129

Veröffentlichungsjahr: 2024

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Facultad de Mis Sueños

Jesús Matias Filomeno Ocampo

Escolio de Atilio Milanta

Índice de contenido
ESCOLIO
DEDICATORIA
TEXTO INTRODUCIDO EN LA SEGUNDA EDICIÓN
INTRODUCCIÓN
FACULTAD DE MIS SUEÑOS
ESCUCHAME, FACULTAD
AFECTOS
TE ABRAZO HERMANO
RAICES
TOPEN !..., TOPEN !
GANADOR
VEINTE AÑOS
INGENIERIA Y ALGO MÁS...
SI YO FUERA CARDÓN
PEDRO DE TANDIL
TU CIUDAD O PUEBLO
CARNAVAL CHILECITEÑO
CHILECITO EN MAYO
BERISSO, PASADO Y FUTURO
AMISTAD
TU SENDA, MI SENDA
INGENIERO ANGEL COMELLI
SI UNA ESTRELLA ME PEDÍA, UNA ESTRELLA LE BAJABA
MI MAESTRO: ANTONIO ADRIAN QUIJANO
N E N É
LA GIOCONDA
HUGUITO, EL NIÑO
TRIGAL DEL AMANECER
SÍMBOLOS
HIMNO DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA PLATA
CORO
DESPEDIDA
CHANGUITO VUELTERO
COMENTARIOS
REGRESO

Ocampo, Jesús Matías Filomeno

Facultad de mis sueños / Jesús Matías Filomeno Ocampo. - 1a ed - Chilecito : Jesús Matías Filomeno Ocampo, 2024.Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga ISBN 978-631-00-4458-3

1. Estudios Literarios. 2. Biografías. 3. Cuentos de Aventuras. I. Título.

CDD 808.883

Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización del autor. © 2023, Jesús Matías Filomeno Ocampo

1.ª edición digital: septiembre de 2024

Versión: 1.0

Digitalización: Proyecto 451

Dibujo de la Portada Interior:

Laura Rita Natalia Ocampo (10 años)

Fotos tapa y contratapa:

Anselmo Rocaforte

Fotos del interior:

Albumes familiar

Laura Rita Natania a los 10 años

Laura Rita Natania Arquitecta con su hijo Tomasito recién nacido

ESCOLIOA MODO DE BREVES Y PREVIAS REFLEXIONESATILIO MILANTAI

Este libro que, en realidad, leí dos veces (una, cuando el autor me hizo entrega del mismo la mañana del pasado jueves 14 de noviembre, oportunidad en que me diera entera relación de su contenido, página por página; y la otra, la que efectué, línea por línea y vocablo por vocablo, desde entonces hasta hoy sábado 16del mismo mes del año 2002), es legítimo acreedor de un prólogo que me fuera solicitado con la humildad de la voz baja o tenue del que realmente lo desea (y que, para mí, merece).

Pero, el tal “prólogo” (prologus, proloquium, proemium, prefatium, o como quiera llamársele), siempre, o casi siempre, suele ser eso que se escribe último, lo que va al principio de un libro, y finalmente, lo que nadie lee.

Advertido del tal angelical riesgo, preferí intuitivamente llamar la atención con la castiza voz “escolio” (scholium), la que infiere sólo un leve comentario con el propósito de exponer algunas reflexiones sobre un buen libro que, en cuarta edición, debe publicarse y que es preciso leer. Con placer y beneficio. ¡Casi nada ante tanto mamotreto o plagiaria literatura sin sentido, sentimiento, ética ni estética, que sólo acrece el mercado librero con la única finalidad venal de librería!

II

He sostenido en otro lugar que todo libro es un misterio, pues no se sabe si ya lo es cuando se diagrama su existencia en la mente y la voluntad del escritor. O si cuando pasa a la escritura. O cuando ingresa a ese otro misterio de la imprenta. O en fin, cuando está editado, cuando se corporiza en un volumen. ¿Es acaso, sólo ese cuerpo o era ya libro cuando tenía alma en la mente del autor? De si hay ciertos cuerpos sin alma, no me cabe la menor duda, como ocurre con ciertos libros o autores de “moda”; pero, de que puedan existir esas otras almas que esperan el cuerpo y que, un día, las hojas impresas y encuadernadas le dan vida, ocuerpo, tampoco me cabe ella. Se sabe de muchos inéditos que son libros, así como de muchos éditos que no lo son. Y si hablo de misterio, en un sentido tangencial o directo, no puedo prescindir, en ciertos casos, de la voz milagro, pues el libro, con prescindencia de la abrumadora cantidad en ciertas épocas, quizá, fuere o se constituyese en un hecho no explicable por las leyes naturales y más atribuido a la inevitable intervención sobrenatural de origen divino. Quizás, en ciertos senti­dos, momentos e implicancias, fuere tan misterioso o milagroso como la vida misma, o su existencia, del hombre; máxime que el nacimiento de todo libro es, como el del hombre, de un doloroso y difícil alumbramiento, no exento de inefable felicidad.

III

Más allá de la física y la metafísica del libro, que siempre viene bien traerlas y advertir sobre sus existencias de milagro y de misterio, es lo inevitable que es el hombre mismo el que allí está describiendo o plasmando un pasado con inefable propósito de perdurabilidad, en extraña combinación de lo pretérito con lo futuro, pasando por las vivencias, razones y reflexiones del propio autor, quien, al escribir, piensa dos veces, por no sumar otras. Y ya voy decididamente al encuentro de Facultad de Mis Sueños de Jesús Matías Filomeno Ocampo, chango, y amigo de vida, docencia y literatura.

En primer lugar, cada página de esta obra, por no decir cada línea o cada vocablo, tiene todo cuanto tiene que tener (además de significado o facundia); pues, es y tiene pulso, encanto, latido, corazón, nostalgia, sentimiento. Y si todo esto se lo “dice” llanamente, con la serena mirada de la felicidad, del entusiasmo y del ánimo pletórico de optimismo altruista en el amor, la esperanza y la fe, ¡qué más para decir que sobran ya los comentarios, las exégesis y otras hermenéuticas que débense delegar a los departamentos de letras, talleres literarios y otros acometimientos de la conferencia, la cátedra o la crítica!

En segundo lugar, el carácter acentuadamente testimonial y evocativo con enunciaciones adecuadas sobre lugares (predominantemente, riojanos y platenses), personas, sucesos, acontecimientos, anécdotas, historias, discursos y versos, sobre los cuales me permito no precisar o mencionar a ninguno de ellos, porque me remito brevitatis causa a la descripción efectuada por el autor, la que, en realidad, es admirable. Sintaxis, vocabulario, dialéctica y retórica en una prosa límpida, clara, precisa y atrayente. Y si a ese texto se le aduna belleza notoria, imágenes, calidez, y atmósfera singular en la que conviven junto a un solar riojano o la escalera de una unidad académica de la Universidad platense, entre otros muchos lugares, boliches, pensiones, aulas, gabinetes, árboles y cenáculos, las presencias varias de evocaciones o recuerdos de la terneza y la melancolía, va de suyo que el lector puede encontrarse cómodamente instalado no sólo en la platea del espectador, sino en la escena del protagonismo. Esta es prenda de gran valor en la escritura del chango Ocampo. Aunque lo demás, no fuere lo de menos.

En tercer lugar, es literatura. Y no cualquier libro de versos, de crónica, de relato o de cuentos. Es literatura, porque lo estrictamente literario, sin ser ficción, como en la novela (el siempre máximo género) o el cuento, es arte; y éste, más que expresión en su significado o propósito de catarsis, es belleza. Y la belleza, siempre propone una reflexión estética, y ésta, nunca puede sobrevivir sin la ética, como lo explica un viejo libro de Octavio Nicolás Derisi titulado Lo eterno y lo temporal en el arte. Esta obra es de literatura, y hoy, se sabe bien que ya los géneros de ella no interesan tanto, pues abundan manifiestamente que ahora tampoco viene al caso hablar de géneros, subgéneros y variadísimos o múltiples acápites de los mismos. Sí se prefiere, y en el fondo, con el acopio de versos varios bien incorporados que integran el texto, yo me atrevería a decir y advertir que Ocampo, a propósito de lo testimonial, lo cálido, esa fina nostalgia de entrelíneas, a veces, y profusa y evidente, en otras, más otros ingredientes que antes hube mencionado, Ocampo, repito, hace poesía en una prosa sincera y espontánea, sugerente y hasta instintiva, natural y espiritual.

En cuarto lugar, y además del amor, que también aludí, en toda su obra, se decanta la antítesis del racionalismo agnóstico, porque Ocampo es un hombre de fe acrisolada en el pago, en el terruño, en el saber y en Dios y todo cuanto proviene de Él, como debe ser el alma de un maestro de escuela, sin el excepticismo de los que no creen en los que creen y tampoco creen en los que no creen. Ese agnosticismo está fuera de sus páginas, al igual que el pesimismo en que se asienta el agnóstico y el displicente materialista que nunca podrá advertir la inevitable cercanía del humanismo de las ciencias del espíritu con que ha sido concebida una obra como la de Ocampo.

Y por último, es una obra valiosa. Esto quiere decir que Ocampo se valió de la axiología, pero no para hacer ciencia de los valores, que no son sino que valen. ¿Qué hizo entonces si no exponerlos cuidadosamente, con espontaneidad y presciencia, sin la vanidad de recursos y artificios vacuos? Pues el autor evidencia ese instintivo proveimiento de no ser sólo un hombre bueno, sino un buen hombre. Y éste lo es en tanto y cuanto tiene principios, cuando es un eficiente indicador de pautas y regidor de conductas, hasta con ese ineludible espíritu de continuar siendo discípulo, más que alumno, de quienes fueron sus maestros. Toda la obra rezuma esa esencia modeladora, porque en toda ella reina aquella atmósfera de bondad, justicia, amor, belleza, sinceridad, verdad, honor y ética, entre muchos otros ingredientes no menos trascendentales que, a veces la superficialidad de los superfluos no puedan, no quieran o no sepan advertir.

IV

Lo de la brevedad que mencioné ab initio no quedará desvirtuado si, finalmente, me permito un otro sí digo, ya no al estilo forense de mis afectos, sino referido a la intimidad familiar de Ocampo, en alusión a sus padres, sus hermanos, la dedicatoria a sus hijos y cuantos otros seres que la mentada nostalgia trae a estas páginas del testimonio y la verdad, las que se alínean en un libro que, sin duda, como todos los buenos libros, no sólo se “agotan” pronto, sino que sobrevivirá cómodamente a su autor. No son aquellos que han menester de los “empujones” de vidrieras o librerías, como los de ciertos autores que están de “moda”, porque simplemente lo están. Estas páginas de hoy merecen y tendrán la perdurabilidad inevitable para que las futuras generaciones sepan de un “chango” que no vivió de balde.

Sintió, miró, anduvo, escuchó, aprendió y enseñó. Es decir, amó.

De Izquierda a Derecha: Matías Guillermo Gabriel. Laura Rita Natalia. Marina Paula Gabriela. Jesús Matías Filomeno. Lisa Guillermina María.

Marina Paula Gabriela. Laura Rita Natalia. Meri Paula María Bertoncini. Jesús Matías Filomeno. Lisa Guillermina María. Mattías Guillermo Gabriel.

Laura Rita Natalia. Matías Guillermo Gabriel. Marina Paula María. Lisa Guillermina María.

Lisa Guillermina María Jesús Matías Filomeno. Mattías Guillermo Gabriel.

Matilda. Marina Paula Gabriela. Simona. Sebastián Osacar. En Jávea, España.

Gastón Rafael. Juana. Tomás Laura Rita Natalia. En Luján de Cuyo. Mendoza. Argentina.

DEDICATORIA

Para mis hijos:

Lisa Guillermina María,

Marina Paula Gabriela,

Matías Guillermo Gabriel y

Laura Rita Natalia,

a quienes procuro, con entusiasmo y alegría, darles un poquito, aunque sea, de todo aquello que recibí de mis mayores.

IN MEMORIAMMERI PAULA MARÍA BERTONCINISan Miniato, Pisa, Italia: 04/09/1946La Plata, Buenos Aires, Argentina: 01/11/2023

TEXTO INTRODUCIDO EN LA SEGUNDA EDICIÓN

La presente edición, producto de una iniciativa del Agrimensor Ernesto Cela, Profesor de esta Casa, será entregada a cada alumna/o que ingresa a nuestra Facultad de Ingeniería de la UNLP con el propósito, según señala en su pedido, de que:

...“muchos aprendan a valorizar su presente mientras transcurre, recibiendo de manera quizá impensada un aliento humanista, a partir de la obra de un autor al que no conocían y a través de autoridades que al donarlo, agregan al mérito de sus valores técnicos el proveniente de producir aliento espiritual para sus discípulos”.

“Un don de la calidad citada, será en manos de nuestros alumnos, un sello de compromiso para transformar el mundo, para que se cumpla el verso de Capdevila:

Ya nos dijeron que el mundo es malo

¡Por obra nuestra será mejor!”

(Himno de la Universidad Nacional de La Plata)

INTRODUCCIÓN

Todas las mañanas de este cálido y húmedo mes de Noviembre de 1996, después que dejo a mi hijo Matías Guillermo Gabriel y a mi hija Marina Paula Gabriela en sus respectivas escuelas, camino por debajo de los jacarandáes cuyas flores se han convertido en una suave alfombra celeste que cubre el parque de la Facultad de mis sueños.

Cuando entro me encuentro contigo, haciendo la cola, joven ingresante. Y te miro a los ojos y los veo poblados con pinceladas de ilusiones y de sueños.

Y me miro a mí mismo cuando, con sueños e ilusiones quizá similares a las tuyos, llegué, hace muchos años, a esta casa que alberga tanta historia y tanto saber.

Y quiero contarte lo que sentí.

Porque tú tienes en tu interior ese impulso que te hará dedicarte con entusiasmo a estudiar para ser ingeniero. Y esa mística que te hará superar posibles dificultades y contratiempos para lograr tu objetivo final cual es ser un profesional de la ingeniería altamente capacitado. Nuestra Facultad te brindará todo para ello. Y a partir de este momento será tu casa y espero que actúes en ella al menos igual, y si es posible mejor, que en la tuya propia

Y si en algún momento sientes que no puedes, busca apoyo en tu familia que te sustenta y al mismo tiempo ven a nosotros, autoridades y docentes.

Aquí encontrarás las opciones para seguir adelante.

Y podrás.

Éxito.

Cordialmente,

Jesús Matías Filomeno Ocampo (Chango)

La Plata, Noviembre de 1996.

FACULTAD DE MIS SUEÑOS

Cuando cursaba mis estudios secundarios, allá, en un valle de ensoñación encerrado por dos grandes montañas - una de un “violeta incierto”, el Velasco, hacia el naciente, y otra con “perpetuas nieves”, el Famatina, hacia el poniente - comencé a querer a la ciudad de La Plata al saber que nació en 1882 para ser la Capital de la Provincia de Buenos Aires y posibilitar así que la ciudad de Buenos Aires sea la Capital Federal de nuestra joven Nación Argentina. Y que Dardo Rocha la ideó. Y que primero fue dibujada en el papel para después ser la realidad de calles amplias y arboladas, de dia-gonales orientadas en el camino del sol, de edificios neoclásicos construídos casi simultáneamente para ser sede del gobierno y de las manifestaciones del espíritu: la Catedral, la Municipalidad, el Teatro Argentino, la Legislatura, la Casa de Gobierno, la Policía y de una plaza cada seis cuadras en la llanura cercana a la Ensenada del Barragán.

Y comencé a imaginarme esa ciudad, la de los tilos y la de las diagonales.

Mientras estudiaba para ser Maestro Normal Nacional comencé a interesarme por la tecnología de las comunicaciones.

Era amigo de la familia el técnico que arreglaba las radios. Eran radios que tenían válvulas electrónicas ya que por aquellos años - década del cincuenta - no habían aparecido las radios a transistores. La válvula electrónica, para comenzar a funcionar, requería cierto tiempo para que se caliente su filamento. Entonces había que esperar para comenzar a escuchar la emisora sintonizada. Uno de mis hermanos - Samuel Feliz Ángel - era, y es, un eximio guitarrista.