Foucault, gubernamentalidad y crítica - Thomas Lemke - E-Book

Foucault, gubernamentalidad y crítica E-Book

Thomas Lemke

0,0

Beschreibung

Michel Foucault es uno de los teóricos más relevantes e influyentes del pensamiento filosófico y político occidental contemporáneo, y uno de los conceptos centrales de su obra es el de gubernamentalidad. En este libro, Thomas Lemke se enfoca en dar cuenta del referido concepto, que ha resultado de gran utilidad para las ciencias sociales y las humanidades. Abordando temas como el liberalismo y la biopolítica, la genealogía del Estado y las tecnologías de seguridad, entre otros, este libro recupera de manera magistral los postulados que Foucault ha legado para pensar y pensarnos dentro de la organización política. El texto también tiene como propósito discutir algunas ambivalencias y malinterpretaciones que han surgido en los estudios en torno a la gubernamentalidad. Si bien puede funcionar como una introducción al pensamiento foucaultiano, la obra de Lemke va más allá y brinda una profunda problematización de los complejos postulados de Foucault.

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern
Kindle™-E-Readern
(für ausgewählte Pakete)

Seitenzahl: 257

Veröffentlichungsjahr: 2025

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



 THOMAS LEMKE es profesor de sociología en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Goethe en Fráncfort del Meno. Sus principales líneas de investigación son la teoría política y social, la biopolítica, la criopolítica y el estudio social de las tecnologías genéticas y reproductivas. Es autor de Introducción a la biopolítica, publicado por el FCE. Su más reciente obras es The Government of Things: Foucault and the New Materialisms (2021).

 

Foucault, gubernamentalidad y crítica

    

   
Sección de Obras de Sociología

Thomas Lemke

Foucault, gubernamentalidad y crítica

  Traducción de BÁRBARA PÉREZ CURIEL

Primera edición en inglés, 2012 Primera edición en español, 2025 [Primera edición en libro electrónico, 2025]

Distribución mundial en español

Traducción autorizada a partir de la edición en idioma inglés publicada anteriormente por Paradigm Publishers y ahora por Routledge, miembro de Taylor & Francis Group LLC Título original: Foucault, Governmentality, and Critique

D. R. © 2025, Fondo de Cultura Económica Carretera Picacho Ajusco, 227; 14110 Ciudad de México

Comentarios: [email protected] Tel.: 55-5227-4672

Diseño de portada: Neri Ugalde Guzmán

Se prohíbe la reproducción total o parcial de esta obra, sea cual fuere el medio, sin la anuencia por escrito del titular de los derechos.

ISBN 978-607-16-8715-9 (rústica)ISBN 978-607-16-8859-0 (ePub)ISBN 978-607-16-8918-4 (mobi)

Hecho en México - Made in Mexico

Sumario

     

Introducción. El sujeto y el poder  

Una analítica del gobierno Una genealogía del Estado moderno Liberalismo, biopolítica y tecnologías de seguridad Crítica y experiencia De la hipótesis de Foucault a los estudios sobre la gubernamentalidad  

Bibliografía 

Índice analítico 

Índice general

Introducción. El sujeto y el poder

  Pienso que, en vista de la crisis económica actual y los conflictos y oposiciones importantes que se están manifestando entre países ricos y pobres […], uno puede avistar el surgimiento de una crisis de gobierno. Por gobierno me refiero al conjunto de instituciones y prácticas, que van desde la administración hasta la educación, mediante las cuales se encamina la conducta de las personas. Me parece que, hoy en día, este conjunto de procedimientos, técnicas y métodos que garantizan que unas personas gobiernen a otras está en crisis […] Es posible que nos encontremos ante el comienzo de una gran crisis relacionada con la reevaluación del problema del gobierno.

 FOUCAULT, 2000C: 295-296.

  Olvidar a Foucault es el provocativo título de un libro de Jean Baudrillard publicado en la década de 1970 (Baudrillard, 1977). Difícilmente pudo haberse imaginado Baudrillard que, casi 30 años después de la muerte del historiador y filósofo francés Michel Foucault (ocurrida en 1984), la recepción y apreciación de su trabajo iban a ser aún más importantes que cuando vivía. En la actualidad, es prácticamente imposible delinear exhaustivamente la literatura secundaria de su obra. Incluso un recuento muy superficial y selectivo, uno que se enfoque únicamente en monografías y volúmenes editados, revela que el impacto de Foucault y su famosa «caja de herramientas» no se han limitado a la filosofía y la historia: Foucault ha sido una inspiración para una gran variedad de disciplinas y campos del conocimiento que van desde la ciencia política, la sociología, las ciencias de la información, los estudios de género y la criminología hasta los estudios poscoloniales.1

Hay, por lo menos, tres razones que explican el extraordinario y duradero interés científico que ha provocado el trabajo de Foucault. En primer lugar, una gran variedad de fuentes teóricas y tradiciones intelectuales informan su obra. Entre sus profesores se incluyen el historiador de la ciencia Georges Canguilhem y el filósofo marxista Louis Althusser. A su vez, mantuvo una amistad muy cercana con el filósofo Gilles Deleuze, además de una serie de correspondencias con representantes del movimiento estructuralista tales como Jacques Lacan y Claude Lévi-Strauss. Por otra parte, Foucault situó su trabajo en relación con la tradición historiográfica de la escuela de los Annales (Deleuze, 1988; Eribon, 1994a; Davison, 1997).

La segunda razón por la que el trabajo de Foucault ha atraído un interés enorme que atraviesa fronteras disciplinarias es la impresionante gama temática de sus áreas de investigación. El profesor de «Historia del pensamiento» del famoso Collège de France se involucró con objetos de estudio sumamente heterogéneos en el transcurso de su carrera académica. Escribió una «historia de la locura» (2006), pero también un programa teórico para un análisis del discurso (1972); llevó a cabo investigaciones históricas sobre la invención de los hospitales (1973) y las prisiones (1977), y fue autor de un buen número de textos sobre arte y literatura (véase, por ejemplo, 1981). Foucault también escribió un libro sobre la emergencia de las ciencias modernas de la lingüística, la economía y la biología (1970), e indagó, mediante una «historia de la sexualidad», en la pregunta sobre la manera en la que los seres humanos se constituyen como sujetos morales (1985b, 1990).

En tercer lugar, el interés actual en Foucault se relaciona con que un gran número de sus textos se han publicado o traducido en tiempos recientes. Irónicamente, la obra de Foucault se ha incrementado significativamente desde su muerte debido al gran número de ambiciosos proyectos editoriales y publicaciones póstumas que han surgido desde entonces. En 1994, se publicó en francés Dits et écrits [Dichos y escritos], una colección que reúne todos los textos cortos que escribió el filósofo (artículos, entrevistas, prefacios y más). La publicación de esta colección abrió el camino para una nueva etapa en la recepción de Foucault. Escritos que se encontraban dispersos o eran difíciles de hallar ahora forman parte de estos cuatro volúmenes, los cuales han sido traducidos a muchas otras lenguas, ya sea parcialmente o en su totalidad. Además, cerca de la mitad de las conferencias que Foucault impartió en el Collège de France entre 1970 y su muerte, en 1984, se han publicado en los últimos 13 años, y está previsto que las demás salgan a la luz en la siguiente década.

En su texto titulado «The Subject and Power» [«El sujeto y el poder»], Foucault ofrece una sistematización retrospectiva de su trabajo teórico. Afirma aquí que su trabajo se ha «ocupado de investigar tres modos de objetivación que transforman a los seres humanos en sujetos» (2000k: 326). Su interés se concentra en la investigación de la tríada analítica constituida por las formas de conocimiento, las tecnologías del poder y los procesos de autoformación. Es la constitución mutua de estas formas, así como su correspondencia sistémica, lo que Foucault se dedicó a indagar mediante distintas herramientas conceptuales y desde perspectivas divergentes. Incluso si no se puede describir a Foucault como un filósofo político en un sentido clásico, él mismo declaró su interés en la «reelaboración de la teoría del poder» (1980c: 187). En este contexto, la noción de gubernamentalidad juega un papel decisivo.

Gubernamentalidad es un neologismo derivado de la palabra francesa gouvernemental, que significa «relativo al gobierno» (véase Senellart, 2007: 399-400). Esta palabra era conocida incluso antes de que figurara como un término central en la obra de Foucault. Roland Barthes ya había utilizado este «neologismo bárbaro pero inevitable» (Barthes, 1989: 130) en los años cincuenta para referirse a un mecanismo ideológico que presenta al gobierno como el origen de las relaciones sociales. Para Barthes, la gubernamentalidad se refiere al «Gobierno presentado por la prensa nacional como la esencia de la eficacia» (Barthes, 1989: 130). Foucault incorpora esta «dimensión [de] feo nombre» (Foucault, 2007: 115), pero la desvincula del contexto semiológico. La gubernamentalidad para él ya no hace referencia a una mitológica práctica simbólica que despolitiza las relaciones sociales, sino que representa la «racionalización de la práctica gubernamental en el ejercicio de la soberanía política» (Foucault, 2008: 2).

El presente libro explica con lujo de detalle el papel y las dimensiones de la noción de gubernamentalidad en la obra de Foucault y más allá de ésta. Sostengo que Foucault revisó y elaboró la «genealogía del poder» en la segunda mitad de la década de 1970, y que en el centro de esta reorientación teórica se encuentra la noción de gobierno que se volvería un «hilo conductor» (Foucault, 2007: 363) para su trabajo de investigación de los años siguientes. Esta idea desempeñó un papel decisivo en su obra, pues colocó la cuestión del poder en un contexto más amplio. En primer lugar, la gubernamentalidad es una mediadora entre el poder y la subjetividad, y posibilita la investigación de la forma en que distintos procesos de dominación se vinculan a las «tecnologías del yo» (Foucault, 1988), así como del modo en el que las formas de gobierno político se articulan con prácticas de autogobierno. En segundo lugar, el problema del gobierno explica la cercanía de los vínculos que hay entre el poder y el conocimiento, y ayuda a dilucidar aquello que Foucault llamó, en textos anteriores, el nexo del «saber-poder» (véase, por ejemplo, Foucault, 2000l).

Foucault introdujo la noción de gobierno como una «crítica necesaria a las concepciones comunes de poder» (Foucault, 1997f: 88). Los contornos teóricos de esta idea se aclararán más adelante, cuando la comparemos con el concepto de poder del que Foucault trata de escaparse y de superar, es decir, de la representación «jurídico-discursiva» del poder (Foucault, 1980b: 82). El primer capítulo de este libro comienza con una breve descripción de esta idea tradicional del poder y de la crítica que Foucault hace de ella. Argumento que Foucault tuvo solamente un éxito parcial en su intento por reemplazar el concepto jurídico y negativo del poder por una explicación estratégica y positiva de éste. No consiguió evaluar los procesos de subjetivación más allá de la constitución de cuerpos disciplinados, ni tampoco pudo explicar cómo es que la multiplicidad y heterogeneidad de las relaciones de poder se integran y se articulan dentro de formas de gobierno generales. El concepto de la gubernamentalidad que surgió de los cursos impartidos en el Collège de France en 1978 y 1979 representa la respuesta de Foucault a estos dos problemas. La siguiente parte de este primer capítulo ofrece una breve exploración de la «historia de la gubernamentalidad» que Foucault reconstruye en dichas conferencias. En la última parte, profundizo en algunos de los desplazamientos teóricos que el concepto de gubernamentalidad ha provocado en el análisis foucaultiano del poder y que llevó a Foucault a comprender de manera más compleja la política y la ética.

El segundo capítulo analiza las implicaciones metodológicas y teóricas de la «genealogía del Estado moderno» (2007: 354) que Foucault discute en las conferencias de 1978 y 1979 en el Collège de France. Mi argumento es que este método se distingue por tres dimensiones analíticas que ofrecen perspectivas importantes para la teoría del Estado. Para empezar, este enfoque brinda una explicación nominalista que subraya la importancia central que tienen el saber y los discursos políticos para la conformación del Estado. También indaga en la «ontología histórica» del Estado, partiendo de la pregunta sobre cómo distintos elementos y prácticas posibilitaron que algo como el Estado adquiriera una realidad histórica y una consistencia estructural a lo largo de mucho tiempo. En segundo lugar, una analítica del gobierno utiliza un concepto amplio de tecnología que contempla no sólo los dispositivos materiales, sino también los simbólicos, entre ellos, tecnologías políticas y tecnologías del yo. De este modo, aborda la gama de mecanismos prácticos, procedimientos, instrumentos y cálculos mediante los cuales las autoridades buscan guiar y moldear la conducta y las decisiones de individuos y colectivos con el fin de conseguir objetivos específicos. En tercer lugar, el método de Foucault concibe al Estado como un instrumento y un efecto de estrategias políticas que definen los límites externos entre lo público y lo privado, y entre el Estado y la sociedad civil, además de que determina la estructura interna de las instituciones políticas y los aparatos estatales. Una vez presentadas estas tres dimensiones analíticas, en la última parte del capítulo comparo esta perspectiva indagatoria con el concepto de gobernanza y recalco algunas diferencias importantes en relación con algunos supuestos fundamentales y orientaciones teóricas.

El trabajo de Foucault sobre la gubernamentalidad no sólo ofrece perspectivas importantes para llevar a cabo un estudio del Estado, también brinda las herramientas analíticas necesarias para investigar la relación entre la noción liberal de la libertad y las «tecnologías de seguridad». El tercer capítulo de este libro resalta aspectos importantes de la interacción entre seguridad, libertad y miedo que caracteriza a la forma de gobierno liberal. Comienzo por hacer un resumen de la manera en que Foucault introduce la noción de las «tecnologías de seguridad» en su análisis del liberalismo y la biopolítica. La sección que sigue investiga la relación entre la libertad y la seguridad en el liberalismo, en la cual el gobierno del miedo juega un papel esencial. Estoy particularmente interesado en el argumento de Foucault acerca de cómo los gobiernos liberales promueven una «cultura del peligro» en la que los individuos son tratados como agentes morales de los cuales se espera un manejo de los riesgos y las inseguridades sociales; se espera que sepan medirlos y calcularlos, y que tomen las precauciones necesarias para sí mismos y sus familias. La última parte del capítulo se ocupa con más detalle de la noción de las tecnologías de la seguridad con el fin de explicar algunas transformaciones sociales y políticas contemporáneas. Se toma como base la propuesta de Foucault de un concepto no-jurídico de seguridad que concibe la seguridad y la libertad no como principios opuestos, sino como partes constitutivas del gobierno liberal.

En general, la obra de Michel Foucault suele incluirse en la categoría de la teoría social crítica. Sus textos se leen junto con los de sociólogos críticos y se asocian con el proyecto filosófico de la teoría crítica. No obstante, la forma específica de genealogía crítica suscrita por Foucault rara vez se explora a detalle. El cuarto capítulo analiza la propuesta de Foucault de una crítica experimental y transformadora. Como él mismo observa, la crítica parece estar informada principalmente por un estilo de pensamiento «jurídico-discursivo» que se concentra en juzgar y condenar, negar y rechazar. Si bien esta forma de crítica parece ser una práctica predominantemente negativa, Foucault se empeña en dotar a la crítica de un contenido positivo. Cuatro aspectos, sostengo aquí, caracterizan la explicación foucaultiana de la crítica: se vincula íntimamente con una forma no jurídica de investigación moral, problematiza regímenes de verdad y pretensiones de conocimiento subsistentes para dar lugar a la posibilidad de nuevas experiencias colectivas, desempeña el arte de la insubordinación voluntaria y toma el riesgo de salirse de las normas de reconocimiento establecidas al exponer su propia condición de sujeto.

La noción de la gubernamentalidad ha inspirado muchos estudios en el campo de las ciencias sociales e investigaciones históricas. El quinto capítulo expone tanto los logros importantes como las carencias graves de estos «estudios de la gubernamentalidad». El objetivo es refinar y ampliar el trabajo de Foucault sobre el gobierno con miras a un análisis crítico de las tecnologías y racionalidades políticas contemporáneas. La primera parte del capítulo apunta a la relevancia y singularidad del concepto de la gubernamentalidad mediante una comparación entre éste y las formas dominantes de la crítica a las prácticas neoliberales. Mi argumento es que esta fuerza teórica se sustenta en que la gubernamentalidad no entiende al neoliberalismo únicamente como una retórica ideológica, una realidad económica o un antihumanismo práctico, sino sobre todo como un proyecto político que se empeña en crear una realidad social que, según sugiere, ya existe. La segunda parte del capítulo se enfoca en algunas de las carencias analíticas y los puntos ciegos de los estudios de la gubernamentalidad. Me ocupo de problemas asociados con la idea de una sucesión histórica de la soberanía, la disciplina y el gobierno que es muy prominente en las investigaciones sobre gubernamentalidad; además, apunto hacia algunas limitaciones en el análisis de los programas y el papel del fracaso y analizo algunos puntos ciegos en relación con la manera en que se conciben la política, la materialidad y el espacio en las investigaciones sobre gubernamentalidad.

Algunas partes del libro se basan en material publicado anteriormente. En el primer capítulo recurro a un artículo publicado en Parrhesia (Lemke, 2010) bajo el título «La hipótesis de Foucault: de la crítica del concepto jurídico-discursivo del poder a una analítica del gobierno». El segundo capítulo se basa en un artículo llamado «¿Una comida indigesta?: Foucault, gubernamentalidad y teoría del Estado», publicado en la revista Distinktion. Scandinavian Journal of Social Theory (Lemke, 2007). El último capítulo retoma argumentos que aparecieron primero en una contribución a la revista Rethinking Marxism (Lemke, 2002), titulada «Foucault, gubernamentalidad y crítica».

Quisiera expresar mi gratitud a todas las personas que hicieron que esta edición fuera posible; especialmente a Kevin Hall, quien me ayudó con la elaboración del manuscrito, y a Gerard Holden, que corrigió el texto. Igualmente, extiendo mi agradecimiento a Susanne Krasmann, Martin Saar y Ulrich Bröckling por sus críticas y comentarios a las versiones previas de los distintos capítulos. Finalmente, quisiera agradecer a Dean Birkenkamp, presidente de Paradigm Publishers, por su paciencia en la espera de un manuscrito que tenía que haberse terminado mucho tiempo antes, y a Henry A. Giroux, por su entusiasmo y su apoyo a la idea que terminó convirtiéndose en este libro.

I. Una analítica del gobierno

      EL ILUSTRE politólogo Steven Lukes dijo alguna vez que existe una idea común que une distintas, y muchas veces discrepantes, concepciones e interpretaciones del poder: «El poder de un actor A, individual o colectivo, en relación con un objetivo O, se manifiesta si A consigue O por medio del consenso de uno o más actores B» (Lukes, 1983: 107, énfasis en el original). Lukes sugiere que esta definición se ha entendido de dos maneras diferentes en la tradición política occidental. La primera de estas líneas de interpretación avanza de forma simétrica. Parte del supuesto de que ambas líneas comparten el objetivo O. En contraste, la segunda línea avanza de modo asimétrico y considera que el consentimiento de B se deriva de una coacción. El primer grupo incluye a autores tan diversos como Platón, Hannah Arendt y Talcott Parsons, mientras que Thomas Hobbes, Max Weber y Karl Marx pertenecen a la segunda tradición. De acuerdo con Lukes, el primer modelo teórico proporciona un concepto del poder como cooperación y consenso, mientras que la segunda concibe al poder como jerarquía y dominación. Ambas líneas de interpretación tienen una historia muy larga que se remonta a la Antigüedad.

A continuación, argumentaré que la especificidad teórica de la «analítica del poder» (Foucault, 1980b: 82) de Foucault consiste en el hecho de que escapa a cualquier clasificación pura. No forma parte de la tradición simétrica, pero tampoco pertenece a la línea de interpretación asimétrica.1 Foucault busca trascender esta división tan común y pone en duda la premisa subyacente de ambas ideas: el acoplamiento del análisis del poder y la cuestión de, por un lado, la legitimidad y el consenso, y, por otro, de la coacción y la violencia. Su punto de partida es la variedad de las formas en las que el poder se ha analizado en la teoría política y social.

  1. EL CONCEPTO «JURÍDICO-DISCURSIVO» DEL PODER

 Foucault insistió muchas veces en que su objetivo era liberar al pensamiento político de su orientación hacia preguntas sobre el poder soberano y su legitimidad. Según él, la representación del poder en las sociedades occidentales se ha mantenido bajo el hechizo de la monarquía. La tesis de Foucault es que este concepto «jurídico-discursivo» del poder concibe a la soberanía como algo que se encuentra por encima o por fuera de conflictos particulares, y que puede proveer un único punto de vista global y abordar cuestiones políticas en términos de legitimidad y legalidad. Foucault distingue tres características importantes de esta concepción del poder y propone una perspectiva teórica que promete «revertir la forma del análisis» (Foucault, 1980d: 95).

En primer lugar, Foucault sostiene que el poder no tiene una esencia, sino que es algo que tiene que analizarse de manera relacional. En consecuencia, en lugar de hablar de poder, Foucault suele hablar de relaciones de poder. Bajo estos términos, el poder no es un territorio a conquistar o algo a transferir, ni tampoco un bien que pueda poseerse o intercambiarse. En lugar de enmarcar al poder en términos jurídicos o económicos, Foucault prefiere un concepto estratégico y nominalista del poder. Afirma que este no es una posesión ni un derecho exclusivo de ciertos individuos, grupos o clases (que excluyen a otros del ejercicio del poder); en cambio, analiza las relaciones de poder que resultan en una multitud de estrategias superpuestas y en conflicto entre ellas: «Hay que ser nominalista, sin duda: el poder no es una institución, y no es una estructura, no es cierta potencia de la que algunos estarían dotados: es el nombre que se presta a una situación estratégica compleja en una sociedad dada» (Foucault, 1980b: 93).

En segundo lugar, Foucault pone en duda la identificación convencional del poder con el poder político y la focalización del análisis del poder en instituciones estatales. Reemplaza la perspectiva macropolítica por una micropolítica, con lo cual sustituye el análisis que se realiza en términos de representación por un interés en los procesos constitutivos. De esta forma, el poder no avanza de arriba hacia abajo y este procedimiento no se origina en un punto centralizado desde el cual penetra hacia el espacio social. Por el contrario, es la pluralidad y la diversidad de las relaciones de poder en la sociedad lo que explica la emergencia y el funcionamiento del Estado. Estas relaciones trascienden al Estado, el cual debe entenderse como una forma de poder condensado. En consecuencia, ni el control, ni la destrucción de los aparatos estatales pueden lograr que desaparezcan formaciones de poder (Foucault, 1980b: 94-95).

En tercer lugar, Foucault desafía la idea de que las relaciones de poder se caracterizan principalmente por los medios de represión y que siempre sirven a intereses encaminados a su reproducción. Según estas explicaciones, el poder se reduce a ciertos tipos de ejercicios, tales como la coacción, la fuerza o la violencia, o se analiza exclusivamente como la estabilización o la legitimación de relaciones sociales, tales como la explotación o el patriarcado —y no se le presta atención a la pregunta de por qué estas relaciones de poder generan y transforman condiciones materiales de existencia, identidades sociales y experiencias corporales—. Las relaciones de poder no son, de acuerdo con Foucault, la expresión de una realidad «más profunda» que tales relaciones reflejan ideológicamente o garantizan mediante mecanismos represivos; tampoco pueden reducirse a criterios funcionales o negativos. Más bien, las relaciones de poder conllevan una dimensión productiva: permiten y facilitan experiencias individuales y colectivas y promueven nuevas formas de conocimiento y práctica: «Hay que dejar de describir siempre los efectos del poder en términos negativos: “excluye”, “reprime”, “rechaza”, “censura”, “abstrae”, “disimula”, “oculta”. De hecho, el poder produce: produce realidad; produce ámbitos de objetos y rituales de verdad» (Foucault, 1977: 194).2

El principal interés teórico de Foucault a mediados de los años setenta era reemplazar el concepto jurídico y negativo del poder con una explicación estratégica y positiva del mismo. Su idea era liberar a la investigación de los procesos de poder del enfoque teórico en la institución del Estado y del supuesto de que «el poder debe […] ejercerse con arreglo a un derecho fundamental» (Foucault, 1980b: 88). Sin embargo, las investigaciones históricas de Foucault consiguieron este objetivo solo parcialmente. Hasta la aparición de Vigilar y castigar (1977) y el primer volumen de la Historia de la sexualidad (1980b), dos problemas teóricos particulares caracterizaban el análisis del poder que se hacía en ese entonces.

Para empezar, Foucault reemplazó el enfoque de la teoría política en la legitimidad y el consenso poniendo sencillamente el énfasis en la guerra y el conflicto a través de la «hipótesis de Nietzsche» (Foucault, 2003: 14-19). Puesto que Foucault concebía las relaciones sociales principalmente en términos de confrontación y sujeción, no fue capaz de explicar por qué la creencia en la legitimidad, la aceptación y el consenso era activamente generada y estabilizada. Además, desde esta perspectiva se hacía imposible evaluar procesos de subjetivación más allá de la constitución de cuerpos disciplinados. En segundo lugar, la «microfísica del poder» (1977: 26) que Foucault promovía en ese entonces se orientaba a procesos de disciplina y análisis de prácticas locales e instituciones singulares, tales como las prisiones o los hospitales. Solía pasar por alto la pregunta acerca de cómo la multiplicidad y heterogeneidad de las relaciones de poder se integran y articulan dentro de mecanismos más generales que sostienen formas de gobierno específicas. Como resultado, no le fue posible ocuparse adecuadamente de la pregunta por el Estado y su papel estratégico en el establecimiento de estructuras de dominación globales (véanse Pasquino 1993; Rouse 1994: 113; Hindess 1996). En resumen, si bien el objetivo autodeclarado de Foucault era «decapitar al rey» (Foucault, 1980b: 89) en el ámbito del análisis político, así como sustituir el enfoque del derecho, la legitimación, la voluntad y el consenso, lo que hizo en la práctica fue sencillamente revertir el modelo jurídico y adoptar la perspectiva «exactamente opuesta» (Foucault, 1980d: 87). En lugar de cortarle la cabeza al rey, Foucault sólo le dio la vuelta a la idea que criticaba. Hizo esto reemplazando el derecho y el contrato por la guerra y la conquista. En otras palabras, la «decapitación» sólo puede ser el primer paso. Tras esto, se vuelve necesario abordar la siguiente pregunta: «¿Cómo es posible que este cuerpo decapitado se comporte frecuentemente como si, efectivamente, tuviera cabeza?» (Dean, 1994: 156).3

El concepto de gubernamentalidad que surgió por primera vez de las conferencias en el Collège de France en 1978 y 1979 constituye la respuesta de Foucault a estos dos problemas. Por un lado, este concepto posibilita un análisis más adecuado del Estado y de los procesos de subjetivación. Por otro, permite la elaboración de un estudio del poder que trasciende el concepto jurídico y también el beligerante.

  2. UNA HISTORIA DE LA GUBERNAMENTALIDAD

 Los cursos de 1978 y 1979 se titularon Seguridad, territorio, población (2007) y El nacimiento de la biopolítica (2008) y se centran en lo que Foucault alguna vez llamó una «historia de la “gubernamentalidad”» (Foucault, 2007: 108). Lo que Foucault buscaba en estas conferencias no era reconstruir la aparición y transformación de las estructuras políticas. Como a Norbert Elias (1976), lo que le interesaba a Foucault son los procesos a largo plazo de la coevolución de la estatalidad y la subjetividad modernas. Sin embargo, mientras que Elias se basa en una teoría general de la civilización que presupone una lógica histórica única del desarrollo («el proceso»), Foucault analiza «artes de gobierno» heterogéneas y plurales (Foucault, 2008: 2). Foucault se remite al significado antiguo del concepto de gobierno (Sellin, 1984; Senellart, 1995). Si bien esta palabra tiene un significado meramente político hoy en día, Foucault muestra que hasta bien entrado el siglo XVIII la cuestión del gobierno se entendía dentro de un contexto más general. La idea del gobierno se discutía no solamente en tratados políticos, sino también en textos filosóficos, religiosos, médicos y pedagógicos. Además de las gestiones del Estado o la administración, la noción del gobierno también se refería a asuntos de autocontrol, lineamientos para las familias y los niños, administración del hogar, orientación espiritual y otras cuestiones (véase Foucault, 2000k: 341).

Partiendo de esta acepción histórica, Foucault distingue «el gobierno en su forma política» de «la problemática global del gobierno en general» (Foucault, 2007: 89) y propone un «significado muy amplio» (Foucault, 2000k: 341) del término que no concibe la subjetivación y la formación estatal como dos procesos independientes y separados, sino que los estudia desde una sola perspectiva analítica. De este modo, la «genealogía del Estado moderno» (Foucault, 2007: 354) también es la «historia del sujeto» (Foucault, 2007: 184), pues Foucault no entiende al Estado moderno como una estructura centralizada, sino como una «mezcla complicada, que ocurre en las mismas estructuras políticas, de técnicas de individuación y de métodos de totalización» (Foucault, 2000k: 332).

En el transcurso de las conferencias, Foucault examina la «génesis de un saber político» (Foucault, 2007: 363) para gobernar a los seres humanos. En los cursos de 1978, traza la genealogía de la gubernamentalidad desde la Grecia y la Roma clásicas por medio de la orientación pastoral del cristianismo temprano hasta la noción de la razón de Estado y la ciencia policial. Por su parte, las conferencias de 1979 se centran en el estudio de las formas de gobierno liberales y neoliberales. Las conferencias de Foucault se basan en la siguiente tesis: el Estado moderno (occidental) surgió como resultado de una compleja combinación de poder «político» y «pastoral». Mientras que el primero se deriva de la polis griega y se organiza alrededor de los derechos, la universalidad, el espacio público, etc., el segundo es un concepto religioso cristiano que se concentra en una guía cabal de los individuos. Se trata de una forma de poder individualizante que se relaciona íntimamente con la producción de la verdad. Foucault analiza el poder pastoral en los textos de los padres de la Iglesia, quienes aprovecharon formas antiguas de enseñanza y las rearticularon y modificaron.4 El poder pastoral concibe la relación entre el pastor y su rebaño, y entre los líderes y aquellos a quienes lideran, como un gobierno de las almas: la instrucción y guía individual se llevan a cabo para la salvación en el más allá. De esta forma, la autoridad pastoral complementa a la autoridad moral y la ley religiosa (Foucault, 2007: 115-119; Foucault, 2000k: 300-311). La diferencia entre aquélla y las ideas grecorromanas antiguas es que el sistema pastoral cristiano desarrolló métodos de análisis y técnicas de reflexión y supervisión diseñadas para garantizar el conocimiento de la «verdad interior» de los individuos. Junto con la obediencia a las normas morales y legales aparece la autoridad de un pastor que controla y cuida permanentemente a las personas con el fin de colocarlas en el camino a la salvación (Foucault, 2000k: 333; véase también Foucault, 2007).

De acuerdo con Foucault, el poder pastoral se diseminó y multiplicó más allá de las iglesias cristianas en los siglos XVI y XVII. En su versión secular, tuvo una importancia decisiva para la formación del Estado moderno, el cual se basa en la producción de conocimiento racional acerca del individuo y la población en su conjunto. La especificidad de esta forma moderna de gobierno —el gobierno de los seres humanos en contraste con el gobierno de las almas— consiste en su reflexión sobre las condiciones, los objetos y las metas del gobierno. Foucault recorre varios pasos para analizar la aparición de una «razón política» autónoma. Esta razón es autónoma debido a que no depende de principios teológicos o cosmológicos ni puede deducirse de la figura del príncipe que describe Maquiavelo. Su punto de partida se puede encontrar en tratados sobre «el arte de gobernar» y la razón estatal, escritos en los siglos XVI y XVII, a los que les siguió el surgimiento de las ciencias políticas y el ascenso del liberalismo en el siglo XVIII, y, finalmente, la renovación de los conceptos liberales de la sociedad y el Estado en el siglo XX.