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A veces tengo la sensación de que quienes escriben poseen varias capas que recubren su ALMA. Capas con la capacidad de mantenerlos con vida, porque de lo contrario morirían ante la presencia del más suave rayo de luz. El dolor que siente el poeta, así como el amor, es infinitamente sensible a cualquier estímulo, tanto que hasta la brisa podría arañarlo. Por eso escribir alivia, sana y a la vez fortalece. El papel es su piel y la tinta, sin dudas, es su sangre.
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Seitenzahl: 151
Veröffentlichungsjahr: 2022
Producción editorial: Tinta Libre Ediciones
Córdoba, Argentina
Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo.
Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Ilustración de tapa: Alejandra Baldoni.
Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Ilustraciones del interior: Alejandra Baldoni.
Baldoni, Alejandra Marcela
Gemidos del alma / Alejandra Marcela Baldoni. - 1a ed. - Córdoba: Tinta Libre, 2022.
262 p. ; 21 x 15 cm.
ISBN 978-987-817-680-2
1. Antología Literaria Argentina. 2. Antología de Poesía. 3. Poesía Argentina. I. Título.
CDD A861
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Impreso en Argentina - Printed in Argentina
© 2022. Baldoni, Alejandra Marcela
© 2022. Tinta Libre Ediciones
Gemidos del alma
Índice
Fama P. 15
Ayer morí P. 19
Viaje P. 20
Alma-café P. 23
Aniversario P. 24
Inspirado en Pablo Neruda …y su amor por Matilde P. 27
Aquella ventana P. 28
Media medalla P. 31
Comerse el mundo P. 32
Víctima o verdugo P. 39
Vida P. 41
Muerte P. 41
Amiga muerte P. 42
Renacer P. 43
Mientras siga con vida P. 45
Intentando volar P. 46
Mañana lluviosa P. 48
Verdad en el cielo P. 51
El secreto de la arena P. 52
Mar enamorado P. 54
Te maldigo P. 55
Intercambio P. 56
Lo que quiero P. 57
Autocompasión P. 58
No P. 59
Nuevo universo P. 61
Mujer P. 63
Leona P. 65
Adicta P. 66
Tocar y probar P. 67
Esa noche perfecta P. 68
Dime adiósuna tarde de noviembre P. 69
Somos una ilusión P. 70
Ser P. 71
Desencuentros P. 73
Solo yo P. 74
Juicio P. 75
Libertad del alma P. 76
Secreto P. 77
Pronombres P. 78
Narcisista P. 79
Ego P. 80
Caída libre P. 81
Rota P. 82
Cállate más fuerte P. 83
Tú eres arte P. 85
Emoción P. 86
Palabras perdidas P. 87
Curvas P. 88
Dado P. 89
Costumbre P. 90
Rutina P. 91
Lección de amor P. 93
Amor nuevo P. 94
Historia de amor P. 95
Sencillez en tus palabras P. 96
Llama eterna P. 98
Dolor con nombre P. 99
Preguntas P. 101
Bosquejo P. 102
Aleación P. 104
Strip P. 105
Libro P. 109
Apariencia P. 110
Motivo P. 111
Niego P. 118
Tiempo de poesía P. 120
Despedida P. 121
Cíclica P. 122
Culpable P. 123
Buen puerto P. 125
Déjà vu P. 127
Encuentro P. 128
Misterio P. 130
Creí P. 132
Poema abc (La música) P. 134
Etiquetas P. 135
La caja P. 137
Mismo sueño P. 139
Coach P. 141
Ellos no olvidan (Intento de amor en 317 versos) P. 144
Devoción P. 159
Esos ojos P. 160
Ojos negros P. 161
Inversa P. 162
Circo P. 163
Sueños compartidos P. 164
Huesos P. 166
Redención o castigo P. 167
Miénteme P. 168
Medio amor P. 169
Ruda P. 170
Lectura de manos P. 172
Extinto P. 174
Bautismo P. 175
Explicación P. 176
Tiempoalma P. 177
Dolor viejo P. 178
Poeta y musa P. 179
Sin sentido P. 180
Pájaros perdidos P. 182
Plan P. 184
Sin dudas sin ti P. 186
Algún día P. 188
Deconstruir P. 193
Hui P. 194
Vidas P. 196
Huracán P. 197
Lucidez P. 199
Océano P. 201
Deseo P. 202
Polvo P. 203
Orgullo P. 204
Permaneces P. 205
Anfibio P. 206
Piedra P. 209
Mundo imaginario P. 211
Cayendo… en el amor P. 212
Repostero P. 213
Alba P. 214
Amar a un poeta P. 215
Espejo P. 216
Narradora P. 218
Adicción P. 219
Intacto P. 220
Xántico atardecer P. 221
Versiones P. 222
Duelo P. 223
Fría soledad P. 224
Carta al amor P. 225
Gato P. 227
Banquete P. 228
Di no P. 229
Ese lugar P. 231
Palabras P. 233
Fe P. 234
Venecia P. 235
Tristeza P. 236
Hasta dónde P. 237
Estrella del norte P. 238
Dime dónde P. 239
Eres poeta P. 245
Me voy P. 246
Asombro P. 247
Risa P. 249
Llegadas P. 250
Último rap P. 251
Kintsugi P. 253
Viaje al autodescubrimiento P. 259
Tuve que morir para darle vida a mis sueños.
d.d.alma
Hoy la poesía me atraviesa, hoy otra vez voy zapateando el camino que tantas veces evité recorrer. Hoy otra vez, tú. Hoy escribo, como siempre, de adentro hacia afuera, desde ese rincón del almadonde nadie, ni siquiera yo, tengo permitido ver. Hoy otra vez la puta poesía rimando con tu nombre. Hoy comprendo que Poe escribía sarcásticas historias de amor y Borges era un visionario incurable. Que a Allende le faltó coraje para callar (como una buena chica) y que Sábato no estaba preparado para este mundo. Que Freud alucinaba y que Neruda, definitivamente, no sabía nada del amor. Hoy entiendo todo, hoy mis manos aplauden en prosa. Hoy me siento un poco poeta. Hoy te escribo otra vez... una vez más de las tantas después de haber dicho “ya basta”.
La poesía no es el trabajo acabado que muchos pueden leer, algunos comprenden y pocos descifran. La poesía es el proceso donde el artista nace y muere infinitas veces antes de esculpir sus iniciales después de la última línea.
d.d.alma
Bienvenid@, comencemos
Fama
No me gusta la fama.No quiero ver mi nombre brillando en las estrellas.Ellas ya tienen el suyo y me encanta nombrarlas.No busco aplausos de pie,prefiero acurrucarme sobre el pasto mirando la luna.Abrazos al alma, desde la distancia... abrazos.No quiero ser reconocida.Disfruto caminar escondida entre otras carashablando mi lengua y la tuya de ser necesarioNo guardo palabras no sentidas.No las entiendo cuando las leo, aunque una y otra vez lo intento.Disléxica ante la hipocresía, carezco de horizonte para escribirlas.No quiero sonrisas falsas.Quiero sonrisas con bostezo que despierten mi calma.Quiero sonrisa de niño, sincera,con chocolate entre los dientes, sin velos.Quiero TU sonrisa, aún la espero.No quiero vivir para siemprequiero ser siempre tu recuerdo.La poesía que recitas cuando duermesla foto que vigila tus desvelos.El café con historias. La historia jamás contada.No me gusta la famapor eso escribiré mi nombre siempre sobre la arena.Porque el mar sabe bien lo que quiero.Quiero ser poeta en absoluto silenciorecitando mis poemas solo sobre tu pecho.
Tal vezseanuestrocuerpo
.
Tal vezseannuestrasalmas
.
Tal vezseanambos
.
Peroestamosaquí
.
Escribiendo.
Ayer morí
Ayer morímorí de pena.Me desgarré en lágrimasme retorcí de tristeza.Una vez más carguéel peso de estar viva.Mi almaagotada,agotada de soñarperdió las fuerzas y se fuese fue lejos más allá de las estrellasdonde el sol no mira, donde nada comienza.Ayer morímorí de pena.Y hoy, después de amarnostú, feliz de que siga a tu ladoni siquiera te has dado cuenta.
Viaje
Su viaje comenzó cuando decidió morir.
Esa mañana Érika despertó temprano, el sol parecía que aún dormía, pero eso no era problema para alguien acostumbrado a los grises como ella.
El reloj despertador, como siempre, sonó mientras se duchaba, y aunque su dueña no lo necesitaba, este permanecía fiel a su mandato de cacarear como gallo a las siete de la mañana.
El atuendo elegido para ese día distaba mucho de lo acostumbrado. Los colores brillantes quedarían en el placard iluminando su interior y darían lugar al negro luto que hablaría silenciosamente de los planes, que desde hace tiempo y con mucho detalle, Érika había estado elaborando.
No podía dejar de mirarlo mientras aún dormía. La boca abierta dirigida al cielo emitiendo el ronquido patético de alguien que descansa plácidamente y sin culpas después de haber hecho lo que quiso en el nombre del amor.
Érika no podía dejar de mirarlo, no, pero tampoco podía dejar de sentir ese dolor punzante en el estómago que dolía mucho más que las nuevas heridas esparcidas por su cuerpo como gotas de lluvia. Era un dolor constante pero aceptable que la acompañaría por el resto de la jornada, un dolor que conocía bien porque no era solo físico, que aunque estaba instalado en el alma desde hacía ya demasiado tiempo, hoy se había propuesto dejar de sentir.
Terminó de vestirse intentando no hacer ningún sonido del que pudiera arrepentirse, tomó su cartera, su celular, el pendrive y bajó las escaleras con los zapatos en la mano. El café caliente le permitió dejar de temblar, no de frío sino de terror. Ahora sí, el siguiente paso que daría la llevaría a uno menos de distancia hacia su libertad. Se subió al auto y aunque costó bastante encontrar la escurridiza hendija para meter la llave, finalmente arrancó a su viejo amigo y confidente, ahora cómplice de lo que estaba por ocurrir.
El camino hacia la empresa parecía eterno, el tráfico definitivamente estaba en su contra.
Cuando finalmente llegó, sus piernas no querían obedecerla, bajar del auto se había convertido en todo un desafío.
Respiró profundo y atravesó las puertas de vidrio con su mejor sonrisa.
—Buenos días, señora Mcfate —dijo el guardia de seguridad mirándola con respeto.
—Buenos días, Juan—contestó sin poder mirarlo a la cara, aunque aun sonriendo.
Se dirigió a su oficina y se desplomó en su silla como si hubiese corrido una maratón. Después de unos segundos presionó el botón del intercomunicador y le dijo a su secretaria que convoque a todos los empleados al salón principal de reuniones pues quería notificarles algo. Diez minutos más tarde todos estaban allí, todos menos él, el gran y amado por todos señor Mcfate.
Ante la sorpresa de los invitados Érika se plantó delante de la gran pantalla que sería la encargada de contar lo que sus labios sellados habían callado durante años. Los miró a todos deteniéndose en algunas caras que eran más familiares que otras y sin decir nada dio comienzo a la función.
Rápidamente los murmullos se adueñaron del salón. Algunas lágrimas femeninas se mezclaban con medias sonrisas machistas y caras de horror. Érika sintió como su cuerpo se suspendía en el aire, pero sus pies seguían firmes y así seguirían hasta el final del video donde había quedado registrada una de las tantas golpizas que su adorado esposo le regalaba casi semanalmente junto a un ramo de flores y otras baratijas que costaban millones.
Al finalizar el video, solo el silencio parecía acompañarla, siempre el silencio, siempre lo mismo. Ella tampoco dijo mucho, tan solo levantó la cabeza lo más alto que pudo, se sacó el anillo que brillaba de soledad en su dedo y mientras lo lanzaba al suelo proclamó:
—Hoy decidí matar a Érika para nacer de nuevo.
Alma-café
Quisiera encontrarme conmigoen el mismo lugar donde me perdíen aquel lugar donde los sueños eran algo placentero de soñar.No estoy segura en qué parte me dejésobre la mesa de aquel café, quizás.Donde escribí mi nombre en una servilletaremarcando cada letra sin cesarcomo queriendo dejar constanciade que mi alma estuvo allí sentada.La servilleta junto con mi nombrey toda la poesía latiendo esa tarde,fueron a parar a la basura ¿Dónde más?Morimos. Donde mueren los sueños sin soñar.—¡Mozo! Otro café, por favor. ¡Doble!—¡Cómo no! ¿Algún tipo en especial?—Sí... el mismo de aquella tarde cuando decidíque volar era peligroso y amar tambiéncon sabor a nostalgia y a soledad, por favor,con sabor a revancha, a volver a empezar…Me pregunto por qué no tuve el corajepero la verdad, hay que ser corajudo para escuchar la respuesta.No lo soy, todavía no, aún le temotemo escuchar que fui cobardeque no me atreví a soñar, a soltar.Me aterra pensar que todo cambió.Las tazas, las mesas, la música, todo,todo menos el melancólico olor a café… y yo.
Aniversario
Fueron diez años donde nada ocurrió.
Es decir, la vida sí ocurrió. Ocurrió la familia, los hijos, los festejos, los actos en la escuela, los horarios de trabajo interminables, la cena, las pérdidas, las fotos… la entrega.
María tenía una vida considerada normal para el resto del mundo, que aparentemente lleva una vida normal también.
Todos ocupados en sus rutinas, con el tiempo apretado entre las manos. Las obligaciones que le hacen sombra a las necesidades. El cansancio del día que deja las preguntas para mañana. Así pasaron los años para María, de un día para el otro.
María era feliz, o al menos nadie se lo había preguntado últimamente, ni siquiera ella misma. Así que no había motivos para pensar lo contrario. Su vida encajaba perfectamente en la vida de los demás. La pieza perfecta del rompecabezas que no necesita más que una mirada por encima del hombro para demostrar que es la correcta.
Ese viernes era especial, no podía dejarlo pasar. Ese viernes merecía el color rojo en el calendario pegado en la heladera.
Después de dejar la casa impecable, María se preparó un café caliente, se sentó mirando el vacío a través de la ventana mientras abrazaba con sus manos aquella taza que parecía darle el calor que tanto necesitaba.
Pasaron unos minutos, no sabía cuántos en realidad, pero el café intacto y la taza dejaron de cumplir su cometido.
Finalmente, respiró profundo y tomó el celular para escribir un mensaje.
—Amor, te espero esta noche a las nueve en el lugar que te dije temprano esta mañana… ya sabes, te tengo una sorpresa.
La contestación no se hizo esperar y casi como un rayo después del relámpago, el teléfono vibró sobre la mesa. —Sí amor, allí nos vemos… ya sabes que amo las sorpresas— a lo que se continuaron una serie caritas con besitos en forma de cataratas de un lado y del otro.
Terminado el pacto de encuentro, María comenzó a prepararse. No necesitaba muchas horas para lograrlo. Era bella, naturalmente bella, a pesar del tiempo que había hecho lo suyo como debía. Pero María no era consciente, nadie lo había puesto en palabras por años y ya hacía mucho que había descubierto que quien le contestaba desde el espejo, era ella misma.
Tomó un baño relajante, y mientras esperaba que su cabello secara, se pintó las uñas mientras escuchaba su canción favorita. Nada romántico, por cierto, el heavy metal no coincidía con su aspecto delicado de madre trabajadora, ni mucho menos con su profesión, pero no era algo de importancia en sus cualidades ni provocaba asombro si lo escuchaba en soledad.
Había comprado un vestido bonito, pues la ocasión lo merecía. Uno rojo, aquel que tantas veces había dejado pasar por pudor, porque el rojo es el color de la pasión…
Intentó maquillarse lo mejor que pudo, había perdido el hábito entre otras cosas, pero se sintió satisfecha del resultado final. Sin embargo, no pudo evitar las lágrimas, que sin ningún control atentaban contra tanto trabajo.
Finalmente, ya lista, salió a su encuentro. Solo faltaba la cartera, las llaves del auto y por supuesto, aquel cupido electrónico que guardaba tantos secretos.
Llegó al restaurante quince minutos antes y se sentó nerviosa a la mesa que había reservado. Cuando el mozo le trajo la copa de vino, le aclaró que estaba esperando a alguien más.
Tan solo dos minutos más tarde vio entrar una pareja enamorada, tomados de la mano, riendo a carcajadas, tal cual como hace la vida a veces en nuestra cara. Y casi sin querer escuchó que ella decía: —¡Vamos! No me mientas…
—Te juro que no fui yo —aseguraba él sonriendo, aunque aún sin entender—. Yo solo vine porque encontré tu nota en el bolsillo de mi saco.
Se sentaron sin soltarse jamás de las manos ni dejar de mirarse a los ojos. Tanto se miraban que Juan ni siquiera notó a María parada a su lado, como perdida, absorta en aquella risa y aquella mirada que alguna vez habían sido para ella.
Y así, sin demasiado ruido, así como había llegado, María dejó el celular sobre la mesa y le dijo a su esposo: —Aquí tienes amor, lo olvidaste anoche sobre el sillón… feliz aniversario.
Inspirado en Pablo Neruda …y su amor por Matilde
El tiempo pasa y yo sigo aquí buscando respuestas. Quiero saber por qué el mar empapa mi alma de nostalgia ahogándome con su furia y su calma. Quiero saber por qué mi pluma me despierta por las noches convirtiendo mi almohada en papel y mi sudor en poema. Quiero saber por qué su pelo recorre siempre el mismo camino sobre su frente y me obliga a tocarlo una y otra vez mientras duerme. Por qué su voz de sirena me cautiva aun desde la tierra y sus curvas son más peligrosas con los años. Quiero saber por qué no tengo más tiempo para amarla, por qué los amaneceres ya no alcanzan…Quiero saber por qué aún sigo aquí preguntando.
Aquella ventana
Aquella ventana se había convertido en el rincón favorito.
Luis sentía que casi podía ponerle nombre. Sí. Sin ninguna duda le pondría Lucía.
«¡Qué bello nombre!». Pensaba, mientras la miraba con ojos enamorados. «¡Qué bella mujer!». Palpitaba en silencio su corazón. «¡Cómo quisiera que me mire!». Suspiraba su alma.
Así cada mañana, así cada tarde, así cada noche. Así cada vez que Lucía aparecía en aquella ventana. Así su cuer
