Generaciones - Lucille Clifton - E-Book

Generaciones E-Book

Lucille Clifton

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Beschreibung

«No quería que te murieses, papi. Siempre decías que te nos aparecerías si te morías».   Tras la muerte de su padre, la poeta Lucille Clifton comienza a desempolvar conversaciones, álbumes de fotos, recuerdos propios y ajenos para reconstruir la historia de su familia, los Sayles, descendientes de feroces amazonas guerreras, las mujeres dahomeyanas. Sus páginas invocan, entre otros, a mamá Ca'line, que con ocho años caminó desde Nueva Orleans hasta Virginia y acabó vendida como esclava; a Lucy, la primera mujer negra juzgada y ahorcada legalmente en Virginia por matar a un hombre blanco; a Genie, un huérfano salvaje de piel canela a los que todos tildaban de loco.  Generaciones es un relato sobre esclavitud, pero también un luminoso canto de amor a los que nos preceden. El formidable don poético de la autora emerge aquí en prosa para brindarnos unas memorias de una belleza impactante y austera que ya son una pieza clave de la literatura afroamericana. En palabras de Toni Morrison, la obra de Clifton es «seductora porque tiene la sencillez de un átomo, es decir, tremendamente compleja, explosiva bajo su aparente quietud». «De los grandes poetas cuyos poemas son afines a los de Clifton, pienso en Emily Dickinson; a la intensa compresión de Dickinson, Clifton añade una conciencia histórica explícita». —The New Yorker «Para aquellos a quienes su historia les fue arrebatada por medio de la violencia, esta es una proclamación de fuerza y resistencia». —LA Times «Increíblemente honesta, poseedora de esa lucidez que es connatural a los poetas». —Toni Morrison  

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Seitenzahl: 67

Veröffentlichungsjahr: 2023

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© Lucille Clifton, 1976

First published as a New York Review Books Classic in 2021. Reprinted by arrangement with The Permissions Company, LLC on behalf of BOA Editions, Ltd. All rights reserved. / Publicado por primera vez en New York Review Books Classic en 2021. Publicado mediante acuerdo con The Permissions Company, LLC en nombre de BOA Editions, Ltd. Todos los derechos reservados.

© de esta edición, Editorial Tránsito, 2023

© de la traducción, Laura Salas Rodríguez, 2022

© de la introducción: Tracy K. Smith, 2021

DISEÑO DE COLECCIÓN: © Donna Salama

DISEÑO DE CUBIERTA: © Donna Salama

FOTOGRAFÍAS: cortesía de la autora

FOTOGRAFÍA DE SOLAPA: © Rachel Eliza Griffiths

IMPRESIÓN: KADMOS

Impreso en España – Printed in Spain

IBIC: FA

ISBN: 978-84-126039-5-8eISBN: 978-84-126528-7-1

DEPÓSITO LEGAL: M-29983-2022

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GENERACIONES

lucille clifton

traducido por Laura Salas Rodríguez

Contenido

Introducción

Generaciones

CAROLINE E HIJO

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

LUCY

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

GENE

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

SAMUEL

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

THELMA

Capítulo 1

Introducción

¿Cuál es nuestra relación con la historia? ¿Le pertenecemos, o nos pertenece? ¿Nos hallamos en su interior? ¿Corre por nuestras venas y fluye como agua, o como sangre?

Creo que, al menos en Estados Unidos, las respuestas a esas preguntas dependen de quién eres —o, mejor dicho, de quién te han enseñado a creer que eres—. Si la historia de la que desciendes ha sido trazada, adaptada, mitologizada, representada y transmitida como si fuese la historia central que define un continente, quizás haya que perdonarte (hasta cierto punto) por haber sucumbido a una distorsión colectiva.

Pero ¿qué ocurre si procedes de una historia que el mundo en general ha registrado, no como vidas y hazañas, sino como artículos de inventario? Hombres, mujeres, niños, enumerados según su edad y su valor como propiedad. ¿Qué ocurre si la amplitud de esas vidas —lo que soportaron, sí, pero también lo que engendraron, recordaron, presenciaron y consiguieron— ha sido acallado, negado, tachado, o directamente borrado? ¿Qué ocurre si recuperar tu historia completa arroja una luz descarnada sobre la mentira de esa otra historia, más ruidosa?

Eso es: luz. Ha tardado tres párrafos en irrumpir como metáfora, a pesar de que recorre la obra de Lucille Clifton como una fuerza vital. La luz viene a ella. La luz habla. La luz emana de las figuras de la historia y el mito, como Lucifer —«el que trae la luz» a Dios—, a quien Clifton reivindica como tocayo y a quien hace declarar en su poema:

iluminar podía

de modo

que iluminé

Si lo que pretende difundir la obra de Clifton es luz, entonces me inclino a pensar que la historia, tal como nos vemos condicionados a aceptarla, no se refracta, es homogénea y, además, deslumbrantemente blanca. En cambio, la imaginación de Clifton es prismática; ralentiza la historia central para que podamos ver de qué está hecha en realidad: todos esos colores resplandecientes se mueven en diferentes frecuencias y, según las circunstancias, en direcciones distintas.

En Generaciones, sus memorias poéticas en prosa, una epopeya emocional de poético laconismo publicada en 1976, Clifton, con ocasión del funeral de su padre, da fe de las vidas vividas y de las marcas que dejaron las generaciones de personas de las que desciende. Al principio son nombres, fechas y lugares. Como Caroline Donald —mamá Ca’line—, «nacida libre en el seno del pueblo dahomeyano en 1822 y muerta libre en Bedford (Virginia) en 1910». Reinscribir esas vidas en una historia registrada es devolver la propia historia a un justo estado de conmoción.

Una vez nombrados, los parientes no llegan de uno en uno sino en masa, revividos a través del ritmo y la inflexión de las voces, como la del propio padre de Clifton, Sam Sayles, en cuyo ritmo vernáculo mamá Ca’line no aparece tanto descrita como conjurada:

Ajá, era alta y flaca, y caminaba más tiesa que un soldado, Lue. Tiesa como si estuviera en un desfile, fuese donde fuese. ¡Y hablaba con acento de Oxford! No estoy de broma. Que nadie te diga que los mayores eran ignorantes. Hablaba como si fuese de Londres, de Inglaterra, y cuando los niños nos poníamos a correr, a dar vueltas y a chillar, se acercaba a la puerta, me miraba a los ojos, movía el dedo y decía «¡Para ahora mismo, caballerete, esto no es el manicomio de Bedlam!». ¡Con acento de Oxford, Lue! Era una señora mayor, oscura y flaca, que había criado a mi padre y luego me crio a mí, al menos hasta que tuve ocho años, porque entonces se murió.

En los «ajá» y los «Lue» de Sayles, así como en sus exclamaciones y en su insistencia, oigo algo que no es solo expresivo, sino más bien jubiloso y —con toda seguridad— oracular. Está inmerso en el proceso no solo de narrar, sino de crear y consagrar la capacidad de creer y comprender tanto en su hija como —si escuchamos con atención— en los lectores de su hija. El pasaje citado transita plácidamente hacia el siguiente momento de amplitud creciente, cuando el padre de Clifton nos cuenta que, con ocho años de edad, mamá Ca’line «caminó hacia el norte, desde Nueva Orleans a Virginia, en 1830», donde la vendieron y la separaron de su familia:

Recuerdo todo lo que me contó, porque, claro, cuando tienes esa edad eres lo suficientemente mayor para recordar las cosas. Recuerdo todo lo que me contó, Lue, aunque se muriese cuando yo tenía ocho años. Y además sabía de qué se acordaba porque esa era la edad que tenía ella cuando llegó aquí. Ocho años.

La profundidad de los sentimientos, saberes y pérdidas de mamá Ca’line —en otras palabras, la realidad de su persona— afirmaba la realidad del propio Sam Sayles y a su vez se veía afirmada por ella. En tanto que niño afligido, él encontraba profundidad de sentimientos y saberes, o la generaba, a través de lo que él creía que mamá Ca’line, presa de su propia aflicción, había tenido que encontrar o generar.

Estas son las vidas que la historia dominante de Estados Unidos, tal como la definen las ideas y aspiraciones de la identidad blanca, ha dejado caer en la sombra. Para favorecer su imagen preferida, Estados Unidos ha dejado estas historias abandonadas, sin nombre, como las tumbas de los esclavos en las tierras transmitidas de generación en generación de blancos. Una de las mayores contribuciones de la escritura de Clifton es que desenreda estas vidas y les permite ocupar el debido espacio, atraer toda nuestra atención, enseñarnos cosas sobre sí mismas y sobre nosotros.

Pero no basta con desenredar, con separar y dividir. El propósito de Clifton es enseñarnos a ver que, de hecho, avanzamos juntos y que, de hecho, somos parte de un todo mayor. Si ese todo está unido, la unidad no es lo que nos han enseñado a creer; no es conformidad, ni asimilación, ni una jerarquía reforzada. Tampoco se trata de una simple huida. ¿Cuál es, entonces, la visión de Estados Unidos que Clifton pretende iluminar?

Cuando se coloca un prisma junto a otro, todos los colores diferentes —rojo, naranja, amarillo y demás— se unen, y juntos empiezan a moverse en otra dirección.

Hay algo más que quiero pedirles que tengan en consideración, mientras se pierden y quizás se encuentran en las generaciones de la familia Clifton. Me parece significativo el hecho de que se invoque la voz de Walt Whitman junto con la poesía cotidiana sacada de las bocas de los ancestros de Clifton. En este contexto, el «Canto a mí mismo» de Whitman ya no es una música estadounidense familiar, sino una invitación a reconfigurarse a uno mismo de forma radical. En otras palabras, cuando se coloca el «Me canto a mí mismo, / Y lo que yo acepto tú lo aceptarás, / Pues cada átomo de mí también es parte de ti» junto a un retrato del abuelo y la bisabuela de Clifton, lo que se me da a entender es esto: aquí en Estados Unidos, y quizás en todos sitios,