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Nuestro mundo es cada vez más complejo, se encuentra tensionado por dos fuerzas: una globalizadora, que impone una uniformidad, y otra donde la diversidad, por voz de sus colectivos, reivindica su presencia, visibilización y derechos. En este libro no aventuramos el futuro, sino que abordamos las herramientas y estrategias para el presente. El gran reto de hoy es alcanzar la convivencia. Para ello debemos entender los conflictos, saber cómo gestionarlos, qué herramientas individuales y colectivas podemos implementar, y, por último, tomar perspectiva sobre sus efectos en el conjunto de la sociedad: la migración, la igualdad entre sexos, los modelos territoriales, cómo abordar el hecho religioso. De este modo, a lo largo de cuatro capítulos recogemos numerosas herramientas, ejemplos de casos y reflexiones aplicables a todos los ámbitos en los que convivimos: nuestro interior, la pareja, el hogar, la familia, el trabajo y la sociedad.
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Seitenzahl: 386
Veröffentlichungsjahr: 2021
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Colección Horizontes
Título: Gestión de la convivencia
Primera edición (papel): enero de 2021
Primera edición (epub): febrero de 2020
© Jorge Ruiz-Ruiz, David Pérez-Jorge, Luis A. García García, Giorgia Lorenzetti
© De esta edición: Ediciones OCTAEDRO, S. L. C/ Bailén, 5 – 08010 Barcelona Tel.: 93 246 40 02 http: www.octaedro.com e-mail: [email protected]
Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.
ISBN (papel): 978-84-18348-45-7
ISBN (epub): 978-84-18348-46-4
Diseño y producción: Octaedro Editorial
Sumario
Introducción
1. Entender el conflicto
2. Estrategias de gestión emocional y control del estrés
3. Habilidades
4. Convivencia social
Introducción
A la convivencia le pasa como a la inteligencia o la creatividad: todos y todas sabemos a qué nos referimos, pero si nos piden una definición, empiezan las discrepancias.
Esto ocurre porque son constructos; por tanto, son acuerdos que realizamos, no entidades tangibles, estables y eternas. No son elementos fijos como las piedras; la creatividad o la convivencia son construcciones de ideas.
Para aproximarnos a esta idea compleja podemos tomar como referencia las palabras de Morán (1999), que habla de concepto fronterizo. La investigadora enunció que la cultura política se «ubica en la intersección de, al menos, cinco disciplinas: la sociología, la ciencia política, la antropología, la psicología y la historia» (p. 99).
Esta misma ubicación es válida para situar la convivencia. Es un constructo que se levanta sobre estas cinco disciplinas y, por ello, a lo largo del presente texto, caminaremos entre ellas.
La convivencia es siempre dinámica, cambiante, como un fluido. Es complejo y sencillo al mismo tiempo. Pensemos en un río. Si comenzamos a describir un río como un contexto donde hay millones de gotas de agua que chocan contra piedras de diferente tamaño, que las erosiona, pero a la vez alberga vida y es imprescindible para el resto de animales que viven cerca de él, parecerá que es algo sumamente complejo de entender. Sin embargo, cualquier niño o niña entiende a qué nos referimos si mencionamos la palabra río.
La convivencia es el río y a lo largo de este libro abordaremos los elementos que hay en él (las piedras, la arena, el agua, etc.). Hablar de convivencia supone hablar de un entorno complejo, con muchos aspectos en interacción. Un río..., pero no de agua, sino de personas. Un río social.
1
Entender el conflicto
1.1. Introducción
Las personas formamos parte de múltiples grupos: familiares, de trabajo, religiosos, de aficiones, etc. Todos estos grupos conformamos la sociedad. Esta funciona debido a innumerables acuerdos y pactos, implícitos y explícitos, entre las partes. Implícitos: los usos y costumbres; explícitos: los acuerdos que se ponen por escrito, fruto no de la tradición, sino de reflexiones y negociaciones. Son estos últimos los que conforman un marco de convivencia.
En este libro te invitamos a reflexionar con frecuencia, y vamos a empezar ya con una cuestión que nos va a visitar en diferentes ocasiones: ¿qué diferencia hay entre las palabras legitimidad y legalidad?
La legitimidad de un argumento, de una postura, responde al juicio ético que lo respalda. La legalidad es algo más sencillo: legal es aquello que está conforme a un texto o una norma que han sido aprobados por quien detente el poder. En este punto es muy interesante la reflexión de Marx (1976): «Entre derechos iguales y contrarios, decide la fuerza» (p. 180). Para Marx, por tanto, la legalidad es arbitraria, depende de quién detente el poder en ese momento; en consecuencia, no habría necesidad de hablar de legitimidad. Un ejemplo claro se ve en el vaivén de leyes educativas españolas: con cada cambio de Gobierno, cambia la Ley de Educación.
¿Por qué es necesario saber distinguir entre legal y legítimo? No solo los marxistas, también la democracia y, por supuesto, dictaduras de otro corte se han impuesto por la fuerza, han logrado la legitimidad por la victoria de la fuerza. Pero una vez constituido un régimen, también es posible el cambio (unos cambios dentro de unos límites que el régimen impone), y es aquí donde entra en juego la legitimidad. Esta, así como la participación constituyen poderes blandos1 y, por tanto, permiten cambios de poder paulatinos sin necesidad de un cambio brusco (que implica un ejercicio de poder duro que lleva a un cambio de régimen2 de convivencia).
Decimos que la convivencia es fluida no en el sentido posmoderno de Bauman (2005), sino como metáfora de la continua reestructuración entre las relaciones de las personas que conforman un conjunto. Estas pueden ser de muchos tipos: afectivas, laborales, familiares, asociativas o según los roles que desarrollan, pero también pueden ser relaciones de poder (Foucault, 1978) que se producen entre personas o grupos de personas, y esto es el origen de un conflicto eterno: las personas en posición de privilegio maniobrarán para, a pesar de la reestructuración relacional del conjunto, no perder dicho estatus.
Esta realidad quedó reflejada en la obra El gatopardo (Tomasi di Lampedusa, 1958), que se resume en la máxima: «Cambiarlo todo para que nada cambie».
Es una cadena de hechos inevitables: la convivencia implica reestructuración social y, al producirse, surgen conflictos. Por ello dedicamos este primer capítulo a los conflictos, su desarrollo y formas de resolución.
1.1.1. Definición de conflicto
Entre las múltiples definiciones propuestas seleccionamos la de Fernández-Ríos (1985) por su amplitud. Este autor estima que la presencia de los siguientes elementos es necesaria para poder identificar una situación como conflicto:
• Hay interacción entre dos o más partes.
• Las partes perciben que sus metas son incompatibles.
• Existe intencionalidad de perjudicar o interferir en las otras partes.
• Hay una utilización del poder de forma directa o indirecta, entendiéndose por poder el intento de influir en las otras partes.
• Hay transgresión de las normas de interacción previas en el contexto.
1.1.2. Tipologías
Ocurre del mismo modo con las taxonomías. Seleccionamos la de Moore (1995) por idéntica razón.
Tiposdeconflicto
Fuente
De información
Falta de información, información errónea o falsa, interpretación o percepción distinta de la información por cada una de las partes.
De intereses
Intereses percibidos como incompatibles.
De relaciones
Dificultad en las relaciones interpersonales: emociones intensas, percepciones erróneas y estereotipos, comunicación defectuosa.
De valores
Diferentes criterios de evaluación de las ideas y del comportamiento, diferente ideología, moral o religión.
Debidos a aspectos estructurales
Desigualdad de autoridad, de control, de propiedad o de recursos. Factores físicos, geográficos o ambientales que impiden la cooperación.
Fuente: Moore (1995)
1.1.3. La dinámica del conflicto
El desarrollo de los conflictos sigue un patrón. Se identifican dos elementos esenciales: se suceden en fases o etapas y son cíclicas. Veamos las fases.
•I. Fase preconflictual: Está formada por el conjunto de factores antecedentes organizacionales, individuales (autoritarismo, estado de la autoestima, estilos personales, fuerza de los estereotipos, atribuciones, orientación hacia la afiliación...), grupales (grado de cohesión grupal, etnocentrismo, amenaza percibida, presión identitaria, cultura, estilo de liderazgo...) e intergrupales (escasez de recursos, valores incompatibles, historia de conflictos o incompatibilidades, injusticia percibida...), que van a propiciar una situación conflictiva en un momento futuro.
•II. Fase conflictual o de conflicto latente: En esta fase se dan dos procesos: por un lado, la conceptualización o identificación de las partes que van a protagonizar el conflicto y, por otro, los objetos, las metas o conductas percibidas como incompatibles. Además, tiene lugar el proceso de escalamiento o escalada del conflicto. Esquemáticamente, este proceso se compone por: aumento del número y magnitud de temas en disputa, amplificación de la hostilidad, incremento de la competitividad, persecución de demandas u objetivos extremos, transición de problemas específicos a problemas generales, progresión en la utilización de tácticas coercitivas, disminución de la confianza mutua y ampliación del número de personas implicadas. Este proceso de escalamiento es una danza entre las partes enfrentadas, donde aumenta la tensión y se incrementan las amenazas y hostilidades. Las emociones de las partes implicadas se van situando fuera de control, crece el número de individuos que se van involucrando, se acrecienta el grado de coerción y el conflicto se extiende y se traslada a otros ámbitos. Un ejemplo clásico de escalada fue la Guerra Fría. Inmediatamente, tras derrotar a la Alemania nazi, las potencias vencedoras, Estados Unidos y la Unión Soviética, iniciaron una escalada que se materializó en el enfrentamiento en guerras indirectas, como Corea y Vietnam, la carrera espacial, la carrera de armamentos o las competiciones deportivas.
•III. Fase de desencadenamiento del conflicto: Cuando ya se ha producido la identificación de las partes y de los objetivos incompatibles, cuando ya se ha experimentado la escalada del conflicto, un acontecimiento no necesariamente relevante se puede convertir en un desencadenante y propiciar la aparición del conflicto manifiesto.
•IV. Fase de conflicto manifiesto: Cada parte involucrada utiliza su poder (entendido como el intento de influencia en la otra parte) transgrediendo las normas establecidas en el contexto compartido. En este momento se producen las hostilidades, la injerencia o la agresión.
•V. Fase de resolución del conflicto: Las partes cesan su ejercicio de poder y transgresión de normas. A esta fase se llega por medio de diferentes estrategias o por la derrota total de una de las partes. Blake y Mouton (1964) determinan cinco diferentes estrategias generales de resolución de conflictos en función de dos dimensiones: una, la preocupación por los intereses propios, y otra, la preocupación por los intereses ajenos.
Figura 1. Estrategias de resolución de conflictos. Elaboración propia a partir de Blake y Mouton (1964).
Alzate (1998) redefine el modelo: denomina a la dimensión vertical importancia de la relación y a la horizontal, importancia del resultado.
1.2. Análisis del conflicto
Los conflictos han sido abordados desde diferentes perspectivas. Cada una de ellas ha dado lugar a una forma de análisis.
A continuación, vamos a dedicar unas líneas a estos diferentes enfoques para que, si lo deseas, puedas seguir indagando por tu cuenta.
1.2.1. Teorías funcionalistas
Existe un grupo de teorías similares de origen estadounidense que llegan hasta la mitad del pasado siglo XX. Algunos de sus más prestigiosos autores han sido Parsons, Barnard, Merton o Mayo.
La clave está en cómo entienden la sociedad; la ven como un conjunto formado por una estructura relativamente estable de elementos interdependientes, donde cada componente social cuenta con una función y contribuye así a la estabilidad. Se comparten unos valores entre todos los elementos de la estructura. Según Mayo (1949), la sociedad «es una organización equilibrada entre los distintos partícipes de la organización, de modo que el fin perseguido, que es la razón de ser del todo, pueda ser logrado cómoda y continuamente» (p. 45). Es decir, ven la sociedad como un complejo mecanismo, como el engranaje de un reloj. Los conflictos son desajustes en ese sofisticado sistema de piezas. Se resuelven mediante ajustes y reparaciones de los problemas que se van percibiendo. Son cuestiones puntuales fácilmente resolubles.
Es una lectura mecanicista de la sociedad, una proyección que hace una sociedad industrial al mirarse al espejo: se ve a sí misma como un sistema industrial, como una máquina con multitud de pequeñas piezas que forman un todo. Reflexionando, es una visión legitimadora de los estratos sociales: diferentes agentes sociales, con diferentes roles, con los mismos valores compartidos.
Desde esta teoría, la educación y la formación desempeñan un papel fundamental en la corrección y adecuación de las actitudes y comportamientos humanos (Touzard, 1981). El británico Aldous Huxley escribió en 1932 Un mundo feliz, donde realizaba una profunda crítica a esta idea.
1.2.2. La teoría marxista
Esta teoría surge en el mismo contexto de la Revolución industrial. Realizada por el economista alemán Karl Marx, es una teoría opuesta a la de sus coetáneos estadounidenses.
Para Marx, la dinámica social es fruto de la lucha de clases. Estas se dividen en: trabajadores asalariados, capitalistas y terratenientes. La diferencia entre clases estriba en la distinta relación con la propiedad de los medios de producción. Quienes poseen los medios también poseen el poder político e intelectual, lo que conduce a diferencias en las formas de pensar y en las actitudes. En otras palabras, la visión marxista consiste en describir los elementos que, en su opinión, forman la etapa preconflictual y van a explicar el conflicto social posterior.
1.2.3. La teoría sociológica
La teoría sociológica ha sido formulada por sociólogos como Dahrendorf (1959), que rechazan las posiciones funcionalistas y están más cercanos a la visión de Marx: sin centrarse exclusivamente en los problemas económicos y materiales, coinciden en señalar la desigualdad como origen de los conflictos.
Definen el conflicto en función de la discrepancia de valores, «una situación en la que coexisten, entre seres humanos, unos fines o unos valores inconciliables o exclusivos unos de otros» (Touzard, 1981, p. 40).
La visión sociológica entiende el conflicto como instrumento para alcanzar un fin, lo cual da pie a elaborar estrategias y tácticas. Ya no es percibida como un producto indeseado, fruto de un error de diseño; ahora es un medio más para lograr un objetivo que de otro modo no sería alcanzable. Este enfoque aporta una conclusión realmente interesante: el conflicto es una conducta racional y voluntaria, aunque pueden –y de hecho así ocurre– interferir ciertos elementos irracionales. Del mismo modo, pasa a ser un aspecto normal y natural en las relaciones sociales, por lo que se elimina su estigma y permite un estudio racional.
Un ejemplo de las virtudes que puede ofrecer el conflicto fue aportado por Coser (1956), para quien los conflictos sociales suponen dinamización social: induce a la renovación y al cambio, revitaliza la creatividad colectiva, cuestiona valores, normas e intereses de la sociedad, y alienta la lucha por el poder y por la igualdad de oportunidades.
Posteriormente, Dunn (1996) coincide en interpretar el conflicto social como elemento necesario para el cambio social. Desarrolla la idea de que no existe la evolución social, solo la revolución. Para este autor, los avances sociales no se conceden desde los gobiernos, sino que los conquista la ciudadanía.
Touraine (1973) da un paso más allá de Dahrendorf y Coser. Sostiene que el conflicto social no solo es motor del cambio social, sino de la creación continua de la sociedad.
Para Coser (1967), los conflictos sociales implican las cuatro consecuencias que vemos a continuación.
Por una parte, refuerzan la identidad de los grupos enfrentados («Yo y mi país contra el mundo, yo y mi tribu contra mi país, yo y mi familia contra mi tribu, yo y mi hermano contra mi familia, yo contra mi hermano», expresa un proverbio afgano).
Por otra parte, refuerzan la cohesión interna de los grupos en conflicto, salvo que en el momento del desencadenante no exista un consenso fundamental; es decir, si no existe enemigo hay que inventarlo, porque ello cohesiona al endogrupo e incluso justifica su propia razón de ser. Es la idea de mantener una «guerra eterna» o un permanente estado de conflicto, ya que solo así la población aceptaría las condiciones sociales que vive. Esta estrategia ha sido desarrollada largamente en la literatura distópica, como en 1984, de George Orwell, o La guerra interminable, de Joe Haldeman. El estado de alerta permanente imperaba en EE.UU. y la URSS en la Guerra Fría. Acabada esta, se busca un nuevo enemigo. Ahora Occidente teme en todo momento al terrorismo. Es el «propiciar la cohesión social por medio de la guerra contra un enemigo exterior» que ya expresaba Maquiavelo en 1531.
Asimismo, aproximan a los beligerantes. El hecho de vivir un conflicto implica la apertura de canales de comunicación e interacción que pueden propiciar nuevos escenarios. Una estrategia clásica y éticamente cuestionable es crear un conflicto para, una vez resuelto, haber logrado un acercamiento que antes era imposible.
Y, por último, determinan un equilibrio de poder. Los conflictos pueden ser en ocasiones la única manera de ensayar y mostrar a la otra parte la fuerza de la que se dispone. Un ejemplo de ello es cuando, en el trascurso de unas negociaciones que van por buen camino, se convoca una concentración. El objetivo es mostrar el músculo del que se dispone.
1.2.4. Teorías psicosociales
Dejamos la sociología y nos adentramos en nuestra área de conocimiento: la psicología. Vamos a describir dos teorías: la TIS (teoría de la identidad social) y la TRC (teoría realista del conflicto).
Nos situamos primero en la teoría de la categorización social (Tajfel, 1975), que explica el mecanismo de percepción de los demás mediante tres procesos psicosociales: la comparación, la identificación y la asignación a categorías sociales. Estas categorías pueden ser elaboradas por el propio individuo o pueden ser aprendidas culturalmente. Son estructuras arquetípicas que producen el efecto de ilusión de similitud entre los miembros de esa categoría, es decir, estereotipos. Si no existe una crítica interna a este proceso clasificatorio, se produce la interiorización de estas creencias; de este modo, pasan a ser realidades subjetivas.
Figura 2. Mecanismo de categorización, acentuación de las diferencias, estereotipación y polarización (Blanco, Caballero y De la Corte, 2005).
Fruto de esta visión irracional y polarizada donde las personas pertenecen a categorías rígidas y estables, ocurre el error fundamental de atribución (Ross, 1977), que explica que las personas tienden a considerar que el comportamiento de los otros es debido a razones internas y no contextuales. Con estos elementos, Tajfel explica su teoría de la identidad social: el conflicto se deriva de las actitudes originadas en la polarización, los estereotipos y los prejuicios; los cuales se inician en los procesos de categorización y comparación sociales.
En matizaciones posteriores sobre la TIS se distingue entre el favoritismo endogrupal y el rechazo al sentir favoritismo por los miembros de la misma comunidad, que no implica necesariamente el rechazo a las personas foráneas. La TIS reformula la hipótesis clásica del etnocentrismo del sociólogo estadounidense Sumner (Blanco et al., 2005), que explica la tendencia a percibir y definir el mundo social alrededor del propio grupo, y describe la realidad como una contraposición entre nosotros y ellos.
¿Cuándo existe el rechazo al extranjero? Siguiendo a Hewstone (2002) y sus colaboradores, la respuesta está en la presencia de emociones negativas como el odio, el miedo o la repulsa en las relaciones intergrupales.
A diferencia de la TIS, la teoría realista del conflicto (TRC) explica las actitudes negativas hacia los exogrupos de otra forma: no se deben a los prejuicios, sino a la competencia por recursos. Las actitudes y comportamientos son un reflejo de los intereses que persiguen los grupos (Sherif, 1967).
En su formulación inicial, la TRC postula que la eliminación de las malas actitudes y conductas derivadas de la competencia por recursos solo cesarán con la finalización del conflicto. Es una visión negativa de los conflictos. Sin embargo, como vimos antes, para Dahrendorf el conflicto es una consecuencia inevitable de la sociedad e incluso de la propia vida (Blanco et al., 2005); actualmente, se emplea esta concepción en las ciencias sociales.
Tanto la TRC como la perspectiva sociológica señalan el conflicto como un instrumento para lograr intereses. Así pues, en todo conflicto siempre hay alguien o algunos que ganan algo. Es una visión revolucionaria, porque destruye los discursos oficiales de las partes en conflictos e invita a estudiar qué hay detrás de cada enfrentamiento.
De aquí podemos extraer dos conclusiones:
• El desarrollo de los conflictos va a depender de la estructura en la que estos se despliegan. Esto es, la teoría de juegos.
• El discurso oficial oculta el verdadero objeto de interés. A entender esto nos ayuda el enfoque emic/etic.
Teoría antropológica emic y etic
El antropólogo Marvin Harris (1985) rescató los términos emic y etic propuestos por el lingüista Kenneth Lee Pike, extractos de las palabras phonemic y phonetic.
Harris viajó a India para realizar un trabajo de campo. Observó allí que las vacas pastaban libremente por el pueblo y que las personas sufrían fuertes necesidades alimenticias. Al preguntar por esta situación, le respondieron que las vacas eran sagradas. Continuó observando y vio que, aunque sagradas, se las ordeñaba y de su leche se obtenían múltiples productos. ¿Cómo se convence a miles de personas malnutridas de que no acaben con la fuente de lácteos? El emic –lo que se dice, la versión oficial– es: «Son seres sagrados». El etic –lo que se oculta, el verdadero interés– es: «Hay que proteger la fuente de lácteos».
Las narraciones cuentan con dos dimensiones: emic y etic. Volvamos a la TRC y su concepción de los conflictos como medio para lograr un objetivo: La parte que desencadena el conflicto emite un discurso oficial, un emic; sin embargo, al reflexionar y analizar el relato y los datos, es posible desenmascarar el etic: el verdadero interés oculto que realmente está explicando el conflicto.
Teoría de juegos (TJ)
Blanco et al. (2005) definen la teoría de juegos como un enfoque para representar situaciones de conflicto donde existe una incompatibilidad absoluta entre los intereses de las partes mediante un juego. Las personas o los grupos de personas pueden elegir entre competir o cooperar cuando la incompatibilidad es parcial y no total. La TJ predice que el comportamiento depende de la estructura donde este se desarrolla.
De nuevo la Guerra Fría sirve como ejemplo: Ambas partes deseaban incrementar su poder con respecto a la otra, pero si ambas hubieran competido, habría escalado el conflicto, con el riesgo de ser inevitable un enfrentamiento directo con armas nucleares, lo que hubiera provocado una destrucción mutua. No hubiera ganado ninguno. Por lo tanto, se vieron obligados a competir de otros modos.
Los juegos de suma cero están diseñados sobre esta lógica: la estructura de las normas hace que no sea posible ganar en el juego mediante la lucha directa con los demás.
Echemos un vistazo a los juegos de mesa. En los clásicos ajedrez, parchís, Monopoly o Risk no se necesita la colaboración de los demás para ganar. Sin embargo, en los llamados eurojuegos, como Los Colonos de Catán o Carcassone, es imprescindible colaborar con los otros jugadores para vencer.
El ejemplo paradigmático de la teoría de juegos es el dilema del prisionero: Dos sospechosos de un crimen son encarcelados por separado; a cada uno se le plantean las siguientes premisas:
a) Si tú confiesas y el otro no, él pasará 10 años en la cárcel y tú quedarás libre. Lo mismo en caso contrario: si no confiesas, pero el otro sí, él quedará libre y tú irás 10 años a la cárcel.
b) Si ambos confesáis, iréis 6 años a la cárcel.
c) Si ninguno confiesa, no habrá pruebas, y pasaréis un año en prisión.
¿Cómo se comportan las personas ante este dilema? Desde el punto de vista racional, la opción más rentable es no confesar. Sin embargo, cualquier persona inmersa en esta tesitura, tras razonar las diferentes posibilidades, llega a la conclusión de que, si no confiesa, deja su destino en manos de la decisión de la otra persona. Expresado de otro modo: «Si confieso, mi situación no puede empeorar sea cual sea la decisión del otro; es más, solo puede mejorar. Pero si no confieso, mi situación sí puede empeorar según las decisiones de otra persona».
Las normas de la negociación –la estructura del juego– implica que se perciba como la mejor decisión confesar, que es justo lo que desea quien diseña la situación, el escenario..., el conflicto. De nuevo volvemos a la TRC y la visión sociológica: un conflicto puede ser diseñado artificialmente para que las personas que se ven inmersas en él actúen condicionadas por la teoría de juegos: pensar que se actúa libremente, maximizando su interés personal, pero, en realidad, haciendo ganar a quien diseña el juego.
Es aquí donde se critica alguna de las conclusiones de Focault (1978) y sus relaciones de poder dentro de un sistema (juego): obvia a quien diseña las normas del juego. De modo que al centrar la atención en las pequeñas relaciones de poder que se dan entre miembros de un conjunto, se alejan de la posibilidad real de solucionar el conflicto, pues se desatiende a quien diseña el sistema. Un aforismo popular dice que en un tarro pueden coexistir hormigas rojas y negras, pero si se agita el tarro con violencia, las hormigas pasarán a atacarse unas a otras, cuando el verdadero enemigo es quien agita el tarro. Centrar la atención en las relaciones de poder de unas hormigas sobre otras es dejar de atender –y por tanto, imposibilitar cualquier acción– contra la mano que agita el tarro.
1.3. Metodología CAT para analizar los conflictos
De la expresión inglesa conflict analysis tipology (tipología de análisis de conflictos) se ha formado el acrónimo CAT que da nombre a esta metodología. Elaborada por Josep Redorta y su equipo en 2004 y revisada de nuevo en 2007, trata de identificar el patrón del conflicto y los procesos que subyacen al mismo, de manera que facilite la adecuada intervención y favorezca pronósticos de posible evolución (Redorta, 2007).
Figura 3. Esquema para explicar la metodología CAT según Redorta (2007).
Para este autor, un patrón se explica de forma concisa, afirmativa e implicativa. Por ejemplo: «Disputamos porque están en juego mis valores o creencias fundamentales». Los procesos subyacentes son aquellos que explican la existencia de un determinado patrón. Señala como puntos críticos de exploración los indicadores que permiten la investigación de los procesos.
A continuación, exponemos una definición operativa de los patrones básicos y los puntos críticos que hay que explorar según Redorta (2007, p. 114):
Patrón
Disputamospor...
Puntoscríticos
Patrón 1. Recursos escasos
Algo no existe en cantidad suficiente para todos.
• Examinar si alguien siente la necesidad de obtener algo.
• Estudiar si se percibe cierto recurso como escaso e imposible para satisfacer a las partes enfrentadas.
• Examinar si alguien desea obtener algo a toda costa.
• Dilucidar si el reparto de cierto recurso se percibe como injusto.
Patrón 2. Poder
Alguno de nosotros quiere mandar, dirigir o controlar a los demás.
• Las partes sienten la necesidad de que «todo esté bajo control».
• El estatus es muy importante.
• Influir en los demás es muy importante.
• Se lucha por algo y se usan malas artes.
• Se desconfía mucho del otro.
• Obtener obediencia es muy importante.
• Se lucha por lograr algo frente a alguien.
• Se obtiene influencia por recompensa.
• Los símbolos son esenciales.
Patrón 3. Protección de autoestima
Mi orgullo personal se siente herido.
• Se ataca la imagen del otro o de los otros.
• Se cree que la otra parte actúa por envidia.
• Existe rechazo explícito a la otra parte.
• Se vive la situación como carencia de habilidades o de competencias.
• Alguien cree que recibe un trato inmerecido.
Patrón 4. Valores
Están en juego mis valores o creencias fundamentales.
• Alguien está convencido de sus creencias y las defiende a ultranza.
• La ética es muy importante.
• Se aprecia el dogmatismo.
• Fuertes sesgos en la visión de valores como la verdad, la belleza, el dinero, Dios, la humanidad...
• La cultura propia es fundamental y es mejor que la ajena.
Patrón 5. Estructural
Un problema cuya solución requiere largo tiempo, gran esfuerzo de muchos o medios que exceden nuestras posibilidades.
• Desacuerdos en la forma en que está estructurada la sociedad.
• Se trata de un problema grave que afecta a amplias capas de la sociedad.
• Se trata de algo cuya solución depende de muchos factores.
• El problema está enquistado en el tiempo.
• La solución vendría por la vía racional, pero esto requiere cambios sustanciales que a algunos les costaría asumir.
Patrón 6. Identidad
El problema afecta a mi manera de ser.
• La moda es muy importante.
• Se imita a líderes o a personajes célebres.
• La adolescencia.
• La lengua, la etnia, la religión son poco reconocidas.
• Diferenciarse de los otros es importante.
• La apariencia externa es fundamental.
Patrón 7. Normativo
Se incumple una norma social o legal.
• Es preciso ponerse de acuerdo en la norma que se debe seguir.
• Alguien no sigue la norma prefijada y se produce tensión.
• Se ignora la ley.
• El problema está en los tribunales o en manos de abogados.
Patrón 8. Expectativas
El otro nos defraudó.
• Existen agresiones.
• No se cumple con el rol asumido (padre, amigo...).
• Estado de frustración.
• Se anticipan resultados desde experiencias dispares.
• Se evalúa la probabilidad de conseguir algo.
• La motivación para obtener algo es muy importante.
Patrón 9. Inadaptación
Cambiar cosas nos produce tensión.
• Examinar si se ha tomado conciencia de que el mundo parece haber cambiados de repente.
• Situaciones de estrés.
• Alguien intenta cambiar algo a costa de otro.
• Socialización inadecuada.
Patrón 10. Información
Algo se dijo, se omitió o se entendió de forma distinta.
• Aparición de malentendidos.
• Manipulación interesada de información.
• Ocultación de información.
• Exceso de información.
• Mensajes no verbales y verbales contradictorios.
• Engaños.
• Errores en los significados.
Patrón 11. Intereses
Mis deseos o intereses son contrarios a los del otro.
• Hay necesidad de negociar alguna cosa importante.
• Cada parte depende de la otra, al menos en cierto nivel.
• Intentos de influencia mutua para obtener algo.
• El sujeto interviniente adopta sus decisiones sabiendo que el otro toma las suyas en un marco predeterminado.
Patrón 12. Atributivo
El otro no asume su responsabilidad o su culpa en la situación planteada.
• Examinar las excusas, justificaciones y explicaciones.
• Expectativas presentes sobre el sujeto.
• Valoración de las intenciones del otro.
• Determinar a quién corresponde la culpa.
• Sesgos atributivos: tendencia a colgarse medallas, autocomplaciencia, ilusión de control; los éxitos son míos, los fracasos de los demás; todos actúan como yo.
• Es importante determinar hasta dónde alcanza la responsabilidad.
Patrón 13. Incompatibilidad personal persistente
Generalmente no nos entendemos.
• Evaluar si el cambio de interlocutores sería útil al proceso.
• Explorar la empatía.
• Explorar la desconfianza profunda.
• Situación de odio a muerte disimulada.
• Explorar la historia de relación.
Patrón 14. Inhibición
Sin duda, le corresponde al otro solucionar el asunto.
• Existe miedo a algo.
• Los costes son superiores a los beneficios.
• Conductas evitativas.
• Castigos.
• Se traslada el problema a otro.
• Existe desconfianza.
Patrón 15. Legitimación
El otro no está autorizado para actuar como lo hace, lo ha hecho o pretende hacerlo.
• No se acepta a alguien como interlocutor.
• Presencia de temas tabú.
• No se acepta la autoridad de cierta persona.
• Ausencia de normas.
• La actuación se califica como «no justa».
Patrón 16. Inequidad*
La acción o conducta del otro o de los otros la consideramos enormemente injusta.
• Presencia de un alto grado de indignación.
• Reparto de bienes o servicios poco equilibrados.
• Ausencia de reciprocidad en los intercambios sociales.
• Discurso que apela a la justicia.
• Comparaciones entre grupos sobre aspectos concretos del intercambio social.
• Desequilibrio en la reciprocidad respecto a la obtención de bienes, servicios, dinero, afectos, estatus o información.
Fuente: Redorta (2007).
* Este patrón fue incorporado más tarde, a la luz de los resultados de estudios posteriores Redorta, 2007).
Redorta (2007) y sus colaboradores ofrecen instrumentos para el mediador (en el siguiente punto veremos la diferencia entre mediación y negociación). Para encauzar la resolución, se propone reunir a las partes para conversar y explorar los puntos críticos, posibilitando así la identificación de patrones. Finalmente, cada patrón debe recibir una calificación de 1 a 5 –siendo 1 la mínima calificación posible y la 5 la máxima–, obtenida por consenso entre las partes. Finalmente, se puede trazar una línea que dibuje una foto fija de la situación del conflicto, lo cual clarifica los objetivos y ayuda a elaborar una hoja de ruta.
Reflexionando sobre los patrones propuestos en la metodología CAT, es posible agruparlos en cinco grandes categorías que nos sirven para resumir las ideas clave fundamentales para el estudio del conflicto:
•Categoría 1: Identidad (patrones 3, 4, 6, 8, 9 y 12). Este conjunto de patrones refleja la idea de que lo único innegociable es la identidad. Por tanto, cuando se perciba que una de las partes está viendo su identidad implicada en el conflicto es necesario parar, externalizar y hacer ver que son otro tipo de cuestiones, como las expectativas (patrón 8).
•Categoría 2: La competencia por los recursos (patrones 1, 2, 11 y 14). Atender al recurso o interés –el propio poder lo es– es otra ruta para buscar el etic del conflicto. Tras la gran mayoría de los conflictos se esconde esta razón.
•Categoría 3: La legitimidad (patrones 7, 15 y 16). Los seres humanos y los grupos muchas veces son motivados a transgredir las normas explícitas (lo legal) o implícitas (la cultura, la moral), por considerar que estas no son éticas. Al darse legitimación a sí mismos se inicia el enfrentamiento (movimiento revolucionario), que cuenta con fuerte contestación por quienes se sitúan en el poder legal (movimiento reaccionario). La lucha por la legitimidad es un valor en el conflicto. Hay múltiples ejemplos, sobre todo cuando se divide un estado en varios y uno de ellos se autoerige en su sucesor para conseguir algo. Veamos tres situaciones ilustrativas en la Historia que muestran el carácter primordial que tiene hacerse con la legitimidad (el relato de los acontecimientos) en un conflicto:
– A finales de 1949 –año en el que Alemania quedó dividida en dos estados: la República Federal Alemana (RFA) y la República Democrática Alemana (RDA)–, Konrad Adenauer, canciller de la RFA, declaró que su Estado era la continuidad natural de Alemania y fue ratificado por el Tribunal Constitucional (Monedero et al., 1993). Con esta maniobra, la RFA pretendía ganar una legitimidad sobre la RDA.
– El 21 de diciembre de 1991 aconteció la Cumbre de Alma Atá (Kazajstán), donde los presidentes de las diversas repúblicas que formaban la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas firmaron su extinción jurídica. Entre los diversos documentos emitidos, uno de ellos fue la Resolución del Consejo de Jefes de Estado, en la que se afirma el apoyo a la Federación Rusa para ocupar el puesto de la antigua URSS en la Organización de las Naciones Unidas. Con ello se materializaba la nota verbal del 24 de diciembre de 1991 de Boris Yeltsin, transmitida por el embajador Vorontsov, que considera que Rusia sustituye a la URSS en el seno de las Naciones Unidas y, en particular, en el Consejo de Seguridad (Flores, 2009, p. 473). Otro ejemplo, pero en el sentido contrario: Tras la independencia de la República Socialista Soviética de Moldavia en 1991, su población y la población de la vecina Rumanía rechazaron denominar al nuevo Estado como Moldavia e insisten en República Moldava. Esto es así porque Moldavia es una región mayor, también formada por gran parte de Rumania. Esta actitud viene reforzada por el diferente criterio de los estados europeos, que sí apoyaron la reunificación alemana, pero no la rumana, en los años noventa del siglo XX.
– En 1998, en el marco de los Acuerdos de Viernes Santo, cuando Reino Unido pasó de hablar de la República de Irlanda a, simplemente, Irlanda. Este cambio deja en una posición incómoda a la parte británica: Irlanda del Norte.
•Categoría 4: Errores de comunicación (patrones 10 y 13). Uno de los orígenes y alimentadores del conflicto se encuentra en los malos entendidos y en la diferencia de significados de unas palabras o conductas para cada una de las partes. Así pues, uno de los aspectos siempre valorables es la calidad de los canales de comunicación, las habilidades comunicativas y el diccionario que manejan las partes.
•Categoría 5: Estructurales (patrón 5). Este patrón continúa el razonamiento de la teoría de juegos: la estructura en que las partes se ven inmersas no solo condiciona el desarrollo del conflicto, sino que incluso lo puede originar. Este es el matiz: la estructura puede desencadenar el conflicto.
Un ejemplo de este último tipo de conflicto se trató de subsanar cuando se permitió la compatibilidad de trabajar a tiempo parcial y recibir el subsidio de desempleo. De no ser así, la estructura del sistema de ayudas estaría empujando a las personas desempleadas a no trabajar de forma legal, sino recurriendo a la economía sumergida para aumentar sus ingresos. Permitir la compatibilidad es una medida que trata de modificar la estructura para no generar una conducta que supone un conflicto para la Hacienda del Estado.
1.4. Resolución de conflictos: negociación y mediación
Ante un conflicto existe un número limitado de formas posibles de resolución.
Alzate (1998), basándose en los trabajos de Moore (1986), establece un continuo desde los procedimientos más informales y privados –que pueden ofrecer soluciones donde todos ganen–, a los coercitivos y públicos, que buscan el sometimiento de la otra parte. Este es el modelo de Alzate (1998):
Forma privada de toma de decisiones por las partes
Evitación del conflicto
→ Incremento en la coerción →
Discusión informal y solución del problema
Negociación
Mediación
Forma privada de toma de decisiones por una tercera parte
Decisión administrativa
Arbitraje
Toma de decisiones por una tercera parte con autoridad legal (pública)
Decisión judicial
Decisión legislativa
Toma de decisiones extralegal coercitiva
Acción directa no violenta
Violencia
Fuente: Alzate (1998).
Definamos ahora cada proceso:
•Procedimiento administrativo o ejecutivo: Interviene una tercera parte distanciada de la disputa, pero no necesariamente imparcial, y toma una decisión sobre el problema. Suele tener como objetivo equilibrar las necesidades del sistema con los intereses de los individuos.
•Arbitraje: Cuando una o varias partes solicitan la opinión o el auxilio de un tercero cuya actuación, neutral e imparcial, le permite decidir por estos. El resultado puede ser obligatorio o consultivo; realizado por una persona (árbitro) o panel (tribunal, mesa). Es un proceso privado, informal y barato, lo cual hace que sea elegido con frecuencia frente al procedimiento judicial.
•Procedimientojudicial: Interviene una autoridad institucionalizada y socialmente reconocida. Las partes contratan abogados y junto con el/la juez y el jurado toman decisiones teniendo en cuenta el interés, los argumentos y las preocupaciones de las partes y el conjunto de normas y valores de la sociedad. Ofrece soluciones ganador-perdedor y las partes ceden el control del conflicto y el resultado.
•Procesolegislativo: Útil en conflictos de amplio espectro y que afecten a poblaciones extensas. La sociedad vota a los partidos políticos para que creen o deroguen leyes que suponen un conflicto.
•Procedimientosextralegales: No son aceptables por la sociedad; son aquellas medidas coercitivas con objeto de persuadir o forzar a la otra parte para que se someta. Existen dos tipos: no violenta y violenta. En la no violenta se actúa u omite respuesta, de tal modo que se obliga a la otra parte a adoptar la posición deseada; son conductas que no implican coerción física ni violencia y pretenden causar el menor daño psicológico posible (ejemplos de estas acciones son la desobediencia civil o las pancartas en edificios de Greenpeace). La violenta se usa porque se asume que, si el coste de mantener su posición es lo suficientemente alto, la otra parte se verá obligada a claudicar; es necesario tener poder para hacer daño, que la otra parte lo perciba como tal y estar dispuesto a usarlo si es necesario.
1.4.1. La negociación
Se trata solo de una herramienta útil para resolver algunos conflictos, pero no todos. Es necesaria la interdependencia; una negociación no es eficaz si las partes no se necesitan mutuamente. Por tanto, puede definirse la negociación como una situación donde dos o más partes interdependientes reconocen divergencias en sus intereses y deciden intentar un acuerdo por medio de la negociación (Alzate, 1998). Existen dos tipos de interdependencia: la interdependencia negativa, suma cero o interdependencia distributiva, que es cuando se puede ganar si el otro pierde (Deutsch, 1973), y la interdependencia positiva, suma no cero o situaciones integrativas, que son aquellas situaciones en las que los objetivos de las partes están relacionados de modo tal que la consecución de los propios objetivos ayuda al otro a conseguir los suyos.
De aquí nacen las dos estrategias básicas de la negociación: distributiva (ganar-perder) o integrativa (ganar-ganar).
En cualquier deporte, necesariamente uno gana y otro pierde, se desarrollan múltiples estrategias distributivas. El empate solo es posible si la estructura o las normas lo permiten. Por ejemplo, en las ligas de fútbol sí se permiten, pero en las de baloncesto no, siendo el número de prórrogas infinito. Es suma cero porque, cuando un encuentro finaliza, un equipo suma un partido ganado y el otro lo resta. Si observamos una tabla que recoja los resultados de una temporada entera, el número de victorias totales es necesariamente igual que el número de derrotas totales.
El concepto suma cero es muy interesante, porque dibuja estructuras donde podemos observar cómo los conflictos se desarrollan según la teoría de juegos y porque nos ayuda a identificar argumentos falaces en torno a él. En la suma cero se anulan hechos iguales, como una victoria y una derrota en una competición deportiva, pero es una falacia tratar de situar como iguales hechos que no lo son y justificar así un estatus de equivalencia. Esta falacia es una estrategia de una de las partes en conflicto para justificar sus actos.
Un ejemplo: en la guerra civil yugoslava, serbios, croatas y bosnios cometieron atrocidades por igual. Por lo tanto, todos eran víctimas, todos eran damnificados. Este argumento sería una estrategia basada en la falacia de suma cero por alguien que quisiera diluir la responsabilidad de uno de los grupos. Pero como en toda falacia, solo es posible si el auditorio desconoce el tema del que se está hablando. Otro ejemplo: en 1991, Croacia se independizó de Yugoslavia tras una cruenta guerra con el Ejército Federal. Recién acabada esta, el presidente croata, Franjo Tudjman, y el yugoslavo, el serbio Slobodan Milošević, firmaron el Acuerdo de Karadjordjevo (Taibo, 2018, p. 59), por el cual, si Bosnia Herzegovina decidiera seguir los pasos de Croacia y escindirse de Yugoslavia, ambos la atacarían a la vez y se la repartirían. ¿Cómo es posible decir que son todos igual de culpables? Equiparar a serbios, croatas y bosnios es una falacia tratando de establecer una suma cero. Solo es posible desde el desconocimiento de la realidad. Y en el caso de la guerra civil española se puede hacer el mismo análisis.
Un caso de esta estrategia integrativa es narrado por Mary Parker Follet en su parábola sobre la naranja (Vega et al., 2015, p. 15). Dos hermanas llegan a la cocina a la vez. Quieren la última naranja que queda. En principio se plantea la decisión salomónica: partir la naranja por la mitad. Las hermanas lo rechazan, media fruta no le sirve a ninguna. Sería una solución perder-perder. Tras hablar, hallan que una quiere la naranja para hacer un zumo y la otra solo quiere la cáscara para un bizcocho. Se reparten la naranja de ese modo: la cáscara para una, la pulpa para la otra. El diálogo ha posibilitado una solución ganar-ganar.
Condiciones para la negociación
El éxito o el fracaso en la negociación dependen en gran medida de una serie de condiciones (Smart y Mayer, 1989):
•Partesidentificables: Las partes en conflicto deben estar dispuestas a participar en una mesa de negociación. Si una de las partes está ausente o no dispuesta a comprometerse, disminuye la posibilidad de llegar a un acuerdo.
•Interdependencia: Ambas partes deben depender la una de la otra; de lo contrario, no hay motivo para negociar.
•Disposiciónparanegociar: Esto significa estar psicológicamente preparado para negociar, contar con la información adecuada y haber establecido una estrategia, aunque sea sencilla, para abordar el proceso.
•Medios de influencia o presión: Para poder llegar a acuerdos sobre temas en los que se discrepa, es necesario tener medios para influir en la otra parte. La influencia no solo es la capacidad de amenazar o causar daño; también lo son las preguntas que provoquen la reflexión, recompensar o utilizar la autoridad legítima (recordemos la importancia que tiene la legitimación).
•Acuerdo en algunos puntos e intereses: Habrá intereses compartidos en algunas áreas y en otras no. De la cantidad e importancia de estos puntos en común dependerán el inicio del proceso y gran parte del acuerdo final.
•Voluntad de acuerdo: Hay veces en que es más importante continuar el conflicto que llegar a un acuerdo. Es el caso de las parejas con fuerte dependencia emocional donde una relación conflictiva les es más deseable que estar solteros. Otro caso son aquellas ocasiones donde estar en conflicto supone movilizar opinión y recibir apoyos públicos.
•Imprevisibilidad del resultado: Se negocia porque el resultado de no hacerlo es imprevisible. Es decir, si negociando se tiene el 50 % de posibilidades de ganar, ir a juicio, donde se pierde el control de la situación, puede suponer una derrota.
•Sentimiento de urgencia y de premura de tiempo: Se suelen iniciar las negociaciones cuando hay presión o urge llegar a un acuerdo por imperativos temporales. Esta urgencia debe ser sentida por ambas partes: si no alcanzan un acuerdo, las dos partes pierden.
•Ausencia de obstáculos psicológicos importantes para un acuerdo: Es necesario explorar y trabajar aspectos psicológicos como fuertes sentimientos expresados o silenciados hacia la otra parte, pues pueden ser un obstáculo.
•Los temas deben ser negociables: Si las partes perciben que solo hay soluciones ganador-perdedor a pesar de la participación o de que los temas que hay que tratar son innegociables, entonces habrá serias dificultades en el proceso. Recordemos cómo se explicaba en páginas anteriores del presente manual que los aspectos ceñidos a la identidad son incuestionables.
•Las personas deben tener autoridad para decidir: Si las personas no tienen un derecho legitimado y reconocido para decidir, la negociación no es más que un intercambio de información.
•El acuerdo debe ser razonable y realizable: Los planes deben ser realistas para no caer en soluciones inaceptables e imposibles de realizar.
•Factores externos favorables al acuerdo: En ocasiones son influyentes las posiciones de asociados o amigos, el clima político, las condiciones económicas o la opinión pública, pues pueden favorecer o entorpecer el proceso. No siempre son modificables, pero, en la medida de lo posible, hay que propiciar que las condiciones externas impulsen el acuerdo.
•Recursos para negociar: Los participantes en el proceso deben contar con las habilidades interpersonales necesarias para llevar a cabo la negociación con dinero y tiempo. Recursos desiguales pueden bloquear el inicio de las negociaciones o incluso la posibilidad de llegar a acuerdos.
Fases de la negociación
Se puede decir que el proceso de negociación discurre a lo largo de cuatro fases ordenadas temporalmente. Esta perspectiva nos ofrece una explicación narrativa del proceso.
Siguiendo a Holmes (1992), una fase es un «periodo coherente de interacciones caracterizado por una constelación dominante de actos comunicativos». Estos actos «funcionan como un conjunto relacionado de funciones que van de la iniciación a la resolución de las disputas». Se distinguen cuatro fases: preparación, exploración, interacción y cierre.
Fase 1. Preparación
Partimos de la imposibilidad de que el negociador cuente con toda la información; una planificación perfecta es utópica. Sin embargo, cuanto mejor sea el trabajo previo se logrará una mayor prevención sobre posibles errores y un mayor control sobre el proceso. En esta primera fase deben realizarse ocho tareas.
La primera tarea es identificar las cuestiones sobre las que se va a negociar. Para ello hay que analizar el conflicto y provocar el deseo de negociar. Lo habitual es que existan una o dos cuestiones centrales y otras circundantes. De forma operativa podemos distinguir los siguientes pasos: 1) análisis de la situación de conflicto, 2) la experiencia propia en conflictos similares, 3) reunir información a través de investigación y documentación, 4) consultas a expertos. Una vez identificadas estas cuestiones, se deben unir en una lista comprensiva denominada paquete de negociación, aunque pueden producir problemas cuando los negociadores son inexpertos. No se deben exponer en la mesa de negociación todas las cuestiones a la vez, pues ello puede llevar a bloqueos e imposibilitar el avance. Cada una de las partes debe decidir qué priorizar. En conclusión, se debe establecer una agenda de temas que hay que negociar y una lista de prioridades.
Debemos pensar en la estrategia que vamos a seguir. ¿Qué diferencia hay entre estrategia y táctica? La estrategia es el plan a largo plazo en la negociación. Usaremos como ejemplo el ajedrez. En este juego siempre comienzan moviendo las fichas blancas, por tanto, llevan la iniciativa. El jugador o la jugadora de fichas negras puede decir que va a jugar a la defensiva toda la partida, dejando que las blancas asedien y, cuando vea un error, atacar por ahí. Este es un plan general, antes de comenzar: es una estrategia a la defensiva.
La táctica es resolver problemas tal como se vienen planteando. Lo deseable es que se desarrollen según la estrategia, pero no siempre es así. Siguiendo el ejemplo anterior, ocurre si en la estrategia a la defensiva estaba la idea de realizar un enroque corto; sin embargo, el ataque de las blancas viene de ese flanco, por lo que el jugador de negras debe improvisar otra jugada.
