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Arturo Calviá ha dedicado su vida a levantar el prestigioso restaurante L’Espatarrat y está a punto de ver la culminación de su carrera con una importantísima comida para altos mandatarios internacionales en la que la peculiar ministra del Interior ejerce de anfitriona, pero la madrugada anterior ocurre un trágico acontecimiento: un conocido crítico gastronómico desaparece.A partir de este momento los hechos van sucediéndose a una velocidad trepidante, conforme los pintorescos personajes de la trama hacen acto de aparición, como el cocinero con cuadros de ansiedad, el sommelier daltónico, su jefe de sala con alma de gánster o su ex, una fanática de la filosofía zen.
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Veröffentlichungsjahr: 2018
Lola Piera Lozano
Primera edición, diciembre de 2011 Segunda edición, marzo de 2013 © Lola Piera Lozano, 2011, 2013 © De esta edición SEPHA Edición y Diseño, SL., 2013 Biedmas, 4 29008 Má[email protected]
Colección AnécdotaDirector editorial: Gonzalo Sichar MorenoDiseño de portada: José Manuel Vargas Diosayuda
ISBN: 9788415819868
La gastronomía es una excusa para hablar de casi todo: política, sociedad, cultura, religión o arte y con una novela como Gran Soufflé, de Lola Piera, se puede constatar.
En un ejercicio de narración ágil la autora desgrana la historia de España en la última década. Una sociedad que crece desmedidamente, con entusiasmo y sin mirar al futuro. Políticos que buscan su triunfo personal con los fuegos de artificio de la alta cocina, antisistemas que más buscan quitar a los que están para ponerse ellos que la justicia social, y cocineros obcecados por el egocentrismo de su supuesta genialidad.
A todos estos ingredientes se añade la sazón de la intrahistoria de las intimidades de pareja, de las complicadas relaciones entre padres e hijos, donde admiración y desprecio van de la mano; entre ex-amantes, ex-novios y ex-esposos, donde amor y desamor, venganza y respeto se alternan con la facilidad que se llena una copa; entre jefes y subordinados, donde lo racional e irracional aparecen a cada instante y en la misma proporción; y entre amigos, donde lealtad parece sinónimo de deslealtad.
Toda buena novela es siempre radiografía de una vida. Y así es Gran Soufflé, un trozo de vida chispeante envuelto en un humor sarcástico del que brota la sonrisa, la risa y la carcajada.
Y es que gastronomía y humor tienen un largo recorrido en la historia de la literatura. La comedia griega ya incluía episodios gastronómicos, pues a diferencia de la tragedia, que consideraba demasiado mundano lo del comer y beber, la comedia lo tomaba como un recurso para definir personajes y situaciones cómicas.
Del Medievo son otras formas teatrales como la garnacha en la que los personajes habitualmente se encontraban en torno a la mesa de una taberna para despellejar lo absurdo de los estamentos sociales y de las propias relaciones personales.
Histórico es también el comienzo de El Quijote, en el que se define a su protagonista desde el primer párrafo hablando de sus costumbres gastronómicas con una gran dosis de humor.
No obstante, cuando se habla de novela y gastronomía en España el referente es Pepe Carvalho, un investigador creado por el escritor catalán Manuel Vázquez Montalbán. En estas novelas, la cocina es un tema colateral, pero fundamental para entender el estado de ánimo de su protagonista, un antihéroe que busca la salida o el punto de no retorno a su propio destino en un plato de jamón y en un Singapore Sling.
Sin embargo, Gran Soufflé, junto con otros ejemplos como Fabada a muerte de Falsarius Chef y El chef ha muerto, de la que soy autora, forma parte de una nueva generación narrativa en la que el trío cocina-asesinato-humor es el hilo conductor.
En la obra de Lola Piera, un prestigioso crítico gastronómico muere a manos de los propietarios de un restaurante. Fue sin querer, pero el lío que se prepara es tremendo, porque esto ocurre la víspera de una gran comida con todos los ministros europeos de Interior, en la que se intentan colar los antisistema.
Éste es el argumento a través del que la autora cuelga situaciones absurdas que llegan al paroxismo, pero que más que ficción parecen el espejo de una sociedad donde la ética se diluye en el aceite caliente del triunfo a toda costa. Una sociedad preparada de manera inflada, como el propio soufflé al que hace mención su título.
Por ello, Gran Soufflé es una novela crítica desde el humor, aguda en la forma y divertida en el fondo. Ideal para los tiempos que corren y lista para tomar y dejarse llevar.
Todo un placer.
Yanet Acosta
A mis padres, por darme la vida.
A veces las cosas surgen de un simple comentario o chascarrillo. Esta novela se empezó a gestar en el verano de 2007. En casa de Yolanda y Paco, una tarde de agosto mientras disfrutábamos de una agradable y perezosa charla y un café.
Una noticia que ese día venía en el periódico nos llamó la atención. Un crítico gastronómico desapareció sin dejar rastro después de haber comido en uno de los restaurantes con más categoría del planeta y dejando la cuenta sin pagar.
A partir de este hecho, los tres empezamos a divagar e imaginar una historia que acotara tal hecho. Siempre dentro de un marco de hilaridad y esperpento, como no podía ser de otra forma, estando acompañada del gracejo sevillano.
Como resultado de aquella tarde vacacional es este relato, cuyo único fin es el de entretener al lector.
Dios nos envía los alimentos, el demonio los cocineros Thomas Deloney
El comedor estaba casi vacío a esas horas. Los últimos comensales apuraban los licores que acompañaban a la tertulia de la sobremesa. Eran casi las once y media de la noche y jueves, noche de jueves, lo que significaba una clientela asidua y sofisticada, de las que raramente esperan varios meses para una mesa. Pero no muy numerosa.
Si algo tenía L´Espatarrat era tener una clientela selecta, pues para ello era uno de los grandes, con mayúsculas, restaurantes del mundo.
La mesa con más comensales, la formaba un grupo de hombres de la banca. Banqueros, que no bancarios. Los seis allí reunidos, hablaban animadamente sobre temas varios. La inevitable crisis que no iba a suponer que fueran ese semestre menos ricos, a la vista de las cuentas de resultados, la situación sobre la política doméstica, de la cual, ellos eran los directos responsables de mover algunos hilos, de los viajes y vacaciones futuras y de alguna que otra banalidad para llenar algunos silencios y bocanadas de humo de habanos.
En otra mesa más alejada, una de las parejas de moda, un conocido director de cine, casi cincuentón y una de las últimas estrellas del panorama del celuloide patrio, muy joven y muy operada, todo sea dicho, de esas que llenan los programas del corazón, cenaban entre susurros y carantoñas. Siempre el cincuentón traía a su nuevo ligue de temporada al restaurante, con la intención de sorprender y causar admiración a la nueva presa.
Por último, en una mesa individual, una de las peores posicionadas en el salón y cercana a la entrada de la cocina, había un hombre extranjero. Su acento al ordenar el menú, le había delatado, arrastrando las eses y pronunciando mal las erres dobles. Esa era una de las mesas que se utilizaban para las reservas multitudinarias que L´Espatarrat tenía al año. No era un local al que se pudiera entrar por las buenas. Las reservas tenían meses de antelación e iban por turno riguroso. Un equipo de varias teleoperadoras recibía los encargos diariamente, bien por teléfono o a través de Internet, confeccionando así la agenda anual y confirmaban la reserva con el cliente cuando se aproximaba la fecha de asistencia. Por ello, era imposible tener una mesa sin cita previa, siendo alguien de a pie. Otro cantar eran aquellos clientes habituales, dueños de Visas platinum sin topes en el crédito, que fundían en el cajero del restaurante como se funde la mantequilla en una sartén templada. Para estos clientes, el restaurante siempre tenía mesas libres y fogones calientes.
El extranjero estaba a punto de acabar el postre. Un crujiente de lichis escarchados sobre nata a punto de nieve en polvo y toque de chocolate negro flambeado con aroma de coñac. Una de las últimas novedades añadidas a la carta de esa temporada.
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