Grito del miedo - Roberto Covarrubias - E-Book

Grito del miedo E-Book

Roberto Covarrubias

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Beschreibung

Toda escuela tiene su abeja reina. Ambiciosa y despiadada, Emily Harris no deja a nadie indiferente: quienes no la envidian la temen, y solo algunos han tenido la suerte o la desgracia de llamarla amiga. Cuando Emily desaparece y todos los medios se hacen eco de su muerte, las calles de la tranquila ciudad de Cleveland, Ohio, se convierten en un patio de recreo para un perverso asesino que se divertirá atemorizando a los que fueron amigos de Emily, incluido su exnovio, Noah Gray. Saldrán entonces a luz resentimientos ocultos y oscuros secretos que harán que la confianza entre ellos se resquebraje. Nadie estará a salvo. Todos podrán ser culpables.

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Seitenzahl: 569

Veröffentlichungsjahr: 2023

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© Derechos de edición reservados.

Letrame Editorial.

www.Letrame.com

[email protected]

© Roberto Covarrubias

Diseño de edición: Letrame Editorial.

Maquetación: Juan Muñoz Céspedes

Diseño de portada: Rubén García

Supervisión de corrección: Ana Castañeda

ISBN: 978-84-1181-312-9

Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.

«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47)».

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Dedicatoria

A mi padre, que no está para poder ver este logro, pero siempre lo llevo en el corazón. Asimismo, para mi familia y amigos, que me han apoyado en el proceso, recuerden que «Los rumores no son más que verdades que vagan entre la gente como si fuesen secretos».

Prólogo

Los secretos se convierten en un arma afilada en manos de la persona equivocada: lo que un día dijiste en confidencia, lo que contaste apoyado sobre el hombro de alguien que en aquel momento parecía ser tu amigo, puede hacer añicos la vida que con tanto empeño has intentado construir para huir de las sombras del pasado. Nuestros protagonistas guardan una infinidad de secretos; y cuando se ven sacudidos por la pérdida repentina de su amiga —de su líder— y pasan a ser el centro de todas las miradas, temen, inevitablemente, que todas las confesiones que han hecho y todas las que no se han atrevido a hacer queden a la vista.

Las verdades van siendo desenterradas, y con cada nueva revelación surge una pregunta: ¿puedo confiar realmente en estas palabras? Cuando todo parece aclarado y las incógnitas ya han sido, aparentemente, despejadas, una última respuesta provoca que las teorías que habíamos construido se desmoronen; y quien parecía libre de toda culpa en esta historia de traiciones y mentiras se convierte en un sospechoso inusitado.

¿Quiénes somos cuando se apagan las luces y nadie nos ve? ¿Conoce alguien nuestra verdad plena, más allá de nosotros mismos y el espejo en el que nos miramos cada día?

Libro primero Grita y no te escucharán

Capítulo 1 En la boca de la bestia

«Ve quienes son los enemigos de la mañana para visualizarlos por las noches».

Esta historia se desarrolla en la tranquila ciudad de Cleveland, en el condado de Cuyahoga, Ohio. En esta ciudad vive un chico guapo y popular, Noah Gray, quien tiene de novia a la muchacha más codiciada y hermosa, de buena posición económica y familia reconocida por la cadena de hoteles Harris en el condado de Ohio; ella es…

—¡Emily! —dijo Noah al momento que se acercaba a ella y Emily volteaba para verle a la cara.

Emily Harris, una arpía sin corazón, la abeja reina de la escuela, odiada por la mayoría de las mujeres y unos cuantos hombres, mientras es amada por la mayoría de los hombres y algunas mujeres. Es imposible creer que una persona tenga tanto veneno en cada palabra que dispersa al aire, esto podría llegar a ser mortal para una sociedad. Esos ojos azules que te cautivan como si fuera una hermosa vista al cielo en plena tarde de verano, de cabellos de oro a un cabello color castaño oscuro, ella es la mujer quien dice no temer a la muerte y pareciera que hasta el mismo demonio le tendría miedo. Emily, una perra malcriada.

Noah, con su bandeja llena de comida, al igual que la de Emily, se acerca hacia la mesa donde se encuentran sus amigos, quienes son Isabela Wilson, la mejor amiga de Noah; a su lado está Jeremy Price, un mujeriego sin moral; frente a él se encuentra Margaret —Peggy— Young, la chica linda; a su lado, Steve Jones, el amigo tierno. Al sentarse, Noah se sienta a lado de Isabela, y Emily a lado de Steve, se encuentran todos muy callados disfrutando de lo que parecía ser un delicioso desayuno, el cual se ve irrumpido por Emily, quien perturba aquella paz que reinaba en esa mesa.

—Bueno, espero que estén listos, saliendo de la escuela nos vamos directo a mi casa —dijo Emily, al instante que bebía de su soda de naranja—. Y si no les han dicho a sus padres, les avisan en mi casa, no se preocupen, tengo el plan perfecto para divertirnos.

El silencio volvió a la mesa, todos se miraban entre sí, veían quién se dignaba a contestarle, pero no hubo respuesta hasta que una valiente chica de cabellos oscuros y facciones finas decidió contestarle con la verdad.

—Emily… —Hizo una pausa para poder saber qué palabras emplear—. Creo que este fin no será así: en mi caso no puedo, Peggy me dijo que saldría con alguien y de los demás no sé; pero nos hubieras dicho dos días antes, para confirmarte y no crear planes.

—Pensé que esto ya era como una tradición, cada viernes por la tarde hacemos algo sin importarnos hasta qué hora terminemos —dice Emily.

—Creo que estoy de acuerdo con Isabela —dice Steve—. Te diré que no puedo tampoco.

Emily miraba a Jeremy, ansiosa por la respuesta de este, esperando un resultado positivo. Segundos después su expresión se volvió de indignación tras la respuesta ser negativa, pero no quiso molestarse porque tenía el consuelo de que su perfecto novio, Noah, no la defraudara.

—Bueno, de menos no me defraudaras, ¿cierto, Noah?

—No quiero ser el malo en tu cuento, pero mis padres tendrán una cena y tengo que cuidar a mi hermana, lo siento, Emily.

—No lo sientas, no es tu culpa —dijo Emily mientras giraba su cabeza unos noventa grados hacia donde no los pudiera ver, con un tanto de indignación—. No lo puedo creer, somos casi hermanos, deberíamos estar unidos, tal vez mañana nunca nos volveremos a ver, tal vez muera hoy, o cualquiera de nosotros.

—No digas eso —dijo Noah mientras estiraba su brazo hacia a ella para tratar de tomarle la mano.

—No, Noah. —Emily se movió para no ser tocada—. Solo les diré una cosa, que aquí yo soy la líder, ustedes no lo son ni serán nada si no estoy yo aquí —dijo al momento que regresaba su mirada hacia lo que parecían ser sus amigos.

—¿Y tú sin nosotros qué eres? —le preguntó Isabela tratando de ver qué tan doloroso sería tocar esa herida que ya existía entre ellas dos desde hace tiempo.

—No te he preguntado —dice Emily, quien se pone el dedo en la barbilla como si estuviera pensando—. ¿Cómo sigue tu padre? —Emily dio su primer golpe.

—¡Emily, cállate! —exclama furiosa Isabela, quien la mira con enojo. Emily había ganado, como cada batalla. A Isabela le faltaba un poco de astucia para poder contraatacar con la arpía de Emily.

—Así es como me tratan. Está bien, porque solo quiero que alguien me conteste: ¿quiénes eran antes de que yo les hablara? Claro, refiriéndome a su no tan enorme popularidad comparada a la mía.

Todos guardaron silencio, Emily sonreía mientras le dio su último trago a su soda de naranja, dio en el pasado de sus amigos.

—Dime, Isabela, ¿quién eras? —Aún quería ver qué tan grande podría hacerse la herida. Emily era de dar batalla hasta que cayera su contrincante.

—Era una muchacha feliz, donde me sentía bien sin tener que hacer sentir mal a las personas para llenar ese vacío, ese hueco que nos has hecho tener en la cabeza a todos —le respondió Isabela.

—Ya somos muchos en este grupo, creo que es hora de que alguien salga —dijo Emily al momento que miraba a Isabela. Era momento de su golpe final.

—No somos un grupo, nunca me quise sentir popular, solo quería tener buenos amigos y no me iré de aquí —dice Isabela, quien cruza sus brazos.

Emily, levantándose, llena de ira, toma las dos bandejas frente a ella y las empuja contra las otras, haciendo que estas caigan del otro extremo de la mesa. Todos miraron sorprendidos al ver lo que pasaba en aquella mesa. Respirando con profundidad y mucha rapidez, le da una mirada fulminante a Isabela, pero al ver que no se iba, ella fue la que dio el primer paso hacia atrás, para luego darse la vuelta y seguir su camino en línea recta sin importar quién estuviera en frente. Entonces Noah corre tras ella para tranquilizarla; mientras tanto, los demás se levantan de la mesa para recoger lo que Emily había tirado hacia el suelo. Isabela mira a sus amigos.

—Alguien debería ponerle un fin a tanto narcisismo de esa chica tan malcriada —dijo mientras tomaba en sus manos la bandeja y depositaba la comida que se encontraba en el suelo, pero sin dejar de ver a lo lejos a su mejor amigo y a la arpía de corazón frío.

Al darse cuenta de que hay unos papeles dentro de sus desayunos ya incomibles por el hecho de que tocaron el suelo, cada uno toma los papeles, pero ninguno tenía sentido, hasta que, al ponerlos extendidos sobre la mesa, se da cuenta de que todos tenía una conexión. Isabela empieza a leer los cuatro papeles y se da cuenta del mensaje al acomodarlos correctamente, en un tono de voz muy bajo lo lee, para que sus amigos escuchen: «¿Quién no se ha hartado de Emily? ¡Mátenla!».

Sorprendidos, primero se miran entre sí, pero luego dirigen sus miradas hacia todos los del comedor, buscando al creador de lo que podría ser solo una broma de mal gusto.

Noah le toma el brazo para detener a Emily, lo cual logra, pero ella se logra soltar y lo mira para luego desviar su mirada hacia otro lado.

—¿Por qué te pones así? —pregunta Noah, tratando de saber el motivo de su molestia. Varias teorías pasaban por su cabeza, como «tal vez sufra de un trastorno de bipolaridad» o «probablemente tenga rivalidad con Isabela» o «algo o alguien la ha puesto de mal humor antes y piensa que gritarles a sus amigos la hará sentir bien».

—Tú sabes bien el estado del padre de Isabela, ella nos contó porque confía en nosotros. ¿Alguien te ha hecho algo? Quiero saberlo.

—Perdón, fue un arranque, no sé qué me paso, solo que no quiero estar sola hoy en mi casa, luego de que… —Emily se detuvo y solo miró a los ojos a Noah, su mirada denotaba un poco de preocupación.

—¿Luego de qué?, ¿alguien te está amenazando?

—¿Sabes? No es nada, mi hermano me ha jugado unas cuantas bromas y pues eso, es un estúpido. —Disuadió la verdad, los secretos son la especialidad de Emily.

—Puedo llevarme a mi hermana a tu casa, para que no estés sola. —Noah le da una sugerencia más viable y conveniente.

—No te preocupes, mi hermano estará ahí, creo. Bueno, eso espero, a menos que salga con… —Emily se vuelve a detener, al reaccionar que no puede revelar cosas de su hermano hacia otras personas.

Noah le toma sus manos y le da un pequeño pero tierno beso en los labios, un beso que hace que Emily se sonrojara la suficiente para que Noah se diera cuenta. En ese instante, a un muchacho lo avientan, pero choca contra ellos, quienes caen al suelo junto al muchacho. Molesta, mira al muchacho.

—Fíjate por dónde vas, estúpido.

Noah ve a Emily con una expresión de sorpresa por su reacción.

—Perdóname, pero solo no le grité más porque estabas ahí —dice Emily al momento en que se levanta.

El muchacho se levanta y corre de ahí, mientras que Noah, molesto, se comienza a parar.

—Dime, ¿qué harás cuando en serio te hagan enojar? Matarlos con una apuñalada en el estómago, otra por la espalda y aventarlos contra… no sé. —Noah pensó un segundo—. Una mesa de vidrio. O aventarlo del segundo piso de su propia casa.

—Es una buena idea —dice riendo Emily, pero a Noah no le hizo nada de gracia porque él sigue serio. —Está bien, perdón, pero, la verdad, ¿qué querías que le dijera? ¿«Hola, gracias por aventarme, ¿seamos amigos»? —dice eso último con un poco de sarcasmo.

—Mejor ve cambiando tu actitud, porque me puedes perder —dice Noah cruzando los brazos.

Emily, sorprendida, lo empuja un poco luego de tocarle el pecho con su dedo índice.

—Oh, parece que me estás amenazando, deja te dejo claro las cosas aquí, tú no me amenazas, suficiente tengo con… —Cierra los ojos y respira profundo—. Si no te gusta cómo estamos, lárgate, que no te necesito, soy superior a ti y a todos en esa mesa.

—Espero que disfrutes la soledad —dice Noah en un tono más serio.

—¿Estás terminando conmigo? —pregunta Emily con asombro.

—No sé qué más se puede interpretar —dice Noah, quien se da la vuelta para irse con sus amigos, pero Emily es quien le detiene el brazo; sorprendido, pensó que su exnovia le diría que cambiaría, pero aquella respuesta fue errónea.

—No puedes terminarme, porque yo termino contigo —dijo Emily con un tono de victoria en sus palabras.

—Te sientes mejor al hacer sentir menos a las personas… Sigue con tu vida y madura —dice Noah, quien se suelta de Emily y se va con sus amigos.

Emily, molesta, ve comer sola a Heather Long en una mesa. Entonces se le acerca para sentarse frente a ella, pero Heather suelta su emparedado y lo deja sobre su plato; en eso se levanta y toma la bandeja con comida.

—Quédate, te lo pido —dice Emily sonriendo y con un tono de deseo.

—¿Qué es lo que quieres? —pregunta Heather en tono de fastidio mientras se sienta.

—Pienso que he sido muy mala por cómo te he tratado todos estos años, quiero pedirte perdón, ¿crees que podamos ser amigas de nuevo?

—Sé por qué haces esto, vi que Noah te dejo; aparte, lo que hiciste en la mesa —dice Heather mientras le da un trago a su bebida dietética—. Solo me pides perdón porque tienes miedo a quedarte sola. Aparte, ¿con qué derecho vienes a decirme que seamos amigas, después de que me aventaras a la mitad de la calle haciendo que casi me atropelle un automóvil? —dice Heather con un tono en su voz muy pacífico.

—Cierto, no tengo el derecho —dice Emily, quien se levanta—. Pero no porque yo haya terminado con Noah el camino está libre para ti. ¿Crees que se fijará en ti, con ese rostro tan… o con ese cuerpo tan…? Déjame ver que palabra sería la correcta… Ya sé, tan asqueroso y horrendo, por favor.

—Que te quede claro que no he dicho nada para que saques esas conclusiones —dice Heather.

—No necesito que hayas dicho nada, sé que lo sigues amando, pero te dejaré en claro que tú y Noah solo estarán juntos cuando yo me encuentre muerta y a unos tres o cuatro metros bajo tierra. —Emily solo se va.

Al pasar algunas horas, Emily se encontraba saliendo de la escuela. Entonces volteaba a sus lados discretamente, dándose cuenta de que muchos la veían y hablaban de ella; pero sin darle importancia, levanta un poco la cabeza sintiéndose aún más poderosa: el que hablaran de ella hacía crecer su ego a pesar de que fueran cosas malas de ella. Al ir caminando, choca con un muchacho. Comenzó a respirar hondo tratando de controlarse. El muchacho, al darse la vuelta para mirarla, él se da cuenta de quién es, pero Emily demuestra su odio al poner los ojos en blanco y sigue su camino para no querer discutir otra vez con Noah; pero él la detiene sosteniéndola del brazo.

—Entonces, ¿ya no me quieres? —preguntó Noah a Emily.

—No puedo reprimir ese sentimiento, pero no quiero seguir contigo si no puedes amarme por como soy —dijo Emily. Algo cierto, pero no era la respuesta correcta para lo que quería Noah.

—Correcto, pero no regreses a decirme que me sigues amando, te conozco porque cuando no obtienes lo que quieres, vas a querer regresar y yo no quiero estar ahí dándote el consuelo que tú quieres —dice Noah.

Emily, al comprender a lo que se refería —bueno, a lo que ella entendió—, ella le da una bofetada en la parte izquierda de su rostro; tras eso, Emily se va de ahí. Mientras Noah comienza a tocarse en donde le soltó aquel golpe, hace una mueca de dolor.

La luna alumbraba las calles oscuras de la ciudad de Cleveland, las patrullas de Policía se encontraban a las afueras de la casa de la familia Harris, mientras que, en el hospital, Shania —la madre de Emily— se encuentra sentada a la orilla de la cama con una mirada perdida; enfrente se encuentran dos policías.

—¿Podría decirnos qué fue lo que pasó ahí dentro? —pregunta uno de los policías a Shania.

Shania mira a cada uno de los oficiales enfrente de ella. Seguido de eso, pasa sus manos hacia sus ojos, sin dejar que esas lágrimas cayeran; al cerrar sus ojos, las palabras comenzaron a surgir.

—Ella gritaba auxilio, yo no pude hacer nada al respecto, la puerta estaba atorada, pero cuando entré, que fue por la ventana, esa persona ya la tenía en sus manos. La aventó desde el segundo piso hacia…

—Perdone por interrumpir, pero ¿puede decirnos todo lo que su hija hizo o haría este día? No queremos descartar a ninguna persona.

—Recuerdo que ella me había comentado que se había peleado con su novio, Noah Gray, no sé si lo conozcan. De todos modos, ella estaba enojada porque él había cortado con ella. Luego me dijo que…

Emily se encontraba caminando por la calle, era una calle con varios niños jugando, no estaba sola, por supuesto que no, pero sentía aquella sensación de sentirse vigilada. Volteando por doquier, no veía a nadie sospechoso, así que prosiguió con su camino. En ese instante, su celular comenzó a sonar; sorprendida, toma el smartphone color blanco, dándose cuenta de que el número era privado; de cualquier modo, decide contestar.

«¿Por qué tan sola? Podría pasarte algo, ¡como morir!».

En ese instante, la persona cuelga; Emily vuelve a mirar a su alrededor más atenta y preocupada, pero solo veía niños haciendo tonterías. Entonces camina con más rapidez, sin darse cuenta de que, por una ventana de una casa, alguien se encontraba ahí, mirando como caminaba Emily.

Mientras tanto, en su transcurso a su casa, Noah va furioso por lo sucedido con Emily, pero por dentro él se sentía triste por la ruptura. De repente, escucha ser nombrado en un tono muy bajo, lo cual ocasiona que se detenga. Al voltear a sus lados, busca a la persona la cual pronunció su nombre, pero no había nadie en la calle, a excepción de él.

También siguiendo su camino a su hogar está Heather. Llena de rabia, se detiene y golpea el piso con su calzado, haciendo una mueca de enfado.

—Estúpida, maldita idiota que eres, Emily, cómo quisiera que te fueras de mi vida o de Cleveland o, mejor, del mundo —dice Heather, quien sigue caminando.

Emily, al llegar a su casa, lo primero que hace al entrar es aventar su bolso hacia el primer sillón que ve, pero luego de ver a sus padres arreglados, ella se sorprende.

—Pensé que se irían ya en la noche —dice Emily sin entender.

—Pues a tu padre se le ocurrió la idea de que fuéramos a ver una película, luego a comprar unas cosas para ustedes, también para la casa, y, de ahí, pasarnos al restaurante.

—Está bien, no se preocupen, Brandon y yo cuidaremos la casa.

—Corrección —dice Brandon, hermano de Emily, quien baja las escaleras recién bañado: se le notaba por su cabello mojado—. Yo saldré más tarde, así que te quedarás sola.

—Bueno, solo yo con mi soledad —dice Emily, quien toma su bolso para llevarlo a su habitación. Mientras ella subía las escaleras, sus padres salían de la casa.

Emily se metió a su habitación, mirando a su alrededor con un tanto de nostalgia: las mismas cosas de hace años, donde sus secretos seguían escondidos. Pero luego fija su vista hacia el ventilador que se encuentra en el techo y apagado, se acerca a un banco que tiene para subirse en él y alcanzarlo; en ese instante, su hermano Brandon entra y la ve.

—¿Qué se supone que haces? —pregunta él tratando de entender el enigma de las acciones de su hermana.

—Nada que te interese, ¿qué es lo que quieres? —preguntó Emily a Brandon, quien cruzaba sus brazos, esperando por la respuesta.

—Vengo a decirte que me iré en unas dos horas, aproximadamente, como a las cuatro o, como máximo, a las cinco de la tarde.

—Está bien, cuando salgas, le pones seguro a mi puerta y la cierras, por favor —dice Emily, quien veía a su hermano desde lo alto del banco.

Brandon hace caso a su hermana, le pone seguro a la puerta, seguido de eso sale de ahí y cierra la puerta. Emily, al estar segura de que su hermano no podrá entrar, empieza a mover cada aspa hasta llegar a la que necesitaba; con la ayuda de un espejo, lo pone arriba de la misma; al ver el sobre blanco, lo jala para no tener que quitar meticulosamente la cinta. Acostada sobre su cama, comienza a abrir el sobre.

—Aquí tengo estas cartas que solo me atormentan.

Tras decir eso, Emily decide sacar cualquiera al azar, comienza a leerla.

«Tú y yo sabemos que lo que pasó no fue un accidente, tú la querías fuera del camino, así como yo, pero a la policía le encantaría saber lo que en realidad sucedió».

—¿Cómo seguir preocupada por algo que fue enviado hace casi un año? —dice Emily, quien saca su celular. Al ver la hora, se da cuenta de la fecha, por lo cual, comienza a pensar—. ¿Por qué esta fecha se me hace tan familiar?

Emily, sin darle mucha importancia, cierra los ojos para descansar un rato.

Pasando las horas, ya es de noche, en eso comienzan a tocar la puerta con mucha desesperación. Emily, al despertarse, prende su luz, ya que se encontraba todo a oscuras. Antes de abrir la puerta de su cuarto, se percata de una carta de su hermano y del enfadoso sonido de la puerta al ser tocada por aquella persona. Emily comienza a bajar las escaleras mientras abre la carta de su hermano. Estando en la sala, deja su celular en un sillón de la sala, sin darse cuenta de que la sombra de una persona pasó por el patio trasero; entonces Emily mira por la mirilla de la puerta. Confundida, sale de su casa y se asoma hacia las casas de sus vecinos; ninguna de las casas tenía aparcados sus coches, su primera impresión fue que un niño quería joderle la noche tratando de asustarla, hasta que ese pensamiento fue abruptamente destruido tras el tono su celular, el cual comenzó a sonar. Emily cierra la puerta y ve el número, el cual nuevamente es un número privado.

«¿En serio crees que estás sola en esta casa? Mejor cuídate».

—Emily estaba sorprendida, corrió hacia la calle asustada, pero sabía que era una mala idea —dijo Shania.

—¿Cómo sabe todo eso? —pregunto el policía, imposible de tragarse esa historia.

—Cuando ella salió de la casa, me marcó y me contó todo eso —dijo Shania.

—Pero ¿por qué después de la llamada no fue corriendo hacia la casa a averiguar lo que sucedía? —pregunta el policía a Shania.

—Mi hija siempre quería tener la atención, sobre todo, pensé que solo era una broma para que regresáramos, ya que no la llevamos. Pensé que solo… bromeaba, pero…

—¿Le dijo algo después?… —el otro policía pregunta.

Seguía pasando el tiempo. Isabela se había enterado de lo que había pasado. No se encontraba muy bien: sentía que ella había sido la culpable; quería que acabara el reino del terror de Emily, pero no de esa manera. Isabela, de su bolso, saca las llaves de su casa. Al entrar, ve todo oscuro, lo cual era extraño, ya que la casa siempre tenía por lo menos algún foco prendido, pero esta vez no era así.

Al intentar encontrar el interruptor para encenderla, por fin dio con él. Su mirada se tornó de sorpresa, sus ojos se comenzaron a llenar de lágrimas, no podía creer lo que veía: ahorcado con una soga, colgado del techo, su padre ya estaba muerto. Tiró las bolsas de lo que había comprado en el supermercado; luego, quedando hincada con sus manos tapando sus ojos, Isabela comenzó a llorar. De repente, el papá de Isabela cae encima de la mesa que está al centro de la sala, por el peso del cuerpo.

En ese momento, su madre, Angélica, va llegando, quien, al bajar del carro, ve a su hija en la entrada de la casa llorando. Al correr hacia ella, ve lo sucedido, siente un nudo en la garganta al tratar de decirle algo a su hija, quien está inconsolable. Su madre saca su celular y llama a una ambulancia, mientras que Isabela, por si hay alguna oportunidad de salvar a su padre, corre hacia él para quitarle la soga del cuello.

—Luego de que llamó, le dije a Emily que no bromeara conmigo y, si era cierto que estaba fuera de la casa, que se metiera —dijo Shania.

Emily guardó su celular luego de llamar a su madre. Al meterse a la casa, cierra la puerta poniéndole seguro. La casa estaba completamente iluminada por los focos encendidos en cada una de las habitaciones de la casa, desde la cocina hasta el baño. De repente, la luz de las escaleras se apaga. Emily se va moviendo hacia la sala. Al estirar la mano, trata de alcanzar algo, tomando una lámpara.

Al escuchar pasos, Emily desconecta la lámpara y se acerca. De un momento a otro, la luz de las escaleras se prende, la persona estaba cubierta por ropa color negro de pies a cabeza: lo único que se le podía notar serían los ojos, tenía un velo, el cual no cubría los ojos; el color de los ojos era imposible describirlo, entre tanto negro era difícil verle la mirada o algo de su cuerpo. Emily se acercó pensando que todo era una broma de mal gusto del idiota de su hermano, Brandon.

—¿Crees que voy a caer en otra de tus tontas bromas? —dice Emily, quien todavía sostiene la lámpara en su mano derecha con fuerza.

Emily le intenta quitar la máscara. Fue un gran error, porque la persona le detiene la mano con fuerza. Sorprendida, se intenta zafar de la mano de lo que parece no ser su hermano.

—Déjame.

En ese instante, la persona saca un cuchillo. Usando todas sus fuerzas, se intenta zafar, pero es imposible. Cuando la persona levanta el cuchillo, Emily reacciona. Al darse cuenta de que tiene la lámpara en su otra mano, con todas sus fuerzas le da un golpe a la persona, lo cual hace que esta la suelte.

Emily corre hacia la cocina y decide tomar cuchillos. Al salir hacia el patio, se esconde tras un gran árbol. La persona, al mover la cabeza hacia los lados, no la ve, así que se levanta y va hacia la cocina. Tras no verla, deduce que estará fuera de la casa, pero al salir escucha un sonido desde la entrada, así que corre hacia allá. Mientras tanto, por el cancel que tienen para que nadie entre al patio —por seguridad, claro está—, una persona empieza a tratar de abrirlo, pero Emily se da cuenta de la voz de aquella persona, así que corre hacia la puerta de barandal; pero antes de llegar, se tropieza con las tablas de madera que su padre dejó por la construcción. Emily se levanta y va hacia el cancel.

—Brandon, corre, necesitas traer ayuda.

—No me dirás qué debo hacer.

La persona estando detrás de Brandon, Emily comienza a gritar; Brandon, al voltear, este lo golpea con algo metálico —era difícil saber qué era entre la oscuridad de la noche—.

Emily, luego de ver a su hermano tirado sobre el suelo sin poder hacer algo por él, ella corre hacia la casa y ve la puerta abierta. Tras cerrarla, le pone el seguro. Al ver que aquella persona de identidad desconocida se acerca, Emily se aleja retrocediendo unos cuantos pasos, discretamente toma el teléfono inalámbrico para luego correr al piso de arriba. Mientras la persona abre la puerta con las llaves de Brandon, Emily se encuentra escondida bajo la cama del cuarto de sus padres, así que llama nuevamente a su madre.

—Quiere decir que le contó todo lo sucedido mientras ustedes estaban cenando —dice sorprendido uno de los policías.

—No le creía aún, pero ella me dijo lo que pasaba —dice Shania mientras lloraba.

Emily esperaba ansiosa a que su madre le contestara.

—¿Qué es lo que quieres ahora?

—Me trata de matar —dice Emily casi llorando.

De repente suena la sierra eléctrica del padre de Emily. Emily, sorprendida, se queda callada.

—¡Emily! ¿Esa es la sierra de tu padre? —pregunta sorprendida su madre.

Tras colgar Emily, Shania queda petrificada sin poder creer lo que escuchó, era imposible que su hija llegara a tal extremo para llamar la atención. Mientras tanto, Emily, sin hacer un movimiento que provoque algún sonido. La persona entra a la habitación tras darle un golpe con su pie, luego de destruir una parte de la puerta, exactamente donde se encuentra la perilla.

En el restaurante, justo cuando el mesero se acerca para tomarles la orden de lo que pudo ser una deliciosa cena, deciden irse para ver lo que en realidad le estaba pasando a Emily. En la casa, Emily, al ver los pasos acercándose a la cama, sintió que todo había terminado, pero se sorprende porque esa persona decide irse de la habitación junto con la sierra eléctrica. Tras unos segundos se sintió segura, pero necesitaba pensar cómo podría salir de la casa, pero en eso llama al 911, para pedir ayudar. Luego de hacer la llamada, una patrulla se encontraba en camino.

Emily decidió salir de la habitación porque comenzó a escuchar ruidos. Al caminar discretamente por el pasillo, va hacia la puerta principal, llevándose la sorpresa de que la persona se encontraba tapando con tablas de madera la entrada y algunas ventanas con las herramientas que eran para la construcción para el patio de atrás. La persona tenía planeado no dejar salir a Emily. Ella sabía que, si bajaba, era su fin, pero si se quedaba esperando ayuda, la persona que la quiere matar no la dejaría salir hasta que estuviera muerta. En ese momento, piensa en el balcón, era su única salida, pero era necesaria una soga muy larga, así que recuerda que su hermano usaría una soga para un proyecto de la escuela; así que discretamente camina hacia el cuarto de su hermano y la toma.

La persona, luego de que tapara toda entrada, se encontraba subiendo las escaleras lentamente. Estando arriba, camina al cuarto. Justo al momento de entrar, Emily se encuentra de espaldas atando la soga, pero al comenzar a bajar, la persona corre para detenerla. Pero Emily no se da cuenta de que aquel asesino se encuentra jalando de la soga. Emily sabía que tenía dos opciones. Una: si se aventaba, podría morir o romperse algo; la otra: si no bajaba rápido, la persona la tendría en sus manos.

Los padres de Emily querían entrar, pero, al intentar abrir la puerta, era imposible abrirla. Tras ver por una ventana con varias tablas, se dan cuenta de que todo se encontraba tapado. Corriendo hacia un lado de la casa para entrar por el patio, se quedaron sorprendidos al ver a su hijo, Brandon, inconsciente. Pero en un intento desesperado de abrirla, las llaves cayeron del otro lado. Shania, con varios intentos de alcanzarlas, fue imposible, al igual que lo fue para su esposo, Jasón, el padre de Emily; él trataba de despertar a su hijo.

Dentro de la casa, la persona logra subir a Emily. Ella, asustada, no sabía qué hacer, si golpearlo o correr, optando por la segunda opción: intenta correr, pero la persona la golpea con un bate por la espalda, quedando sobre el suelo. La persona pone su pie sobre la espalda de Emily haciendo que todo su peso quede sobre ella para que no se mueva. En ese momento, lo quita. Emily se intentaba mover, pero, al querer pararse, la persona le vuelve a golpear con el mismo bate en la espalda. Emily sentía un dolor tan fuerte, como si con otro golpe le fuese a romper algo. La persona le da media vuelta y quedan cara a cara, con su mano le toma el cuello y empieza a estrangularla. Emily, en su último intento de poder salvarse, con su pierna le da un golpe en el estómago, y este la suelta, logrando que Emily comience a moverse un poco.

Emily se levanta a duras penas, se encuentra adolorida, pero, al salir del cuarto, esta vez intenta correr hacia su habitación; al cerrarla, le pone seguro y la atora con la puerta de su armario. Desesperada, voltea hacia la ventana, que se encuentra abierta; asomando la cabeza, comienza a gritar; su madre la escuchar gritar desde el otro lado de la casa, así que se apresura para llegar allá. La persona quien bajo comienza a subir otra vez las escaleras con la sierra eléctrica de nuevo en sus manos. Emily, al ver a una persona abajo, comienza a pedir ayuda, pero se da cuenta de que es su madre. En ese instante, suena la sierra eléctrica. Emily no sabe qué hacer. La persona empezó a destrozar las cerraduras de la puerta y, al patearla, la puerta se abre. Su madre, sin saber cómo ayudarla, se acerca hasta debajo de la ventana, pero no puede proseguir por el cancel exterior fuera de la casa. De repente ve a su hija ser llevaba por una persona hacia el interior de la habitación.

Su madre corre de nuevo hacia donde está Jasón. Shania se estiró de nuevo lo más que pudo, hasta poder alcanzar de menos una de todas las llaves dentro del llavero. La jaló y tomó todas, desesperada. Encontró la llave. Al abrir ella, entra, pero volvió a cerrarle, sin dejar pasar a Jasón.

—¿Por qué no me dejaste pasar? —pregunta desconcertado Jasón.

—Tienes que llamar a una ambulancia para Brandon, no dejaré que ese malnacido salga de esta casa.

Shania corre hasta el patio, con sus intentos de poder abrir la puerta, lo cual no fue posible. Shania busca algo para poder entrar por esa ventana, un tanto estrecha. Al buscar algo, no encuentra nada, así que se sube en el bote la basura. Al abrir la ventana, intenta meterse hasta conseguirlo. Sintiendo pánico por la persona dentro de la casa, trata de meterse con más rapidez. Cuando logra estar dentro, la casa estaba tapada por los tablones de madera cada ventana o puerta, a excepción de las dos ventanas de la cocina, que dan vista al patio.

La persona, teniendo a Emily otra vez en sus manos, la apuñala en el estómago. Emily grita de dolor cayendo al piso, mientras con sus manos se tapa la herida. Entonces la persona la toma por el cabello y la comienza a arrastrar, gritando. Emily no podía hacer nada, se encontraba indefensa. Shania ve a la persona, pero no puede verle el rostro; se dio cuenta de que tenía algo en sus manos, como si lo arrastrara.

—Deja en paz a mi hija —gritó Shania a ese malnacido.

—Mamá —dijo Emily quejándose, casi no podía hablar.

El asesino levantó a Emily frente a él. Shania veía desde la sala. Entonces la persona la apuñaló de nuevo en el estómago. Emily comenzó a sacar sangre por la boca. Al levantar sus manos esta Emily para verlas, estas estaban ensangrentadas. Ese asesino quien tenía todo fríamente calculado para este día le dio la vuelta a Emily y la apuñaló en la parte baja de la espalda y aparte en un costado. Con todas las fuerzas aventó a Emily hacia la sala, cayendo en la mesa de cristal casi pegada a la pared frente a la sala. Shania corrió hacia Emily.

—Emily, no te mueras —dijo Shania estando al lado de Emily, pero ya es tarde, Emily estaba muerta.

—Pero ¿dónde está el cuerpo de Emily? —preguntó uno de los policías.

—Su cuerpo se lo llevó ese asesino —dice Shania.

Shania, teniendo en sus brazos a Emily, el asesino bajó las escaleras. Al estar atrás de Shania, la golpeó, cayendo al suelo estando consciente, así que el asesino se llevó el cuerpo de Emily. En ese momento suena la ambulancia, así como las patrullas de Policía. Era realmente tarde. Shania cerró los ojos deseando que solo fuera un sueño, pero al despertar se encontraba ya en el hospital; los policías en casa de los Harris quitaban los tablones de madera buscando alguna pista, mientras Brandon se encuentra también en el hospital.

—Una última pregunta; bueno, eso espero yo. ¿Cómo salió ese asesino por el cancel rodeado por todo el terreno de la casa?

Un oficial entra a la habitación.

—Siento interrumpir, Byron, encontraron en el patio trasero que en el cancel había alrededor de tres barrotes sueltos, dedujimos que probablemente escapó por ahí el asesino, pero no hay rastros de Emily.

—No, porque él o ella se la llevó —dice Shania.

—En estos momentos están interrogando a Brandon —dice el mismo policía que entró hace unos instantes.

—¿Por qué a mi hijo? Si él estaba inconsciente —dice Shania.

—Perdone, señora, pero tenemos que descartar a cualquier sospechoso.

En otra habitación, Brandon, junto a dos policías, se encuentra ahí. Él no recordaba mucho de lo que pasó cuando llegó, lo cual era imposible para saber algo de la persona que asesinó a Emily.

—Dinos lo que sea que sepas, ¿qué pasó antes de que te desmayaras?

—Mi hermana quería… quería que… pidiera ayuda, pero no le hice caso, de repente me advirtió de que estaba tras de mí y caí, pero antes de eso comenzamos a discutir sobre… por una persona con la que salí, pero no sé qué más.

—Eso es todo, gracias —dice el policía, quien le toca el hombro—. Encontraremos al que hizo esto.

Brandon intentó no romper a llorar, no podía creer que su hermana ya no estaba, era realmente duro para él.

En una calle oscura, con unas cuantas personas y muy poca luz, una persona camina cubierta por una chamarra con su capucha en la cabeza. De repente se detiene y ve su mano llena de sangre, con un pequeño trapo se trata de limpiar lo más que puede. Luego de eso, saca su celular y comienza a escribir un mensaje, el cual, tras terminar de escribirlo, termina enviando a cinco personas.

Los celulares sonando a media noche, los cinco amigos —Noah, Isabela, Peggy, Jeremy y Steve— se levantan para verlo, cada uno lo lee desde su cama, quedando sorprendidos.

«Así debió morir Emily».

Capítulo 2 No fue tan malo, pero…

«Los enemigos están donde uno menos se lo espera».

De lo sucedido la noche anterior… era, bueno, sería increíble saber lo que en realidad pasó o lo que al menos de los rumores que se dicen en Cleveland fueran ciertos. A la mañana siguiente, el padre de Emily, así como sus amigos y algunos compañeros de la escuela se encuentran de luto en el funeral de Emily. En el fondo se encuentra Heather vestida con un abrigo color negro. Mientras sonreía, ella daba la media vuelta y camina un poco lejos de ahí.

Sus amigos más cercanos, Noah, Peggy, Steve y Jeremy, a excepción de Isabela, se acercan al féretro donde Emily, al parecer, se debería encontrar, teniendo cada uno en sus manos una rosa blanca, la cual era la favorita Emily. Ella pensaba que reflejaba pureza por el color. Tristes y temblorosos, cada uno pone las flores sobre el féretro. Noah, con las lágrimas cayendo de su rostro, cierra los ojos y se da la media vuelta para ya no ver más. Peggy lo abraza para hacerlo sentir un poco mejor, pero no era posible, mientras que Steve y Jeremy solo veían el féretro, pensando cómo era posible que Emily se fue, que la mataron; era sorprendente pero realmente horrible que una persona pudiera hacer eso.

—Fui el culpable —dice Noah, quien ve a los ojos a Peggy.

—¿Qué? ¿De qué hablas? —pregunta desconcertada Peggy.

—Si tan solo la hubiera acompañado ayer, ella seguiría viva —dice Noah.

—No fue tu culpa, tú no sabías —dice Peggy mientras le toca el hombro.

—Lo que no comprendo es por qué alguien quería matar a Emily, ¿qué hizo? Pero ya nada importa, ella no está —dice Noah triste.

Jeremy y Steve se acercan a ellos, con los ánimos por debajo de los suelos. Emily se había ido y eso sería un cambio en su pequeño círculo social y para la escuela, aquel veneno que Emily repartía día a día iría cesando tras su pérdida, probablemente, o alguien tomaría su lugar. Heather, quien se acerca a ellos, tratando de molestarlos, lanza una pregunta.

—¿Ahora quien será la víbora ponzoñosa?

—¿Sabes? Si no tienes respeto por una persona muerta, por supuesto que tú serías esa víbora ponzoñosa de la que hablas —dice Peggy.

—Creo que mejor será que te vayas, Heather —dice Steve.

Heather, al no sentirse bien recibida en el círculo social, se va de ahí. En ese momento, Noah mira a su alrededor sintiendo que alguien falta. Claro que falta alguien, pero no entiende el motivo de que no esté aquí.

—¿Dónde está Isabela?

—¿No te enteraste? —dice Peggy, sorprendida.

—No, ¿qué pasó? —pregunta preocupado este Noah.

—Su padre… —Hizo una pausa—. Fue encontrado muerto ayer.

En ese momento, llega Isabela con sus ojos hinchados y un poco rojos por tanto llorar. Noah, al verla, le da un abrazo para darle su apoyo.

—Me acabo de enterar, ha sido un día de tantas sorpresas —dice él. Pero de repente sienten la sensación de ser vigilados. En ese momento, llega un mensaje; sorprendido se lo lee.

«¿Ya vieron el mensaje? Espero y entiendan que lo que hago no es un juego».

Noah cierra sus ojos, sintiéndose impotente de poder hacer algo al respecto y cambiar el pasado; los demás, sin poder creerlo, miran el celular. Luego de volverlo a tomar, se dirige hacia el padre de Emily, Jasón. Al verlo destrozado por la muerte de su hija, le da un abrazo y trata de contenerse, pero fue imposible, el llanto aparecía sin quererlo.

—Es difícil creer que mi hija, mi pequeña Emily…, ya no esté —dice Jasón, quien, un tanto tembloroso, se seca las lágrimas.

—Lo sé, pero tenga en cuenta que Brandon tiene que tener todo su amor y el de Shania —dice Noah sonriéndole, pero voltea hacia los presentes del funeral—. ¿Dónde está Shania?

—Dijo que era demasiado con ver cómo mataron a Emily, no quería asistir, además de que seguía un poco mal.

—¿Cree que será buena idea si la visito en estos días? —pregunta Noah.

—Shania estaría encantada —dice Jasón.

—¿Cómo murió Emily?, ¿quién la mató?

—Noah… Será mejor que así se queden las cosas, Emily no tuvo una muerte bonita para contar.

Noah se despide con un fuerte abrazo hacia Jasón. Al ir caminando hacia sus amigos, se detiene a pensar. «Emily no se merecía morir, no, ella no». En ese momento, sus ojos se comenzaron a llenar de lágrimas.

En ese momento, su celular comienza a sonar, dándose cuenta de que la llamada se está haciendo de un número privado, así que decide contestar.

«Aprende a cerrar la boca ante los demás. De no ser por ti, nunca me hubiera enterado de que Emily estaría sola».

Noah llega con sus amigos y les da un abrazo despidiéndose, pero, al sentirse de nuevo observado, Noah comienza a ver a su alrededor.

—Tengo la extraña sensación de que la persona que asesinó a Emily nos está observando.

—¿Por qué lo dices? —pregunta Steve mirando a su alrededor también.

—Me llamó una persona —dijo Noah, seguido de un silencio entre ellos; sorprendidos, lo miraban—. Era una voz de un hombre, pero estoy seguro de que fue quien mató a Emily.

—¿Deberíamos llamar a la policía? —pregunta Peggy con cierta desconfianza.

—Aún no sabemos mucho, pero antes de hacer algo estúpido, necesitamos respuestas para nosotros mismos —propuso Jeremy como una opción viable.

—No hablamos solo de Emily, sino del padre de Isabela —dijo Noah a Jeremy, para luego mirar a Isabela y sonreírle para que viera que está dando todo su apoyo.

—¿Saben qué día es hoy? —dijo Isabela, al verlos. Todos niegan al no saber de lo que habla Isabela. Claro estaba que Isabela está un tanto más informada de la situación que los demás—. Hoy se cumple un año desde la muerte de Bella.

—¿Crees que la persona que mató a Bella es la misma que le hizo esto a Emily? —se cuestiona un poco Noah.

—No veo por qué no, es un tanto realista, queen bees, narcisismo —dice Peggy.

—¿Por qué todo un año? —pregunta Noah.

—Es obvio, Noah —dice Jeremy. Sorprendidos, todos voltean a verlo—. Tenía que pasar todo un año para que alguien tuviera la misma frialdad para dominar la escuela. A Emily le tomó alrededor de un semestre para que las personas se dieran cuenta de con quién estaban tratando y esta persona sabía que la misma fecha conmemoraría la muerte de la sucesora.

—Es algo razonable, pero no tiene sentido matar a una persona por ser una arpía sin corazón —dice Steve, quien mira a Noah—. Sin ofender a Emily, quien descansa en paz.

—¿Lo decimos a la policía o no? —ahora pregunta Noah.

—Necesitamos esperar un poco más, tal vez solo lo haga cada año cuando una nueva queen bee domine la escuela otra vez —dice Jeremy.

—Esperaremos un poco, pero no esperaré otro año a que otra persona muera —dice Noah, quien se va un poco molesto, no quería pensar que otra persona podría morir y ellos no hacen nada para detenerlo o detenerla.

Isabela sigue a Noah para detenerlo, lo cual consigue. Él se encontraba muy mal, frustrado por la pérdida de Emily, todo era como un mal sueño. Veía a Isabela tan fuerte a pesar de lo sucedido con su padre, se sentía como un niño pequeño queriendo ir a los brazos de su madre y llorar, pero Noah tenía que ser un hombre; pero el estar con Isabela siempre le daba un poco de tranquilidad. Dándole un abrazo, las lágrimas caían de sus ojos.

—Si tan solo no la hubieran matado —dice Noah sin soltarse de Isabela.

—Las cosas pasan por algo —dice Isabela, quien hace que la suelte. Al verle su rostro, ella limpia las mejillas de su mejor amigo—. ¿Qué te parece si me acompañas a mi casa?

—Eso estaría bien —dice Noah sonriendo.

Isabela y Noah caminan juntos, un poco callados, pero ese silencio nunca era incómodo para ellos. De repente, ella decidió tomar la mano de su mejor amigo.

—Siempre estaré para ti —dice Isabela sin soltarle. Noah no dijo nada, solo sonreía—. ¿Puedo contarte algo?

—Claro —respondió Noah, girando su cabeza para mirarle.

—Fue fácil decir que mi padre murió por el hecho de que la policía cree que lo mataron, pero él tenía no solo problemas de corazón, él tenía problemas mentales. Y si, en vez del asesinato, fue un suicidio de su parte… —dice Isabela, quien se detiene para ponerse frente a Noah—. ¿Por qué lo hizo?, ¿no me quería?

—Claro que te quería, se le podía ver en su mirada, lo llegué a notar —dice Noah tomando con delicadeza la barbilla de Isabela para levantarle su cabeza y que la viera a los ojos—. Tal vez no supo por qué lo hizo, tal vez quiso acabar con su dolor, no era la manera, pero tu padre está en un mejor lugar.

Isabela quita la mano de Noah de su barbilla y sonríe.

—Siempre sabes cómo sacarme una sonrisa.

De repente Isabela pasó sus brazos alrededor del cuello de Noah, lo cual fue incómodo para él, dándole un beso. Noah se aparta.

—Esto no debería estar pasando —dice Noah, sorprendido.

—Emily no está —dice Isabela, quien le quiere tomar la mano, pero Noah se detiene.

—Nuestra amiga se acaba de morir, al igual que tu padre, y tú piensas en besarme. Emily se merece un poco más de respeto y tiempo de mi parte.

En ese instante, sale Heather con una bolsa negra. Noah e Isabela voltearon hacia la casa sorprendidos.

—Guau, se nota cuánto querías a Emily, ¿qué habrás hecho cuando anduvimos?

—Yo no quise…

—Déjalo así, realmente no me interesa —dice Heather sin oportunidad de dar su versión de lo ocurrido.

—¿Qué te ocurrió, Heather? Antes eras nuestra amiga —dice Isabela.

—Pregúntale a la que me hizo esto —dijo Heather apuntándose, pero luego se puso a pensar—. Oh, no puedes, está muerta.

Isabela comienza a ver la fachada de la casa, se percata de una persona que está en el segundo piso, como si los estuviera observando. Noah solo se da la vuelta y comienza a caminar sin querer ver a Heather, así que Isabela le sigue el paso. Mientras tanto, por la parte trasera de la casa, sale una persona, la cual sigue su camino unas cuantas manzanas más hasta llegar a su destino. Al tocar la puerta de una casa, un hombre de unos cuarenta años abre la puerta; sorprendido, mira a su alrededor.

—Pasa, no quiero que nadie te vea —dice el hombre, que deja pasar a la persona. Al cerrar la puerta, este lo ve sentando en sillón de la sala—. Dejaré el caso, pero necesito el dinero antes.

La persona comienza a bajar el cierre de su chamarra y saca un sobre color amarillo. Al entregárselo al hombre, esta persona sale por el patio.

Luego de dejar a Isabela en su casa, Noah llega por fin a su casa, pero se lleva la sorpresa de periodistas fuera de su casa, esperando saber algo sobre la muerte de Emily. Al ver llegar a Noah, todos se acercan a él, lanzando preguntas. «¿Es cierto que pasó la noche con Emily?», «¿Qué nos puede decir sobre Emily Harris?», «¿Cree que tenga que ver con la misma persona que asesinó a Bella Anderson hace un año?», «¿Sabe cómo murió?». En ese momento sale su padre, Bob, y mete a su hijo a la casa.

—¿Por qué toda esa gente está aquí? —pregunta Noah sorprendido.

—Es por lo de Emily —dice su madre, Jennifer, quien desconecta el teléfono, el cual no dejaba de sonar.

—Me iré a mi habitación —dice Noah un poco serio. Mientras subía las escaleras, él sacaba su celular y comenzaba a marcar un número. Al esperar a que contestara la persona, escucha su voz—. ¡Byron! ¿Podrías venir a sacar a todas estas personas que están fuera de mi casa?

—Por supuesto, Noah, ahora mando a una patrulla —dice Byron.

En ese instante, al mirar hacia la ventana, se percata de una persona, como si se estuviera escondiendo.

—Gracias, Byron —le dice mientras cuelga.

De repente le tocan la espalda. Sorprendido, voltea a ver quién es, siendo su hermana, Devonne, la cual se encuentra un poco triste. Noah se pone a su altura flexionando una pierna para verle a los ojos.

—¿Qué es lo que te pasa?

—Papá y mamá están peleando de nuevo.

Noah, al salir de la habitación, se dirige hacia sus padres. Mientras, Devonne ve por la ventana. Los periodistas se habían ido. De repente, una persona con una máscara aparece y comienza a saludarle; de su chamara color negro, le muestra un cuchillo, ella lo logra ver, asustada retrocede.

—¡Noah!, ¡Noah! —comenzó a gritar.

Noah corre a ver qué sucede con su hermana, al igual que sus padres. Al entrar, Devonne apuntaba a la ventana, aún asustada. Ella estaba contra la pared frente a la ventana, pero Noah, al acercarse a ver, no ve nada, solo a lo lejos varias personas.

Noah, con sus brazos extendidos para abrazar a Devonne. Ella corre hacia él.

—Cuéntame qué fue lo que pasó.

Devonne no soltaba a su hermano. En ese momento, él ve a sus padres callados, solo se encontraban ahí parados.

—Algún día pónganse a pensar cómo nos sentimos.

—Hijos, esto lo hemos hablado mucho, su padre y yo, creo que, con todo esto que pasó hoy y problemas económicos que estamos teniendo, nos vamos a mudar a la casa de su abuelo.

En casa de los Harris, Jasón se encuentra solo. Shania seguía en el hospital, al igual que Brandon. Su casa era realmente un desastre, había sangre en el suelo, aún había tablas tapando una que otra ventana. La policía volvería en unas horas, así le había dicho. Su vida era un desastre, a su hija la mataron, justo ahí, donde estaba; la mesa de cristal estaba hecha pedazos. De repente, su celular comenzaba a sonar. Jasón pensó que podría ser de la empresa, pero era un número privado; de cualquier modo, decidió contestar.

—¿Sí?, ¿quién habla?

—Mira a tu alrededor, las cosas pasaron porque tuviste una hija que no podía respetar a la vida, siempre hacia las cosas a su manera y por eso murió.

—¿Quién habla? —pregunta sorprendido Jasón, queriendo saber el enigma de aquella persona, pero la persona había colgado.

Jasón se quedó pensando, hasta que una idea se le vino a la cabeza, no iba a dejar que ese hijo de puta, se quedara libre.

—Averiguaré de quién es este número —dijo mientras tomaba las llaves de su automóvil, pero en ese momento vuelve a sonar el teléfono y contesta—. No sé quién eres, pero cuando te encuentre…

—No sé quién te has creído, pero antes de que me encuentres, tendré toda tu sangre sobre mi cuerpo —dice en un tonto un tanto grosero la persona mientras va manejando su carro.

—Mira, hijo de puta…, no te saldrás con la tuya —dice Jasón muy seguro al hablar.

—Inténtalo —dijo aquella persona tras el teléfono, quien, tras pronunciar esa última palabra, cuelga inmediatamente.

La persona tras el misterio del asesinato de Emily detiene su automóvil a la mitad de la carretera. Al salir con sus guantes de color negro de piel puestos, toma un trapo con el cual limpia su celular. Al ir a la cajuela, saca un martillo. Al alejarse un poco de su carro, pone el celular sobre el suelo y con todas sus fuerzas golpea contra él. La persona, se sube a su automóvil y se va de ahí.

Jasón llega a la compañía telefónica y luego de esperar unos minutos es atendido. La muchacha comienza a atenderlo.

—Necesito saber sobre un número telefónico —dice Jasón—. Es un número privado.

—Me temo que podría tan solo darle el número.

—Quiero información del portador del celular, del número —dice Jasón, quien saca una chequera—. ¿Cuánto quieres para que me des esa información?

La muchacha comienza a ver la información del portador del celular, en la base de datos de su computadora.

—Bueno el número es el (216) 585-9513 y es perteneciente a una muchacha.

Jasón se sorprende al saber que pertenece a una muchacha.

—¿Cuál es el nombre de la joven? —dijo, pero al ver la indecisión de la muchacha, decidió agregar un número más al cheque—. Espero que esto sea suficiente.

Luego de que la muchacha le dijera el nombre a Jasón, se veía contento.

—Gracias —dice Jasón. La información era poca, pero suficiente para saber cómo dar el siguiente paso. Antes de irse, le entrega el cheque a la muchacha.

En casa de Isabela, ella se encuentra arreglando la casa, la cual es un desorden tras el asesinato de su padre. Su madre no se encuentra, su vida era un tanto vacía sin su padre. De repente, llaman en la puerta, así que abre y es el repartidor, que trae una caja.

—Para la señorita Isabela Wilson.

—Soy yo —dice Isabela desconcertada.

—¿Puede firmar? —El muchacho le acerca el sujetapapeles y el bolígrafo, así que Isabela firma para que se le pueda entregar el paquete. El muchacho se va.

Isabela, apresurada, comienza a destaparlo. Confundida, ella saca de la caja una grabadora de voz pequeña. Pensando que habrá algo grabado, presiona el botón para reproducir.

«Recuerda que nunca podrás olvidar el pasado, solo recuérdalo, Isabela».

Isabela comienza a recordar. En ese momento, toma una figura de cristal en forma de elefante y la lanza contra la pared.

—Maldita sea.

Al pasar los días, reunidos fuera de la escuela, Noah, Isabela, Peggy, Jeremy y Steve miran la entrada, asustados como pequeñas presas ante los demás. Emily se fue y ella nunca volverá. De repente, los celulares comenzaron a sonar, no solo los de ellos, sino en toda la escuela, así que ven de qué se trata.

«Noah Gray, Isabela Wilson, Peggy Young, Jeremy Price y Steve Jones, ¿amigos o una amenaza? Podría ser tan fácil culpar a otros, cuando en realidad los amigos, los supuestos amigos, podrían ser los culpables de lo que realmente pasó esa noche desastrosa en casa de los Harris».

—¿Será hora de llamar a la policía? —pregunta Noah.

—Nos está inculpando de algo que no hicimos —dice Peggy sorprendida—. Claro que debemos hacer algo.

De repente, el celular de Isabela comenzó a sonar. Ella se dio cuenta de que es un número privado. Sin importar, ella contestó.

—¿Sí?, ¿quién habla?

—Ponlo en altavoz —dijo la persona, seguido de que Isabela llamó la atención de sus amigos y lo puso en altavoz—. Digan algo sobre mí y todos ustedes junto conmigo nos vamos a la mierda. —La persona cuelga.

—Eso fue una señal de que no debemos hacer nada —dice Jeremy muy sorprendido.

—Cambiando de tema —dice Noah, queriendo la atención de sus queridos amigos—, mis padres tomaron una decisión y me iré de Cleveland.

Sus amigos, sorprendidos, miraron a Noah.

—Es una pena —dice con un poco de sarcasmo al pronunciar sus palabras Heather—. Realmente a nadie le interesa, son unos hipócritas.

—Eres una…

—¿Una qué? ¿Una zorra o una perra solo por decirle la verdad? De menos no soy una mentirosa como varias personas aquí presentes —dijo Heather, para luego seguir su camino para entrar a la escuela, pero regresa, mientras ve su celular—. Una amiga me dijo que el director los espera en su oficina.

Siguiendo su camino hacia la oficina del director, podían notar que las personas susurraban entre los pasillos y los miraban, como si en realidad fueran la amenaza en Cleveland. Al llegar a la oficina del director, se sorprenden al ver a la policía ahí. Al cerrar la puerta, les indica que se sienten. Noah e Isabela se sentaron en las sillas frente al escritorio del director, mientras Peggy, Jeremy y Steve se sientan en un sillón a un lado del escritorio. El director, con su celular, se lo pasa a Noah.

—¿Qué es esto? —pregunta el director.

Noah mira a sus amigos un poco preocupado.

—Director no entiendo por qué esta persona está haciendo esto, nos quiere parecer los culpables cuando no lo somos.

De repente entra un policía. Noah, sorprendido, sonríe por conocer al policía. Lo mira, el policía se sorprende también de ver a su amigo Noah.

—¡Byron! —exclama sorprendido Noah.

—¡Noah! —dice él.

—Pero ¿qué haces aquí? —pregunta Noah.

—Mi trabajo —dice Byron en un tono muy sarcástico.

—No entiendo el motivo por el cual la policía nos manda a llamar —dice Isabela cruzando los brazos—. Éramos sus amigos, puede haber personas que realmente odiaban a Emily y se pudieron vengar.

De repente, el teléfono de Byron comienza a sonar, la persona que llama es Jasón.

—¿Qué pasa?

—Creo tener una pista sobre quién pudo matar a Emily —dice Jasón, muy seguro al hablar.

—Te veo en tu casa en un rato —dice Byron, quien cuelga y al voltear con los demás sonríe—. Perdón.

—Entonces, ¿qué pasará con nosotros? —pregunta Peggy sintiéndose un poco incomoda por los cuatro policías dentro de la misma habitación.

—Tenemos que ir por los principales sospechosos, para los cuales nos basamos en los amigos; son las personas más cercanas, además de la familia.

Isabela se levanta y mira a sus amigos, para luego mirar al director y a los policías.

—Creo que esto es todo, teníamos planes en la noche y no pudimos estar con Emily, no hablaremos más del tema.

Levantándose, los demás caminan hacia la puerta con un poco de velocidad en cada paso. Mientras tanto, los policías salen de la dirección dirigiéndose hacia la salida, a excepción de Byron, quien va en busca de Noah.

—No puedo creer que las personas piensen que nosotros somos los culpables —dice Jeremy, quien mueve mucho los dedos de sus manos cuando está un tanto nervioso—. Esos policías no me dan confianza, me ponen de nervios.

—Por eso el movimiento de tus dedos, ¿cierto? —dice Steve—. ¿Qué haremos ahora?

De repente, comienza a sonar el teléfono de Steve y contesta sin saber qué número es.

«Digan una sola palabra sobre mí y verán a alguien más en la tumba».

La persona cuelga.

—Lo que haremos…

—No haremos nada que involucre a otras personas —dice Steve, interrumpiendo a Noah.

—¿De qué hablas? —pregunta Peggy, tratando de entender el razonamiento de su amigo.

—Me llamó y dice que, si le decimos a alguien sobre él, habrá otra persona muerta —dice Steve un poco asustado.

—Disculpen. —Todos sorprendidos voltean a ver a la persona que les habla, o sea, al policía Byron—. Necesito un momento a Noah.

Noah se despide de sus amigos y se va siguiendo el paso de su amigo policía, Byron. Estando fuera de la escuela, Noah veía como su amigo le daba la espalda, parecía enojado, así que le toca el hombro para que reaccione y le ponga atención.

—Ahora sí, ¿me dirás por qué me has traído para acá? —pregunta con un poco de desconcierto este Noah.

—¿Qué fue eso allá adentro? —le responde con otra pregunta en un tono nada amable—. Parecían completos culpables… Sé que no lo son, pero mis compañeros estarán pensando en otra cosa.

—Lo siento, pero nos sentíamos mal porque pensaran en nosotros —dice desviando su mirada al sentirse mal.

—Mira, no sabemos nada hasta el momento, pero trataré de que no piensen mal, les explicaré cómo es que se sentían y trataré de informarte —dice Byron.

—Te lo agradezco, Byron —le sonríe Noah.