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Desde que tengo memoria, me inquietaba un sueño recurrente: la silueta de un triángulo con casitas como si estuvieran colgadas, y un salto de agua amarronada que bajaba desde la cima de la montaña.Transcurría el año 1996 cuando, un día como tantos, mi esposo, que estaba en su escritorio, me llamo agitado con una alegría eufórica. Me llevo a la pantalla de su ordenador y me mostró la imagen de una foto antigua amarronada que encontró en Internet.Él me preguntó ¿ ésta es la imagen con la que soñás ? Por supuesto que yo asentí, casi sin poder gesticular palabra alguna. Bueno, me dijo, respirá, respirá… Este lugar es Centuripe, el pueblo de tu abuelo materno.Sin saberlo, en ese momento, mirando esa simple foto, comenzaba a gestarse un hilo conductor que me llevaría a una serie de increíbles sucesos sincrónicos, los cuales me conducirían a un sorprendente camino de revelaciones, desenmarañando la información ancestral.
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Seitenzahl: 302
Veröffentlichungsjahr: 2024
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Letrame Editorial.
www.Letrame.com
© Miriviento
Diseño de edición: Letrame Editorial.
Maquetación: Juan Muñoz Céspedes
Diseño de portada: Sebastián Sempronii
Supervisión de corrección: Celia Jiménez
ISBN: 978-84-1068-319-8
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Prólogo
Es importante que nos demos cuenta de que el pasado, el presente y el futuro están aquí y ahora, que jamás se podrá saltar ningún punto en la trama de la vida, y que nada sucede por casualidad, que antes o después, los secretos serán iluminados y saldrán a la luz para ser sanados, que el Amor es la única y verdadera energía que nos eleva, y para ello es vital despojarnos del juicio, que al final, todos los caminos conducen a nuestro interior, y desde allí se expanden integrándose al «Todo», que lo que hemos sembrado será lo que cosecharemos, que siempre podremos hacer cambios para vivir mejor, que aunque nadie pueda volver atrás y hacer un nuevo comienzo, cualquiera puede empezar de nuevo y hacer un nuevo final, que hogar no es donde naciste, sino el lugar de donde no tenés ganas de salirte, que el Amor todo lo puede, y a nadie abandona el Cielo.
Y de que la Gratitud es la llave mágica que abre todos los caminos.
Miriam y Ricardo
¡GRACIAS! ¡GRACIAS! ¡GRACIAS!
.
Dedicado
A mi amada madrina Negrita.
Es mi deseo profundo que puedas leer estas páginas desde las estrellas y que desde allí sigas iluminando el camino.
Hasta que nos volvamos a encontrar. Con todo mi Amor
A Cristina, consuegra y amiga, quien tanto colaboró para que pudiera comprender lo que los sueños querían decirme.
Querida Abu Cristi, como te dicen nuestros nietos, sé que desde donde te encuentres, nos estarás guiando. Con todo mi cariño.
A mis hijos, con todo mi amor.
A mis nietos, dulces colibríes de mi existencia.
Uno Momento presente: Emma cuenta la historia
Desde que tengo memoria, me inquietaba un sueño recurrente: la silueta de un triángulo con casitas como si estuvieran colgadas, y un salto de agua amarronada que bajaba desde la cima de la montaña.
Lo importante no era lo que veía en el sueño, sino el sentimiento de angustia que me invadía durante todo el día. Fue después de muchos años, cuando mis hijos eran adolescentes, que pude comenzar a relacionar el sueño con la angustia. Comencé a darme cuenta de que ese sentimiento era derivado del sueño sin tener motivo aparente; sentía también un gran vacío, algo que no se completaba.
Con el paso del tiempo, los sueños ya eran casi a diario, y conseguí descifrar que mi corazón quería decirme algo. Todavía había confusión, pero ya estaba segura de que esos sueños traían un mensaje, una información. En ese momento me entregué sin luchar a esa emoción, y a la vez me dejé impregnar por la información que quería transmitirme, entregarme el sueño; incluso siendo en otro idioma.
Y ocurrió la magia. Al dejar de luchar, al soltar el miedo, permití que el mensaje comenzara a activarse, a desbloquearse. Así fue como comenzaron los sucesos que me llevarían a comprenderlo en su totalidad. Paso a paso, sin saber, sabiendo, todo se iluminaba. Fui convocando personas, libros, películas, situaciones que me asistían para la comprensión profunda. Comencé a ser testigo de la colaboración invisible que me cuidaba en todo momento.
Ahora sé que siempre estuvieron allí conmigo, aunque yo no me percatara de su presencia. Cuando, por fin, el latido de mi corazón se sintonizó con el latido del corazón universal, fue que se produjo el gran encuentro, y con ello la comprensión de que el pasado y el futuro están aquí y ahora, que yo nada tenía que hacer, solamente respirar con consciencia, fluir, y todo me sería mostrado, entregado, y en mi libre albedrío lo transformaría para honrar, liberando así en forma horizontal y vertical a toda la rama familiar.
Haré lo posible por transmitir de qué manera fue ingresando la claridad.
Transcurría el año 1996 cuando, un día como tantos, mi esposo, que estaba en su escritorio, me llamó agitado con una alegría eufórica.
Me llevó a la pantalla de su ordenador y me mostró la imagen de una foto antigua, amarronada, que encontró en Internet.
Al verla quedé perpleja, catatónica; no podía creerlo. Él me preguntó «¿Esta es la imagen con la que soñás?»Por supuesto que yo asentí, casi sin poder gesticular palabra alguna. «Bueno, me dijo, respirá, respirá… Este lugar es Centuripe, el pueblo de tu abuelo materno».
Y siguió relatando: «Aquí indica que se trata de un sitio característico del pueblo. Es un montículo triangular que sobresale en la geografía de la montaña, y en su vértice se destaca una pequeña capilla. Le llaman Monte Calvario.
Sicilia es un triángulo invertido con su vértice hacia abajo, y Centuripe se ubica en la zona central de la isla. Este antiguo pueblo, con más de 3000 años de historia (habitado ya antes de los fenicios), se extiende en la cima de un encuentro de cinco cadenas montañosas, a unos 700 metros sobre el nivel del mar, y sus calles y construcciones se desarrollan sobre la altura máxima. Vista desde el aire, se asemeja a una estrella de mar con sus cinco brazos o a una figura humana.
Desde lo alto, unos 100 kilómetros al noreste, se destaca un imponente panorama: la silueta del volcán Etna, que domina todo, hasta la personalidad de los habitantes de la isla. Les provoca una alerta permanente que es visible en el temperamento cotidiano de impulsividad, violencia y agresión, con la amenaza constante de activar su fuego interno provocando lava».
Sin saberlo, en ese momento, mirando esa simple foto, comenzaba a gestarse un hilo conductor que me llevaría a una serie de increíbles sucesos sincrónicos, los cuales me conducirían a un sorprendente camino de revelaciones, impregnado de sabiduría, guiándome hacia lo más profundo de mi ser, desenmarañando la información ancestral.
A partir de ahora, relataré una serie de sucesos que me llevaron a la comprensión.
El primero ocurrió en 2004. Mi esposo me invitó al cine, y elegimos ver La Terminal, la película de Steven Spielberg, en la que el personaje principal es interpretado por Tom Hanks. A la salida, sentía que mi alma vibraba. El protagonista de la película tenía que completar algo que su padre no había podido hacer, y me di cuenta de que allí había una clave. Me tocaría a mí completar algo que mis ancestros no pudieron, pero... ¿qué sería? ¿De qué o de quién se trataría? Todavía me faltaban respuestas, pero ya tenía la certeza de que era una pieza importante para resolver algo muy, muy antiguo.
El segundo suceso tuvo que ver con mis sueños, que seguían, que no me daban respiro, aunque sentía que la angustia ya no me sofocaba tanto. Llegó de visita mi consuegra, y conversando de lo que sentí al ver la película y lo movilizada que estaba, me prestó un libro llamado La Conspiración de los Alquimistas, de Hania Czajkowski, y me dijo: «Siento que este libro puede ayudarte a entender». Me contó el caso de una amiga suya que tenía vivencias similares, y a la que ese libro le fue de gran ayuda. Feliz lo recibí, y le agradecí diciéndole que le seguiría comentando mi sentir.
Ese maravilloso libro realmente sí que fue de gran ayuda. En apariencia, era una novela interesante, pero su contenido profundo movería montañas.
El libro colaboró en darme la certeza de que estaba más cerca de encontrar lo que buscaba, pero que todavía no comprendía muy bien.
Así que por momentos me sentía lista para trascenderlo todo, y en otros momentos, caía en el pesimismo, pensando que estaba un tanto loca. De mi corazón brotaba toda la fe y el entusiasmo, y de mi mente se desprendía la lógica que me decía: «No pierdas tiempo en esto». Y sucedía que de noche soñaba y de día me angustiaba; ahora, además, se sumaba la doble angustia y la ansiedad de la dualidad que sentía.
Hubo un tercer suceso. Otra vez conversando con mi consuegra sobre esta dualidad que me apresaba, se le ocurrió una brillante idea. «Te cuento, dijo, tengo una conocida que se dedica a estudiar a los inmigrantes, sus vivencias, y a observar a sus descendientes. Por todo lo que me has comentado, seguramente ella podrá darnos alguna pista». Por supuesto, acepté encantada, haciendo callar a mi mente y siguiendo a mi corazón.
Apenas llegué a ver a esta consteladora (fui sola), estaba con ella una amiga que también sabía algunas cosas al respecto.
La pregunta que me hizo fue directa:
—Contame, ¿qué sabes de tus abuelos?
—Bueno… —le dije titubeando un poco—. No es mucho lo que puedo decirte. Conocí solamente a una abuela, la madre de mi madre, que murió cuando yo tenía nueve años. Sé que ella y mi abuelo, con su primera hija, de más o menos un año, vinieron de Italia, de Sicilia, a Buenos Aires (Argentina), y después tuvieron trece hijos más—. Pero ahí se terminó la pista que yo tenía, y un poco deprimida, le dije: «Creo que no voy a poder seguir más. Ya trataré de averiguar algo, y cualquier novedad, te aviso».
Pero esta maravillosa mujer, que no volví a ver nunca más, no dejó que me fuera así nomás; y siguió tironeando de mi memoria. Aunque yo creía haberlo dicho todo, de repente vino algo a mi mente, así como por arte de magia, y me escuché contando lo siguiente:
«Recuerdo que una tía contó que cuando se desató la Primera Guerra Mundial, el Rey Víctor Manuel III, a quien apodaban el Rey Petiso, hizo saber a todos los italianos repartidos por el mundo que debían colaborar con su patria1. Esa tía contaba que mi abuelo Drako le dijo entonces a su esposa que utilizaría el pasaje de vuelta para regresar a Italia y defender su patria. Aparentemente, ellos, como tantos otros, habían venido a «hacer la América», como se le llamaba, para regresar a su país más adelante, con las arcas llenas de dinero. Lo que ni se imaginaban era que la vida los haría entrar en un juego peligroso, cambiando sus planes. Cuando mi abuela se enteró de los planes de su esposo, lejos de aceptar, no titubeó en quemar en el brasero con el que mantenían el calor del hogar, y hasta cocinaban, el pasaje y su documento de identidad. Mientras los papeles se consumían en el fuego, mi abuela le dijo: «sé que si te vas, no vas a volver jamás, y que me vas a dejar sola con nuestros hijos». Por esa época ya sumaban cuatro o cinco. Lo que mi abuelita no se imaginó fue que al querer ella forzar el destino, una parte de él moriría en ese preciso instante. La tristeza lo invadió y se dedicó a la bebida. Su vida, lejos de ser un paraíso, se transformó en un infierno lleno de carencias y desamor».
No sé cómo llegué a contar todo esto, y mi relato fue detenido por la consteladora, que me escuchaba atentamente, y de repente, me dijo:
—Ya lo tengo. Ya lo tengo. ¡Pará aquí!
Mi corazón latía desmedidamente, y mi sentir fue que más allá de contar lo que recordaba, una voz imperceptible, dentro de mí, me dictaba para ayudarme a encontrar el camino, lo que mis sueños me querían decir.
La conclusión a la que llegó esta consteladora que estudiaba los inmigrantes fue que yo tenía un legado dejado por mi abuelo: regresar a agradecer a su tierra y pisar su suelo, ya que él nunca tuvo la oportunidad de hacerlo.
Cuando escuché esta conclusión, le dije con todo respeto:
—Eso es imposible. A mi abuelo no lo conocí. Él murió un par de años antes de que yo naciera.
Ella, con una gran dulzura, me miró fijamente a los ojos y me dijo:
—¿Y eso qué importancia tiene para el Plan del Alma? Seguramente, aceptaste su pedido en un contrato sagrado cuando él murió y estabas por nacer.Con el tiempo, fui comprendiendo lo que ella me había dicho, pero en ese momento creí que estaba desvariando e insistí:
—Eso no es posible. Yo soy una de las nietas menores. Ni siquiera lo conocí. Tengo tantos primos mayores que sí lo conocieron… ¿Por qué a mí? —Pensé, entonces, «¿qué juego raro es éste?», y lo que al principio parecía aclarar las cosas, al final terminó oscureciéndolas, y yo estaba cada vez más confundida. En la despedida, me dijo:
—Tranquila, que todo se va a ir ordenando. Los contratos álmicos sólo se comprenden con el corazón, y no con la cabeza. No te resistas. Lo que tenga que ser, será.
Pasaban los días, los sueños insistían y volvía la opresión. Me sentía como inmersa en dos vidas paralelas. Al cabo de unos meses, no quería saber nada más del tema. Hasta que un día me llamaron del consulado para otorgarnos, al fin, la ciudadanía italiana, a mí y a mis tres hijos. A mi esposo se la darían más tarde, de acuerdo con los protocolos.
Algo que no conté, porque ni lo relacionaba, es que tramité personalmente la ciudadanía italiana y lo hice a través de mi abuelo Drako. No fue nada fácil. Me llevó tres años solamente conseguir la documentación, y otros tres obtener la ciudadanía. En esa época Internet estaba en sus principios. Todos los trámites se hacían por correo y tardaban meses. Mi hijo Carlos, que en ese momento era adolescente, se ofreció espontáneamente a colaborar haciendo las filas (a veces larguísimas y hasta de noche) para poder conseguir el turno en el consulado de Italia en Córdoba. Da la sensación de que una Inteligencia Superior movía los hilos para que se materializara la obtención de la ciudadanía y el pasaporte. Pensé «¡Qué casualidad! Justo soy yo la que tramita la ciudadanía por la rama de este abuelo y no se le ocurrió hacerla a ningún otro nieto. Y eran más de veinte».
Luego comprendí que la casualidad no existe. ¡Todo es sincronía! Una bella y mágica sincronía….
Sentía que algo estaba claro: ahora, con los papeles en mano, viajaría a Sicilia, pisaría la tierra de mi abuelo, ¡y listo! Cumpliría con el legado, y todo en paz. Los sueños no me molestarían más. Pero, ¡Cuánto tuve que aprender! Muy lejos de terminar, algo estaba recién comenzando; y lejos de cumplir con mi compromiso en cuerpo y alma, crecería y haría crecer a una familia inimaginablemente. Esto marcaría un antes y un después en la vida de todo el clan, produciéndose así la sanación ancestral.
A partir del próximo capítulo, contaré la historia de mi familia desde la época de mis abuelos hasta la actualidad, dándole forma para que sea posible la comprensión y se pueda comprobar que el pasado, el presente y el futuro están aquí y ahora. Jamás se podrá saltear ni un solo punto de la trama de la vida y nada sucede por casualidad.
También podremos comprobar que no existen los secretos, por más que muchas personas, por fidelidades familiares, se esmeren en guardarlos, y que antes o después, absolutamente todo sale a la luz para ser sanado. El amor es la única y verdadera energía e información que nos eleva. Para esto, es vital despojarnos del juicio, y así comprender que todos somos parte del «Todo», que los caminos son infinitos como las estrellas y los granitos de arena que hay en las playas.
Comprenderemos que todo se espeja, y si no lo vemos, se amplifica, y si no tomamos la decisión correcta en sintonía con el amor, no pasa nada; siempre tendremos otra oportunidad. Pero sepamos que lo que cosecharemos será lo que hemos sembrado, y que siempre podremos hacer los cambios para vivir mejor. Sólo depende de nosotros, y si no nos gusta cómo es nuestro presente, revisemos nuestras acciones y las de nuestros ancestros con amor, para honrarlos y liberarnos.
¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias!
Dos La partida... La llegada
Existía en Centuripe una familia orgullosa y maravillosa, con siete hijos. Seis eran varones, y sólo la tercera una mujer llamada Bella. Esta familia podía brindarle estudios superiores a sus hijos, lo que en aquella época (finales del siglo XIX), no era usual; pertenecían a un nivel social medio alto.
Sin embargo, como el amor no sabe de niveles sociales ni de ningún otro límite, sucedió que Bella se enamoró de un trabajador de las minas de azufre que abundaban en la zona. Al no ser aceptado por su familia, ella, que apenas tenía dieciséis años, tomó la decisión de escaparse con él.
A las dos semanas de vivir juntos, desafiando al mundo, sucedió algo inesperado: él murió en una explosión de la mina de azufre donde trabajaba. En esa época, lamentablemente, las explosiones eran muy comunes y no se llevaba registro de los muertos. Pero también surgió otra hipótesis que cuesta mucho creer. Algunos dijeron que fue asesinado. Lo cierto es que Bella tuvo que regresar a la casa de sus padres llevando un secreto consigo. Sólo el cielo sería testigo de su sufrimiento y, a la vez, de su fortaleza para no quitarse la vida y volver a un pueblo tan pequeño sabiendo que iba a ser víctima de habladurías, en una época donde la mujer estaba tan sometida. Realmente, Bella era una joven mujer admirable y de fuertes decisiones.
No pasó mucho tiempo antes de que Valentín, su hermano mayor, tomara la decisión de ir a «hacer la América», como se decía entonces, y viajara con su familia. También invitó a un íntimo amigo, Drako. Valentín arregló el casamiento de Drako con Bella, para «salvar la honra» de la joven y de la familia.
Resultó ser que Bella estaba embarazada de su novio muerto en la mina de azufre. Este secreto fue guardado durante más de cincuenta años, y salió a la luz, y se confirmó de forma impensada, en mi primer viaje a Centuripe.
Drako era constructor, lo que sería ahora un maestro mayor de obra. Se dedicaba a la construcción de casas. Sobre su familia no se sabe demasiado y sobre él sólo me consta la gran amistad que tenía con el hermano de Bella.
La intención, tanto de Valentín como de Drako, era volver a Italia. En abril de 1906 abordaron el barco en el puerto de Catania. Bella y Drako ya estaban casados y tenían una hija de aproximadamente un año que habían bautizado Angelita, a quien Drako inscribió en la Comuna como hija propia.
Evidentemente, Drako no era el amor auténtico de Bella, y a raíz de esto quedaría en ella una emoción estancada que saldría a la luz recién con los nietos de Angelita.
Llegaron a Buenos Aires, Argentina, y comenzaron a construir su casa. Drako la hizo con sus propias manos, y cada año tenían otro hijo. Con el paso del tiempo fueron catorce, incluidos tres pares de mellizos, uno de los cuales murió al nacer, y el otro a los tres años por neumonía. En los dos casos eran nena y varón.
El último hijo de la pareja, un varón, nació con síndrome de Down. Fue muy amado por sus padres y sus hermanos. Bella siempre decía que quería irse de esta vida un instante después de este hijo y asegurarse de que él no fuera una carga para ningún hermano. Pero esto no sucedió y sus hermanos lo cuidaron y lo amaron, a tal punto que vivió muchos años, superando el promedio de vida de los niños que nacen con este síndrome.
La penúltima hija, llamada Violeta, es la que hace cambios enormes en la familia; igual que la muerte de la segunda hija, Felicitas, que deja dos hijos pequeños, Tony y Blanquita, que jugaron un importantísimo papel en la vida de la autora.
Lejos del juicio, simplemente desde la observación, la vida misma me lleva a hacerme preguntas existenciales, relacionadas al destino de las personas. Comprendiendo que cada decisión nos marca un camino, una forma de vivir, a la vez nos acerca y nos aleja de la alegría de encontrar la felicidad que todos llevamos dentro.
Sólo existe amor o miedo; de este último, se desprenden la tristeza, la angustia, la ira y todas las emociones oscuras y desconectadas de la Fuente Creadora.Cada elección que tomamos nos conecta con el amor o con el miedo, y trae consecuencias. No hay premios ni castigos, sólo consecuencias. Es importante que comprendamos esto para no intervenir en el fluir del destino de otras personas, ya que podemos estancarlo y dañarlo, por más buenas intenciones que tengamos.
Relacionado con lo que contaba en el primer capítulo, me pregunto qué hubiera ocurrido con Drako si Bella no hubiera roto su pasaje y su documento de identidad. ¿Se hubiera ido a la guerra? Tal vez no hubiera regresado, o tal vez sí. ¿Quién sabe?
Lo que sí sé es lo que sucedió. Drako no fue a la guerra, pero a partir de ese momento es como si una parte de él hubiera muerto y se hubiera desconectado, perdiendo así la alegría, tocando la oscuridad más profunda, de la que jamás pudo regresar. Se transformó en un ser violento atrapado por la bebida. Hizo de su mujer una fábrica de hijos, nacidos del desamor y de momentos forzados. Tal vez Bella se hubiera quedado sola si él no regresaba de la guerra pero su vida podría haber sido posiblemente más armoniosa.
También comprendo la desesperación que ellapudo sentir al pensar que podría quedarse sola con sus hijos en un país tan lejano del suyo. Seguramente, memorias estancadas por la pérdida violenta de su primer gran amor movieron los hilos en su subconsciente, conectándose con el miedo, actuando desde la mente lógica e impulsiva y no desde el dictado del alma.
En fin; ¿Quién sabe? Lo cierto es que la acción de frenar el viaje de su esposo trajo consecuencias muy serias, y desde ese momento se apagó la llama del ser interior. Al conectarse con el miedo, comenzaron a generar una tarea muy grande para las generaciones venideras. A todos sus descendientes, nietos y bisnietos, les iba a tocar sanar e iluminar al clan.
Paso a paso, capítulo a capítulo, iré contando cómo cada generación conecta y desconecta con la Fuente Creadora, hasta que llega un punto de inflexión donde ocurre la magia, el milagro, y aquí es donde intervienen los seres invisibles.
En mi caso personal, a través de los sueños, me fueron guiando para desarmar los miedos, desandar los pasos, conectarme al amor, y de esta manera, producir la liberación.
Tres El espejo y la rueda de la vida
Transcurría el año 1927, y un 8 de agosto nacía la penúltima hija del matrimonio de Bella y Drako, la número trece. Le pondrían de nombre Violeta.
Violeta era una niña muy, muy especial, intuitiva, hermosa y temperamental. El día que cumplió tres años, fue de visita a la casa familiar una vieja amiga de Bella, su mamá, quien había desarrollado el don de la clarividencia. Apenas vio a la niña, se quedó perpleja; fue como si viera el futuro en sus ojos. Le dijo a Bella:
«Esta niña traerá el cambio a la familia. La hará florecer. Les mostrará un nuevo camino, por el cual tendrán que transitar».
Y como en estado de trance, continuó diciendo:
«Bella, te verás en esta hija como en un espejo. Los cambios que no terminará de realizar Violeta, los concluirán sus descendientes, y así comenzará a girar nuevamente la rueda de la vida».
Después de decir estas palabras, continuó la conversación desde lo cotidiano; pero Bella jamás olvidaría lo dicho por su amiga.
Transcurría el tiempo. La vida de Bella y Drako se hacía más difícil. Vivían muy mal, casi en la miseria; pero gracias a Dios tenían casa propia, que Drako ampliaba poco a poco con sus propias manos, a medida que llegaban más hijos. De todos modos, los espacios eran muy pequeños y vivían muy amontonados. Violeta dormía en una cama con Juani, una de sus hermanas mayores. Faltaban la comida y la ropa. Parecía que un manto de oscuridad había caído sobre la familia. Bella estaba tan lejos de las comodidades de su casa paterna como Sudamérica de Europa. Casi no recordaba que alguna vez sus necesidades básicas, y mucho más, habían sido cubiertas naturalmente cuando vivía en Centuripe.
Trabajaba de sol a sol, multiplicando la harina con agua para alimentar a sus hijos, cosiendo harapos, remendando medias. Como si todo esto no bastara, al poco tiempo nació Charly, el último hijo del matrimonio, el número catorce, con síndrome de Down. (Estos niños son seres de altísima vibración, que llegan para iluminar y dar enormes dosis de amor a su familia y el entorno.) Todos lo amaron desde el primer momento. Sus hermanos lo cuidaban y jugaban con él. Fue, paso a paso, iluminando los corazones de su familia.
Físicamente tenía muy marcados los rasgos del síndrome, una panza enorme, pies y manos muy pequeñas. Una gran lengua que sacaba todo el tiempo. No hablaba, pero se hacía entender perfectamente. Frotaba sus manitas como si quisiera encender fuego. Su sonrisa se asemejaba a una música, que acompañaba mientras sacaba chispas con sus manos. Su cuerpo parecía de mazapán. La piel dura y agrietada era su envoltorio. Destilaba dulzura y amorosidad.
Cuando se hizo adulto todos lo conocían en el barrio porque siempre participaba de los velatorios ocupando el papel de las lloronas. Hasta que no retiraran el féretro, Charly no dejaba de llorar. Parecía que sus lágrimas ayudaban a mitigar el dolor de los familiares de las personas fallecidas. Era un héroe en la única casa velatoria del barrio. A tal punto que si, por casualidad, en algún velatorio no llegaba a estar, las personas tocaban el timbre en la casa de Bella y Drako para preguntar si Charly estaba bien, y pedían que los abrazara. Él los abrazaba muy fuerte, llorando, pero inmediatamente se reía y volvía a frotar sus manitas. ¡Cuánto amor esparció en su familia y en todo el barrio! ¡Que misión maravillosa trajo consigo este Ser!
El Amor que daba lo recibía con creces y vivió casi sesenta y cinco años. Bella, su mamá, falleció mucho tiempo antes que él y, como dije en el capítulo anterior, Charly siguió siendo cuidado por sus hermanos con el amor de siempre.
Te honro querido tío Charly, y te agradezco tu paso por esta tierra, donde lo iluminaste todo.
Volviendo a conectar con la vida de Violeta, cuando tenía apenas seis años se fue a vivir con su hermana mayor, Felicitas, la segunda hija del matrimonio de Bella y Drako, pero en realidad, lo sabemos, la primera de Drako.
Felicitas se casó con un italiano, y decidió colaborar con su madre, ayudando a criar y educar a su hermanita menor en su propio hogar. Se hizo cargo de Violeta al cien por ciento. La enviaba a la escuela, la vestía, y la cuidaba como si fuera su hija. Recordemos que Felicitas era la segunda hija y Violeta la décimo tercera, así que la diferencia de edad era abismal. Perfectamente podían ser madre e hija.
Violeta vivía muy feliz con su madre adoptiva y el esposo. Las dos hermanas se parecían mucho en todos los sentidos, pese a la diferencia de edad. Felicitas trabajaba confeccionando trajes sastre y comenzó a ganar muy buen dinero y a colaborar económicamente con sus padres y sus hermanos. Aunque vivía en un barrio bastante alejado, una vez a la semana los visitaba y llevaba a Violeta y a sus dos hijos: Blanquita y Tony.
Parecía que el engranaje de la rueda de la vida comenzaba a moverse bien, pero una vez más, decisiones tomadas, esta vez por Felicitas, interviniendo en lo trazado por el destino, provocarían un terremoto en toda la familia.
Violeta ya había cumplido nueve años. Era una alumna excelente, muy aplicada, con calificaciones sobresalientes. La mejor de su clase, felicitada siempre por sus maestros. También la premiaban por mejor compañera.
Blanquita tenía cuatro años y Tony dos y medio. Eran niños preciosos y Felicitas los tenía impecables, como si fuesen príncipes. La vida le sonreía en todos los sentidos. Le gustaba jugar a la lotería; soñaba con ganar mucho dinero para poder ayudar aún más a sus padres y hermanos.
Un día como tantos fue al negocio del barrio a mirar si había ganado algo en la lotería. Siempre jugaba al mismo número y decía que tenía la certeza de que con ese número ganaría un premio muy importante.
Para su sorpresa había ganado un pequeño premio que le alcanzaba para comprar otro número igual para el próximo sorteo, y eso fue lo que hizo. Decidió llevarse el número; pero cuando estaba saliendo volvió sobre sus pasos, devolvió el billete y compró caramelos para los tres chicos. Violeta, que ya tenía edad para recordar, jamás se olvidaría de ese día. El billete que devolvió Felicitas salió con el premio mayor. No lo podía creer. Parecía una burla del destino y, paralelamente, se enteró de que estaba embarazada de su tercer hijo cuando tenía muchísimo trabajo como modista sastre. Así fue que tomó una terrible decisión: impulsivamente fue al hospital para que le realizaran un aborto, porque decía que no quería comenzar nuevamente con pañales ahora que sus niños estaban crecidos y que ella tenía la posibilidad de progresar laboralmente.
Felicitas era una mujer de carácter fuerte; nadie podía disuadirla cuando se convencía de algo. La misma fuerza que la ayudaba a crecer, cuando la utilizó desde la desconexión de la Fuente y desde la impulsividad, la destruyó. Fue así como se realizó el aborto, y ese mismo día, cuando regresó a su casa, comenzó con dolores terribles. Una infección generalizada provocó su muerte a las cuarenta y ocho horas. Dejó huérfanos a Blanquita y Tony, y también a Violeta, que con sólo nueve años tomó el rol de madre de sus dos sobrinos.
Esta vivencia terrible iba a marcar las vidas de todo el clan. Lo que parecía un cuento de hadas se transformó en una pesadilla terrorífica.
Me brotan las preguntas. ¿Qué hubiera ocurrido si Felicitas hubiera tenido a su tercer hijo? Quizás, por un tiempo, no hubiera podido trabajar como quería, pero después, seguramente, podría retomar sus actividades.Qué diferente hubiera sido la vida de sus hijos, de su esposo y de su hermana.Cómo cada acción genera una reacción en toda la trama y todo se ve afectado.Cómo, cuando no se fluye en dirección de la vida y el amor, se cae en profundidades tan oscuras.
En fin, querido lector, tal vez así tenía que ser. ¿Quién sabe? Dejo que cada uno de ustedes vibre en consecuencia y saque sus propias conclusiones. Jamás dese el juicio, siempre desde la observación.
Lo cierto es que Felicitas en ese momento trascendió este plano, pero sus hijos, su hermana y su familia terminaron sufriendo las consecuencias del gran vacío que dejó. Ni de mayores sus hijos pudieron sanar, y fueron poniéndose capas y capas de personalidad para no sentir el dolor en su corazón. Su hija Blanquita trascendió a los ochenta y tres años y su hijo Tony, mientras escribo este libro, tiene ochenta y siete años y no logró abrazarse ni quererse bien. Está lleno de miedos, de soledades inexistentes, porque no logra encontrarse, y al igual que su madre piensa que sólo teniendo abundancia material se puede ser feliz, ayudar a los demás y tener todo (y a todos) bajo su control.
Ayudar lo hace desde lo material; pero no se encuentra a sí mismo y mucho menos se conecta con el amor y con la búsqueda de la felicidad.
Ser feliceses nuestra naturaleza Divina.Lo externo es importante, el dinero ayuda, pero si sólo fuera eso todas las personas millonarias serian plenamente felices. Quizás algunas lo sean pero, en general, lo que observo es que tienen un gran vacío existencial y se vuelven manipuladoras por miedo. Solo por miedo e ignorancia, que es la madre de todos los vicios.
Tengo esperanzas de que, aunque sea antes de partir de esta vida, Tony logre la comprensión y la conexión con la Fuente.
Blanquita, su hermana, lo logró y pudo trascender al final de su camino, luminosa y en armonía, y esto fue una inmensa ayuda para todos, no solo para los que la conocían, sino también para la Humanidad, ya que morir con lucidez eleva la consciencia colectiva.
¡GRACIAS! ¡GRACIAS! ¡GRACIAS, QUERIDA BLANQUITA!
Te honro y te amo. Siempre estarás en mi corazón.
Cuatro Semillas de generosidad
El padre de Felicitas, Drako, logró encontrar una mujer italiana para casar a su yerno viudo. Le preocupaba muchísimo que sus nietos estuvieran a la deriva sin una madre. Para Drako, Felicitas era la hija preferida por su fuerza y por su impronta. Sufrió mucho con su partida. Pero, a la vez, parecía que ese golpe lo hubiera alineado, por lo menos por un tiempo, tratando de encontrar soluciones para sus nietos huérfanos. Y así fue como su yerno se casó con Petra, la italiana.
Tal vez todo podría haber funcionado y mitigado un poco, aunque fuera un poco, el dolor de esos niños. Pero la ignorancia de María José, una de las hermanas de Felicitas, jugó un papel destructivo: les enseñó a Blanquita y a Tony a no querer a Petra, a tratarla muy mal. Desde la ignorancia, esta mujer no podía aceptar que alguien ocupara el lugar de su hermana muerta.
Sabemos que somos seres únicos, irrepetibles e irreemplazables, pero qué equivocada estaba María José cuando alentaba a esos niños al desamor. Porque sumado a la forma tosca de ser de Petra, la convivencia era una permanente guerra; sobre todo, con Blanquita.
Tony salía todo el día, casi ni estaba en su casa. Se criaba en la calle y en la casa de un íntimo amigo, que junto con su familia, lo contuvieron con gran amor.
En cambio, Blanquita estaba todo el día en la casa con Petra. Su papá, Salvi, trabajaba de sol a sol. Era un ser muy bueno y cariñoso con sus hijos, pero por su actividad estaba muy poco tiempo con ellos. Era maquinista de tranvías, o motorman, como se les llamaba.
Blanquita, siendo una pequeña niña, tuvo que jugar el rol de Cenicienta, ya que Petra la obligaba a lavar ropa y a limpiar la casa. Le daba tareas duras para una niña tan vulnerable.
Cuando Blanquita visitaba a sus tías, las hermanas de su madre, contaba estas vivencias y todos veían a Petra como una «bruja». Pero en realidad era una mujer ignorante que estaba en un país extraño, lejos de su familia, y no podía gestionar las agresiones de esta niña ni su propia vincularidad.
Qué diferente hubiera sido la vida si, a pesar de la muerte de Felicitas, todos se hubieran conectado con la energía de amar. Eso hubiese alimentado bien el Alma de Blanquita y de Petra. Pero no fue así. Las dos llevaron en su ser una gran culpa hasta el final de sus vidas. Sé que lograron sanarlo, perdonar y perdonarse. Pero malgastaron un vínculo que podría haber sido amoroso, sólo por ignorancia y por el amor propio de los adultos.
Qué importante es, a través de las historias de los demás, comprender para reflexionar sobre nuestra propia vida y ver dónde no estamos poniendo amor, dónde nos ganan la desconexión, el ego y la ignorancia. Cuánto sufrimiento se podría transformar en disfrute, si estuviéramos al volante de nuestra propia vida, y la condujéramos desde el Amor y la Gratitud.
Les contaré, aunque sea muy brevemente, la vida de Salvi, el padre de Blanca y Tony, para que el rompecabezas familiar comience a integrarse.
Salvi era de Gravina, Sicilia, y en una de las tantas guerras de esos tiempos, teniendo apenas dieciocho años, lo alistaron en el ejército. A los pocos días de estar allí, contrajo una bronquitis muy fuerte, con fiebre alta, así que fue atendido por el médico militar, que lo siguió de cerca hasta que sanara, y le ofreció un certificado, como si hubiera quedado físicamente afectado, por lo que le prescribió que se retirara del ejército. Este médico fue para él y para su familia como un ángel encarnado.
La personalidad de Salvi era muy suave, tranquila y pacífica. Era una de esas personas a las que con solo mirarla nos damos cuenta de que no podrían hacerle daño a nadie. Pero, como contrapartida, tampoco se involucraba en la vida de los demás. Era una manera de evitar conflictos y quedarse en su zona de confort.
No pasó mucho tiempo hasta que su hermano mayor, junto con su esposa y su hija de seis años, decidieron viajar para instalarse en Buenos Aires, Argentina. A pedido de la madre, se llevaron también a Salvi, ya que temían que lo volvieran a reclutar para la milicia. Después de esa bendición del médico, no había que pensarlo demasiado, tenían que alejarlo.
Ya en Argentina, al principio, no lo pasó muy bien. Trabajo no conseguía, y padecía necesidades. También extrañaba mucho a su madre, quien, al poco tiempo, murió de pena al no ver más a su hijo menor.
Seis meses más tarde, su hermano y la familia decidieron regresar a Italia, ya que no se adaptaban a la vida en Buenos Aires. Tiempo después, Salvi consiguió un trabajo estable como motorman, que conservó hasta la jubilación.
Contaba que para soportar el frío (en los primeros tiempos el tranvía no tenía vidrios), se ponía papel de periódico bajo la ropa y de esa manera evitaba el viento y atenuaba el clima de las mañanas de Buenos Aires. Sus manos estaban tan expuestas a la intemperie que la única manera de calmar las heridas era con su propia orina. (En la actualidad sabemos que la orina es un gran desinfectante y cicatrizante).
¿Dónde lo aprendió Salvi?
Quién sabe…
