Hablemos de Ello - Jaime Arenas Saavedra - E-Book

Hablemos de Ello E-Book

Jaime Arenas Saavedra

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Beschreibung

" Hablemos de Ello" es el tercer poemario publicado del autor, convirtiéndose en una obra que marca un antes y un después en la temática de su poesía. Como el mismo expresa, esta obra aborda un aspecto de sí mismo y del ser humano que ha sido interpretado por otras disciplinas del arte y el conocimiento, de forma científica y hasta quirúrgica. Sin embargo, la capacidad inherente al lenguaje y la estética de la poesía es la que permite la más potente forma de mirar, escudriñar e interpretar al individuo. El propio juego de palabras de su título “Hablemos de Ello” expresa por un lado la necesidad del hablante lírico de abordar temas y mundos no abarcados previamente, pero también introducirse en ese concepto del psicoanálisis, el Ello, esa parte primitiva, desorganizada e innata de la personalidad, fuente de las más paradojales conductas y dolencias. ¿Quién mejor que el poeta para navegar en esos mares desbocados de lo más profundo e irracional del hombre y particularmente de sí mismo? Este libro es una invitación a la honestidad y el autoconocimiento de lo peor y lo más sublime de un ser, a través del verso y la fuerza de la palabra. Es también una revisión de aspectos tan innatos e imperfectos como el egoísmo, el amor propio, el nacionalismo, las creencias y los valores de un país como el nuestro, así como aquellos que lindan con la autocrítica a la poesía y el arte, constituyéndose en una voz de exploración y mirada interna. Todo este popurrí de temas y de particulares miradas del mundo pueden y son compartidas a través de un viaje por derroteros dolorosos y placenteros, en que el autor desnuda su estancia en el Olimpo, así como su claustro en el Reino de Hades. Quien quiera compartir este viaje deberá exigirse, al menos, la capacidad de mirarse a sí mismo.

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Veröffentlichungsjahr: 2017

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HablemosdeEllo

Jaime Arenas Saavedra
Editorial Segismundo

Epígrafe

“Partir, c'est mourir un peu,C'est mourir à ce qu'on aime;On laisse un peu de soi-mêmeEn toute heure et dans tout lieu.”Edmond Haraucourt Para quien me enseñó a recitar estos versos.

Agradecimientos

A Juan Enrique Schwarze por su invaluable ayuda en la traducción de los versos de

Instrucciones del autor

Sucede que hablar de Ello es algo necesario, algo que precisaba desde hace mucho tiempo. Y es que la academia y el análisis han dedicado todo su logos y su iluminación, en forma quirúrgica, a establecer límites y definiciones cada vez más estructuradas y consensuadas. Por lo mismo, conceptualizaciones cada vez más consientes, yoicas y superyoicas. La literatura, sin embargo, se ha hecho cargo de redimir de manera intuitiva y poderosa todos los aspectos del ser humano, tan descritos y entendidos por el psicoanálisis.

Harold Bloom, un crítico literario estadounidense, amante de Shakespeare, dijo en alguna ocasión, con el desparpajo que le caracterizaba, que Sigmund Freud, extrajo todo su psicoanálisis de la obra shakesperiana, en tanto el máximo ícono de la literatura anglosajona, fue el creador del diálogo interno y la reflexión en voz alta de los personajes de sus obras, al modo de la asociación libre. Sin embargo, tal afirmación es evidentemente injusta tanto desde el punto de vista literario como científico. Pero eso es materia de otro libro o de otro tipo de discusiones.

Lo que sí es evidente es que Sigmund Freud, como suele ser, no inventó nada que de algún modo no estuviera previamente descrito o registrado por la gran memoria histórica del ser humano: la literatura. No quiero caer en estas honduras, pero como ejemplo se podría decir que Freud extrajo de Sófocles y su Edipo Rey su entendimiento universalista del inconsciente que figuradamente entendían los griegos como hado, de Shakespeare y su Hamlet la evitación y la culpa, de Dostoyevski y sus Hermanos Karamazov el deseo parricida, etc.

Tampoco quisiera entramparme en el entendimiento, por cierto omnipotente y hasta imperialista, que intenta hacer el psicoanálisis aplicado de la cultura y particularmente de la literatura. Menos aún caer en fetichistas descripciones de cómo lo freudiano ha influido en la forma de narrar de los escritores del siglo XX en adelante. Tan sólo he querido dar la oportunidad a la más intuitiva de las artes literarias para referirse a una entidad con la que guarda una indisoluble hermandad.

La poesía, que por cierto se ha vestido con los trajes más diversos, incluyendo más de algún uniforme castrense o de obrero industrializado, camina siempre por un borde fronterizo y es capaz de adentrarse en el reino de Hades, para luego retozar en el vientre de las Náyades, sin pedir salvoconducto alguno. Es su método voyerista y desorganizado, tan apropiado para estas viciosas miradas de lo humano, que bien podría confundírsele con un terapeuta, sin estipendio alguno, que goza de sí mismo y de su viaje al interior de lo humano, y que provee la más descarnada mirada de aquello inaccesible a otros escritos. Por eso hablar de Ello es mucho más que una deuda o una necesidad, sino un recursivo reconocimiento al lenguaje poético, del cual soy esclavo y que impertinente me murmura lo que le ha dicho su jimagua maldita, el Ello.

Dicho de otro modo, es bueno reconocer que la autoría es una ilusión y que aquello que se expresa en lo escrito no es más que un resumen de lo que soy, en tanto soy lo que han hecho de mí. Por lo tanto, mi poesía y la de todos no es propiedad ni de mi persona ni de cada uno de los escribanos, poetas o literatos que la han detentado como productos de sí mismos; sino más bien de aquello que nos dirige desde la oscuridad y la sinrazón.

“La verdad es inaccesible, para nosotros no existe. Entonces, ¿qué conducta hay que seguir? Para el que ha comprendido que no se puede comprender nada, para el que no cree en nada, todo está permitido…” (Vladimir Bartol, Alamut, 1938).

Sin más dilaciones, le invito, entonces, a que hablemos de Ello.

Introducción

Como parte del proceso editorial del presente libro, autor y editor, en un trabajo mancomunado y de gran camaradería, decidimos enriquecer esta edición con la inclusión de bellas ilustraciones. Tras una ardua selección de imágenes, no exenta de largas y etílicas discusiones, concluimos que aquello no era posible, en una clara demostración de la dialéctica autor/editor necesaria a la creación de una obra como ésta. Dado lo anterior y considerando nuestra ceguera artística, resolvimos refugiarnos en nuestro propio inconsciente y dar rienda suelta nuestros Ellos combinados, para hacer uso del mayor lugar común visual que refiere al psicoanálisis: El Test de Rorschach.

Debo aclarar, para nuestros lectores que desconozcan dicho test, lo cual dudo que sea posible a estas alturas del siglo XXI, que dicha prueba es una técnica y método de psicodiagnóstico creado por Hermann Rorschach (1884-1922). Rorschach fue un psiquiatra y psicoanalista suizo, que inventó este test de diez láminas con manchas de tinta, las cuales aluden a la proyección (mecanismo a través del cual el observador ve en ellas aspectos inconscientes de sí mismo) y son mostradas a la persona examinada que debe describir lo que ve en cada una de ellas. Con una metodología compleja, basada en parámetros estadísticos y clínicos, un profesional entrenado puede hacer diagnósticos psicológicos con ellas.

Antes de seguir con este pequeño marco teórico alusivo a las ilustraciones que encontrarán en las siguientes páginas, debo continuar contándoles algo de este proceso editorial que llevamos a cabo, excusándonos por no incluir nuestras propias interpretaciones respecto a lo que vemos en dichas láminas, no por temor a que sean mal interpretadas nuestras distorsionadas respuestas, ni porque vayan a creer que nuestra salud mental está definitivamente en riesgo, sino porque dicho material serviría para escribir dos o tres libros más, con las más perversas aseveraciones que jamás hayan sido publicadas.

Dicho lo anterior, debo explicarles que habiendo agregado las ilustraciones se nos ocurrió que debíamos agregar algún texto a ellas, en un afán poético que suele enredarnos, a ambos, en irresolutos problemas. Sin embargo, como el espíritu lírico es iluminador llegamos a un interesantísimo descubrimiento, que de inmediato paso a relatarles. Pero antes quiero aludir al lector respecto a una capacidad absolutamente innata que tenemos, más frecuentemente en la infancia, de fantasear e interpretar manchas de todo tipo y darles coherencia y contenido. ¿Quién no era capaz de ver animales en las abigarradas formas de las nubes o en las manchas de las antiguas baldosas que llenaban los muros o pisos de los baños?

Investigando sobre poesía y Rorschach descubrimos un antecedente previo al autor de este importante test: la existencia de un libro póstumo, de un poeta romántico alemán, llamado Kleksografías. Justinus Kerner, médico y poeta alemán que falleció en 1862, poco antes de morir escribió dicho libro, el cual consiste en un poemario que hacía referencia a una serie de manchas de tinta fabricadas por el mismo, con versos románticos que aluden a la muerte, a los espíritus, a figuras demoniacas y otras hierbas, temáticas evidentemente coherentes con la época y con la corriente artística a la que pertenecía. Cabe mencionar que Kerner es reconocido como uno de los más importantes poetas románticos de Alemania, junto a Ulhand, su amigo personal y otros tantos autores. En la introducción de su texto, el mismo Kerner explica que debido a la pérdida progresiva de visión por las cataratas que le aquejaban y la torpeza que esto le provocaba, solía producir manchas de tinta sobre sus escritos o al doblar las hojas inutilizadas. Al observarlas podía interpretarlas, como el antiguo juego de escolares que él recordaba de su infancia. El parecido de este proceder con el método de Hermann Rorschach ha llevado a muchos autores a especular la relación de su libro con la creación de su test, al grado que Ellenberger, experto en historia de la Psiquiatría Dinámica, considerara como evidente la influencia de Kerner en éste. El término kleksografía, neologismo sin traducción (Klecksographie) se lo atribuye el mismo Kerner a un amigo suyo, desconocido, y el mismo Rorschach emplea dicho neologismo, de soslayo, sin siquiera asociarlo al médico romántico.

Pruebas más, pruebas menos, nos pareció, del todo necesario, incluir algunos de los versos de Kerner en este libro, acompañando el proceso artístico y psicológico de quien quiera leer y observar las láminas del colega suizo, con el ojo de un lector desprejuiciado y enamorado de la poesía. Todo aquel que quisiese ahondar más en su propia interpretación de dichas imágenes puede evaluar la posibilidad de consultar con algún psicólogo o analista, pero eso es tema aparte.

Esperamos que aclarado esto, estéis en la disposición de poder disfrutar de las siguientes páginas de este libro.

Jaime Arenas Saavedra & Juan Carlos Barroux Rojas

Primera lámina del test de Rorschach.

Den Hadesbildern noch zuvor Erhoben aus der Dinte Nacht (Mein Herz hat nicht an sie gedacht) Die Todesboten sich empor.

“Antes de los dibujos de Hades de la noche tinta levantados los mensajeros de la muerte ascienden. (Mi corazón en ellos no había pensado)”

Justinus Kerner, Kleksografía

I. TESITURA