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"Hagamos de cuenta. Inventemos una realidad en la que seamos los protagonistas de esos cuentos y películas que tanto nos gustan". Entre las cataratas de palabras que forman este libro, el lector iniciará un viaje por mundos conocidos y por descubrir, por situaciones reales y otras no tanto. Se encontrará con experiencias de vida y de lectura junto a la percepción sensible de los espacios habitados que inspiran historias, trazan caminos y ponen en jaque lo establecido, al tiempo que generan múltiples incógnitas acerca de cómo será el siguiente movimiento. ¿Qué pasaría si el lenguaje y la imaginación nos permitieran volver a ser esos niños que, armados con bombuchas, nunca sufrían el calor del verano? ¿Qué placeres, recuerdos, sentidos y miedos podrían liberarse si una palabra escrita logra transformarse en la clave para cruzar una puerta secreta? ¿Qué nos queda cuando la poesía gana la batalla por knockout y nos muestra la realidad en toda su crudeza? Simplemente nos sobra una lágrima, nos falta un respiro y nos basta con una palabra.
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Seitenzahl: 51
Veröffentlichungsjahr: 2022
Producción editorial: Tinta Libre Ediciones
Córdoba, Argentina
Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo
Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Sponton, Virginia Berenice
Hagamos de cuenta / Virginia Berenice Sponton. - 1a ed. - Córdoba: Tinta Libre, 2022.
90 p. ; 21 x 15 cm.
ISBN 978-987-817-863-9
1. Antología Literaria Argentina. 2. Antología. 3. Microrrelatos. I. Título.
CDD A863
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Hecho el depósito que marca la Ley 11.723
Impreso en Argentina - Printed in Argentina
© 2022. Sponton, Virginia Berenice
© 2022. Tinta Libre Ediciones
A mi familia, que siempre me apoyó y lo sigue haciendo. Es mi fuente de inspiración.
A Gonza, simplemente gracias.
Prólogo
¿Alguna vez te movilizó algo al punto de no poder discernir entre las emociones que generaba? ¿Alguna vez te sentiste soberbio por saberte bueno en algo? ¿Te quisiste, en algún momento, comer el mundo, transformarlo y escupirlo en letras más bonito?
Dejás que la música te envuelva, que la nariz se te empape de olor a vida, justicia, realidad, amor. Observás la página en blanco, el portaminas, la goma. Les sonreís. Alzás la cabeza, cerrás los ojos, inspirás y soltás la presión del pecho, aflojás el nudo en la garganta y tu mano ya no se detiene en los trazos porque cobra vida. Entonces no te hace falta transformar el mundo, porque tenés el tuyo propio.
Humanos
Búsqueda humana
Escapás del uso de razón, de la imposición personal. De algo totalmente determinado, que permanece en la mente desde, e inconscientemente, hasta siempre. Porque al molino en el que girás, lo mueve el viento y él no entiende de reglas, pero sí de seguimiento.
La corriente no persuade las casas enfiladas que el viento acoge. No entiende la libertad del vuelo porque se encierra en sus jaulas de piedra donde esconde sus crímenes intelectuales, sus pecados de muerte, de envidia. Allí, las cenizas te sirven de abono para mantener bajo tierra auténticas formas de vivir. Con baños de sangre quemada, en la madrugada de una vida.
Poco a poco deshonran los pensares originales de una idea que, encendida, lamenta el segundo de haber comenzado a funcionar.
Muñecos de tela
El estrecho hilo conductor entre tu reflejo y el mío. En la variante negativa que resulta un espejo sin mancha, que debe, ante su querer, mostrarse horrorizado. Deja a la vista de todo el mundo la inmortalidad que existe entre dos cuerpos interconectados por más hilos, visibles solo para aquellos que aún no han dejado de creer en la raza humana.
Miedo
Fue entonces, con una mirada y un simple accionar, que se dio cuenta. Una lágrima oscura recorrió su rostro o lo que fuera que tuviese en su lugar. La tristeza le salía por los poros, no lo entendía. ¿Cómo era posible si ellos se llevaban tan bien? Le dolía que no hubiese sido la extraña sino él quien había dejado abierta la puerta del armario. ¿Cómo podría observar entonces, por el ojo de la cerradura, el momento en el que el niño tuviera frío para poder abrazarlo con su manto oscuro?
En silencio, como todas las noches, sintió nuevamente que su compañero lo había superado, no tenía nada más que hacer allí. Entonces, el monstruo salió del armario, cruzó la habitación del niño hasta llegar a la ventana y, con payasos que brotaban de sus ojos, se despidió. Se fue con la creencia de que había sido expulsado sin sentido de su vida, en la ignorancia de que en todo este tiempo su compañía había sido meramente perjudicial.
Patrones
Allí se encontraba nuevamente, ubicada detrás de la ventana de un segundo piso. Observando, mientras que el vidrio se empañaba con su respiración irregular y sus ojos se paseaban por todo el paisaje exterior siguiendo un orden que solo había podido descifrar con mi perseverancia de ir a verla todas las noches. Primero formaba círculos empezando de arriba hacia la izquierda, seguía con un zigzag vertical u horizontal, y finalizaba mirando de un lado a otro como si viniera alguien de ambos extremos de la calle. Siempre lo hacía con los ojos bien abiertos y con una velocidad indeterminada. A cualquiera quizá le hubiese parecido una imagen espeluznante, una figura inmóvil iluminada únicamente por un velador detrás de una ventana en medio de la noche. Aterrador. Pues a mí se me hacía interesante. Me generaba tantas dudas y a la vez me daba tantas respuestas que resultaba extraño.
Nunca supe si reparaba en mi presencia, si al menos era consciente de que alguien la observaba. Hasta esa noche.
Nada más llegar me ubiqué en mi lugar, sentado en medio de la calle. Alcé mi vista hacia la ventana y un escalofrío me recorrió el pecho. Estaba mirándome. Sus ojos fijos en mí. Le sostuve la mirada y ella no se apartó. Estuvimos así toda la noche. Entonces me di cuenta. Yo era un psicópata que se había enamorado de alguien que estaba aprendiendo a serlo.
El libreto de Carmen
Estaba desalineada, era consciente de eso, pero me daba igual. Me quería así y después de tanto tiempo nos veríamos de nuevo. Tenía el pelo atado con un rodete desordenado y mi vestimenta no era la ideal, pero me había mudado a un departamento pequeño, razón por la cual mi ropero se había encogido un poco. Además, entre tantos uniformes grises que lo ocupaban, era difícil elegir otra cosa. Me decidí por uno que palidecía entre los demás, y así no parecería que estaba vestida igual que el resto de las personas del edificio. Estaban muy de moda los conjuntos. La campera roja me esperaba sobre la silla. La agarré, busqué la gorra y empecé a caminar.
