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¡Adéntrate en un mundo de misterio y emoción, donde la corrupción y la traición acechan en cada rincón! En esta apasionante novela, los protagonistas te llevarán a través de una emocionante odisea repleta de intrigas y aventuras, que cambiará el destino de los Reinos para siempre. Un grupo de valientes héroes se embarca en una misión épica para revelar la oscura red de corrupción que asfixia a los Reinos. Con el futuro de su mundo en sus manos, los protagonistas se enfrentarán a desafíos inimaginables, poniendo a prueba su coraje y determinación. Pero no estarán solos, pues contarán con la ayuda de los elegidos, un grupo de seis Samiz, cuyos misteriosos poderes se unirán a los suyos para superar cada obstáculo. Sin embargo, en medio de la lucha por la verdad y la justicia, un malvado personaje traicionará a los suyos y renunciará a sus principios con el objetivo de alcanzar el poder supremo sobre todos los reinos. Pero la resistencia no se rendirá. Viktor y Lukotico, dos valientes almas, se levantarán para enfrentarse al villano, dispuestos a arriesgarlo todo por el bienestar de su mundo. En esta trepidante narrativa, te verás envuelto en una vorágine de giros inesperados y emocionantes batallas, donde cada decisión tendrá repercusiones monumentales. Prepárate para sumergirte en una historia repleta de emociones intensas, amistad leal y desafíos sobrecogedores mientras los protagonistas luchan por desentrañar los secretos que amenazan la existencia misma de los Reinos. ¿Lograrán vencer a la corrupción y evitar que el malvado personaje se alce con el poder absoluto? ¡Atrévete a descubrirlo en este increíble viaje lleno de intriga y sorpresas!
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Seitenzahl: 216
Veröffentlichungsjahr: 2023
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© Derechos de edición reservados.
Letrame Editorial.
www.Letrame.com
© Hampaca Alcolea
Diseño de edición: Letrame Editorial.
Maquetación: Juan Muñoz Céspedes
Diseño de portada: Rubén García
Supervisión de corrección: Ana Castañeda
ISBN: 978-84-1181-353-2
Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.
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Prólogo
—Padre, ¿por qué debo hacerlo yo?
—Lukotico, tú eres el elegido, no tus hermanos. Ya hemos hablado de esto muchas veces. ¿Por qué te asaltan las dudas ahora?
—Padre, no lo entiendo, mi hermano sabrá manejar la situación mejor que yo. Yo no tengo nada que aportar a los Samiz. Sigo preguntándome por qué fui elegido yo. Un error debe de haber pasado, no merezco estar aquí, no puedo hacerlo, padre.
—Hijo mío, estas donde debes estar, no eres ningún error, sino la esperanza de los Samiz. Tú deberás guiarlos en la tarea que se te fue encomendada. Sabrás hacerlo, siempre lo supiste. Tu madre y yo desde aquí te estaremos viendo. Podrás contar con nosotros siempre que nos necesites, mas solo acudiremos a la llamada cuando la situación lo requiera. Hijo, tienes todo lo que hay que tener para encontrar a los lumínicos y enseñarles sus poderes y cómo manejarlos.
—Tengo miedo de fallar en la misión. Llevamos mucho tiempo sin mandar a uno de los nuestros a los Samiz. Demasiadas miradas tengo puestas sobre mí.
—Miedo no debes tener, sino orgullo y honor de poder cumplir con tu destino.
—Gracias, padre, así lo haré.
Estaba feliz por las palabras que mi padre me había dicho, mas yo no me veía así como le dije, sino que el temor y la inquietud no se habían marchado. Sabía que mi destino ya había sido marcado por los sabios y debía cumplir con mi destino, ya era yo era la luz esperada durante mucho tiempo, pero la abundancia de dudas y la inexperiencia en el contacto con los Samiz me inquietaba. A la mañana siguiente, debía ir a la puerta central para pasar a su mundo, pero aún me faltaban varias horas para ello, así que decidí irme a dormir antes de lo previsto para no sobrepensar mis inquietudes.
A la mañana siguiente, al despertar, observé que toda mi familia estaba en mi habitáculo esperando a que despertara para acompañarme a la puerta. Al ver a todos aquellos familiares cercanos y lejanos junto a mí y ver que habían depositado su ilusión y esperanza en mí, todas las dudas de la noche anterior desaparecieron. Lentamente, me levanté del pod de descanso para no asustar a los familiares. Al verme despierto, se pusieron muy contentos de que aquel día había llegado, les abracé y pude canalizar mi amor hacia ellos como nunca lo había hecho.
Salimos todos juntos como si un desfile fuera dirección hacia la puerta central. Me había puesto el traje ceremonial, pero llevaba el set vestidor en uno de los bolsillos. Pasé por la biblioteca para coger un libro. La familia esperó en la puerta mientras entré a la biblioteca. Solo mi hermano pequeño entró conmigo. Él estaba muy unido a mí, ya que, cuando nació, padres estaban muy liados intentando averiguar qué había pasado con Thomix, así que me hice cargo yo de su cuidado. Él era muy curioso e inteligente, también era bastante tímido, lo que a veces le impedía hacer algunas actividades. Entró conmigo a la biblioteca porque, como a mí, a él también le encantaba leer lo que los antepasados habían escrito.
—Lukotico, si hoy es la ceremonia, no creo que te dé tiempo a leer un libro antes, así que, ¿qué estamos buscando exactamente?
—Viktor, quiero estar preparado para el viaje y un libro siempre ayuda, pero esta vez estoy buscando algo que pueda necesitar durante mi estancia allí. Aún no lo tengo muy claro. Ve tú por ese lado y, si ves algún libro curioso que pueda necesitar, me lo enseñas.
—Perfecto.
Al principio, pensé ir a ver en la sección de recetas de comida, pero al ver que muchos ingredientes no los podía conseguir donde los Samiz, fue a la sección de medicina. Le pasó lo mismo: cuando ya estaba a punto de ir a buscar a Viktor para irnos, vi un libro que de lejos parecía feo, pero, al acercarme, vi que el título era Poderes ancestrales de los Antler. Lo cogí y fui a buscar a Viktor.
—Viktor, ¿has encontrado algo? Yo he cogido un libro sobre los Lumínicos.
—Tengo este libro.
Viktor me enseñó el libro que había cogido. Parecía un poco anticuado, tenía las páginas deterioradas. Su título era Inventos de supervivencia. Lo cogí con curiosidad para verlo y, al ver lo que contenía, me lo quedé.
—Gracias, Viktor. Parece útil. Venga, vámonos, que la familia nos espera.
Salimos de la tienda y nos juntamos con la familia para seguir el recorrido. Por el camino vimos algunos que parecían felices al verme; otros, enfadados, pero lo que todos tenían en común era el asombro de ver alguien tan joven como yo llevando ropa ceremonial. No hice caso a las críticas, ya me había criticado bastante la noche anterior. Al llegar al recinto de la puerta central, vimos a 30 sabios esperando en la entrada y a otros pocos rodeando la puerta. Alrededor del recinto había cientos esperando alegres a que la ceremonia diera comienzo. Al acercarnos, mi familia se separó de mí dejándome solo con mi hermano y mis padres. El gran sabio se acercó y me habló:
—Lukotico, ¿aceptas la misión en nombre del pueblo de los Antler y prometes llevarla a cabo como mejor puedas?
—Acepto —dije.
—Por el poder que me ha sido otorgado por las escrituras ancestrales y habiendo visto el futuro, yo, Santhiago, te nombro robótico. Esperemos que sepas manejar esta nueva responsabilidad. Toda la fe y esperanza del pueblo está puesta en ti, no nos falles.
Acto seguido, la puerta se abrió dejando paso a un portal que desembocaba a un lugar aleatorio de cualquier reino de los Samiz.
—¿Puedo despedirme de ellos antes del salto?
—Claro.
Mi madre fue la primera que se abalanzó sobre mí y me infló a besos mientras lloraba desconsolada. Me dijo:
—Yo y todos sabemos lo que vales, estás preparado, ten mucho cuidado por si no te reciben de la mejor manera, como a Thomix. Ven a visitarnos siempre que puedas, te echaré de menos, llámame cuando quieras, aunque tu padre no conteste, yo lo haré siempre que lo necesites.
—Gracias, eso haré.
El siguiente fue mi padre, que, emocionado, casi a punto de llorar, me dijo:
—Quiero que sepas que estoy orgulloso de ti y hagas lo que hagas allí te seguiremos queriendo. Ten cuidado y estate siempre alerta, Luther, de los susurradores de la noche, puede estar al acecho.
Por último, Viktor, llorando, se agarró a mi pierna y me dijo:
—Lukotico, no te vayas, no me dejes aquí solo.
—Viktor, no estás solo, todos los familiares que están aquí también te quieren y te aprecian. Solo estarás solo si te aíslas voluntariamente, y, aun así, en tu corazón estaremos siempre contigo apoyándote. Hoy debo irme, pero quiero que sepas que, vaya a donde vaya, tú siempre tendrás un lugar en mi corazón, Viktor. Te quiero, no lo olvides jamás.
Viktor pareció estar conforme con las palabras que le había dicho, pero, aun así, se le notaba dubitativo si soltar la pierna o quedarse enganchado. Cuando se soltó, aproveché para apartarme por si se arrepentía. Emocionado, dije:
—Adiós a todos, gracias por todo. Vosotros habéis sido los que me habéis iluminado el camino, ahora es mi turno de iluminar el camino a otros. No me olvidéis, porque yo no lo haré.
Salté al portal.
Capítulo 1
En un gran lago plateado, bajo la luna roja, se alzó imponente y majestuosamente un ser. Aun siendo de noche, la luna iluminó su cuerpo negro, pero con figuras amarillas fluorescentes atravesándolo formando una especie de patrón usado por los reinos para la guerra como si pinturas bélicas fueran. Tenía una cabeza oscura ovalada, con un cuello que no llegaba a medir más de 3 colas de ratón. No mostraba expresión alguna, parecía no tener rostro, ya que una especie de cristal con cientos de puntos luminosos, pero sin estar agrupados, atravesaban su rostro. El ser tenía una estatura de unos 3 trompos, un trompo menos que un elefante, pero más alto que un león. Caminaba deslizándose a través del lago. En dirección a ellos, los elegidos habían sido despertados por la luz de la luna segundos después de que el ser empezara a emerger desde las profundidades del lago. Los 6 emperadores habían estado durmiendo esa noche allí con la esperanza de que los susurradores de la noche escucharan sus peticiones. Se mostraban nerviosos, ya que llamar a un susurrador era siempre un riesgo, ya que tenían mucho más poder que ellos y el poder de los reinos podían tomar si se enfadaban.
En cambio, los Antler eran un reino pacífico que tenía como único propósito el de ayudar a los Samiz a seguir su destino y garantizar su supervivencia. La última aparición de un robótico había sido tres siglos atrás en ese mismo sitio. Según las profecías de los líderes espirituales, un robótico era un ser forjado por los mismísimos Antler y que venía al mundo momentos antes de una guerra para buscar y encontrar a los lumínicos que debían liderar a los reinos hacia la victoria. El último robótico, Thomix, fue emboscado y destruido momentos después de emerger por los teheritas, fanáticos de los susurradores de la noche. Después de aquel suceso, no volvió a aparecer ningún robótico más, aun cuando en mitad de la guerra invernal de los 10 años fue suplicada su aparición por cada uno de los habitantes de los 6 reinos. Es por ellos por lo que los Samiz acudieron a los susurradores de la noche como último recurso. Los susurradores de la noche eran un clan compuesto por exiliados de los Antler. Ellos acudían siempre que los Samiz los llamaban. Los 6 emperadores se juntaron en formación, tensos y alertas. Cuando el ser estaba lo suficientemente cerca de ellos, les dijo:
—Hola a todos. Yo soy al que estabais esperando: soy Luther, de los susurradores de la noche. Encantado de conoceros, me han hablado mucho de ustedes. Vengo en son de paz. He venido a buscar a los nuevos lumínicos.
El emperador del reino de los cuernos fue el primero en dirigirse a Luther:
—Bienvenido. Yo soy Thorn, emperador del reino de los cuernos, un placer. Esperemos llevarnos bien. Estos emperadores son…
Mirando a Flumen le dijo:
—Él es Flumen, emperador del reino de la pluma.
—Encantado de conocerle —dijo Flumen.
—Él es Ferro, emperador del reino de la herradura.
—Mi reino y mis pegasos a su disposición están —dijo Ferro.
—Ella es Terra, emperatriz del reino de los subterrestres.
—Cualquier cosa que necesite, estoy para servirle —dijo Terra.
—Ella es Coralina, emperatriz de los aquáticos.
—El océano es tuyo —dijo Coralina.
—Y, por último, ella es la emperatriz Tecna, del reino de los Volcánicos.
—Espero aprender cosas nuevas de usted, Luther —dijo Tecna.
Luther se situó delante de todos y dijo:
—Como sabréis, el reino astral está gobernado por los Antler, pero también está el clan de los susurradores de la noche. Los Antler son nuestros enemigos, así que mi idea es encontrar a los lumínicos antes que los Antler. Es por ello por lo que vuestra ayuda requiero. Voy a ir a los 6 reinos y necesito acceso a todas partes, ya que los lumínicos pueden estar en cualquier parte, incluso donde menos te lo esperas. También quiero que busquéis vosotros a personas que sobresalgan de la normalidad de cualquier forma o tengan alguna rareza que pueda ser un indicio de ser un lumínico.
Al unísono, respondieron:
—Sus palabras órdenes para nuestros oídos son, Luther.
En otra parte del reino, un portal se abrió y de él salió Lukotico. Iba vestido con las ropas ceremoniales y el aspecto de un Antler. Lukotico se trajo consigo una bolsa con dos libros y el set vestidor. Se encontraba un poco mareado del viaje, pero estaba feliz de que hubiera salido correctamente. Antes de nada, se marcó unos objetivos mentalmente. Primero, debía ubicarse; después, debía encontrar alguna forma de camuflarse para no ser reconocido y, por último, debía empezar a buscar a los lumínicos, y para ello pensó que lo mejor sería buscar un sitio tranquilo y solitario para empezar a leer el libro de Poderes ancestrales de los Antler.
Lukotico se fijó un poco donde estaba y observó una explanada cubierta por recintos de un tamaño considerable. También pudo observar que el portal se había aparecido en un montículo a una distancia no muy lejana de la civilización. Eso le dio la ventaja de poder observar los ropajes de los Samiz de aquel reino para poder camuflarse. Al ver a varios Samiz junto con elefantes de diferentes clases, algunos parecían listos para la guerra, otros para la carga y otros para observarlos por su elegancia. Estaba claro: se encontraba en el reino de los cuernos.
Tras un tiempo contemplando a los Samiz, decidió que era hora de vestirse. Lukotico pensó que la ropa solo lo iba a cubrir, pero que su estatura le delataría, así que, tras varios minutos meditando, decidió que lo mejor sería buscar en el libro de inventos por si encontraba alguna forma de reducir su tamaño. En una de sus páginas encontró un poder para cambiar de aspecto y, sin necesitar ningún tipo de ingrediente, decidió probarlo. No le salió muy bien el intento, ya que, debido a varios factores, como el hecho de que no había usado sus poderes desde hacía mucho tiempo, desgastados y defectuosos los tenía. Lo usó con la intención de hacerse un anciano, pero el poder lo transformó en un joven. Lukotico introdujo de nuevo el libro en la bolsa, pero se dio cuenta de que, al introducirlo, algo había lanzado un grito de lamento, agudo e imperceptible para los Samiz, pero alto y claro para él. Lukotico sacó todo de la bolsa y encontró a su deinonychus al fondo de la bolsa. Se sorprendió, ya que no estaba permitido llevar animales astrales; también le agradó la idea de pensar que no estaba solo, sino que, como con su hermano, podría volver a tener responsabilidad sobre alguien aparte de él mismo. Decidió llamarle Giorgi. No medía más de 7 colas de ratón y, de ancho, unas 3 colas de ratón.
Tras cambiarse y crear un compartimento secreto en su indumentaria para que Giorgi se sintiera cómodo, empezó su travesía hacia la civilización. Bajó del montículo dando varios saltos y se dirigió a paso rápido hacia el primer recinto para averiguar qué escondía aquella estructura. Al llegar, vio que era una especie de establos donde los Samiz guardaban sus elefantes. Enfrente había unos armarios donde guardaban las indumentarias de aquellos animales de grandes dimensiones. Lukotico se vio sorprendido por la voz de un Samiz que le preguntaba:
—Niño, ¿te has perdido? —preguntó un hombre.
—Tal vez —contestó Lukotico.
—¿Adónde deseas llegar, pequeño? —volvió a preguntar el hombre.
—Estaba buscando un sitio donde poder dormir esta noche y, si pudiera ser, un lugar de trabajo para poder mantener la estancia —dijo Lukotico.
—Parece que has encontrado a la persona indicada. Mi mujer y yo tenemos una taberna que tiene encima un hostal donde podrás alojarte todo el tiempo que quieras. El trabajo te lo ofrezco yo. Mi mujer no da abasto para servir a tantos clientes y yo estoy ocupado cuidando a Trompi, mi elefante —le dijo el hombre.
Lukotico se lo pensó, pero decidió que era una buena oferta y le abría la puerta a poder tener en su tiempo libre algo de independencia para poder buscar algún Lumínico que estuviera en el reino de los cuernos.
—Acepto. Por cierto, ¿cuál es su nombre, noble señor? —preguntó Lukotico.
—Mi nombre es Francisco, ¿y el suyo? —le contestó Francisco.
Lukotico se dio cuenta de que su nombre era demasiado extraño para pertenecer a aquel mundo, así que rápidamente pensó un nombre que le pudiera camuflar.
—Mi nombre es Lukas. Vengo de un lugar muy lejano —dijo Lukotico con cara pensativa. Le costaba mentir.
—Un placer, Lukas. Aquí no importa de dónde vengas mientras contribuyas al reino. Acompáñame, te presentaré a mi mujer, Barvara —dijo el hombre con felicidad.
Lukotico acompañó a Francisco por las calles de aquella ciudad hasta llegar a lo que parecía ser una taberna. Al entrar, se dieron cuenta de que una mujer sola estaba atendiendo a todos los clientes a la vez y parecía estresada, ya que hacía de todos los trabajos a la vez.
—Ves lo que te dije, no da abasto, por eso necesita tu ayuda —dijo Francisco con preocupación.
—Claro —contestó Lukotico.
Se acercaron a la mujer y Francisco le introdujo.
—Tesoro mío, mira a quién me encontré en el establo —señalando a Lukotico—. Se llama Lukas y busca donde dormir y trabajo. Le he ofrecido que trabaje contigo como camarero.
—Por supuesto, si tú has aprobado ese contrato, yo confío en ti. —Y dirigiéndose a Lukotico, le dijo—: Hola, cariño, yo soy Barvara y parece que pasaremos bastante tiempo juntos. Es una lástima que no tengamos un hijo para que te diviertas, pero no pasa nada, ya averiguaremos alguna forma de pasarlo bien. Pareces cansado, anda, ve a dormir un poco y, cuando te levantes, vienes y me ayudas a recoger —le dijo amablemente Barvara.
—Gracias a los dos por mostrar tan agradable hospitalidad —dijo felizmente Lukotico.
Por la tarde, tras despertar, Lukotico bajó a ayudar y, mientras trabajan, le preguntó:
—¿Cómo es Thorn?
—Su padre se portó mejor con el pueblo, tenemos esperanza en su hijo.
Lukotico tomó nota de ello.
—Una pregunta. ¿Por aquí la gente se porta tan bien como vosotros o son un poco antipáticos con los extraños?
—Depende a quien preguntes, pero sí, la gente es amable.
—Gracias
Lukotico, después de trabajar, salió a las calles a ver si encontraba alguna pista del paradero de algún Lumínico. Tras 5 horas caminando y hablando con muchos vecinos, se quedó como había llegado, vacío. Volvió a la taberna a leer el libro para ver si alguna pista se había saltado, y así fue. Lukotico se dio cuenta de que había estado caminando pensando que algún Lumínico aparecería de repente y no fue así, así que decidió cambiar de estrategia. Buscaría a los talentosos y ricos del reino y entrevistaría a las personas más humildes y generosas del reino. Tenía que buscar en ambos polos, pero siempre fuera de lo común; ahí es donde un lumínico se manifestaría.
Capítulo 2
Viktor tenía cubiertos los ojos con el tsunami de lágrimas que de sus ojos salía cuando Lukotico, su hermano, saltó al portal. Tras su marcha, Viktor se sintió solo en aquel mundo, sin nadie con el que poder hablar, contarle sus penas, problemas o sus inquietudes. Él ahora tenía que conformarse contándole todos sus problemas a su pez, Orca. Viktor vestía una túnica que representaba su poder adquisitivo en el reino, aunque nada de lo que compraba le servía para apartar de su cabeza la idea de que Lukotico ya no estaba con él. Su vida era para él muy aburrida. Su horario diario consistía en despertar al tercer sol, ir a clase hasta el noveno sol, y no le daba casi nada de tiempo a disfrutar de su tiempo libre. Viktor era consciente de que, al ser un Antler, era un ser inmortal, atemporal. Viktor tenía envidia de su hermano por poder ir a un mundo extraño y diferente para él, vivir experiencias reales, salir de la rutina. Eso a él le encantaba. Aun habiendo estado pidiéndole a su padre si podría acompañar a su hermano al otro mundo, su padre le rechazó la petición.
Aquella mañana me desperté en el quinto sol. Fue un contratiempo debido a que siempre intentaba apurar al máximo la hora de despertarme, pero esa mañana me pasé de la hora. Había estado soñando con cruzar el portal para ir de visita a ver cómo era aquel mundo. Me daba mucha curiosidad que los Samiz pudieran tener la libertad de no hacer nada, algo impensable para nosotros. Me desperté del criosueño y fui a darle de comer a Orca. Kerry, mi madre, siempre me decía que por qué solo quería un pez y no varios. Yo siempre le respondía que Orca era especial para mí y no quería dividir mi amor por Orca con otros peces. Tras darle de comer a Orca, fui al ropero, cogí mi uniforme escolar, una camiseta amarilla y una chaqueta amarilla ajustada donde llevaba el logo de la escuela marcado, un pantalón negro y unas botas express negras. Antes de vestirme, llamé a un bob doméstico para que me trajese el desayuno. A continuación, me puse la ropa, me despedí de padre y madre y salí de casa. Fuera de casa me estaba esperando mi mejor amiga, Lua, una chica alta, morena, guapa y muy inteligente. Me saludó nada más verme.
—¡Viktor, venga, que vamos a llegar muy tarde! —gritó Lua.
—Tranquila, ahora toca con doña Ka. Soy su favorito, ya verás como nos deja pasar a clase —dije con voz tranquila.
—Espero. Por cierto, me enteré de lo de tu hermano. ¿Cómo te encuentras? —preguntó Lua.
—Bueno, fue un bajón enorme porque Lukotico siempre me ayudaba a todo, pero estoy intentando llevarlo lo mejor que puedo. Cambiando de tema, ¿este finde tienes algún plan? —pregunté.
—Mis padres y yo vamos a ir a ver a la abuela el sábado, pero, si quieres, podemos quedar el domingo. Podemos ir al restaurante que te dije el otro día —sugirió Lua.
—Lo consultaré con Orca, pero creo que podré ir —afirmé.
—¿Orca? —dijo sorprendida.
—Es mi pez. Últimamente se está volviendo muy celoso si no le doy atención suficiente —afirmé con voz graciosa.
Lua se rio con la explicación y, finalmente, llegaron a la escuela, un edificio enorme, azul y blanco con un letrero que decía «Escuela de Quinto poder». era una escuela privada donde solo las personas con inteligencia creativa iban.
A primera hora, tenía clase de Ética. La profesora, doña Ka, era muy simpática. Sus clases se me hacían muy llevaderas y, aun habiendo llegado varios minutos tarde, no nos castigó como hubieran hecho otros profesores. Ética era una asignatura donde siempre sacaba la máxima puntuación. Lukotico me ayudaba a estudiar siempre que podía. Al llegar, me senté en mi cubículo ubicado en la cuarta fila. Lua se sentó en el cubículo de al lado. El cubículo era una caja de dos metros cuadrados completamente transparente, equipado con un altavoz donde se reproducía la voz de la maestra, una pantalla transparente en la pared que miraba hacia la profesora y un pupitre. Cada asignatura tenía sus propios cubículos personalizados.
La siguiente clase era de Creatividad e Innovación, impartida por don Agut. En esa clase, Lukotico era siempre el alumno estrella. Yo intentaba aprobar como podía. Mi creatividad siempre iba centrada hacia el juego, bromas, y a don Agut nunca le gustaban mis inventos, por desgracia. Me levanté del pupitre y fui al cubículo de Lua a preguntarle una duda.
—Lua, ¿cuál es la próxima clase? —pregunté.
—Tres meses llevas en la escuela y aún no sabes el horario. No importa. Después hay Maquinación de Inventos. Supongo que tendrás hecha la maqueta de su invento, ¿no? —preguntó Lua.
—No, se me ha olvidado —dije.
—¿Otra vez? —dijo con voz cansada.
—Es que con el tema de Lukotico se me ha ido la cabeza completamente, espero que me sirva como excusa —dije como solución.
Tras la clase de Maquinación de Inventos, había quedado con Lua y David para ir juntos, como todos los días, a cenar a una cafetería.
Al día siguiente, no había clase debido a que el horario escolar se dividía en un día había clase y otro día de descanso sin clase, donde aprovechamos para estudiar, hacer deberes o salir con los amigos.
Luther, después de dar las órdenes a cada líder, fue hablar con Flumen, emperador del reino de la pluma.
—Flumen, creo que empezaré por tu reino, me vendrá bien un poco de aire después del viaje, ¿no te parece? —preguntó Luther.
—Por supuesto, un placer —afirmó Flumen.
Flumen se subió a su grifo, una criatura con la cabeza y alas de un águila, pero con cuerpo de león. Él animó a Luther a que se subiera por la parte delantera de la criatura.
Rápidamente, ascendieron hacia el reino alado.
—Flumen, ¿en vuestro reino todos tienen un grifo? —preguntó Luther.
—No, solo yo y los ministros. La población tiene aves como águilas o búhos. Los grifos son demasiado preciados —explicó Flumen.
—Ah, vale, gracias —agradeció Luther.
Unas puertas blancas se avistaron en el horizonte.
—Ya estamos llegando. Esas puertas son la única manera de entrar o salir del reino sin un volador. Más a la derecha está mi castillo, allí vamos —explicó Flumen.
Al sobrevolar las casas, se dio cuenta de que las aves de la población tenían colores muy variados y puede que incluso fueran mucho más grandes de lo normal. Sus casas tenían casi todas el mismo diseño y colores: una casa blanca con la puerta rosa y con un establo casi más grande que la casa situado en la parte de arriba de la casa donde las aves eran alimentadas, acicaladas y donde dormían.
Al vislumbrar el palacio, se sorprendió de lo sucio que estaba el palacio, con muchas manchas de lo que podría ser excreciones de animal.
—El palacio me parece asombroso, ¿pero esas manchas que veo alrededor del palacio qué son? —preguntó extrañado Luther.
—Últimamente, hay muchos gamberros en el reino que se dedican a acumular las heces de sus aves y vienen por la noche y las tiran contra el palacio. Estamos intentando averiguar quiénes son los responsables —dijo enfadado Flumen.
—Aun así, la belleza del palacio sigue estando intacta. Tengo una duda: ¿por qué todas las casas son blancas y rosas? ¿Y qué son las otras casas de color rojo? —preguntó Luther.
—En mi reino, nos gusta el orden. Es por eso por lo que nos gusta que para cada tipo de persona tenga una casa de un color u otro, es decir, diferenciar a la población. El blanco es que son personas ejemplares, las amarillas son de personas que han tenido alguna vez algún encontronazo con la ley, y los rojos son de los criminales. El color nos ayuda a la hora de patrullar —afirmó Flumen.
—Qué curioso —dijo sorprendido con la eficiencia Luther.
