Haori - Leyre Irene Avilés Canalejo - E-Book

Beschreibung

Finalistas del VII concurso de relatos de ciencia ficción Homocrisis 2021. Para el ser humano, conquistar lo desconocido forma parte de su naturaleza. Éstos diez relatos nos llevan a profundizar en cómo seríamos si estuviésemos atrapados en Marte, si poseyéramos una tecnología avanzada para guardar nuestros recuerdos o viajar por el espacio, si no quedase más humanidad que una colonia en una nave o si todo lo que conocieras estuviera dentro de cuatro paredes. Premisas que, con sus matices, harán que te cuestiones como sería todo en ese futuro.

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Seitenzahl: 163

Veröffentlichungsjahr: 2022

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Haori

Finalistas del VII concurso de relatos Homocrisis 2021

 

 

Primera edición digital, abril 2022

© de los textos, los autores 2021

© de la ilustración de cubierta, erres diseño 2021

© Literaturas Com Libros

Erres Proyectos Digitales, S.L.U.

Avenida de Menéndez Pelayo 85

28007 Madrid

 

ISBN:9788412566000

 

Diseño de la cubierta: Benjamín Escalonilla

 

Quedan prohibidos, dentro de los límites establecidos en la ley y bajo los apercibimientos legalmente previstos, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, ya sea electrónico o mecánico, el tratamiento informático, el alquiler de la obra o cualquier otra forma de cesión de la obra sin la autorización previa y por escrito de los titulares del copyright.

 

Índice

Prólogo: El último vals

De la luna y el mar

Leyre Irene Avilés Canalejo

Aquella parte de la luna

Juan Manuel Cuerda Muñoz

La eficacia de las plegarias

Rafael Fuentes Pardo

Una rebelión natural

Daniel Jándula

Nueve meses circadianos

Aron Dubh

El tránsito hacia la siguiente etapa

L. B. Latrige

El cazatalentos

Miguel Ramírez Moreno

Sin conexión

Alejandro Sueiras Hernández

El edificio

Marc Zanón Antón

El protocolo del punto y final

Román de Nicolás Galache

 

 

 

Prólogo:El último vals

 

¿Qué más da el año, 2521, 2.342, 3014, 979 o 2007?

No había mucho más que añadir a la escena para que fuera, una vez más repetida, la quema de los recuerdos de veinte generaciones, de millones de documentos borrados de sus soportes cuánticos con un bombardeo de bombas de plasma, el mismo método, la misma especie de siempre.

El fuego como elemento purificador para algunos y el más claro signo de la barbarie para cualquiera con un mínimo de respeto por sus semejantes del pasado.

Así funcionan la quema de la memoria y la imposición de las ideas, con un fuego destructor provocado por quienes años después serán recordados como bárbaros y cuyos anhelos de perdurar volverán, como siempre, a ser enterrados por la libertad de no hacer caso.

Desde el chiringuito de la playa, con una fría copa de cerveza Alhambra de barril en la mano, resulta muy agradable recordar que nunca la destrucción había sido total y nuevos impulsos creativos se habían levantado sobre las cenizas de los papiros, el papel, las memorias de silicio y los acumuladores orgánicos… la mente humana prevalece y los chiringuitos de playa también muy a pesar de los que no gustan ni de los chiringuitos ni de las ideas de los demás.

La playa de Bolonia no había cambiado mucho en los últimos quinientos años, si acaso la duna había crecido algo y las ruinas romanas seguían siendo ruinas, respetadas y poco visitadas. Poco urbanizada, cuatro chiringuitos mantenían el tipo y la carrera por ser los negocios pertenecientes, cada uno, a la misma familia durante más de tres siglos.

Cádiz y sus playas, refugio de muchos madrileños, sevillanos, gaditanos, romanos, napolitanos y canarios en 2.521 lo seguían siendo por, más que un milagro, por dejarse llevar sin hacer más ruido que otros lugares y un secreto bien mantenido por todos aquellos que, de puro gusto, no querían compartir tal belleza.

En una España habitada por 100 millones de personas y con una natalidad apabullante no dejaba de sorprender como aún se podía pasear tranquilamente y hasta saludando a los pocos coincidentes.

La orilla del mar seguía en el mismo punto, invariable al tiempo, los implantes de realidad aumentada en el nervio óptico permitían ver los límites de la arena a lo largo del tiempo desde el siglo XXI y la imagen tras el suave color de la cerveza en la copa le recordaba lo mejor de cada momento.

Allí estaba Fer, último hombre vivo del siglo XX, nadie podría decir al observarle que hacía tiempo que había sobrepasado el medio siglo; él decía que tenía cuarenta y cuatro años y no 556. Ni siquiera él sabía porqué estaba aún allí pero eso era precisamente el menor de sus problemas, ahora estaba huyendo de nuevo.

Sentado en el chiringuito, con una botella de Alhambra 1925, fría como siempre, unas tortillitas de camarones y en camino un atún de Barbate que te quita el sueño como nunca antes de salir corriendo. Tranquilidad y buenos alimentos.

—37, ¡vamos a ponernos ciegos de tapas que mañana habremos de salir corriendo de aquí!

A 37 no le gustaba que Fer no le llamara por su nombre, pero que fuera 37 «por abreviar» ser su descendiente número 3742 se lo agradecía por respeto al «abuelo» y por ahorrarse el número completo.

—Abu…, perdón, Fer, ¿esta vez, porqué hemos de salir corriendo? nunca ha venido nadie a buscarte y nunca te he visto en peligro en todos los años que me ha tocado en gracia cuidar de ti y acompañarte cada día por orden de 3502— dijo 37.

—35, ese sí que sabía, ¡chavalito!, ¡no te queda mili! No me has visto en peligro ni tú lo has vivido porque cuando llegan no estamos, dejamos de ser y dejamos de estar, solo así puedes vivir más de cuatrocientos años. Acompañado y huyendo, eso sí, con mucha calma, concentración, preparación física y el halo, por supuesto, el halo.

—¿Quién te persigue? —preguntó 37, esperando como siempre la misma respuesta y sabedor de que a Fer le gustaba contar sus historias.

—¡Los malos!, siempre los malos, ¡quién sino va a perseguir a un hombre de quinientos años! Con distinta cara, con distinto nombre, con distintos fines, pero siempre los malos con malas intenciones, quitarme lo que es solo mío, mi vida, ¡ladrones hijos de…! —exclamó Fer con cierto tono de guasa.

—Si lo vemos desde su punto de vista ellos piensan que eres tú el que les está robando a ellos por vivir quinientos años y no poder ellos hacer lo mismo ni saber porqué, tú, sí puedes. Tiene sentido, para alguna gente lo tiene. Hay que compartir, piensan —dijo 37 relajado en su silla.

—¡Menuda panda de gilipuertas, incapaces, envidiosos, descontentos, inseguros, que desperdician su vida en busca de la mía¡ No voy a ponerme filosófico contigo 37, es una memez pensar que se tiene derecho a lo que no te pertenece. Nadie sabe por qué no he muerto todavía y yo ya no tengo ningún interés en saberlo, hace mucho que no me importa. Pero nadie va a hurgar dentro de mí de nuevo, ya no, ya pasó ese momento de compartir, pasó hace más de 300 años, mi vida es mía y como mucho voy a compartir contigo otra ronda.

—¡Camarero! ¡dos 1925 como dos soles, frías como el polo norte! Y te las traes en un cubo lleno de hielo de los glaciares de circo de la Sierra de Guadarrama, aprovechemos las ventajas de la glaciación.

—Como te iba diciendo, mi vida es solo mía y durante siglos siempre ha habido quien no lo ha entendido, por eso desaparecí para el mundo hace doscientos años gracias al halo y solo unos pocos de mis descendientes y, —detuvo su discurso por un segundo— algunos colegas, sabéis que sigo aquí.

37 sabía por la expresión de Fer que se iniciaba un nuevo discurso así que pidió una ración de jamón de Jabugo y una ensalada para acompañar al mejor atún del mundo, le parecía gracioso que Fer afirmase que llevaba tomando lo mismo más de cuatrocientos años. Todo el mundo sabía que el jamón de Jabugo era un invento del nuevo gobierno del año 2.492 como conmemoración de los actos del milenio del descubrimiento de Europa por los héroes que cruzaron la planicie helada del Mar Negro desde la milenaria Ruta de la Seda partiendo de la ciudad de hielo de Kara.

Fer continuó:

—Al principio era divertido, un grupo de amigos conservábamos nuestro aspecto de mediana edad sobrepasados los 80 años a mediados del siglo XXI. Pero cuando cumplimos los 90 y seguíamos igual, empezamos a despertar la curiosidad de los que se hacían mayores y de nuestras propias familias. La cirugía estética no podía ser tan buena.

»Cómo no, aparecimos como noticia en todas las redes sociales de la época, una herramienta que teníamos entonces para saber todo y nada de todo el mundo e ir aparentando una vida feliz llena de fiestas y comilonas.

»Era imposible tener 90 años y parecer que estás cada día mejor sin despertar interés, envidia, odio o la codicia de los demás, nunca admiración o simple curiosidad.

»Las organizaciones médicas públicas y privadas tenían información nuestra de antes de que cumpliéramos los 60 años, después de cumplirlos simplemente dejamos de necesitarlas y ya pudimos ver que algo nos había sucedido pues empezamos todos a mostrar signos comunes de demasiada salud y mejora física, y aún nos sucede.

A 37 ya no le extrañaba que Fer siguiera haciendo referencia a los otros como si hubiera algunos otros, toda la familia sabía a ciencia cierta que sus amigos habían ido desapareciendo a lo largo de los años por muchas razones, siempre por muerte violenta, y solo Fer había continuado vivo gracias a los cuidados y discreción de sus descendientes.

Fer seguía hablando:

—Nos convertimos en un objeto en manos del estado que de una forma u otra, de forma educada pero con un nivel de exigencia no disimulado, nos hizo pruebas, nos retuvo en sus hospitales, nos ponía horarios y nos recordaban todos los días lo agradecida que estaba la sociedad por nuestra colaboración.

»En realidad nos habíamos convertido en ratas de laboratorio, proveedores de fluido, sanguíneo, fileteados por los escáneres de 360º, analizados genéticamente, nosotros y nuestros familiares, nuestros ancestros desenterrados. Una violación de nuestros derechos más allá de nuestra autorización en nombre de un derecho de “todos” que me cago en su puta madre.

»De ser admirados por nuestra condición con los años pasamos a ser primero una propiedad y luego de fracaso tras fracaso de los investigadores en reproducir nuestros físicos o siquiera encontrar la clave de porqué cada día era igual que el anterior, pasamos a ser odiados por todos aquellos que habían puesto sus esperanzas en nosotros y habían volcado sus anhelos en obtener resultados. Muchas veces notamos que no solo deteníamos el envejecimiento sino que obteníamos pequeñas mejorías, incluso rejuvenecimiento. Quisimos dejar de colaborar.

»Hoy nadie diría que tengo más de 43 o 45 años, mi aspecto en 2025 era de un señor de 60 años, casi 500 años después, mírame, en plena forma.

»Ya decía Chesterton que “Para corromper a un individuo basta con enseñarle a llamarderechosa sus anhelos personales yabusosa los derechos de los demás”.

»Convirtieron en “derechos” de los demás cualquier cosa nuestra, nuestros cuerpos, nuestras vidas, nuestras familias y “abusos” cualquier cosa que nosotros hiciéramos por resguardarnos de todo y el solo hecho de querer tener una vida normal sin dar cuentas a nadie y sin tener que vivir escondidos ante el acoso de cualquiera por la calle.

»El primer secuestro lo cambió todo, uno de nosotros desapareció durante 20 años y solo tras un golpe de estado en un país que hoy yace bajo los hielos consiguió escapar, no porque el nuevo gobierno decidiera dejarle marchar sino porque el caos surgido tras el cambio colapsó la administración y los presos de su centro, todos y de todo tipo, aprovecharon la confusión para huir ayudados desde fuera, buenos y malos, justos y represaliados y también gente de verdad peligrosa.

»Todos los presos estaban bajo control médico, un gobierno secuestró a Chuck y tardamos 20 años volver a tener noticias suyas. El miedo que tuvimos durante esos 20 años, desde el primer día, nos preparó para ir saliendo del mapa de búsqueda de nuestro entorno más cercano.

»Afortunadamente la fama nos trajo también fortuna, mucha más de la que teníamos, la vida normal nos había sonreído a unos más que a otros, pero no gozábamos de la mayor fortuna de todas, el anonimato. Pagamos seguridad privada y poco a poco fuimos dejando de ser personajes públicos, nos salimos de las redes sociales y dejamos de lado cualquier extravagancia, cambiamos de domicilio manteniendo la propiedad privada de los antiguos y comenzamos a trazar lo que iba a ser nuestra desaparición definitiva a ojos de todos.

»Quizás no te lo creas pero llegó un momento en el pasado en que todos tus movimientos dejaban una traza, y no hablo solo del dinero, el equivalente a vuestros créditos de tiempo, sino que cada movimiento de tu cuerpo quedaba registrado en unos aparatitos externos que la gente llevaba todo el día, primero fueron como cajitas, los llamabansmartphonescomo si por ser ellos listos no fueras tú mismo a dejar de ser idiota.

»Después de varios intentos fallidos del tipo, pulsera, reloj (te hablo como si supieras que son esas cosas) gafas… llegó la revolución de las lentes intraoculares, los implantes auditivos y los acumuladores orgánicos.

»Primero fueron voluntarios como cualquier otro “juguete” digital, luego directamente los nuevos materiales sintético-orgánicos y los nuevos estados de “derecho” obligaban a implantar a los recién nacidos los dispositivos al nacer, con una firma orgánica que te perseguiría toda tu vida y donde todo estaría registrado por el “bien común”. Tecnología aplicada utilizada al servicio del mal y del mal llamado “bien común”.

»El papel moneda y las monedas desaparecieron para evitar la transmisión de gérmenes y para evitar el cambio climático, con ello apareció el control absoluto de las transacciones y murió la libertad de comercio.

»Afortunadamente la gente aprendió rápidamente a intercambiar bienes por métodos distintos fuera del control del estado, un estado que te cobraba impuestos hasta por regalar o recibir bienes de otros, lo llamaban tasa de intercambios no autorizados o impuesto de herencias y donaciones.

»El problema fue que con los implantes siempre sabían dónde estabas y qué hacías y el “Gran Hermano” de George Orwell por fin había llegado. La única diferencia es que no estaba en una cámara o en una pantalla, estaba directamente en tu cabeza, dentro de ti.

»Nuestro grupo de amigos se convirtió en una rareza, nosotros teníamos tiempo y conocimientos y cada día más tiempo y más conocimientos y sobre todo apariencia de buenos ciudadanos con vidas normales, molestas, extremadamente longevas, pero normales. Nos retiramos a nuestras casas y en 100 años éramos los únicos vivos sin el implante intraocular.

»Empezamos a publicar noticias falsas sobre nosotros mismos, fotografías donde podía verse nuestro deterioro físico que por fin había llegado y recogíamos nuestra propia sangre bien conservada para darle al estado regularmente muestras sin tener que recibir a sus equipos médicos. La confirmación de que estábamos cada día más viejos y que nuestras muestras no mostraran cambios les dejaba desconcertados pero al mismo tiempo satisfechos por nuestro empeoramiento.

»Pudimos aparentar no salir de nuestro entorno pero los que se quedaban en sus casas eran nuestros hijos que se iban haciendo mayores.

»Éramos un problema así que cuando notificamos la primera muerte por accidente haciendo pesca deportiva, más de uno incluso pensó que tenía algo menos de que ocuparse y que un tiburón blanco tendría una buena comida ese día de verano.

»Nosotros nunca tuvimos que instalarnos los dispositivos intraoculares, o sí, pero los que nosotros creamos en nuestras industrias fueron distintos, con una puerta de atrás, nuestra gran familia y nuestro poder económico siempre tuvo recursos y educar a varios de los niños a serhackers, como un juego más, tuvo sus frutos. De nuestros dispositivos siempre salía información “adaptada”. Controlábamos de verdad elinputy eloutput.

»¿Sabes 37 cuánto tardaron los gobiernos de todo tipo en eliminar la escritura en papel en los colegios públicos? ¿Y luego también la escritura por cualquier otro medio en aras de una educación e información solo visual?

»Varias generaciones después de que el implante obligatorio quedara como la única vía para recibir formación, todo el mundo quedó controlado, no era necesario ni siquiera leer el pensamiento, la mayoría de la gente simplemente nacía creyendo aquello que recibía directamente en su ambiente holográfico 3D. Realidad aumentada, realidad simulada, nueva realidad.

»El Gran Hermano de Orwell por fin tenía la herramienta en su mano para funcionar, así que decidimos ser “El Hijo Descarriado”, obstinado, constante y con todo el tiempo por delante para resolver y luchar a la contra.

»Para ellos todo fue poco a poco, ni siquiera hacía falta prohibir nada, les bastaba con legislar para no tener trabas a la hora de comunicarse con los ciudadanos y pudieran enviar cualquier mensaje en aras del “bien común”. Los contenidos educativos pasarían directamente a los alumnos en documentos holográficos previamente grabados sin posibilidad de discutirlos con los profesores que, por innecesarios, desaparecieron.

»Tuvimos que desaparecer también nosotros, en un mundo feliz con la felicidad integrada por decreto, un grupo humano con ideas propias y recuerdos de un mundo mejor o simplemente diferente no podía existir.

»Muchas veces el enemigo se hunde solo, pero nunca la tecnología había sido una aliada tan fuerte del hombre como para dotarle también de su propia prisión sin salida.

»Cuando uno tiene el poder de estar dentro de ti desde que eres un bebé y cada actualización desoftwareva directamente a un elemento tan integrado en tu organismo que se confunde con él, estás perdido.

»Tú 37, por ejemplo, tienes el halo desde el mismo día que te implantaron los dispositivos del gobierno, eso te ha permitido recibir una educación diversa, variada, una y mil versiones de la Historia interpretada por cientos de autores y no una única verdad impuesta por ley.

Fer miró a los lados y sonrío al ver la botella verde de cerveza, fría, condensado la humedad del aire y con fibras de hielo en su interior.

—Te preguntarás por qué no triunfó la libertad y llegó la dictadura, en todo el planeta, pero eso da para escribir un libro y no un relato corto y te lo voy a resumir en unas pocas palabras, «porque a base de ser libres nos olvidamos de defendernos de los que pensaban que la libertad era un obstáculo para imponer su propia idea de salvar un mundo que no necesitaba salvadores, y que ellos, en su soberbia, no entendían».

Tras el primer trago, vino de inmediato el segundo y ya dos tercios de la botella se habían consumido a la temperatura correcta.

—Hace cientos de años en el inicio de la nube de datos todos recibíamos información de distintas fuentes, eso cambió.

»Crecimos como sociedad a un ritmo nunca visto en ninguna de las revoluciones industriales y tecnológicas anteriores, pero al igual que puedes utilizar un cuchillo para cortar jamón, también puedes usarlo para matar a alguien por la espalda.

»Ahora, vivimos todos en un mismo país en todo el planeta y recibimos información adaptada a cada región para mantenernos felices y contentos, hay un único idioma mezcla de todos los términos más expresivos de cada idioma antiguo y la gramática es sencilla. Parece el sueño del Esperanto pero ha sido la muerte de la filosofía y la discrepancia.

»Así que hoy he decidido que tras más cien años de trabajo y planificación, bombas de plasma incendien los principales nodos de comunicación y las 10 bases centrales de memorias del planeta. Ellos nos quitaron los dispositivos personales, la literatura, la escritura y nos quisieron contar cómo íbamos a ser dueños de nada y, sin embargo, felices.

»Su mayor fortaleza es su mayor debilidad, cuando desaparezcan las bases de memorias centrales cada uno volverá a ver las cosas desde su propio punto de vista y dejarán de estar en Babia. Afortunadamente eliminaron los nodos para controlar la información y al centralizarse nos han dado un blanco fácil.

37 no pudo evitar una sonrisa, pero también mostró preocupación.

—Será el caos, la gente no está tan mal, hay orden y concierto y la gente es feliz.

Y Fer le respondió:

—Sí, pero no es vida y, sobre todo, es mentira. La biblioteca de Alejandría no se quemó intencionadamente, esta vez sí va a ser intencionado. Todo el mundo abrirá los ojos y podrán descubrir miles de cuevas donde he ido dejando las huellas de la historia de mi propia biblioteca, con miles de autores en todos los idiomas, de todos los tiempos y de todas las disciplinas.

»El fuego purifica y llevo unos cientos de años sin divertirme de verdad, la literatura no se toca, ha de perdurar, los libros guardan el pensamiento de gigantes y también de algún descerebrado y nadie más que cada uno ha de discernir quién es quién.

37 masculló:

—De esta no salimos, te van a encontrar seguro, tú serás el próximo bárbaro de sus cuentos y el gran enemigo por eones. No serás un héroe.

Fer terminó:

—Para unos quizás sí, para otros seguro que no. Ya nadie sabe quien soy y los que encuentran las trazas que vamos dejando piensan que somos más una leyenda que una verdad, el caos nos va a dar unas centurias de ventaja. El halo nos camufla y los hielos protegen nuestra vuelta, todo lo tenemos allí.

»Tenemos tiempo, este no es el último vals de la banda.

37 quería resolver una duda antes del caos:

—¿Qué has aprendido en 500 años, merece la pena?

Fer miró con ternura a su descendiente al tiempo que le decía:

—Por mucho tiempo que vivas nunca habrás aprendido ni leído lo suficiente y el mayor placer será poder escribir nuevas historias para que otros disfruten de ellas. Sobre las llamas edificaremos nuevas gestas y cuentos que perdurarán en el tiempo.

 

Carlos Gómez