Héroes de Piedra Cortada - Sergio Masciocchi - E-Book

Héroes de Piedra Cortada E-Book

Sergio Masciocchi

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Beschreibung

Largo es el camino del guerrero. Bohr inicia una travesía que lo llevará a los lugares más olvidados y peligrosos de Mori-Khaz. En este vasto continente, donde las tradiciones colisionan con la magia y los artefactos guardan secretos asombrosos, Bohr se enfrentará con fuerzas mucho más grandes de lo que jamás imaginó. También encontrará nuevos aliados, preparándose para una guerra que los pondrá a prueba. Las leyendas parecen despertar en medio de la tormenta. Los héroes de Piedra Cortada deberán demostrar que están hechos de acero. Una historia de redención, fantasía y batallas épicas. Los héroes forjan su propio destino.

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Seitenzahl: 283

Veröffentlichungsjahr: 2024

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© Héroes de piedra cortada

Sello: Triccéfalo

Primera edición digital: Octubre 2024

© Sergio Masciocchi Basly

Director editorial: Aldo Berríos

Ilustración de portada: Marco “Peyeyo” Morales

Corrección de textos: Felipe Reyes

Diagramación digital: Marcela Bruna

Diseño de portada: Marcela Bruna

Ilustración interior y mapa: Jaime Huerta

_________________________________

© Áurea Ediciones

Providencia 2594, local 417, Providencia, Chile

www.aureaediciones.cl

[email protected]

ISBN impreso: 978-956-6386-51-3

ISBN digital: 978-956-6386-64-3

__________________________________

Este libro no podrá ser reproducido, ni total

ni parcialmente, sin permiso escrito del editor.

Todos los derechos reservados.

Capítulo 1 - El Vórtice

Era una tarde calurosa en la ciudad de Runnar; las calles aún estaban atiborradas. A mediados de la estación Varin, las noches eran todavía cálidas por lo bajo, lo que era bueno para el negocio de las tabernas. Un bar en particular era muy popular con la gente de las divisiones Manowar y Valkir, El Vórtice. Un lugar donde la mayoría de ellos se reunía a compartir experiencias, aceptar algunos trabajos extra del tablón de anuncios y, por supuesto, beber hidromiel, vino y cerveza. Esa noche El Vórtice estaba repleto con sus clientes habituales sentados en sus sillas de madera, bebiendo de jarras de picoyo mientras jugaban Truco, el juego más popular en este lado de Mori-Khaz, un juego basado en mentir y fanfarronear. Como era habitual, todos comían lo que fuese que Hokkar, dueño de El Vórtice, hubiese decidido cocinar.

Maximilian salió de las barracas hacia la taberna aquella tarde, con la intención de encontrarse con su enamorada, Xaravi, una joven doncella que era parte de la división Valkir de la academia. Su encuentro solo suponía ser uno más en una larga lista, pero ya estando en la taberna, la joven dama recibió una nalgada por parte de uno de los habituales del lugar mientras ella volvía desde el baño a su mesa. Maximilian, cadete de la división Manowar, no iba a soportar semejante insulto a su amada Xaravi y, a pesar de la prohibición de pelear fuera de una misión o en la excepción de encontrarse defendiendo la ciudad, saltó a la acción con la rapidez del viento. Maximilian era un hábil luchador para su edad, tenía apenas diecisiete años y ya había combatido contra muchos oponentes mayores que él, y esta vez no era la excepción. El bulto en la silla no tuvo tiempo de levantarse cuando ya había recibido un tremendo golpe en la nariz con la empuñadura de la espada. El hombre cayó sobre su espalda y así se inició una descomunal pelea. Xaravi, a pesar de ser una cadete de primer año, hizo su parte golpeando rufianes, pero el peso de la batalla lo cargó Maximilian y, rodeado como estaba, las cosas se pusieron color de hormiga rápidamente. El joven aprendiz daba lo mejor de sí, pero tenía problemas con el número de atacantes. De pronto, un agarre firme lo jaló fuera de la reyerta y tomó su lugar en ella.

Esa noche, Bohr estaba bebiendo su dosis diaria de hidromiel Bullkross más temprano, e intentaba mantener su bigote limpio cuando vio a su estudiante llegar a la taberna. Él estaba al tanto de la relación entre ambos jóvenes y la aprobaba. Ambos eran buenos estudiantes y compañeros empáticos. Bohr lo vio todo y supo que las cosas se pondrían feas. Tan pronto como la pelea se salió de control, decidió que tenía que ayudar a su aprendiz. Lo arrastró fuera de la trifulca y tomó su lugar en el combate. Bohr mostró todas las razones por las cuales el Triunvirato lo había elegido a él como maestro de la división Manowar en la ciudad de Runnar. Él era un excelente peleador y golpeó a cada uno de los oponentes en frente suyo, sin siquiera pensar en desenvainar su espada.

—¿Qué tenemos aquí? —dijo uno de los rufianes en un tono irritante—. ¿Acaso es un maestro de la academia peleando en una taberna? ¿Estás protegiendo a tu perro faldero? ¿No sería más fácil pedir tu salida de la ciudad inmediatamente? ¿Acaso no conoces la ley? ¡Las peleas de bares están prohibidas para la gente de la academia!

—Todos aquí sabemos que hubo una provocación al insultar a un miembro de la división Valkir; es el honor de ambos el que está en juego —respondió Bohr, indicando a los jóvenes involucrados.

—Bla, bla, bla. No creo que mi primo lo vea así —mientras el hombre de la voz irritante hablaba, la mayoría de los rufianes abatidos se ponían de pie—, y sabes que te hará pagar.

Quizá era el hidromiel en su cabeza, pero Bohr no notó que uno de los trúhanes de la taberna estaba blandiendo una espada hacia su nuca. El golpe malicioso estuvo a punto de dar en el blanco cuando un grito ahogado interrumpió la conversación entre Bohr y aquel horrible hombre. El atacante se convirtió en atacado, Maximilian reaccionó cuando vio a su mentor en peligro y apuñaló al sujeto salvando a Bohr de una muerte segura. El hombre yacía en el suelo despojado de su vida. La taberna guardó silencio por un momento y luego las acusaciones comenzaron.

Bohr sacó a Maximilian de la taberna. Él sabía que nada bueno sucedería de aquí en adelante. El tipo de la voz irritante era primo de Iorj, uno de los jueces a cargo en la academia y alguien que no sentía aprecio por Bohr.

—Escúchame bien, Maximilian; no dirás una palabra acerca de esto y si alguien llegase a preguntar, dirás que fui yo quien comenzó la pelea y que tú solo coincidiste en el lugar e intentaste sacarme de la taberna —dijo Bohr.

—Pero maestro —la voz avergonzada del joven aprendiz parecía el aullido de un cachorro de lobo—, fue mi culpa, no debí perder el control —su vista se clavó en el suelo, mientras intentaba decir algo inteligente que no fuese seguirse culpando. Maximilian sabía que era el estudiante predilecto de Bohr y que sus actos acarrearían grandes problemas en la academia.

Bohr regresó al interior de la taberna y se dirigió a todos ahí.

—Este hombre intentó asesinarme por la espalda —dijo apuntando al bulto ensangrentado que yacía en el suelo—. Y hasta donde yo recuerdo, yo lo maté —Bohr comenzó a desenvainar su espada lentamente—, supongo que todos estamos de acuerdo en aquello, ¿no?

—Pero maestro Bohr —Maximilian intentó interrumpir cuando vio la mirada en los ojos de Bohr.

—Vete ahora —dijo Bohr—. Esto es para ti, Hokkar, por todo el desastre y los clientes que huyeron sin pagar —dijo arrojándole una bolsa de monedas, la cual puso una amplia sonrisa en la cara de Hokkar—, y estas son para los ritos funerarios de este hombre —añadió, dejando caer unas pocas monedas sobre el cadáver.

No había nada más que decir. Como maestro de la academia Manowar, él debía ser un hombre ejemplar y todos sus estudiantes podían dar fe de aquello, pero él no era el favorito de los jueces debido a sus métodos poco convencionales y su tendencia a desobedecer cuando creía que algo era injusto. Bohr volvió a las barracas sabiendo que de aquí en adelante todo iba a ser un desastre, pero sentía un aprecio genuino por Xaravi y Maximilian y sabía que el futuro de los jóvenes era prominente en la academia, en cuanto Maximilian aprendiese a controlar sus impulsos.

El camino a las barracas fue uno solitario e incómodo: las calles de Runnar no entenderían lo que había sucedido, los adoquines sueltos no harían tropezar sus problemas para que él pudiese escapar. Las paredes de piedra parecían encorvarse sobre él, sentía la ansiedad de saber que algo terrible sucedería y no podría evitarlo. Las barracas estaban a tiro de piedra y sus grandes puertas lo invitaban a entrar una vez más.

La habitación de Bohr era pequeña, ser maestro de la academia, no significaba grandes instalaciones, solo un cuarto en el segundo piso, con una cama, un pequeño escritorio, un baúl para guardar sus pertenencias y una ventana. Nada lujoso, enseñar a las futuras generaciones era de máxima importancia, pero era pobremente retribuido.

Esa noche, Bohr se recostó en su cama pensando cuánto tiempo tardarían los problemas en encontrarlo. La respuesta fue: no mucho.

Barranor, la estrella brillante, anunció el día con sus rayos. Su luz entraba por la ventana de la habitación cuando Bohr sintió un presuroso golpeteo en su puerta.

—Por orden de los jueces, la voz del Triunvirato de La Falange en Runnar, se le solicita presentarse en la corte en el plazo de una hora. ¿Ha escuchado y comprendido el mensaje? —exclamó la voz alta y dignificada al otro lado de la puerta.

—Sí, escuché y comprendí —respondió Bohr.

—Tu respuesta será tomada como tu palabra, y faltar a tu palabra es fallarle a tu honor.

Se escucharon pasos alejándose de la puerta.

Bohr sabía que esto iba a suceder. El juez Iorj no dejaría escapar esta oportunidad. No hacía mucho tiempo, el líder de los jueces en Runnar era Crion Dalasor, un viejo Manowar, justo en sus decisiones y con aprecio por Bohr, su antiguo estudiante. Crion sabía de los métodos de Bohr, pero también sabía que era un buen hombre, con un espíritu más fuerte que su sentido común. Desde que Crion fue promovido a la academia de La Justicia Argéntea en Aguaverde, la escuela más importante en Mori-khaz, Iorj, un hombre de corta estatura, voz molesta y una necesidad desesperada por estar por sobre el resto, tomó su lugar. Uno de los peores días en la vida de Bohr. Iorj estaba celoso de la amistad entre Crion y Bohr y haría lo que fuera por sepultar al maestro de la división Manowar.

La academia de La Justicia Argéntea contaba con dos subdivisiones, las academias Manowar y Valkir, estas eran para hombres y mujeres respectivamente. Los tres miembros del jurado debían ser un representante de cada división, y uno asignado directamente desde Aguaverde. Iorj era el elegido por ellos.

Bohr caminó hacia la corte como si estuviese yendo hacia la horca. Cada estudiante ya estaba al tanto de que su amado profesor, el maestro de los guerreros Manowar, le había quitado la vida a un hombre en El Vórtice la noche anterior, y todos lo miraban con verdadera preocupación, ellos lo preferían a él por sobre cualquier otro profesor o instructor.

Las puertas de la corte dentro de la academia de La Justicia Argéntea eran gigantes, mucho más de lo necesario, pero esa era la intención: hacerte sentir pequeño, humilde y culpable. Bohr atravesó las puertas y vio a los tres jueces en el altar esperando por él. Para hacerlo peor, abrieron el juicio a la comunidad de Runnar; algo que solía hacerse solo con los peores criminales. Iorj mismo envió a sus hombres a esparcir la noticia para asegurarse de que el juicio fuese una experiencia de lo más humillante.

—¡Silencio, todos! —habló Iorj— ¡El juicio de Bohr Thunderspear, maestro de la academia Manowar de la Justicia Argentea, ¡ha comenzado! —acompañó sus palabras con un golpe de su martillo y continuó—. Señor Thunderspear, has sido acusado de asesinar a un hombre ebrio en El Vórtice, anoche. ¿Cómo te declaras?

—Me declaro… —Bohr midió sus palabras, aunque sabía lo que debía decir— culpable.

La gente en las tribunas dejó salir expresiones de asombro al darse cuenta de que Bohr no se defendía.

Una enorme sonrisa que creció en el rostro de Iorj, tanto que no podía ocultarla.

—Ya veo, y… —Iorj hizo una innecesaria pausa— ¿hubo alguien más involucrado en la pelea? —no podía evitar sonreír, ya saboreaba la victoria en sus labios.

—Solo yo, señor.

—Las leyes de La Justicia Argéntea son claras respecto a estos asuntos, Bohr —dijo la mujer que representaba a la división Valkir— y, en la mayoría de los casos, la familia del hombre muerto decidiría tu futuro, pero tus servicios a nuestra causa no pueden ser obviados ni olvidados, deberíamos...

—¡Dejar caer el martillo de la justicia sobre él! —Iorj interrumpió a la mujer—. No podemos arriesgar nuestro prestigio; este sería un precedente excelente para evitar estas manchas en nuestra ciudad. Yo digo que la familia del hombre muerto debe decidir.

—Tus nobles intentos por traer justicia a esta corte no son los mismos que cuando ordenaste a mi escuadrón y a mí atacar la villa de Richtan solo porque querías obtener más dinero de los impuestos —y ahí estaba la falta de sentido común y el exceso de buen corazón que eran tan comunes en Bohr—, ¿no es así?

—¡Tú no me hablaras de esa forma! —gritó Iroj— Serás…

—Juzgado como corresponde —dijo el tercer juez—. No somos bárbaros. Bohr, Esperarás por tres horas a que nosotros entreguemos nuestro veredicto. Espera aquí al cuidado de estos guardias.

El jurado salió de la sala y los guardias detrás de sus cascos y armaduras se sintieron nerviosos, sabían que Bohr podía derrotarlos sin mucho esfuerzo; de hecho, los cuatro soldados llamados a actuar como guardias de la corte, en algún punto, habían servido en el equipo de asalto a cargo de Bohr. Él los entrenó, pero, aún más importante, ellos eran leales hasta la muerte al maestro de los soldados Manowar, quien se había ganado el respeto de sus guerreros siendo siempre el primero en la línea y jamás dejando ni a un compañero atrás.

Uno de los guardias, en un tono de voz muy bajo, le habló a Bohr.

—Maestro, no lo detendremos si quiere irse.

—Lo cubriremos, señor, y lucharemos con toda la maldita ciudad junto a usted si es necesario —la voz del segundo hombre estaba a punto de quebrarse.

—Estoy en verdad agradecido y honrado por sus palabras, pero no será necesario. Esperaré aquí por mi sentencia —dijo Bohr.

Mientras tanto, en una habitación detrás de la corte, los tres jueces debatían la sentencia de Bohr. Él sería encontrado culpable, sin ninguna duda, el asunto en cuestión era el castigo que debía recibir. Los tres jueces bebían de sus copas de geen-ibrah, una costosa bebida alcohólica traída de otro continente por los marinos del sur. Mientras pasaban las primeras dos horas, fue fácil identificar el conflicto. Iorj quería dejar la decisión en la familia del hombre muerto, ya que él les había ofrecido algo de oro a cambio de que exigiesen la muerte de Bohr. Pero los otros dos jueces reconocieron que Bohr siempre fue un excelente maestro de la academia y que había defendido la frontera de los Goraner en incontables ocasiones. La muerte no era un castigo justo.

El tiempo pasó y el jurado volvió a la corte. Bohr estaba nervioso, pero mantuvo su semblante serio y solemne. Sostenía en su mano un amuleto, el símbolo de Odal, dios de la guerra y la justicia, esperando que el dios posara su mirada sobre él, aunque fuese en el momento de su muerte.

—Bohr, has sido encontrado culpable de asesinar a un hombre y así desobedecer las reglas de la academia La Justicia Argentea —dijo la mujer.

—Y tu sentencia ya ha sido decidida —dijo Iorj, con un tono ausente de emociones.

El último hombre, aquel que representaba a la academia Manowar, tomo el martillo esta vez y enunció:

—Por tu crimen, de aquí en más, has sido expulsado de la academia y de la ciudad de Runnar, así como también quedas despojado de tu rango de maestro de la academia Manowar. Tu partida debe de cumplirse antes de que Argona toque el cielo. Puedes llevar tus bienes personales contigo, pero no puedes tomar nada que pertenezca a la academia. ¿Tienes algo que decir?

—Pido llevar a Maki conmigo, ella podrá vivir en los establos, pero todos saben que los maestros Kinrod no la criaron, sino que fui yo quien lo hizo —dijo Bohr.

—¡No estás en posición de pedir nada! —gritó Iorj, perdiendo su temperamento— ¡Ya no eres parte de esta institución!

La representante de la academia Valkir alzó su voz:

—Sé de la historia de Maki, ayudando a la división Valkir en un asedio para recuperar bienes del Triunvirato, tú la rescataste y la trajiste aquí, aparte, ella no aceptará a nadie que no sea Bohr como su amo, es una Kinrod Negra, no una corriente Kinrod de pradera. Bohr, por todos tus servicios a la academia Valkir, y esos momentos de ayuda mutua, accedo a tu petición, puedes llevar a Maki contigo, pero la academia Valkir ya no te debe nada.

—Gracias, Natasha, no olvidaré esto —dijo Bohr con genuina gratitud en su voz.

—Vete ahora, Bohr, y que Odal te otorgue una larga vida.

Bohr caminó de vuelta a su habitación acompañado por los cuatro guardias, no porque quisieran escoltarlo, sino porque querían darle una mano a su exmaestro empacando sus cosas. El camino a sus aposentos fue silencioso, nadie dijo una sola palabra, y él lo prefería de ese modo.

Bohr pidió a uno de los guardias que fuera por sus alforjas y, mientras, comenzó a empacar. Tendría que viajar sin rumbo fijo, así que decidió inmediatamente que, por precaución, vestiría su armadura de aquí en adelante. Tomó su espada, una vieja pero confiable, su lanza, un arma comúnmente usada por las Valkir pero que Bohr aprendió a utilizar de todas formas, ya que decía que apegarse a usar solo un arma era un sinsentido peligroso. El escudo redondo con el grabado de la academia lo acompañaría también, pero decidió en ese preciso momento que usaría su cuchillo corto para borrar los símbolos de la academia tallando la runa de Odal. Ropas, monedas y su diario de guerra también fueron incluidos.

—Gracias, muchachos, agradezco su amistad y juro que algún día volveremos a encontrarnos en condiciones más alegres —dijo Bohr—. Cuiden de los más jóvenes.

—Tienes nuestra palabra, maestro Bohr —dijo Sam, el mayor de los guardias—. No nos permitiremos ser esclavos de sus reglas estúpidas, el honor primero.

—Honor primero —dijo Bohr extendiendo su mano.

Los guardias y Bohr se despidieron. El exmaestro se quedó esperando en la salida trasera por el último guardia que traía sus alforjas y, seguido desde una distancia considerable, venía Maki. Bohr se despidió del soldado y le dio dos golpecitos en el costado a Maki. La kinrod respondió a las caricias de Bohr con un sonido suave y frotó su cara sobre el pecho de Bohr.

El día aún era brillante y Bohr quería alejarse de Runnar tanto como fuera posible. Sentía que Iorj no estaba contento con la sentencia y podía oler el peligro en el aire.

Mientras Bohr se aproximaba a la salida sur de la ciudad, pudo ver a Maximilian y Xaravi, quienes hicieron todo lo posible por ver a su amigo una última vez.

—Maestro Bohr, lo siento —Maximilian comenzó a sollozar.

—Gobiérnate, soldado. Y no te preocupes por mí, ya estaba cansado de todas estas antiguas costumbres y políticas que la academia ama tanto, ciertamente los extrañaré a ambos, pero estoy seguro de que nos volveremos a ver, con un poco de suerte, no en una pelea de bar —Bohr rio de buena gana—. Las cosas cambian, muchachos, acostúmbrese a eso. No dejes que tu ímpetu domine tu cabeza, Maximilian, y no permitas que nadie te falte el respeto, Xaravi. Peleen por lo que consideren correcto, incluso si está en contra de la ley.

—Lo voy a extrañar, señor —dijo Xaravi—. En esos primeros años en la academia formativa, fue usted quien me ayudó a pasar a través de la tormenta y la confusión.

—Solo te ayudé a ver lo que ya estaba dentro de ti, pequeña.

—Maestro Bohr —Maximilian apuntó a una de las calles que llevaban hacia la salida sur—, creo que esos guardias están muy ansiosos de verlo partir.

Un grupo de guardias del jurado estaban de pie allí, sosteniendo arcos y flechas sin la más mínima intención de ocultarlos.

—Debo irme ahora, pequeños —dijo Bohr, mirando a los que ahora eran sus exestudiantes—. Maki y yo tenemos un largo camino por delante.

—Maestro, sé que puede viajar a salvo y no quiero insinuar que podría perderse, pero me gustaría darle esto —dijo Maximilian ofreciéndole un compás magnético.

—Con gusto lo llevaré conmigo. Prometo regresar algún día y entonces beberemos en el nombre de Odal. Sean fuertes y justos, mis niños. ¡Honor primero!

—¡Honor primero! —gritaron ambos jóvenes. Entonces, repentinamente otros miembros de la academia desde las torres, diferentes casas y puestos de guardia, dejaron que el código de la guardia de Bohr fuese oído en Runnar, aquel que guio su vida. ¡Honor primero!

Maki se movía suavemente hacia el sur, sin prisa, por primera vez en su vida, Bohr no tenía órdenes para una misión, deberes o reglas. Su corazón estaba roto, dejó a sus estudiantes atrás, pero no mostró signos de debilidad, tenía que ser un ejemplo para ellos.

Runnar se encontraba en el centro de Mori-khaz, y la influencia de Iorj alcanzaría probablemente todas las ciudades cercanas, así que Bohr decidió viajar tan al sur como le fuese posible, quizá hacia la Gran Cordillera Blanca, en donde se decía que la vida era más apacible.

—¿Qué te parece, Maki?, solo tú y yo y un continente por recorrer. Realmente me alegra que estés conmigo.

Capítulo 2- La ley del camino

El día se estaba desvaneciendo. Los rayos de Barranor, el sol sobre Vidara, abrazaban los últimos picos de las montañas bajas del oeste.

Viajar por esta región de Mori-Khaz, era algo relativamente nuevo para Bohr, desde su asolescencia se mantuvo luchando en los límites orientales del territorio de Runnar. El triunvirato tenía el control de la mayoría de los caminos en Mori-Khaz y su ojo siempre vigilante se posaba siempre en la frontera hacia el este. En el pasado, los humanos habían sido esclavos de una raza más fuerte, los Goraner, humanoides con piel de color púrpura pálido y más altos que un humano. Ellos eran adeptos a la magia que provenía de El Velo (el lugar entre nuestro mundo y el mundo de los espíritus). Sus tempranas exploraciones, en comparación con las tardías primeras incursiones de los humanos con la magia, hicieron a los Goraner la raza superior, relegando a los humanos a ser mano de obra forzada, maltratada e incapaz de actuar libremente.

En el año 1542, después de que los dioses dejaran Vidara, un grupo de humanos decidió luchar en contra de los Goraner. La lucha por la independencia se sostuvo durante tres años, en los cuales la muerte cobró incontables vidas en las fuerzas humanas. Pero los dioses ya habían elegido a sus favoritos. Los humanos recibieron la bendición de los dioses en la forma de un General Plateado para liderar su ejército. Su espada era el rayo de los cielos y rompía el cráneo de los Goraner. Con la ayuda de este campeón, los humanos ganaron su libertad y los Goraner huyeron lejos, más allá de la vasta Cordillera Blanca, hacia el noreste.

El tiempo dejó salir lo peor en los humanos, y siendo la casta más numerosa sobre el continente, sus líderes tomaron ventaja sobre otras razas.

A pesar de que la mayoría de los humanos son parte de una gran civilización, hay otros grupos más cercanos a los ritos chamánicos que tienden a estar apartados de la idea de cultura que maneja La Falange. Tales son los casos de los promerons y talamash.

La civilización humana se convirtió en la más fuerte y adaptable. Ellos no solo sobrevivieron a la era de Cautilodras, también lograron mezclar el regalo de la magia con nueva tecnología. Desparramados en cada rincón del continente, los humanos habitan todos los ambientes.

Existe una entidad central reguladora para toda la humanidad civilizada y son “los elegidos de La Falange”. Este grupo de humanos garantizados con el derecho de regir y decidir en asuntos humanos, son materia de discusión. Muchos sostienen que su actuar es el que ha llevado a la humanidad a ser la raza dominante en el mundo, pero otros dicen que sus métodos solo sirven a sus propios propósitos y que intentan controlar aspectos de la vida que no debiesen ser controlados.

A través del continente, hay academias llamadas Salones de la Justicia Argéntea. Ahí, la mayoría de los jóvenes, chicos y chicas, son enviados para aprender a leer y a escribir, además de economía, diplomacia, habilidades de combate y tácticas de guerra, entre otras importantes materias. Ser un estudiante en las Salas de la Justicia Argéntea, significa tener un techo sobre tu cabeza y comida en la mesa.

Mucha gente, de distintas razas, argumenta que la sociedad amable que la Justicia Argéntea solía ser ha sido corrompida por La Falange, y que hoy en día enseñan más de la cuenta respecto al odio hacia otras razas e incluso hacia otros humanos que no respetan a sus regentes.

Una vez que los jóvenes completan su entrenamiento básico, pueden comenzar su camino como Manowar, Valkir o, si es lo suficientemente inteligente, pedir ser transferido a una torre de hechicería (Áurea, Carmesí o en contadas ocasiones Obsidiana) para convertirse en Magus.

Bohr había sido un maestro de la división Manowar, rango que recibían los profesores al ser promovidos a las divisiones Manowar, Valkir o Magus, por los últimos nueve años, y había construido una reputación en base a sus acciones en la constante defensa de la frontera y su excelente relación con sus estudiantes y gente bajo sus órdenes. Nunca pensó que su vida pudiese cambiar tan drásticamente en unas cuantas horas, ayer estaba enseñando como combatir un jabal y hoy se encontraba vagando en el camino, sin un lugar donde ir ni un plan a seguir.

—¿Qué opinas, Maki?, ¿deberíamos acampar en algún lugar cerca del camino principal o continuar el viaje hasta llegar al pueblo de Kinoo?

—¡Kweeeh! —fue la respuesta de Maki, quien tenía la extraña costumbre de responder a todas las interacciones con Bohr, algo muy peculiar para un kinrod.

—De acuerdo —dijo Bohr con una sonrisa en su cara—, descansaremos junto al camino.

Viajaron durante horas por el camino principal y Argona, la primera luna en mostrar su rostro en la noche, ya se estaba alzando sin mostrar su forma completa.

Los caminos en el centro del continente eran mayoritariamente seguros, la presencia de la Justicia Argéntea era fuerte, pero eso no significaba que fueran totalmente seguros, y Bohr sabía eso. Él escogió un claro que se encontraba a unos buenos cincuenta metros del camino principal y preparó un agujero para encender fuego y cocinar una merienda con lo que trajo de Runnar. Un estofado se estaba cocinando unos pocos minutos más tarde. Maki se fue a cazar por su cuenta, y capturó un plonnish para la cena. El plonnish es un pequeño mamífero que pone huevos, una vez que la cría sale del huevo, se alimenta de su madre por tres meses; luego comienza a alimentarse por sí solo. Tienen un par de patas traseras muy fuertes con las que se impulsan para saltar por el campo y cazar insectos o buscar vegetales. Las largas orejas que tienen les ayudan a detectar depredadores, pero esta vez las largas orejas no sirvieron de nada ante el apetito de Maki.

Bohr y Maki estaban disfrutando la cena. Por primera vez Bohr cenaba sin pensar en la próxima lección o en las armas que necesitaban mantención. La comida terminó y, como muchas otras veces en campaña, Maki se recostó en el suelo junto a Bohr y ambos se prepararon para dormir.

Era una noche brillante, con Argona y Pira, las dos lunas de Vidara, mostrando toda su superficie, el camino estaba silencioso mientras los cuerpos celestiales cruzaban el cielo lleno de estrellas. Repentinamente, Maki sacudió su cabeza cuando oyó ruidos desde los arbustos. A Bohr no le tomó mucho esfuerzo darse cuenta de que alguien los estaba asechando. Quizá algunos salteadores o ladrones. Fuese quien fuera, era hora de ponerse de pie y tomar su lanza.

—Por la barba de Odal y el escudo del campeón Argénteo, ¿no puedo descansar un momento sin ser interrumpido? —dijo Bohr y, desde los arbustos, tres hombres armados con espadas y escudos comenzaron a acercarse intentando rodearlo.

Maki era un kinrod entrenada para ser montura de batalla; ella no se asustó con la presencia de estos hombres, por el contrario, se puso de pie con una sonrisa siniestra que les dejó ver sus colmillos.

Los tres hombres eran altos y con un ligero sobrepeso, era evidente que no había en ellos el entrenamiento diario de un soldado, pero la forma como sostenían las armas hizo que Bohr se percatara de que eran mercenarios.

—De acuerdo, muchachos. Este será un trabajo fácil, maten al hombre, pero dejen la cara reconocible; quiero cobrar esa recompensa —dijo aquel que parecía ser el líder.

—Se suponía que debía ser más fácil, pero tenías que despertar al kinrod con tus pasos torpes, idiota —dijo el más alto de los mercenarios dirigiéndose al que aún no había hablado.

—No fue mi culpa —dijo el matón—, matemos el maldito kin… —la última palabra se ahogó en sangre, Bohr ataco absurdamente rápido, la lanza le dio la ventaja.

—Nadie habla de matar así a mi amiga, basura, nadie —dijo Bohr después de cortar la garganta del mercenario.

Cualquier otro día él hubiese reaccionado con una advertencia, pero no hoy, él había sido despojado de su rango, perdido su hogar, su trabajo, sus estudiantes, Maki era todo lo que le quedaba.

—Maldito, te voy a matar lentamente —dijo el más alto de los mercenarios mientras se acercaba a Bohr.

—¡Espera! —gritó el líder, pero ya era muy tarde, el matón iba a toda velocidad en contra de Bohr, quien estratégicamente puso la fogata entre él y su atacante. Cuando el matón saltó la aun humeante fogata para blandir su espada contra Bohr, este fue capturado a medio vuelo por las fauces de Maki. Había un tándem entre Maki y Bohr que valía un montón de monedas de oro de solo verlo. Bohr se deslizó bajo las patas de Maki y, una vez que estuvo del otro lado, atacó al mercenario restante con su espada. Para el momento en que Bohr se dio la vuelta, lo que quedaba del mercenario que salto la fogata no era nada agradable de ver.

El intento de batalla había terminado y Bohr entendió dos cosas rápidamente mientras acariciaba su barba: la primera, Iorj lo subestimaba. Esos no eran soldados y no estaban preparados para combatir con un maestro de la división Manowar; y la segunda, es que la región central de Mori-Khaz se podía convertir en una trampa mortal si le daba suficiente tiempo a Iroj para producir un plan más apropiado.

Aún estaba oscuro, pero el par victorioso regresó al camino y siguió hacia el sur. Bohr quería tanta distancia de su pasado como fuese posible.

Barranor se alzaba de nuevo y el día era un poco más fresco que el anterior. El paisaje no era nada excepcional en este punto y Bohr se encontraba con urgente necesidad de beber algo de cerveza o hidromiel.

Yendo al sur de Runnar, muchos pueblos eran una opción para conseguir esos brebajes, pero Bohr temía que la influencia de Iorj se hubiese extendido más allá de lo que suponía inicialmente. Bohr había hecho quedar como un tonto a Iorj, principalmente cuando intentaba abusar de alguien o cuando se tomaba su autoridad demasiado en serio. Cada vez que Iorj quería castigar o denegar permisos a Bohr, el acudía a su mentor Crion y salía impune. Iorj no podía soportar aquello; se sentía pasado a llevar. Otro hecho significativo fue el rechazo que Iorj sufrió por parte de Anahilee, una hermosa doncella que lo ignoró argumentando que ella amaba a Bohr, a pesar de que él la ignorara completamente. Todo esto mezclado con la falta de respeto por la autoridad y el exceso de burlas de Bohr, hizo que Iorj quisiese matarlo.

Así que Kinoo ya no era una opción, por lo que decidió viajar lejos, hasta llegar al Cruce de Wayfer, un puesto de avanzada desde el cual podía dirigirse al oeste, hacia el mar, al este en dirección a la Gran Cordillera Blanca o al sur, en dirección al Bosque de Dalem, un terreno en disputa. Un lugar habitado por peligrosas criaturas, pero el tema real era la disputa. Los Murgal, humanos devotos a Sinice, la diosa de los engaños, habían cambiado sus cuerpos para complacer a su diosa, y estaban en constante reyerta con una división de la Justicia Argéntea apostada en oeste del bosque.

Bohr tomó la decisión de llegar hasta el Cruce de Wayfer y beber ese trago. Con un poco de suerte podría determinar qué camino seguir después de un par de pintas, papas picantes y, por su puesto, una noche completa de sueño.

Llegaron al Cruce de Wayfer al atardecer y cansados.

—Saludos, amigo —dijo Bohr al guardia en la entrada del puesto de avanzada.

—Saludos, viajero, ¿qué te trae a este lugar? —dijo el guardia.

—Deseo descansar después de un largo viaje desde Runnar. Traigo monedas de oro para pagar por comida, bebida y un lugar para dormir para mí y mi kinrod.

—¡Por Odal!, compañero, ese es un largo viaje. ¿Cuánto tiempo te tomo? —preguntó el guardia mientras abría las puertas.

—Un día y medio, dormí junto al camino anoche —respondió Bohr mientras desmontaba a Maki.

—Te tomó poco tiempo; veo que montas una kinrod negra, una bestia magnifica, por cierto, más rápida y fuerte que el resto de su especie.

—Ciertamente. Si no fuese por ella, no lo habríamos logrado en tan corto tiempo —dijo Bohr, orgulloso de su compañera.

—No seguiré retrasando tu descanso, viajero. Bienvenido al puesto de avanzada Cruce de Wayfer. Hay solo una posada aquí, y es el mismo lugar en el que podrás conseguir tus comidas. Es el edificio grande e iluminado de allá —dijo el joven apuntando al centro del puesto de avanzada. Había pocos edificios y todos ellos rodeaban la torre central, una estructura alta de madera desde la cual los arqueros podían proteger los límites del lugar.

—Gracias, camarada —dijo Bohr y caminó hacia el pequeño establo visible desde la entrada, para asegurar que Maki descansase adecuadamente.