Historias cercanas - Tomás Agustín Diaz - E-Book

Historias cercanas E-Book

Tomás Agustín Diaz

0,0
6,49 €

-100%
Sammeln Sie Punkte in unserem Gutscheinprogramm und kaufen Sie E-Books und Hörbücher mit bis zu 100% Rabatt.

Mehr erfahren.
Beschreibung

Historias cercanas es un libro sobre el individualismo. Cada relato contiene su temática propia que explora diferentes rasgos o características comunes en el ser humano. La extrema naturaleza de cada caso es producto de las consecuencias de la forma de vida que una persona tiende a elegir. Buscar una identidad propia, conformarse con lo que uno tiene, con sentimientos reprimidos, o incluso con el deseo natural de tener una familia puede distorsionarse en casos que uno nunca esperaría, o incluso intentaría evitar a toda costa. No se busca ideologizar ninguna práctica ni condenar ciertos rasgos típicos de personas con las que interactuamos todos los días, sino más bien reflejar la conducta humana en su estado más natural, a la vez emocional. Cada historia no busca explicar, ni defender, ni atacar, solo contar. Relatar a un individuo, con una combinación de rasgos que lo hacen único a su manera, creando su historia propia, la historia con la que será recordado u olvidado, una historia que a la vez no quisieran contarle a nadie. Desde su principio hasta su final, el individuo será como siempre fue y cambiará en lo que pueda o en lo que tenga que cambiar. Eventualmente, todo llega a su final, a su conclusión, y al fin del todo que en realidad es nada.

Das E-Book können Sie in Legimi-Apps oder einer beliebigen App lesen, die das folgende Format unterstützen:

EPUB
MOBI

Seitenzahl: 81

Veröffentlichungsjahr: 2023

Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



Producción editorial: Tinta Libre Ediciones

Córdoba, Argentina

Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo

Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Díaz, Tomás Agustín

Historias cercanas : cuentos breves sobre el destino y la humanidad / Tomás Agustín Díaz. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2023.

68 p. ; 21 x 15 cm.

ISBN 978-987-824-609-3

1. Antología de Cuentos. 2. Cuentos. 3. Cuentos de Suspenso. I. Título.

CDD A863

Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,total o parcial sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor.

Está también totalmente prohibido su tratamiento informático y distribución por internet o por cualquier otra red.

La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidadde/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.

Hecho el depósito que marca la Ley 11.723

Impreso en Argentina - Printed in Argentina

© 2023. Díaz, Tomás Agustín

© 2023. Tinta Libre Ediciones

HISTORIAS CERCANAS

El cazador

Voy cauteloso. Cuido mis pasos para hacer el menor ruido posible. Mi preciada escopeta está firmemente aferrada entre mis puños, precavido de no soltarla ni por un segundo mientras persigo ese fino venado, el cual he estado siguiendo por las últimas dos horas. Se verá muy bien una vez disecado en mi comedor o como una chaqueta de piel para venderlo a un buen dineral, y ahora, tras tanto esfuerzo y perseverancia, finalmente lo tengo en bandeja de plata. Así es como apunto, respiro profundamente, espero que se quede quieto mientras huele un arbusto de cerezas y, efectivamente, logro acertar un disparo contra su torso. El venado se desploma en el acto en una muerte rápida y limpia como todas las anteriores. No quiero malgastar más tiempo admirando mi última caza, así que voy a recoger el cadáver de aquella criatura que he estado acosando por las últimas horas, sintiendo una sensación de satisfacción y un poco de alivio.

Me dirijo hacia mi cabaña listo para comer, descansar y terminar con la caza por hoy. Al final decido usar la carne del animal para un rico estofado.

—Eres mío, animalito. Siempre lo fuiste —digo satisfecho con mi presa del día de hoy. Sin embargo, no me imaginaba que esto solo me traería un problema muy grave y molesto. En todos mis años de experiencia ejerciendo la caza, nunca concebí que aquel venado hubiera podido contraer una enfermedad bastante seria.

Después de hacerme una deliciosa cena con su carne, acompañada con verduras y arroz, me doy cuenta de que la carne de este animal no era apta para el consumo humano a pesar de no sentirse en el sabor; al parecer, la criatura había contraído alguna enfermedad en su paso por el bosque, al consumir algún fruto o baya en mal estado, o un hongo venenoso que afortunadamente para mí no es del todo mortífero. Sin embargo, me termino descomponiendo terriblemente, con vómitos y diarrea incontrolables, y padezco estas molestias por los siguientes días de manera constante. Qué mala fortuna la mía, y con lo saludable que parecía ese animal en un principio. Maldigo haberlo cocinado en vez de disecarlo, pero al menos vendí la piel a buen precio. Una vez que me sane, juro no volver a cometer el mismo error otra vez y tener más cuidado con estos animales traicioneros. No permitiré esto en mi bosque, donde mando yo por lógica y derecho.

Al día siguiente a mi recuperación, vuelvo a agarrar mi fiel escopeta y me alisto para otra caza, una que me levante estos pésimos ánimos luego de estar tanto tiempo en cama descompuesto. Esta vez me encuentro con un oso pardo, uno de los pocos ejemplares en este bosque y un animal que simplemente impone respeto con su presencia, como así también representa la viva imagen del máximo gobernante. Me invade un poco el miedo, pero armado de coraje, mientras agarro firmemente mi escopeta, persigo al oso con mucha cautela, deseando arrebatarle su poderío envidiable, el cual por derecho me tiene que pertenecer. Con esta escopeta al lado mío, yo seré el verdadero dueño de estos lares.

Espero el momento preciso por un largo rato, un tiempo que parece interminable y a la vez se siente como si fuera un solo segundo, pero finalmente lo tengo en el ángulo perfecto y en la posición deseada. Desafortunadamente, y justo cuando me dispongo a dispararle, siento un repentino dolor punzante en mi pierna izquierda. La impresión y el susto hacen que se me contraiga la garganta mientras que mi boca empieza a tiritar del devastador dolor que invade mi cuerpo. Suelto la escopeta y me derrumbo al suelo, lo que alerta al oso de mi posición. Veo que en mi pierna se encuentra una tremenda trampa para osos, activada en el instante que la pisé sin cuidado debido a que se encontraba oculta entre unas hojas secas —el escondite idóneo para estas cosas pero también muy desafortunado para esta situación, para alguien como yo que solo estaba cazando y deseaba tomar lo que creía que me correspondía—.

Pienso detenidamente y creo que esta trampa una vez me perteneció, habiéndola comprado en el mercado del pueblo. Irónicamente la habré colocado un par de meses atrás para ver si atrapaba a este mismo oso, pero me olvidé completamente de su existencia hasta ahora. Trato de desarmarla, pero mi atención se desvía al gran oso que se acerca a mí; este abre su boca y muestra sus afilados dientes, y con una pata con garras puntiagudas decide atacarme. Sin embargo, antes de que pueda acercarse lo suficiente, agarro la escopeta nuevamente y disparo sin molestarme en la precisión, de manera desesperada, defendiendo mi vida y honor ante esta amenazante criatura. Debido al intenso dolor en mi pierna y a mis incontrolables nervios del momento, mi disparo roza el pelaje oscuro del oso pardo y da contra un árbol, pero afortunadamente fue suficiente para espantar a la bestia y hacer que escape lejos de aquí. Priorizando su seguridad ante lo desconocido, sale corriendo hasta que lo pierdo de vista entre varios árboles y sin ánimos de regresar.

Mi preocupación ahora se desvía hacia esta trampa en mi pierna, pensando en cómo me la voy a quitar y cuánto me va a doler. Cojeando con un solo pie y usando mi escopeta como un bastón improvisado, llego a mi cabaña y empiezo una larga y dolorosa extracción, como así también me preparo para el debido reposo consecuente de este incidente. Por suerte tenía los medicamentos y los vendajes suficientes para atender la herida, pero aun así debo estar fuera de la acción por al menos una semana o dos. De nuevo, la desgracia me impide hacer lo que quiera en este bosque. Mi bosque.

Reposando sobre una silla, escucho la radio y admiro el paisaje del bosque a través de una de las ventanas de mi cabaña, pero no lo hago con alegría sino con un enorme disgusto. Veo conejitos y ardillas paseándose por los árboles y arbustos, junto con algunos mapaches hurgando por ahí y pájaros posándose sobre mi ventana, casi como si se estuvieran mofando de mi actual condición o disfrutado de la relativa paz que provoca la falta de un cazador como yo en este bosque. Hasta puedo oír cómo se ríen en tono burlón.

—Ya verán, su paz y su felicidad no durarán mucho. Mientras tenga mi escopeta, me aseguraré de seguir cazando hasta que ya no quede ninguno de ustedes en mi bosque —digo, pero mis amenazas caen en oídos sordos de animales incompetentes y holgazanes.

Después de una larga recuperación en el músculo y la piel de mi pierna, decido respaldar aquellas palabras que dije tiempo atrás, a pesar de que ahora ando parcialmente cojo, quizá de por vida. La mayoría de estos animales dejaron de rondar por mi cabaña, y aquellos que no lo hicieron los maté enseguida.

Luego de reafirmar mi autoridad en este bosque, retomo la caza como lo solía hacer antes, pero al cabo de algunas semanas me encuentro con cada vez más miserias, más desdichas y más desgracias. La frustración y la angustia crecen, la fatiga se empieza a notar, mi cuerpo se debilita y sufro de varias molestias como si fuera veinte años más viejo. Mis hombros están cansados, mis ojos pesan tras las tantas noches sin dormir bien, e incluso mis dedos sufren de uñas encarnadas y mis manos tiemblan como si fuera un anciano con problemas motrices. Y para colmo, los accidentes aumentan ya sea por mi torpeza o por la mala suerte que me inspira este bosque. En una ocasión me di en el ojo con una rama saliente; en otra mi cabello se vio atorado en un arbusto y me lo tuve que cortar; una vez bebí pis de mapache junto al agua del río; y sigo sin reunir el valor suficiente para acabar con ese condenado oso pardo. Además, cada vez que observo por la ventana, cuando decido darme un breve descanso de unos días debido a los diversos problemas sobre mi cuerpo, veo a los animales que regresan a mi proximidad y se quedan alrededor de mi cabaña mientras me miran con ojos que no son de desprecio ni de terror; no me odian ni me temen: solo me ven como si yo fuera un animal igual a ellos, uno al que quizá deberían tener miedo, como a aquel imponente oso pardo, pero dadas las circunstancias sabían que no los iba a cazar.