Historias de café - Pedro Manuel Recio Martin - E-Book

Historias de café E-Book

Pedro Manuel Recio Martin

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Beschreibung

El libro es una serie de relatos cortos, sin ningún tipo de conexión entre ellos. En estos relatos las conversaciones priman sobre todo, haciendo que todo fluya mas rápido, conversaciones normales, entre dos personas cotidianas, encuentros entre dos extraños donde surge alguna aventura, otras historias fantásticas, la mayoría con finales inesperados o con finales que se pueden extender.

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Seitenzahl: 251

Veröffentlichungsjahr: 2022

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INDICE

AMOR SAPIOSEXUAL

EL SICARIO

TARDE DE CAFÉ

LAS SIRENAS

EXTRAÑOS EN UN TREN

EL PRIMER AMOR

EL PATO

LA VIDA

EL TESORO QUE NO VES

EL GILIPOLLAS

LA LOCA

LA PATRONA

CAPERUCITA

LOS FAMOSOS

AMOR SAPIOSEXUAL

Carlos tomaba un café en un bar de chueca, le gustaba ese barrio. De repente vio a Alicia, una vieja amiga, la cual, se encontraba, tomando algo con unas amigas, la saludo efusivamente, Alicia presentó a sus amigos, después de un rato Carlos debía irse, Alicia pregunto;

— ¿Quedamos mañana en algún sitio?, así nos ponemos al día

—De acuerdo, a esta hora, aquí mismo—respondió Carlos

Al día siguiente, se vieron en la cafetería, se besaron efusivamente, ella lloro algo, Carlos, pasándole la mano por su mejilla, preguntó;

— ¿Qué pasa?, no llores

—Te eché de menos, Carlos, los cafés eternos que tomábamos, esos paseos sin rumbo, ¿recuerdas?, debes contarme que has hecho estos años.

—Estuve trabajando en el extranjero, salía mucho apenas paraba en España, viví en Sevilla y Santiago. Cuéntame, ¿qué has hecho en este tiempo?

—Seguí mi vida como antes, monté un negocio de hostelería, y me va bien, el edificio era de mi marido, me case Carlos

—Vaya, no te veo casada, es increíble.

—Te contare toda la historia. Conocí a un hombre, me colmaba de atenciones, pero era mayor, él me quería, pero sabes cómo soy, no podía estar con él. Un día me dijo;

“Alicia, no tengo hijos, solo algunos sobrinos, cuando muera, todo irá a sus manos, y no quiero, cásate conmigo, no te coartaré en nada, podrás seguir con tu vida, sólo quiero que vivas conmigo, pero hay una condición, el edificio viejo que tengo, debes darle una utilidad, siempre me gusto ese edificio, allí viví con mi mujer cuando nos casamos, y allí murió”.

—Eso me llegó al alma, no pude resistirme, en dos años murió, estaba muy mal, lloré mucho.

—Alicia eso es muy tierno

—No le amaba, pero se portaba tan bien, siempre estaba pendiente de mí, era tan bueno—ella soltó alguna lágrima.

Carlos la besó y la abrazó, después ella sonrió y dijo;

—Me pongo sensible cuando le recuerdo.

—Siempre lo fuiste, eso me gustaba de ti, estabas pendiente de tus amigos, estuviste para mí, no te ofrecí lo que querías, pensé que aun podía arreglar mi matrimonio, peor me causaste impresión, tu forma de ser

—Recuerdo la forma de entrarme en aquel sitio, fuiste directo, no te andabas por las ramas, cuando te escuche me sentí como si me hicieras el amor, eras sapiosexual

—Siempre te gusto esa palabra—dijo el riendo

—Así es, y porno terrorista

La tarde pasó, la charla era agradable, Alicia miro su reloj y dijo;

—Se me hace tarde, debo irme, escucha, quedamos esta noche en el Carpe Diem y tomamos algo, te presentaré a algunos amigos, no me falles.

—De acuerdo allí estaré.

Carlos fue a casa, pensaba en ella, su sonrisa, su risa contagiosa, su forma de ver las cosas, y lo valiente, y fuerte que fue. Por la tarde fue al local en el que quedaron, llegó donde estaba sentada, Alicia le presentó a algunos amigos, pronto comenzaba una conversación distendida, de madrugada, hablaban de seguir la fiesta en casa de Alicia

—Escucha Alicia—dijo él— estoy cansado, no sé si podé seguir

—No pasa nada, duermes conmigo, como otras muchas veces, vente, por favor, son muchos años

Carlos accedió, ella se colgó de su brazo y fueron a su casa, con los demás amigos. En casa había diversión, Carlos acabó algo bebido, Alicia le llevo a su cuarto y lo metió en la cama. Por la mañana Carlos se levantaba, estaba desnudo en la cama, no vio su ropa, vio un batín y se lo puso. Salió al salón y encontró a Alicia preparando el desayuno, ella le abrazó y le dio un beso diciendo;

—Buenos días, Carlos, ¿qué tal todo? —preguntó ella

—Estupendo Alicia, la fiesta estuvo bien, pero acabe ebrio, y no me gusta perder el control, por cierto, ¿dónde está mi ropa?

—La eché a lavar, luego pondré la secadora y te la planchare, así te la llevas limpia.

—Me ducharé, y desayunamos

—Estupendo, así me das tiempo a terminar el desayuno.

Carlos se duchó, y salió más fresco, y despejado, fue a la cocina y se sentó con Alicia. Los dos comieron, luego Alicia le enseñó la casa, era un edifico de tres plantas, ella tenía la casa en la tercera, en la azotea tenía un jardín maravilloso, en la primera tenía la cafetería, y bar de copas.

La charla era amena, se hizo tarde, Carlos debía irse, se puso su ropa, recién lavada, él se despedía de ella, Alicia dijo;

—¿Quedamos mañana para pasear?

—Te pasare a buscar

Al día siguiente, la recogió y salieron a pasear, ella iba con un vestido rojo precioso, la hacía aún más exuberante. Alicia era una mujer alta, rubia, de piernas atléticas, hacía bastante deporte, su risa era contagiosa, se le ocurrían las locuras más impredecibles, era una mujer inteligente. Carlos estaba muy a gusto con ella, habían comprado algo de ropa, Carlos daba su aprobación, parecían novios, cogidos del brazo, o de la mano, algunas veces las dependientas los tomaban como tales, lo que les hacía gracia.

Durante un año estuvieron viéndose a menudo y saliendo, como si fueran pareja. Un día habían quedado a comer en casa de Alicia, esta había preparado una buena comida. Cuando Carlos subió, esta estaba en la cocina, preparando la comida, Alicia dijo con la alegría que le caracterizaba;

—Haz una ensalada, como te gusta, voy a hacer medallones de lomo al roquefort, ¿qué te parece? —preguntó ella.

—Sabes que me encantan, haré una ensalada con queso

Alicia notó que algo le pasaba, sería algo del trabajo, no le dio importancia, Carlos aliño la ensalada, con ese batín que tantas veces se ponía para estar cómodo en casa de Alicia. La comida fue amena, sus comidas se alargaban hasta casi la tarde-noche. Más tarde Carlos se puso serio y dijo;

—Alicia, quiero decirte algo, y no sé cómo hacerlo, escúchame, no me interrumpas.

Ella se puso más recta en el sofá, empezó a juguetear con sus manos, lo hacía muchas veces cuando estaba nerviosa, Carlos dijo al tiempo que le cogía las manos;

—Alicia, quiero ser algo más que un amigo, tampoco quiero ser tu amante, quiero algo más, una vida contigo, verte todos los días cuando me levanto, ver tus ojeras y tu mal humor, todo lo malo y lo bueno.

Ella no sabía que contestarle, al final atino a decir;

—Espera, voy a ponerme una copa.

Ella se sirvió la copa, meditaba una respuesta, dio un trago largo y dijo;

—Carlos, lo nuestro es difícil, sabes que te quise, y mucho, no seré para ti la mujer que deseas, déjame pensar Carlos, ahora quiero estar sola, te llamaré, no me agobies.

Carlos fue al dormitorio, se vistió, y se fue de la casa. Durante un tiempo siguieron con su rutina. Carla, amiga íntima de Alicia, la veía y dijo enfadada;

— Debes hablar con él, necesitas darle una respuesta, lo vi el otro día, está diferente, ese hombre merece una oportunidad, eres encantadora. Los dos sois diferentes a lo normal en esta sociedad, ¿que sientes?

Ella con alguna lagrima cayendo dijo;

—Carla, creo que le amo, pero, ¿y si el día de mañana quiere otra cosa?

—Déjate de miedos, llámale de una puta vez, no puedes estar así.

Ella llamo a Carlos:

— Carlos, me gustaría hablar contigo, si puede ser hoy, en mi casa.

—Claro, pero estoy de tardes, salgo a las once, cuando salga voy a verte, ¿no será tarde?

—No, sabes que suelo estar hasta tarde.

Pasaban las horas Alicia no sabía qué hacer, preparó algo de cena, algo de tapeo, unos quesos y fruta, si salía a las once no habría cenado, aunque llegaría tarde, el transporte tardaba casi una hora.

Carlos llegó a las once y media, sorprendiendo a Alicia, había cogido un taxi, estaba algo nervioso por lo que diría. Saludó con un beso y dijo;

—Perdona que este así, pero vine directo del trabajo.

—No pasa nada, dúchate y pongo la cena, tendrás hambre.

—Carlos se duchó, Alicia le acerco un batín y unos pantaloncitos de deporte. Más tarde comieron embutido y frutas, hablaron poco, Alicia buscaba las palabras, al final ella dijo despacio;

—Carlos yo te quiero, pero debes tenerlo claro, no puedo ser una amante o un capricho de ahora, debe ser para siempre, no puedes romperme el corazón.

—No digas tonterías, te quiero cómo eres, estoy enamorado, no hay mujeres como tú, Alicia, eres inteligente a rabiar, fuerte, divertida, algo loca sí que estas, generosa, conmigo fuiste lo mejor, lloraba sobre tu hombro, siempre estabas ahí, hemos hecho muchas locuras tú y yo, joder casi muero de la risa en aquel restaurante

—Eso que me dices es muy dulce— dijo Alicia, mientras servía el café—pero sabes que nuestra relación no será como las otras.

Carlos sonrió y dijo;

—Serás mi compañera, y más adelante se verá, igual te pido que te cases conmigo.

Ella se quedaba muda ante eso, iba a por todas, empezó a creer que merecía la pena.

—Bueno, poco a poco—contestó ella sonriendo— además, muchos de los que conoces, se darán cuenta de lo que soy.

—No me importa, que tengas un pene, no te hace menos mujer y no te amo por ello, sino por tu cabeza, tu risa, esa forma de ser, como me hablas, lo dulce que eres...

Ella no le dejó terminar, los dos se besaban apasionadamente y siguieron toda la noche. Después de unas horas de pasión, quedaron tendidos en la cama, ella se abrazaba a él y dijo;

—Tu mujer, me gusta cómo suena

EL SICARIO

Entre en un bar, necesitaba una cerveza, el día había sido duro, Félix me dio una cerveza bien fría, estaba que saltaba, ya me disgustó que me preguntara si quería vaso, a los tíos nunca se lo preguntan, ellos son muy machos con las birras, a las tías nos lo preguntan, estoy hasta el coño. Aun así agarre la cerveza y me la bebía.

—¿Qué te pasa Ana? —pregunto Félix

—Otro día con el capullo de mi jefe y de Álvaro, los mataba a los dos

—Tomate la birra, y tranquila

Félix fue a atender a otros clientes y me dejó, un hombre que estaba a mi lado, dijo;

—Hola, puedo ayudarte con tu problema, podemos empezar por decirnos los nombres, ¿cómo te llamas?

—Mira, no quiero ser borde, pero me interesa poco, lo que tengas que decir, ve por ahí, a ver si otra te aguanta—contesté intentando quitármelo de enmedio

—Ya, entiendo que te sientas así, pero puedo ayudarte, hablar suele servir.

—Claro, aquí en un bar de copas, te dedicas ayudar a la gente, eres Jesucristo, solo que, lugar de un monte, predicas en un bar.

—No mujer, pero ese enfado que tienes puedo entenderlo, no te tratan bien en el trabajo

Lo mire de arriba a abajo, ¿Qué sabia el?, fui discreta, y le dije;

—Bueno como en todos los trabajos, hay días, hoy no ha sido bueno, dejémoslo estar, sigue a lo tuyo.

—Antes dime tu nombre

— ¿Por qué?

— ¿Porque no?

—Respondes con una pregunta, ¿eres gallego?

— Que va, soy de Murcia, pero dime, ¿porque no?

—Pues porque no quiero, y ya está, ¿porque debo decirte mi nombre?, los tíos llegáis, y pensáis que enseguida queremos conversación.

—Está bien Ana, no te pongas así, me voy.

— ¿Cómo coño sabes mi nombre?

El señalaba mi pulsera, era una esclava que me regalaron, ponía mi nombre, aun así dije;

—Podía ser el nombre de una amiga o mi amante, que sabes tú.

—Puede que sí, aunque, no se suele llevar nombres de amigas, una amante no creo, vi cómo le dabas un repaso a aquel tipo, te gustó.

—Pero ¿qué coño dices?, ¿de qué vas?

Estaba empezando a mosquearme, le iba dar con la botella en la cabeza

—Tranquila, no pasa nada, es normal, lo cierto es que esta bueno, fíjate y que músculos, además guapo, hay que reconocerlo, para los estándares de la sociedad de hoy en día

—Que pasa ¿eres gay?, no hace falta que me relates como está, que me da igual

—Podría ser, pero dime, cuando alabas a una mujer ¿quiere decir que eres lesbiana?

Me sentí avergonzada, había juzgado a ese hombre por lo que dijo, yo no era así, el cabreo podía conmigo, él me puso a mano en el hombro y dijo;

—Tranquila, no pasa nada, no me molesta

—Perdóname, es que no he tenido buen día, y tú tampoco lo arreglas, reconócelo

—De acuerdo, si quieres te dejo, pero dime, ¿qué ha pasado?, por encima sin entrar en detalles

—Es que estoy harta, mi jefe es gilipollas y encima con sus comentarios, piensa que somos estúpidas por ser mujeres, es un misógino, machista y un fascista

Sin darme cuenta le hablaba de mis problemas, sin saber ni quien era, pero me sentía aliviada hablando del cabron de mi jefe, y otros que había en esa puta oficina

—Creo que todo va unido, Ana, no puedes ser una cosa sin la otra, el fascista es todo eso, el machista suele tener pensamientos fascistas, aunque no sea un fascista del todo, el misógino es un fascista

Sonreí por primera vez en la tarde y dije;

—Es cierto, es igual, se me pasara como otros días

— ¿Porque no lo dejas?

—No sé, llevo tiempo en la empresa, he aguantado mucho para llegar donde estoy, solo que me jode, tener que aguantar ciertos comentarios que ni vienen a cuento, tener que esforzarme más que el imbécil de Álvaro y… los mataba a todos

—Si quieres lo hago yo, no me importa, ¿lo hago?, me cuesta poco, matarlos digo.

— ¡Claro que no!, no digas estupideces, ¿Cómo vas a matarlos?

—Bueno, tú dime sus hábitos, del resto me encargo yo.

Le mire entre incrédula y divertida, pensé que me gastaba una broma, pero al ver su cara, vi que lo decía en serio. A ese hombre le pasaba algo, igual necesitaba ayuda, o había salido de algún psiquiátrico, le iba a decir que le ayudaría, pero no sabía ni su nombre, al final dije;

— ¿Cómo te llamas?

—En mi profesión, no puedo decirte mi verdadero nombre, puedes llamarme Martin.

— ¿A qué te dedicas?, te muestras misterioso.

—Soy sicario, soluciono problemas de otras personas.

Cuando dijo eso me convencí de que estaba loco, debía hacer algo, llamar a la policía, pero no parecía peligroso, al revés era amable, me sorprendí diciendo;

—Escucha Martin, necesitas ayuda, si quieres te ayudo, puedo llamar a alguien, hacer algo por ti, ¿qué es lo que necesitas?

—Necesito un sitio donde dormir, si no te importa que duerma esta noche en tu casa, tu tranquila, no molestare, puedo dormir en el suelo.

Estaba asombrada, lo decía como lo más normal, que le dejara dormir, alguien que ni conocía, que podía ser un psicópata o vete tú a saber, no sabía ni que decirle. Al final con algo de miedo por como reaccionaria, atine a decir;

— Entiéndeme, no te conozco., hoy en día nunca se sabe

—Como que no, soy Martin, vale, no es mi verdadero nombre, pero si me dejas dormir te diré mi verdadero nombre y sobre ese Álvaro tranquila, no te molestará más.

—Entiéndelo, no me pareces mala persona, pero quien sabe, hoy en día, además si eres sicario, ¿quién me dice que no me harás nada?

—Eres mi cliente, no puedo, hemos firmado un contrato.

—Escucha, no he firmado nada, no pongas palabras en mi boca.

—Vale, estoy loco, veras conseguí escapar del psiquiátrico, maté y torturé a dos enfermeras antes de salir, por cierto ¿tienes sierra eléctrica en casa?

Yo comencé a reír ante lo que decía, Martin estaba loco, aunque no me parecía mala persona, pero nadie lo es, hasta que te violan o te cortan en pedazos. Le dije al tiempo que tomaba la birra;

—No puede ser Martin, pero escucha te dejaré algo de dinero y te alojas en algún lado, y cámbiate esa ropa

—No tengo otra

—Está bien, te daré ropa de mi ex, aún tengo en casa

—Gracias Ana, eres genial, me das ropa, alojamiento, aunque te saldría más barato dejarme dormir en el suelo de tu casa

—No Martin, eso no podrá ser, acompáñame, pero sólo la ropa, no hay mas —Claro, lo que tú quieras darme Ana

Fuimos a mi casa, Martin se quedó en el portal, le bajé ropa y el sin que me diera tiempo a decir nada, se desnudó y se cambió de ropa allí mismo, hasta de calzoncillos, yo estaba entre divertida y acojonada, era un tipo raro, este al final se despedía de mí y se iba, le deje cuarenta euros para que buscara un hostal

Pasaron los días, seguí en la mierda de curro, me venía a la cabeza Martin muchas veces, reía al pensar en él, me lo imaginaba en el suelo de casa durmiendo, o cortando en pedazos a Álvaro con la sierra eléctrica, yo sonreía, pensando en cómo Martin le cortaba las pelotas a mi jefe y después lo degollaba. Un día el jefe nos reunió a todos y dijo;

—Escuchad ha sucedido algo terrible, Álvaro ha desaparecido, la policía vendrá, ruego que colaboréis

Yo me acojoné, pensé en Martin, igual lo había matado, la policía me encerraría, diría que fui yo quien le dijo que lo matara, no sabía qué hacer. La policía nos interrogó sobre los hábitos de Álvaro, yo les conteste, pero sin decir nada del chalado ese, no quería problemas. Días más tarde tomaba algo en el bar, de repente por la espalda, alguien dijo en voz baja;

—Ana sal a la calle, debemos hablar

Era el, joder, igual me mataba ahora a mí, que acojone tenia, él me sonreía a pesar de todo, al final después de que insistiera mucho, acompañé a Martin fuera, nos ocultamos en un soportal, yo preocupada dije;

—No jodas que lo has matado, Martin esto es muy serio

—Que va, solo le di una lección, volverá, y será buen chico.

—Pero me denunciara

—Tranquila, no lo hará,, cree que ha sido su novia, le pega, es un cabron, ahora será un buen chico, toma ese video, algunos amigos le dieron bien, mira como estas fotos, quédatelas

Vi fotos de Álvaro vestido de mujer, estaba con otros hombres, entonces supe que no denunciaría, yo dije;

—Entonces eres un sicario de verdad

—Quien sabe Ana, no volverás a verme, pero te daré un consejo, mata a tu jefe, si le vas dando arsénico en dosis pequeñas, al final muere de un ataque al corazón, seguro que hace que le lleves el café, pues ponle salsa al café, tú decides.

Martin se marchó, vi cómo se alejaba aquel hombre misterioso. Por supuesto Álvaro volvió, dejó de ser tan capullo, y de decir ciertos comentarios. Nunca más volví a ver a Martin, pero la idea del arsénico se me pasaba muchas veces por la cabeza.

TARDE DE CAFE

—Paco, debes tener más ambición, eres un gran profesional, conozco a algunos compañeros tuyos, y hablan bien de ti, sé que te propusieron un puesto, que no aceptaste, ¿Por qué?, lo cierto es que te pagarían más, no es que te lo eche en cara cielo, pero reconócelo—dijo Mara a su compañero

—Los que ocupan ese cargo, tienen unos objetivos que deben cumplirse, para ello debes presionar, y ser un capullo, al final mi riqueza, se deberá a que otros profesionales como yo, vayan más deprisa para cumplir mi objetivo, dime Mara ¿qué opinas de Antonio?

—Es un capullo, pero es que él es así, tú lo harías de otra forma, te conozco, los compañeros te quieren, y respetan por lo que he visto

—No lo entiendes, el sistema funciona como un gran ejército, están sus generales, coroneles, y otros oficiales y después están los suboficiales Mara, todos los que hacen el trabajo sucio, ¿quieres que sea sargento?

—Pues no Paco, serias un capullo, si no quieres no pasa nada, solo que me jode, que otros más mediocres, como Antonio, estén donde estén

—Mara amor, Antonio no tiene la culpa, ellos le convirtieron en un perro de presa, la última hornada creció creyendo en el triunfo y este, pasa por llegar a ser un simple sargento y tener cosas, cuanto más tengas más has triunfado

—Dejémoslo, que me aburre hablar de Antonio, por cierto vi las noticias, la gente haciendo cola para que les den comida, pero estos en que piensan, vaya panda, si no me mires así, sabes que soy de PODEMOS, pero es que esto no es normal, van a remolque de los acontecimientos.

—Claro Mara, es que, el gobierno debió haber impedido que se despidiera a nadie, mi empresa facturo cien millones de euros, solo en España, aun así hicieron un ERTE, regalo de los comunistas, son iguales.

—Hombre Paco, iguales no sé, si esto lo gestiona la derecha tenemos un problema grave, pero si es cierto que estos podían haber hecho más.

—Ya estamos con esa cantinela, eso lo dicen, los que apoyan al gobierno para justificar, en lugar de ser críticos, algunos empiezan reaccionar, pero al principio de la pandemia, nadie quería criticar nada

—Bueno a mi Pablo me gusta como habla, se le ve preparado, son gente preparada no como los de antes, que eran inútiles, y mira ahora, acosándoles los de VOX

—Sí, eso tiene el fascismo, usa el terror, la violación, el acoso, el maltrato, todo eso es fascismo

—Bueno, una violación es eso, a ver, no tiene que ver con la política Paco, no desvariemos

—Tiene que ver con el poder, si te violo es porque puedo, ¿lo entiendes?, ese “porque puedo” en mayúsculas, y eso es fascismo, no es una cuestión sexual es porque puedo. Fíjate en el doctor Castelo y otros que andan por el hospital, acosan de una manera sibilina, con piropos, “gracias hermosa”, “hola bonita”, “como estas preciosa” sin conocerla siquiera.

—Sí, es cierto, es porque pueden, porque ponerlos en su sitio, hace que te empiece a mirar mal todo el mundo, visto así, sí que es fascismo, es cierto, la culpa del coronavirus, es de las feministas—dijo ella algo enfadada

—Ven peligrar su estatus, incluso muchas mujeres critican esto del feminismo, pero vaya, a mí el feminismo no sé, es algo para coger con pinzas

—Paco, no me jodas, te conozco y has sacado la cara por algunas en el hospital, ahora de que vas—dijo ella asombrada por el comentario

—Veras Mara, tu feminismo, no es el mismo que el de la doctora Márquez, porque en un contexto podéis querer lo mismo, hablemos de eso. El feminismo, también es una cuestión de clases, supongamos que somos una familia adinerada, nos recoge los platos Marta la criada, nos cuida los niños, Clara la estudiante, y si quiero ir a la cama y no estas dispuesta, me voy con alguna amante, tengo pasta, tú lo asumes y no te molesto, no digo que ella no este puteada, pero no igual, hasta en la muerte hay clases Mara.

—Hombre puesto así, pero no intentes poner eso como excusa, el feminismo hay que defenderlo a muerte.

—No he dicho que no, hay un feminismo, el de la tele, el del gobierno, y el que defendéis las mujeres como tú, las de clase obrera, no los que cobran un pastizal.

—Cambiemos de tema, me enteré de que Verónica, se separó

—Solo hizo falta un empujón, estaba acojonada y no quería meter a nadie más, el tipo era chungo, así que fuimos Sergio y yo a su casa a recoger sus cosas

—No harías nada grave, dime que no le pegasteis—dijo algo asustada

—Verónica lo impidió, sino le arrastro por todo el barrio, Sergio estaba que se subía por las paredes, pero no digas nada amor, nos pidió ese favor, tenía miedo, lo vi en sus ojos

—Si le pega lo mata, que Sergio es muy bruto, como me deja esto, cuanto cabron anda suelto

—Claro, pero eso es porque no se puede aplicar la justicia, si yo te pego en la calle nadie me puede hacer nada, es una cosa de pareja. Por el contrario, si pegar a un tipo, que sabes que pega a una mujer, no fuera delito, entonces el marido de Verónica estaría en un descampado, en cuanto eso se llevara a la práctica, esos cabrones como bien dices, se esconderían en las cloacas de donde salieron.

—Acuérdate del vecino, le perseguimos, ¿te acuerdas?, íbamos al bar donde se tomaba algo, Gonzalo lo echó de su bar y José también, ya tenía que irse más lejos a tomar una cerveza, al final conseguimos que la mujer lo denunciara, nos juntamos varias

—Sí, e hiciste algo bueno, ahora os juntáis más, estáis más unidas en el barrio, lo empezaste tú, la que no sabe nada, que me dijiste una vez, que solo tenías la ESO y que eras algo ignorante

—Bueno, sabes que no soy como tú, así listo, inteligente, que sabes cosas

—Vaya, la que no sabe, has movilizado a las mujeres, os animáis con los gatos callejeros, estas siempre por ahí ayudando a otras mujeres que han sacudido, ¿cuántas mujeres han venido a pasar unas noches aquí?, colaboras con dos ONG, aunque te da miedo entrar en ellas, y yo el listo, ¿qué he hecho?, nada amor

—Pues cuando vinieron aquellas mujeres, tuviste la delicadeza de irte a casa de tu madre, eso es mucho para ellas. Hablando de tu madre, debemos ir a verla, y después a cenar, así que a ducharse, rapidito

—Eso un rapidito, en la ducha.

—Que bobo, anda vamos, que ya son la seis, es que nos ponemos a hablar y no paramos.

LAS SIRENAS

Aquella noche Roberto había decidido ir a la playa, así que salió pronto del pueblo, ya que había kilómetros. Roberto se había instalado como todos los años, en un pueblecito de la serranía almeriense, le gustaba estar allí, aunque luego para ir a la playa tuviese que hacer kilómetros, aun así con la moto llegaba pronto, en apenas hora y media.

Esa noche, había luna llena, y corría una ligera brisa, la playa estaba casi desierta, apenas se veía a nadie. Se fijó en tres mujeres, estaban desnudas, cerca del agua, era extraño, no por el hecho de estar desnudas, si no, porque no tenían, ni ropa, ni toallas, es como si hubiesen aparecido de repente. Se dieron cuenta que las observaba y hablaron entre ellas, el siguió paseando. De repente vio como dos tipos se acercaban a ellas, comenzó una discusión, uno agarraba a una de ellas, las mujeres se defendían, Roberto corrió y las defendió, le dieron una patada, seguida de varios puñetazos, Roberto cayó al suelo, este medio inconsciente pudo ver que las mujeres peleaban con los hombres, luego perdía la consciencia. Más tarde una de las mujeres, agachada le despertaba, a Roberto le dolía todo, no sabía cuánto había pasado, ella le miró fijamente y preguntó;

— ¿Por qué has hecho eso?

—Porque querían abusar de vosotras, pero tuve poco éxito

—No te preocupes, nadie abusa de nosotras, somos sirenas, mis hermanas y yo queremos agradecértelo todo, ven con nosotras

Al oír lo de sirenas, Roberto pensó que había topado con tres locas, o que estaban drogadas, quería irse, ponía excusas, ellas se echaban sobre él, le abrazaban y le besaban. Roberto estaba confuso, hubo un momento, que ya no oponía resistencia. Sintió deseo, pronto estaba en la arena con ellas tres. Roberto no se lo podía creer, ¡tres hermosas mujeres!, era extraño, se sentía drogado, pero todo era muy real.

Horas más tarde despertó, miró su reloj, eran las dos, Roberto estaba desnudo, pero recordaba poco. ¿Sería un sueño?, Roberto vio sus golpes y heridas, entonces era real, pero, ¿por qué no recordaba bien?, todo eran imágenes sueltas. Decidió no darle más importancia, pensó que eran tres locas y se fue, se vistió, cogía sus pertenencias y se fue en la moto. Llegó a Lubrín, se dio una ducha y después se tumbaba en la cama, seguía pensando en esas mujeres, al final se dormía.

Por la mañana, se despertó a eso de las dos y media, salió para ver si podía comer en algún bar, apareció Rosa y preguntó;

—Que tal la noche, ¿saliste?;

—Fui a la playa, aunque aquí vengo a relajarme, estas tierras son maravillosas, además, ¿con quién voy a salir?

—No me pongas excusas, eres joven, ¿has comido?

—No, acabo de levantarme

—Ven a mi casa, allí comeremos, tengo costillas

—Estupendo, vamos allá

Detrás de la panadería, estaba su casa, no era muy grande, un salón, comedor, cocina, dos habitaciones, y dos baños, pero una buena parcela amurallada, en su día, debió usarse para el ganado. Rosa, mandó colocar unas vigas y puso una cúpula, de cristal, con toldos, allí plantó su huerto y sus flores, ella las cuidaba con esmero, les hablaba. El resto de la casa era muy vulgar. A Rosa le daba igual, pasaba el día en su paraíso particular, donde entraba mucha luz. Había plantas y flores, alguna hortaliza que plantaba, y en un rincón tenía un sofá con mesita, unas sillas y una hamaca, Roberto preguntó dónde comerían, ella dijo;

—En mi lugar favorito, ve llevando todo mientras termino de preparar la comida

Roberto puso la mesa en la sala de los rosales, como la llamaba, por los rosales que plantó, comieron con sus flores y plantas, lo cierto es que era más agradable que el comedor, después, tomaban café, con un trozo de tarta que había hecho ella

—Me podría acostumbrar a esto—dijo Roberto

—No me provoques—dijo ella sonriendo maliciosamente

— ¿Por qué no rehaces tu vida Rosa?, eres joven y hay que reconocer que eres hermosa

—Vaya, así que soy hermosa

—Pues sí Rosa—dijo titubeando, luego más seguro dijo— inteligente y hermosa, y haces unos dulces, de muerte.

Llegó su marido, saludó desde la puerta del patio, y fue a la cocina, los dos terminaron de comer y salieron, Rosa dijo;

—No te asustes, ya está pactado