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El teléfono es hoy (o parece ser) un objeto caído en desuso. Si en algún momento era el principal medio por el cual una persona podía comunicarse con otra y esa era su única función, hoy ha mutado (de "teléfono de línea" a "celular"), y ha dejado de cumplir esa única función para ser un dispositivo que sirve para muchas otras cosas: sacar fotos, enviar mensajes de audio, filmar, navegar por Internet. Pero no para hablar.
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Veröffentlichungsjahr: 2023
Martín Kohan nació en Buenos Aires en enero de 1967. Enseña teoría literaria en la Universidad de Buenos Aires. Publicó nueve libros de ensayo: Imágenes de vida, relatos de muerte. Eva Perón, cuerpo y política (en colaboración) (1998), Zona urbana. Ensayo de lectura sobre Walter Benjamin (2004), Narrar a San Martín (2005), Fuga de materiales (2013), El país de la guerra (2014); Ojos brujos. Fábulas de amor en la cultura de masas (2016), 1917 (2017), Me acuerdo (2020) y La vanguardia permanente; cuatro libros de cuentos: Muero contento (1994), Una pena extraordinaria (1998) y Cuerpo a tierra (2015) y Desvelos de verano (2022); y once novelas: La pérdida de Laura (1993), El informe (1997), Los cautivos (2000), Dos veces junio (2002), Segundos afuera (2005), Museo de la Revolución (2006), Ciencias morales (2007), Cuentas pendientes (2010), Bahía Blanca (2012), Fuera de lugar (2016) y Confesión (2020).
1. ¿HOLA?
2. EL NOMBRE
3. SUJETOS Y TECNOLOGÍAS
4. HABLAR POR TELÉFONO
5. PERO NO ES LO MISMO
6. NANCY
7. DOLAR (I)
8. DOLAR (II)
9. DOLAR (III)
10. AUNQUE TAMBIÉN
11. Y ADEMÁS
12. ONG
13. PROUST
14. HOT LINE
15. PARIS, TEXAS
16. RUBRO 59
17. EL ESPECTÁCULO DEL TELÉFONO
18. PUIG
19. UNA TARDE, UNA ÉPOCA
20. CHÉJOV
21. TELÉFONO ROTO
22. CADÁVER EXQUISITO
23. PELUCA TELEFÓNICA
24. ADENTRO/AFUERA
25. BIZZIO
26. LA GUÍA
27. CHASCOS
28. PÁGINAS AMARILLAS
29. ¿QUIÉN HABLA?
30. HOLA, SUSANA
31. HABLAR CON CUALQUIERA
32. HABLAR CON ALGUIEN
33. ALGUIEN MÁS
34. AGENDA
35. OCUPADO
36. BULLRICH
37. DESCOLGADO
38. 0303456
39. BARTHES, KOHAN
40. DURAS
41. BARTHES
42. PROGRESOS (I)
43. ¿ESTÁS AHÍ?
44. PARKER
45. PROGRESOS (II)
46. DESDE AFUERA
47. SUPERAGENTE
48. MÓVIL
49. PELÍCULAS
50. SIN RESPUESTA
51. UNA OPERACIÓN DE VANGUARDIA
52. ¡CLAC!
53. MICROFÍSICA DEL PODER TELEFÓNICO
54. EL SHOW DEL CORTE
55. TANGALANGA
56. ÚLTIMOS CARTUCHOS
57. MEDIDO
58. 113
59. 00:00
60. ANÉCDOTA TELEFÓNICA
61. CARVER
62. TELÉFONOS PÚBLICOS (I)
63. TELÉFONOS PÚBLICOS (II)
64. TELÉFONOS PÚBLICOS (III)
65. TELÉFONOS PÚBLICOS (IV)
66. TELÉFONOS PÚBLICOS (V)
67. TELÉFONOS PÚBLICOS (VI)
68. ¿HOLA, MAMI?
69. TELÉFONOS PÚBLICOS (VII)
70. CONSTANTINI
71. EL NACIONAL
72. TROTSKI (I)
73. TROTSKI (II)
74. SERGE
75. BULGÁKOV/STALIN
76. GUERRA FRÍA
77. BATITELÉFONO
78. PROKÓFIEV
79. MENEM
80. KAFKA
81. PANDEMIA
82. BORGES
83. EL CELULAR DE DIOS
84. BISEXUALES
85. CASABLANCA
86. AGRADECIMIENTOS
87. DEDICATORIA
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Portada
Índice de contenido
Página de copyright
Página de título
Contenido principal
Bibliografía
Colofón
Kohan, Martín / ¿Hola? Un réquiem para el teléfono / Martín Kohan. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : EGodot Argentina, 2023. Libro digital, EPUB.
Archivo Digital: descarga y online ISBN 978-987-8928-48-7
1. Ensayo Literario Argentino. I. Título. CDD A864
ISBN edición impresa: 978-987-8928-46-3
© Martín Kohanc/o Schavelzon Graham Agencia Literariawww.schavelzongraham.com
Corrección Federico Juega SicardiDiseño de tapa e interiores Víctor MalumiánIlustración de Martín Kohan Max Amici
© Ediciones Godotwww.edicionesgodot.com.ar [email protected]/EdicionesGodotTwitter.com/EdicionesGodotInstagram.com/EdicionesGodotYouTube.com/EdicionesGodot
Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina, noviembre de 2022
Martín Kohan
ENTRE LAS TANTAS FORMAS de atender el teléfono (“Hable”, “Bueno”, “Diga”, “Mande”, etc.), la más frecuente, y acaso la más persistente, ha sido y sigue siendo “¿Hola?”. No “Hola”, sino “¿Hola?”; es decir, no un saludo, sino una pregunta. Se trata claramente de la función fática que definió Roman Jakobson, esa en la que el lenguaje se utiliza para verificar que el canal de la comunicación esté en efecto funcionando. De hecho, si se produce una interferencia en la línea o se teme que la comunicación pueda haberse cortado, esa fórmula reaparece: “¿Hola? ¿Hola?”, y no se trata de saludarse.
El dato es que las conversaciones telefónicas empiezan ritualmente así, diciendo “¿Hola?”, deteniéndose antes que nada en el propio canal de la comunicación, constatando una y otra vez, y antes de empezar la conversación propiamente dicha, que el canal efectivamente está y que anda perfectamente bien. Como si un resto de asombro ante el hecho mismo de que el teléfono exista no pudiese sino aflorar ante cada llamado y ante cada respuesta, como si cada conversación telefónica no pudiese sino verse antecedida por una especie de homenaje implícito ante el prodigio, nunca asimilado del todo, de poder hablar con otro aunque el otro no esté ahí.
Lo que perdura en lo esencial es la palabra. Porque si bien a veces se lo llama “celular” y a veces se lo llama “móvil”, lo más normal entre nosotros es que se lo siga llamando “teléfono”. Teléfono: ese invento colosal que patentó Graham Bell habilitó para la humanidad la posibilidad de una conversación sincrónica en ausencia (no solamente a distancia, sino también en ausencia). Hablar con otro (con otro, y no solamente a otro), aunque no esté, haciéndolo estar en cierta forma.
Ahora bien, al teléfono ya casi nadie le sigue dando ese uso. Adquirió otros usos, diversos y distintos: máquina de fotos, filmadora, grabadora, agenda, navegador de internet, radio portátil, equipo de música, televisor, reloj. Ya no exactamente un teléfono. Pero se lo sigue llamando teléfono.
Como instrumento de comunicación, se lo emplea mayormente para enviar o intercambiar mensajes escritos (a la manera del viejo telégrafo), para dejar mensajes grabados (a la manera de los viejos contestadores automáticos) o para hablarse alternadamente a través de mensajes de voz (a la manera de los viejos walkie-talkies y su “cambio y fuera”). Pero no para hablar sincrónicamente con otro (con otro y no a otro, en sincronía y no diferidamente); es decir, en resumen, no para hablar por teléfono.
Y, sin embargo, se lo sigue llamando teléfono.
O quizás precisamente por eso, porque ya casi nadie usa el teléfono como teléfono, es que se lo sigue llamando así. Para retener al menos el nombre. Para compensar de alguna manera, manteniendo pese a todo el nombre, el hecho inexorable de su evidente declinación; para que cierto empeño nominalista sirva de consuelo o de contrapeso a la tendencia por demás notoria, y acaso irreversible, a la desaparición del teléfono, cuanto menos a su puesta en crisis.
¿En qué sentido? En el sentido que trazó Walter Benjamin, a propósito de la noción de “aura”, por ejemplo, en La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, o a propósito del “arte de contar historias”, en “El narrador”: detenerse a pensar aquello que está, no perdido, sino perdiéndose; en declinación o en crisis; “en trance de desaparecer”.
Y también en el sentido en que el propio Benjamin examinó la manera en que una nueva tecnología (desde la iluminación a gas en las calles hasta la proyección de películas en el cine, pasando por los bombardeos aéreos en el frente de guerra) fundaba un nuevo tipo de percepción y, con eso, un nuevo sujeto; constituía un nuevo sujeto y, con eso, un nuevo espectro de relaciones sociales. En la línea en que Georg Simmel había advertido que, con la invención del tranvía, por primera vez en la historia humana ocurría que dos personas que no iban a hablarse se miraban largamente cara a cara. Un nuevo medio de transporte habilitaba, de por sí, un nuevo sujeto y una nueva mirada, una forma inédita de vincularse con los otros.
