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Un viejo hotel, por el que pasaron grandes personalidades, pero también seres casi anónimos, se levanta en medio del desierto. El servicio es excelente; pero ¿quién podría hospedarse en una geografía tan inhóspita? Lo cierto es que cada habitación tiene su historia, como también tienen su historia los lugares compartidos: salas de estar, comedor, pasillos. El Hotel Carballido está en cada uno de los poemas de este libro temáticamente diferente.
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Seitenzahl: 32
Veröffentlichungsjahr: 2014
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Hotel Carballido
Queda hecho el depósito que marca la Ley 11.723 de Pro-piedad Intelectual. Prohibida la reproducción total o par-cial sin autorización del autor.
Editorial Martin - 2020
ISBN: 978-987-543-161-4
Digitalización: Proyecto451
Ramos Signes, Rogelio
Hotel Carballido / Rogelio Ramos Signes. - 1a ed. -
Mar del Plata : Martín, 2020.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga
ISBN 978-987-543-161-4
1. Poesía Argentina. I. Título.
CDD A861
Hotel Carballido
Rogelio Ramos Signes
a Baltazar y Merlina
que tal vez algún día quieran saber
cómo se llega hasta el Hotel Carballido
a Eliana Guerrero (Gely)
que, sin saberlo en su momento,
dio pie a este libro
7
6
Los puntos cardinales pueden intercambiarse
en el desierto.
Todo es igual cuando el sol, intratable,
cae en ángulo recto
sobre la hoja en la que estás escribiendo.
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Los puntos cardinales pueden intercambiarse
en el desierto.
Todo es igual cuando el sol, intratable,
cae en ángulo recto
sobre la hoja en la que estás escribiendo.
8
9
Presentación
Tenía sueño.
Me dolía la cintura.
Mis piernas estaban acalambradas.
No podía enderezar la espalda.
Había manejado todo el día
y deliraba por una ducha tibia.
Quería cambiarme de ropa.
Necesitaba lavarme el pelo.
Alucinaba por una cama
con olor a sábanas limpias.
Sentía hambre y mucha sed.
Tenía la cabeza embotada,
los ojos irritados, las manos sucias.
Estaba en el límite de mi resistencia.
Y entonces apareció frente a mí,
así, surgido de la nada,
como un fantasma apto para chicos buenos,
con su puerta sin alardes pero insinuante,
con su pérgola apaciguadora,
con sus sillas reposeras,
y una mano afectuosa
acercándome un trago de vaya a saber qué
pero exquisito.
Así empezó nuestro romance.
Señoras y señores:
bienvenidos al Hotel Carballido.
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Presentación
Tenía sueño.
Me dolía la cintura.
Mis piernas estaban acalambradas.
No podía enderezar la espalda.
Había manejado todo el día
y deliraba por una ducha tibia.
Quería cambiarme de ropa.
Necesitaba lavarme el pelo.
Alucinaba por una cama
con olor a sábanas limpias.
Sentía hambre y mucha sed.
Tenía la cabeza embotada,
los ojos irritados, las manos sucias.
Estaba en el límite de mi resistencia.
Y entonces apareció frente a mí,
así, surgido de la nada,
como un fantasma apto para chicos buenos,
con su puerta sin alardes pero insinuante,
con su pérgola apaciguadora,
con sus sillas reposeras,
y una mano afectuosa
acercándome un trago de vaya a saber qué
pero exquisito.
Así empezó nuestro romance.
Señoras y señores:
bienvenidos al Hotel Carballido.
10
El tiempo detenido
Ladra un perro y ¡qué extraño!
aquí no hay animales.
No hay animales en medio del desierto,
salvo veloces lagartijas
que van de la arena a la arena
sólo por no tenderse a morir.
Los pisos del hotel, siempre encerados,
y la caprichosa humedad de los canteros
las intimidan.
Nuestros clientes pueden descansar
sin sobresaltos.
Todo es amable y sereno.
El tiempo se ha detenido aquí
para que nuestros ocasionales visitantes
recuperen fuerzas.
Pero ladra un perro ¡qué extraño!
¿Por qué ladra un perro
si no hay animales en el Hotel Carballido?
11
La triste princesa
La jovencita ha llorado toda la noche.
Su teléfono, que debía sonar, no sonó.
¿Quién la engaña?
¿Quién juega con su resistencia?
¿Quién pone muecas de dolor
donde sólo quisiéramos ver sonrisas?
A las 9 en punto llamaremos a su puerta.
Café humeante, tostadas con manteca
y una flor encarnada
le darán los buenos días.
Ha llegado sin maletas
y no sabemos de dónde viene,
pero nos gusta su paso quedito por los pasillos,
la forma de mirarse en el espejo,
el color de sus ojos,
el modo con que aprieta un cuaderno
contra su pecho para nada sereno.
No sabemos qué esconde en ese cuaderno
pero no nos preocupa.
Hemos decidido que será nuestra invitada,
algo así como nuestra mascota:
la
