Hoy es el apocalipsis - Francisco López Serrano - E-Book

Hoy es el apocalipsis E-Book

Francisco López Serrano

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El fin del mundo ocurre a cada instante. Bajo esta premisa, los diez relatos que componen esta colección—n constituyen múltiples muestras narrativas de apocalipsis cotidianos, locales e incluso domésticos. En Hoy es el apocalipsis, la ciudad y la naturaleza, el individuo y la tecnología, el orden y el caos, la realidad y el absurdo, lo natural y lo sobrenatural convergen y colisionan de un modo a veces violento, a veces devastador, las más de las veces ridículo. En el marco de un progreso y una modernidad que, como aseveraba Walter Benjamín, parecen fundados en la idea de catástrofe, el humor y la más feroz ironía se esgrimen como elemento exorcizante, si no para conjurarla, al menos para hacerla soportable e incluso disfrutable.

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Seitenzahl: 88

Veröffentlichungsjahr: 2026

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Índice

Presentación

Fuck Venice!

Jonás 2.0

Insomnio

La risa del diablo

Viacrucis

Larry King live

Un dios emérito

Sirio

Corrección

Un alma en pena

Presentación

El Museo de Ciencias Ambientales (MCA) tiene como propósito “comprender la ciudad e inspirar la conservación de la naturaleza que la sustenta, para catalizar transformaciones ecológicas y sociales en beneficio de nuestra comunidad”.

Para abordar esta problemática socioecológica, tomamos del físico y museólogo catalán Jorge Wagensberg, muy querido amigo de nuestro museo, la idea de que los seres humanos hemos creado tres tipos de conocimiento: el científico (para los problemas fáciles), el artístico (para los problemas más difíciles) y el revelado (para los problemas aparentemente imposibles).

Así que, para la comprensión de nuestra realidad, son tan importantes las matemáticas y la química como la poesía, la música y las cosmovisiones de diversas culturas. En este sentido, el arte y la literatura, lejos de ser un adorno estético o un pasatiempo, contribuyen a catalizar cambios concretos sociales y políticos mediante la creación de nuevas formas de solidaridad colectiva. Esa es la razón de impulsar el género de la literatura de la naturaleza, incluyendo poemas y cuentos como parte integral de un museo de ciencias que pretende provocar transformaciones socioecológicas.

Este premio literario del MCA lleva el nombre de José Emilio Pacheco a manera de homenaje para quien, como poeta, narrador y ensayista, fue un atento analista de las transformaciones de la ciudad y de la presencia y ausencia de la naturaleza (no humana), tanto efímera como perdurable, en el espacio urbano. Su poema “Alta traición” sirvió de ejemplo de una ética que relaciona la naturaleza con la ciudad y las personas, y lo adoptamos como poema símbolo del MCA. Sus versos describen el espíritu de este nuevo Museo de Ciencias Ambientales, creado para innovar en la construcción de un futuro de esperanza que permita albergar lo vivo y evitar que nos excluyamos de nuestro propio futuro.

El origen y crecimiento del Premio de Literatura Ciudad y Naturaleza José Emilio Pacheco fue posible gracias a la amabilidad y comprensión de Cristina Pacheco, quien nos acompañó durante los últimos años de su vida en todo el proceso de creación del premio, desde la selección de los comités de honor, en cuyo diseño participó, hasta en la selección de los integrantes del jurado. Su hija, Laura Emilia Pacheco, ha continuado colaborando para hacer que este premio represente calidad y festejo.

A pesar de su relativa juventud, el premio ha contribuido significativamente a este género en el mundo hispanoparlante. Tan es así que, en sus diez ediciones, se han acumulado: once ganadores y mil seiscientos ochenta y dos obras provenientes de los treinta y dos estados de la república mexicana y de treinta y cinco países de América, Asia, Europa, Medio Oriente y Oceanía. Tan solo en esta última convocatoria (2025), dedicada al cuento, se recibieron cuatrocientos diecinueve trabajos provenientes de veintiocho países y treinta entidades federativas mexicanas. El porcentaje de autoras también ha ido creciendo paulatinamente cada año, alcanzando el 41 % en poesía (2024) y el 30 % en cuento (2025). A partir de la convocatoria más reciente, recibimos las obras concursantes a través de una plataforma digital diseñada expresamente para el premio, lo que contribuye a incrementar la participación internacional y ayuda a reducir su impacto ambiental.

En la literatura de naturaleza en idioma español, hemos detectado unos veintisiete premios (cuento, relato, poesía, ensayo y novela) que están vigentes, siendo la fecha de inicio del más antiguo en 1993. En este universo internacional de literatura de la naturaleza en español, el Premio de Literatura Ciudad y Naturaleza José Emilio Pacheco es, aparentemente, el primero que integra los conceptos de la naturaleza y lo urbano, además, se ubica entre los diez más antiguos, y es el que otorga la bolsa más cuantiosa. Pero el valor de un premio literario no se mide por el número de obras que recibe o por el monto de dinero otorgado (la restringida y peculiar temática de nuestro galardón ya de por sí reduce el número de obras sometidas), ya que, un indicador más adecuado es la calidad literaria de las obras premiadas, la innovación y profundidad en el tratamiento de la temática urbano-natural y la calidad artística de las ediciones. Para elegir a las ganadoras y los ganadores del premio, provenientes de distintos países, como México, Argentina, Venezuela, El Salvador y Rusia-Ecuador-Nicaragua, hemos contado con la generosidad de un selecto conjunto de importantes escritoras y escritores que han hecho un trabajo impecable como jurado.

Los logros del premio son frutos del trabajo del jurado que, en el caso de la poesía, ha incluido a Coral Bracho, Silvia Eugenia Castillero, Hernán Bravo Varela, Tedi López Mills, José María Espinasa, Pura López Colomé, Elisa Díaz Castelo, Myriam Moscona, Karen Villeda, Carmen Villoro, Jorge Esquinca y Rogelio Guedea. Para el género cuento, nos han honrado con su participación: Ana García Bergua, Eduardo Antonio Parra, Mónica Lavín, Beatriz Espejo, Alberto Chimal, Vicente Quirarte, Cecilia Eudave, Bernardo Esquinca, Antonio Ortuño, Liliana Blum, Socorro Venegas y Octavio Escobar. En este 2025 se sumaron a esta lista Claudia Cabrera Espinosa (ganadora del premio en 2019) y el escritor catalán Gabi Martínez.

En los primeros diez años del premio, han sido galardonados en poesía León Plascencia Ñol, Jorge Gutiérrez Reyna, Santiago Acosta, Marco Antonio Rodríguez Murillo, Jorge Galán y Valeria Guzmán Pérez; en cuento, han sido distinguidos: Brenda Becette, Claudia Cabrera Espinosa, Oswaldo Hernández Trujillo y Alejandro von Düben.

Para mí, es una gran satisfacción continuar la colección literaria del Museo de Ciencias Ambientales en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara con la publicación Hoy es el apocalipsis, la obra ganadora del Premio de Literatura Ciudad y Naturaleza José Emilio Pacheco 2025, autoría del escritor español Francisco López Serrano.

Y por ello, conforme al acta correspondiente, firmada el 29 de septiembre de 2025 a las 10 horas en la ciudad de Guadalajara: “El jurado del Premio de Literatura Ciudad y Naturaleza José Emilio Pacheco acordó (por unanimidad) otorgar el premio por las siguientes razones: Hoy es el apocalipsis consta de diez cuentos que revelan las múltiples posibilidades del género. El autor confronta Ciudad y Naturaleza recurriendo igual a la ironía que al humor o a escenarios casi apocalípticos a la vez que combina realismo con elementos sobrenaturales y fantásticos. El resultado es un vertiginoso conjunto híbrido que hace de la obra una apasionante experiencia contemporánea y simbólica, que invita a reflexionar sobre quiénes somos desde ángulos originales”. Los miembros de este jurado fueron: Mónica Lavín, Claudia Cabrera y Gabi Martínez.

Esperamos disfruten las sorpresas que nos brinda este libro de cuentos de nuestro distinguido ganador.

Eduardo Santana Castellón

Director del

Museo de Ciencias Ambientales

Centro Cultural Universitario

Universidad de Guadalajara

A Raquel

El concepto de progreso debe ser

fundamentado en la idea de catástrofe. Que

“las cosas sigan así” es la catástrofe.

Walter Benjamin

Fuck Venice!

La obra se anunciaba en el programa con el provocador título de Fuck Venice! (‘¡A la mierda Venecia!’) y su performance tendría lugar en uno de los salones más decrépitos del Arsenale, lo cual, debo admitir, era de por sí una jugada ingeniosa. Aventajado discípulo de Gustav Metzger, y con un irreprimible e infantil deseo de romper cosas, el artista conceptual Klaus Morgenstern no era un recién llegado en el juego pueril del arte destructivo, todavía arrastraba el polvo y los cascotes de su última intervención. Su nombre había resonado en todas las esferas del mundo del arte gracias a sus pasadas obras, que eran tan apoteósicas como deliberadamente controvertidas. Sin embargo, esta vez había prometido algo más radical, quizás también más misericordioso: hundir Venecia. Inicialmente, la cosa me pareció tan absurda como pretenciosa, pero absolutamente necesaria como idea en sí misma. Así que no pude resistir la morbosa tentación de ver a este decadente museo flotante tragado por las aguas, por muy simbólico que fuera el hundimiento.

El evento fue anunciado con una pomposidad que solo la Biennale es capaz de consentirse: “Un acto definitivo contra la entropía cultural”. ¿Entropía? No. La verdadera entropía es esta ciudad pudriéndose bajo capas de moho y corrupción de siglos, una ciudad para tumbar en un diván y oír sus interminables confesiones de eterno paciente estancado en una inalterable fase anal. Venecia siempre ha sido esa urbe que se disfraza con su máscara de belleza, cuando en realidad no es más que una reliquia estancada, una fétida fantasía anacrónica aferrada a la gloria muerta de su decadencia. La sola idea de caminar por sus callejones laberínticos, impregnados de humedad y la omnipresente peste del turismo masivo, me enfermaba. Venecia, la gran impostora del arte occidental o, como la definió un poeta que la conoció íntimamente, el chisme del mundo.

Cuando entré al pabellón, la atmósfera era expectante, es decir, había una gran expectación para ver cómo una vez más el arte nos decepcionaría. Soy un viejo y descreído crítico y sé, por el cúmulo indecente de expectativas frustradas que arrastro, que, en lo que concierne al arte contemporáneo, todo lo que va más allá del título es tan solo un simple residuo documental. Sé que tratar de explicar la pureza del concepto con la esforzada ejecución del gesto está condenado al fracaso. Sé, en definitiva, que el arte contemporáneo se reduce al vano intento de ilustrar mediante un ya innecesario acto artístico las cartelas de sus propias obras. ¿Por qué se empeñaba Morgenstern en estropear un concepto tan puro, una idea tan brillante como la de hundir Venecia, y en arruinar un título tan maravilloso para una performance como Fuck Venice! con el gesto simbólico y decepcionante de anegar alguna maqueta de la ciudad y mostrarla en una pecera, algo similar a esas bolas de nieve que al agitarse se eleva en ellas, más que cae, un sucedáneo de nevada, o alguna otra estupidez semejante que se le hubiera ocurrido para atraer la atención sobre la destrucción real que amenazaba a Venecia, o cualquier otro mensaje pueril para concienciar al personal de los que dispensa la llamada estética de la repulsión?

Pero allí no había ninguna maqueta, ni siquiera una pecera. Morgenstern, adoptando una enigmática actitud, sin duda estudiada, estaba de pie junto a una maquinaria que bien podría haber salido de los desvaríos de un ingeniero patafísico o de las fantasías de Raymond Russell. Había tubos y palancas de aspecto retrofuturista y lo que parecía ser un centro de control lleno de pantallas que emitían líneas de código ininteligibles. La sala se hallaba repleta de críticos, curadores y, por descontado, la élite de los collectors