Inmarcesible - Jeinxa - E-Book

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Jeinxa

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Beschreibung

La onironauta Ciela Cabanes, una mujer que está a punto de encontrarse con la verdad, y que evoca sus años de juventud, se despierta una mañana y cree escuchar una lejana voz que gritaba insistente desde sus adentros, era una palabra repetitiva que decía "ven". Aquel suceso provocó en ella visiones y comunicaciones con el otro mundo que la llevaron a enfrentarse con su ser interior, ayudándole a desprenderse del camino que transitaba, a encontrar el filo velo que separa lo físico de lo espiritual, así como descubrir como un amor puede llegar a ser inmortal. La novela no solo es de inclinación romántica, sino que posee una esencia donde la fe se vuelve casi un poema.

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Seitenzahl: 104

Veröffentlichungsjahr: 2022

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Jeinxa

Inmarcesible

Inmarcesible

Primera edición julio 2022

©De esta edición, Luna Nueva Ediciones. S.L

© Del texto 2022, Jeniffer Conforme

©Edición: Elizabeth S.B

©Diseño: Antonella Jara

©Maquetación: Gabriel Solórzano

Todos los derechos reservados.

Se prohíbe la reproducción total o parcial de esta obra,

el almacenamiento o transmisión por medios electrónicos o mecánicos,

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promueve la libre expresión y favorece una cultura libre.

[email protected]

Luna Nueva Ediciones.

Guayas, Durán MZ G2 SL.13

ISBN: 978-8547-9858-6-8

“El verdadero amor es como los espíritus: todos hablan de ellos, pero pocos los han visto”.

François de la Rochefoucauld (1613—1680)

Prólogo

“Nada es más peligroso como transitar un sendero que no nos pertenece pero que uno mismo se adjudica”.

La trama es compleja: en el libro encontraremos a Ciela Cabanes —la narradora de la historia, una mujer que perdió el curso de su vida amorosa al tomar una primera errónea decisión—. El primer capítulo, denominado <<Sueño Lúcido>>, revela la onírica historia creada por Ciela. La aparición en sueños de Kevin Vidal, un joven que fue su primer amor, deja en Ciela una fuerte incertidumbre por saber nuevamente de él. Aquel sueño, induce a Ciela a realizar una serie de interpretaciones propias de su naturaleza como onironauta, haciendo que dichas interpretaciones le desempolven vivencias de antaño.

La novela no trata sólo de un sueño plasmado de cierto modo a la realidad, sino que es una revelación para reencontrarse con el verdadero camino, la búsqueda del destino perdido. Ciela debe desprenderse de todo lo falsamente vivido y buscar en qué momento se perdió del camino. Kevin Vidal es quien le indicará, a través de los recuerdos que Ciela tenga de él, el momento cierto en el que ella se perdió.

Ángela, Gregorio, Kevin Vidal, Don Preciado, Xavier, revelan todo el mundo real de los personajes. Pero Gladys, su acompañante y Kevin son personajes producto de la imaginación de Ciela, lo que la llevará a crearse diálogos internos con personajes no reales pero que la conducirán al sendero extraviado y, que, en contacto con todo el caos dentro de ella, lograrán que por fin Ciela se reencuentre con su verdadero yo, lo que le dará sentido a su vida, un camino que la conducirá hacía su cierto destino.

El libro es narrado por Ciela Cabanes, pero desde una perspectiva algo singular, pues ella utilizará la anacronía, lo que implicará una participación más activa por parte del lector.

Desde ya agradezco el haberme elegido en su instante de lectura.

La Autora.

Contenido

Copyright

Prólogo

Capítulo 1 Sueño Lúcido

Capítulo 2 Alucinaciones

Capítulo 3 Kevin

Capítulo 4 Conversaciones

Capítulo 5 Un tropel de Fantasmas

Capítulo 6 Déjá-Vu

Capítulo 7 Los últimos abrazos

Capítulo 8 El final es un nuevo comienzo

Tres poemas de la autora

1

2

3

Biografía

Capítulo 1

Sueño Lúcido

Empiezo mi historia con un acaecimiento en la época cuando yo tenía cuarenta años de edad, si mal no recuerdo, mi vida era un festival en donde la alegría y algarabía rondaban desde la punta de mis pies hasta mis negros cabellos.

Cierta mañana recibí la llamada de mi amado padre, quien me comunicó que estaría fuera de la ciudad por dos meses. Más tarde, aquella misma mañana me dirigí a su casa para hacerle compañía a mi madre luego del largo viaje que mi padre haría en esa época por temas familiares.

Muchas cosas de aquel tiempo exhalan aun para mí la inevitable agonía que empezó a sentir mi alma, empezando por un sueño intrigante que aún conservo bien en mi memoria.

Era una tarde de mayo, recuerdo aún la cálida brisa que golpeaba a mi rostro joven, lleno de vida y lleno luz. Cierro mis ojos y aún puedo evocar el perfume de las gardenias que mi madre solía tener en su casa, aún irradia en mí una suave dicha con melancolía y gratos momentos: risas de niños y adultos, cumpleaños, festejos, abrazos, besos, consuelos, enojos, reconciliación, olor a cálida intimidad, a familia, a hogar.

Regresar a la que un día fue mi casa y volver a mi habitación me llenó de cálido bienestar. Ver en cada rincón de esa casa mi infancia plasmada me transportó a verdaderos momentos colmados de honda alegría. Aun mi habitación guardaba esa cálida bienvenida que me daba cada vez que regresaba del colegio. Los cuadros colgados en mi habitación me recordaron que en su momento me creía Picasso; el piano, ya sin el sonido original, evocó en mí la melodía que guardaba aún mi alma; y no se diga del stand de los libros, seguían tal cual los había dejado, confirmé en ese momento mi teoría de que en casa nadie leía sino fuese solo la Biblia.

Hacia tanto tiempo que no había visitado mi habitación, que no la sentía como mía otra vez. Siempre que llegaba a casa de mis padres les pitaba desde el carro y ellos salían presurosos a subirse para ir a mi casa o para ir a algún viaje familiar. Y así era, y así fue desde que me independicé y decidí vivir sola. Recuerdo que cuando tomé ésa decisión tenía tan solo veinte años, creía que vería poco a mis padres; sin embargo, lo único que se apartó de mí fue mi habitación porque la cercanía con mis padres fue creciendo cada día más.

Recuerdo también la primera vez que me apoderé nuevamente de mi habitación. Anochecía ya, y después de veinte años volví a recostarme en mi antigua cama. Ella se encontraba raída, pero aún era tolerable acostarse en ella. Cuando lo hice, la alegría invadió mi corazón al instante, sentí como si me abrazase un tumulto de recuerdos aislantes de mi niñez, adolescencia, y mi casi adulta vida. Una deliciosa sensación llenó mi pecho de hermosos y perfectos instantes que viví en ese lugar, en esa habitación, en esa casa, con mi madre, con mi padre, mi hermano, mis sobrinos, que, por cierto, uno de ellos ya tenía dos hijos y revoloteaban en ese mismo lugar. No podía creerlo… ¡no podía creerlo! Pues cuando cerraba mis ojos, el ruido que escuchaba era un ruido familiar, como si ese ruido era el de mi época de casi adulta cuando iba a la Universidad y regresaba a casa y veía a mis sobrinos ver televisión o jugar en la sala. Era el mismo sonido, solo que ya no en voces de mis sobrinos, sino en voces de mis sobrinos nietos. Tal cosa, ¡era fascinante!

¡Que perfecto se sintió en ese entonces rememorar sin querer una época de mi joven vida, y qué perfecto se sigue sintiendo ahora, a mis sesenta y uno años, que lo sigo recordado como si hubiese sido ayer!

Los matices de aquella época han invadido hoy mi corazón de armonía. Soy incapaz de cegarme a la realidad de que en aquel lugar viví mis mejores momentos. Mis recuerdos no pueden ir más lejos que el sol o que el mar, pues están plasmados aquí, dentro de mí. Nunca terminaré de ver ese pasado. Siempre con los míos; como nunca terminaré de ver este presente, sola, sin familia.

¿Qué era yo a mis cuarenta años? ¿Qué soy ahora a mis sesenta y un años? ¡Dios mío, que ahora mismo todo esto sea solo un mal sueño! De un momento a otro voy a despertarme, y papá y mamá estarán otra vez a mi lado, comiendo y riendo conmigo. Como siempre. Estaré en casa, en mi cama, y sabré que esta soledad está siendo solo una pesadilla, que no es real, que no es verdad, que no es para mí…

Formulaba estos ruegos sin palabras, intentando ansiosamente hacerme creer que nada de lo que estaba viviendo era cierto. Pero la realidad golpeaba a mi puerta, a mi vida, a mi piel, a mis años…

Pero retomemos aquella tarde de mayo cuando la cálida brisa golpeaba a mi rostro joven, lleno de vida y lleno luz; cuando la magia, los susurros, los perfumes y el amor marcaron un destello en mi memoria; cuando mi vida se trasformó súbitamente, y de súpito algún sexto sentido hizo que vuelva a mi camino…

¿Cuántas maravillas el mundo pudo ofrecerme?

Estoy aquí, recordando mi vida pretérita. Fatigada y cansada por mi edad. Preguntándome por qué no se cumplió aquella promesa, aquella que vino a mí venciéndome apaciblemente mientras dormía. Las alucinaciones también fueron innumerables, tanto que intentaba no prestarle mayor importancia, aunque debo decir que fue en vano pretender hacer caso omiso a mis recuerdos. Venían solos, como ráfaga a mi memoria. Y allí estaba yo, recordando a Kevin Vidal. Por alguna razón, desde que llegué a dormir a mi antigua habitación, evocaba con más fuerza y ahínco los días que viví con él, y no es que él haya dormido conmigo en esa habitación y por eso deba yo recordarlo, sino que el tiempo que pase con él cuando éramos novios, yo llegaba a mi casa y esa habitación era la única testigo fiel de las ilusiones que anidaba mi corazón enamorado. Esa habitación y esa cama sintieron tantas alegrías y también tristezas de esa relación. Puede decirse que podía engañar a todo el mundo sobre mi estado de ánimo, pero a mi cama, a mi cama no. Cuando me acostaba en ella sentía que abrazaba mi ser alegre, triste, vacío o lleno; ella no hacia diferencias, ella solo se encargaba de hacer todo para que me sintiese en paz ¿cómo? No sé, acostada en ella era cuando podía imaginar mi vida a lado de Kevin Vidal. Quizá sucedía eso, porque en la casa de mis padres nunca hubo silencio, siempre el ruido, el bullicio y el ajetreo se apoderaban de cada rincón, y era emocionante, pero cuando quería estar a solas, mi habitación y sobre todo mi cama eran mi único refugio. Y no crean que los brazos de mis padres no fueron un refugio, porque debo confesar que en otros temas sí lo fueron, y que ahora mismo daría cualquier cosa por volver a sentir el abrazo de mis padres, aunque sea imposible de realizarse eso en esta vida.

Ante esto, debo indicar que desde mi retorno a casa de mis padres sentí sensaciones muy extrañas que invadieron mi alma entera y que no me dejaban dormir plenamente por las noches. Sobre todo, desde aquel sueño.

La historia de mis locuras empieza aquí.

Luego de años sin soñar a Kevin Vidal, con pizcas del sueño relevante que pude llegar a recordar a la mañana siguiente, con consciencia cierta de que durante los veintiún años que habían trascurrido desde nuestro rompimiento pudiese a ver albergado en mi mente una nimia historia reflejada de mis impulsos internos cuando dormía. Ciertamente nunca lo había soñado después de nuestro rompimiento ¿alguna vez han soñado a su primer novio luego de veintiún años sin verlo, sin contacto, sin nada que los pueda relacionar de ninguna manera? Pues esa fue mi primera vez y la única y la última. Pero debo decir que no solo fue el sueño, sino que fue la sensación que dejó en mí aquel sueño. Yo intentaba evitar aquel suceso anhelado de mi pasado y traído sin previo aviso a mi mente soñadora. Sin embargo, de no haber sido por aquel sueño que tuve acaso nunca hubiese atraído a Kevin a mis recuerdos otra vez ¿cómo habría sido posible no volverlo amar o no sentir nada después de un sueño tan maravilloso, tan lleno de hechos ya vividos y luego plasmados a un sueño lucido que probablemente quiso volver a ser real? Precisamente el encanto se encontró allí, en un sueño, en uno tan peculiar en el que yo era la ventrílocua de una pareja de títeres que usaba mis nombres y el de Kevin y que actuaban a mi ritmo soñado. Una historia creada por mí y reflejada en un sueño que yo misma lo cuento así, tal cual sucedió en el sueño, soñando mi propia historia vivida de antaño.

“El joven se llamaba Kevin Vidal. Comenzaba a oscurecer cuando llegó en su vehículo color gris. Ciela Cabanes lo vio al instante desde la ubicación privilegiada que tenía sobre el balcón de la compañía 30 de bomberos. Exhaló un suave suspiro y luego se quedó inmóvil.

El joven, que recién llegaba, se detuvo a la entrada mirando a su alrededor con intranquilidad. Como la reunión bomberil ya estaba avanzada, no había nadie cerca que le abriese la puerta y lo salvara de los salpicones de lluvia que pendían desde su polo azul hasta sus botas negras. En ese momento, Ciela reaccionó y exclamó.

—¡No te preocupes, que ya bajo!