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Escribir es que sostengan tu mundo en sus manos y que, una vez escrita, ninguna palabra te pertenezca. ...............................................
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Seitenzahl: 56
Veröffentlichungsjahr: 2023
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© Derechos de edición reservados.
Letrame Editorial.
www.Letrame.com
© Sara Falagán Izquierdo
Diseño de edición: Letrame Editorial.
Maquetación: Juan Muñoz Céspedes
Diseño de portada: Celia López Bacete
Supervisión de corrección: Ana Castañeda
ISBN: 978-84-1181-776-9
Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.
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A mi madre,
a mi padre,
a mi hermana.
Por ser siempre mis incondicionales,
mi suerte,
mi hogar.
A Álvaro.
Por sostener siempre mis sueños
y recordarme que podía volar
cuando no confiaba en mis alas.
.
A la poesía,
por salvarme una vez más.
A Celia,
por acompasar con sus trazos mis palabras.
Por darles luz y alas.
A ti, lector,
por hacer que estas palabras cobren sentido
y vida.
PRÓLOGO
Dicen que la obra más pura siempre es la primera. Dicen también que las segundas partes nunca fueron buenas; que mejor retirarse a tiempo. Yo no soy de hacer mucho caso a nada, o eso es lo que he intentado repetirme hasta la saciedad para no rendirme nunca.
Este libro es la forma de vencer, una vez más, mi timidez. Es la manera de gritar en silencio todas las historias que nunca serán; de agradecer, de regalar abrazos, de reír y, también, por qué no, de llorar.
Suelo olvidar con frecuencia cómo escribir; la musicalidad de las palabras y el baile con la vida se pierden, más a menudo de lo que me gustaría, entre la rutina y la comodidad. Y un día vuelven a llamar a la puerta; me zarandean los miedos y me recuerdan que una vez fui capaz.
Y aquí estoy de nuevo frente al papel en blanco, con el mismo vértigo que la primera vez, con las mismas ganas que me empujaron a saltar, con la ilusión de una niña que vuelve a ver cumplido su sueño.
Este insomnio programado es la forma de enfrentarnos a los fantasmas que nos acompañan cada día, esos que guardamos bajo la cama por miedo a que nos invadan y nos quiten la voz. Es una invitación a mirarnos al espejo, pintarnos las ganas, soltar peso…
Estas historias son el intento, no siempre certero, de sanarnos por dentro, de recordarnos (o descubrirnos) quiénes somos y lo bonito que podemos volar cuando confiamos en nuestras alas.
Desabróchense los recuerdos, dejen a un lado los miedos. Este insomnio programado está a punto de comenzar.
.
.
Dejé caer el libro sobre mi cama. Un libro ya cansado de escuchar mis silencios, mis preocupaciones a medias, mis quizá mañana. Mis sueños también se dejaron caer con él. Unos sueños con demasiadas excusas a la espalda, con algunos miedos desgastados ya del tiempo, con los bolsillos cargados de citas pospuestas.
Miré fijamente el reloj. Habían pasado dos horas desde que, agotada, me había tirado sobre las sábanas de aquella habitación gris. Apenas dos o tres cuadros vestían una estancia abarrotada de recuerdos en donde ya no quedaba nada.
Hacía ya tres madrugadas que intentaba desdibujar su rostro de mis pensamientos. Parecía como si el tiempo hubiese perdido el equilibrio y el pasado, cual anzuelo, estuviera tendiéndome su mano.
Me deshice de las prisas y me hice un nudo en la garganta. Esa noche no habría lluvia sobre mi almohada, solo palabras. Es por eso por lo que me desvestí los reproches y me escondí la rabia. Y entre silencios y dudas, entre la ensoñación y lo que se cree cierto, entre el que late y la razón, comenzó este insomnio programado.
Empecé a decir adiós
La tristeza me pisa los pies
y no consigo andar más rápido.
Serán estas noches de insomnio
que me dejas a las espaldas
que pesan tanto que duelen,
que pesan tanto que frenan.
Hay un torbellino de sueños en la cuneta
que dejamos abandonados sin querer darnos cuenta,
no sé si por falta de valentía o de deseo.
La tristeza me pisa las ganas
y yo sigo buscando los motivos
que me devuelvan las alas.
Será está necesidad de reencontrarme contigo,
conmigo,
lo que me mantiene sangrando frente al abismo.
Será esa estúpida posibilidad de vuelo,
la esperanza del que se encuentra perdido,
y, aun así, sigue buscando el camino.
Hay una tormenta de arena en tus ojos
que miran con tristeza
este reloj hecho añicos.
Nuestros recuerdos
entre los cristales rotos
y las ansias de un futuro juntos
esparcidas por el suelo.
La tristeza me pisa los miedos
y yo sigo luchando por vencerlos.
Serán estas madrugadas de soledad en la trinchera,
esta necesidad de primavera después de tu invierno,
esta alegría que lucha por echar raíces entre el cemento,
lo que hace que me plante desnudo frente a ellos.
Hay un grito sordo entre mis manos,
una sonrisa muda entre tanta duda.
No sé si será supervivencia
o valentía,
pero he dejado de correr delante de la nostalgia
que se dejó olvidada tu risa,
me he quedado frente a su mirada gris
y le he susurrado al oído:
ya no hay espacio
para tu silencio
en este corazón.
Lejos de los sueños
Dejé de escribir
por miedo a descubrir la verdad.
Dejé de mirar tras el espejo
por el vértigo que da conocerse
a uno mismo.
Me dejé llevar por la corriente
de este río bravo
que es la rutina;
a pesar del sonido
de todos los pájaros
que revoloteaban en mis adentros.
Ellos rugían libertad,
yo los calmaba
con vehementes excusas.
Me alejé de los sueños
que una vez me hicieron volar,
cerré mis alas
y sequé con los futuros
las lágrimas de los recuerdos.
Nosotros
Ser
nunca fue la cuestión.
La pregunta siempre estuvo en tus lunares.
La respuesta,
en los silencios de tus pupilas.
Ser
mientras llovía en tus ojos,
mientras jugábamos a esconder
las piezas sobrantes de este puzle
siempre incompleto.
No ser
nunca fue la cuestión.
La pregunta siempre la sostenían tus ojos tristes,
tu piel temblando de ganas
y una respuesta que nunca
nos atrevimos a pronunciar:
nosotros.
No ser
mientras pintábamos estrellas fugaces,
mientras soñábamos juntos
en camas diferentes,
en estaciones equivocadas.
Nosotros
y esa manía tan nuestra de no ser
siéndolo todo.
De ser
incluso no siendo
nada.
.
No quiero que te vayas
dolor,
última forma de amar.
Pedro Salinas
No encuentres la salida
Me dices que hace meses que no sonríes,
que el sol calienta tus mejillas
pero el invierno se ha instalado en tus ojos
y a mí comienza a sobrarme la arena
de todos los relojes.
Llevas a tus espaldas la lucha desesperada de un niño
que alza su brazo tras perder en un despiste su globo.
Me dices que hay un silencio incómodo en tu pecho,
