Inteligencia lógico-matemática - Jorge Batllori - E-Book

Inteligencia lógico-matemática E-Book

Jorge Batllori

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Beschreibung

El desarrollo de la inteligencia lógico-matemática es clave para nuestra vida. Los números, la lógica, los patrones…, están presentes en nuestra realidad e interactuamos con ellos todos los días. El objetivo de este libro es hacer atractivo ese intercambio matemático, ayudarnos a disfrutar de las matemáticas, tornar lo complejo en accesible. Se trata de una compilación de más de 100 juegos matemáticos, individuales, grupales y cooperativos, dirigidos a niños y niñas a partir de 6 años. Existen cinco bloques: • Cálculo e inteligencia numérica • Lógica y agilidad mental • Estrategia y estructuración espacial • Observación y memoria • Comunicación e inteligencia verbal A través de estos juegos se busca que los niños pierdan el miedo a las matemáticas y a todo lo que las rodea, al mismo tiempo que trabajan la inteligencia lógico-matemática, tanto dentro como fuera del aula. En resumen, un libro esencial para aquellos docentes, familias, monitores de tiempo libre…, que buscan mejorar las habilidades lógico-matemáticas de los pequeños o, sencillamente, ¡pasar un buen rato jugando y divirtiéndose con las matemáticas!

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Seitenzahl: 210

Veröffentlichungsjahr: 2018

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ÍNDICE

INTRODUCCIÓN

Importancia de la motivación. Matemáticas al alcance de todos. Atender la diversidad: un reto. Jugar en grupo: aprendemos de los demás. Consideraciones didácticas. Estructura de la obra. Un decálogo para padres y educadores. Y ahora, ¡todos a jugar!

Capítulo 1. JUEGOS DE CÁLCULO E INTELIGENCIA NUMÉRICA

1. El número solitario

2. Número exacto

3. Diana

4. Dominó a 4

5. Las parejas

6. Conteo descendente

7. Suman 20

8. De cuatro en cuatro

9. El 25

10. Chicago

11. Suman 12

12. La baraja

13. La suma misteriosa

14. Carrera numérica

15. Empacho de doses

16. Suma exacta

17. Mismos números, distintos resultados

18. Camino numérico

19. Tiros libres

20. Milagro matemático

21. La pirámide compleja

22. La pirámide enigmática (I)

23. La pirámide enigmática (II)

24. El mago matemágico

25. La resta movida

26. Los cinco

27. Siempre 100

28. Puzle de sumas

29. Sobra uno

30. Suman 75

31. Criptogramas

32. Guardando las distancias

33. La suma y la resta incompletas

34. Suma ultra rápida

35. Las ovejas de mi tío

Capítulo 2. JUEGOS DE LÓGICA Y AGILIDAD MENTAL

1. Dibujos incompletos (I)

2. Dibujos incompletos (II)

3. En orden

4. Adivinar el número

5. ¿Cuáles faltan?

6. Las flechas

7. Problema de estacionamiento

8. Figuras en serie

9. Lluvia de problemas cortos

10. ¿Dónde está el error?

11. Vertical y horizontal

12. Responde volando

13. La figura desaparecida

14. Cuestión de altura

15. La escalera misteriosa

16. Rellenando casillas

37. Preguntas rápidas

18. El campeonato de atletismo

19. De rebajas

20. En negro

Capítulo 3. JUEGOS DE ESTRATEGIA Y ESTRUCTURACIÓN ESPACIAL

1. La suma es 15

2. Matemágico

3. Cuatro en raya

4. El ratón y los cuatro gatos

5. Pentominós

6. La autopista A-18

7. De 7 en 7

8. ¡Qué cruz!

9. Cuadro mágico impar

10. Del 1 al 9

11. Siempre suman 25

12. La pirámide

13. Un 10

14. Minisudoku

15. Minisudoku de 6 casillas

16. El mes

17. Siempre 13

18. La pirámide misteriosa

19. El recorrido

20. La cruz de San Jorge (I)

21. La cruz de San Jorge (II)

22. Del 1 al 8 (I)

23. La Y

24. Del 1 al 8 (II)

25. Súper fácil

26. Las monedas

27. Siempre 39

28. San Jorge

29. El reloj digital

30. Dieciséis en raya

Capítulo 4. JUEGOS DE OBSERVACIÓN Y MEMORIA

1. En el laberinto

2. La figura repetida

3. ¿Cuál falta?

4. El más repetido

5. Ojo de lince

6. Directo a la meta

7. ¡Qué fallo!

8. No tan iguales

9. Los rectángulos

10. Hay diferencias

11. Casillas repetidas

12. El número central

13. Cuadrados y más cuadrados

14. El minuto

15. Igualitos

16. Macedonia de letras

17. La pieza repetida

18. Sopa numérica

19. Boca abajo

20. Muchos cuadrados

21. A palmos

22. Encuentra el error

23. Los teléfonos

24. Llevando la contraria

25. Un cuadrado numérico

Capítulo 5. JUEGOS DE COMUNICACIÓN E INTELIGENCIA VERBAL

1. Problema de test inicial

2. El mes escondido

3. Palabra matemática

4. Muchas letras

5. Sumar letras

6. El nombre oculto

7. Bien puestas

8. El mensaje secreto

9. Nombres desordenados

10. Trabalenguas numérico

11. Un número muy especial

12. La valla

13. En cuatro pasos

14. La palabra desconocida

15. Enigma final

“Puedo porque pienso que puedo”CAROLINA MARÍN1

 

Jugar es una actividad cotidiana entre las crías de un gran número de especies de mamíferos, ya que les permite adquirir en la infancia capacidades, habilidades y competencias que después les serán útiles, incluso vitales, en su etapa adulta. La especie humana no se escapa –no nos escapamos– a esta ley de la naturaleza.

El juego es para los niños una manera de hacer accesible lo que parece complejo, de aprender a relacionarse con los demás, a respetar reglas, a ser creativos, a afrontar retos, a controlar el cuerpo y a divertirse. Mediante el juego se potencia la creatividad, se fijan los aprendizajes y se desarrollan habilidades y competencias básicas para la vida adulta. Jugando, los niños ponen en marcha la imaginación, se plantean objetivos, han de pactar, cumplir normas, aprender a esperar, tomar decisiones, poner las cosas en su sitio.

Detrás de cada juego siempre encontramos el desarrollo de alguna habilidad operativa –la concentración, el pensamiento crítico, la creatividad, la paciencia, la perseverancia…–, y estas habilidades conducen hacia aprendizajes significativos. Podemos decir sin miedo a equivocarnos que en la infancia jugar es tan importante que es necesario hacerlo bien, adecuadamente y en abundancia.

Los juegos lógico-matemáticos despiertan la alegría, la satisfacción, la emoción y la curiosidad que pueden producir las matemáticas. Además de ayudar a cimentar conocimientos sin mucho dolor de cabeza, estos desafíos recreativos en ocasiones son vías rápidas a inesperados descubrimientos de todo tipo. Los juegos matemáticos, bien escogidos, son una actividad llena de beneficios, también en etapas básicas del aprendizaje. El más obvio es que ya, desde pequeños, invitan a los niños y niñas a pensar. Además, nadie pierde con ellos: o se tiene la satisfacción de resolverlos, o se aprende al ver la respuesta y cómo se ha llegado hasta ella. ¡El niño siempre sale ganando!

Las reglas, estrategias y soluciones que pueden ser estudiadas y explicadas por medio de las matemáticas, ayudan a desarrollar actitudes positivas hacia otras formas de aprendizaje en otros contextos. Y, por supuesto, enseñan a los niños a ser persistentes y creativos para conseguir las metas que se hayan propuesto.

Cada juego tiene que ser mucho más que un simple cálculo mental. Cada actividad que propongamos debe ser un nuevo estímulo para el aprendizaje. Con esto conseguiremos convertir aburridos ejercicios en algo divertido, manteniendo al niño motivado, al tiempo que trabaja el razonamiento lógico y su capacidad de cálculo; mejorando a la vez su comprensión lectora, y aprendiendo a pensar, trabajando conceptos diferentes de una forma muy entretenida y, por tanto, motivadora. No cabe duda de que con una amplia variedad de juegos podemos llegar a conseguir que nuestros alumnos estén constantemente motivados, interesados y hasta entusiasmados con nuestras clases2.

Así, el juego nos permite enseñar matemáticas de una manera más útil, práctica, dinámica y atractiva, a la vez que ofrece al profesorado múltiples metodologías y recursos muy variados para mantener a los alumnos siempre motivados, para lograr que puedan iniciarse en el apasionante mundo de las matemáticas de un modo relajado y hasta entretenido.

IMPORTANCIA DE LA MOTIVACIÓN

Empezando “con buen pie”

El primer día que un niño va a la escuela en Alemania incluye un aliciente muy especial. Siguiendo una tradición de más de dos siglos de antigüedad, los niños que comienzan el primer curso de educación básica lo hacen llevando consigo el llamado schultüte (cucurucho escolar), que no es más que un cono de cartón convenientemente decorado y –lo que es más importante para ellos– lleno de todo tipo de chucherías y de material escolar. El momento suele ser inmortalizado por los padres y la foto pasa a formar parte del álbum familiar como la de cualquier otro gran acontecimiento. De este modo, el primer sábado después del inicio del curso se celebra la Einschulung, la fiesta de ingreso en el colegio, en la cual los alumnos que inician esta nueva etapa escolar alzarán orgullosos y felices sus cucuruchos ante los demás.

Esta tradición tiene sentido si pensamos que se trata del inicio de una etapa muy importante en la vida de los niños, ya que supone un cambio de edificio escolar y un gran salto en horarios y hábitos, que queda marcado para siempre con este regalo tan dulce.

Muchas veces son las primeras experiencias las que deciden el futuro. Como afirma Steve Hugues, neuropsiquiatra pediátrico:

“Cada experiencia grata te anima a seguir adelante, a continuar explorando una nueva versión de ti mismo, y después otra (…). Por esto es tan importante la guardería, el parvulario, la escuela, para estimular todas las habilidades del niño”.

Afirma igualmente:

“Si el niño va pasivamente al colegio, desmotivado, las cosas no le irán bien. Pero si conseguimos que el mismo niño se desafíe a sí mismo a hacer lo que le cuesta, iremos por el buen camino”.

Según Hughes, los educadores debemos alabar sus puntos fuertes y animarlos y estimularlos en sus debilidades, mediante juegos y ejercicios, ya que también debemos tener muy claro que nadie es brillante en todos los campos del aprendizaje.

Y es que, según argumenta el mismo autor:

“Deberíamos tener presente que solamente un tercio de los niños reúnen las capacidades idóneas para el entorno escolar convencional… Otro tercio se defenderá y logrará salir adelante, y el otro tercio lo va a tener mucho más complicado. ¡No los derrotemos! ¡No podemos prescindir de uno o de dos tercios de la humanidad!”.

MATEMÁTICAS AL ALCANCE DE TODOS

Seguro que no les descubro nada nuevo si les digo que la enseñanza de las matemáticas en muchas instituciones educativas de nivel medio y superior no acaba de ser lo que debería ser. Y no es por falta de voluntad de los docentes. ¿Qué profesor de instituto o incluso de universidad no se queja actualmente de que cada curso escolar los alumnos le llegan peor preparados, que no se enteran de la mitad de las cosas, que no prestan atención a las clases, etc.?

Es necesario que el niño, ya desde pequeño, pierda el miedo a las matemáticas y a todo lo que las rodea. Para ello, el empleo de juegos y actividades lúdicas de carácter matemático, ya desde la educación básica, es un recurso pedagógico que sin duda alguna puede facilitar que el niño se familiarice con los números, la lógica, el lenguaje, etc., en un entorno divertido o, como mínimo, un entorno que no se convierta en hostil para él, dando paso de este modo a sembrar unas capacidades y competencias lógico-matemáticas básicas que más adelante deberá dominar en estudios posteriores.

Sin estos cimientos básicos profundos, el estudiante está condenado, en cursos superiores, al fracaso (y a la frustración), mientras que con ellos será capaz de asimilar los nuevos conceptos que le expliquen más adelante, evitando así que no pueda progresar adecuadamente por falta de la preparación previa necesaria para comprender las nuevas explicaciones. Muchas veces, estos problemas de aprendizaje se deben a carencias de conocimientos que se arrastran desde años atrás.

Todos los profesores comparten esta gran preocupación: cómo mejorar las habilidades de sus alumnos para que éstos consigan procesar la información que les proporcionan y la apliquen para solucionar los problemas cotidianos de una manera reflexiva. Esto implica la necesidad de mejorar su nivel de abstracción, de elevar la calidad de su concentración en el momento en que estudian y de optimizar sus capacidades de atención y razonamiento.

Soy autor de más de 25 libros de juegos de todo tipo, muchos de los cuales podríamos calificar de “gimnasia mental”. La mayoría de ellos han ido dirigidos a alumnos de educación secundaria, aunque también he publicado obras dirigidas a bebés o, últimamente, a personas de la tercera edad. Quedaba un hueco muy importante que rellenar, la etapa de educación básica. Este es el vacío que pretende llenar este libro.

El material que presento es muy variado con el fin de que el alumno trabaje en multiplicidad de situaciones distintas. También está muy elaborado, pero eso no significa que los maestros no lo puedan reelaborar en aquellos casos que consideren oportuno, con el fin de adaptarlo mejor a sus alumnos, a sus capacidades, necesidades, intereses y diversidad, y a los fines que persiga con su utilización.

Todos estos juegos permiten múltiples variantes (reglas, tiempos, materiales, número de jugadores, etc.) lo cual no es sólo una simple posibilidad, sino que es una opción muy recomendable siempre. De esta forma, los niños y sus educadores descubrirán que, además de existir muchas formas de afrontar los juegos y de alcanzar soluciones, también existen otras muchas formas de crear nuevas situaciones para aprender y divertirse.

Mi experiencia propia

En el año 2015 recibí el Premio Sant Jordi “Matemáticas y Sociedad”, por la divulgación que llevo haciendo de las mismas en los medios de comunicación. El lector podría pensar que soy un genio de las matemáticas y que nací con una tabla de multiplicar bajo el brazo; pero no es así, ni mucho menos. De hecho, soy uno más, que posiblemente tenga más interés por los números que otras personas, pero si es así es gracias a un gran profesor que tuve en mi infancia y que me supo enseñar todos los secretos y los trucos de esta llamada "ciencia exacta" de una manera estimulante y atractiva.

En realidad, todo empezó de la peor forma posible. Mi primera toma de contacto con el mundo de los números fue un desastre total. Tras un par de años de parvulario, llegó el momento de pasar al colegio. Lógicamente no tuve ni un dulce cucurucho escolar, ni nada por el estilo. Más bien al contrario…

Mis padres me preinscribieron a mí y a mi hermano gemelo en el colegio en el que ya estudiaba mi hermano mayor, dos cursos por delante de nosotros. En aquella época, contar con un hermano en el colegio ya te abría virtualmente las puertas del mismo de par en par, y más si tu hermano contaba con una excelente reputación, como era el caso; el hecho de tener que realizar una prueba de ingreso podemos considerar que en estos casos era un mero trámite.

Pues ese mero trámite puso en evidencia que los dos gemelos, de matemáticas y de lenguaje, andaban demasiado escasos. Así pues, la Dirección del colegio opinó que nos daría una oportunidad si en el poco tiempo que faltaba para el inicio del curso éramos capaces de ponernos al día en estas materias tan fundamentales. Nuestros padres no montaron un drama y buscaron la mejor manera de que pudiéramos desplegar todos nuestros talentos. La solución pasó por un profesor particular, Don Vicente, quien era un gran pedagogo y un mejor docente. Él no sólo nos puso al día, sino que a lo largo de los años nos siguió dando una hora de clase particular a la semana hasta bien entrado el entonces BUP –lo que ahora sería primero de Bachillerato–; no sólo íbamos al día, sino que nos llevaba un poco por delante de las explicaciones de clase, lo que nos facilitaba el aprendizaje.

Además, aquel hombre era un saco lleno de trucos y estrategias nuevas para resolver todo tipo de problemas, ya fuesen de memorizar, de razonar, etc. Nos sabía motivar en cada ocasión y –en un ambiente relajado y sin presiones externas– logró que tuviéramos mucha autoconfianza, de manera que no teníamos miedo a los constantes retos que nos proponía, que eran muchos y diversos.

Así aprendí matemáticas, con ilusión, entusiasmo y alegría. Y si yo lo hice, ¿por qué no los demás? Esta es la meta que persigue este libro, ayudar a conseguir que los alumnos de educación básica puedan desarrollar sus capacidades y competencias en este ámbito de una manera estimulante y eficaz.

Los maestros debemos trabajar con el objetivo de que a los niños les brillen los ojos en clase, que aprendan mucho, que acepten nuevos retos, que hasta cuando tienen fiebre quieran ir a la escuela. Y esto no es una utopía; pero depende en gran parte de la actitud y del saber hacer de los educadores, incluyendo también a los padres. Entre todos tenemos la obligación de hacer unas matemáticas más divertidas, próximas a la realidad diaria y motivadoras de nuevos aprendizajes. Que no nos ocurra como en aquel chiste en el cual padre e hijo mantienen la siguiente conversación en torno a las tareas de matemáticas para casa, que está haciendo el niño bajo la mirada del padre:

P.- ¿Ves, hijo? ¡Las matemáticas no son tan malas!

H.- Papá, ¿algún día usaré esto en la vida real?

P.- ¡Por supuesto! ¡Algún día tendrás que ayudar a tu propio hijo a hacer su tarea de matemáticas!

Saber motivar, la clave

La semana pasada viajaba en el metro de Barcelona y, con dos días de diferencia, me topé con padres que iban con sus hijos camino de la escuela. En los dos casos los progenitores iban acompañados de una niña y un niño, la primera de unos 7 a 8 años, y el pequeño de unos 5 ó 6. El primer día vi cómo la madre les entregaba a sus hijos un libro con sopas de letras para amenizar el trayecto. Los niños jugaban juntos de diversas maneras: ahora una palabra yo y otra tú, ahora lo hacemos juntos, etc. mientras se ayudaban el uno al otro.

Dos días después, el panorama fue muy similar, pero en este caso la estrategia de la madre fue distinta: ella se puso a hacer sudokus, también de un librito, mientras los niños jugueteaban con un móvil o hablaban entre ellos, hasta que la mayor le pidió el libro de sudokus a su madre y, con total naturalidad, se puso a completar el que su madre tenía a medias. El niño no tardó ni un minuto en añadirse al juego matemático. La madre, con muy buen criterio, les dejó hacer y se puso a leer un libro.

A eso llamo yo niños motivados para el aprendizaje, por aprender cosas nuevas, por resolver nuevos retos, por autoafirmarse y poner sus conocimientos a prueba. Ojalá pudiéramos conseguir que todos fueran así, sería mucho más fácil nuestra tarea docente, ¿verdad?

El maestro también debe actuar como un agente estimulador, siendo la persona que ayuda a los niños para que den un paso más en su pensamiento; intentando que no se pongan límites, pero especialmente, escuchando lo que piensan y preguntándoles cosas insólitas y sorprendentes para que desarrollen su capacidad analítica. El maestro tiene que escuchar, y ayudar a los niños a pensar, sin ponerse límites. Los niños no sólo tienen que aprender conceptos, sino que también tienen que aprender a pensar. El aprendizaje dura toda la vida y hay que enseñar a los alumnos a pensar ya desde pequeños.

Como destaca Ian Gilbert3:

“Deberíamos plantear los problemas a los niños para que sean ellos los que busquen la solución y puedan desarrollar las seis características que definen a un buen emprendedor: positividad, valentía, confianza en uno mismo, determinación, creatividad y energía pura”.

La imaginación y la creatividad son habilidades básicas a la hora de resolver problemas. Y ¿quiénes son los campeones del mundo en imaginación y creatividad? ¡Los niños! Así pues, ayudémonos de estas dos habilidades suyas para desarrollar sus capacidades y competencias.

Sonríe, por favor

Estudios recientes demuestran que el estado emocional condiciona nuestro aprendizaje. Por esta razón, nuestros programas deben favorecer un ambiente de aprendizaje agradable y sereno, donde también haya lugar para el respeto mutuo y el reconocimiento de las emociones.

Como señala Ian Gilbert:

“Cuando en nuestras clases nos centramos abiertamente en crear un ambiente positivo para el aprendizaje, empezamos a establecer en los cerebros de los alumnos unas asociaciones entre el aprendizaje y el placer que les va a durar toda la vida”.

Los niños necesitan retos que los motiven y les permitan disfrutar del aprendizaje, porque existe una fuerte correlación entre el clima emocional reinante en el aula y el éxito de los alumnos. Sin obviar que cierto grado de estrés ayuda al alumno a mantenerse activo y puede ser bueno para su rendimiento –mejora la memoria y, bien orientado, puede ser motivador–; cuando aquél alcanza cotas altas o se vuelve crónico resulta muy perjudicial por lo que, en la práctica cotidiana, el aprendizaje requiere trabajar con emociones positivas.

Preguntados los alumnos sobre qué aspectos valoran más en un profesor, suele aparecer el sentido del humor. Cuántas veces hemos asistido –por no decir directamente ‘sufrido’– a las tradicionales clases magistrales en las que imperaba un ambiente frío y solemne en el que todo lo que se alejara del silencio sepulcral era interpretado como un acto hostil hacia el aprendizaje, e incluso hacia el mismo docente.

Pues bien, la neurociencia está demostrando que para optimizar la atención se requiere todo lo contrario; a saber, novedad, actividad y movimiento, es decir, los entornos aburridos dificultan el aprendizaje. Es muy importante generar climas emocionales positivos entre nuestros alumnos, cultivar la sonrisa y cierto grado de desenfado; ambas actitudes son contagiosas. Y, en definitiva, el contagio emocional es el precursor de la empatía.

Si al estar de buen humor somos más creativos, resolvemos mejor los problemas y tomamos decisiones más acertadas, ¿no será cuestión de buscar la manera de crear este buen clima en clase? En todo este proceso para generar un clima emocional positivo en el aula, el papel del profesor –el instrumento didáctico más potente– es trascendental. Un profesor que fomenta su amor por la enseñanza, que transmite entusiasmo, que utiliza un lenguaje positivo y respetuoso, y que es capaz de mirar con afecto a sus alumnos y de aceptarlos de forma incondicional, será una persona que constituya un referente válido para ellos porque será capaz de activar sus neuronas y de fomentar un aprendizaje por imitación adecuado, relajado y hasta entusiasta.

Ya se sabía que una emoción positiva ayuda a recordar aquello a lo que se asocia. Pero una de las conclusiones a las que ha llegado un estudio del IDIBELL (Institut de Investigació Biomèdica de Bellvitge) va un poco más allá, pues afirma que un profesor ameno condicionará positivamente el impacto de clases futuras de esa misma asignatura, aunque éstas sean aburridas.

¡Cuántos buenos profesores de educación básica han logrado que muchos alumnos suyos hayan querido dedicarse en el futuro a lo que ellos enseñaban, pues les han sabido transmitir su amor y entusiasmo por esa materia!

El ejemplo de Finlandia

Un estudio4 de larga duración realizado en Finlandia en 2014 ha demostrado que la empatía del maestro con el alumno de educación básica es clave para que esté motivado y desarrolle mejor todas sus capacidades, llegando a la conclusión de que esta empatía maestro-alumno puede llegar a ser mucho más importante que los materiales educativos empleados y el tamaño de las aulas.

Claramente, la relación maestro-alumno es fundamental para el desarrollo cognitivo y emocional de los niños. Seamos conscientes de que los maestros son un referente de vital importancia para sus alumnos, y obremos en consecuencia. Los maestros empáticos mejoran la motivación y las habilidades académicas de los niños, como la lectura, la escritura y las habilidades aritméticas. Un ambiente positivo creado por el profesor también salvaguarda y aumenta la motivación de los niños para el aprendizaje de acuerdo con estos estudios realizados conjuntamente por las Universidades de Finlandia Oriental, Jyväskylä y Turku, de este país puntero a nivel mundial en muchos temas educacionales.

Según explica Siekkinen, los primeros años de educación básica, es decir, de los 7 a los 10 años: “constituyen un período crítico durante el cual el niño tiene que tener una relación segura con su maestro”.

Ahora que tan preocupados estamos por el bullying escolar, pensemos que una actitud empática del maestro no sólo protege la imagen de los niños de sí mismos como estudiantes, sino también contra la exclusión social por parte de sus compañeros de clase. Señala el investigador:

“Es importante que aprendamos acerca de los mecanismos que inspiran a los niños a convertirse en miembros activos de su comunidad escolar, que les motivan para estudiar y establecer metas; en otras palabras, a creer en sus capacidades para lograr estos objetivos”.

ATENDER LA DIVERSIDAD: UN RETO

Hoy día, especialistas reconocidos en los campos de la psicología, la neurociencia y la pedagogía señalan la importancia crucial de la primera etapa de la vida en el aprendizaje presente y futuro. Gran parte de la clave del éxito de un alumno en la etapa de su formación postobligatoria radica en la Educación Infantil y Primaria.

Se suele pensar que sólo funciones cognitivas como la memoria, la comprensión o la atención corresponden al cerebro. Sin embargo, su protagonismo va mucho más lejos: en él residen los afectos, las emociones, las creencias y los impulsos. Por lo tanto, en el cerebro se fragua, de alguna forma, la identidad de cada uno. Es precisamente durante las primeras edades cuando tiene lugar la maduración neurológica del cerebro humano, órgano privilegiado que crece con su uso; el ordenador central del cuerpo en el que reside la potencialidad de todas las inteligencias y habilidades.

Los niños y niñas están deseosos de resolver problemas por sí mismos, de enfrentarse a situaciones nuevas, de buscar soluciones y ofrecerlas (algunas de ellas, incluso, resultan inesperadas para los adultos y no por ello necesariamente incorrectas). Aprender comporta, básicamente, superar obstáculos y mejorar a partir de los errores. Los niños de estas edades precisan de resultados, de éxitos. Y estos éxitos son motivadores y nacen del hecho de poner atención y esfuerzo en actividades unas veces sugeridas por los educadores y otras veces diseñadas por ellos mismos.

Como señala Catherine L’Ecuyer, “la sorpresa tiene un papel fundamental en el aprendizaje del niño”. Procuremos que cada clase sea una caja de sorpresa para ellos.

Nuestros alumnos difieren entre sí en diversos aspectos fundamentales para el aprendizaje: conocimientos previos, capacidades, estilos y estrategias de aprendizaje, interés, motivación, autoconfianza, emociones… También difieren, actualmente más que nunca, respecto a la lengua y la procedencia cultural y social. Es necesario enseñar para todos, y distanciarnos del modelo de “talla única”, sabiendo que cada niño es un mundo distinto y que requiere un tratamiento distinto e individualizado.

Importa saber cómo es cada niño, sus habilidades, capacidades y deficiencias, para proponer los juegos y las explicaciones a su nivel de conocimiento, resolver sus errores recurrentes o deficiencias cognitivas y descubrir sus éxitos. Ningún niño es igual que otro. Unos disponen de mucha memoria a corto plazo, otros se concentran con mucha facilidad, otros son capaces de retomar la tarea que estaban haciendo tras una pausa, otros pueden ignorar estímulos externos ajenos a la actividad que están realizando.

Por este motivo debemos enseñar las matemáticas de una manera lúdica, motivadora, diversa, dinámica y divertida basándonos en las inteligencias múltiples de Howard Gardner, según el cual existen ocho inteligencias5 distintas y cada persona desarrolla unas más que otras. Así damos la oportunidad a todos los alumnos de adquirir los diferentes conceptos que explicamos a partir de la inteligencia (o inteligencias) que más desarrollada tengan y que, por tanto, les permitirá interiorizar los nuevos conceptos de una manera más fácil y ágil, sin dejar de trabajar todas las otras inteligencias, por supuesto.