Intensas decisiones - Delfina Falzone - E-Book

Intensas decisiones E-Book

Delfina Falzone

0,0

Beschreibung

Lina es una chica solitaria, introvertida, estudiosa y amable, sin muchos amigos, de hecho, no tiene ni uno solo. Tuvo una infancia de ensueño, su adolescencia no tanto; sin embargo su padre le dio todo lo que pudo y más. Su madre... bueno, digamos que solo se encargó de darle la vida, el resto es historia. La vida de Lina dio un giro de 180° cuando tuvo que huir de su país natal, debido a que no solo corría peligro si se quedaba en ese lugar, sino que el mejor amigo de su padre, quien creían era la persona más leal del mundo, había intentado matarlo. Luca, en cambio, es el típico chico guapo, ese que no pasa desapercibido, a quien nadie se resiste, aquel al que nadie le dice que no. Popular, belleza inigualable y rico, inmensamente rico. Esconde un oscuro secreto, un secreto que parece pronto será revelado. ¿Será Lina capaz de descubrir qué es lo que esconde aquel muchacho? ¿Será Lina capaz de decidir sobre su futuro?

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern
Kindle™-E-Readern
(für ausgewählte Pakete)

Seitenzahl: 296

Veröffentlichungsjahr: 2021

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



Falzone, Delfina

Intensas decisiones / Delfina Falzone. - 1a ed - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Imprenta de libros, 2021.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga

ISBN 978-987-8910-17-8

1. Novelas. 2. Novelas Románticas. 3. Narrativa. I. Título.

CDD A863

Prólogo

Si me hubiesen dicho que mi vida iba a cambiar en un cien por ciento, y no de una forma muy convencional, jamás les hubiese creído.Luca ha llegado a mi vida para modificarla por completo y todavía me encuentro buscando la explicación.Si me hubiesen dicho que iba a abandonar mis sueños y mis metas por él, jamás hubiera empezado esto.

Capítulo 1

Comienza mi vida. Y digo que comienza porque es la verdad. Durante toda mi adolescencia tuve que lidiar no sólo con compañeros de escuela abusivos, sino también con padres que hicieron de mi vida un infierno.

Hoy por fin, después de tanto esperar, puedo decir que comienza mi vida.

Camino a la universidad voy observando el paisaje, algo nuevo para mi dado que me trasladé desde Italia hacia Nueva York, la cuidad de mis sueños.

Desde que tengo memoria quise vivir aquí, sé que suena raro, Nueva York no es de las ciudades más tranquilas de Estados Unidos, pero a mí me encanta y disfruto mucho la sensación que me provoca el venir a vivir a esta ciudad.

El caos del tráfico y las luces enceguecedoras hacen vibrar mi cuerpo.

Me llena de emoción tener la posibilidad de recorrer cuantas veces quiera esta ciudad tan hermosa y soñada para mí.

— Hemos llegado, son 30 dólares — La voz del taxista interrumpió mi estado de total alucinación. Procedí a entregarle el dinero, el poco que me quedaba teniendo en cuenta que había prácticamente escapado de mi antiguo hogar, sin llegar a pensar en que necesitaría más dinero del que poseía hasta encontrar un empleo —.

Bajé del taxi, tomé mis cosas y me encaminé hacia la residencia donde me hospedaría. Era de locos, personas de todas las edades y clases sociales caminaban, hablaban y hasta gritaban de la emoción de asistir a la universidad. Muchos de los que consideraba, entrarían por primera vez al campus, estaban acompañados por sus padres. Eso es algo que no podía permitirme, mi madre nunca se había interesado en mis cosas, y mi padre, el único ser en la faz de la tierra que creía y parecía comprenderme, había tenido que desaparecer por inconvenientes con su trabajo. Y por inconvenientes me refiero a que tuvo que escapar porque su mejor amigo, o eso pensábamos que era, lo traicionó e intentó matarlo. Larga historia que seguramente contaré luego, la verdad es que ahora no me apetece hacer viajar a mi mente por esos recuerdos oscuros.

No traía conmigo muchas cosas, por lo que no me resultó muy difícil cargarlas hasta mi habitación.

Cuando llegue note que la puerta estaba entreabierta por lo que supuse que ya había llegado mi compañera.

— Hola, mi nombre es Charlie, supongo que a partir de este instante compartiremos habitación. No es que me entusiasme muchísimo la idea de compartir habitación con una desconocida pero qué más da — Me sorprendió su arrebato y su forma tan instantánea de presentarse, pero lo dejé pasar —.

— Soy Lina — Y le sonreí de una forma un poco extraña, no sé porque, pero me miro como con desconcierto. No me gustaba dar mi apellido, aquello sería un suicidio instantáneo dado que el nombre completo de mi padre estaba por todos lados —.

— Bien, Lina...— Me miró pensativa — Me tome la atribución de elegir mi cama, así que la tuya será la de la izquierda, si lo miras de forma positiva te toca el armario más grande, aunque observando las pocas cosas que traes, creo que no te hará falta — Y era verdad, la habitación no estaba mal, era espaciosa, paredes de ladrillo oscuro, contaba con dos armarios bastante cómodos y las camas... Bueno, las camas eran lo que todos imaginamos que pueden llegar a ser unas camas de campus, incomodas y posiblemente llenas de sustancias extrañas provenientes de cuerpos ajenos, totalmente asqueroso —.

— Tu acomoda tus cosas que yo me voy a dar una vuelta por ahí, quizás sea mi día de suerte y encuentre un bombonazo que quiera acompañarme el resto del semestre — Me reí de su ocurrencia y procedí a acomodarme —.

No era una persona que hablara mucho, de hecho, casi no emitía sonido alguno. No estaba acostumbrada a eso, casi toda mi vida me la pasé encerrada en mi habitación leyendo libros, mirando películas o simplemente haciendo nada. La gente de mi escuela siempre me trato mal, siempre fueron abusivos conmigo. O bueno, no siempre. Susan, la maldita bruja, esa persona que se encarga de hacerte de la vida lo más imposible que se puede, se enteró de que trabajaba mi padre, que era lo que hacía y de donde sacábamos todo el dinero que teníamos y no dudo ni un solo segundo en divulgarlo por toda la escuela. Ya pueden imaginarse cómo reaccionó el resto... Fue horrible para mi tener que pasar toda la secundaria sola, sin nadie que quiera acercarse a mí. No es que el trabajo de mi padre hubiese estado confirmado al cien por ciento, era más bien una especie de rumor que corría por los pasillos. Ahora supongo que estarían todos felices al escuchar que esos rumores eran puramente verdaderos, y odiaba eso, créanme que lo odiaba con todos y cada uno de mis poros.

Terminé de ordenar y acomodar mis cosas, y me tomé el tiempo de observar por la ventana la parte del campus que se mostraba. Me pareció de lo más tranquilo, había chicos tendidos en el césped leyendo, otros charlando y riendo, unos cuantos caminando, otros que todavía seguían ingresando y buscando su residencia. Estaba lleno de árboles y plantas, me transmitió paz, sentí que iba a ser un buen lugar para despejar mi mente. Siempre me habían gustado los parques, de hecho, en mi antigua casa teníamos uno enorme, papá lo había hecho así porque de niña se lo pedí, siempre me daba todo lo que le pedía.

Un golpe en la puerta me sacó de mis pensamientos y me giré para ver qué pasaba.

— No vuelvas a meterte donde no eres bienvenido, ¿me oyes? — Una chica gritaba a alguien que no puede llegar a observar con detenimiento dado que había salido corriendo —.

— ¿Y tú que me ves? —Ahora dirigiéndose a mí.

— Nada, disculpa, es que oí un golpe en mi puerta y me asusté — De verdad no quería que la gente de este lugar empezase a odiarme desde un principio. Pero de repente empezó a acercarse y temí que vaya a hacerme algo, de verdad parecía muy cabreada —.

— Perdona, el capullo al que le estaba gritando hacía no menos de un segundo es mi exnovio acosador, de verdad que ya no puedo soportarlo.

— Descuida, no hay problema, soy Lina — Si quería empezar bien, pues debería empezar a hacerme de amigos —.

— Soy Britt, ¿Eres recién llegada? — Y noté que se formó una pequeña sonrisa en su rostro.

— Pues sí, acabo de llegar, formaré parte del edificio de Leyes — Desde pequeña soñaba con ser abogada, la mejor abogada de todo Estados Unidos o de cualquier país en el que pudiera ejercer mi profesión. Lo sé, sueno patética —.

— Pero mira nada más...— Me sonrió completamente, ¿emocionada? No lo sé — Seremos compañeras de clases, yo también estudio leyes.

— Bueno pues, no me viene nada mal tener una nueva compañera.

— Ya verás como nos llevamos de bien. Debo irme, luego nos vemos — Y se fue, no me sentí mal, es más, me sentí muy a gusto, creo que este lugar iba a hacer conmigo una mejor persona, o eso esperaba —.

El día transcurrió sin más, tranquilo. Coordiné mis horarios y fui a buscar algo para comer. El buffet era enorme, con mesas gigantes colmadas de estudiantes. Las paredes estaban llenas de carteles deportivos. Me sorprendió la cantidad de grupos de amigos que había en ese lugar.

Cuando logré encontrar un lugar tranquilo para comer, donde por cierto tenía una vista casi panorámica del lugar, algo logró captar mi atención.

La chica con la que había hablado hacía un rato, Britt, estaba sentada junto a un grupo de 10 personas, riendo, gritando y hasta bromeando unos con otros. Me pareció de los más divertido, pero no quise acercarme. Luego de 5 minutos apareció un chico, uno de esos que logran captar tu interés en segundos, esos que parecen sombríos y que ocultan demasiados secretos como para ser contados en sólo una noche.

Me resultó familiar su cara, como si lo conociera de algún lugar, pero no lo sé a ciencia cierta la verdad.

Decidí dejarlo correr y procedí a comer mi cena, que por cierto me sorprendió que estuviera tan buena.

Al cabo de media hora, si lo sé, como muy despacio, dejé la bandeja de comida en su respectivo lugar y me encaminé hacia mi habitación.

Para llegar a mi residencia debía caminar por un sendero no muy largo. No había mucha gente al rededor, de hecho, casi nadie, lo que me sorprendió bastante teniendo en cuenta la hora.

Estaba casi por entrar al lobby de la residencia cuando un chico muy simpático y atractivo me interceptó.

— ¿Te vienes? — Dijo casi eufórico.

— ¿A dónde? — Sonreí ante su estado de ansiedad, pero no ansiedad de la mala, sino más bien de esa que sentimos cuando estamos emocionados por algo y queremos que se cumpla en ese inmediato momento.

— ¡Chica! A la celebración de los novatos — Lo miré con el cejo fruncido, no entendía de que hablaba —. Madre mía — Dijo revoleando los ojos, lo que me hizo algo de gracia —, deja, ven y te lo explico en el camino - Acto seguido cogió mi mano y me llevó hasta donde se suponía era la tan famosa celebración —.

En el camino me fue contando sobre lo que se hacía esa noche. Nos presentamos y la verdad es que me cayó super bien. Su nombre era Noah e iba en segundo año de leyes, increíble pero cierto. Me contó que tenía novio hacía más de cuatro años y que cada semana acordaban para verse en el Central Park, ambos estudiaban en Nueva York.

Noah se percató de que mi inglés no era el mejor y me preguntó de dónde venía. Le conté a grandes rasgos quien era, pero sin dar muchos detalles, los detalles me los guardaba para mí.

Llegamos a lo que era una especie de anfiteatro abandonado, estaba colmado de estudiantes de todas las edades, parecía divertido. La verdad es que no me apetecía para nada estar en este lugar pero que más daba, era una nueva Lina, debía hacer cosas que nunca había hecho si quería empezar con el pie derecho.

Capítulo 2

— ¡Necesito la atención de todos los presentes! — Gritó por un megáfono una chica que hasta ahora desconocía — Vamos a dar comienzo a la celebración de los novatos — La muchedumbre comenzó a gritar, saltar, lanzar puños al aire, en fin, estaban felices por aquello.

— Te lo vas a pasar de puta madre — Dijo Noah en mi oído, trate de contestarle con la mejor sonrisa forzada del universo, pero su expresión solo me demostró que había logrado hacer una mueca extraña —.

Comenzó la música y en seguida todos los presentes comenzaron a bailar animados. Obviamente con la música también comenzó a correr el alcohol por las manos de todos los estudiantes.

Noah me tendió una vaso rojo, lleno de no sé qué.

— ¡Cariño! Bebé esto, te ayudará a sacarte la timidez — Dijo por encima de la música —.

— Es que yo no bebo — Le contesté con cara de circunstancia—.

— ¡Anda ya, Lina! — Revoleaba más los ojos de lo que hablaba. Reí como respuesta y acepté el vaso.

— Sólo tomaré uno y me marcho, estoy agotada — Sonreí y automáticamente su actitud cambio de fastidio a felicidad. Saber que se encontraba fastidiado me daba pena, pero no por él, si no por mí. No hacía ni media hora nos habíamos conocido que ya se sentía fastidiado. Eso era lo que causaba en las personas, fastidio. Seguramente por eso estaba tan sola —.

Saqué esos pensamientos de mi mente y me dispuse a pasarlo bien. No me iba a quedar mucho tiempo, así que el poco tiempo que pasara en esa maldita celebración quería que fuera agradable.

Bebimos más de tres o cuatro copas, no lo recuerdo. Estaba agotada y quería marcharme, pero algo logró captar mi atención.

El mismo chico de la cafetería había llegado y todo mundo comenzó a saludarlo, como si fuera una especie de celebridad o algo parecido.

Fue como si todo se detuviera por un instante, mis sentidos solo me permitieron centrarme en aquel hombre y en nadie más.

Creo que se dio cuenta que me había quedado como una tonta observándolo porque me dedico una mirada rápida pero intensa.

Me recordaba a alguien, debía averiguar quién era.

El comienzo de clases estuvo bien, resulta que comparto más clases con Britt de las que me hubiese imaginado. Es una chica muy agradable, con la que se puede conversar de cualquier cosa. Pero la realidad es que no le va tan bien en sus estudios así que me ofrecí para ayudarla y acepto encantada.

En cuanto a mi compañera de cuarto, la verdad es que no tuve mucho tiempo con ella, sale de fiesta más de la cuenta y casi nunca duerme en su cama. No es algo que me moleste, pero al final siento que quizás no estamos destinadas a formar una amistad.

La semana transcurrió más rápido de lo normal y me dispuse a buscar un trabajo; los libros y mi comida no iban a pagarse solos. Habíamos discutido sobre este tema con mi padre, estuvo insistiendo con que él podía darme la cantidad de dinero que necesitara, siempre que lo necesitara, pero me negué, no quería estar más involucrada de lo que ya estaba con él.

Sentía una sensación rara, pero la realidad es que prefería mantener las cosas al margen y que los demás no se alertaran de nada. Lo último que necesitaba en este momento era llamar la atención de las personas en este lugar. Puse los ojos en blanco ante la idea.

Era una tarde hermosa, voy a clases por la mañana, así que tengo toda la tarde disponible para hacer cualquier cosa, ya sea estudiar, leer o simplemente echarme en mi cama a pensar sobre la vida misma.

Salí del campus con la idea de encontrar esa misma tarde un trabajo que me permita no solo estudiar sino también ganar el suficiente dinero para poder mantenerme.

Britt me comentó que había un bar a no más de dos calles del campus, donde siempre necesitaban empleadas. No lo dude y fui hasta allí.

Como era de esperarse el lugar estaba a reventar de estudiantes y profesores, lo que me llamó la atención dado que eran las tres de la tarde.

— Hola, me gustaría hablar con el encargado, si es posible — Salude a una mujer de no más de 30 años que se encontraba haciendo cuentas del otro lado de la barra —.

— Estas de suerte, soy yo, me llamo Teresa, ¿En qué puedo ayudarte? — Era morena, con unos ojos verdes tan hermosos que enamoraría a cualquier hombre que quisiera, parecía exhausta pero seguía siendo muy guapa.

— He oído que necesitan empleada y estoy buscando un empleo — Le conteste animada —.

— ¡Ay, cariño! Nos has caído del cielo, ya puedes ver la cantidad de personas que debemos atender y el poco personal que tenemos, ¿puedes empezar hoy mismo? — Nunca imaginé que conseguir empleo sería tan fácil.

— Claro, no hay problema.

— No he oído tu nombre, cielo — Diablos, ¿por qué es tan necesario presentarse con cada persona que uno va conociendo por la vida? —.

— Lina, encantada — Medio forcé una sonrisa y le tendí la mano como signo de cordialidad, si es que podía llamarse así —.

— Perfecto, puedes pasar por la cocina y cambiarte en los vestidores, si consigues a alguien desocupado puedes preguntar y que te indiquen donde es — No me dio más importancia y volvió a la tarea que la tenía tan sumergida en preocupación —.

Pasé por la puerta de la cocina pero lamentablemente todo el mundo allí estaba ocupadísimo, así que tuve que arreglármelas sola.

El bar era bastante pequeño considerando la cantidad de personas que se encontraban en el lugar, pero era un ambiente agradable. Las luces eran tenues, el ambiente era adornado por música tranquila, que te permitía hacer cualquier cosa, desde hablar hasta estudiar a gusto. Las paredes estaban decoradas con pósteres de películas, películas de todas las épocas. Era bonito.

Cuando por fin encontré el vestidor, me dispuse a cambiarme y empezar con la labor.

Jazmine, una de las empleadas del lugar, me explico que tenía que hacer, que era básicamente tomar pedidos, recordarlos y llevarlos a la mesa cuando estuvieran listos. Tarea simple. Podría hacerlo.

Mi turno terminó a eso de las nueve p.m., estaba agotada. Trabajaría todos los días, exceptuando fines de semana, de cuatro de la tarde a nueve de la noche. No parecía tanto tiempo, pero era realmente agotador.

Volví a cambiarme de atuendo para poder irme a mi residencia. Me encontraba saludando a los que, de ahora en más, serían mis compañeros de trabajo, cuando volví a ver al mismo chico que había captado mi atención el primer día que llegué a la universidad.

Esta vez estaba más cerca, por lo que pude contemplarlo de mejor forma. Era alto, aproximadamente uno noventa, con brazos bien contorneados y supongo que su abdomen debería estar igual, su cabello estaba bien cortado hacia los costados y tenía un poco más de pelo por la parte de arriba, lo que hacía que pareciera un poco alborotado, algo que sin dudas me encantaba en los hombres. Creo que tenía algunas pocas pecas en su cara, lo que lo hacía parecer un poco más aniñado; era realmente bello.

— ¡Luca!, tío — Observé como un grupo de chicos lo llamaba. Hizo señas como que iría en un momento y me miró; no sé qué hice para llamar su atención, o porque estaba mirándome...

Empezó a acercarse hacia mi dirección, sonriéndome; ¿por qué de repente estaba haciendo eso? Ni siquiera lo conocía.

— Hola, hermosa — Me quede descolocada. Iba a responderle y detrás de mi salió una rubia, esas que salen en el catálogo de Victoria’s Secret, y lo saludó con un beso un poco fuera de lugar—.

No sé si fue por mi cara de decepción -por no haber sido yo a quien salude aquel muchacho- o por la cara de disgusto que puse ante aquel beso, lo que provocó que ambos dos, señorita barbie perfección y señor <<en tus sueños solamente podré hablarte>>, me miraran como si les hubiese contado un chiste de mal gusto -.

— ¿Y tú que miras? — Me espetó la barbie caminante.

— ¿Perdona?

— Te veo, observándonos, a mí y a mi novio, como si quisieras algo de nosotros, ¿Qué quieres? — Siguió inquiriendo, con aires de diva, ¿Quién se creía?

— ¡Oh, discúlpame! — Mi contestación fue cargada de ironía-, no sabía que no podía mirar lo que me rodeaba — A mí nadie me habla de esa manera. Si algo había aprendido de mi padre era a no dejarme pisotear —.

Siguió mirándome como si quisiera asesinarme, pero no le di más importancia de la que merecía. A su novio pareció hacerle gracia mi forma de contestarle puesto que dirigió una sonrisa cómplice en mi dirección.

Sentí una leve sensación de triunfo, la Lina que quedó en Italia jamás hubiese hecho eso. Quizás poner en práctica los consejos que un día recibí podrían ayudarme a hacerme un lugar en esta sociedad de mierda.

Salí del local con una sensación de triunfo mezclada con algo más que no podía determinar que era.

Coloqué mis audífonos en mis respectivas orejas y emprendí el camino de vuelta.

Tenía que caminar unos cuantos minutos hasta la residencia así que aproveche ese mínimo rato para despejar mi mente.

Le di al botón de play en mi iPod y comenzó a sonar <<Secrets>> de Regard, una de mis canciones favoritas del momento.

Respiré y exhalé lo más profundo que pude, obviamente para sacarme las vibras extrañas que había sentido en el instante en el que se me acercó el tal Luca y emprendí mi vuelta.

No era ni muy temprano ni muy tarde, supuse que el buffet del campus ya estaría por cerrar dado que la cena comenzaba a las siete de la tarde. Me resultaban extraños los horarios en esta ciudad, en Italia acostumbramos a cenar mucho más tarde, pero qué más da, no tenía otra opción, o cenaba a esa hora o no cenaba, y créanme prefería hacerlo más temprano que nunca.

El clima estaba bien, pronto comenzaría el invierno, algo que sin dudas amaba con todo mi ser.

Una ráfaga de viento hizo que de repente no me sintiera tan segura caminando sola por allí. Llámenme paranoica si quieren, pero sentí a alguien detrás mío, siguiéndome desde muy muy cerca.

No quise darme vuelta por si las dudas, aceleré el paso todo lo que pude, pero sin llamar la atención, quizás solo eran mis pensamientos y no pasaba nada.

Cuando entré al lobby de la residencia me sentí más segura. Me atreví a mirar hacia atrás solo para comprobar que en realidad era mi imaginación y nadie me estaba siguiendo, pero entonces vi la sombra de una persona escabullirse entre los árboles del campus, y debo admitir que mi respiración se entrecortó un poco y mi corazón comenzó a latir un poco más rápido de lo normal.

Me convencí a mí misma que era mi imaginación, porque vamos, aquí estaba a salvo, nadie podía ubicarme, nadie sabía dónde estaba, nadie podía hacerme daño.

La puerta de la habitación donde habitaba estaba cerrada con llave, por lo que suponía estarían pasando dos cosas, la primera era que Charlie se había marchado, como siempre, y la segunda era que la mismísima Charlie estuviera dentro con cualquier chico que se hubiese cruzado en su camino. Crucé los dedos para que la primera opción sea la acertada.

— ¡Mierda, Lina! — Gritó Charlie que inmediatamente se tapó con lo primero que encontró. Me puse roja de la vergüenza al segundo de verla en aquella situación. Maldije entre dientes.

— ¡Lo siento tanto! — Contesté sumamente avergonzada. Mordí mi labio y le dediqué una expresión de lamento mezclada con complicidad.

— ¡Vete de una vez! — Dijo Charlie enfadada. Me sentí mal por un segundo, pero ¡vamos!, esa también era mi habitación, tenía derecho a aparecer y desaparecer cuando quisiera. Cerré la puerta algo enojada y recordé que Brittany tenía espacio disponible en su cuarto, así que rogué a todos los dioses del universo que estuviera allí en ese preciso momento, de lo contrario debía dormir en el pasillo, y no me apetecía ni un poco.

Toqué suavemente rezando para que me abriera, pero no obtuve respuesta alguna.

Insistí un poco y nada que aparecía.

— ¿Qué haces aquí? — Dijo detrás de mí la que sería mi salvadora de por vida. Llevaba puesta una bata de baño y traía consigo su bolsito de necesidades básicas.

— Necesito pedirte un favor — Le contesté o más o menos supliqué.

— ¿Recién nos conocemos y ya estas pidiendo favores? — Ladeó la cabeza hacia un costado analizándome y sonriendo un poco también — ¿Qué necesitas?

— Charlie me ha dejado afuera, ¿me dejas dormir contigo esta noche? — Puse mis ojos de consternación, sabía que era un arma infalible.

— Sabía que esa tía era una estúpida — Contestó revoleando los ojos —, venga entra — Pasó por mi lado, no sin antes cogerme de la mano para que la siguiera. Sonreí a modo de respuesta e hice lo que me dijo —.

Capítulo 3

Es sábado por la tarde y como siempre no tengo ningún plan. Había terminado mis deberes hacía un rato ya y me encontraba sola en el cuarto; Charlie jamás estaba. Después del inconveniente del otro día no volvió a aparecer.

Estaba sumida en un libro cuando oí que tocaban la puerta. A veces me fastidia un poco cuando interrumpen mi lectura, pero qué más da. Me acerqué a la puerta y la abrí de un tirón, algo molesta.

— Tengo una gran noticia para las dos — Britt entró con un montón de bolsas que parecían contener ropa y maquillaje en su interior —. Iremos a la fiesta de bienvenida que celebra el departamento de Leyes, será una completa locura.

— Britt, sabes que no me van las fiestas — Me encogí de hombros, quitándole importancia. Había estado toda la semana insistiéndome para que la acompañase a aquella fiesta, y como era de esperarse, me negué en cada oportunidad —. Por cierto, ¿Qué traes en esa montaña de bolsas?

— Sabía que ibas a volver a negarte a acompañarme, así que básicamente traje todo esto — y señaló nuevamente la pila de bolsas que había tirado en mi cama — para que no te quede de otra y me tengas que acompañar.

— ¿Es una especie de secuestro? — y las dos nos echamos a reír —, te acompañaré, pero con una condición.

— Sin condiciones tía, no te vendrá mal conocer gente nueva, quien te dice, puedes conocer al próximo amor de tu vida — Y se acercó a mí simulando que iba a darme un beso, la aparte y juntas nos volvimos a reír. Britt era de lo más agradable, me gustaba pasar tiempo con ella, de hecho, toda esta primera semana había sido muy cordial al presentarme con su grupo de amigos, también me llevo a recorrer el campus —.

— ¡Bieeeeeeen!, está bien, pero si la fiesta está muy mala, ¡me largo! — Puse los ojos en blanco y me dispuse a buscar entre las tantas cosas que Brittany había puesto sobre mi cama. Por el rabillo del ojo note que tenía una sonrisa triunfadora. La odiaba, pero esta la única persona en la faz de la tierra capaz de sacarme de mi habitación un sábado por la noche. Sacudí mi cabeza y sonreí para mis adentros.

Dos horas después ya estábamos completamente listas. Había optado por ponerme unos shorts de jean, una camiseta blanca y un blazer color negro, agregué algunos accesorios a mi outfit, me puse un cinturón de lo más precioso, collar largo con algunos dijes discretos, me puse unos tacones también discretos, de color negro; esa noche no quería llamar tanto la atención.

Britt en cambio había optado por un vestido de lentejuelas, unos tacones altísimos, de hecho, la hacían aún más alta y esbelta de lo que ya era; a diferencia de mí, ella si quería que la notaran. Había roto con su novio hacía menos de una semana, lo llevaba bastante bien, pero ella quería que la viera. Nos habíamos enterado de que su ex iba a asistir a aquella fiesta, así que Britt no dudo ni un segundo en ir también. Esa noche iba a ser una especie de <<mírame, ya te he superado, no te necesito, ¡cabrón!>>.

La razón por la cual rompieron fue porque Alex, se acostaba con la compañera de cuarto de Britt, a la que apodamos como <<la innombrable>>. Me hacía especial gracia porque cada vez que hablábamos del tema, Britt se ponía histérica.

Ambas nos hicimos un maquillaje de lo más precioso, pero sin cargarnos demasiado. Brittany dejó su pelo negro, perfectamente liso, suelto. Yo opte por recogerme el pelo en un moño desordenado pero perfecto para la ocasión.

Nos hicimos una foto, a mi ahora nueva amiga le gustaban las fotos, así que no me negué. No me hacía mucha ilusión aparecer en las redes sociales de nadie, más aun conociendo mi situación.

— Lina apúrate, se nos hace tarde — Estaba terminando de acomodar el desastre que habíamos montado en mi cuarto —. No quiero llegar a la fiesta y que el cabrón de Alex ya esté revolcándose con otra — Me informó un poco ¿alterada?, sí, definitivamente alterada —.

— Ya, vámonos.

Brittany tenía carro así que no tardamos más de 20 minutos en llegar a la fiesta.

En el camino fuimos charlando sobre trivialidades, conociéndonos un poco más y cantando alguna que otra canción que sonaba en la radio.

— Tía, hay alguien... — comenzó a decir y le lancé una mirada de advertencia — ¿qué? No me mires así.

— ¿Alguien qué, Brittany?

— Alguien interesado en ti, Lina... Su nombre es Luca — Luca, ¿Luca? ¿Sería el mismo de la cafetería y el bar? —, y parece estar muy al pendiente de lo que haces, de verdad.

— ¿Y que se supone que tengo que hacer con eso? — Lo que menos quiero en estos momentos es involucrarme con alguien, que además de todo, tiene novia.

— Buenos, pues, puedes hablarle como la persona normal que eres, ¿no?

— No lo sé, tía, me lo pensaré — Me reí porque Britt puso los ojos en blanco, claramente fastidiada —.

Nos bajamos del auto y comenzamos a caminar en dirección a la fiesta. Cuando estábamos llegando pudimos identificar enseguida el lugar porque no solo la música estaba a tope, sino porque había demasiada gente yendo en esa dirección.

Entramos y enseguida empezaron a saludar a Brittany, y bueno, a mí también claro. Quizás ser amiga de una persona reconocida como lo era ella, tendría ciertas ventajas.

Bien adentrada la fiesta me fui a un lugar un poco más tranquilo del que me encontraba puesto que por alguna razón comencé a sentirme un poco sofocada. Había realmente mucha gente en esa casa, creo que no estaba acostumbrada a tanta acumulación de personas en un mismo sitio. La última vez que había estado en una situación parecida fue cuando estuve en el concierto de Justin Bieber, y créanme, eso fue hace mucho tiempo.

Me tope con un pequeño jardín en el cual no había muchas personas, de hecho, ninguna, a excepción de una pajera que no paraba de meterse la lengua mutuamente, que asco.

Las demostraciones de amor en público nunca me agradaron, creo que es mejor dejar algo para la intimidad. Negué con la cabeza ante mis pensamientos.

— ¿Te gustaría tomar algo Li? — Pregunto Jeff, sacándome del trance de mis pensamientos. Era uno de los amigos más <<íntimos>> de Brittany. Era un muchacho guapo, alto, el pelo un poco largo, era rubio, casi albino, con los ojos grandes y azules, y tenía algo de barba.

— Pues sí, la verdad — Le contesté con una sonrisa; no tomaba mucho alcohol, de hecho, casi nada, pero me daría el gusto esta noche —.

— Al parecer Britt ya encontró algo que hacer — Señaló en dirección a ella, que estaba bailando y restregándose vaya a saber con quién, mientras su exnovio los observaba a ambos, con cara de pocos amigos. Era gracioso, hacía menos de 10 minutos estaba llorisqueando porque pensaba que no iba a poder logar su propósito, pero al parecer pudo hacerlo más rápido de lo que canta un maldito gallo —.

— ¿Qué hay de ti? Cuéntame algo, al parecer nadie sabe nada sobre tu vida — Ahí estaba esa maldita pregunta. Déjame decirte, amigo Jeff, que no quieres saber absolutamente nada sobre mí —.

— Que te puedo decir... no soy interesante, de hecho, todo lo que me rodea es aburrido — Y ahí va otra vez la misma mentira que le he dicho a todo aquel que me conoce—. Me limito a leer libros, estudiar y trabajar para poder sobrevivir. Como te dije, no hay nada interesante en mí.

— Parece que ocultas más de lo que podríamos llegar a conocer — Espera ¿qué? Seguro lo mire tan mal que no le quedo otra opción que disimular lo serio de su contestación con una risa muy forzada. Iba a contestarle, pero Luca hizo acto de presencia —.

— ¿Qué hay tío? — Saludó a Jeff, pasando de mi olímpicamente. Ambos se dieron un abrazo y se sumieron en una conversación que poco escuché porque enseguida me fui a otro lugar lejos de aquellos dos.

Sentí su mirada en mi nuca, pero no quise darle importancia, al fin y al cabo, era un completo desconocido para mí, no me interesaba en lo más mínimo.

Habrían pasado ¿tres horas?, desde que habíamos llegado y Britt ya había desaparecido. No estaba tan entretenida como para quedarme sola allí, así que decidí que me iría por mis propios medios. El problema radicaba en cómo iba a volver si no tenía coche. Definitivamente debía ahorrar dinero y comprarme uno, no podía tener esta clase de problemas.

Estaba contemplando mis posibilidades cuando Luca apareció detrás de mí.

— Creo que no hemos tenido el placer de presentarnos.

— Si no quieres tener problemas con tu novia, te recomiendo que las cosas sigan así. Paso de problemas de parejas ajenos — Le lancé sin más. No sé porque estaba actuando de esa forma, si por el hecho de que su novia había estado hablándome del carajo, o porque Britt había comentado que este tipo estaba <<interesado>> en mí —.

— Que suerte que no sea mi caso. Luca, un placer conocerte...

— Lina, me llamo Lina — Le contesté, un poco cortada, pero claro que eso el ya lo sabía. Simplemente estaba en plan <<fingiré que no sé quién eres solo para parecer más imbécil de lo que realmente soy>> —.

— Me recuerdas a alguien que conocí en el pasado, una tontería — Dijo alzando los hombros, quitándole importancia; y automáticamente a mí me transmitió lo mismo, como si lo conociera de algún lugar que no podía recordar con exactitud. Creo que me quede en silencio un buen rato porque volvió a hablar —.

— ¿Necesitas ir a algún lugar? — Preguntó despreocupado.

— La verdad es que sí, he venido aquí con Brittany y ha desaparecido, necesito volver a mi residencia.

— ¿No te van mucho las fiestas, no es así? — Preguntó riendo por lo bajo; pero ¿acaso esto era un interrogatorio? Maldita sea.

— No creo que sea de tu incumbencia, y a menos que quieras llevarme tú, a donde quiero ir, es mejor que te apartes — Le espeté algo furiosa, ya estaba poniéndome de mal humor, y eso era algo muy difícil de hacer —.

— Tranquila, si quieres que te de una noche entera de sexo, sólo debes comunicarlo así sin más, no debes darle tantas vueltas al asunto — Me contestó mofándose y riendo. Me estaba sacando de las casillas, menudo idiota —.

— ¿Y eso que tiene que ver con lo que te acabo de decir? — Lo miré algo asqueada, no entendía a que quería llegar con eso.

— Bueno, solo basta con mirarte las pintas para saber qué es lo que buscas, ¿por qué otra razón me pedirías que te lleve a algún lugar? Además, yo no hago favores gratis.

— Vete a la mierda, Luca — Y me eche a andar, no sabía hacia donde porque todavía no me ubicaba del todo bien, pero prefería irme a quedarme con ese imbécil —.

Después de caminar alrededor de cinco calles empecé a sentir el ruido de una moto muy cerca de mí. Me estaba asustando, pero preferí notarme firme, sea lo que fuere si tenía que luchar, lo haría.

— Venga, sube, que a pesar de que recién me conoces y me mandaste a la mierda, te llevaré — Luca otra vez. Supongo que lance todo el aire que venía conteniendo porque se echó a reír—.

— Que conste que me subo sólo porque no sé a dónde carajos estoy yendo — Soltó una carcajada, tiró el cigarrillo que estaba fumando al piso y me tendió el casco; me ayudó a subir y arrancó —.