Judíos y cristianos - Joseph Ratzinger - E-Book

Judíos y cristianos E-Book

Joseph Ratzinger

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Beschreibung

Los protagonistas de este libro son un pontífice anciano cuyas palabras resuenan como un eco de un mundo lejano y un joven rabino que vive en la Viena cada vez más secular y dispersiva del siglo XXI. Primero se "encuentran" intelectualmente, luego se cartean y finalmente se conocen en persona. Los textos recogidos aquí tienen su origen en el 50 aniversario de la declaración Nostra aetate, un documento que supuso un viraje decisivo en las relaciones entre cristianos y judíos además de un importante cambio de mentalidad en los católicos y, en consecuencia, en la sociedad occidental. Esta apasionante sucesión de escritos, comentarios a los mismos, declaraciones públicas y reflexiones del papa emérito y su joven interlocutor, ¿acaso pueden despertar todavía interés para desterrar los prejuicios seculares y los antiguos rencores en la actual babel de la conexión permanente?

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Benedicto XVI

en diálogo con el rabino Arie Folger

Judíos y cristianos

Edición de Elio Guerriero

Traducción de Fernando Montesinos

Título en idioma original: Ebrei e Cristiani

© 2019 Edizioni San Paolo s.r.l. Piazza Soncino 5 - 20092 Cinisello Balsamo (Milano) - ITALIA www.edizionisanpaolo.it

© Ediciones Encuentro S.A., Madrid 2019

© Traducción de Fernando Montesinos Pons

Queda prohibida, salvo excepción prevista en la ley, cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública y transformación de esta obra sin contar con la autorización de los titulares de la propiedad intelectual. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (arts. 270 y ss. del Código Penal). El Centro Español de Derechos Reprográficos (www.cedro.org) vela por el respeto de los citados derechos.

Colección 100XUNO, nº 62

Fotocomposición: Encuentro-Madrid

ISBN Epub: 978-84-1339-335-3

Depósito Legal: M-31664-2019

Printed in Spain

Para cualquier información sobre las obras publicadas o en programa y para propuestas de nuevas publicaciones, dirigirse a:

Redacción de Ediciones Encuentro

Conde de Aranda 20, bajo B - 28001 Madrid - Tel. 915322607

www.edicionesencuentro.com

Índice

UN VIAJE INCREÍBLE. Prólogo del rabino Arie Folger

HERMANOS EN CAMINO. Introducción de Elio Guerriero

1. El origen de un viraje

2. Ratzinger y los judíos

3. Gracia y llamada sin arrepentimiento

4. La correspondencia con Arie Folger

5. De enemigos y extraños nos hemos vuelto amigos y hermanos

6. Conclusión

JUDÍOS Y CRISTIANOS

I. GRACIA Y LLAMADA SIN ARREPENTIMIENTO. Observaciones al tratado De Iudaeis de Joseph Ratzinger - Benedicto XVI

1. El significado teológico del diálogo entre judíos y cristianos

2. La nueva visión de los problemas en el Vaticano II

3. La cuestión de la sustitución

4. La alianza «nunca revocada»

II. LA UNIDAD ESTÁ RESERVADA A DIOS AL FINAL DE LA HISTORIA. Correspondencia entre Benedicto XVI y el rabino Arie Folger

1. ¿Un peligro para el diálogo?por Arie Folger

2. Carta del papa Benedicto XVI al rabino Arie Folger

3. Respuesta del rabino Folger al papa Benedicto XVI

III. DE ENEMIGOS Y EXTRAÑOS NOS HEMOS CONVERTIDO EN AMIGOS Y HERMANOS. DOCUMENTOS

1. Los judíos son todavía muy amados de Dios

2. La unidad interior de la única Biblia de la Iglesia

3. El diálogo que necesitamos no puede ser sino abierto y respetuoso

4. Entre Jerusalén y Roma. Reflexiones a los cincuenta años de Nostra aetate

5. En nuestro camino común estamos atravesando un momento fecundo de diálogo

6. Reflexiones comunes sobre la declaración entre Jerusalén y Roma

FUENTES

Al papa Benedicto en su 92º cumpleaños

Estimado doctor Guerriero:

El papa Benedicto me ha encargado darle las gracias por su correo electrónico del pasado 11 de marzo, y de comunicarle que está de acuerdo con el título y el índice de la publicación. Desgraciadamente, no se siente en condiciones de escribir un prólogo para la obra. Por otra parte, dice que basta con el del rabino Folger y con la introducción que usted mismo ha redactado.

Reciba un cordial saludo.

Georg Gänswein

UN VIAJE INCREÍBLE. Prólogo del rabino Arie Folger

Poco antes de la reunión semestral del Comité permanente de la Conferencia de Rabinos de Europa, el rabino jefe Pinchas Goldschmidt, presidente de la Conferencia, me preguntó si estaba dispuesto a dirigir una Comisión que, con ocasión del 50º aniversario del concilio Vaticano II, debía preparar una respuesta al n. 4 de la declaración Nostra aetate. Por entonces yo no tenía la mínima idea de que —a consecuencia del documento que aún no existía en ese momento, yo habría de tener una confrontación pública por escrito primero en contra, después con el papa emérito— me reuniría personalmente con el papa que ocupaba la Sede vaticana en ese momento y habría de conocer después, personalmente, al papa emérito. Además era como mínimo inverosímil que se desarrollaría entre nosotros una correspondencia que habría de suscitar un interés internacional y mi humilde persona habría de ser citada en las revistas católicas de teología.

Y, sin embargo, esto es lo que ha sucedido precisamente. El interés despertado por esta confrontación es grande y esto demuestra que en el siglo XXI los seres humanos no solo muestran interés por el diálogo interreligioso, sino también por la teología.

Sobre la base de las numerosas conferencias de prensa en diferentes lenguas podemos decir que el documento de los rabinos Entre Jerusalén y Roma ha sido un pleno éxito que entrará en los anales de la historia. Es el primer documento de este género por parte de los judíos ortodoxos, suscrito no por rabinos particulares ad personam, sino por organizaciones internacionales de relieve: la Conferencia de Rabinos de Europa (CER), el Consejo Rabínico de América (RCA, por sus siglas en inglés) y el Gran Rabinato del Estado de Israel.

Igualmente grande ha sido el interés de nuestra recíproca correspondencia, que tuvo su origen con la publicación del escrito de Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Gracia y llamada sin arrepentimiento. En ese escrito, que recogemos en este libro, el papa emérito intenta proyectar luz sobre algo que, desde mi punto de vista de observador exterior, puede ser definido como el campo de tensión entre la fidelidad a la propia tradición, en particular a la vía católica a la salvación, por una parte, y, por otra, al significado de la irrevocable y duradera alianza de Dios con el pueblo de Israel.

Cuando leí este escrito me di cuenta inmediatamente de que era una réplica a un pasaje del texto de la Comisión para las Relaciones Religiosas con el Judaísmo. En el texto que lleva como título Los dones y la llamada de Dios son irrevocables, la Comisión sostenía la tesis de que los judíos tienen parte en la salvación de Dios y definía esta tesis como «un misterio divino insondable». La definición de misterio permitía a la Comisión evitar explicar cómo es posible, desde el punto de vista cristiano, que los judíos, a pesar de seguir tenazmente aferrados a su vía de salvación y de no aceptar la vía cristiana, tengan parte en la salvación de Dios. En Entre Jerusalén y Roma hablamos de diferencias inconciliables y profundas, sobre todo en lo que respecta a la identidad del Mesías y la doctrina trinitaria.

Por otra parte, es bien comprensible que muchos católicos consideren insuficiente esta declaración. De ahí que, en mi crítica a Benedicto, mostrara yo comprensión en este punto. Nosotros, los judíos ortodoxos, estamos tenazmente aferrados a la ley de nuestra religión y cuando la ley ata nuestras manos en el diálogo interreligioso y nos prohíbe cualquier cosa nos sometemos a la voluntad de Dios y aceptamos los límites con los que debemos conducir este coloquio. En este caso, nosotros esperamos de los socios de nuestro diálogo interreligioso que muestren comprensión y respeten nuestros límites al respecto. Nosotros solo queremos discutir mirándonos a los ojos. Por eso, a mi vez, no puedo eximirme de conceder la misma libertad a la Iglesia católica. Yo comprendo que para la Iglesia no supone un desafío de poca monta permanecer ortodoxamente fiel a la propia tradición y al mismo tiempo mostrar esta gran apertura con respecto al pueblo judío. Con todo, en esto debería estar a priori claro que el modo en que Benedicto, como teólogo católico conservador, afronta este campo de tensión es típicamente católico y no será siempre kosher (aceptable desde un punto de vista judío). Benedicto es el máximo representante emérito de la Iglesia y no un exponente judío.

Benedicto sugiere con una gran claridad en su escrito que, según su concepción, hay una sola vía de salvación. Esto ha molestado a muchos teólogos liberales, tanto judíos como católicos. Pero yo, como he dicho, no creo que deba discutir con él por esto. En el fondo, también nosotros, los judíos, creemos en una única vía de salvación, que está precisamente en contradicción con la vía de salvación cristiana. Pero que, a pesar de esto, encontremos sendas para reforzar y fundar teológicamente nuestra recíproca fraternidad muestra hasta qué punto se han desarrollado bien en los últimos decenios las relaciones cristiano-judías. Cada una de las dos confesiones encuentra, cada una a su modo, la argumentación para consolidar esta fraternidad y crear espacio para la otra. El judaísmo, como es sabido, es una religión no misionera. Según nuestra concepción, la humanidad no debe hacerse necesariamente judía para alcanzar la salvación del alma. Es suficiente con reconocerse en la alianza con Noé y atenerse a ella. Solo los judíos están obligados a atenerse puntualmente a la ley de la Torá. De este modo creamos ese espacio para muchos que piensan de modo diferente. Y en Entre Jerusalén y Roma afirmamos al respecto: «Los cristianos mantienen un estatus especial porque adoran al Creador del cielo y de la tierra, que liberó al pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto y que ejerce la providencia sobre toda la creación» (16).

Por su parte, también Benedicto encuentra una vía para explicar, a pesar de mantenerse firme en una única vía cristiana de salvación, cómo es posible que los cristianos deban renunciar a una misión dirigida a los judíos y cómo es posible que la alianza de Dios con el pueblo judío no haya sido revocada y no sea revocable. De este modo ofrece una contribución importante al diálogo católico-judío.

En el texto de Ratzinger hay también otras tesis de relieve.

Toma claramente posición contra la teoría de la sustitución, que, para él, nunca ha sido un dogma legítimo de la Iglesia (aunque es porque considera que el cristianismo es la prosecución natural del judaísmo originario).

En mi réplica yo le invité a poner de manifiesto que, por desgracia, a pesar de su afirmación, muchos católicos, incluidos altos representantes de la Iglesia, se han adherido a esta no legítima teología. Es muy reconfortante que un tan alto representante de la Iglesia rechace con tanta claridad la doctrina del Verus Israel y sostenga con firmeza la doctrina de la alianza no revocada de Israel. Lamentablemente, esta toma de posición no puede impedir que algunos exponentes de la Iglesia ignoren el antijudaísmo de las pasadas generaciones. Entretanto, Benedicto también ha llamado claramente por su nombre y condenado este antijudaísmo de la Iglesia. También es digno de ser señalado, contra los antiguos prejuicios, el modo en que Ratzinger no ve superada la Biblia hebrea ni su ley. Es verdad que de un modo completamente cristiano (que no es aceptable para los judíos) el papa emérito ve cumplidas en la persona y en la historia de Jesús diversos mandamientos de la Biblia, aunque, a diferencia de algunos pensadores, subraye el carácter eterno de la ley bíblica; de este modo entierra otro soporte del antisemitismo.

Es particularmente digno de ser señalado su reconocimiento de los motivos por los que los judíos no ven en Jesús al Mesías, uno de los puntos de disputa entre nuestras recíprocas confesiones, y que en Entre Jerusalén y Roma enumeramos entre las diferencias insuperables. También aquí propone Ratzinger una vía por la que él puede permanecer fiel a su tradición y, al mismo tiempo, impedir que los judíos sean atacados por la fidelidad al judaísmo. Tampoco renuncia aquí a la esperanza según la cual la vía cristiana a la salvación sea aceptada universalmente, y con ello pone, sin embargo, un signo importante para la coexistencia, aceptando los argumentos de los judíos al respecto.

En mi réplica critiqué otras dos tesis en las que hemos ahondado en nuestra correspondencia y sobre las que, finalmente, hemos discutido personalmente. La primera es su concepción del Estado de Israel. Ratzinger subraya que en este Estado, que en su declaración de independencia apuntaba expresamente a una forma estatal laica, no puede ver la realización de la promesa del territorio. Tiene para ello diferentes motivos. Yo no he querido aceptarlos porque no se puede ver, como sí ha hecho el pensamiento cristiano, en la desolación del pueblo judío (la destrucción del templo y la dispersión del pueblo en la diáspora) un significado teológico, y negarlo después en el momento del alivio. Con todo, en la carta que me remitió encuentra una formulación que nos acerca. El Estado actual no es para él la realización de la promesa del territorio, aunque pueda verse en él un signo de la permanente alianza de Dios con Israel. Sobre la base de esta clarificación se ha profundizado en el diálogo entre los rabinos ortodoxos y el Vaticano, y posiblemente tendrán lugar diálogos teológicos, a fin de comprendernos mejor recíprocamente y evaluar también en la Iglesia, desde un punto de vista teológico, al moderno Estado de Israel.

El otro tema sobre el que debatí con Benedicto fue el deseo de un diálogo teológico concerniente en particular a la cristología en la Biblia. Aquí debo decepcionar al papa emérito: por motivos religiosos en este punto nos mostramos reluctantes. Con todo, nuestras cartas y diálogos nos han llevado a mostrarnos disponibles para discutir desde un punto de vista teológico algunos temas de actualidad. Además, el hecho de que precisamente un rabino ortodoxo escriba un prólogo a un libro con el papa emérito en el que aparece bien presente una confrontación teológica es ya algo que va en la dirección indicada por Benedicto.

El 16 de enero de 2019 visité personalmente al papa emérito. Estaban presentes el cardenal Koch, presidente de la Comisión para las Relaciones Religiosas con el Judaísmo, el rabino Zsolt Balla, rabino del Land Sajonia y miembro de la presidencia de la Conferencia de Rabinos Ortodoxos de Alemania y el rabino Josh Ahrens, de la comunidad judía de Darmstadt. En una intensa conversación que duró casi una hora tuve la oportunidad de conocer en persona a Benedicto. A decir verdad, ya no se encuentra en una edad juvenil, pero sigue siendo plenamente dueño de sí mismo desde el punto de vista intelectual. En él encontré a un pensador muy simpático y profundo al que repugnan el antisemitismo y el antijudaísmo en todas sus formas. Naturalmente no estamos de acuerdo en muchos temas, a pesar de lo cual tenemos el deseo de ahondar en nuestra fraternidad, de vivir cada uno su propia devoción y de servir a Dios —cada uno según su propia tradición—. Ha supuesto para mí un gran honor conocerle tan de cerca y profundizar con él en unos temas tan complejos.

En mi visita le regalé al papa una Biblia hebrea con la traducción inglesa que se basa en el comentario bíblico de Rashi. El regalo iba acompañado de una carta que concluía con una expresión de augurio con la que deseo concluir también este prólogo: que el Eterno «le conceda muchos y largos años todavía».

HERMANOS EN CAMINO. Introducción de Elio Guerriero

El 16 de enero de 2019 un pequeño grupo de autoridades religiosas judías, procedentes de países de lengua alemana, recorría la breve pero empinada cuesta que lleva al monasterio Mater Ecclesiae para visitar al papa emérito Benedicto XVI. Aunque de carácter privado, la visita tenía un significado religioso muy relevante y sancionaba del mejor modo posible un diálogo mantenido a distancia e iniciado casi medio año antes con la publicación del artículo del papa emérito Gracia y llamada sin arrepentimiento. Este artículo, escrito inicialmente en 2017 como contribución a la profundización teológica del diálogo con los judíos y entregado al presidente de la Comisión Vaticana para las Relaciones Religiosas con el Judaísmo, el cardenal suizo Kurt Koch, en virtud de la insistencia de este último, había sido publicado el año anterior en Alemania y después en Francia por la revista Communio1. Curiosamente, la intervención del papa emérito había sido más bien criticada severamente por algunos teólogos católicos de lengua alemana, que acusaban a Benedicto de volver atrás respecto a los pasos ya dados en el diálogo judío-cristiano, de ser demasiado teórico y estar poco atento a la auténtica vivencia religiosa de los judíos. En esta serie de acusaciones mezquinas se distinguió el profesor de teología sistemática de la facultad católica de teología de la Universidad de Wuppertal, Michael Böhnke. En un artículo que llevaba como título El consenso puesto en tela de juicio2 este teólogo acusaba al papa emérito de apoyar la misión dirigida a los judíos y de haber puesto en duda los puntos fundamentales del diálogo entre judíos y cristianos. La acusación era demasiado onerosa y contraria al pensamiento del papa emérito que, rompiendo por un instante su silencio, respondió de un modo insólitamente severo. Benedicto rechazaba de modo categórico, en una carta enviada a la revista de la editorial católica Herder, la interpretación de su artículo dada por el profesor de Wuppertal3. Como signo de los tiempos la respuesta más convincente a las acusaciones de Böhnke fue la del rabino jefe de Viena Arie Folger. En un artículo que llevaba como título «¿Peligro para el diálogo?»4, que recogemos en el segundo capítulo de esta publicación, el rabino Folger reconocía el carácter ad intra del documento del papa y afirmaba: «Ahora bien, si leo el texto objeto de contestación, lo encuentro completamente distinto. Veo un texto que ha sido escrito por un importante teólogo conservador católico para uso interno del Vaticano y por eso no puede ser evaluado con los criterios del debate público e interreligioso»5. Era el comienzo de un diálogo cuyos pasajes sobresalientes he recogido en este libro.

1. El origen de un viraje

Los textos recogidos en este libro tienen su origen en el aniversario de un documento que, como pocos otros, ha llevado a cabo un viraje en la historia de la mentalidad de los católicos y, de modo más general, de la sociedad italiana y occidental. El documento se llama Nostra aetate y el aniversario, que caía el 28 de octubre del 2015, recordaba la aprobación, acontecida cincuenta años antes, por parte de los padres conciliares del Vaticano II, de la Declaración sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas. Inicialmente, el documento debía tratar específicamente de la relación entre judíos y cristianos6, pero los obispos de los países árabes, atemorizados por las presiones de los gobernantes de sus países, se opusieron. Entonces se decidió insertar el núcleo originario del documento, el famoso número 4, en una declaración más amplia, extendida a todas las religiones. Con todo, esta circunstancia no eliminaba la importancia de la declaración relativa a la relación de los católicos con los judíos, herederos de la promesa de Dios y de la primera alianza. Tras siglos de deplorables prejuicios en el origen de acusaciones, condenas y persecuciones, se advertía, por fin, la necesidad de un cambio de mentalidad, de elaborar un pensamiento cristiano sobre el judaísmo, no ya a partir de acusaciones hostiles y rencorosas, sino de los elementos comunes. Escribían los padres conciliares: «Como es, por consiguiente, tan grande el patrimonio espiritual común a cristianos y judíos, este Sagrado Concilio quiere fomentar y recomendar el mutuo conocimiento y aprecio entre ellos, que se consigue sobre todo por medio de los estudios bíblicos y teológicos y con el diálogo fraterno»7